Incomplete 75

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Fic TOLL de lyra

Capítulo 75

Después de pasar todo el día en casa encerrado, Alexander decidió bajar al jardín para respirar un poco de aire fresco. Gustav lo acompañó decidido a no apartarse de su lado caminando junto a él en silencio mientras recorrían el extenso jardín que rodeaba la casa. Tras estar un rato paseando llegaron hasta la piscina y casi sin pensarlo Alexander se deshizo de la ropa que llevaba y quedándose en ropa interior se tiró el agua. Gustav llevaba puesto su bañador y fue tras él sin dudarlo.

Alexander nadaba a buen ritmo buscando desahogarse de esa manera mientras se centraba solo en la sensación del agua recorriendo su desnuda espalda. Gustav en cambio parecía más pendiente de él que del baño en sí observando cada gesto con una mezcla de preocupación y deseo de cercanía.

Le estuvo observando ir de un lado a otro hasta que cansado por el ejercicio Alexander nadó hasta su lado apoyándose en el borde de la piscina mientras recuperaba el aliento.

—Se está aquí bien, ¿verdad? —preguntó Gustav rompiendo al fin el silencio.

—Sí, al menos aquí todo parece más sencillo—contestó Alexander suspirando.

Apoyó los pies en la pared de la piscina y tomando impulso se dejó llevar hacia atrás. Gustav nadó tras él y por unos instantes se quedaron flotando uno frente al otro con la distancia justa para que la tensión se hiciera evidente. Ninguno se atrevía a dar el siguiente paso como si el agua misma los mantuviera suspendidos en un espacio intermedio, ni demasiado cerca ni lo bastante lejos.

En la superficie todo parecía tranquilo pero bajo el reflejo del agua las emociones contenidas seguían latiendo esperando el momento de salir a flote.

—Hacía tiempo que no compartíamos algo tan sencillo —murmuró Gustav con voz baja temiendo romper ese momento de calma.

—Sencillo pero complicado al mismo tiempo—apuntó Alexander sin poderse contener—Porque aquí contigo todo parece fácil, pero fuera del agua todo se vuelve imposible.

Gustav se le quedó mirando fijamente con los ojos brillantes por la humedad y por algo más que no quería ocultar.

—No quiero que pienses que eres solo un secreto para mí —dijo al fin en un susurro—Sé que he callado demasiado, que he dejado que Natalie hablara por los dos, pero contigo siempre he sentido que puedo ser yo mismo.

—Y entonces, ¿qué soy para ti?—preguntó Alexander mirándole fijamente—¿Un refugio? ¿Un sueño que no te atreves a hacer realidad?

—Eres todo eso que no puedo dejar de buscar —confesó Gustav acercándose un poco más—Aunque me asuste y no sepa cómo enfrentarlo, tú eres la única persona que me hace sentir que no estoy fingiendo.

Alexander se le quedó mirando en silencio sin responder de inmediato. Sabía que no era justo que acusara a Gustav de haber mantenido su relación en secreto, cuando había sido él mismo quien tomó esa decisión para no poner en riesgo lo que tenía con Bill con quien había encontrado estabilidad pero también la certeza de que le faltaba algo más en su vida y Gustav, de alguna manera, había sabido dárselo.

—Ojalá algún día seamos capaz de decirlo fuera de aquí, sin miedo—murmuró suspirando.

Gustav bajó la vista consciente de que Alexander tenía razón. El agua los envolvía, como si quisiera protegerlos de un mundo que aún no estaban preparados para enfrentar. En ese instante la piscina se había convertido en un espacio íntimo, un lugar donde podían ser ellos mismos aunque solo fuera por un rato.

El silencio se prolongó haciéndose pesado mientras ambos permanecían flotando frente a frente. Alexander lo observaba con una mezcla de desconfianza y deseo incapaz de decidir si debía apartarse o dejarse llevar. Gustav en cambio dio un pequeño impulso en el agua y acortó la distancia entre ellos.

