Incomplete 114

Incomplete 114

Fic TOLL de lyra

Capítulo 114

El día había llegado a su fin y y con el también parte de la mudanza, de pie en mitad de la habitación donde ambos pasarían su primera noche juntos Tom observaba a su alrededor las cajas aún cerradas repletas de ropa que quedaba por colocar.

Louise y Georg habían sido de gran ayuda, prácticamente habían pasado todo el día allí echando una mano incluso se quedaron a comer. A media tarde decidieron marcharse y Bill les agradeció su apoyo antes de despedirse, quedando en que pasarían a recogerlos a las diez de la mañana para ir juntos al club a pasar el día tal como habían planeado.

Cuando se fueron subieron a la habitación para prepararse para la cena, Bill empezó a ducharse mientras que Tom revisaba sus cajas buscando algo que ponerse aquella noche. Cuando encontró lo que quería lo dejó sobre la cama y entró en el baño con total naturalidad. Bill se le quedó observando desde la ducha y no hizo falta decir nada, segundos después Tom estaba tras su espalda acercándose todo lo que podía para besarle suavemente el cuello mientras él se lavaba el pelo.

—¿Cansado? —preguntó Tom pasándole las manos por los hombros.

—Un poco —contestó Bill suspirando.

Cerró los ojos y dejó de lavarse para concentrarse en el masaje que Tom le estaba dando en sus hombros, tensos después de pasarse todo el día sumergido en la agotadora mudanza. Sentía sus manos deslizarse por su suave piel subiendo hacia su cabeza para seguir él mismo lavándole el pelo mientras mantenía aquel contacto cálido y relajante.

—Mmm… podría quedarme aquí dentro toda la noche —murmuró Bill apoyando las manos en la pared.

Sintió cómo Tom se movía detrás pegándose más a él mientras el agua caía sobre ambos, permanecieron así unos minutos disfrutando del silencio y de la cercanía hasta que decidieron dar por terminado aquel momento íntimo. Bill se volvió entre sus brazos y buscó sus labios agradeciéndole el masaje con un suave beso dejando que el agua cayera sobre él llevándose toda esa espuma de su pelo.

—¿Te encuentras mejor? —preguntó Tom estrechándolo con suavidad entre sus brazos.

Bill asintió con la cabeza y le dejó espacio para que pudiera ducharse él también. Salió de la ducha envolviéndose en un albornoz y con otra toalla en la mano empezó a secarse el pelo sin poder evitar pensar en lo natural que resultaba aquella escena, los dos compartiendo el mismo espacio con una confianza que no necesitaba nada más para sentirse completa sin prisas y sin expectativas compartiendo solo abrazos y besos robados mientras se preparaban para bajar a cenar sin ningún rastro de incomodidad.

—¿Puedes pasarme una toalla? —pidió Tom cortando el agua.

Bill se la alcanzó al momento y Tom salió de la ducha ajustándosela a la cadera para luego coger otra con la que secarse el pelo mientras que Bill le observaba sonriendo a través del espejo.

—Tienes el pelo hecho un desastre —comentó Bill mientras empezaba a peinarse el suyo.

—Tú no estás mucho mejor —replicó Tom con una media risa pasándose la toalla por la cabeza—Aunque admito que te queda muy bien el look recién salido de la ducha, y hueles delicioso.

—Lo que me queda bien es que por fin tengamos un rato tranquilo para nosotros —dijo Bill suspirando—Hoy ha sido un día larguísimo, y lo que nos queda.

—Sí, pero ha sido entretenido y mañana promete ser más relajado—comentó Tom mientras intentaba domar su propio pelo.

—Eso espero —murmuró Bill acomodándose mejor el albornoz—Me apetece desconectar un poco.

—Pasaremos el día tumbados al sol sin hacer nada —dijo Tom sonriendo—Bebiendo limonada bien fría y bañándonos en el lago. Suena bastante bien, ¿no?

Bill soltó una risa suave mientras abría uno de sus neceseres y sacaba un tubo de crema que se aplicó en la cara sin darse cuenta de la curiosa mirada que Tom fijó en él.

—Suena perfecto —murmuró—Hace mucho que no disfruto de un día así y los echo de menos.

—Es lo que pasa cuando se trabaja—comentó Tom suspirando sin dejar de observar cada uno de sus movimientos—Apenas tenemos tiempo libre.

Bill levantó la vista y se encontró siendo observado fijamente.

—¿Quieres un poco de crema? —preguntó divertido por la atención.

Antes de que Tom pudiera responder ya había llevado las manos a su rostro para aplicarle la crema con un masaje suave.

