
Fic TOLL de Namyukaulitz
Capítulo 2
Ese día en su trabajo Bill no podía concentrarse debidamente, cometiendo pequeños errores.
Aunque tuvo un golpe de realidad muy fuerte cuando estaba limpiando pescado y se pinchó con el dedo con una espina gruesa, le dolió y comenzó a sangrar demasiado.
—¿Qué pasa, Bill? —preguntó su jefe, viendo como el azabache se lavaba las manos. —Parece que has escuchado el canto de una sirena —bromeó.
Bill no se llevaba mal con su jefe, pero desde que lo había descubierto con su amante las cosas eran innegablemente incómodas entre los dos.
Sabía que su jefe, Gordon, estaba más pendiente de él, siendo excesivamente amable, aunque cuando ocurrió lo sucedido Bill no dijo nada y salió huyendo, prácticamente fingiendo que no había visto nada.
—Nada, solo… Recibí una carta de mi madre, la extraño, eso es todo —respondió Bill, tenso por el dolor.
—Oh, Simone… A ver cuando viene por aquí, aún recuerdo que despreciaba los pescados de mi tienda —Gordon fingió tristeza para después reír suavemente. —¿Sigue con la idea de sacarte de aquí?
Bill asintió mientras se secaba las manos con una toalla limpia e intentaba contener su sangre.
—En esta última carta dice que debería ir a verla, que me pagará ella misma el viaje, que podríamos ver universidades cerca de donde ella vive, que puedo vivir con ella y mis hermanos, que su marido está de acuerdo —contó Bill, apretando su dedo para dejar de sangrar.
—¿Y qué piensas? —preguntó curioso Gordon.
—Creo que es más que obvia mi respuesta —Bill no pudo evitar reír un poco.
A lo que Gordon también lo hizo.
—Oh, lo olvidaba, estás completamente casado con este lugar, de todos modos, ¿para qué irías a la universidad? Mírame, yo nunca fui y me va bien con mi negocio de víveres —Gordon le dio una mirada a la habitación. —Pero, ¿no te gustaría conocer otros lugares?
Bill negó con la cabeza, mientras miraba como su dedo volvía a sangrar.
—Aquí no hay muchas chicas lindas con las que puedas salir, pero deberías intentar hacerlo, conocer personas, ya que casi todo el tiempo son tú y tu padre en el faro —comentó Gordon.
No era que Bill nunca se hubiera sentido interesado por alguien, pero no era algo en lo que pensaba constantemente.
—No suena mal, pero casi todos los jóvenes de este pueblo se van de aquí —murmuró Bill, ya que él era de los pocos chicos de su rango de edad que se habían quedado en el pueblo.
Gordon suspiro y asintió, pues sabía que era verdad, no había muchas personas que conocer ya que eran pocos habitantes.
—Ponte una curita en el dedo, están en el botiquín debajo del mostrador, y por favor ordena las latas de sardinas de la parte del enfrente, después puedes tomar tu descanso para almorzar —dijo Gordon, acercándose a la mesa donde Bill antes limpiaba el pescado. —Yo terminaré esto.
Bill asintió y caminó hacia la parte de enfrente del negocio, donde se puso una curita en el dedo e hizo lo que Gordon le indicó.
Al terminar ordenar las latas de sardinas en los estantes, salió y se compró un sándwich de pescado, sentándose en el mostrador para poder comer y atender si era que alguien llegaba a comprar.
—Buenas, Bill, provecho —saludó Candy, la esposa de Gordon, con una sonrisa grande, pasando hacia el interior del negocio.
Bill alzó la mirada y la saludó con la cabeza mientras masticaba.
—Te ves muy lindo con el cabello recogido, eh —halagó la mujer entrando a la parte del mostrador.
—Gracias —respondió Bill, pues cuando limpiaba el pescado, se recogía el cabello en una coleta, dejando unos mechones en los lados de su rostro.
Debía admitir que se sentía mal por ella, ya que sabía lo que Gordon hacía, pero Bill sabía que no era lo mejor enemistarse, aunque moralmente estuviera mal, prefería mantenerse al margen.
—Y dime, ¿qué tal has estado? —continuó hablando animada la mujer.
—Bien, he estado bien, buscando que puedo aprender para dedicarme a eso —contestó Bill, antes de darle otra mordida a su sándwich, viendo de reojo como Gordon los observaba por la puerta entreabierta.
