Perdón Epílogo 2

Perdón Epílogo 2

Fic TWC de Vale_luna86

Temporada II Epílogo 2

What if (Final alternativo)

Tom

1 año después

Bill no era feliz. Me bastaba con ver sus ojos cada mañana al despertar, incluso en las fotografías que miraba de él, su preciosa mirada no tenía aquel brillo tan peculiar que demostraba la humanidad de las personas.

Era como si únicamente existiera como un cascarón vacío sin alma. No sabía que más hacer, me había prometido a mí mismo que luego de aquel horroroso día en que casi lo vuelvo a perder, daría todo de mi para hacerlo feliz, pero no era suficiente, hiciera lo que hiciera, dijera lo que le dijera, nada hacía que Bill volviera a ser Bill y verlo de esa manera me mataba.

Me la pasé días, noches, semanas y meses enteros arrancándome pedazos de mi alma para entregárselos a él, pero ni todo el amor que le arrebatara al mundo era suficiente para Bill. No entendía por qué sentía tal remordimiento en mi pecho, se suponía que esto era lo que quería ayer, hoy y siempre, entonces ¿Por qué?

¿Por qué me fastidiaba ver a Bill tan roto?

Era tan hipócrita de mi parte sentirme triste por él cuando el único que ocasionó todo esto fui yo. Se supone que los monstruos como yo no sentimos arrepentimiento, entonces ¿Por qué me duele tanto?

Nunca se me cruzó por la mente que ver el cuerpo inerte de Bill deambular por casa me haría sentir tan triste, es como si en mi felicidad de tenerlo roto para mí las partículas de su destrozado corazón se colaran en mis poros haciéndome sentir como una mierda.

¿Qué era esto que sentía? Si se supone que es amor entonces, ¿Por qué me duele tanto? La fotografía que tenía en mis manos en donde se inmortalizaba a un Bill con una mirada relajada, recostado sobre nuestra cama vistiendo solamente su bóxer y sonriendo de forma coqueta hacia la cámara, sin duda era un momento al que quería regresar una y otra vez, a pesar de que ya había pasado un año de eso, no lo habíamos vuelto a repetir porque no quería que Bill consumiera más drogas.

De alguna manera quería que afrontara la realidad y que no volviera a escapar de ella, quería que se diera cuenta de que la vida no es tan horrible como la percibe, que hay cosas que no te lastiman, personas que no te hieren, sino que al contrario te enseñan que el amor no duele, que vivir no duele y que vale la pena intentar vivirla.

Sin embargo, era tan difícil hacer que Bill confiara en alguien, se llenaba la boca diciendo que confiaba en mí, pero sé que mentía, sus ojos temerosos, su mirada puesta en el piso, sus manos jugando entre ellas con nerviosismo, su puta manía de querer complacerme en todo incluso en lo que no se lo pedía.

Me molestaba y no entender el por qué me molestaba me emputaba aún más, me sentía como un puto energúmeno que no sabe manejar sus emociones y estar enojado alrededor de Bill significaba verlo romperse en llanto por el miedo a que haya hecho algo mal y que lo abandonara como a perro callejero.

¿A quién quería engañar? todo esto era mi puta culpa y lo sabía, ¡mierda! ¡¡lo sabía!! por eso intentaba tan desesperadamente que Bill fuera aquel niño sonriente y amoroso del que me enamoré, quería que regresara a ser lo que era porque él merecía ser feliz, no porque yo mereciera tenerlo de vuelta.

Yo no merecía absolutamente nada de él y aun así me lo dio todo y yo, tan egoísta e inseguro, lo rompí como al juguete favorito que rompes con tal de que nadie más juegue con él . . .

Así roto, podría tenerlo para siempre, pero supongo que el amor te hace pensar demasiado en la felicidad del otro.

¿Amor?

Claro que amo a Bill, pero que mi amor fuera distinto al que se acostumbra a ver ¿dejaba de ser amor?