—Esta crema te cierra los poros después de la ducha —explicó mientras extendía el producto—Deberías cuidarte un poco más, tienes la piel fatal.

Tom cerró los ojos y se apoyó en el lavabo dejándose hacer.

—No tengo tiempo para estas cosas pero si tú te quieres encargar, te dejo —murmuró esbozando una sonrisa relajada.

Bill sacudió la cabeza aunque no pudo evitar sonreír también mientras se le quedaba observando unos segundos más estudiando su cara con detalle.

—Deberías cortarte un poco el pelo, al menos las puntas para sanearlo —añadió moviendo un mechón rebelde que le estorbaba—Y recortarte más la barba, estás hecho un salvaje.

—¿Eso es una crítica o una invitación para que lo deje todo en tus manos?—comentó Tom abriendo los ojos.

—Es una observación profesional —contestó Bill entre risas dándole un golpecito en la barbilla—Pero si quieres que me encargue yo tendrás que dejar que tome ciertas decisiones como cortarte el pelo…

—Creo que así está bien —se negó Tom llevándose instintivamente una mano al cabello húmedo—Tú también lo llevas largo y yo no te he dicho nada de cortártelo.

—Porque a mí me queda bien —murmuró Bill arqueando una ceja sonriendo—Y además, yo me lo cuido.

—Es verdad, se me había olvidado que tú eres el experto en belleza de la casa—comentó Tom entre risas.

—No lo digo yo, lo dicen los hechos —replicó Bill señalándolo con el tubo de crema—Y esos mechones resecos tuyos están pidiendo una mascarilla hidratante a gritos.

Tom se acercó un poco más mirándole con esa mezcla de desafío y cariño que siempre le dedicaba.

—¿Bajamos a cenar o empezamos un debate sobre quién tiene mejor el pelo? —preguntó dedicándole una amplia sonrisa.

Bill levantó la barbilla con aire orgulloso.

—No sería un debate muy largo, la respuesta es evidente—contestó pasándose las manos por el pelo.

—Claro, claro… el rey de las mascarillas ha hablado—soltó Tom entre risas.

—Oye, que yo me lo curro—protestó Bill, aunque le delataba la sonrisa—No es culpa mía que tú trates tu pelo como si fuera un estropajo

—Mi pelo está perfectamente—murmuró Tom saliendo del baño fingiendo sentirse indignado por el comentario.

—Tu pelo está pidiendo auxilio—corrigió Bill yendo tras sus pasos.

Salió del baño y entonces Tom lo cogió por sorpresa estrechándole entre sus brazos sin darle tiempo a reaccionar. No lo había pensando bien, habían estado bromeando hacía apenas unos segundos antes sintiéndose tan cómodos y relajados que no lo pensó demasiado cuando lo atrajo hacia él para apoderarse de sus labios. Se dejó llevar por un impulso, por la cercanía y por la confianza, y mientras empezaba a besarle con una mano le deshizo el nudo del albornoz dejando al descubierto su desnudez.

Pero en cuanto Bill sintió ese gesto su cuerpo reaccionó de inmediato poniéndose tenso, colocó las manos sobre el pecho de Tom y lo empujó con fuerza lo justo para apartarse. Se volvió dándole la espalda apretando el albornoz contra su cuerpo mientras respiraba de forma agitada intentando recomponerse.

Tom se quedó quieto sintiendo que el corazón se le encogía al comprender lo que había pasado, su primer instinto fue acercarse para abrazarlo y tranquilizarlo pero sabía que en ese momento no debía tocarlo.

—Bill… lo siento mucho —se disculpó al momento—Me he dejado llevar y te he cogido desprevenido.

Bill permanecía de espaldas respirando pesadamente, intentando que su cuerpo dejara de reaccionar como si estuviera en peligro constante. Sabía que Tom no quería hacerle daño, pero el sobresalto había sido demasiado brusco y demasiado parecido a ciertas cosas que aún no había terminado de superar.

Tom dio un paso atrás para dejarle espacio levantando las manos en un gesto casi instintivo de calma.

—Bill… de verdad, perdóname—repitió sintiendo que se iba a echar a llorar—No quería asustarte ni hacerte recordar.

Bill cerró los ojos unos segundos intentando ordenar sus pensamientos, sentía que le temblaban las manos así que las apretó contra el albornoz para que Tom no lo viera aunque sabía que él lo notaría igual.

—No… no ha sido culpa tuya —murmuró al fin con la voz algo rota—Es que me ha pillado por sorpresa y he reaccionado sin poderlo evitar.

