Incomplete 87

Incomplete 87

Fic TOLL de lyra

Capítulo 87

El despacho de Jörg ocupaba una esquina acristalada en uno de los edificios más prestigiosos de Potsdam. Desde allí la ciudad parecía ordenada, casi perfecta con las fachadas restauradas, los árboles alineados y el tráfico reducido a un murmullo lejano. Era un lugar que transmitía poder, estabilidad y éxito, justo todo lo contrario de lo que Jörg sentía en esos momentos.

El edificio estaba casi desierto a esas horas, un silencio que Jörg agradeció en cuanto escuchó por el interfono la voz suave de su secretaria anunciando que la visita que esperaba acababa de llegar.

—Gracias, Helen. Déjale pasar… y que nadie nos interrumpa —pidió Jörg, con un tono de voz que intentó mantener firme.

—Por supuesto, señor Kaulitz —respondió Helen casi en un murmullo.

A los pocos segundos la puerta del despacho se abrió con un clic discreto y David entró. No era la primera vez que pisaba aquel lugar y siempre que lo hacía no podía evitar recorrer el espacio con la mirada estudiando la amplitud impecable, el mobiliario elegante y sobre todo las vistas que se desplegaban desde el enorme ventanal, con Potsdam extendiéndose bajo ellos como una maqueta iluminada.

—Siempre me han gustado las vistas que tienes—comentó acercándose a la ventana—Se ve media ciudad.

—Hoy preferiría no ver nada—murmuró Jörg suspirando.

David se volvió y caminó hacia el escritorio. Allí, perfectamente colocado en el centro, había un sobre blanco aún cerrado con el logo de los laboratorios impreso en una esquina como una marca silenciosa de todo lo que podía cambiar.

—Gracias por venir —murmuró Jörg, señalándole una silla con un gesto cansado—No quería… no podía abrirlo solo.

David tomó asiento lentamente, sabía que Jörg no era un hombre que pedía ayuda a la ligera y menos aún en algo relacionado estrechamente con Bill.

—No sé si estoy preparado para lo que diga ese papel—confesó Jörg con voz temblorosa—Y menos aún para lo que pueda significar para Bill… o para Tom.

—Diga lo que diga, no te vas a enfrentar a ello tú solo —aseguró David, con una firmeza tranquila que llenó el despacho.

Jörg respiró hondo, como si necesitara reunir todas sus fuerzas en un solo gesto. Se inclinó sobre el escritorio y dejó que la yema de sus dedos rozara el sobre, apenas un contacto, antes de cerrarlos alrededor de él con una determinación frágil pero real.

—Después de abrirlo… no habrá vuelta atrás —murmuró Jörg, aún sin reunir el valor para romper el sello—Si Bill resulta ser el hermano que Tom lleva toda la vida buscando, no me quedará más remedio que separarlos, aunque tenga que mentir para conseguirlo. No puedo contarles la verdad, Bill se vendría abajo… y no quiero que pase por algo así. Es muy frágil.

—¿Y si no lo abres? —preguntó David mirándole fijamente—Rómpelo, quémalo si hace falta.

—¿Y vivir sin saber la verdad? —murmuró Jörg sin apartar la mirada del sobre—No podría hacerlo, ni permitir que sigan juntos si resulta que son hermanos.

—Vas a destrozarle la vida —soltó David incapaz de contenerse.

—¿Más de lo que ya lo he hecho? —preguntó Jörg con una amargura que no intentó disimular—Hace nada que descubrió que es adoptado, que la forma en que Simone siempre le ha tratado fue a consecuencia de un pacto que hicimos. He pasado toda su vida mintiéndole David, y le prometí que no volvería a hacerlo.

David se quedó en silencio unos segundos, dejando que las palabras de Jörg se asentaran en el aire. Entonces se puso en pie y rodeó el escritorio hasta colocarse a su lado sin atreverse a tocarlo, queriendo que Jörg sintiera su presencia sin sentirse acorralado.

