Cuando menos te lo esperas 24

Cuando menos te lo esperas 24

Notas: Eppure sentire, Aun te siento

no he vuelto a poner titulos a los caps, porque eran mas quebraderos de cabeza, pero ayer di con una cancion preciosa que he usado en un video y me gustaria titular este cap y el siguiente de la misma manera. El video es este

Fic TWC de lyra

Capítulo 24

Una semana después, Bill se despertaba con una sonrisa en los labios. Había dormido muy bien, la primera noche sin insomnio ni pesadillas. Se levantó de muy buen humor y tras darse una ducha rápida bajó a desayunar y luego a pasear con Scotty.

Se había vuelto una rutina, iban al parque y él se columpiaba mientras que Scotty corría hasta que se cansaba y se sentaba a sus pies a dormitar. Entonces regresaban a casa y ayudaba a su madre en lo que fuera, hacer la compra, lavar el coche…

No echaba de menos su vida anterior para nada, a pesar de que veía que era portada en algunas revistas. Se hablaba de su retirada, causada por la conmoción de la muerte de su ex compañero de grupo y amigo de la infancia, lo que era verdad en parte.

Cerraba los ojos cada vez que hablaban de él, mostrando alguna foto de archivo de un desfile suyo o de cuando formaba parte del grupo. ¿Es que la gente no se cansaba de remover en el pasado?

Una noche cenando, se llevó una sorpresa. Estaba ya terminando cuando de repente habló su padrastro…

— ¿Sabías que Tom está en España? —preguntó Gordon mirando a su mujer.

Casi se le cayó el tenedor al escucharlo, dirigiendo él también una mirada interrogante a su callada madre.

—Si—contestó Simone suspirando—Se fue hace dos días y me pidió que no dijera nada.

Escuchó la maldición que se le escapó a su padrastro por lo bajo, señal de que había metido la pata, pero estaba leyendo el periódico y al parecer Tom salía en primera plana.

—El grupo que está produciendo toca en Barcelona—explicó Simone mirando a su hijo pequeño—En el Palau Sant Jordi.

—Allí…allí dimos dos conciertos—murmuró Bill con la mirada fija en su regazo.

—Me pidió que no te dijera nada, que solo serían dos días y cuando regresara…

Alzó la mirada esperando a que terminara la frase. Cuando regresara, ¿qué? ¿Iría a por él? No le quería ver, lo mejor para los dos era estar bien lejos el uno del otro, de otra manera se harían un daño intenso…

.

Esa noche no pudo dormir, hablar de Tom le había hecho añorarlo. Cerraba los ojos y se los veía a los dos en la cama, haciendo el amor bajo las sábanas… No quería volver a recordar la tierna manera en la que se preocupaba de que él también disfrutara, o como le besaba con dulzura hasta que le sentía gemir y estremecerse entre sus brazos…

Se dio la vuelta en la cama resoplando, una semana lejos de Tom no le bastaba para olvidarlo.

La solución al problema le vino al día siguiente en forma de llamada.

— ¿Andreas? —murmuró arrugando la frente.

—El mismo que viste y calza—contestó su amigo sonriendo ampliamente—Estoy de visita en casa de mi madre y me estaba diciendo que andas por aquí tú también.

—Si, llevo casi una semana—explicó por encima.

— ¿Quedamos para comer? —preguntó Andreas—Así nos ponemos al día.

Asintió suspirando y quedaron en que le pasaría a buscar a las 12. Cuando bajó a desayunar y se lo contó a su madre, su sonrisa delataba mucha felicidad. Estaba preocupada, no había salido de casa en toda la semana quitando los paseos que se daban él y Scotty, y ya estaba empezando a preocuparse.

—Os tendréis muchas cosas que contar—comentó Simone.

Bill asintió, no estando muy seguro de que a su amigo le interesada saber algo de su vida. Siempre le pareció aburrido cada vez que le invitaba a un desfile cuando comenzó en ese mundillo, más que nada porque todos los modelos eran masculinos. Dejó de ir y él no volvió a insistir.

