Incomplete 76

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Fic TOLL de lyra

Capítulo 76

Llegaron al parking del club y allí se reunieron con Peter y sus amigos que ya estaban sacando del coche la barbacoa portátil del coche de Peter. Minutos después llegaron Andreas y el resto de los camareros que se habían apuntado a la barbacoa entre los que estaban Anouk, Melissa y Víctor, junto a Paul y Patrick que también se les había unido. El ambiente era animado, con risas y saludos que se mezclaban en la tarde fresca.

Entre todos se dirigieron a la cocina donde Rose había preparado con esmero las provisiones. Les había preparado un surtido de carnes marinadas, verduras frescas, pan recién hecho y varias cajas de bebidas frías además de algunos aperitivos para ir picoteando mientras se asaba la carne. El grupo cargó con todo repartiéndose bolsas y neveras y emprendieron el camino hacia la orilla opuesta del lago.

El trayecto estuvo lleno de bromas y comentarios, el sonido de las botellas tintineando en las neveras y el crujir de las ramas bajo sus pasos. Al llegar el lugar los recibió con la calma del agua reflejando los últimos tonos dorados del atardecer.

Pronto comenzaron a organizarse, entre Peter, James y Andreas encendieron la parrilla mientras que el resto extendieron los manteles que Rose también les había preparado sobre la arena misma de la playa y sobre esa mesa improvisada colocaron las bebidas en cubos llenos de hielo y repartieron los aperitivos para ir comiendo mientras esperaban. El olor del carbón encendiéndose se mezclaba con la brisa del lago anticipando la velada.

La escena se llenó de movimiento, risas y complicidad. Todo estaba listo para que la barbacoa se convirtiera en una noche de celebración, con el lago como testigo silencioso.

—¿Alguien ha traído música? —preguntó Melissa poniéndose en pie con una sonrisa expectante.

Helen levantó la mano y sin perder tiempo sacó de su mochila un pequeño altavoz. Lo conectó a su móvil y en cuestión de segundos las primeras notas comenzaron a fluir llenando el aire junto al lago.

La música se expandió como una chispa contagiosa, Melissa fue la primera en ponerse a bailar moviéndose con entusiasmo mientras que los demás se animaban poco a poco. Algunos preferían quedarse sentados marcando el ritmo con las manos o balanceando los pies pero todos envueltos por la misma energía festiva.

Las risas se mezclaban con las melodías, y el reflejo del agua parecía bailar también bajo la luz tenue del atardecer. La barbacoa se transformaba en una celebración improvisada, donde cada gesto y cada movimiento reforzaban la complicidad del grupo.

Sentados sobre un tronco caído Bill y Tom observaban como si fueran espectadores de una escena que se desplegaba frente a ellos. Melissa bailaba con entusiasmo, Helen reía mientras cambiaba de canción, y Andreas servía bebidas entre bromas.

—Míralos—dijo Bill con una sonrisa suave—Parece que no existe nada más allá de este instante.

—Y quizá sea lo mejor —murmuró Tom mirándole de reojo—Después de todo lo que ha pasado, se está muy bien aquí sin pensar demasiado.

Bill apoyó la cabeza en su hombro dejando que el murmullo de la música y las risas los envolviera.

—Me gusta mucho verte así—susurró suspirando—Más tranquilo, como si por fin pudieras respirar.

—No sé cuánto durará —confesó Tom sin apartar la mirada de las llamas de la parrilla que empezaban a crecer —Pero mientras dure quiero disfrutar del momento sin pensar en el pasado.

Bill apretó suavemente su brazo de acuerdo con sus palabras. La mirada de Tom permanecía fija en las llamas que crecían lentamente en la parrilla de manera hipnóticas y voraz, reflejando el torbellino de pensamientos que creía en su cabeza sin que lo pudiera evitar.

Pensaba en su hermano.

Por más que intentaba aferrarse a la esperanza empezaba a dudar de que el padre de Bill pudiera encontrarlo. Si en el hospital no había quedado ni una sola pista de su paradero, ¿qué más podía descubrirse después de tantos tiempo? El rastro parecía haberse borrado para siempre como cenizas arrastradas por el viento.

