
Fic TOLL de Namyukaulitz
Capítulo 3
Después de unas horas profundamente dormido, Bill se removió, con los ojos cerrados, inquieto pues ya no sentía el peso de Tom sobre su brazo ni su cercanía, lo cual lo hizo despertarse.
Dándose cuenta al abrir los ojos de la luz tenue que entraba en la habitación.
Busco a Tom con la mirada, encontrándose pegado a la ventana, viendo hacia el mar, envuelto en una melancolía que hacía ver sus ojos más brillosos.
Bill se levantó lentamente del suelo y se acercó a él, la mañana estaba nublada, como siempre, era un paisaje pálido, gris y apagado.
Incluso había un poco de neblina cubriendo varias partes.
—Apenas ha amanecido, ¿lograste descansar bien? —bostezó Bill.
Tom no respondió, y giró con suavidad su cabeza buscando la mirada de Bill.
—¿Puedes llevarme ahí? —preguntó el selkie, señalando la playa con el dedo.
Bill lo vió a los ojos por unos segundos antes de dirigir la mirada a la playa de arenas negras, lo pensó.
A esa hora y con esa neblina no había nadie merodeando la playa ni ningún lugar cercano. Apartó la vista de la playa y le acarició la cabeza a Tom, antes de alejarse.
—Sólo me pondré mis zapatos y buscaré unas cosas —informó Bill, buscando sus zapatos para ponérselos.
Después buscó su bolso, metiendo lo mismo que había temido el día anterior, la carta de su madre, su cámara y una libreta.
Aunque antes de salir de la casa, Bill pasó por la cocina para tomar un frasco de cerezas, similar al que había tomado el día anterior.
Bajaron hasta la playa, con Bill cuidando que Tom no resbalara con el musgo verde, aunque ni bien pisaron la arena, el selkie se alejó de él, corriendo en dirección al agua.
Quitándose descuidaba la camisa blanca holgada y los pantalones de pijama, con los que Bill lo había vestido.
Bill lo siguió por detrás caminando, recogiendo lo que Tom dejaba caer en la arena junto a las huellas de sus pies.
Al llegar a donde desaparecen las olas, Tom se detuvo dejando que el agua fría y su espuma le acariciaran los pies.
Bill se quedó a unos pocos metros, observando desde ahí, sentándose sobre la arena, mientras pensaba en que debió haber llevado una toalla para Tom.
Tom siseó ante ese frío que ahora abrumaba su piel, pero del cual no temió, le dió una mirada a Bill, a lo que el azabache le sonrió, eso bastó para que Tom se lanzará a las olas.
Sentado sobre la arena, Bill se acarició los brazos, sintiendo el frío húmedo del ambiente pegarse a su piel, aunque ya estaba acostumbrado a eso.
Dejó su bolso a un lado y sacó su cámara, tomando fotos de Tom mezclado con las olas, sus ojos se miraban más alegres, aunque no por eso dejaba de haber una pizca de tristeza en ellos.
Mientras capturaba cada uno de sus movimientos, Bill se dio cuenta que era la primera vez que alguien lo acompañaba a la playa, alguien que no fuera su papá o su mamá antes de que se fuera del pueblo.
Inconscientemente sonrió, lo hacía sentir bien poder compartir eso con alguien qué, mejor que nadie lo pudiera comprender.
Bajo la cámara, prefiriendo guardar las imágenes mentalmente, mientras sentía que la brisa le movía hacia un lado las hebras de su cabello.
Tom se veía tan natural, tan propio entremedio del agua, que aunque Bill se sentía bien por tenerlo ahí, recordaba que el lugar de Tom no era naturalmente a su lado en tierra, habían nacido en distintos mundos, cada uno propio de él.
Aunque Tom había dicho que sus espíritus eran iguales, como si hubiesen nacido en la misma profundidad, en la misma agua.
Quizás sus almas eran iguales, amantes del mar, pero sus cuerpos eran y tenían recuerdos distintos.
Bill sabía lo que era la sensación de caminar con zapatos por la arena, vestir ropa de lana para no sentir frío.
En cambio, la desnudez era la libertad, la normalidad para Tom, no sentía pena por estar desnudo frente a él.
Era un ser que no pertenecía a su lado, compartiendo ropa, teniendo que usar sus brazos y piernas para nadar en lugar hacerlo con la libertad de su verdadera piel.
No sabía cómo era que Tom había perdido su piel, quién, por qué o qué se la quitó, dejándolo como un prisionero de una piel humana.
Si en sus manos estuviera, Bill le regresaría al mar a su hijo de vuelta, pues Tom no era un hijo de la tierra como él, aunque en ese momento temía dejar de ver sus rastas y que el dorado de su cabello se perdiera entre la neblina.
Muy seguramente Tom nunca volvería a ver su piel, nunca volvería a ser una foca nadando en las profundidades, observar a la luna y al sol perderse en el mar.
Le parecía tristemente injusto a Bill que no pudiera volver a su hogar, era como si su madre se lo hubiera llevado a pesar de sus deseos de permanecer cerca del mar.