Estuvo arreglado a las 12 en punto. Era la primera vez que se vestía con algo que no fuera un chándal viejo y se peinaba su largo pelo, pero sabiendo que a su amigo no le gustaría que llamara más la atención de lo que ya la llamaba, se decidió por hacerse una coleta baja y vestirse con unos vaqueros negros, camisa blanca de manga larga y americana oscura. Se calzó unas botas bajas y cuando llamaron a la puerta la abrió sonriendo.

Se quedaron mirando como si fueran dos extraños, hacía más de dos años que no se veían o hablaban, pero pasada la timidez inicial se fundieron en un sentido abrazo.

—Estás como siempre, Bill—dijo Andreas sonriendo.

—No puedo decir lo mismo de ti. Este color de pelo… —murmuró Bill asintiendo con la cabeza—Te queda mucho mejor que el rubio platino que llevabas.

—Oh, a Rose le gusta más de castaño—explicó Andreas haciendo un gesto con la mano.

— ¿Rose? —repitió Bill, sabiendo que se refería a esa novia que se había echado, según su madre.

—Si, mi novia—confirmó Andreas—Se ha quedado en Francia por trabajo, pero vendrá pasado mañana y si quieres cenamos juntos los tres.

Asintió antes de poderse contener, le apetecía mucho ver a la chica que había cazado al fin a su mejor amigo. Dio media vuelta y descubrió a su madre en la puerta de la cocina, a la que saludó Andreas con beso en cada mejilla. Luego salieron y Andreas le llevó al centro comercial, donde disfrutaron de una agradable comida en la que no se pudo evitar nombrar a….

—Gustav—murmuró Andreas chasqueando la lengua—Me enteré estando en Francia, que te atacó y luego…

—Si, fue todo muy rápido—comentó Bill suspirando.

— ¿Estás bien? —preguntó señalando la pequeña herida que llevaba en la frente.

—No es nada, me quitaron los puntos el otro día y cuando se cure no quedara cicatriz alguna—explicó Bill.

—Yo…os quise llamar, a ti o a Tom pero no sabía que decir—susurró Andreas—Y tras tanto tiempo sin hablarnos…

Asintió suspirando, sabía exactamente lo que estaba pensando. Hubo un tiempo en el que fueron inseparables, Andreas, Tom y él, pero se fueron distanciando cuando tuvieron que mudarse a Alemania por el grupo, y luego más aún cuando decidió probar suerte como modelo y la fama se le subió a la cabeza como la espuma.

Terminaron de comer y dieron una vuelta por el centro comercial, no pudiendo evitar entrar en varias tiendas a comprar como en los viejos tiempos.

—Me imagino que por tu trabajo tendrás dos armarios llenos—comentó Andreas sonriendo.

Bill le imitó forzando una amplia sonrisa. La verdad era que toda esa ropa que le regalaban, iba a parar al fondo del armario tras habérsela puesto un solo día. Nunca repetía modelo, y en esos momentos en que veía como su amigo desechaba varias prendas por su elevado precio, se sentía culpable por, como él decía, tener dos armarios repletos.

—Me llevo solo esto—dijo Andreas a la dependienta, entregándole unos pantalones y apartando un jersey que realmente le había gustado.

La chica asintió y tras doblarlos con cuidado, los metió en una bolsa y le cobró.

— ¿Tú no te llevas nada? —preguntó Andreas, alzando una ceja.

—No, no necesito nada—murmuró Bill carraspeando.

Estaba pensando en lo mucho que despilfarraba el dinero, casi no tenía nada ahorrado y tras su retirada de las pasarelas, tenía que empezar a poner algo de orden en su caótica vida. Empezando por poner en venta el piso en el que vivía. Era muy grande para él solo y no entraba en sus planes tener pareja, ni volver a acostarse con alguien a quien acababa de conocer.