La idea lo golpeaba con crudeza, tal vez no tendría más remedio que vivir con la incertidumbre de si su hermano seguía vivo en algún lugar o si lo había perdido para siempre.

El chisporroteo del fuego se mezclaba con las risas del grupo a su alrededor, pero para Tom todo sonaba distante, como si estuviera atrapado en un silencio propio cargado de sombras.

—¿En qué piensas? —preguntó Bill a su lado inclinándose un poco hacia él.

Sentía la tristeza en Tom reflejada en su mirada fija en el fuego como si las llamas pudieran darle una respuesta que nunca llegaba.

Tom tardó en reaccionar, tragando saliva antes de hablar.

—En mi hermano—contestó al fin en voz baja—No puedo dejar de darle vueltas. No hay ningún archivo que hable de él, todo ha sido destruido… ¿y si nunca voy a encontrarlo? ¿Y si ya es demasiado tarde?

Bill lo observaba en silencio con el corazón encogido. El chisporroteo de la leña parecía subrayar cada palabra suya y cada duda.

—No quiero vivir con esa incertidumbre —dijo Tom con firmeza apretando los puños sobre sus rodillas—Es como un vacío que no se llena.

Bill apoyó una mano sobre la suya, firme pero suave.

—Lo encontraremos —dijo con calma, aunque en su interior también sentía el peso de la duda—. No sé cómo, ni cuándo pero no pienso dejar que pases por todo esto tú solo.

Tom se le quedó mirándolo y dejó que lo besara sellando así aquella promesa silenciosa.

Siempre estaría a su lado.

Pasara lo que pasara.

—¿Una cerveza? —preguntó Andreas, irrumpiendo ese mágico momento.

Tom se volvió hacia él y le dedicó una amplia sonrisa al tiempo que tendía la mano para coger el botellín que le ofrecía.

—Perdona, se me olvidaba que ahora eres menor de edad y no puedes beber —murmuró Andreas retirando la botella con gesto burlón.

Tom lo fulminó con la mirada aunque no pudo evitar esbozar una sonrisa. Era como si su amigo hubiera intuido su tristeza y tratara de disiparla con sus bromas y payasadas.

—Mejor te traigo un refresco. ¿Otro para ti también, Bill? —preguntó Andreas dirigiéndole una mirada.

—Ya vamos nosotros a cogerlo —respondió Tom poniéndose en pie.

Le tendió la mano a Bill y lo ayudó a levantarse. Juntos se reunieron con el resto del grupo, dejando atrás la sombra de la melancolía. El bullicio, la música y las risas los envolvieron, y Tom se permitió, al menos por esa noche disfrutar de una velada agradable junto al lago.

El ambiente junto al lago se volvió cada vez más animado. El chisporroteo de la parrilla marcaba el ritmo mientras Peter y James se encargaban de girar las piezas de carne y verduras dejando escapar un aroma delicioso que se mezclaba con la brisa fresca.

Melissa seguía bailando con entusiasmo, acompañada por Helen, Louise y Georg, dejándose todos llevar por la música entre risas y movimientos improvisados. Al otro lado, Anouk observaba la escena en silencio junto a Víctor.

Ninguno de los dos parecía tener muchas ganas de fiesta, habían acudido a la barbacoa arrastrados por sus parejas y lo único que deseaban era que la velada terminara cuanto antes. La alegría del grupo les resultaba ajena, casi distante porque sus pensamientos estaban centrados en algo mucho más serio.

Las amenazas de Gustav y Alexander.

Ambos estaban deseando regresar a casa lejos del bullicio para poder reflexionar con calma sobre lo que harían frente a aquella situación que los mantenía inquietos y en tensión.

—¡A ver quién aguanta más tiempo con la botella en equilibrio sobre la cabeza! —propuso de repente Andreas cogiendo una botella vacía y colocándosela sobre la cabeza.