El amor no siempre es amable a veces puede ser brutal, pero es real. Tal vez no podía amarlo como él necesitaba, pero lo amaba a mi manera y era amor verdadero, genuino y nunca se terminaría.

Me la pasaba diciendo eso a mí mismo todos los días de mi vida hasta callar la tediosa voz dentro mío que me recriminaba cada una de mis acciones que, aunque cuestionables, me habían llevado a donde yo quería. Por eso yo era inmensamente feliz, pero si Bill no lo era, ¿Qué caso tenía entonces?

Guardé las fotografías en la caja de madera y la guardé en mi mesa de noche que tenía bajo llave, el timbre sonó y caminé hasta la entrada para abrir la puerta y encontrarme con un cuerpo esbelto, voluptuoso y femenino.

Enseguida el olor a perfume barato de mujer inundó mis fosas nasales provocándome náuseas. Me hice a un lado para que la mujer pasara y la llevé rápidamente a la habitación que compartíamos con Bill, la mujer se sentó en la cama y me miró con ojos llenos de deseo, desvistiéndome en el proceso.

—Alguien está a punto de venir, tú solo sigue el juego y te pagaré el doble de lo que cobras. La mujer frunció su ceño y se limitó a decir un simple «ok», mientras ella se retocaba el maquillaje yo no podía dejar de dar vueltas en la habitación, el golpeteo de mi corazón contra mi caja torácica se sentía como si estuvieran perforando mi pecho y tenía que cerrar los ojos, respirar profundamente y limpiar el sudor de mis manos en los costados de mi camiseta.

Sí, está bien Tom, esto es lo que tienes que hacer. Me repetía eso en voz baja una y otra vez sintiéndome mareado, no pude evitar reírme de mi mismo por sentirme de esta manera, como si esto se comparara al dolor que le había provocado antes a Bill . . .

Sí, no se comparaba en nada, pero esto lo terminaría de destrozar aún más. Todo porque Bill sigue siendo en el fondo, aquel chico miedoso incapaz de mover un dedo por lo que realmente quiere, todo por su absurdo miedo irracional . . .

Escuché el golpe de unas llaves contra la puerta principal, señal de que alguien trataba de entrar al departamento, me quité la camiseta, me senté en la cama de piernas abiertas sentando a la puta en mi regazo, me detuve por un minuto a observarla, ese maquillaje negro adornando sus ojos castaños, el olor a vainilla que desprendía ligeramente su cabello negro, el labial rojo intenso que pintaban sus carnosos labios.

Con mi dedo gordo limpie el labial embarrándolo torpemente por su mejilla, así sin ese labial escandaloso era como ver a un Bill de hace dos años, antes de que todo pasara, antes de que sus labios dejaran de sonreír, antes de que su mirada se apagara, antes de que su pobre corazón se rompiera.

Un sentimiento amargo me inundó, quiero tener a Bill para siempre entre mis brazos, quiero acunarlo contra mi pecho, quiero besar su cabeza y susurrarle al oído que lo amo, que es lo mejor que me ha entregado en mundo y que quiero verlo siempre feliz. Feliz . . .

—Tom! ¡¡Ya llegué!!

Abrí mis ojos y vi a la mujer a la cual estaba acariciando su mejilla con mi mano, junté nuestros labios en un beso rudo, rápido y desenfrenado, como si mi cuerpo quisiera liberarse de todo el enojo que le provocaba el dolor, mi otra mano recorrió su pierna desnuda hasta llegar a su pecho para escabullirse debajo de su diminuta blusa de lentejuelas, tomé uno de sus senos y lo estrujé sacándole varios jadeos.

Gemidos agudos llenaban la habitación, el olor de lujuria que desprendía su cuerpo calentaba el ambiente, sus caderas moviéndose en un vaivén desesperado sobre mi miembro flácido me daban ganas de vomitar, sentir su sexo mojándose por mis caricias me hacía sentir sucio.