—Jörg… —su voz salió más suave de lo que esperaba—Has cometido errores, sí. Pero no eres un monstruo, has hecho lo que creías que era mejor para él incluso cuando te has equivocado lo has hecho porque estabas intentando protegerle.

Jörg apretó los labios, como si esas palabras le dolieran más que cualquier reproche.

—Bill no es frágil porque sea débil, es frágil porque ha vivido demasiadas cosas sin entenderlas—continuó diciendo David con una firmeza tranquila— Y tú… tú has estado ahí siempre, incluso cuando no sabías cómo hacerlo bien. Eso también cuenta.

Jörg bajó la mirada hacia el sobre, como si quisiera que le diera una respuesta distinta a la que temía.

—Si esto confirma que son hermanos no sé cómo voy a poder mirarle a la cara—confesó en un susurro.

David respiró hondo y colocó una mano sobre el hombro de Jörg buscando que le escuchara de verdad.

—Lo harás como lo has hecho siempre, como su padre—dijo con firmeza—No como el abogado perfecto, ni como el hombre que intenta controlarlo todo. Y si tienes que separarlos… lo harás con cuidado, con tacto y con amor. No con mentiras, no más.

Jörg levantó la vista, sorprendido por esa última frase.

—No tienes por qué contarles toda la verdad, debes hablar con ellos y explicarles la situación—murmuró David—Pero debes dejar que sean ellos los que tomen la decisión.

—La única decisión es que se separen de inmediato si resultan ser hermanos—dijo Jörg firmemente— ¿O pretendes que sigan juntos a pesar de ello?

—¿Y por qué no?—inquirió David.

—Porque es… incorrecto—contestó Jörg mirándole fijamente—Antinatural.

—Lo que sería antinatural es arrancarles la única relación que les ha hecho felices en años sin siquiera darles la oportunidad de entender qué está pasando—soltó David casi sin aliento.

—No entiendes lo que dices—murmuró Jörg negando con la cabeza—Si son hermanos, no pueden seguir juntos. No puedo permitirlo, sería… sería un desastre para los dos.

—Jörg, escucha—empezó a decir David— No estoy diciendo que deban seguir juntos pase lo que pase. Estoy diciendo que no puedes decidir tú solo por ellos, no otra vez. No puedes repetir el patrón de ocultar, controlar y proteger a base de mentiras o silencios. Eso es lo que les va a destrozar, no la verdad.

Jörg apretó el sobre entre los dedos, como si quisiera romperlo sin abrirlo.

—Si les digo la verdad… Bill se romperá—murmuró suspirando—Y Tom… Tom no lo soportará. No puedo cargarles con esto.

—Y si les mientes, ¿qué? —preguntó David, con una calma que dolía— ¿Crees que no lo notarán? ¿Crees que no se darán cuenta de que algo no encaja? La verdad duele, sí. Pero la mentira… la mentira los dejará solos.

Jörg cerró los ojos respirando profundamente, como si cada palabra de David le arrancara una capa de protección.

—No puedes quitarles la posibilidad de elegir cómo quieren vivir esta parte de su historia—dijo con firmeza David—Y si al final deben separarse… que sea porque ellos lo deciden, no porque tú les obligas desde el miedo.

Jörg abrió los ojos. Había algo nuevo en ellos, no era alivio ni aceptación pero sí una grieta en la certeza.

—David… no sé si puedo hacer eso—susurró Jörg mirándole fijamente.

—Puedes—dijo David bajando la voz—Y si no puedes, yo estaré aquí para recordarte que no tienes que hacerlo solo.

Se inclinó hacia él y rozó sus labios con un beso suave y breve, lo justo para darle el valor que Jörg necesitaba para tomar una decisión que le estaba desgarrando por dentro.

Cuando se separó, lo hizo despacio dejando que el gesto respirara por sí solo. Jörg se quedó mirándolo a los ojos unos segundos, como si buscara anclarse en ellos antes de enfrentarse a lo inevitable. Luego, con un gesto más firme del que sentía, tomó el sobre con firmeza y lo abrió. Sacó el documento que había dentro y lo leyó con rapidez, pasando por los datos hasta encontrar la línea que buscaba.