Hubiera querido ver cómo era Tom con su piel de foca, de seguro sus ojos grandes serían el centro de atención, brillos y oscuros.
¿De qué color sería su piel? ¿Café? ¿Gris? ¿Negra? ¿Blanca? ¿Tendría manchitas? ¿Qué sonidos haría cuando está contento?
Suspiro, nunca lo vería.
Recordó la carta de su madre que aún esperaba una respuesta, por lo que sacó su libreta y su lapicero, retomando lo que había comenzando a escribir el dia anterior antes de encontrar a Tom.
Le encantaría contarle de Tom a su madre, pero eso se lo guardó para él mismo.
.
Siguió escribiendo sobre cómo habían sido esos días para él, evitando hablar de Tom, y terminando los últimos párrafos con que, aunque agradecía mucho su intención porque él tuviera una vida normal, fuera de un pueblo pesquero tan pequeño para tener seguir con su vida, estudiando una universidad y conociendo más personas, con un familia más amplia aparte de su padre; no pidió irse de la costa, jamás, que su vida era ahí, había nacido ahí y, habían personas que le importaban mucho, al escribir eso, alzó la mirada, viendo la figura de Tom todavía abrazando con las olas, como si estas lo reconocieran y lo abrazaran de vuelta.
Continuó escribiendo que la amaba a ella y a sus hermanos menores, que si algún día decidía regresar a la costa para visitarlo y que por fin se conociera con sus hermanos, él estaba más que abierto y dispuesto a recibirla. Que no se preocupara por su futuro, que el mar probablemente lo guiaría, como siempre lo había hecho.
Al terminar de escribir, Bill apartó la mirada de la libreta y la alzó a Tom, para después dirigir su mirada al faro, donde de seguro su padre ya estaba vigilándolos, tal y como el día anterior se había dado cuenta que Bill había encontrado a Tom y lo cargaba hasta la casa.
Para él nunca había sido un problema que su familia hubiera sido solo su padre después de que su madre se fuera, aunque ella nunca se olvidaba de él, pero ahora, ya no solo eran él y su papá, eran él, Tom y su papá.
El futuro de Tom ya no sería en el mar como antes, pero Bill esperaba poder darle calidez y momentos como ese donde pudiera volver a ser parte del agua.
Llevaba veinticuatro horas conociendo a Tom, quizás una o dos horas menos, no importaba, era consciente de que aún faltaba mucho por conocerse, saber quienes eran, enseñarse mutuamente sobre los mundos en los que nacieron, y… sí, iba a abrazar esta nueva vida, con los brazos abiertos.
Tom salió del agua después de unos minutos más, con su cuerpo temblando, caminando directamente hacia Bill.
Al llegar a él, se dejó caer, y Bill no dudo en atraparlo, envolviéndolo entre sus manos.
—Todavía te acepta —musitó Bill, cubriéndolo con la camisa blanca, poniéndola sobre su espalda.
La desnudez de Tom no lo provocaba, como lo hacían unos simples toques y roces. Al abrazarlo se dio cuenta de lo suave que era, firme pero suave, sus manos se enterraban fácilmente sobre su piel pálida y húmeda.
Tom cerró los ojos al percibir los brazos de Bill envolviéndolo y se acurruco contra su pecho
—¿Qué es esto? —preguntó Tom, tomando la cámara que estaba a un costado.
—Es una cámara, toma fotos, captura momentos para preservarlos por siempre, las cosas dejan de moverse para quedar plasmadas ahí —explicó Bill, tomando la cámara de sus manos, enseñándole como se veía la imagen del mar desde la pantalla, tomando una foto. —Las fotos después las imprimo, son las cosas que viste ayer, donde estaba mi mamá y mis hermanos.
Tom lo escuchó atento mientras veía el mar a través de la pantalla pequeña de la cámara.
—Quizás deberíamos volver a la casa, puedes enfermarte si sigues desnudo y mojado aquí afuera —masculló Bill, pero el selkie negó con la cabeza.
Bill no discutió, pero sólo iba a dejar que estuvieran un rato más ahí, antes de volver a la casa.
Dejó la cámara sobre la arena y de su bolso sacó el frasco de cerezas lo abrió, y sacó una.
—¿Quieres? —preguntó Bill, viéndolo, a lo que Tom entreabrió los labios, era un sí.
Esta vez fue Bill quien le dio la cereza directamente en la boca, pues sacó una para sí mismo.
Tom estaba muy cómodo sobre sus piernas y contra su pecho, para Bill era singular, que la persona o criatura con la que llegará a tener esos acercamientos tan íntimos, fuera con un selkie.
Se consideraba afortunado, no despreciaba a su especie, a los humanos, pero estar comiendo cerezas con un hijo del mar era una experiencia que nunca se hubiera imaginado vivir.
Creyendo que compartiría la calma del amanecer en la playa únicamente consigo mismo o con su padre.
Intentaba darle toda la calidez posible a Tom en ese momento, hacerlo sentir aceptado y que iba a estar bien, que podía tomarse su tiempo para adaptarse a su nueva vida, que no iba a pedirle que aprendiera a ser un humano en cuestión de días.
