
Fic TWC de Vale_luna86
Temporada II Capítulo 7
Bill
Mi cuerpo comenzó a temblar por el frío de la ducha, Tom pareció darse cuenta de ello porque se alejó de mi para regular nuevamente el agua y que cayera más caliente.
Fijé mi mirada en su pecho mojado, en como las gotas de agua caían y otras se arremolinaban en las carachas de la herida que se había hecho Tom aquel día en que me había ido sin decirle nada.
Sin pensarlo lleve mis dedos hasta aquella marca de corazón, sentía la piel muerta que había formado una coraza bajo la yema de mis dedos. Recorrí toda la forma de la herida, seguramente una horrible cicatriz le quedaría para toda la vida, haciéndolo recordar cada que la vea que amarme le hizo daño alguna vez.
Me acerqué a su pecho, cerré los ojos y besé aquella muestra de dolor externa que también quería en mi piel.
Quería exteriorizar de la misma forma el dolor tan inmenso que sentía, quería que mi piel sangrara todo el dolor y que Tom me curara, besara mi herida como lo estaba haciendo yo ahora mismo y que me abrazara por toda la eternidad.
Por hoy no tenía más lágrimas, era como si se hubiera formado un agujero negro en mi pecho y este se hubiera tragado mi llanto, mi vitalidad, mis ganas de vivir.
Era tan extraño porque me sentía como si me hubiera quebrado en miles de pedacitos pero que aún no era suficiente para echarme al fuego y volver hacer de mí una figura decente, más bien sentía que había pedazos filosos de mí que necesitaban quebrarse más, hasta hacerse polvo y solo entonces poder ser reconstruido en el fuego que quemaría todo mi ser para volver a construirme.
No entendía por qué, pero quería que Tom lo haga, no quería que nadie más que él me recogiera roto del piso y me volviera a armar.
Me sentía tan seguro en sus brazos que era casi doloroso.
—Vamos corazón, no quiero que te enfermes —Tom me levantó y al ver que no me movía ni un centímetro de donde me había dejado, salió de la bañera en busca de una toalla.
Vino hacia mí y a comparación de él que se había envuelto la toalla solo en la cintura a mí me envolvió completo, me cargó en sus brazos y me llevó hasta nuestra cama de nuevo.
Ya no estaba tan oscuro como antes, ahora la habitación se pintaba del azul de un pronto amanecer. Tom quitó mi toalla y comenzó a poner crema en todo mi cuerpo, tal y como yo siempre acostumbro a hacer.
Me puso un bóxer y una de sus camisetas favoritas que me llegan a la mitad del muslo y finalmente secó mi cabello con el secador.
Después de eso la habitación se inundó en un silencio que hacía mis tímpanos sangrar, no podía escuchar ni siquiera mi propia respiración ni la de Tom, como si ambos estuviéramos muertos.
El peso de mis huesos dentro de mi piel hizo que me tumbara en la cama de lado y segundos después Tom se tumbó de la misma forma frente mío, miré su rostro por unos segundos antes de acercarme a él y esconder mi rostro en su pecho que extrañamente emanaba un calor envolvente.
Sus brazos me acercaron a él mucho más en un abrazo que se sintió demasiado íntimo, como si de alguna forma sus manos presionaran por mis entrañas hasta llegar a mi corazón para acunarlo.
Me estremecí.
—Bill —susurró cerca de mi oído.
No.
—Corazón mío.
Cállate.
—Te amo nene.
No me susurres con esa voz tuya.
Tom me tomó suavemente de la barbilla para que pudiera verlo
—Te amo Bill— volvió a susurrar cerca de mi rostro.
No me mires cuando estás tan cerca de mí.
—Te amo.
Es mortificante.
—¿Tom?
—Mm?
—Tal vez podemos fumar algo de weed por favor.
Tom frunció ligeramente el ceño —No creo que sea buena idea Bill, todavía estás experimentando los efectos secundarios del éxtasis.
Lo miré a los ojos e hice un pequeño puchero —por favor, la hierba me ayudara a calmar la ansiedad que causa el éxtasis, por favor, ¿sí? —No aparte ni un segundo la vista hasta que él suspiró.
—Está bien, pero solo unos cuantos hits no más, ¿entendido? —se levantó y fue hasta nuestro armario por la cajita donde guardábamos todos los materiales para hacer un porro o simplemente fumar en la pipa.
Me senté sobre el colchón observando como Tom armaba un pequeño porro con habilidad y en menos de 10 minutos ya lo tenía hecho.
—Listo —dijo acercándose a mí con el porro y el encendedor.
—Gracias —tomé el porro lo puse entre mis labios y me incliné hacia el fuego del encendedor que Tom había prendido para mí.
Inhale fuerte, absorbí un poco de aire luego exhale algo de humo y volví a absorber aire sintiendo como la marihuana me pegaba más rápido de esa forma.