En cuanto la vio, apartó la mirada del papel y la dirigió de nuevo a David.

No hizo falta que dijera nada.

David había estado leyendo por encima de su hombro y ya sabía cuál era la decisión que acababa de tomar sin necesidad de que la expresara en voz alta.

&

Minutos después Alexander recuperaba el aliento tumbado de espaldas sobre la arena con los ojos cerrados una gran sonrisa iluminando su cara. El orgasmo había sido explosivo, le había robado el aliento y dejado exhausto. Quizás por haberlo hecho allí mismo a plena luz del día con Natalie mirando mientras ella misma se tocaba era lo que le había hecho terminar demasiado rápido para su gusto pero logrando algo que llevaba tiempo que pensaba que no iba a volver a obtener.

La sensación de sentirse mas vivo que nunca, y sin la ayuda de la coca esa vez.

Y todo gracias al sexo, y a las buenas ideas que pasaban por la cabeza de Natalie. Sus juego picantes siempre desembocaban en algo intenso y eso era justo lo que Alexander necesitaba en esos momentos. Vivirlo todo intensamente y sin preocupación alguna.

Por unos minutos había logrado olvidarse de todos los problemas que le rodeaban, solo se había dejado llevar por sus sentimientos hasta explotar de puro placer.

—¿Estás bien?

La voz de Natalie lo arrancó de sus pensamientos.

—Mejor que nunca —respondió suspirando Alexander.

Tumbada a su lado Natalie sonrió ampliamente mientras recuperaba también el aliento y dejaba que el sol acariciara su desnudo cuerpo. Con los ojos cerrados recreaba en su mente una y otra vez la escena que había presenciado minutos antes, tenía que reconocer que ver como su novio echaba un polvo con otro chico le había encendido de tal manera que sin apartar los ojos de ellos se despojó del bikini y no dejó de acariciarse hasta lograr un profundo orgasmo sintiendo como ambos chicos obtenían el suyo al mismo tiempo.

Era un recuerdo que no iba a borrarse fácilmente de su mente.

—¿Tú estás bien? —preguntó Alexander abriendo los ojos.

Se volvió hacia ella dejando que su mirada recorriera con calma las curvas de su cuerpo, mientras que en la orilla del lago Gustav lavaba su cuerpo de su propia esencia derramada ajeno a la conversación que estaban manteniendo.

—He disfrutado de cada momento—confesó Natalie abriendo también los ojos para mirarlo.

—Lo sé, se te notaba en la mirada-—dijo entre risas Alexander—Pero para otra vez, no te quedes a un lado mirando.

— ¿Ya estás otra vez con lo del trío?—preguntó Natalie resoplando.

— ¿Le has contado ya a Gustav lo de la otra tarde?—preguntó Alexander a su vez.

Natalie negó con la cabeza, sabía que no se refería solo a que lo habían hecho allí mismo sobre una de las tumbonas de su piscina. Alexander se refería a lo que pasó después en su cama, cuando dejó que le hiciera algo que nunca antes había probado con Gustav y que si lo supiera no podría entender que para ella había sido solo un juego más de Alexander.

No, Gustav podría sentirse traicionado y no podía permitir que pasara justo cuando habían decidido dejarse llevar y se encontraban en un buen momento de su relación, no quería que nada ni nadie lo estropeara.

Al final, el haberse dicho las cosas claras y sincerarse abriendo la relación había logrado lo que tanto tiempo llevaban buscando. Que su relación no cayera en el aburrimiento y se sintieran más unidos que nunca y todo gracias a Alexander.

—Ya se lo dirás cuando te sientas preparada—murmuró Alexander moviendo una mano.

La puso sobre la cadera de Natalie y poco a poco fue subiendo por su cuerpo hasta llegar a uno de sus pechos que empezó a acariciar distraídamente sintiendo como reaccionaba a su contacto.

— ¿Siempre lo hacéis así?—quiso saber Natalie mordiéndose el labio.