Bill tragó lentamente, podía sentir que Gordon estaba temeroso de que dijera algo, por lo que terminó suspirando y cerrando los ojos.
—Me alegro, eres joven, Billy, tienes que disfrutar tu juventud —asintió Candy con una bonita sonrisa. —Bueno, pasaré a dejarle su almuerzo a Gordon.
Bill asintió y le sonrió levemente.
—Está limpiando el pescado en la parte de atrás —indicó el azabache, antes de seguir comiendo viendo hacia frente del aparador, concentrándose en la gente que pasaba.
Candy manteniendo su sonrisa y Bill vió de reojo como cargaba con una fiambrera metálica.
.
«Pobre mujer», pensó, dándole otra mordida a su sándwich.
Literalmente ese momento se sentía como otro día más, uno normal, como si no tuviera a un selkie en su casa, el cual se sentía muy cómodo con él, seguía sin saber cómo sentirse exactamente con eso.
No todos los días una criatura que tú piensas que es un mito se vuelve una realidad.
Observó su sándwich, que ya llevaba a la mitad y se preguntó si Tom ya había comido algo a ese punto del día, pues Bill sólo le había dado cerezas.
.
Esperaba que su padre estuviera cuidando de él y no se quedara dormido ya que había estado toda la noche en el faro, comenzaba a creer que quizás debió haberse tomado ese día libre.
Recordó nuevamente las palabras de Tom.
«Garañón» consideraba una palabra muy animal para referirse a él, y sobre todo al saber que significaba. Aunque no podía ocultar a Tom por llamarlo así, de seguro él tenía en su cabeza conceptos alejados de lo humanamente común.
Si tuviera que hacer una lista de las cosas más atrevidas que le han dicho, definitivamente esa sería la primera, por más que sabía que Tom no se lo había dicho con malicia, como un comentario procaz, había sido un reconocimiento de lo que era.
Y sí, tenía sentido, Bill tenía casi veinte años, biológicamente hablando estaba en una etapa muy fértil, virilmente hablando, y sí, era un humano normal con sus necesidades.
Probablemente Tom no sabía qué era eso, pues seguía siendo una criatura que se dejaba llevar por los instintos de su naturaleza.
Intentó recordar cómo era el apareamiento de las focas, más por curiosidad que por otra cosa.
Era algo brusco, definitivamente no le gustaba, ya que los machos se ponían sobre las hembras. Así era el reino animal…pero, ¿era así para los selkies?
Ahora tenía la duda, tenía ganas de hacer una lista con preguntas para Tom, pero creyó que eso podría agobiarlo, sobre todo considerando que nunca podría volver al agua en su forma original.
Fue un almuerzo muy pensativo, tenía muchas ganas de volver a casa, pero todavía faltaban como cuatro horas para su salida.
El tiempo pareció alargarse más conforme seguía trabajando.
Hasta que llegó su hora de salida, se despidió de Gordon y volvió en su bicicleta de nuevo a casa.
En cuanto llegó a la cima donde se encontraba el faro y su casa, se bajó, dejó la bicicleta a un lado y abrió con su llave la puerta, buscando rápidamente a su padre y a Tom.
Encontrándolos en la sala.
Jorg estaba sentado sobre un sillón, mientras Tom estaba sentado sobre el suelo, con las piernas cruzadas con un libro en sus manos.
Cubierto por la misma sábana a la que horas antes se aferraba.
Al sentir su presencia, Tom alzó la mirada y sus ojos se iluminaron.
—He vuelto —Bill sonrió y se acercó a él, poniéndose de rodillas a su lado para ver qué era lo estaba viendo en el libro.
—Ha estado llorando cada tanto porque no volvías pronto, viendo hacia las ventanas, pero se calmó cuando entramos en tu habitación y otra vez se cubrió con la sábana, tome tu libro sobre mitos para mostrárselos ya que tiene ilustraciones —contó Jorg mientras un bostezo se le escapaba, no había dormido por estar cuidando del selkie.
—Uhm, ¿tarde demasiado? —preguntó Bill con suavidad, viendo al de rastas.
Tom asintió, en su semblante se veía que lo había añorado mucho por esas horas.
—Lo siento… —murmuró Bill apenado, Tom volvió a asentir y su mirada nuevamente se fijó en el libro. —¿Comió algo? —preguntó, buscando la mirada de su padre.