Bajaron al parking y allí se despidió de su amigo con una idea en mente.

— ¿No quieres que te lleve de vuelta a casa? —preguntó Andreas extrañado.

—Me he acordado de que me gustaría comprarle un detalle a mi madre—explicó Bill por encima—Y no quiero que te pases toda la tarde aquí encerrado mientras me decido.

—Como quieras—murmuró Andreas—Pero que no se te olvide que cenamos pasado mañana, quiero que conozcas a mi Rose.

—Nos vemos entonces—se despidió Bill.

Esperó hasta que se hubo alejado en el coche de su amigo y volvió a subir al centro comercial. Sus pasos le dirigieron a la peluquería y entró muy decidido. Se iba a cortar el pelo, como en los viejos tiempos. Le explicó a la chica que le atendió que era exactamente lo que quería y dos horas después parecía que había retrocedido en el tiempo y volvía a tener 21 años. Lo llevaba rapado a los lados y la parte central larga y peinada hacia atrás. Pagó encantado con el resultado y volvió a la tienda en la que había estado con Andreas, comprándole ese jersey que tanto le había gustado pero no se atrevió a comprar porque lo encontraba caro.

Pensando en que iba a conocer a su novia y aunque no tenía ni idea de sus gustos ni como era, se arriesgó y entrando en una tienda de bolsos le compró un Chanel y otro a su madre, que para eso la puso como excusa. Luego entró en una joyería y le compró un reloj a su padrastro, no debía olvidarse de él y más que era el encargado de cuidar de su perro desde que lo dejara en casa.

Pagó y salió del centro comercial cargando con sus compras. Echó a andar hacia casa y llegó justo a la hora de cenar, dando sus regalos muy emocionado y recibiendo buenas críticas por su peinado.

—Ya lo llevabas muy largo—comentó su madre asintiendo—Y hasta te hace parecer más joven.

Bill asintió, así era como lo quería. Volver a esa parte de su pasado y retomar su vida donde la había dejado, no volver a cometer los mismo errores y esperar con los dedos cruzados que esa vez supiera elegir bien…

&

Dos días después, saludaba encantado a la novia de Andreas. Era una chica realmente guapa, de pelo largo y castaño con unos grandes ojos azules y una dulce sonrisa.

—Me han hablado mucho de ti—dijo Rose tras besar su mejilla.

—Espero que bien—murmuró Bill mirando a Andreas de reojo.

—Solo le he contado lo gamberro que erais tú y Tom en el colegio—explicó Andreas sonriendo—Aún no sé cómo no os expulsaron el primer día, porque gracias a vosotros casi lo hicieron conmigo.

—Eh, no te quejes—saltó Bill fingiendo estar ofendido—Te recuerdo una noche en la que tú y Tom provocasteis un pequeño fuego en el parque y fui yo quien terminó en comisaría.

—Eso por no saber salir pitando en cuanto se escucha la sirena de la policía—dijo Andreas encogiéndose de hombros.

Así, entre bromas y risa transcurrió una agradable cena. Cuando Bill les dio sus regalos de bienvenida vio con sorpresa que ellos también tenían uno para él. Cogió la caja que Andreas le tendía y abrió los ojos como platos realmente sorprendido.

—Si somos….—empezó a decir emocionado.

—Nosotros tres—terminó Andreas la frase por él, algo avergonzado de su pequeño regalo.

Había encontrado esa foto buscando en casa de su madre, se les veía a los tres de niños sentados en las escaleras del porche del antiguo apartamento que les cedieron a los gemelos para que vivieran allí con sus compañeros de grupo, y en el que él solía quedarse a pasar los fines de semanas cuando no tenían trabajo.

—Dios, que jóvenes—murmuró Bill pasando una mano por el cristal.

Sus ojos se fijaron en Tom, sentado a su lado y pasándole un brazo por los hombros. Le miraba directamente a los ojos y su sonrisa era tan contagiosa…sonrió suspirando, pensando en esa relación de hermanos que mandó a la mierda con un gemido prolongado…

—Qué tiempos—susurró dejando la foto enmarcada dentro de la caja.