—No debería haberlo hecho así —admitió Tom tragando con esfuerzo—Me dejé llevar por la situación, estábamos cómodos riéndonos y no lo pensé bien. Solo quería abrazarte sin pensar que a lo mejor no era lo que tú querías…

—Tus abrazos son lo que más necesito en estos momentos—confesó Bill en un susurro sin volverse aún—Pero no cuando no lo veo venir, no cuando siento que… que me hacen perder el control.

Tom cerró los ojos un instante dolido por la idea de haberle provocado esa sensación.

—No lo volveré a hacer—prometió con firmeza—Solo quiero que estés bien y que conmigo te sientas seguro.

Bill cogió aire profundamente sintiendo que poco a poco su cuerpo empezaba a relajarse. No se volvió todavía, aún necesitaba algo más de tiempo para recomponerse.

—Contigo me siento seguro, pero necesito que las cosas vayan algo más despacio—murmuró con los ojos cerrados—Solo necesito más tiempo para volver a ser el de antes y que puedas abrazarme sin miedo a que me venga abajo.

—No voy a volver a sorprenderte así, te lo prometo—dijo Tom con firmeza.

Bill se pasó una mano por el pelo húmedo y finalmente se volvió, sus ojos estaban un poco brillantes pero ya no había miedo en ellos. Tom no se movió de donde estaba esperando a que fuera él quien decidiera la distancia.

—No quiero que te alejes de mi—susurró Bill dando un paso hacia él—Solo que me acompañes, a mi ritmo.

Tom asintió con la cabeza con una ternura que casi se podía tocar sin moverse del sitio dejando que Bill se le acercara y apoyara la frente en su pecho suspirando. No lo abrazó de inmediato, esperó y cuando sintió que se relajaba del todo entonces sí le rodeó lentamente la espalda con los brazos, como si lo envolviera en un refugio.

—Gracias —susurró Bill acomodándose contra su cuerpo.

—Gracias a ti por confiar en mí —murmuró Tom con los ojos cerrados.

Bill siguió respirando pausadamente dejando que el temblor que aún sentía en su cuerpo se fuera disipando poco a poco, sentía el calor de los brazos de Tom rodeándolo con una delicadeza que no tenía nada que ver con el impulso inicial. Esta vez no había prisa, tensión o sorpresa, solo calma.

—No quiero que esto nos estropee la noche —susurró Bill apoyando la mejilla contra su pecho—. A veces… simplemente me bloqueo pero no es por ti.

Tom bajó una mano hasta su espalda y la deslizó por ella lentamente como si quisiera recordarle que estaba ahí y que no iba a soltarlo.

—Lo sé —dijo con suavidad—Y no tienes que disculparte por sentirte así, estoy contigo para lo bueno y para lo difícil. No voy a irme a ningún sitio.

Bill cerró los ojos dejándose envolver por esa seguridad que tanto necesitaba, sentía el corazón de Tom latiendo agitadamente contra su oído de manera constante y firme, casi hipnótico.

—A veces me cuesta creer que pueda volver a sentirme así de seguro con alguien—confesó en voz baja.

—Pues créetelo, porque no pienso soltarte—murmuró Tom apoyando la barbilla con suavidad sobre su cabeza—Y si alguna vez te sientes mal, o te asustas o necesitas parar, solo dímelo. No tienes que cargar con nada solo.

Bill lo sabía, se lo había escuchado decir en más de una ocasión y sus palabras le hacían sentirse más seguro de lo que se imaginaba.

Permanecieron abrazados unos minutos más sin hablar, no había necesidad de hacerlo. Solo respirando juntos, dejando que el momento difícil se disolviera entre sus brazos y cuando por fin Bill levantó la cara sus ojos ya no tenían miedo, solo una calma nueva y más profunda.

—¿Listo para vestirnos y bajar a cenar?—preguntó Tom acariciándole la mejilla con el pulgar.

Bill asintió en silencio esbozando una débil sonrisa. Entonces se soltaron y empezaron a vestirse en silencio sintiendo que habían superado ese pequeño tropiezo saliendo más unidos que antes.

&

Se había entretenido más de lo que esperaba, quería recoger algunas cosas de su apartamento y cuando por fin salió rumbo a la nueva casa ya casi estaba anocheciendo. Abrió el maletero del coche, guardó las cuatro bolsas llenas de ropa y objetos personales y luego volvió a sentarse al volante arrancando.

Cuando llegó la casa estaba sumida en un tranquilizador silencio, los camiones de la mudanza ya no estaban aparcados frente a ella y usando su propia llave David entró cargando las bolsas. No quiso molestar a Arthur, sabía que debía de estar ocupado aún con la mudanza así que se dirigió directamente las escaleras hacia su habitación.