Las carcajadas estallaron de inmediato. Georg aceptó el reto y se le unió cogiendo otra botella vacía intentando mantener el equilibrio mientras Louise y Melissa los animaban con aplausos. La botella de Andreas cayó a los pocos segundos, provocando un estallido de risas que se mezcló con los gritos de ánimo.

—Eres muy torpe —dijo Tom entre carcajadas.

Andreas le dio la razón entre risas, pero al volverse su mirada se detuvo en Víctor. Resultaba extraño verlo tan callado cuando en todas las fiestas solía ser él quien las animaba con sus juegos de cartas improvisados que siempre buscaban sacar las verdades a la luz en un tono divertido. Sin embargo en aquella ocasión se mantenía muy serio al lado de Anouk, casi como si los dos estuvieran en un funeral.

Se acercó a él y pidió hablar con él a solas. Anouk se marchó al momento dirigiéndose hacia la barbacoa para ayudar a Peter y James con la comida, lo que fuera con tal de esquivar la inquisitiva mirada de Melissa.

—¿Qué os pasa a ti y a Anouk? —preguntó Andreas sin rodeos clavando la mirada en su novio.

El silencio que siguió fue denso, como si Víctor dudara entre abrirse o seguir guardando sus pensamientos.

—Si no os apetecía venir lo habríais dicho—insistió Andreas, con un matiz de reproche en la voz—Podíamos habernos quedado en el bungalow cenando tranquilamente y hablando.

—Estamos cansados, nada más —murmuró Víctor evitando mirarlo directamente.

Andreas negó despacio, sin convencerse.

—No es cierto, lleváis los dos muy raros desde el otro día y Melissa y yo lo hemos notado—confesó Andreas sin podar mantenerse callado por más tiempo— ¿Hay problemas en casa? Sabéis que nos lo podéis contar.

Víctor bajó la mirada jugando nervioso con la botella que tenía entre las manos. El silencio se prolongó unos segundos más, hasta que suspiró con resignación.

—No hay problemas en casa —murmuró al fin con voz baja—Es otra cosa.

—Entonces dime qué es—insistió Andreas inclinándose hacia él—No me gusta verte así, ni a ti ni a Anouk.

Víctor dudó unos segundos más, como si las palabras pesaran demasiado en su garganta.

—Sabes que en casa siempre andamos escasos de dinero —empezó a relatar con un hilo de voz—Nuestra madre se mata a trabajar y tanto Anouk como yo siempre intentamos ayudar pero con nuestros sueldos de camareros no alcanza.

Andreas lo escuchaba en silencio consciente de por primera vez en mucho tiempo, Víctor hablaba con una seriedad que lo desarmaba.

—Nos hemos tenido que buscar la vida como hemos podido —continuó diciendo Víctor bajando la mirada—Anouk tiene ciertas amistades y ha estado pasando coca en el Sisyphos. Y yo… he estado vendiendo mi cuerpo. Sé que suena horrible, pero no vi otra salida. Te juro que siempre he sido muy cuidadoso y responsable con mis relaciones, siempre he usado la protección adecuada y he sido muy discreto. Pero hay un cliente que nos está amenazando a los dos y nos tiene atrapados.

Hizo una pausa, respirando con dificultad.

—Tanto Anouk y yo lo hemos dejamos pero nos están obligando a volver—susurró Víctor atreviéndose a mirarle a los ojos—Si no lo hacemos nos delatarán. Anouk podría acabar en la cárcel… y yo… yo solo sería humillado, pero no podemos hacerle eso a mi madre.

—¿Quién es?—preguntó Andreas frunciendo el ceño.

—No importa quién sea—contestó Víctor negándose a delatarle— Lo único que tienes que entender es que estamos muertos de miedo y no sabemos qué hacer. Y sé que al contarte esto puedo perderte… pero no quiero más secretos entre nosotros. Es algo que debería haberte dicho hace tiempo, y lo único que puedo hacer ahora es pedirte perdón y compresión.

Andreas se le quedó mirando en silencio mientras procesaba todo lo que acababa de escuchar. El bullicio de la barbacoa seguía a su alrededor, pero entre ellos el ambiente se había vuelto denso cargado de una tensión que no encajaba con la alegría del resto.