La madera rechinando por los pasos que se acercaban solo hacía que quisiera aplastar el cuerpo de esta mujer que no valía nada, quería descargar todas estas emociones negativas en ella y quedar vacío, quería dejar de sentir.

—Tom, te estoy llamando por que no vienes… —la puerta de la habitación se abrió y el rostro sonriente de Bill se tornó en uno completamente de shock.

No lo miré directamente, no podía.

—Llegas antes.

La chica no sabía que pasaba, tomé su rostro entre mis manos y me acerqué a ella para susurrarle lo que tenía que hacer por el pago acordado, ella asintió y regresó a ver a Bill, yo en cambió aparté un mechón de su cabello y se lo puse tras la oreja, un gesto que solo había hecho con Bill y que ahora estaba manchado.

—Pe-pero qu-e —Bill solo tartamudeaba, su voz sonaba igual de quebradiza que aquella noche en la que lo encontré en el hotel con todos esos hombres a punto de devorar su cuerpo.

Tomé aire antes de finalmente mirarlo, lo cual fue un completo error, su cuerpo temblaba, sus manos se juntaban dolorosamente en su pecho como si evitara que su corazón dejase de doler, sus ojos estaban cristalinos sin derramar una lágrima y sus labios se dibujan en una mueca triste hacia abajo temblando también.

Bien, no llores corazón.

—¿No ves que estoy ocupado? Vete —escupí fríamente.

Desvié la mirada hacia la mujer y la tendí en la cama para montarme encima de ella y darle la espalda a Bill, pero de un momento a otra una patada en mis costillas me hizo chillar de dolor y caí al otro lado de la cama, entonces vi como Bill tomaba del cabello a la mujer y la arrastraba hacía fuera de la habitación.

Me tomó un minuto reaccionar, me levanté y fui hasta Bill quien cerró la puerta tras de él dejándonos solos.

—Pero qué carajos hac… —Una bofetada me cruzó el rostro, podía ver el pecho de Bill subir y bajar rápidamente y aun temblar.

Me lleve la mano a mi mejilla que comenzaba a escocer del dolor, era la primera vez que Bill me golpeaba y el condenado tenía la mano pesada.

—¿QUÉ MIERDA TE PASA? —me gritó.

Yo aún seguía desconcertado por su golpe y solo lo escuchaba mandarme a la mierda, pero sin un rastro de querer irse. ¿Por qué? ¿es que acaso haberme encontrado con otra no le era suficiente para irse? Bill estaba molesto, asustado y temblando y aun así él, seguía frente a mí como si esperara a que le pidiera perdón.

—Perdón Billy —dije finalmente.

Entonces dejó de hablar, su respiración comenzó a regularizarse y sus lágrimas comenzaron a salir.

—¿Por qué Tom? No —miró al piso— No me vuelvas a hacer algo como esto.

«Tú siempre serás mi camino Tom»

«Y tú el mío Billy, pero está bien si algún día cambias de opinión»

«Eso nunca pasará»

Recordé aquella conversación tan lejana en la que Bill desnudó su alma y yo me di cuenta de que nunca podría darle todo lo que se merece y aun así, Bill se quedaría.

¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué te lastimas tanto por alguien como yo?

No lo valgo corazón, ni yo ni nadie vale la pena tanto como para que te entregues de forma tan devota.

—Ja, ¿en serio pensabas que te iba a pedir perdón? —alzó su mirada ante mi cambio de voz –No tengo porqué pedirte perdón Bill, que jodidamente cansado que es lidiar contigo, en serio.

Puse mis manos en puños para evitar tocarlo y atraerlo hacia mí con un abrazo, me tragué el nudo que se formó en mi garganta y continué hablando.