La neblina lo hacía sentir que esa parte del mundo, donde la arena y el agua son uno solo era de ellos, como si fueran dueños del lugar, de cada ola que se acercaba a ellos a unos metros.
Bill se llevó otra cereza a la boca, mordiendo la mitad cuando vió que Tom alzaba el rostro, compartieron una mirada, antes de que Tom se acercara a su rostro, pegando sus labios a los de Bill, de la misma forma que ayer, simplemente juntándolos, sin presionarse realmente, manteniendo sus ojos abiertos.
Esta vez Bill se mantuvo más relajado, dándose cuenta que Tom hacía eso cada vez que él comía algo, como la noche anterior.
Era reconocimiento, ahora se daba cuenta.
Bill no quiso mover sus labios, iniciando un beso como los que conocía él, en cambio acarició la punta de la nariz de Tom con la suya.
Ante el gesto, Tom sonrió pero no se alejó de sus labios, e hizo lo mismo con la nariz de Bill.
Al respirar, Bill podía sentir el sabor y aroma dulce de las cerezas y la sal y la humedad del mar, una combinación que le recordó a lo que era comer helado en la playa cuando el sol salía y causaba calor en escasos días del año.
—¿Para ti qué significa esto? ¿Qué es para los tuyos? —preguntó Bill, teniendo que separarse unos milímetros para poder hablar, señalando los labios de ambos.
—Que te veo y te siento, que estás conmigo y yo contigo —compartió Tom. —Que el alimento sabe mejor.
Bill se rió un poco, enternecido por esa explicación, la falta de malicia en Tom hacía que se sintiera culpable por sentirse tan fascinado por su belleza, pues aunque era seductor, su seducción no venía con la intención típica humana, incluso esos gestos y miradas eran como cuando veía el horizonte del mar y se sentía seducido por querer ver más allá.
Tom era como si el mar hubiese tomado forma humana y juntara sus labios con él, como cuando las olas le salpicaban el rostro.
—Para los míos, el juntar los labios, así los dejes quieto es un beso, un beso significa casi lo mismo que significa para ustedes, aunque sin la parte del alimento, algunos mascamos un chicle de menta para tener un buen alimento y quitar el aroma y sabor de la comida —explicó Bill con una sonrisa tenue. —Nosotros no lo hacemos con los ojos abiertos, cerramos los ojos para concentrarnos en la sensación, en cómo el corazón vibra ante la cercanía de otro cuerpo, y nos presionamos con suavidad, moviendo los labios, nos hace sentir vivos.
Si tuviera que resumir el porqué los humanos se besan, sería con eso, porque los hace sentir vivos, que tu corazón late, que es capaz de amar, de sentir, de ver, de escuchar, de tocar.
El brillo en los ojos profundos de Tom parecía deslumbrar.
—¿Me enseñas a sentir como se siente estar vivo como humano? —inquirió Tom, la melancolía se disipó, sintiendo algo en su pecho que reemplazaba por un instante su luto por ya no ser del mar.
—¿Yo…? —balbuceó Bill, señalándose a sí mismo, y después se dió un golpe en la frente, era muy idiota, pues claro que quería que lo hiciera él. —¿Estás seguro?
Bill dudaba un poco, incluso si fuera otro humano, dudaría, no era como él besara a cualquiera que se lo pidiera, pero con un humano era más una cuestión de higiene y salud, pero con Tom, besar a un selkie definitivamente era algo que nadie se lo creería si lo contara.
Como las imágenes de marineros besando sirenas que hasta ese momento le parecían simple fantasía.
—Dijiste que no hiciera estas cosas con otro humano… y tampoco quiero hacerlo con otro de los tuyos —murmuró Tom, que recordaba las palabras de Bill del día de ayer, cuando estaban en la cocina.
Tom tenía voluntad dentro de su melancolía marina, y eso le gusto a Bill, quizás más de lo que debería.
Se preguntó si Tom sería así sí Bill poseyera su piel, si la razón por la que el selkie no tenía su piel era porque se la había arrebatado un humano, eso significaba que Tom tendría que estar con esa persona, pero en cambio, estaba teniendo voluntad, decidiendo.
Gustar era una palabra muy corta, pequeña para lo que Bill sintió a ser él la voluntad del selkie, en especial para uno que no tenía su piel en su posesión.
Bill tomó aire, tal y como lo hacía cuando entraba al mar para nadar en los días menos fríos, alzó su mano lentamente, y le sostuvo la cabeza.
—Cierra los ojos —musitó Bill, tomando una de las manos del selkie y la puso sobre su pecho, justo encima del corazón.
Tom se quedó quieto y cerró los ojos, dejando su mano posada sobre el pecho del azabache.
Bill se acercó, cerrando sus ojos y presionó dulcemente sus labios con los suyos, como si estuviera besando una capa de agua, con miedo de hundir el rostro y quedarse sin oxígeno, pero esta vez no temió de sumergirse en el agua y quedarse sin aire.