Sin decir nada le rodeó con los brazos, atrayéndolo hacia él. Alexander no se resistió, al sentir el contacto cerró los ojos y apoyó la frente contra la de Gustav. El agua los envolvía amortiguando el mundo exterior, como si en ese instante solo existieran ellos dos.

Gustav buscó sus labios con cautela temiendo que Alexander se apartara pero él se dejó alcanzar. El beso fue breve y contenido, más una confesión silenciosa que una declaración abierta.

Cuando se separaron permanecieron abrazados respirando juntos sin necesidad de palabras. En la quietud de la piscina el gesto había dicho más que cualquier conversación.

Seguían buscándose.

Pese a todo lo ocurrido.

El agua los envolvía en un silencio sereno. Gustav mantenía a Alexander entre sus brazos, y por un instante ambos se dejaron llevar por la sensación de calma como si el mundo entero hubiera quedado fuera de la piscina. El roce de sus cuerpos medio desnudos bajo el agua, la respiración acompasada y la quietud del entorno les ofrecían un refugio que ninguno quería romper.

Entonces Gustav se movió primero, bajó una de sus manos y sin decir nada la coló dentro de la ropa interior de Alexander. Empezó a acariciarle con lentitud sintiéndole estremecerse y viendo como sus labios se separaban en busca de aire. Sabía lo que necesitaba en esos momentos y estaba dispuesto a dárselo, a hacer todo lo que estuviera en sus manos para que su amigo y amante sintiera que podía contar con su ayuda siempre que lo necesitara.

No dejó de acariciarle sintiendo como se iba poniendo cada vez más duro entre sus dedos y segundos después le sintió explotar de placer jadeando con esfuerzo mientras oleadas de placer le recorrían por dentro.

Una vez saciado Alexander cerró los ojos apoyando la frente en el hombro de Gustav mientras recuperaba el aliento. No había necesidad de intercambiar palabras, los gestos hablaban por ellos. Ambos habían sentido la necesidad de sentirse cerca el uno del otro, e de compartir un momento sin reproches ni preguntas.

Alexander había sentido la necesidad de volver a experimentar lo que era ser amado, y Gustav le había demostrado que, a su lado, ese sentimiento nunca le faltaría.

Pero la calma se quebró de golpe. Una voz familiar cargada de ironía los alcanzó desde la orilla.

—Y yo que venía a ver qué tal estabas y mira con lo que me encuentro.

El eco de las palabras de Natalie se extendió sobre el agua rompiendo el instante que hasta hacía unos segundos había sido íntimo y reparador. Gustav soltó a Alexander con torpeza mientras se giraba lentamente hacia ella consciente de que la paz acababa de desvanecerse.

La piscina, que había sido un refugio, se convirtió de pronto en escenario de un nuevo enfrentamiento.

—Natalie, no es lo que piensas… —empezó a decir Gustav pero ella lo interrumpió con un gesto brusco.

—¿No es lo que pienso? —replicó Natalie alzando la voz—Te he visto abrazado a Alexander y también he visto como os besabais y le masturbabas, ¿y me dices que no es lo que pienso? ¿Cuánto tiempo lleváis mintiéndome?

—No se trata de mentirte, Natalie —intervino Alexander con firmeza—Se trata de que Gustav y yo tenemos algo que tú nunca podrás tener.

—¿Y qué es ese «algo», si se puede saber?—quiso saber Natalie cruzándose de brazos.

—La libertad de poder ser quienes somos de verdad—respondió Gustav con voz grave—Contigo siempre he tenido que callar y fingir adaptándome a lo que esperabas de mí. Con Alexander no necesito esconderme.

—¿Libertad? ¿A eso lo llamas libertad?—repitió Natalie soltando una risa amarga—Lo único que yo veo es debilidad. No eres capaz de enfrentarte a mí, Gustav, y ahora resulta que te escondes detrás de Alexander para justificarlo.

—No se trata de esconderse sino de sentir de verdad—dijo Alexander mirándola fijamente— Tú nunca lo has entendido porque siempre quieres dominarlo todo incluso a Gustav. Pero lo que tenemos nosotros no nace del miedo, sino de la necesidad de ser auténticos.