—Me canse de estar cuidándote siempre, siempre teniendo cuidado de mis acciones, siempre teniendo cuidado de mis palabras, nunca se te puede decir o hacer algo porque enseguida sales con tus malditos ataques de pánico y estoy harto de lidiar con ello, estoy cansado de no poder disfrutar de mi vida solo porque eres un maldito asustadizo que le teme a todo lo nuevo que se le aparece.

Podía jurar que veía como cada palabra que decía se le clavaba en pecho como dagas haciéndolo sangrar dolorosamente.

—Perdón yo.. —comenzó a hablar Bill.

—¡¡¡NO ME PIDAS PERDÓN, MIERDA!! todo lo que sabes hacer es pedir perdón cada puto rato Bill!! que mierda tan estresante eres!! ¡¡¡Tu perdón no me devuelve el puto tiempo perdido que desperdicie cuidándote, estando a tu lado!! ese puto tiempo no vuelve por más que me pidas perdón joder!!

Sus pequeñas manos cubrieron su boca mientras comenzaba a llorar desconsoladamente.

—Perdón, perdón Tom, es que yo —casi no lo podía entender por todo el llanto —Lo siento mucho.

Nunca había visto imagen tan dolorosa como la que tenía enfrente ahora, quería arrodillarme ante él y abrazarlo mientras suplicaba su perdón, pero no podía hacer tal cosa.

—Ya me aburrí de ti Bill, pensé que el amor que te tenía iba a lograr sobrepasar todos los obstáculos, pero me equivoqué, es tan aburrido estar con alguien como tú.

Le di la espalda para ir a tomar mi camiseta del suelo, pero su mano tomo mi muñeca.

—¿Alguien como yo? ¿Cómo es alguien como yo? —preguntó mientras le temblaba el labio inferior y su rostro estaba tomando el color de una cereza por todo el llanto.

Dios, ahora podía entender a papá y me jodía que la loca de mi madre hubiera tenido razón cuando dijo que Bill se parecía a ella y yo a mi padre.

En ese momento no lo entendía, era demasiado chico para saber lo que realmente pasaba en el matrimonio de mis padres, para mí la situación solo era la de un padre estúpido y borracho que abandonó a su familia y una madre que no pudo sobrellevar el abandono y descuidó a sus hijos.

Pero entonces, papá volvió luego de todos estos años para hablar con sus hijos, Bill no lo sabía, se lo había ocultado por su bien y no me arrepiento de eso porque fue entonces que entendí por qué papá nos había abandonado. Tenía problemas con el alcohol, había comenzado a hacerle daño a mi madre tanto psicológico como emocionalmente, hasta que un día llegó a golpearla, mi madre lo perdono, mi padre intentó cambiar una y otra vez, pero simplemente no lo lograba y aun así mi madre permaneció a su lado.

Fue entonces que decidió irse, porque mi madre nunca lo hubiera hecho, porque mi madre siempre lo perdonaba y nunca le importaba el dolor que le causaba porque lo amaba, mi padre entendió que no importaba cuanto daño le hiciera a mi madre, ella siempre se quedaría y mi padre en el único acto sensato en el que pudo pensar fue en abandonarla, en irse de su vida para siempre porque el dolor que sentiría con su partida no se compraría al dolor que se sentiría si se quedara. Al principio me pareció estúpido, porque pensé que mi padre solo no tenía las suficientes agallas para cambiar por mi madre, pero luego al verme a Bill y a mí, lo entendí.

Yo siempre sería una persona que le hace daño y él siempre se quedaría a mi lado. Estaba harto de ello, estaba molesto por la decisión que yo mismo acababa de tomar.

Si tan solo Bill fuera más fuerte, si tan solo fuera más decidido, si tan solo no fuera tan débil, hace rato me hubiera dejado o tal vez, si hubiera sido diferente, yo no hubiera sido un cobarde y le hubiera confesado mis sentimientos en nuestro cumpleaños número 17.