Uno de sus brazos aun seguía envolviendo a Tom, no lo apretaba, mantenía su mano quieta, percibiendo con su tacto la sal, humedad y frialdad en la piel de Tom.
Ese beso se sentía como cuando la lava de un volcán se desliza al mar hace que sus aguas heladas se calienten al punto de hervir
La brisa del mar les sopló, haciendo que Bill se alejara lentamente, sólo había presionado sus labios, no los movió, no se sentía listo para eso todavía.
—Estás vibrando, mucho… —reconoció Tom, con su mano en el pecho de Bill, sintiendo como detrás de la tela, de la piel, algo golpeaba el pecho de Bill como las olas en las piedras.
—Significa que me haces sentir vivo —respondió Bill. —Yo no buscaba sentirme vivo, porque ya lo estaba, pero tú me haces sentir más vivo.
Eso fue un poco confuso para Tom, y lo reflejó en su rostro, a lo que Bill sonrió con ternura.
—¿Cómo puedo yo hacerte sentir vivo? —preguntó Tom. —¿Y Jorg? ¿Tu familia? Naciste de ellos… ¿De qué forma yo te doy vida?
—Sí, ellos me dan vida, estar cerca mi papá, comer junto a él, ver el mar desde el faro con él, escribirle a mi madre, tomar fotos para ella, recibir cartas de ella con fotos de mis hermanos menores, esas cosas me hacen sentir vivo, son cada golpe que da mi corazón, cada latido, el corazón me hace estar vivo, y tú, ahora eres un latido más de mi corazón, pero que golpea con más fuerza que mis otros latidos —explicó Bill, quizás estaba siendo un poco complicado de explicar lo que sentía.
No podía llamarlo amor aún, porque realistamente es imposible amar a alguien que conociste hace veinticuatro horas.
Bill no era religioso, mucho menos cristiano, no creía que existiera algo tan literal como un alma, como se retrata normalmente, pero sí no era amor neurológicamente hablando, entonces era la conexión de sus espíritus que eran iguales, como decía Tom, y si era verdad eso de poseer un espíritu o un alma, entonces eso era lo que lo hacía latir de esa forma, la presencia del espíritu con olor a sal marina del selkie.
No creía que eso estaba destinado a suceder, pues se habían encontrado porque Tom había perdido su piel, y eso era algo que nunca debió haber pasado. Pero ya había sucedido, no estaba alegre por eso, pero tampoco lo despreciaba, lo aceptaba.
Y aceptar no siempre es algo malo, ni algo bueno, sólo es eso, aceptación, adaptarse y continuar.
Tom tomó la mano de Bill que lo sostenía por la cabeza y la puso en su pecho.
—Tú también estás vibrando, ¿cómo se siente? —inquirió Bill, su mano cálida chocaba con la frialdad húmeda que todavía tenía Tom en su cuerpo.
—Se siente bien… ¿Eso está bien? —masculló Tom, no sólo sentía su corazón latiendo con fuerza, había algo más, pero no sabía si estaba situado en su pecho o en su cabeza, era algo nuevo, aunque no se sentía mal, era como cuando probó esas perlas rojizas a las que Bill llamaba cerezas, su dulzura fue algo nueva y extraña en un principio, pero no le desagrado.
—Si te sientes seguro con eso, sí —contestó Bill, y apartó la mirada de los ojos del selkie para ver al horizonte nebulizo del mar, no dejaba de estar nublado, pero la claridad era cada vez más, y luego volvió a ver a Tom, estaba seguro que su piel temblorosa no era únicamente porque su corazón estaba latiendo, sino que también era el frió recordando la piel pálida que tenía hora de manera permanente. —No quiero que te enfermes, necesitas un baño y ponerte ropa más que te cubra más, puede ser asfixiante para ti en un principio, pero créeme, es necesario al menos hasta que estés completamente seco, incluido tu cabello.
Tom asintió, pero no se movió.
—¿Qué pasa? —preguntó Bill, creyendo que algo le ocurría.
—Ayer… Tu aroma me acompañó cuando me trajiste a tu lugar, aunque mis ojos estaban cerrados, sentí tu aroma y tu calidez cerca de mí —compartió Tom, esperaba volver al lugar de Bill de esa misma forma.
Bill alzó ligeramente las cejas, Tom estaba más consciente de lo que creía cuando lo llevó a su casa, su cuerpo lo reconoció antes que su conciencia, sabía muy bien a que se refería.
—¿Quieres que te cargue de regreso a la casa? —preguntó, sólo para asegurarse de que a eso se refería.
Tom asintió.
Bill se quedó pensativo por unos cortos instantes, dándose cuenta que en todo ese rato con Tom acurrucado sobre él, no había sentido demasiado su peso, como el día anterior que lo había cargado.
Pesaba, sí, pero no como lo que aparentaba, era más ligero, como si su cuerpo fuera consciente de que Bill aunque intentaba ayudarlo, no fuera lo suficientemente fuerte para cargarlo con tanta facilidad y por tanta distancia, adaptándose a su cuerpo.