— ¿Así, como?—preguntó Alexander sin dejar de tocarla.

—Tú sobre él—contestó en voz baja Natalie—Cara a cara, como si Gustav fuera la chica… ¿nunca has dejado que él te…?

—No—contestó Alexander sin dejarla terminar la frase—Y si también te lo preguntas, con Bill tampoco me dejé.

—Pues deberías probarlo al menos una vez—dijo suspirando Natalie—Como hice yo, lo pruebas y luego decides si te gusta y quieres repetirlo alguna vez más.

— ¿Tú quieres volver a hacerlo?—preguntó Alexander mirándola fijamente.

—Quien sabe, aunque no de momento—contestó Natalie con sinceridad—Aún me siento dolorida y prefiero disfrutar viéndoos a vosotros dos.

—Vaya, ahora te gusta más mirar que participar—dijo entre risas Alexander.

Se inclinó sobre ella y bajando la cara se apoderó de sus labios besándola brevemente en ellos para luego ir bajando por su cuello hasta llegar a su objetivo. Con la mano aún sobre uno de sus pechos lo alzó y se lo metió en la boca empezando a succionar su pezón con avidez.

Al momento Natalie reaccionó dejando escapar un pequeño grito de placer al tiempo que cerraba los ojos y se concentraba en su lengua que sentía lamer dibujando pequeños círculos sobre su pezón que se había puesto firme bajo su contacto.

—Tenemos compañía.

La voz de Gustav les hizo pegar un bote. Alexander interrumpió lo que estaba haciendo y alzó la cabeza para ver a qué se refería mientras que Natalie se incorporaba con rapidez llevando las manos a sus pechos para cubrirse de miradas indiscretas. Entonces distinguió a John acercándose a lo lejos con la mirada clavada en ellos incluso desde allí podía percibir el malhumor que irradiaba.

No podía dejar que John les descubriera en esa situación, Gustav de pie ya con el bañador puesto mientras que él y Natalie yacían desnudos sobre la arena tomando el sol mientras que él no podía apartar las manos de ella.

—Gustav, pásame el bikini—pidió Natalie mirando fijamente a su novio.

Gustav se movió con rapidez y le pasó la prenda mientras recogía también el bañador de Alexander y se lo lanzaba para que él también se vistiera.

—¿Crees que ha visto algo? —preguntó Gustav respirando agitadamente.

—No, por suerte ha llegado cuando el espectáculo ya había terminado —respondió Alexander mientras se vestía con rapidez—Pero fijo que me cae una buena por haberme escapado, será mejor que no estéis presentes.

—No, nos quedamos y le explicamos que solo estábamos descansando después de venir nadando desde el club—replicó Gustav, claramente reacio a dejarlo enfrentarse solo a la situación.

Alexander se le quedó mirando de reojo. Gustav no solía mostrarse de esa manera, tan firme y tan dispuesto a plantarle cara a quien fuera. El silencio que siguió fue breve pero lo bastante denso como para que ambos sintieran que algo más que una simple excusa estaba en juego.

A lo lejos, John seguía avanzando. Su paso era demasiado firme y decidido, y la forma en que mantenía la mirada fija en ellos no presagiaba nada bueno.

—Prefiero que no estéis delante —dijo Alexander en voz baja—Seguro que me quiere echar la bronca y llevarme de vuelta a casa. Vosotros volved al club por el lago, no quiero que os diga nada.

Gustav frunció el ceño, como si la idea misma de marcharse le resultara insoportable. Natalie había terminado ya de vestirse y poniéndose en pie tomó la mano de Gustav y tiró suavemente de él para que se moviera.

—Más tarde pasamos a verte… si no te han castigado —murmuró echando andar hacia el lago.

—Claro, además tenemos que terminar lo que hemos empezado—dijo Alexander si apartar la mirada de ella—Recuerda donde lo hemos dejado y a la tarde lo continuamos.

Natalie le dedicó una amplia sonrisa antes de volverse y sin soltar la mano de Gustav ambos se adentraron en el lago. El agua los envolvió mientras comenzaban a nadar de regreso al club, alejándose con brazadas rápidas pero silenciosas, como si no quisieran llamar más la atención de la necesaria.