Tal vez, si yo no hubiera sido el que tuvo miedo de ser rechazado, no le hubiera pasado nada de lo que le pasó a Bill, tal vez tendríamos una relación sana y Bill seguiría con su sueño de ser uno de los más grandes artistas . . .

Tal vez Bill, seguiría siendo feliz y viviría sin miedo de que le hagan daño. Aunque tal vez, yo tendría que vivir con estos sentimientos por él, ocultos toda mi vida…

Pero nada de eso pasó, todo el daño que le hice a Bill es real y ahora, rompería mi promesa y haría justamente lo que me padre hizo por mi madre. Tomé mi camiseta y la pasé por mi cabeza para ponérmela, me quedé frente a Bill mirando su vulnerabilidad.

Voy a alejarme de tu vida, por favor, decide alejarme y yo me iré.

Dijiste que necesitas alguien que te ame, pero no conoces lo profundo y retorcido de mi amor, entonces me distanciaré otra vez.

—¿Alguien como tú? Es alguien que me da asco. —se quedó paralizado— El tocar y besar un cuerpo que ha sido utilizado tantas veces, solo de pensarlo me da ganas de vomitar y hace le sumas las asquerosas cicatrices de todas las veces que te has cortado los muslos, ¿piensas que no lo sabía? pues sí Bill, sé que te cortas y me parece muy patético de tu parte hacerlo. Ya han pasado dos años de que te violaron, ¿no crees que ya es hora de superarlo?

Me iré.

Pase por su lado golpeando su hombro y saliendo de la habitación una parte mi quería regresar y decirle que todo había sido una broma de muy mal gusto, buscar alguna razón absurda para justificarme y quedarme a su lado.

Sí, quería que Bill me pidiera que me quedara, que me quedara para toda su vida, que no me empujara lejos porque quiero quedarme.

La prostituta que había contratado todavía seguía en la sala del departamento, tome mi billetera y le aventé un fajo de billetes y le dije que se largara. Vi los globos en forma de 19 y el pastel de cumpleaños que Bill había comprado para nosotros, se me estrujó el corazón.

—¿Acaso ya no me amas? —Bill salió agitado de la habitación y camino hacia mí, dejando unos cuantos metros de distancia entre nosotros.

—Responde!! —no pude responder a eso.

—Entonces esto no puede ser nuestro final —se acercó a mí, yo retrocedí. Las ganas de llorar me invadieron.

—Quédate aquí, no te vayas, no nos destruyas por favor —las lágrimas de Bill caían como cascada por su rostro —Sabes que me estás rompiendo el corazón, no hagas eso, no te vayas, no abandones todo lo que tenemos por favor, no te vayas Tom.

—Bill —pronunciar su nombre fue como tragar mis agujas.

—No Tom, hemos superado peores cosas, este no puede ser nuestro final Tom, hay muchas cosas que todavía podemos hacer, por favor. —su mano temblorosa tomo la mía y su tacto me quemó.

El lugar que tocaba Bill se incineraba lenta y dolorosamente y no quería que parara, quería que su tacto se marcara en mi piel como cicatriz y poder recordarlo siempre.

—No hagas esto más difícil Bill, por favor —dije calmado, evitando llorar.

—Me estás rompiendo Tom —se quebró— Me duele mucho Tom, por favor, por favor no te vayas.

Bill se deshizo en lágrimas, pidiéndome entre jadeos que no me fuera y yo solo pude abrazarlo, sentir su frágil cuerpo romperse entre mis brazos y que cada pedazo me cortara la carne tan profundamente que sentía que me iba a desmayar.

—Por favor —susurre en su cabeza— Pídeme que me vaya Bill, no soy bueno para ti corazón.

Bill negó con su cabeza y alzó su mirada —No, quiero que te quedes conmigo por favor, no me dejes solo Tommy— lloró como niño pequeño.

—Voy a alejarme de tu vida Bill.