Quiso preguntar si eso era posible o sólo imaginación suya, pero probablemente ni siquiera Tom tuviera esa respuesta como alguien que recién se adapta a su cuerpo humano.
Bill asintió con una pequeña sonrisa, guardó sus cosas en su bolso y luego se lo cruzó en el torso, levantándose para poder cargarlo de la misma forma que ayer.
Camino por la playa hasta llegar a la cima donde estaba su casa y el faro, entrando rápidamente para no dejar más por más tiempo expuesto a Tom, llevándolo directamente al baño.
No sabía si Tom iba a sentirse bien con el agua caliente o la fría, por lo que hizo que la tocara con la mano primero, no se quejo del agua caliente, por lo que le llenó la bañera de agua tibia y después lo dejó meterse.
—Iré a mi habitación a dejar mi bolso y tu ropa en el cesto de la ropa sucia, vuelvo enseguida —avisó Bill, viendo como Tom se acostumbraba a la sensación del agua tibia.
Bill fuera rápidamente hasta el tercer piso, dejando su bolso en su escritorio y la ropa en el cesto de la ropa sucia, dándose cuenta que ya pronto tendría que lavar su ropa, suspiro, vió la hora, todavía tenia tiempo hasta que fuera hora de irse a trabajar, ante de salir de su habitación busco una pijama cálida para Tom, de manga larga.
Bajó nuevamente para ir a ver a Tom, encontrándolo con el agua llena de burbujas, el baño olía a un aroma intenso floral, había descubierto el jabón y por otro aroma que lograba identificar, también el champú, tendría que enseñarle que jabón y el champú eran diferentes, para que después pudiera bañarse por sí mismo.
Dejó la pijama sobre el lavamanos, bajó la tapa del escusado y se sentó sobre ella, tomando los envases del champú y el jabón.
—¿Pusiste lo que había aquí dentro del agua, verdad? —preguntó Bill, a lo que Tom asintió. —Uhmmm, sé que aún no sabes leer, así que te lo explicaré de forma sencilla. Esto… —movió el envase del jabón de cuerpo y lo acercó a la nariz de Tom. —Huele a flores, ¿lo sientes? digamos que son como algas, aunque más bonitas, te mostrare unas reales un dia de estos, pero ahora concéntrate en el aroma, es suave, como brisa fresca, esto va en el cuerpo —tomó una esponja y vertió un poco de jabón, acercándose al selkie para pasarlo por su brazo.
Tom lo entendió enseguida, como entendió cómo se lavaba un plato, por lo que tomó la esponja de la mano de Bill, y la frotó por su cuerpo.
Mientras Tom se limpiaba la piel solo, Bill tomó el frasco de champú y repitió la misma explicación, pero ahora con el champú, diciendo que su aroma era más intenso y espeso, sólo que con el champú, no dejo que Tom lo hiciera con sus propias manos, eso sí lo hizo Bill, pues aunque él nunca había tenido rastas sabía que no se limpiaban de manera tan fácil.
Al menos en eso sí tendría que ayudarlo hasta tener más tiempo de explicarle paso a paso cómo quitarse la arena de las rastas.
—Tus rastas, tu cabello es hermoso, muy suave —halagó Bill, moviendo sus manos sobre la cabeza del selkie. —¿Tú te las hiciste?
Tom negó. —Me las hicieron en una de las pocas veces que salí a las piedras… Encontré compañía de algunos de los míos ahí, hasta que volví a la profundidad… a veces nos buscábamos, aunque sabía que se mantenían en la superficie casi todo el tiempo.
Bill se vió claramente sorprendido por esa respuesta, entonces su cabello decía más de él, de su antigua vida en el mar, lo comparó un poco con su propio cabello negro largo.
No sólo lo usaba asi por gusto, sino porque el único peluquero en el pueblo le cortó el pelo horriblemente en una ocasión, por lo que Bill prefirió mejor dejárselo crecer, cortándose las puntas cuando estaba demasiado largo, aunque claramente no lo hacía perfecto, pero al menos le gustaba como se veía.
No había mucha profundidad en eso más que vanidad, en cambio Tom, sus rastas habían sido hechas por los suyos, eso le hizo saber a Bill que tendría que ser más cuidadoso con ellas, tendría que aprender a cuidar las rastas apropiadamente.
Él también tendría que aprender a hacer cosas.
El baño terminó sin problemas, mientras la bañera se vaciaba, Bill secó a Tom y le dijo cómo tenía que hacerlo, lo aprendió rápido, por lo que Bill se encargó de escurrirle las rastas, y luego envolverlas en una toalla.
Bill lo dejó por unos segundos, mientras acomodaba rápidamente las cosas que habían utilizado, cuando giró la cabeza para ver a Tom, se dió cuenta que ya se estaba subiendo los pantalones del pijama.
Ya había aprendido a vestirse por sí solo, aunque en su rostro se viera que aunque aprendido, no se había acostumbrado a la sensación de tener algo que no fuera su piel de foca cubriéndolo.