Por primera vez en la noche, Andreas comprendió que la tristeza de Víctor y Anouk escondía algo mucho más serio que un simple mal humor.

&

La velada continuaba con un ambiente festivo. Las risas se mezclaban con la música, el chisporroteo de la parrilla y los juegos improvisados que mantenían a todos animados. Melissa bailaba sin descanso sin apartar la mirada de Anouk, Helen cambiaba canciones con entusiasmo y Georg y Peter contaban anécdotas de su infancia que arrancaban carcajadas.

Bill y Tom escuchaban sonrientes dejando que las anécdotas de los primos los envolvieran y los transportaran a un mundo ligero y libre de preocupaciones, donde todo parecía reducido a la risa compartida y la complicidad del momento.

Pero Andreas apenas podía concentrarse en la fiesta. Sus ojos volvían una y otra vez hacia Víctor y Anouk que de nuevo se habían apartado permaneciendo demasiado serios para el contexto alegre que los rodeaba. La inquietud le pesaba en el pecho al conocer el motivo de eso tan grave que se escondía tras su silencio.

Finalmente se acercó de nuevo a Víctor decidido a no dejar el asunto pasar viendo como Anouk se volvía a alejar para dejarles a solas. Se inclinó hacia él bajando la voz para que nadie más escuchara.

—No puedo tratar de fingir que me divierto tan tranquilo viendo la preocupación en vuestras caras—dijo Andreas con firmeza—No quiero que sigáis cargando solos con lo que os pasa.

—Andreas… no sé si hay solución—susurró Víctor mirándole con los ojos cansados y llenos de dudas.

—La buscaremos —replicó Andreas sin titubear—Sea lo que sea, lo enfrentaremos juntos. No pienso dejar que os hundáis en esto.

El bullicio de la fiesta seguía a su alrededor, pero entre ellos el ambiente se volvió más íntimo, cargado de tensión y promesas. Andreas no estaba dispuesto a dejar que el miedo de Víctor y Anouk quedara enterrado bajo la apariencia de normalidad.

A lo lejos Bill no había podido evitar fijarse en el extraño comportamiento de Andreas. Al llegar era el alma de la fiesta, pero en esos momentos no dejaba de mirar con preocupación a Víctor y de hablar con él en susurros como si no quisieran ser escuchados por nadie más.

¿Estarían discutiendo?

¿Habría pasado algo que los había separado?

La duda no lo dejaba tranquilo. Aprovechando que Víctor se alejaba para dar un paseo, Bill se disculpó ante Tom diciendo que iba a coger otro refresco y lo dejó en la agradable compañía de Peter y Georg.

Fue tras Víctor con disimulo viéndole caminar por la orilla de lago hasta una zona más apartada donde se sentó sobre la arena.

—¿Va todo bien entre tú y Andreas? —preguntó yendo directo al grano mientras se sentaba a su lado.

Víctor se le quedó mirando en silencio y por un instante vio en él esa ayuda que tanto necesitaba. Podía hablar con Bill y contarle el chantaje al que estaban siendo sometidos por Gustav y Alexander, pero también dudaba en hacerlo. Apenas lo conocía lo suficiente, se le veía buen chico pero en su vida había aprendido a no confiar ciegamente en nadie.

—Sea lo que sea, me lo puedes decir —insistió Bill esbozando una tímida sonrisa—No le diré nada a nadie.

—¿Me lo prometes? —preguntó en voz baja Víctor.

Bill asintió con firmeza, se le veía realmente preocupado.

—Yo… no sé ni cómo empezar para que no pienses que soy una persona horrible —empezó a relatar Víctor sintiendo que los ojos se le llenaban de lágrimas—Eres muy afortunado al tener los padres que tienes, nunca te ha faltado nada y no sabes lo que es pasar penurias.

Bill frunció el ceño al escucharlo, si Víctor conociera realmente su historia entendería que su vida distaba mucho de ser tan afortunada como pensaba.