Lloró con mucha más intensidad como si le estuvieran arrancando la piel mientras sigue respirando.

—No Tommy, por favor no te vayas.

—Lo siento corazón.

—No, no, no por favor, no me dejes.

—Tengo que hacerlo Bill —mis brazos seguían sin alejarlo de mi pecho. Solo un minuto más.

—¿Por qué? prometo ser mejor, prometo superar todo lo que me pasó, prometo no cortarme más, lo juro Tom.

¿Por qué no entiendes que me tengo que ir porque tú nunca lo harás? ¿por qué no comprendes que vivir así no es vivir? ¿por qué no puedes pensar en ti primero Bill? Siempre me orillas a obligarte a actuar. . .

Quiero odiarte Bill, de esa forma puedo evitar el dolor que me ocasiona dejarte para siempre.

—Somos hermanos Bill, gemelos —me separé de él— No podemos seguir haciendo esto. Se quedó sin argumento durante un minuto

—Sabes que a mí no me importa.

—Pero a mí sí Bill, no hagas esto más difícil.

Caminé nuevamente hacía él, dejando fluir por última vez mis emociones, me paré frente él y acaricie su cabeza con mi mano, su cabello desprendió el aroma a vainilla que tanto me tranquilizaba, metí la mano a mi bolsillo y saque la caja de terciopelo rojo, lo abrí y saqué la pulsera de Cartier que mande a hacer a juego con la pulsera que yo tenía ya en mi muñeca derecha.

Tomé su mano izquierda y puse el brazalete de oro.

—Feliz cumpleaños hermanito —le di un beso en la frente y caminé hasta la entrada sin mirar a atrás.

—Si sales por esa puerta no te atrevas a volver nunca más Tom.

Me quedé quieto tomando el pomo de la puerta, me giré para ver por última vez el rostro de Bill quien ya no lloraba más, al contrario, sus ojos estaban encendidos en enojo, yo sonreí.

Muy bien corazón, ódiame y no vuelves a llorar por mí, nunca más, no lo merezco.

—Adiós corazón.

Abrí la puerta y la cerré sosteniendo el pomo que en cuestión de segundos Bill intentó abrir, pero yo se lo impedía, lo escuché llorar otra vez, gritar y suplicar, pero tomé fuertemente el cerrojo para que no saliera, no sé cuánto tiempo estuvimos así hasta que Bill dejó de forcejear la puerta, espere unos quince minutos y entre nuevamente a la casa solo para ver como se había desmayado en la entrada.

Lo tomé entre mis brazos y lo llevé a nuestra cama, tomé una maleta y empaque todas mis cosas, saqué nuevamente la caja que contenía fotografías de él y dejé a su lado una donde salíamos ambos dándonos una sonrisa cómplice. Besé su frente y no pude evitar desmoronarme de rodillas a su lado, me dolía la vida dejarlo, pero no había otra opción.

Quería que Bill fuera feliz y a mi lado no lo iba a ser nunca, sabía que lo que le había hecho y dicho hoy, le dolería casi toda la vida, pero eso era mejor a que se enterase de lo que realmente había hecho.

Sin mí en su camino, no le quedaba más opción que salir al mundo y descubrir lo que tenía para él y estoy muy seguro que después del infierno que le hice vivir, solo le quedaría vivir en el paraíso una vida feliz y llena de amor.

—Te amo corazón.

Susurré en su oído y me fui sin dejar rastro.

.

5 años después

Estaba en un bar en New York tomándome un Martini que me daba arcadas cada vez que le daba un sorbo, pero era el favorito de Bill y hoy como todos los viernes desde hace cinco años estoy en un bar tomando el coctel favorito de Bill y permitiéndome a mí mismo pensar en él por el resto de lo que queda la noche.

Ignoraba a todas las mujeres y hombres que se me acercaban en la noche para coquetear porque yo solo quería emborracharme hasta ahogarme en los recuerdos que tenía del amor de mi vida.