—Descubrí que le gusta mucho el atún, pero sin condimentar demasiado… —reveló Jorg, levantándose del sillón. —Necesito dormir un poco, aunque sea una hora antes de volver al faro.
—Sí, ve a descansar, papá, yo me quedo con él —masculló Bill.
—Hice la cena, está en el horno, él… aprende muy rápido, incluso me ayudó a prepararla y lavar los trastes —agregó Jorg con una sonrisa.
Tom ya sabía cortar unos tomates, como lavar adecuadamente los trastes y a limpiar las superficies de la cocina que se ensuciaban al cocinar, algo básico pero que, para decir que no llevaba ni dos días como humano, había aprendido muy bien.
Incluso intentó enseñarle a leer, pero eso llevaría más tiempo.
Bill hizo una pequeña «o» con los labios al escuchar eso y rápidamente miró a Tom.
—No esperaba que se adaptara tan rápido… —confesó Bill, pero volvió a sonreír y le acarició la cabeza a Tom. —Eso es muy increíble.
Tom lo vió fijamente a los ojos ante el gesto, no sabia que significaba pero, era agradable, lo hizo sentir bien por lo que ladeo su cabeza hacia la mano de Bill.
—Lo es, aunque la ropa todavía le es rara —Jorg se detuvo en el marco de la puerta. —No se vayan a dormir muy tarde —avisó dándoles una mirada ambos acompañada de una sonrisa dulce, y se alejó para ir a su habitación y poder dormir un poco.
—Jorg me dijo que esta es una sirena —comentó Tom, señalando una imagen en el libro.
Bill ladeo la cabeza, dejando de acariciar a Tom y fijó su mirada en la ilustración de la página.
—Sí, eso es una sirena… Ellas tienen la mitad de una mujer humana y la mitad de un pez —explicó Bill, pasando a la siguiente página. —Pero, originariamente no se veían así, se veían como pájaros con cabeza de mujer.
Tom no estaba concentrado en las ilustraciones en las que momentos antes lo había cautivado tanto, sino que se fijaba en la anomalía que Bill tenía en su dedo, esa tira que intentaba imitar su piel.
Lo tomó de la mano, frunciendo el ceño y tocó con su propio dedo la curita.
—Ah, eso es una curita, me lastime en el trabajo y bueno, sangre, así que eso me ayuda retener la sangre, es algo bueno —arguyó Bill, el tacto de Tom era muy suave, pero se sentía frío, su cuerpo no se regularizaba aun.
—¿Te dolió mucho? —preguntó Tom, con la voz suave y preocupada.
—Fue por una espina de pescado, creo que me llegó hasta la uña —Bill se rió con suavidad. —En su momento sí dolió mucho, pero ahora, casi nada.
Tom no parecía convencido por su respuesta y buscó sus ojos en busca de alguna señal que él pudiera reconocer como de dolor, pero no, sólo había tranquilidad y una sonrisa en el rostro de Bill.
—Me gusta ver cuando haces eso —Tom soltó la mano de Bill y le tocó el rostro, delineando su expresión, rozando la punta de los dedos con sus labios.
—Eso es sonreír —musitó Bill, con lentitud, dejando que le tocara la cara en especial los labios, sonrojándose un poco debido al contacto en esa zona.
Bill sintió algo que supo no debía quizás sentir en ese momento, algo que se desplazó hasta su entrepierna, por lo que su sonrisa se torció un poco, nervioso y tomó la mano de Tom, apartándola de su rostro.
—Eso… no hagas eso con nadie más, conmigo… supongo que está bien, pero no hagas eso con otros humanos, ¿va? —farfulló Bill, soltando su mano y apartándose un poco de él, para quitarse sus converse negros, ya desgastados por el uso, quedando en calcetines.
Para después ponerse de pie.
Tom no dijo nada, viéndolo expectante, logrando percibir algo diferente en Bill, algo que, para él no le era ajeno.
—Tengo mucha hambre, voy a servirme de cenar, ¿tienes hambre? —preguntó Bill, mientras se revisaba así mismo, en busca de que no hubiera algo asomándose en sus pantalones.
Tom negó con la cabeza.
—Uhm, bueno, entonces enseguida vuelvo, pero si tienes hambre me dices.
Bill salió rápidamente de la sala para ir a la cocina, todavía con esa sensación incómoda que le recorría, por lo que tomó un vaso de agua helada.