—Auténticos… —repitió Natalie con desprecio—Pues veremos cuánto os dura esa autenticidad cuando el mundo os mire como yo os estoy mirando ahora.

—No queremos que nadie nos mire como tú lo estás haciendo—respondió Alexander con calma—Solo queremos llevar nuestra relación en secreto.

—¿Pretendes que me calle y me deje humillar?—inquirió Natalie alzando una ceja.

—No tiene por qué ser así —intervino Gustav titubeando—Podemos seguir como hasta ahora. Estoy contigo pero también con Alexander, y tú puedes estar con quien quieras. Tengamos una relación abierta.

Natalie se les quedó observando en silencio unos segundos calibrando la situación. Era cierto que había algo en Gustav que aún la atraía pese a todo lo que había sucedido. Y tras el beso con Anouk su mente empezó a considerar la idea de experimentar, siempre con total discreción por supuesto.

—De acuerdo —cedió para sorpresa de los dos—Abramos la relación, pero con condiciones. Sexo seguro siempre, entre nosotros y con los demás.

Alexander y Gustav asintieron de inmediato. El ambiente se había relajado y solo entonces salieron del agua para tumbarse al sol. Natalie los acompañó sin poder apartar la mirada de ellos.

—Hacéis buena pareja —tuvo que admitir al cabo de un rato dirigiéndose a Alexander—Lo que no entiendo es por qué tuviste que robarme a Bill.

—Porque necesitaba al novio perfecto, y Bill en ese momento estaba muy confuso—explicó Alexander sonriendo maliciosamente— Aproveché la ocasión y obtuve lo que buscaba. Además tenemos que admitir que Bill es muy guapo, más de uno querría estar con él solo que yo me adelanté y fui el primero en follármelo.

—Tú siempre tan romántico… —murmuró Natalie con una sonrisa cargada de ironía—Aunque yo lo llamaría más bien oportunismo, aprovecharte de la confusión de Bill no tiene nada de noble.

El comentario cayó como una piedra en el agua, rompiendo la aparente calma. Alexander sostuvo su mirada sin perder la sonrisa aunque sus ojos reflejaban un destello de desafío. Gustav como era habitual en él se mantenía en silencio observándolos a los dos, consciente de que aquella tregua era frágil y que cualquier palabra podía volver a encender la chispa.

Natalie se recostó en la tumbona fingiendo una calma que no terminaba de ser real. Sus labios dibujaban una sonrisa ligera pero sus ojos seguían fijos en Alexander estudiándolo con una mezcla de curiosidad y desconfianza.

—En fin, eso ya no me importa —dijo con un tono ambiguo casi despreocupado—Ya he superado lo de Bill, veremos cuánto dura lo vuestro.

Alexander sostuvo su mirada sin apartarse consciente de que aquellas palabras eran más un reto que una aceptación. Tanto él como Gustav sabían que la aparente serenidad de Natalie era solo una máscara, y bajo ella seguía latiendo la duda, el resentimiento y la necesidad de controlarlo todo.

&

Mientras paseaban de vuelta a casa sin soltarse de la mano hacían planes para esa noche.

—Quizás la barbacoa se alargue, podríamos dormir en el bungalow si a Andreas no le importa —dijo Bill con entusiasmo.

Sabía que Tom echaría de menos el tiempo que pasaba con sus amigos y quería compensarlo como fuera. Además, él mismo disfrutaba de aquella compañía.

—¿Quieres cambiar una cama cómoda y blanda por un sofá que te destrozará la espalda? —preguntó Tom riendo.

Bill se echó a reír mientras asentía con la cabeza. Se sentía muy feliz y libre sin tener que dar explicaciones en casa ni pedir permiso para ausentarse. Eso había quedado atrás, su padre ya le había dicho que a partir de entonces tanto él como su madre respetarían cada una de sus decisiones.

—Me he fijado en una cosa —dijo Tom de repente—David te mira de una manera muy especial.

Bill se puso serio al instante. Había algo que aún no le había contado a Tom, porque no sabía si podía decirlo y tampoco había encontrado el momento adecuado entre todo lo que habían vivido.