Cinco años habían pasado ya, cinco putos años en los que no sabía nada de él más allá de las veces en las que no pude evitar stalkearle por Instagram y terminar masturbándome con las fotos tan provocativas que se tomaba en el baño.

Había cambiado radicalmente, su cabello era rubio y corto, se había llenado el rostro de más pircings y se veía mucho más varonil, aun así, seguía siendo la persona más hermosa y atractiva que conoceré nunca.

—Hey! Creo que necesitas algo de compañía, para tú suerte tengo tiempo libre.

Una voz un tanto masculina me habló y me hizo reír por la frase tan atrevida y lanzada que dijo, me tomé el ultimo trago de mi Martini y hablé sin regresar a verlo.

—Lo siento, pero me gusta mi soledad, ¿por qué no vas a molestar a alguien más? —me pedí otro Martini.

—Pensé que odiabas el Martini, siempre parecía que ibas a vomitar cada vez que te lo daba a probar.

Giré mi cabeza de golpe encontrándome con la imagen del Bill de Instagram personificado frente a mí, esto tenía que ser una puta broma, ¿Qué puta posibilidad había de encontrarnos en New York un viernes random al azar luego de 5 años de no habernos visto?

El universo me estaba jugando una mala pasada de seguro.

—¿Qué te pasa? parece que viste un fantasma —se burló

Volver a escuchar su risa me devolvió como mil años de vida, era tan hermosa y perfecta como la recordaba.

—Más bien un ángel —tomé un sorbo del Martini.

—Ush, tan coqueto como siempre ¿no es así? —dijo algo tímido pero firme.

—¿Que te trae a NY, Bill? —pregunté tratando de alargar este momento lo más que pudiera.

—Vine con mi novio a ver una presentación de Broadway Me atraganté con el licor

—¿Con tú quién qué?, ¿disculpa? Bill se echó a reír a carcajadas

—Es broma, vine con Georg.

—¿Georg Listing es tu novio? —volví a preguntar sin ocultar mi sorpresa.

Bill me dio un golpe un el brazo y sonrió

—¡¡Tonto, dije que era broma!! Vine con Georg y Sussane.

Di un suspiro de alivio

—Ah, ¿todavía sigue con ella? Bill asintió

—Pero sigue sin darle el anillo, no entiendo porque la hace esperar tanto para casarse si la ama.

Bufé— No lo sé, tal vez simplemente no se siente listo.

—¿Tú ya te sientes listo? —giró su cabeza un poco mientras tomaba de su copa y me miraba, yo solo le sonreí.

—Creo que siempre estuve listo —sentí la melancolía inundarme.

—Hay un lugar que quiero ver, vamos!

—Bill, yo no —callé por unos segundos— no creo que sea buena idea, sabes.

—No te pregunte!! —me tomo de la muñeca y me arrastró hasta afuera del bar en donde de un fuerte silbido hizo parar un taxi.

No tuve tiempo de reaccionar cuando ya estábamos bajando del taxi frente a un gran rascacielos del centro norte de NY, casi cerca de Manhattan.

—Vamos —me sonrió.

No pude evitar seguirlo, este Bill era como ver al Bill con el que había crecido, feliz y lleno de vida, ese pequeño brillo que aparecía en sus ojos cada vez que me miraba y como sus labios se curvaban en una coqueta y hermosa sonrisa, era aún mejor de lo que recordaba.

La felicidad de saber que Bill era feliz me hacía sentir un sentimiento amargamente dulce formarse en mi pecho.

—Es aquí —dijo bajando del ascensor en la terraza del rascacielos.

Se veía absolutamente toda la ciudad, las luces de la noche daban en su rostro iluminándolo tenuemente y la sonrisa que no dejaba de adornar su rostro me hacía sonreír a mí también, cuanto había extrañado a mi precioso Billy. . .

—¿No te parece hermoso?