Alexander quedó solo en la orilla todavía con el pulso acelerado por todo lo que había ocurrido y por lo que estaba a punto de ocurrir. El viento movió apenas la superficie del agua pero no logró aliviar la tensión que se le había instalado en el pecho.

John no se hizo de rogar. Su figura se acercaba con paso firme, cada vez más cerca y cada vez más inevitable. Llegó hasta él y se detuvo a apenas un par de metros, lo suficiente para que Alexander sintiera la sombra de su figura caer sobre él.

—¿Se puede saber dónde te habías metido? —preguntó John, con una calma tan forzada que resultaba más inquietante que si hubiera gritado.

Alexander tragó saliva. No apartó la mirada, pero tampoco respondió de inmediato. El silencio entre ambos se tensó como una cuerda a punto de romperse.

El lago detrás de él seguía tranquilo, como si nada estuviera ocurriendo. Natalie y Gustav ya eran solo dos siluetas que se alejaban a nado, demasiado lejos para intervenir, demasiado cerca aún para no mirar atrás.

John dio un paso más invadiendo por completo el espacio de Alexander.

—Llevo más de media hora buscándote por todo el maldito lago—soltó John sin poderse contener—Sabes que tu padre te ha dejado salir con la condición de que yo siguiera cada uno de tus pasos

—Pues no te he visto meterte en el lago y venir nadando tras de mí —replicó Alexander con su habitual tono afilado—Habrías tardado menos que dando un rodeo por el embarcadero.

—Nos vamos a casa ahora mismo —murmuró John mirándole fijamente—Informaré de todo a tu padre y ya veremos si te deja volver a salir.

Alexander sintió cómo el estómago se le encogía, no solo por la amenaza, sino por la mezcla de rabia y vergüenza que le subía por la garganta.

—¿Y qué le vas a contar exactamente? —soltó Alexander sonriendo ampliamente— ¿Qué me has visto enrollarme con una chica a orillas del lago? ¿Crees que a mi padre le va a gustar saber que me hayas estado espiando en una situación así?

Las palabras quedaron suspendidas entre ambos imposibles de ignorar. John parpadeó apenas sorprendido por la audacia, o quizá por el filo que no esperaba escuchar en la voz de Alexander.

—No he visto nada de eso —murmuró casi sin aire.

—Yo creo que sí —replicó Alexander avanzando un paso—Y que te ha gustado lo que has visto. Así se lo diré a mi padre, que me estabas observando… y a saber qué estabas haciendo mientras yo me besaba con Natalie.

La amenaza cayó entre ambos como un golpe seco. Bastó para que John se tensara primero… y luego se relajara de golpe, retrocediendo un paso con el rostro pálido.

Alexander sintió que una vez más había ganado y sin dejar de mirarle fijamente siguió con sus sutiles amenazas sabiendo que le tenía cogido por los huevos.

— ¿Te gustó lo que viste?—preguntó sonriendo ampliamente— ¿Te estabas tocando? ¿Quieres que le diga eso a mi padre?

—Regresemos a casa —murmuró John evitando su mirada—No le diré nada a tu padre.

—Más te vale —dijo con firmeza Alexander.

Pasó por su lado y se puso en marcha sin esperar a que John lo siguiera. El sonido de sus pasos sobre la arena de la playa fue lo único que rompió el silencio, mientras la tensión aún vibraba en el aire como un eco que ninguno de los dos sabía cómo apagar.

&

Faltaba apenas una hora para que empezara el turno de comidas y el club empezaba a recuperar su ritmo habitual. La música suave de fondo, el olor a madera pulida y a pan recién molido, las luces cálidas… todo parecía en orden.

Melissa y Anouk trabajaban codo con codo tras la barra terminando de limpiar y reponer bebidas bromeando entre ellas. Anouk le daba pequeños empujones a Melissa cada vez que esta intentaba colarse en su zona de trabajo.