Mientras bebía agua escuchó a Tom acercarse, ya podía reconocer el sonido de sus pies descalzos caminando sobre la madera.
El azabache lo observó de reojo, antes de apartarse el vaso de agua de los labios.
—¿Te dio hambre? —preguntó, dejando el vaso sobre la encimera.
Tom negó con la cabeza.
Bill asumió que simplemente no quería estar solo, aunque su presencia lo inquietaba un poco en ese momento.
No quería pensar en nada raro… Aunque con la belleza de Tom era algo difícil, por lo que rápidamente se acercó al horno y sacó lo que su padre y Tom habían preparado.
Olía bien, era arroz con ostras y tomate, se sirvió en un plato, y tomando un tenedor, se dio la vuelta para ver a Tom, apoyándose en la encimera, dejando una distancia de uno o dos metros entre ambos.
—Bien… voy a probar lo que tú y papá hicieron —avisó Bill, y dió un bocado, cerró los ojos disfrutando del sabor.
Mastico con suavidad y después trago, no fueron más de cinco segundos, y cuando abrió los ojos para halagar a Tom por cómo había quedado lo que ayudó a preparar, alzó sus cejas sorprendido al verlo tan cerca él, casi rozando su plato, por lo que Bill lo dejó sobre la encimera a un lado de él.
Estaba por hablar, casi formando una sonrisa nerviosa, cuando Tom terminó por acercarse, y junto sus labios con los suyos, sólo los posó, no los movió.
Bill sintió que el aire abandonaba sus pulmones, quedándose quieto por unos segundos.
Tom lo observaba con los ojos bien abiertos, esperando un algo que Bill no sabía identificar.
Aunque su cuerpo pasó una electricidad caliente en ese momento, Bill sabía que eso no era un beso, al menos no un convencional humano.
No sabía exactamente qué estaba haciendo Tom, pues dudaba mucho que los selkies tuvieran un concepto de beso como el que tenían los humanos.
Después de unos segundos que parecieron eternos Bill se encogió de hombros y se apartó con delicadeza.
Aunque Tom puso una mano sobre su pecho, sin dejar de verlo.
Bill se quedó en silencio, no queriendo bajar la mirada para ver el inevitable problema que tenía.
Tom pareció leerle la mente, o lo que estaba sintiendo por lo que bajó la mirada, viendo el bulto en los pantalones de Bill.
—Garañón… —murmuró Tom, para después alzar la mirada.
La respiración de Bill era pesada, tensa, viendo fijamente al selkie.
Tom bajó su mano con lentitud por el torso de Bill, con la intención de tocarlo, pero Bill lo detuvo rápidamente, tomándolo de la muñeca.
No sabía qué decirle con exactitud a Tom, pero apartó su mano con suavidad, pero no lo soltó temiendo que intentara tocarlo nuevamente.
Tom frunció el ceño, al intentar mover la mano, pero Bill lo tenía atrapado por la muñeca, por lo que parecía preocupado.
—No hagas lo que acabas de hacer —dijo Bill con la voz temblorosa. —Ni juntar tus labios con otro humano ni intentar tocarlo, nosotros, en la tierra no hacemos eso.
—Pero estás en celo —masculló Tom.
Bill se rió, nervioso y totalmente desprevenido, a lo que negó rápidamente.
—No, Tom, yo… Los de mi especie no tenemos eso —respondió Bill, en el mismo tono bajo y calmado que Tom. —Esto sucede por toques o ver cosas…. Estimulantes, cosas que nos provocan sensaciones, no es únicamente para reproducirnos, también lo hacemos por placer, porque es algo que se siente bien. Pero es importante que se sienta bien para ambos, no solo para uno, ¿entiendes? Ambos tienen que querer sentirse bien.
—¿Pero… y los cachorros? —inquirió Tom, con cierto tono de tristeza y decepción.
Bill suspiró, incómodo ante la pregunta, pues aunque para él esto era una reacción por los toques de Tom, y en ningún momento había tenido la idea de que su sentir era para reproducirse, pues no era un animal, mucho menos una criatura como Tom, entendía que para el mundo de Tom, en general para los animales, esas reacciones eran únicamente para buscar descendencia.