—Siempre ha sido muy atento contigo por ser hijo de quien eres, pero ahora… no sé, te mira con mucho afecto —continuó Tom, observándolo con curiosidad.

Bill respiró hondo antes de hablar.

—Hay algo que no te he contado porque no sabía cómo hacerlo—empezó decir con cautela—Cuando mi padre se ofreció para ayudarte a salir de la cárcel vinimos primero al club porque quería hablar con David. Yo esperé en la cocina hasta que no pude más y fui a buscarlo. Entonces los vi, se estaban besando en el despacho de David.

Tom se quedó sin palabras al escucharle mirándolo con incredulidad.

—Por lo visto son amantes desde hace mucho tiempo —añadió Bill en voz baja—Mi padre lleva la relación en secreto y ni siquiera lo sabe mi madre.

—¿Tu padre y David… son amantes? —repitió Tom aún sin poder creerlo.

—Sí, y creo que la orientación sexual de mi padre fue lo que lo llevó a aceptar el pacto con mi madre —explicó Bill con seriedad—Ella aceptaba su forma de ser dándole libertad para hacer lo que quisiera con total discreción y a cambio mi padre no se entrometería en cómo me educaba. De ahí que me castigara por cada uno de los errores de mi padre sabiendo que eso le haría mucho daño pero mi padre no podría hacer nada por evitarlo.

Tom escuchaba en silencio, incapaz de asimilar lo que Bill le estaba contando. No podía concebir cómo una madre podía llegar a hacerle algo así a su propio hijo, utilizándolo como instrumento de venganza contra su marido. La idea lo estremecía, era un castigo injusto y cruel nacido no del amor sino del resentimiento.

En su interior la incredulidad se mezclaba con rabia y compasión consciente de que Bill había cargado con un peso que nunca debió ser suyo.

—Asi es como siempre afronta los problemas mi madre, sabe que existen pero prefiere no verlos ni hablar de ellos—dijo Bill bajando la voz como si las palabras pesaran demasiado—Y conmigo fue igual, cuando empezó a ver señales de que yo era gay primero intentó «curarme» y al no lograrlo decidió mirar hacia otro lado culpando a mi padre de que yo hubiera seguido sus pasos.

Tom no podía decir nada, sabía que si hablaba soltando todo lo que pensaba de su madre en esos momentos solo lastimaría a Bill mas de lo que ya lo estaba. Era una víctima inocente, no era responsable de los problemas de sus padres, de sus pactos ni de sus secretos. Y aun así le hicieron pagar por todo.

Y su padre también tenía su parte de culpa, debió mostrarse fuerte y valiente para enfrentarse a su mujer y hacer que dejara de castigar a Bill por todo lo que ella pensaba que él estaba haciendo mal.

Por eso se mantuvo en silencio sintiendo como la rabia ardía en su interior, porque al mirar a Bill a los ojos comprendió que lo último que necesitaba era escuchar reproches contra sus padres. Se inclinó hacia él y sin pronunciar palabra le besó con suavidad en los labios.

Bill levantó la mirada mientras se dejaba besar y encontró en sus ojos una mezcla de furia contenida y ternura. Tom le estrechó suavemente entre sus brazos como si quisiera transmitirle que estaba allí y que no iba a soltarlo.

El silencio se volvió pesado pero no incómodo, era un silencio cargado de significado donde cada gesto sustituía a las palabras. Bill se dejó envolver por esa calma sintiendo que por primera vez en mucho tiempo alguien estaba dispuesto a sostenerlo sin condiciones.

En ese instante no hicieron falta explicaciones. La fuerza del contacto, la mirada compartida y la quietud que flotaba en el ambiente bastaban para decirlo todo.

Después de varios besos más se dieron prisa en llega a casa todavía con la energía del club latiendo en sus cuerpos. Subieron directamente a ducharse y arreglarse cada uno en su habitación. Tom terminó antes y mientras esperaba que Bill terminara decidió dar un paseo por la casa. Bajó al piso inferior y estaba observando con atención el cuadro que había en el vestíbulo cuando la puerta se abrió y Jörg Kaulitz entró por ella.