—Sí, es hermoso —dije sin poder quitar mis ojos de él.

—Ya sé que lo soy Tom, mira el puto paisaje ¡por favor! —dijo fingiendo molestia.

Yo me reí, hace tanto tiempo que no escuchaba a Bill comportarse de esa manera, me encantaba. Nos quedamos en silencio por unos minutos hasta que Bill decidió hablar.

—¿Por qué nunca me buscaste en estos 5 años?

—Me dijiste que si salía por esa puerta no volviera —miré al piso y me acerqué a unos barandales.

—¿Y desde cuándo me haces caso a todo lo que digo?

—Siempre hago todo lo que me dices Bill —prendí un tabaco.

—Bésame.

Lo miré en la pequeña oscuridad, le di una calada al cigarrillo y caminé hasta él quien me sostuvo la mirada en todo momento hasta que mi rostro estuvo a centímetros del suyo.

—¿Eres feliz Bill? —pregunté cerca de sus labios, dejando escapar el humo del tabaco.

—Lo soy.

—Entonces no arruines tu felicidad por un idiota como yo —me alejé de él unos pasos.

—¿Por eso te fuiste hace cinco años? —caminó hacia mí y me quitó el tabaco para llevárselo a los labios, estos se entreabrieron y ce cerraron delicadamente en cilindro blanco.

—Solo quería que fueras feliz. Bill exhalo el humo

—Gracias, dejarte, extrañamente era lo que necesitaba.

Bajé mi cabeza dolido por sus palabras, me di la vuelta en dirección al barandal.

—Pero hoy cuando te vi de espaldas en ese bar, no pude evitar ir hasta a ti y cuando te hablé y vi tu rostro nuevamente no pude evitar quedarme.

Suspiré y caminé hasta él para quitarle mi tabaco de sus manos, el pequeño roce de mis dedos con su piel hizo que cientos de chispas se esparcieran en mi abdomen de forma agradable.

—Bill, yo no soy bueno para ti, no puedo cambiar lo que soy y tú mereces algo mejor.

—Lo sé, pero yo te quiero a ti y no me importa rebajarme, ni ensuciarme o romperme si eso significa merecer estar a tu lado.

Me quedé paralizado, escuchando únicamente como se quemaba el filtro del cigarrillo que tenía en mis labios.

—Quiero quedarme contigo, Tom.

Bill acortó la pequeña distancia entre ambos y yo no sabía qué hacer.

—¿No aprendiste nada en estos cinco años Bill? —pregunté.

—Aprendí que nadie me hace sentir como tú lo haces, no importa cuánto tiempo esté lejos de ti, simplemente vuelvo y siento que pertenezco a tu lado ¿acaso tú no sientes lo mismo?

No sabía que responder, no sabía que hacer, no estaba en mis planes volver a ver a Bill y menos regresar con él.

—Por favor, vuelve a ser mi luna y quédate a mi lado, no me abandones —sus brazos me rodearon la cintura apoyó su cabeza en mi hombro.

Yo también quiero que él vuelva a ser mi sol, pero . . .

—Te extrañé Tommy —alcé mi mano para tomar el tabaco y ponérselo en sus labios, lo vi dar la última calada al cigarrillo antes de que este se consumiera por completo.

—Te extrañe corazón.

Fue lo único que pude decir antes de abrazarlo y sentir que vivía de nuevo.

¿Qué era esto tan fuerte que tenía con Bill?

¿Por qué, aunque intenté dejarlo, está ahora entre mis brazos nuevamente?

¿Qué nos sucede que no podemos soltarnos?

F I N

¿Qué final les gustó más? No se vayan sin comentar. Besos y gracias por la visita 🙂

por admin

Administrador del sitio

Un comentario en «Perdón Epílogo 2»
  1. Me encantó basta, me re encantó porque siempre terminan juntos; par de masoquistas los amo. Se pertenecen el uno al otro 😭💕

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