—Mi familia es muy diferente a la tuya—siguió diciendo Víctor con la mirada fija en el lago—Mi padre nos abandonó cuando Anouk y yo éramos aún unos niños, y siempre vimos a mi madre trabajar duramente para sacarnos adelante incluso estando enferma. Cuando tuvimos edad para trabajar no lo dudamos, dejamos los estudios y encontramos empleo para llevar un sueldo más a casa. Pero nunca era suficiente… por eso buscamos otro tipo de trabajo.

Bill lo escuchaba conteniendo el aliento. Algo le decía que ya sabía a qué se refería.

—Yo… empecé a vender mi cuerpo a cambio de dinero—explicó Víctor en un susurro—Me negué a que Anouk hiciera lo mismo y ella encontró otro trabajo más a su medida pasando coca. Nuestros clientes son casi todos del club, discretos y con dinero. Pero hay uno que nos está amenazando si no le conseguimos coca gratis ahora que su situación familiar ha cambiado.

—¿Hablas de Alexander? —preguntó Bill sin dudarlo un segundo.

—Ahora que te ha perdido parece que ya todo le da igual—contestó suspirando Víctor—Quiere coca gratis y se le ha insinuado también a Anouk. Siempre le ha gustado, pero ella lo rechazaba por respeto a ti y porque es un imbécil. Ahora tiene el camino libre y poder sobre nosotros, y no parará hasta lograr acostarse con ella.

Bill sintió que el estómago se le revolvía, era como si no conociera del todo a Alexander. En parte lo creía capaz de algo así, pero había habido momentos en los que lo había visto con otros ojos, recordando al chico del que alguna vez pensó estar enamorado. Sin embargo, esos momentos habían sido pocos y fugaces. Bastaba con que la arrogancia de Alexander aflorara para transformarlo en alguien irreconocible, un monstruo que le resultaba imposible justificar.

—Y no solo es él—continuó con su relato Víctor—Gustav era uno de mis mejores clientes y me ha amenazado con contárselo todo a Andreas si no mantengo la boca callada, descubrí lo que siente por Alexander y subí el precio de mis servicios por avaricia. Aunque ya se lo he dicho yo esta noche a Andreas y las amenazas de Gustav ya no ya no me preocupan tanto pero Alexander es distinto. Con él no basta con enfrentarse o ignorarlo. Tiene demasiado poder sobre nosotros, y si no le damos lo que quiere delatará a Anouk y podría acabar en la cárcel.

Bill trataba de procesar toda la información recibida, en su cabeza flotaban dos palabras que no dejaban de golpearle.

Cocaína y Alexander.

Pero había otra preocupación que se abría paso con fuerza, una que lo afectaba de manera más directa.

—¿Hay alguien pasando drogas en el club de mi padre? —exigió saber con voz firme y la mirada clavada en Víctor.

Víctor se negaba a responder cerrándose en un silencio obstinado. No quería revelar más de lo estrictamente necesario.

—Debo saberlo —insistió Bill con firmeza.

—Anouk lo hacía antes—contestó Víctor en un susurro—Pero lo dejó cuando David empezó a sospechar y se fue al Sisyphos donde podía moverse con más libertad. Pero sí, aparte de ella hay otra persona que pasa drogas en el club…uno de los camareros…

—Dime su nombre y te prometo que hablaré con Alexander para que no os delate a ti y a Anouk—murmuró Bill sin saber con certeza que pudiera cumplir la promesa.

—No puedo, tengo miedo de que delate a mi hermana—dijo Víctor negando con la cabeza.

—No quiero que nadie pase drogas en el club de mi padre—dejó Bill bien claro—Haré que David lo despida por otro motivo, pero quiero a esa persona fuera del club cuanto antes.

Víctor dudó unos segundos, hasta que finalmente asintió.

—Es Paul —susurró.

Bill asintió con la cabeza y se puedo en pie con lentitud. Ya tenía toda la información que había ido a buscar, aunque jamás habría imaginado que el malestar de Víctor se debía a algo así.

Le dejó a solas regresando con los demás, momentos en que Anouk hizo acto de presencia. Había estado observando desde la distancia como su hermano y Bill hablaban y algo le decía que ya estaba al tanto de todo lo ocurrido.