—Si sigues robándome los vasos limpios te denuncio al sindicato de camareras explotadas —dijo Melissa con una sonrisa.

—Como se nota que tú eres la que manda hoy aquí —bromeó Anouk entre risas mientras pasaba una bayeta húmeda por la barra.

—Solo hasta que vuelva David —respondió Melissa con un suspiro teatral—Luego regresaré a mi humilde vida de plebeya.

—Qué injusta es la vida —soltó Anouk entre risas, sacudiendo la cabeza mientras se secaba las manos al delantal.

Tom, que había estado escuchando desde el otro lado de la barra, se acercó con la bandeja en sus manos y una sonrisa ladeada.

—Injusta no, solo selectiva—intervino—A Melissa le dan el poder y ya se le subió a la cabeza.

—¡Oye! Yo soy una líder justa y benevolente—dijo con firmeza Melissa lanzándole una fulminante mirada.

—Sí, sí, claro —murmuró Tom esquivando su mirada.

—¿De charla con todo el trabajo que hay pendiente? —preguntó Andreas, sumándose a la broma mientras dejaba una bandeja llena de vasos sucios sobre la barra—Además, que yo recuerde, David también me dejó a mí al mando… así que ahora mismo os ordeno que alguien me prepare una jarra de limonada bien fría para la mesa cuatro del embarcadero.

—Andreas, uno de los baños de chicos está perdiendo agua —informó Víctor resoplando mientras se secaba las manos—Hay que cortar el agua y llamar a un fontanero.

—Yo me encargo de cerrar la llave —respondió Andreas al instante—Que alguien avise a Bill para que llame al fontanero con urgencia.

Dicho eso, salió casi corriendo hacia el almacén.

—Yo aviso a Bill —dijo Tom, volviéndose hacia Víctor— ¿Te ocupas de la mesa cuatro?

Víctor asintió con un gesto rápido mientras Melissa se encargaba de preparar con rapidez el pedido de esa mesa.

Tom lo dejó todo en manos de Melissa y Víctor y salió directo hacia el despacho de David donde encontró a Bill trabajando ante el ordenador.

—Siento interrumpir pero necesitamos un fontanero con urgencia—dijo Tom desde la puerta, sin siquiera entrar del todo—Es el baño de los chicos, Andreas ya está cortando el agua.

—Genial… —murmuró Bill frotándose la frente resoplando—Siempre es igual, no he terminado de revisar un albarán justo cuando surge un problema nuevo.

Tom se acercó un poco más apoyándose en el escritorio.

—Parece serio, está perdiendo bastante agua—explicó por encima—Y hay que darse prisa, el baño permanecerá cerrado hasta que sea arreglado.

Bill cerró los ojos un segundo, respiró hondo y se levantó de la silla.

—Dame un minuto en lo que busco el número del fontanero—murmuró suspirando.

—Te ayudo—se ofreció Tom rodeando el escritorio.

Mientras Bill abría el cajón donde guardaban las tarjetas y contactos importantes y dio con la que buscaba casi al momento.

—Espero que esté disponible—comentó cogiendo su móvil.

—Si tarda en venir nos inundamos —bromeó Tom, intentando arrancarle una sonrisa.

Bill no sonrió, pero su expresión se suavizó un poco.

—Voy a llamarle desde fuera, aquí no tengo buena cobertura—murmuró saliendo del despacho.

Tom salió también, dejándole espacio a Bill para hacer la llamada, y regresó al club para seguir con su trabajo. Víctor ya había atendido la mesa cuatro y estaba de nuevo ocupándose de las mesas dentro del club asi que recuperó su bandeja y se dirigió hacia el embarcadero para ver si alguien necesitaba algo.

Al cruzar la puerta, se encontró con Louise y Georg, que acababan de llegar. Aceleró el paso y fue directo a saludarles.

—¡Georg! Qué alegría verte ya recuperado —exclamó, tendiéndole la mano con entusiasmo.

Georg se la estrechó al instante, acompañado de una sonrisa amplia y sincera.