Tom se quedó inmóvil sin saber que decir observando como Jörg le echaba un vistazo de arriba abajo estudiando la nueva ropa que llevaba.

—¿Qué tal os lo habéis pasado en el club? —preguntó Jörg con tono casual.

—Bien, todo ha ido bien—respondió Tom procurando sobar normal—No hemos tenido ningún problema.

Jörg asintió con la cabeza. Sabía perfectamente lo que había ocurrido en el club, de haber surgido algún problema relacionado con él o con su hijo David se lo habrían comunicado de inmediato y no había sido así.

—¿Vais a salir a cenar fuera? —preguntó con naturalidad.

—Hemos quedado con unos amigos, vamos a hacer una barbacoa en el lago —contestó Tom—No sé si deberíamos haber avisado antes de que no nos quedábamos a cenar.

—No hay problema —murmuró Jörg—Le diré a Greta que solo le sirva la cena a mi mujer.

—¿Usted ya ha cenado, señor Kaulitz?—quiso saber Tom.

—Tuve una comida importante de negocios que se ha alargado—explicó Jörg suspirando—Y puedes tutearme, Tom.

Tom asintió en silencio observando cómo Jörg aferraba con fuerza el maletín que llevaba en una mano, como si guardara algo demasiado importante para soltarlo. Entonces se le vino a la cabeza el recuerdo de su hermano y no pudo reprimir las ganas de preguntarle por él.

— ¿Ha podido averiguar ya algo sobre mi hermano?—preguntó conteniendo el aliento.

—He estado investigando, pero no todo es tan sencillo como parece—contestó Jörg muy serio midiendo sus palabras.

—¿Qué quiere decir con eso?—inquirió Tom frunciendo el ceño.

—Verás Tom, el hospital donde tú y tu hermano nacisteis destruyó gran parte de sus archivos, sobre todo las partidas de nacimiento—empezó a explicar Jörg—Estoy intentando averiguar si alguien pudo haber hecho alguna copia o conservado algún documento, pero han pasado casi dieciocho años… y no será fácil.

Tom sintió que se quedaba sin aire al escucharlo, como si un puñetazo invisible le hubiera golpeado en el estómago.

—Voy a hacer todo lo posible por averiguarlo, pero va a llevar tiempo —dijo Jörg con firmeza.

Tom asintió lentamente. Apenas habían pasado veinticuatro horas desde que Jörg había empezado a trabajar en su caso y ya había descubierto más que él mismo desde que supo de la existencia de su hermano.

En ese momento escucharon los pasos de Bill bajando por la escalera, y sus gestos serios se suavizaron de inmediato.

—Tom me estaba contando que cenaréis con unos amigos en el lago —explicó Jörg sonriéndole a su hijo.

—Y también dormiremos fuera —añadió Bill—En el antiguo bungalow de Tom. Así si la cena se alarga estaremos cerca del club y no llegaremos tarde a trabajar mañana.

—¿Vais a volver ya a trabajar? —preguntó Jörg mirándolos con preocupación.

—Cuanto antes lo haga, mejor—contestó Tom con seguridad—Me siento con fuerzas y hoy ya he comprobado que soy el centro de atención y de los rumores. No hay motivo para posponerlo más tiempo.

Jörg asintió en silencio y dando la conversación por finalizada les deseó buenas noches y pasó por su lado recorriendo el largo pasillo que llevaba hasta su despacho y se encerró allí para continuar trabajando.

—¿Nos vamos? —preguntó Bill.

Tom asintió y juntos salieron de la casa caminando de nuevo hacia el club.

—¿Ha pasado algo? —quiso saber Bill—Parecía que tú y mi padre estabais hablando de algo muy serio, y vuestras caras cambiaron al verme.

—Le estaba preguntando si había averiguado algo sobre mi hermano, pero aún nada —explicó Tom por encima—El hospital destruyó muchos archivos, casi todas las partidas de nacimiento.

—Mucha casualidad—murmuró pensativo Bill.

