
Fic TWC de lyra
Capítulo 11
Nada más sentir a Conrad salir de su cuerpo, Bill se dio la vuelta en la cama y se quedó de espalda mientras jadeaba. Cerró los ojos sonriendo, el orgasmo le había dejado exhausto…
Sintió que Conrad se tumbaba a su lado y llevando una mano le acarició el miembro de arriba abajo sonriendo.
— ¿Te ha gustado?—preguntó Conrad entre jadeos.
—Mucho—contestó Bill suspirando.
—Me siento excluido—intervino Paul inclinándose sobre Bill.
Comenzó a llenarle el agitado pecho de húmedos besos mientras que bajaba una mano y le acariciaba. Pero Bill estaba realmente cansado y no le apetecía volver a correrse sobre esa cara colcha que no le quedaba más remedio que tirar. No podía llevarla al tinte y decirle que esas manchas sospechosas eran el resultado de una orgía que le surgió una noche.
Abrió los ojos resoplando, si continuaba así se quedaría allí mismo dormido y deseaba irse a su cama…él solo.
—Hora de irse—murmuró incorporándose.
Se arrastró por la cama hasta llegar al borde y se levantó estirándose. Se dio la vuelta y miró a sus amigos cruzándose de brazos.
—Yo me quedó a dormir contigo—murmuró Conrad acomodándose.
—Paul, ya sabes las normas—dijo Bill mirando a su amigo fijamente.
Paul asintió y se levantó tirando el brazo de su amigo.
—Venga Conrad, pórtate bien y te lo podrás tirar otra vez—le dijo a su amigo guiñándole un ojo.
Conrad resopló resignado y comenzó a moverse con pereza. Lo primero que hizo fue deshacerse del preservativo usado y tirarlo por encima de su hombro sin importarle donde caía. Bill vio su gesto y arrugó la frente enojado. Le tocaría limpiar esa habitación a fondo él mismo, tenía una asistenta que iba tres veces por semana, pero se le caería la cara de vergüenza si se encontraba ciertas cosas cuando limpiaba…
Esperó sin moverse desde donde estaba viendo como sus amigos terminaban de vestirse mientras comentaban el buen polvo que habían echado. Cuando al fin se pusieron sus cazadoras, Bill les precedió hasta la puerta de su lujoso piso y la abrió sin importarle no llevar nada.
— ¿Repetimos mañana?—preguntó Paul alzando una ceja.
—Tenemos sesión de fotos por la tarde, déjame pensármelo—contestó Bill resoplando.
—Te dejo mi teléfono por si alguna vez te aburres—dijo Conrad entregándole una tarjeta.
Bill la cogió y leyó en voz baja sonriendo, en ella estaba su móvil y bajo su nombre ponía «modelo». Él no usaba tarjetas ni nada parecido porque no lo necesitaba, era conocido en el mundo entero y no hacía falta que se presentara.
—Anda vamos, que Bill necesita descansar—dijo Paul tirando de su amigo.
Bill se apresuró a despedirlos él mismo. Primero besó a Paul brevemente en los labios y luego se entretuvo con Conrad algo más.
—Tú yo solos…la próxima vez…—susurró contra sus labios.
Conrad asintió encantado y tras pellizcarle su desnudo trasero salió del piso. Bill cerró la puerta riendo. Dejó la tarjeta sobre la mesita que tenía en la entrada para que no se perdiera y caminó hacia su habitación estirándose y bostezando.
No le extrañó encontrarse a Tom metido en la cama, sabía que en cuanto se hubiera corrido en sus propias manos habría ido a buscar un escondite, sería incómodo de explicar a sus amigos que hacía su hermano tras la puerta y ese sospechoso bulto que lucía en su pantalón…
— ¿Ya te han soltado?—preguntó Tom acomodándose en la cama.