Cerré mis ojos cuando mis músculos se relajaron y mi cabeza se sintió más liviana. Inhale nuevamente del porro para hacer el mismo proceso otra vez, el aire de la habitación ahora estaba contaminado del olor a hierba quemada y me gustaba.
Tom tomo el porro de entre mis dedos y se lo llevó a la boca para darle unas cuantas caladas mientras me observaba, yo también lo miraba a él, en cómo su mandíbula se tensaba al inhalar y se relajaba al exhalar, sus ojos volviéndose chinos y rojos, sus labios estirándose en una sonrisa coqueta, era una imagen que me encantaba.
Una risa tonta se escapó de mis labios y me tape la boca tímidamente.
—¿De qué te ríes? —me preguntó en tono divertido como si estuviera a punto de reír.
—No sé —volví a reír— tal vez es por tu cara.
Tom río tan fuerte como yo lo empecé a hacer, era muy estúpido todo esto, no entendía porque me daba tanta gracia su rostro, pero lo hacía. Nos reímos sin parar y sin sentido durante algunos minutos en donde ambos terminamos llorando.
Abracé mi estómago que dolía por todo lo que había reído y Tom me tomó de la barbilla para que lo mirará a la cara.
—Ya te cogió, ¿Verdad? —me habló con su gran sonrisa y sus ojos chinitos.
—A ti también ¿No? —me acerqué a él hasta quedar dentro del pequeño hueco que dejaban sus piernas cruzadas, mis piernas estaban abiertas a los lados de su cadera y mis manos jugando con sus rastas largas.
Acaricié todo su cabello y luego jalé un par haciéndolo chillar.
—Un cambio de look te vendría bien.
—Ah sí? ¿Cómo qué? —le dio una calada más al porro y luego lo puso en mis labios para que yo hiciera lo mismo.
Exhale el humo —Mmmh tal vez quitarte las rastas y pintarte el cabello de negro.
—Y dejármelo largo como tú? No sabía que te ponía que nos parezcamos tanto —se burló.
Pellizque uno de sus pezones.
—ouch!! Bill!!
—yo me reí. —No seas tonto Tom, creo que llevar unas trenzas como los chicos de LA llevan, te quedaría bien.
—Mm, me lo pensaré —se sobo el pecho adolorido.
Nos volvimos a quedar en silencio esta vez en uno muy agradable, me fijé nuevamente en su rostro, en lo guapo y varonil que era, prácticamente era mi mismo rostro entonces probablemente ambos éramos unos narcisistas que llegaron al punto de enamorarse de su mismo rostro.
—En qué piensas —susurró Tom inhalando el porro que casi se terminaba.
—En qué eres muy guapo —susurré también.
Puse mis ojos en sus labios, antes de que pudiera exhalar me acerqué a ellos sin llegar a juntarlos con los míos e inhale el humo que exhaló Tom.
—Yo también pensaba en algo parecido —dijo poniendo sus manos en mi cintura para apretarla ligeramente.
Una corriente eléctrica me recorrió el cuerpo. Cerré mis ojos y junte mis labios a los de Tom en un beso suave al principio que se fue haciendo cada vez más húmedo.
Tom lamió mi labio inferior para que lo dejara entrar y así sentir el sabor del porro mezclarse entre sí. Sus labios se movían con agilidad sobre los míos de vez en cuando chupando mi lengua de forma deliciosa que me hacía gemir.
—Bill —Tom rompió el beso para hablar sobre mis labios
—Déjame fotografiarte.
—Mm? No sabía que te gustaba la fotografía —reí un poco.
—Me gustas tú y eso hace que quiera inmortalizarte de todas las formas posibles— hundió su rostro en mi cuello y beso mi piel sensible
—¿Sí?
—Está bien.
Tom me dio lo que quedaba del porro mientras yo me recostaba en la cama y el sacaba una cámara digital del cajón de su mesa de noche.
A medida que iba terminando el porro más desconectado me sentía de la realidad, como si mi cuerpo y mi mente subieran lentamente a las nubes y allí encontrarán a Tom, pero Tom estaba parado sobre la cama con ambos pies a los costados de mi cuerpo tomando fotos desde arriba.
Sonreí tímido, coqueto, me removí en cada disparo de la cámara, me sentía tan tranquilo y completo que no quería que se acabara nunca este momento.
—Quítate la camiseta corazón.
Me senté y me saqué su camiseta quedando solo en mi bóxer, volvió a tomar fotos está vez desde distintos ángulos hasta que se sentó a mi lado y tomó una foto de ambos.
Yo mirándolo, él mirándome, yo besando su mejilla, él besando la mía, ambos compartiendo una mirada cómplice y finalmente ambos besándonos con amor.
Ojalá, siempre pudiera estar drogado de la vida y vivir en esta realidad tan placentera.
Continúa…
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dios…
no puedo esto es tan… díficil