—Nosotros no le decimos cachorros, les decimos bebés…. Aunque supongo que está bien que les sigas llamando cachorros, los bebés o los cachorros a veces se dan, ocurren, algunos humanos se juntan para tenerlos y otros los evitan, en la tierra los bebés o los cachorros suceden cuando quieres, cuando estás preparado o incluso por accidente, sin que tú quieras, pero no nos juntamos con esa intención, la mayoría sólo busca sentirse bien, puede ser una necesidad… Pero no es una necesidad de tener bebés o cachorros —explicó Bill, su erección era incómoda, pero no podía apartarse sin explicarle a Tom como eran esas cosas en su nueva realidad.
Tom bajó la mirada, estaba realmente devastado, aunque no emitiera ruido, y su rostro se mantuviera ligeramente fruncido, con los labios formando un mohín.
Bill dejó que analizara lo que le había dicho, que repasará detenidamente sus palabras mentalmente, estaba dispuesto a responder cualquier duda que tuviera el selkie, por más que en ese momento quisiera tomar una ducha helada.
—Los humanos son…. complicados —musito el selkie, frustrado.
Vivir era más fácil cuando se mantenía dentro del mar, en las profundidades, se relacionaba con otros de los suyos, pero cuando estaban cubiertos con sus pieles, rara vez sin ella.
—¿Por qué se siente bien si no nace nada de eso? —continuó Tom, manteniendo la mirada baja.
El sexo entre selkies era natural, algo que se daba cuando era necesario, cuando era el momento de tener cachorros.
Aunque recordaba que algunos salían y no volvían al mar de manera voluntaria, que encontraban algo lo suficientemente importante como para entregar su piel voluntariamente a un humano.
Bill meditó su respuesta a esa pregunta por unos segundos, soltando la muñeca de Tom con suavidad, dejándola en el costado de su cuerpo, dejando una distancia que, aunque corta, era menos asfixiante.
—Es algo… complejo, dudo que logres entenderlo en este momento, pero muchas personas lo hacen por egoísmo, solo para estar bien ellos, aunque hay otras personas que lo hacen para sentirse bien y hacer sentir bien a la persona con quien lo hagan, es una forma de afecto, para demostrar amor, puede sentirse como una necesidad exagerada por hacerle querer saber a la otra persona que tanto lo amas y deseas —desglosó Bill, aunque él tampoco tenía mucha experiencia en ese campo.
Lo había hecho, sí, cuando tenía alrededor de quince años, en un salón vacío de su escuela, con una compañera llamada Eloise, la cual se marchó del pueblo con su familia al terminar el noveno grado para seguir con sus estudios en un lugar con más variedad.
No podía decir que lo hizo por egoísmo o amor, era más una curiosidad, un impulso inmaduro y curioso de la adolescencia.
Aunque ahora, después de cuatro años de haber perdido su virginidad, no volvería a repetir algo como eso, tan descuidado, ya que afortunadamente con Eloise no tuvo «cachorros» por ese acto.
Había visto las revistas pornográficas que vendían en el puesto de periódicos del pueblo, aunque nunca se atrevió a comprar una por temer verse demasiado pervertido.
Igual el sexo y los impulsos sexuales no era algo por lo que se dejara llevar con tanta facilidad, su cabeza tenia mejores lugares en los cuales estar.
No se preocupaba mucho por pensar en el futuro, sobre si se casaría en la iglesia del pueblo y luego tendría hijos.
Cualquier plan estaba bien para él siempre y cuando estuviera cerca del mar, vivía cada momento del presente sin preocuparse por el futuro.
No tenía prisa por nada.
Observó a Tom, quizás para él, para su naturaleza, era algo similar, no pensaban en el futuro, sino en el presente, donde nace el instinto por algo como reproducirse.
Adaptándose a lo que el cuerpo y espíritu pida en el momento.
Y le surgió una duda a Bill de repente, por la tristeza que Tom mostraba por la falta de cachorros.
Como si al decirle eso, Bill le hubiera negado algo.
—Tom… ¿tú has tenido cachorros? —preguntó Bill con tacto, olvidando por un instante su erección.
No era un experto en focas, mucho menos en selkies, sólo sabía lo básico que podía aprender en la materia de Ciencias Naturales, y más o menos recordaba cómo era la reproducción de las focas y otros animales.
Las focas despiertan el instinto por aparearse a los tres o seis años, pero estaba claro que Tom tenía más de cien años, por lo que, ni siquiera basándose en su apariencia podía calcular mentalmente cuánto era eso en la vida de una foca; pero no podía ser muy mayor.