Esbozó una sonrisa orgullosa y realmente feliz, para ser el segundo día que Tom estaba ahí como humano, aprendía cosas que los humanos que nacen como tal, tardan en aprender.
Bill escuchó y percibió olor desde la cocina, su padre estaba haciendo el desayuno.
Dudaba que le quedara tiempo de desayunar, pero al menos quería irse a trabajar sabiendo que Tom había comido algo más apropiado como desayuno que las cerezas que Bill le había dado antes.
Por lo que, en cuanto Tom terminó de vestirse, Bill lo llevó directamente a la cocina.
Tom aspiró profundamente, mientras cerraba los ojos al sentir el aroma chocarle en el rostro.
Aunque no se lo dijo, cuando abrió nuevamente los ojos, Bill sabía que tenía hambre.
Los concepto de comer en la mañana, en el mediodía y en la noche podían ser una rutina a la que Tom le costará acostumbrarse, debido a que en el mar no existía hora para comer, simplemente buscabas alimento cuando tenías hambre.
Así que al menos por el momento, Bill y su padre tendrían que alimentarlo cuando demostrara que tenía ganas de comer.
Jorg se dió la vuelta, apartándose la estufa con un plato en la mano, atún preparado con verduras separadas
—Le hice lo mismo que ayer, aunque añadí verduras, tengo que saber que le gusta y que no, así que le preparare atún con diferentes acompañamientos, así come y si no le gusta algo me daré cuenta —explicó Jorg, dejando el plato en la mesa.
A lo que Tom se sentó, y tomó un trozo de zanahoria cortada y hervida, la observó por unos segundos, antes de acercarlo a su nariz para olerlo y luego a la boca para comérselo.
Bill y su padre lo observaron expectantes, esperando ver su reacción.
—Esto… sabe a dos cosas, dulce y salado —comentó Tom alzando la mirada, no fruncía el ceño, pero no era necesario para saber que claramente no le gustaba.
—Le gustan las cerezas y el atún, supongo que le gusta que algo sea sólo dulce o sólo salado —suspiró Bill, a lo que Tom asintió rápidamente.
—Me recuerda a cuando eras pequeño y descubrí que no te gustaban las manzanas, sólo que él no escupe lo que se come —recordó Jorg riéndose mientras observaba a su hijo.
Bill se ruborizó y se rasco la mejilla, recordando que, efectivamente, él de niño escupía la comida que no le gustaba, en especial las manzanas.
Tom continuó comiendo, aunque solo el atún, eso hizo a Bill sentirse tranquilo.
—Ya deben de ser las siete con cuarenta, voy a bañarme —manifestó Bill, pellizcándose el centro de los ojos con los dedos.
—¿No vas a desayunar? —preguntó Jorg con preocupación.
Bill negó con la cabeza. —No me daría el tiempo, voy a comprar algo en el camino, ya que antes de ir a la tienda de Gordon voy a pasar a la oficina de correos a dejar la carta para mamá.
Jorg suspiro y asintió, Bill ya no era un niño, y lo sabía muy bien, aunque se seguía preocupando por él, pero su hijo ya sabía lo que hacía y cómo se manejaba, estaba orgulloso de él, aunque a veces pensaba que Bill se había vuelto demasiado independientemente, recordaba con nostalgia cuando le pedía ayuda con sus tareas de la escuela, ahora Bill simplemente le decía lo que iba a hacer.
De hecho, cuidar a Tom mientras él trabajaba era algo que hacía por Bill en mucho tiempo.
Tom también iba a volverse independiente con el paso de los días, aprendiendo a hacer las cosas por él mismo, ya le había demostrado que era alguien que aprendía sin muchas complicaciones a hacer las cosas básicas, que incluso a adultos de treinta años les cuesta llegar a aprender, cómo lavar los trastes.
Bill le dió una caricia a Tom en la cabeza antes de salir de la cocina, sabía que su aroma en el pijama que usaba no sería suficiente cercanía para el selkie.
Una caricia aunque suave y rápida, le seguía diciendo que ahí estaba.
Y salió de la cocina, al salir al tercer piso, para comenzar a arreglarse, bañándose y vistiéndose, se dio cuenta que se sentía más animado de lo normal.
Haciendo que incluso el reloj corriendo no se sintiera como una tortura, simplemente lo dejo ser, sabia que Gordon no se atrevería a decirle nada.
Bajó al cabo de unos minutos, con su bolso cruzado en el rostro y entró en la cocina nuevamente.
—Ya me voy, papá —dijo Bill, acercándose a su padre para abrazarlo, siendo correspondido.
Para después acercarse a Tom, inclinándose, notando como, aunque se mantenía en silencio y comiendo, sus ojos estaban acuosos.
Aceptaba que se iba a ir, pero no era algo que le gustara.
—Esta bien si lloras porque no estoy, pero, volveré, ayer volvi, hoy también será así —masculló Bill, pasando su dedo por debajo de uno de los ojos del selkie, quitándole una lagrima acumulada.
—Adiós, Bill —soltó Tom, viéndolo directamente a los ojos, creyendo fielmente en sus palabras.