Andreas presintió la tristeza de su amigo, y no fue el único. Sabiendo que querrían hablar a solas, Rose se excusó diciendo que iba al baño y se levantó y dejó solos en la mesa.

— ¿Estás bien? —preguntó Andreas frotándole un brazo con cariño.

—Si, no me esperaba este toque del pasado—contestó Bill sonriendo con esfuerzo.

Andreas le miró sin entender muy bien lo que decía. Le regaló la foto para reírse recordando los viejos tiempos, no para que se echara a llorar delante de ellos.

— ¿Os ha pasado algo, a Tom y a ti? —preguntó preocupado, sabiendo que era lo único que le podía poner en ese estado al ver la foto.

Le vio asentir en silencio al tiempo que suspiraba desviando la mirada.

—Me acuerdo de que nunca pasaban más de 24 horas sin que hicierais las paces tras una pelea de las vuestras—comentó Andreas.

—Pues llevamos una semana separados—murmuró Bill con dolor.

—Vaya… —susurró Andreas.

—Pero es lo mejor—dijo Bill mirando a su amigo—Solo le hacía daño y lo mejor era que se fuera de mi lado.

Estaba a punto de preguntarle de qué estaba hablando cuando regresó Rose del baño. Pidieron la cuenta, que pagó Bill a pesar de la insistencia de su amigo y salieron del restaurante.

— ¿Tomamos algo? —preguntó Andreas mirando a su amigo.

—La última, venga—accedió Bill.

Entraron en el coche de Andreas y fueron a la vieja discoteca a la que empezaron a ir cuando cumplieron los 15 y sus padres les dieron al fin permiso. No había cambiado nada y esa noche por ser jueves estaba realmente llena. Se hicieron paso a la barra y Andreas pidió y pagó esa vez.

—Oh, me encanta esta canción—comentó Rose mirando a Andreas.

—No os quedéis por mí—se apresuró a decir Bill, viendo que su amigo no quería dejarle solo mientras bailaba con su novia—Así aprovecho y voy al baño.

No les dio oportunidad a replicar, les dio un pequeño empujoncito en dirección la pista de baile y él tomó el camino contrario. Entró en el baño y se lavó las manos suspirando. Solo había accedido a ir a la discoteca por Andreas, pero en el fondo deseaba estar ya metido en la cama. De repente, no le gustaba estar rodeado de gente, más si eran extraños…como ese chico que se le acercaba con una amplia sonrisa en los labios….

Le vio a través del espejo, y recordando lo que pasó la última vez, se dio prisa en secarse las manos y salir del baño.

—Perdona—llamó el chico— ¿Eres Bill Kaulitz?

Se volvió para mirarle, viendo que era un chico de unos 19 años y cuya ropa le recordaba a la que él usaba, de la marca Dsquared2. Asintió y entonces le vio sacar del bolsillo de su cazadora boli y papel y mirarle con una silenciosa súplica.

No se pudo negar, hacía mucho que nadie le pedía un autógrafo y no quería decepcionar al chico. Se apresuró a estampar su firma en el papel y se iba a ir cuando se le presentó…

—Me llamo Tom—dijo el chico como si nada.

— ¿Tom? —repitió alzando una ceja.

—Si, como tu hermano—contestó Tom sonriendo.

Sus ojos se fijaron en esa amplia sonrisa, recordándole una muy parecida. Separó los labios y empezó a jadear sin poder evitarlo, sus cuerpo llevaba mucho tiempo sin ser saciado y fue escuchar ese nombre y ponerse duro al instante.

Dio un paso en su dirección como hipnotizado, y el chico no se apartó. Se quedó quieto hasta que su labios se encontraron y empezó a besarle con suavidad, hasta que permitiéndole entrar en su boca se la recorrió con la punta de la lengua, haciéndole suspirar.