En edad humana, si Tom tenía su misma edad como humano, eso significaba que estaba en el final de la adolescencia, acercándose más a un adulto joven, lo que traducido a su mundo, significaría que si estaría en la edad para despertar su celo.
En ese momento Bill deseo que hubiese un libro sobre selkies que no fueran cuentos, sino información real.
El selkie negó cerrando momentáneamente los ojos.
—Jorg me contó que ustedes usan algo llamado calendario para saber cuánto tiempo pasa, que el reloj…. sus símbolos son para contar algo llamado horas, los míos usamos el mar, la marea nos dice que tan jóvenes o viejos somos, nadie te lo explicaba, simplemente lo sabías, el mar te guiaba —pormenorizó Tom, viendo fijamente a Bill, juntando sus manos en su pecho. —El mar todavía no me lo había dicho, pero yo podía sentir que estaba cerca de tener que buscar a mi mejor pareja y la zona donde iban a nacer mis cachorros. Somos pocos, al menos yo no me relacione con demasiados como yo en esta parte del mar, así que no importaba si estaba con una hembra o un macho, los cachorros iban a nacer.
Bill frunció el ceño, por no comprender esa naturaleza tan innatural.
—¿Cómo…? —masculló.
—Nos adaptamos, el mar nos ayuda a sobrevivir, nos da alimento y nos da la calidez de tener cachorros con facilidad, buscando a la pareja más sana, te sometes o sometes a la dominancia, por quien sea más protector, como tú, eres un buen garañón, este lugar huele a ti, Jorg ya es demasiado viejo, tener cachorros con él sería difícil si fuera uno de nosotros —respondió Tom. —No tienes mi piel, pero aun así, me tomaste y me trajiste aquí, a tu lugar, no puedo temer de tu espíritu, porque entiendes el mío, se entienden. El espíritu de Jorg es gentil, no me siento en peligro con él, pero mi espíritu no se entiende con el suyo. Entiendes lo que las olas dicen, aunque eres un cachorro de humanos, es como si hubieras nacido en la misma profundidad que de la que yo vengo.
Era una declaración muy íntima y extraña para Bill, pero no le era tan ajena, él nunca se había sentido un desconocido con el mar, lo amaba y lo respetaba, lo apreciaba más que cualquier persona, admiraba cada detalle, cada salpicadura, cada espuma, cada concha que llegaba a la arena.
Recordando como por la mañana Tom se había escondido detrás de él cuando vio por primera vez a Jorg, pero cuando él entró no se escondió, en cambio le habló con tranquilidad y se acercó.
Se había acostumbrado a él, llegando a llorar por su ausencia al estar en el trabajo.
No sabía que decirle exactamente, todavía seguía avergonzado por la erección que tenía, era demasiado para un solo dia.
Pero no estaba desagradado, sólo era demasiado para procesar, sus labios se movieron, formando una sonrisa suave y le acarició el rostro al de rastas.
Sí Tom supiera lo que era un beso, Bill lo hubiese besado, pero se limitó a eso, a acariciarle con suavidad la mejilla, para después bajar la mano hasta el centro de su pecho, poniendo su dedo índice sobre sus manos, empujándolo hacia atrás.
—Está bien estar cerca, pero en este momento… me gustaría que no me tocaras, hay momentos donde los humanos no nos sentimos bien, y ni siquiera un toque tan sedoso como el tuyo puede mejorar eso —acotó Bill, intentando ser lo más delicado posible con Tom.
Aunque su espíritu pudiera ser del mar, su cuerpo e instinto seguían siendo propios de la carne humana.
Y con Tom, con su belleza propia de un ser de un lugar tan bello como el mar, le sería difícil no nublarse el raciocinio.
—A veces necesitamos algo que se llama privacidad, estar solos para lidiar con nuestras cosas, voy a terminar de comer y luego tomaré una ducha, y cuando haga eso, no vas a poder estar cerca, ¿entiendes?, estaré solo por unos minutos, es mucho —agregó Bill, volviendo a tomar el plato que había dejado a un lado.
Tom asintió, quedándose a esa distancia, Bill inhaló, menos tenso, y comió con rapidez, para después lavar el plato.
—Puedes quedarte en la sala o quedarte en mi habitación mientras me baño —le dijo Bill, pasando por su lado para salir de la cocina e ir al pasillo.
—Quiero quedarme en tu lugar —respondió Tom.