Bill le acarició la mejilla antes de alejarse, saliendo por el umbral de la cocina.
Jorg bufó enternecido por la escena, era la primera vez que veía a Bill siendo tan cariñoso con alguien más, algo que ni siquiera con los amigos que había llegado a hacer en la escuela hacía de tal forma, claro, después de haberlos visto besándose, no estaba sorprendido.
Cuando la cercanía tan íntima que tenían, apartó la vista, dándoles privacidad.
Los había visto desde que salieron de la casa, y estaba atento a sus alrededores, no porque quisiera espiarlos, sabía que tenía que darles su privacidad, pero quería asegurarse de que nadie del pueblo estuviera cerca para ver a Tom.
El pueblo era pequeño, y de ver a Tom, lo más seguro era que la voz se corriera del nuevo chico que era cercano al hijo del farero, muchos tendrían curiosidad de alguien a quien no vieron entrar por la carretera, sino que simplemente apareció de repente en la orilla del faro.
Tenía que vigilar y cuidar a sus hijos, tal y como el faro iluminaba el mar para los barcos.
—Bien, Tom, el príncipe azul se ha ido, pero conociéndolo de seguro dejó su habitación desordenada por salir con prisa, ¿quieres que te enseñe a ordenar? —exclamó Jorg emocionado, sabiendo que Bill todavía no había salido de la casa y lo iba a escuchar.
Bill se detuvo a medio pasillo al escucharlo, sonriendo avergonzado y rodando los ojos.
—¡Solo no lo hagas lavar la ropa, esa la lavaré yo! ¡No me siento seguro de que toque detergentes o líquidos como la lejía! —gritó Bill, antes de salir de la casa, para tomar su bicicleta e irse rumbo al pueblo.
—¿Qué es la lejía? —preguntó Tom viendo directamente a Jorg.
—Es un líquido que se usa para la ropa blanca, pero por tu seguridad no lo vas a tocar —advirtió Jorg, sin dejar de sonreír.
Después del desayuno, Jorg y Tom subieron a la habitación de Bill, la cual tal y como lo había dicho Jorg, «el príncipe azul» había dejado su espacio patas arriba.
—¿Qué es el príncipe azul? ¿Es una especie de humano y Bill es uno? —preguntó Tom con la mirada baja, doblando ropa tal y como Jorg se lo había enseñado momentos antes.
Jorg lo vigilaba, Tom doblaba la ropa con más cuidado de lo que Bill lo hacía, acomodándolo en pequeñas pilas que luego llevaba al armario.
Podía notar que estar en la habitación de Bill, ponía a Tom más tranquilo por su ausencia.
—Es un personaje, aunque en la vida real también existieron y existen príncipes, es un hombre noble, de familia real, la palabra «azul» no es porque sea azul como el mar o el cielo, sino porque viene de una familia importante, rica y con muchas influencias, son como una especie de ballenas azules que tenemos en la tierra —respondió Jorg, limpiando las superficies de la habitación, haciendo la parte del orden y la limpieza que involucraba contacto con químicos. —Los príncipes azules tienen princesas, de hecho, hay un cuento muy famoso sobre un príncipe y una sirena, te lo contaré…. aunque no te contaré la versión triste, te contaré la de donde vivieron felices y comieron perdices, aunque… para ti y Bill creo que es «comieron cerezas».
—Yo no soy una sirena, soy un selkie —aclaró Tom, comprendiendo la comparación.
Jorg se rió, asintiendo con suavidad, de seguro ser comparado con una criatura que no eres realmente le chocaba a Tom.
—Bien, entonces es el príncipe azul y el selkie, ¿qué te parece? —replicó el mayor, a lo que selkie le sonrió. —Aunque de seguro los príncipes azules no dejan estas cosas tan a la vista… —murmuró, encontrando una imagen media doblada caída a pies del escritorio de su hijo.
Era una imagen de una mujer desnuda y explícita, y no precisamente por la desnudez, entrecerró los ojos, reconociendo la marca de donde era la imagen, era de una revista, que sabía muy bien quién compraba.
Gordo su amigo, el jefe de Bill, conociendo a su viejo amigo, de seguro debió habérsela dado a su hijo, porque dudaba mucho de que su hijo fuera de esa clase de hombre, aunque siendo honesto, no podría juzgarlo por eso tampoco, pero estaba muy seguro que eso no era de Bill.
Al girar la cabeza, se encontró con los ojos curiosos de Tom en la imagen que sostenía en sus manos, a lo que Jorg la dobló y la guardó entre unos libros.
—Esa es una foto muy extraña… no le encontré forma, es como… un pulpo humano —fue lo único que dijo Tom, antes de seguir doblando la ropa.
No parecía perturbado, solo un poco extrañado.
Jorg suspiró aliviado, aunque pensó en las palabras que usó el selkie «pulpo humano», era… una forma asquerosa pero muy acertada de lo que esa imagen era.
Observó a Tom y pensó su sexualidad, era claro que al ser del mar, sus conceptos no eran más que instintos, no con un deseo o malicia real, como el de los humanos.