Bill le ignoró y entró en el baño. Cogió una toalla pequeña y la humedeció en agua templada. Se lavó por encima, no le apetecía darse una ducha a esas horas de la noche, ni tampoco acostarse tras haber sido manoseado…y chupado…
Miró su cara en el espejo suspirando, se moría de sueño y pasó de desmaquillarse, ya lo haría al día siguiente cuando se duchara. Salió del baño y se metió en la cama dándole la espalda a Tom, resoplando cuando le sintió abrazarle por la espalda.
—Tom…que no hay ganas—murmuró con los ojos cerrados.
— ¿Tan cansado te han dejado?—preguntó Tom bajando una mano.
La llevó hasta su miembro y comenzó a acariciárselo mientras enterraba la cara en la curva de su cuello y se lo mordisqueaba.
—Tendrías que haber visto la polla de Conrad—explicó Bill entre risas—En serio Tom, es una pena que solo te dediques a dar, no sabes lo que te pierdes a veces…
—Ya sabes que yo solo….te doy a ti—susurró Tom contra su piel.
Bill suspiró resignado, no le gustaba mucho lo «fiel» que era Tom, le hacía sentirse mal por su promiscuidad, pero nunca hablaron de que lo que había entre ellos, si es que había algo, iba en serio. Eran hermanos gemelos que estaban muy unidos….demasiado, pensaría alguno si les viera e esos momentos. Los dos desnudos bajo las sábanas, él con los ojos cerrados mientras que su hermano le masturbaba…
Se quedó dormido bajo sus caricias, no se enteró si se llegó a correr o si Tom se enfadó por haberle dejado a medias. No debía hacerlo porque cuando echaron un polvo a primera hora de la mañana se quedó satisfecho del todo y no le reprochó nada.
.
Esa tarde se encontró con Paul en la sesión de fotos. Primero le hicieron fotos a él solo y luego junto con los demás modelos y entre ellos estaba él. Posaron los dos bien juntos sonriendo ampliamente a la cámara mientras Bill hacía una pequeña trastada…
Llevó una mano a la espalda de Paul y la fue bajando hasta acariciarle el culo con descaro a través de la tela del pantalón. Se tuvo que morder lo labios para no soltar una carcajada, Paul trataba de mirar a la cámara y posar como si nada mientras que él le pellizcaba.
Terminaron de posar y se fueron a cambiarse de ropa. Esa vez no tenía un camerino para él solo y se tuvo que desnudar delante de los demás modelo, cosa que no le importaba en absoluto ya que aprovechaba para echar un vistazo al panorama que le rodeaba.
Todos sabían de su homosexualidad, pero a nadie le importaba quedarse en bóxers delante de él a pesar de no ser ellos gays. Y más de uno que si lo era le dirigía una amplia sonrisa que él respondía encantado.
— ¿Cenamos juntos?—preguntó Paul interrumpiendo sus pensamientos.
Resopló dirigiéndole una fulminante mirada. Estaba coqueteando con un chico de color que le estaba haciendo a su vez un repaso de arriba abajo. Le dio la espalda sin contestarle mientras cogía los pantalones que se pusiera esa misma mañana.
— ¿Bill?—llamó Paul.
—No, tengo mejores planes—contestó con pesadez.
Estaba ya algo cansado de él, no le gustaba que pensara que entre ellos había una relación más allá que la de compañeros de trabajo. Follaban de vez en cuando, pero no había más. Si quería un novio, que se buscara a otro…
—Es por Conrad, ¿verdad? Sabía que no te lo tenía que presentar, que en cuanto le vieras te olvidarías de mi—dijo Paul haciendo un puchero.
—He de admitir que Conrad la tiene más grande que tú y se mueve mejor, pero no es por él—explicó Bill con cansancio—Tengo cosas que hacer y tú…me estás atosigando. Mira, ya pasé por esto una vez y no lo volveré a hacer. Estoy cansado de que la gente espere más de mi, Paul entre tú y yo no hay nada, y nunca lo habrá.
Tras decir esas crueles palabras, se puso la camiseta sin importarle despeinarse y cogiendo su cazadora y bolsa de mano salió del estudio en el que había tenido lugar la sesión de fotos y una vez en la calle llamó un taxi para que le llevara a casa.