—¿Qué has hecho? —preguntó con la respiración entrecortada.

—Le he contado todo a Bill —respondió con tranquilidad Víctor.

—¡Idiota!—estalló Anouk sin poderse contener—Nos va a denunciar sin dudarlo.

—Me ha prometido ayudarnos si delataba a Paul, y así lo he hecho—le explicó Víctor—Le dirá a David que lo despida sin mencionarnos a nosotros ni nada que nos relaciones con la coca, no quiere que nadie pase drogas en el club de su padre y es lo único que le importa en estos momentos. A cambio hablará con Alexander para que nos deje en paz.

—¿Crees que lo logrará?—preguntó Anouk mirándole con incredulidad.

—No lo sé—contestó Víctor bajando la mirada—Pero ahora mismo es la única persona en la que podemos confiar para que nos ayude.

Anouk sabía que tenía razón. Bill tenía el poder que a ellos les faltaba para frenar a alguien como Alexander, era quien mejor lo conocía y quizás el único capaz de encontrar la manera de convencerlo para que cesara en sus amenazas.

Se sentó junto a Víctor abrazándose las rodillas y con la mirada perdida en el lago. En silencio rezaba para que todo terminara pronto, para que pudieran retomar sus vidas como si nada hubiera ocurrido.

Pero en el fondo dudaba.

Sus vidas habían cambiado tanto que apenas recordaba cómo era vivir sin miedo y con esperanza.

&

Regresó lentamente hacia el grupo con la mirada perdida en el reflejo del agua y las palabras de Víctor aún resonando en su cabeza. Le costaba creer que tanto él como Anouk hubieran tenido que recurrir a aquello para sobrevivir, hasta entonces había visto una situación así solo en películas y en esos momentos comprendía con crudeza que en la vida real también existía.

El dolor lo atravesaba al pensarlo. Conocía a ambos, a Anouk no tanto, pero sí a Víctor y a su madre. Imaginaba a Rose destrozada al descubrir en qué se habían visto obligados sus hijos a hacer para poder llevar algo más dinero a casa que tanto necesitaban.

Los ojos se le llenaron de lágrimas por la tristeza que sentía por ellos, y por la rabia al saber que alguien estaba pasando coca en el club de su padre.

Y esa misma persona se encontraba allí mismo disfrutando de la barbacoa, lo tenía a escasos pasos riendo y bailando con Patrick como si nada. Bill apretó los puños, consciente de que no podía delatarlo en ese momento, no hasta hablar con David y asegurarse de que lo despidiera por otro motivo que no levantara sospechas ni llenara titulares. Si se llegaba a saber lo que ocurría en el club, su padre se vería obligado a cerrarlo por la mala fama que adquiriría y todos los camareros acabarían en la calle.

Y Bill no podía permitir que eso sucediera.

Llegó junto a Tom y se sentó en silencio a su lado como si de pronto todo el aire festivo de la barbacoa se hubiera vuelto irreal y distante, ajeno a la tormenta que llevaba dentro.

Tom pudo notar su cambio de humor y tras apagar el cigarro que se estaba fumando se volvió mirándole fijamente.

—Estás muy callado —murmuró inclinándose hacia él— ¿Ha pasado algo?

Bill tragó saliva intentando recomponerse. El bullicio de la música y las risas alrededor contrastaba con la tensión que llevaba dentro.

—No… nada importante —murmuró esquivando la mirada de Tom.

Tom alzó una ceja sin creerse sus palabras, por más que le asegurara que no le pasaba nada podía ver con claridad que había algo que le atormentaba.

—No puedes engañarme —dijo con suavidad acercándose un poco más—Te conozco demasiado bien para saber que hay algo que preocupa.

—Es solo… que tengo muchas cosas en la cabeza —murmuró Bill con un hilo de voz.

Tom lo observaba en silencio esperando pacientemente que se abriera. Bill sabía que podía confiar en él, pero también temía que compartir lo que había descubierto iba a desencadenar consecuencias que no estaba preparado para afrontar. Y por eso prefería callar de momento y no contarle nada a Tom hasta que no hablara con David primero.