—Tenía ganas de salir de casa y volver a mi vida —respondió, aún con ese brillo de alivio en los ojos.

—Georg es un paciente un tanto exigente —comentó Louise con una sonrisa divertida—Se aburre de estar en casa, y si tiene que pasarse el día descansando en cama se queja todo el rato de que la almohada es demasiado blanda o de que hace mucho calor.

—Louise no tiene paciencia con un enfermo moribundo —bromeó Georg, inclinándose para darle un beso en la mejilla.

Tom los observaba con una sonrisa amplia, resultaba reconfortante ver a Georg tan recuperado, como si todo lo ocurrido quedara ya muy atrás.

—¿Mesa para dos? —preguntó sin perder la sonrisa.

—De momento sí —respondió Louise—Aunque esperamos que tú y Bill podáis reuniros con nosotros cuando terminéis el turno.

—En cuanto podamos, lo haremos —dijo Tom con un suspiro—Aún no ha empezado el turno de comidas, pero ahora se ha estropeado uno de los baños. Bill está llamando al fontanero, en cuanto esté libre le diré que habéis venido y que se pase a saludaros.

Se puso en marcha y Georg y Louise caminaron tras él hasta una de las mesas que quedaban a la sombra del embarcadero.

—Poneos cómodos ahí —dijo Tom con calidez—Ahora os traigo algo para beber mientras pensáis qué vais a comer.

Louise le dedico una sonrisa, agradecida. Georg asintió con entusiasmo, como si simplemente estar fuera de casa ya fuese un regalo.

Tom los dejó acomodándose en la mesa y estudiando la carta y regresó a la barra para pedirle a Melissa dos tés fríos para Louise y Georg, cortesía del club. Después del accidente tenían barra libre, así que nadie puso objeciones. Mientras esperaba dejó que su mirada recorriera el local, en esos momentos reinaba una calma agradable y apenas había mesas ocupadas. La mayoría de los clientes estaban tomando el sol o dándose un baño en el lago antes de la hora de comer.

Pensó con un nudo en el pecho que eso era exactamente lo que Bill debería estar haciendo en esos momentos, disfrutar del día con sus amigos y no estar encerrado en el despacho de David revisando facturas o, como en ese momento, llamando al fontanero para que acudiera cuanto antes.

Tan absorto estaba en sus pensamientos que no se dio cuenta de que David había regresado y se había detenido justo a su lado.

—Tom, ¿podemos hablar si no estás ocupado? —preguntó con tono serio.

—Tengo que llevar unas bebidas y… —empezó a decir Tom.

—Que se encargue Víctor, ven al despacho —lo interrumpió David.

Se marchó sin esperar respuesta, y Tom no tuvo más remedio que obedecer. Intercambió una mirada silenciosa con Melissa, dejó la bandeja sobre la barra y siguió a David. Unos minutos después entraba en su despacho.

—Cierra la puerta, por favor —pidió David mientras tomaba asiento tras el escritorio.

—¿Ha pasado algo? —preguntó Tom, inquieto.

David tardó unos segundos en responder, observándolo con atención.

—Aún no he encontrado a nadie que sustituya a Paul —empezó a decir—Ya sabes que el padre de Bill quiere que revise a fondo cada candidato, y eso lo está retrasando todo. Me temo que esta tarde tendrás que doblar turno, siento avisarte con tan poca antelación.

—No te preocupes, David, lo entiendo —respondió Tom.

—Y a partir de mañana necesitaré que te quedes hasta media tarde, de momento cubriremos el puesto de Paul entre dos camareros —continuó diciendo David—Sé que son muchas horas, pero aquí las extras se pagan bien y será solo por unos días.

Tom asintió en silencio aún sorprendido de que lo hubiera llamado al despacho solo para eso. La situación tenía un aire extraño, como si fuera a reprenderlo por algo.

David se inclinó hacia adelante.