Se había levantado con un mal presentimiento esa mañana que no había logrado disipar el polvo que echó con Tom, se había pasado todo el día en alerta. Presentía que iba a pasar algo que cambiaría el rumbo de su vida…
&
Maldijo por lo alto cuando colgó el móvil. Lo había vuelto a hacer…por mucho que le prometió que iba a ser la última y que esa vez iba a terminar el programa de desintoxicación, David Jost recibió una llamada que le informaba de todo lo contrario.
Le había ayudado en todo lo posible en esos 5 años, siempre se mantuvo en contacto con él pues en parte se sentía algo culpable de lo ocurrido. No lo supo ver a tiempo y cuando lo hizo ya era tarde. El batería de Tokio Hotel estaba enganchado a la cocaína y se veía incapaz de dejarlo.
Habló muy en serio con él, le rogó que hiciera algo ya no por el grupo sino por él mismo. Solo tenía 21 años y ya se había jodido la vida. Pero sin el apoyo de sus compañeros y con la disolución del grupo se distanciaron y fue cayendo cada vez más bajo.
Siempre que le llamaba era para pedirle dinero para una raya. Siempre se negaba hasta que Gustav rompía a llorar al otro lado del teléfono y le hablaba de los viejos tiempos, de esa ayuda tan especial que necesitaba para poder aguantar y eso le conseguía ablandar. Le daba el dinero que le pedía y siempre caía algo más, rezando para que fuera para comida o lo que necesitara, aunque en el fondo sabía que era para más rayas.
Estaba en la ruina, se había comprado un piso demasiado caro para el tren de vida que llevaba y al final no le quedó más remedio que malvenderlo quedándose en la calle. Vivió una temporada con sus padres, hasta que se cansó de escucharles y se largó una buena noche.
Se junto con malas compañías y se fue deteriorando con el tiempo. La última vez que le vio le costó reconocerlo. Estaba muy delgado y pálido, lucía una espesa barba y no había luz en su mirada. Tenía 28 años y aparentaba 50. Habló seriamente con él y logró convencerle de que entrara en una clínica de desintoxicación…otra vez.
Según le había contado, lo había intentado dos veces por su cuenta, pero al final se había escapado porque era muy duro y no lo soportaba. Pero esa vez le prometió hacerlo por él, el único que se había preocupado de su bienestar, y tal vez cuando estuviera bien podían hablar de trabajo.
David no pudo negarse, le prometió que tras curarse miraría algún grupo que necesitara un batería, pero lo dijo sin mucha convicción. Fue el ajetreo del anterior grupo junto con la discordia que había entre sus compañeros lo que le arrastraron a ese callejón sin salida en el que estaba…
.
Y en el que seguía a juzgar por la llamada recibida. Gustav se había vuelto a escapar y esa vez había sido de una forma más violenta. Había asaltado a una enfermera, robándola el bolso y las llaves del coche. Estaba con el mono y resultaba muy peligroso.
Ya había llamado a la policía y a él por ser el número de teléfono que había dejado por si pasaba algo. Él mismo se encargaría de comunicárselo a su familia, a la que Gustav no veía en los últimos 3 años…
Pero aún no podía llamarlos, no les podía dar ese disgusto. Mejor dejarlo todo en manos de la policía, y una vez que le arrestaran le harían volver al centro pero esa vez a uno con mayor seguridad y vigilancia. De el no escaparía hasta estar limpio del todo, pero iba a necesitar mucha ayuda y estar rodeado de las personas que fueron importantes en su vida, además de su familia, sería de gran ayuda.
No se lo pensó dos veces y marcó el número de Tom. Lo había intentado con el hermano equivocado. Bill se había vuelto muy frío, y Tom… a pesar de esa dejadez hacia su hermano en el fondo seguía siendo un chico muy responsable.
Continúa…
Gracias por leer. No te vayas sin comentar 🙂