Pero… como el humano que era aroma, eventualmente sería un tema que tendría que explicarle, no tanto para que actúe y viva bajo lo que los humanos esperan sobre eso, sino para que fuera sabedor de ese tema.
Todo humano, tenía que saber al menos lo básico de lo sexual, y Tom merecía saber de eso, pero no todavía.
Tenía que encontrar la forma de explicarle sobre el sexo y esas cosas a un adulto de otra especie, porque Tom no era un niño, era un adulto, pero que venia de un mundo donde los conceptos eran distintos.
Y… siendo realista, después de ver la cercanía de su hijo y su hijo selkie, aunque era tierna y pura, eran dos chicos de diecinueve años, y hasta donde sabía … Bill mojigato no era, tendría que hablar con él.
Confiaba en Bill, sí, pero él ya había estado en esa edad, sabía cómo actuaban los jóvenes cuando tenían algo bonito enfrente, sobre todo algo tan precioso como un selkie que se desnuda sin problemas.
No iba a prohibírselo Bueno, en realidad no sabía cómo actuar exactamente.
¿Debía decirle que fuera cuidadoso? ¿Qué no lo hiciera?
Recordaba como le decía a Bill conforme crecía y se desarrollaba que podía confiar en él, ya que era su padre y prefería saber las cosas antes de que Bill hiciera algo a escondidas, por eso rara vez se enojaba con su hijo.
Dejaba que Bill le contara las cosas, no lo presionaba, sólo le daba la confianza, el espacio y la compresión para que se sintiera cómodo.
Pero ahora… Aunque Tom se veía como un chico normal, no había nacido como tal.
A pesar de que los mitos hablaran de hombres que tuvieron hijos mestizos con selkies, en ningún momento se hablaba de cómo fue el momento de la concepción que, seguramente, no era del agrado de la selkie.
Raras veces los mitos hablaban de una selkie que abandone su hogar voluntariamente por un humano, Tom no lo había abandonado voluntariamente, pero se dejaba cuidar y tocar por Bill voluntariamente.
Eso lo relajaba un poco respecto al tema, era algo recíproco de la voluntad de ambos.
Los había ido a ver durante la noche, cuando bajó por un momento del faro, durante la madrugada, para ver cómo era que Tom se había adaptado a la noche en tierra, y los encontró dormidos en el suelo.
Lo cual, cuando vió eso, su primer pensamiento fue: ¿Por qué duermen en el piso si la cama está ahí vacía?
Hasta que comprendió que seguramente Bill le había dado la cama a Tom y Tom se bajó para dormir con él en el piso.
Le recordó a cuando estaba con la madre de Bill, a veces ella lo mandaba a dormir en el sofá por una discusión, manteniéndose fría incluso durante el durante del día siguiente.
Pero Tom prefería dormir en el suelo duro con tal de estar cerca de Bill.
Buscaba cercanía, búsqueda que iba subiendo diferentes escalones, como cuando se sube por las escaleras de un faro para llegar a la luz.
Temía que Tom no estuviera preparado para eso.
Por lo que ahora, al ver la cama, no sabía si comprar otra o una más grande, quizás una doble, con tal de que no siguieran durmiendo en el suelo como perros que duermen sobre un cartón en un callejón mientras llueve.
Bien, ahí iba otra cosa más a tomar en cuenta para las compras que tenía que hacer que giraran alrededor Tom.
Ropa y una cama, no pensaba en comprarle zapatos, ya que notaba lo cómodo era para Tom caminar descalzó, si de por sí la ropa ya le era extraña, probablemente olvidará caminar con zapatos.
Cerca de la playa, no sería tan raro ver a alguien caminar descalzó.
Hacer gastos monetarios en Tom no era algo que le molestara, como farero lo que ganaba le permitía tener otro hijo sin problemas.
Además, dudaba que con lo que ganaba Bill en la tienda de Gordon pudiera gastar con tanta facilidad, ese ingresó era más que nada para sus gustos que quisiera darse que para pagar facturas reales.
Por el momento, respecto a sus hijos, no haría nada, pero trataría de buscar la forma de hablar con ambos, en cada uno de sus conceptos.
Hablar con la tierra y el mar.
—Hijo, si ves otra… foto de un pulpo humano o algo que no tenga una forma que entiendas, puedes decirme, ¿está bien? —acotó Jorg, y Tom asintió.
Continúa…
Gracias por leer. Te invitamos a dejar un comentario 🙂
en serio en serio, amo un montón cómo estás escribiendo esto
no sabes como tuve que evitar gritar en la parte donde bill le dijo a tom que él lo hacía sentir vivo, porque fue tan bello
amo como de a pasitos se va desarrollando lo de ellos
y más aún, con jorg siendo tan comprensivo con ellos y cuidándolos
y amo que tom ni en cuenta de la revista porno 😭
Jorg es un buen padre y eso se refleja en como es Bill, y nuevamente gracias, hice lo que mi pobre cabeza de camarón se permitió