—Eso pienso yo—afirmó Tom—Creo que en ese hospital desaparecieron más bebés además de mi hermano. Si no, no entiendo por qué habrían destruido casi todas las partidas de nacimiento del año en que nací.

—Sea lo que sea, mi padre lo averiguará—dijo con firmeza Bill—Y daremos con tu hermano.

Las palabras de Bill quedaron suspendidas en el aire, firmes y seguras, pero Tom no pudo evitar sentir un nudo en el estómago. La promesa de encontrar a su hermano sonaba reconfortante, aunque la sombra de la duda seguía creciendo en su interior.

El camino hacia el club se volvió silencioso, apenas roto por el crujir de la grava bajo sus pasos. La noche empezaba a caer envolviéndolos con su oscuro manto, y cada farola proyectaba sombras alargadas que parecían observarlos. Tom no podía dejar de pensar en los archivos destruidos, en la posibilidad de que hubieran más bebés desaparecidos y de que todo aquello fuera más grande y más oscuro de lo que había imaginado.

Bill caminaba a su lado con determinación, pero incluso él parecía sentir el peso invisible de lo que se avecinaba. La confianza en su padre era sólida, sí, pero la magnitud del misterio los rodeaba como un velo que no podían apartar.

La promesa de respuestas estaba ahí, pero también la certeza de que el camino sería largo, incierto y lleno de secretos que quizá nunca deberían salir a la luz.

&

La tarde había transcurrido entre risas, chapoteos y caricias furtivas en la piscina. Alexander, Gustav y Natalie se habían dejado llevar por la complicidad del momento compartiendo besos bajo el sol y participando en algún que otro juego picante iniciados siempre por Natalie que parecía disfrutar de esa nueva situación y de tenerlos a ambos bajo su control.

Mientras recuperaban el aliento tras el último juego Natalie se recostó en su tumbona sin dejar de observarles pareciéndole ya normal verlos besarse ante ella sin sentir ningún rastro de incomodidad.

—¿Te fijaste en la ropa que llevaba Tom en el club?—preguntó de repente Natalie rompiendo el beso que Gustav y Alexander se estaban dando en esos momentos.

Alexander la miró desconcertado sin entender a qué se refería.

—Lo vimos esta tarde en el club—explicó Gustav—Estaba con Bill, Louise, Georg y su primo.

—Todo vestido con ropa nueva y de marca—añadió Natalie con una sonrisa irónica—Fue lo primero en lo que me fijé, seguro que Bill se lo ha llevado de compras, como en Pretty Woman.

—¿Te lo imaginas?—dijo Gustav entre risas—Ahora Tom es como un muñeco en manos de Bill, dejándose vestir y peinar por él.

—Patético —murmuró Alexander resoplando con desdén.

—¿Contigo también hacía lo mismo? —quiso saber Natalie con curiosidad— ¿Te decía qué ponerte o cómo comportarte en público?

—Para nada —respondió Alexander con firmeza—No necesito a nadie que me diga qué hacer o qué ponerme. Tengo mucha mas dignidad que Tom.

Natalie no apartó la mirada, disfrutando del gesto orgulloso de Alexander. Se inclinó un poco más hacia él con una sonrisa que parecía inocente pero que escondía filo.

—¿Más dignidad que Tom… o simplemente más miedo a que alguien te domine? —susurró dejando la pregunta caer como un reto.

Alexander frunció el ceño pero no respondió de inmediato. A su lado Gustav percibía cómo el ambiente se tensaba y se mantuvo en silencio observando.

—Porque, al final, todos tenemos un punto débil—continuó diciendo Natalie—Quizás Tom se deja vestir por Bill, sí… pero al menos no finge ser invulnerable. Tú, en cambio, te esfuerzas demasiado en demostrar que nadie puede tocarte.

Alexander resopló, intentando mantener la calma, aunque sus ojos brillaban con una mezcla de irritación y desafío.

—No necesito demostrar nada a nadie—replicó con voz baja y firme.

Natalie sonrió, satisfecha de haberlo hecho reaccionar.

—Claro que sí… —murmuró con ironía—Si no, no estarías tan empeñado en convencerme de lo contrario.