—Te he visto hablando con Víctor —empezó a decir Tom, mirándolo con atención— ¿Ha pasado algo entre vosotros?

—Son temas del club —contestó Bill odiándose por tener que mentirle—Quería un cambio de turno y no sé si podré hacerlo…

—¿Sabes que cuando mientes tus ojos cambian? —susurró Tom de repente sin apartar de él la mirada—Pierden esa luz que siempre tienes, se apagan y lo noto al instante.

Bill se removió incómodo bajando la vista hacia el suelo. Sentía que Tom lo desnudaba con esas palabras, que no había forma de ocultar lo que llevaba dentro. El bullicio de la barbacoa seguía a su alrededor, pero entre ellos el aire se había vuelto más denso, cargado de una tensión que lo empujaba a hablar y al mismo tiempo a callar.

—No quiero que te sientas obligado a contármelo —dijo Tom con calma inclinándose más hacia él—Pero me gustaría que lo hicieras si así puedo ayudarte.

Bill lo miró de reojo, sintiendo cómo esas palabras le atravesaban. La sinceridad de Tom era un refugio, pero también un recordatorio de que confiar en él significaba arrastrarlo a un problema demasiado grande.

—¿De verdad quieres saberlo? —preguntó Bill en voz baja con los ojos clavados en el lago— ¿Aunque eso signifique meterte de lleno en un problema que no te atañe?

Tom lo miró fijamente, sin apartar la vista. Su expresión era serena, pero en sus ojos brillaba una firmeza que Bill conocía demasiado bien.

—Si te afecta a ti, me atañe a mí también —respondió con calma—No voy a quedarme al margen mientras cargas solo con algo que te está destrozando por dentro.

Bill cogió aire con fuerza antes de hablar y soltar todo eso que llevaba dentro y le impedía respirar.

—Están pasando coca en el club—confesó sin aliento.

—¿Quién? —preguntó Tom con voz tensa mirándolo con incredulidad.

—Paul—contestó Bill en voz baja.

El nombre cayó como un golpe seco. Los ojos de Tom volaron de inmediato hacia él que en ese momento bailaba despreocupado con Patrick ajeno a la gravedad de lo que acababa de revelarse.

—¿Te lo ha dicho Víctor? —insistió Tom aún intentando procesar lo que acababa de escuchar.

—Sí —contestó suspirando Bill—Tengo que hablar con David para que lo despida pero sin levantar sospechas. Nadie debe saber que es por un tema de drogas, si se descubre mi padre tendría que cerrar el club de inmediato y todos vosotros acabaríais en la calle. No puedo haceros eso, ni quedarme callado mientras alguien se dedica a eso en el club.

—¿Y David qué puede hacer? —preguntó Tom con la voz cargada de incertidumbre.

—No lo sé… —respondió Bill suspirando—Pero seguro que se le ocurrirá algo.

Ambos quedaron en silencio, sin fuerzas para seguir disfrutando de la barbacoa. Era como si de pronto les hubiera caído encima un jarro de agua fría apagando la chispa festiva que aún quedaba en el aire.

—¿Quieres que nos vayamos a casa? —propuso Tom mirándolo con seriedad.

—Deberíamos hacerlo, ninguno de los dos estamos para fiestas… pero al mismo tiempo no quiero regresar—contestó Bill devolviéndole la mirada—Esta era nuestra noche, íbamos a pasarla juntos y quiero que asi sea antes de tener que enfrentarnos a todos los problemas que nos espera.

Tom asintió en silencio aceptando sus palabras y dejó que las risas del grupo los envolvieran como un eco distante. Todos seguían disfrutando de la barbacoa ajenos a la tensión que se había instalado entre ellos, pero para Bill y Tom aquella alegría ya no significaba nada.

La velada había cambiado por completo.

Lo que antes era una celebración se había transformado en un paréntesis frágil, un instante suspendido antes de la tormenta que sabían que tarde o temprano tendrían que enfrentar.

Continúa… 

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por lyra

Escritora del Fandom

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