—Oh…Tom…

Siguieron besándose más profundamente, hasta que una voz conocida los separó…

—Perdón—musitó Andreas avergonzado.

Había ido al baño en busca de su amigo porque la canción había terminado y se estaba retrasando, no pensando que le pillaría en el baño besándose con un extraño. Pero ya era tarde para irse sin ser visto, no pudo evitar disculparse en voz alta al verlos, y hacer que se separaran y miraran avergonzados también.

—Yo…tengo que irme—murmuró Tom soltando la cintura de Bill, que no sabía cuando había cogido con firmeza.

Bill asintió suspirando, viéndole salir del baño con paso rápido.

—Bill, lo siento…no era mi intención…—se disculpó Andreas con torpeza.

—No pasa nada—dijo Bill quitándole importancia.

Pero si pasaba, su mente le había jugado una mala pasada y le había hecho creer que era su hermano quien le estaba besando, cogiéndole con firmeza por la cintura y haciendo que se frotara contra su entre pierna…si no hubiera entrado su amigo, habrían terminado haciendo el amor contra el lavabo…

Salieron del baño y viéndole en ese estado, dieron por finalizada la velada. Le llevaron de vuelta a su casa y quedaron en comer al día siguiente, antes de que Andreas y su novia regresaran a Francia. Se despidió de ellos y se fue corriendo a su habitación, desnudándose y metiéndose en la cama sollozando por lo bajo.

Extrañaba mucho a su hermano….y no se merecía que pensara en él de esa manera, deseándolo…amándolo…

.

Quedaron en verse en el centro comercial, comerían en el mismo restaurante en el que ya lo hicieran Bill y Andreas la vez anterior.

—Ayer no te dije nada de tu nuevo peinado—comentó Andreas tras haber hecho su pedido a la camarera.

—No es nuevo, ya llevé así el pelo en el pasado—explicó Bill.

—Si, me recuerdas a tus comienzos de modelo—intervino Rose.

Se mordió la lengua nada más decir esas palabras, viendo como arrugaba la frente con dolor y suspiraba.

—Perdón, he dicho algo que no debiera—se disculpó Rose muy avergonzada.

—No es culpa tuya…es que, lo he dejado—explicó Bill por encima.

—Claro—murmuró Andreas.

En el fondo, sospechaba que su retirada coincidía extrañamente con la muerte de su ex compañero y amigo.

—Estoy dándome un tiempo para pensar que hago con mi vida—siguió diciendo Bill.

— ¿Has probado como diseñador? —preguntó de repente Rose.

Estaba al tanto de su vida, no en vano fue una fan suya de cuando formó el famoso grupo que tanto le hizo suspirar con esas baladas preciosas. Cuando se retiraron, le siguió también como modelo y de todos era sabido que alguna de sus prendas las diseñaba él mismo y eran modelo exclusivo.

—Tal vez Bill quiera hacer algo que no se le parezca—murmuró Andreas.

—Eso pensaba al principio, no volver a ver una pasarela ni en pintura—dijo Bill suspirando——Pero llevo estos días en casa y ordenando la habitación di con mi antigua carpeta en donde guardaba los diseños que hacía y…bueno, he estado estos días dibujando y…

—Pues deberías intentarlo—insistió Rose—Eres muy bueno Bill, que el mundo entero lo vea.

No pudo evitar esbozar una amplia sonrisa. Era la primera persona que le animaba a hacer algo sin recordarle su pasado. Podía haberle dicho algo así como que si ya se había cansado de jugar a ser modelo, como ya lo hizo cuando tenía un grupo y lo mandó a la mierda por su cabezonería… No, lo que necesitaba en esos duros momentos era recibir una muestra de apoyo, algo de cariño…sentirse querido sin que le echaran a la cara algo que se le escapó de las manos y terminó con un triste final e inesperado…

Continúa…

Gracias por leer. No te vayas sin comentar 🙂

por lyra

Escritora del Fandom

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