—¿Quieres dominarme tú? —preguntó Alexander de repente con un destello desafiante en la mirada.

Natalie sonrió lentamente, como si hubiera estado esperando esa reacción. Se inclinó más hacia él rozando apenas su hombro con el suyo.

—¿Y si quisiera? —susurró con voz suave cargada de ironía— ¿Lo soportarías, Alexander?

Gustav los observaba en silencio, incómodo y fascinado a la vez. Sabía que Natalie estaba jugando con fuego empujando a Alexander hacia un terreno en el que no solía ceder.

Alexander no apartó la mirada, aunque su gesto se endureció.

—No soy de los que se dejan manejar con facilidad—replicó con firmeza casi como una advertencia.

—Ya veremos… —murmuró Natalie alzando una ceja.

La frase quedó flotando en el aire, como una promesa o una amenaza.

—Bueno, ¿hemos terminado ya de jugar? —intervino Gustav con voz serena tratando de poner algo de paz entre ellos.

—¿Jugar? —repitió con ironía Natalie mirándole de reojo—Yo solo estaba hablando tranquilamente con Alexander aunque parece que se lo toma demasiado en serio todo lo que digo.

Alexander resopló, cruzándose de brazos, como si quisiera dejar claro que no iba a ceder terreno.

—No me gusta que me provoquen —dijo con firmeza sin apartar la mirada de Natalie.

—Pues quizá deberíamos dejarlo aquí —propuso Gustav intentando que el ambiente se relajara—Hemos pasado una buena tarde, no tiene sentido estropearla ahora.

Natalie se levantó de la tumbona fingiendo indiferencia pero sus ojos seguían brillando con esa chispa de desafío.

—Está bien… —murmuró con un tono ambiguo—Lo dejaremos por ahora.

Comenzó a recoger sus cosas y Gustav la imitó consciente de que se había hecho tarde y debían regresar a sus casas para cenar. Alexander recuperó su ropa y tras ponérsela los acompañó hasta la puerta despidiéndose de cada uno de ellos besando sus labios segundos antes de que su padre hiciera acto de presencia.

—Buenas noches, señor Vandael—saludó Gustav casi sin aliento.

—Qué sorpresa —comentó Gordon al ver a los amigos de su hijo—No sabía que tenías visita.

—Queríamos ver qué tal estaba y entretenerle un poco—explicó Natalie con una sonrisa—Hemos pasado una tarde de lo más divertida, ¿verdad Alexander?

—Eso está bien—dijo Gordon no pasando por alto el rubor que cubría las mejillas de su hijo—Es justo lo que Alexander necesita ahora mismo, la compañía de sus amigos.

—Al menos de unos pocos… porque los demás ni se han molestado en preguntar por él—soltó Natalie sin poderse contener— Sobre todo Bill. Podría pensar en lo mal que lo está pasando Alexander tras su ruptura en vez de pasearse por el club de la mano de su nuevo novio como si nada hubiera pasado.

El comentario quedó suspendido en el aire, más pesado que cualquier despedida. Alexander bajó la mirada incómodo mientras Gordon fruncía el ceño consciente de que las palabras de Natalie no eran inocentes y que abrían una grieta en la calma que intentaba mantener en su casa.

—Mejor nos vamos, se nos ha hecho tarde —intervino Gustav tomando la mano de Natalie con suavidad como si quisiera cortar de raíz cualquier nueva provocación.

Natalie lo miró un instante, aún con esa chispa de desafío en los ojos, pero finalmente asintió.

—Sí, será lo mejor—murmuró colocándose mejor el bolso con gesto despreocupado.

Alexander se despidió de ellos con un gesto de la cabeza observando como salían y cerraban la puerta tras ellos. Se quedó quieto unos segundos si apartar la mirada de la puerta escuchando el eco de sus propios pensamientos, consciente de que la tarde había terminado con una tensión que no se disiparía fácilmente.

La despedida había puesto fin al juego pero no a las preguntas que seguían flotando en el ambiente.

Continúa… 

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por lyra

Escritora del Fandom

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