Bill supo que se refería a su habitación, por lo que asintió, fue a la sala por las cosas que habían dejado ahí, y después apagó todas las luces, para subir ambos al tercer piso, Tom iba detrás de él.
Entraron en su habitación y Bill lo dejó sobre su cama, diciéndole que podía ver el libro con ilustraciones mientras no estaba con él, para después buscar una pijama y dirigirse rápidamente al baño.
Al entrar en el baño, Bill suspiró, y se soltó el cabello, dejándolo caer sobre sus hombros.
Su erección todavía estaba presente e incómoda, necesitaba bajarla, pero honestamente no tenía ganas de hacer lo que normalmente haría, tenía demasiada vergüenza al pensar en quién era el que le había provocado esa reacción, no se sentía correcto para él.
Tomó una ducha corta, soltando bostezos cada tanto, aunque el agua lo estaba refrescando, el día había sido demasiado largo, con demasiadas cosas en las cuales pensar.
Tal y como le había prometido al selkie, no tardó mucho, se dio cuenta mientras se ponía la pijama, se secaba el cabello y se cepillaba los dientes que estaba más relajado.
Por lo que al salir fue directo a la habitación, con el cabello todavía húmedo.
Vió que Tom estaba sentado sobre su cama, viendo la página del libro sobre los selkies, como sus ojos estaban clavados en la imagen de una mujer despojándose de su piel.
No parecía perturbado por su ausencia, estaba muy tranquilo, probablemente por estar rodeado de almohadas y sábanas que tenían su olor.
Bill no le dijo nada, sonrió ligeramente, mientras buscaba un par de sabanas, las cuales puso sobre el suelo, al lado de la cama, lo cual hizo que Tom apartara la mirada del libro para verlo.
—¿Qué haces? —preguntó Tom con curiosidad.
—Preparando el lugar donde voy a dormir, puedes dormir en la cama, yo dormiré en el suelo —contestó Bill, tomando una de las almohadas de la cama.
—A mi no me molesta estar juntos en… esto, lo que llamas cama —expresó Tom, visiblemente confundido.
Los selkies no dormían alejados unos de los otros, dormían cerca.
—La cama es muy pequeña para ambos… —explicó Bill sin verlo, mientras apagaba la luz de su habitación, pero encendía una pequeña luz cerca de la cama para Tom.
Era una excusa a medias, podían dormir juntos en la cama, pero estarían muy juntos, y prefería dejar esa distancia, como lo haría con un humano.
—Si quieres seguir viendo el libro esta luz te iluminará —indicó Bill, antes de acostarse sobre la sábana que había tendido en el suelo, cubriéndose con otra sábana, soltando otro bostezo. —Necesito dormir, puedes quedarte despierto hasta que te de sueño.
Tom ladeo la cabeza, parpadeando, quedándose callado mientras lo veía con algo que se asemejaba a la confusión.
Bill le sonrió por última vez, antes de darse la vuelta para que la luz no le molestara para dormir.
—Descansa, pequeña perla —masculló Bill, cerrando los ojos.
Tal vez fue el cansancio o la calma que sentía como si estuviera acostado y expuesto en la playa sintiendo la brisa penetrando su piel, pero se quedó dormido enseguida.
No sabía cuánto tiempo había pasado desde que se había quedado dormido, cuando un peso sobre su brazo le hizo abrir poco a poco los ojos.
.
Se despertó con un poco de dificultad, y giró la cabeza, dándose cuenta de que Tom se había bajado de la cama y se había acomodado detrás suyo, dejando su cabeza sobre su brazo, se dio cuenta que estaba dormido, Bill desvió la mirada para ver si estaba arropado y sí, Tom se había cubierto con la misma sabana de antes.
No dijo ni hizo nada, sólo volvió a acomodarse y cerrar los ojos, volviendo a ceder al sueño, dejando que Tom durmiera cerca suyo.
Continúa…
Gracias por leer. Te invitamos a dejar un comentario 🙂
no sé que tiene tu escritura, pero haces que cada detalle se lea tan íntimo y personal
ya hasta me haces pensar que tal vez el mismo mar fue quien despojó a tom de su piel para que se encontrara a bill
y bill llamándolo «pequeña perla»… is too much for my heart
Muchas gracias por lo de la escritura, me emociona mucho el kora saber que esto se sintió intimo y personal :3
Y Bill llamando «pequeña perla» es un romantico sensible