—Voy a ser sincero, Tom —dijo con gravedad—He recibido algunas quejas por parte de tus compañeros, no les parece justo el trato que recibes. Acabas de llegar y, por un motivo u otro has faltado bastante los primeros días. Y tu relación con Bill tampoco ayuda… muchos creen que hay favoritismo y están molestos. Por eso, a partir de ahora, las cosas van a cambiar. Empezando porque seas tú quien cubra parte del puesto de Paul.

—No pasa nada, David. Lo entiendo perfectamente —respondió Tom, sin rastro de enfado—No quiero que mi relación con Bill afecte al trabajo, no sé quién se ha quejado pero me gustaría que eso quedara claro.

—Sabes que no puedo decir nada pero agradezco tu comprensión—replicó David—Ahora vuelve a tu puesto, por favor.

Tom obedeció al momento, salió del despacho y regresó a la barra para recoger la bandeja sin poder evitar echar un vistazo alrededor estudiando a cada uno de sus compañeros.

¿Quién podría haberse quejado a David de él?

El único que había hecho un comentario sobre su relación con Bill había sido Paul, y lo habían despedido pero por otro motivo. Quizá algunos pensaran que su comentario había influido y no se sentían cómodos trabajando así.

Pero por más que los miraba no veía a nadie capaz de tener un conflicto serio con él. Todos eran cordiales, salvo Christine, con quien tuvo un pequeño roce el primer día, y sabía que ella tampoco se llevaba bien con Melissa… pero aun así no la imaginaba quejándose a David por algo así.

—¡Solucionado!

La voz de Bill lo sacó de sus pensamientos, lo vio acercarse con una sonrisa amplia.

—El fontanero vendrá en media hora —explicó Bill con un suspiro de alivio.

—Buenas noticias —murmuró Tom con tono serio.

—¿Ha pasado algo? —preguntó Bill preocupado al ver su expresión.

Tom no quería contarle la conversación que acababa de tener con David en el despacho;, no quería añadirle más preocupaciones.

—Solo estoy cansado, nada más —respondió forzando una sonrisa—Por cierto, Louise y Georg han llegado. Estarán tomando algo en el embarcadero hasta que terminemos el turno y podamos reunirnos con ellos, yo también estaba invitado pero David me ha pedido que cubra parte del turno de Paul, así que tengo que quedarme hasta media tarde.

—Pues esperaremos a que termines—dijo Bill enseguida.

—Aprovechad la tarde—insistió Tom—Hace mucho que no os veis. Iros de compras, a dar un paseo o a la playa a tomar el sol. Yo me reuniré con vosotros donde estéis cuando termine.

Bill se le quedó mirando unos segundos como si quisiera discutirle, pero al final dejó escapar un suspiro resignado.

—Está bien—cedió con una sonrisa suave, casi tímida.

Tom le devolvió la sonrisa intentando que su gesto pareciera natural mientras le observaba alejarse hacia el embarcadero para saludar a Louise y Georg. Lo estuvo siguiendo con la mirada viendo como se detenía por un segundo, volvía la cabeza como si fuera a decir algo más… pero finalmente continuó su camino.

Cuando desapareció entre las mesas, Tom sintió cómo la inquietud volvía a instalarse en su pecho.

Algo no encajaba.

David no lo llamaba al despacho para pedirle un simple favor y menos aún para informarle de un cambio de turno que podría haber mencionado allí mismo en la barra delante de sus compañeros. Había sido demasiado formal y demasiado medido. como si necesitara dejar constancia de algo o como si quisiera apartarlo discretamente.

¿De quién?

¿De Bill?

Tom tragó saliva, incómodo con el pensamiento.

No quería imaginar que David pudiera tener motivos ocultos, pero la sensación persistía, clavándose como una astilla bajo la piel. ¿Qué había pasado exactamente para que, de repente, necesitara que él se quedara esa tarde y las siguientes?

Cogió con fuerza su bandeja intentando centrarse en su trabajo, pero mientras caminaba entre las mesas no pudo evitar mirar de reojo hacia el embarcadero donde Bill reía con sus amigos sin sospechar nada.

Tom respiró profundamente.

Fuera lo que fuera, tendría que averiguarlo.

Continúa… 

Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 🙂

por lyra

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!