Por el camino se cruzó con Tom, que bajaba ya vestido y arreglado para cenar.

—¿Te echo una mano? —se ofreció Tom al momento.

—No pesan mucho, gracias —contestó David negando con la cabeza.

—Pensé que aún estarías en el club —comentó Tom sin poderse contener.

—Ese era el plan, pero viendo que todo estaba en orden y que después del turno de comidas baja el ritmo de trabajo decidí marcharme—explicó David por encima—Pasé por mi apartamento y recogí algunas cosas.

—Las mudanzas son un caos —dijo Tom sonriendo.

David le devolvió la sonrisa y estaba a punto de seguir su camino cuando sintió la necesidad de hablarle de algo que le estaba preocupando.

—He visto a Andreas —soltó al fin incapaz de mantenerse en silencio—No lo está pasando bien, tiene problemas con Víctor y está preocupado porque no sabe nada de ti desde hace dos días.

Tom resopló al escucharlo, era cierto que había estado ignorándolo pero Bill le necesitaba a su lado y él quería estarlo por completo aunque eso significara apartar al único amigo que había tenido de verdad.

—Deberías hablar con él —dijo David mirándolo con seriedad—Está esperando noticias tuyas y quizá que le ayudes con lo de Víctor.

—Lo única manera de ayudarle es que marchándome bien lejos —murmuró Tom sin poder contenerse.

—¿Tú y Andreas… fuisteis pareja? —quiso saber David, aunque después de haber hablado con Andreas ya intuía la respuesta.

—No exactamente, pero hubo algo entre nosotros —admitió Tom sin ganas de entrar en detalles—Andreas se entregó a la relación más de lo que yo sentía y cuando vio que no podía ser decidió poner distancia. Había conseguido olvidarme, pero entonces le pedí ayuda y volví a meterme de lleno en su vida poniéndola patas arriba. No debí hacerlo…

David se le quedó observando en silencio unos segundos como si estuviera valorando cada palabra antes de decirla.

—Tom, no puedes culparte por todo lo que ha ocurrido—empezó a decir con voz suave— A veces las cosas se complican aunque no queramos pero desaparecer tampoco ayuda.

—No quiero hacerle más daño —murmuró Tom bajando incómodo la mirada.

—Y aun así lo estás haciendo —comentó David con calma sin reproche, solo con una sinceridad que desarmaba—Andreas ahora no necesita que te vayas lejos, solo necesita saber qué tal estás, qué sientes y qué piensas hacer aunque no sea lo que él espera.

Tom apretó los labios, como si esas palabras le dolieran más de lo que quería admitir.

—No sé qué decirle —confesó en voz baja.

—Empieza por la verdad —sugirió David—Dile que los dos estáis pasando por un momento delicado, que no sabéis aún cómo manejarlo. No tienes que darle explicaciones perfectas, solo honestas. Créeme, eso ya sería un alivio para él.

Tom respiró hondo, como si el aire pesara.

—¿Y si se enfada con mis palabras?—preguntó arrugando la frente.

—Quizá lo haga, pero también es posible que lo entienda—contestó suspirando David— Andreas te aprecia mucho y tú a él aunque ahora estés centrado en otras cosas.

Tom levantó la vista, sorprendido por lo directo que era David.

—No quiero perderlo, es mi mejor amigo…el único que tengo—confesó en un susurro.

—Entonces no lo pierdas —dijo David sonriendo levemente—Habla con él cuando te veas con fuerzas, no hace falta que sea ahora mismo pero hazlo cuanto antes. No dejes que el silencio haga el trabajo por ti.

Tom asintió con la cabeza, sabía que David tenía mucha razón y el consejo que le había dado le había calado más de lo que quería admitir. Hablaría con Andreas pero no en ese momento, no después de lo que había ocurrido con Bill en la habitación que aún le tenía temblando por dentro.

Se prometió a sí mismo hacerlo al día siguiente antes de la hoguera, no debía seguir posponiéndolo y menos sabiendo que días después Bill y él se irían de viaje.

Tenía que arreglar lo suyo con Andreas antes de marcharse, no dejarle atrapado en sus pensamientos atormentado por un pasado que al parecer ninguno de los dos había terminado de cerrar.

&

Terminado su turno Andreas salió por la puerta trasera del club junto a Melissa y Anouk estirándose después de tantas horas de pie. El aire fresco del atardecer le venía bien, sentía la cabeza cargada y el ánimo algo revuelto.

Ni siquiera se había despedido de Víctor que parecía de lo más cómodo sentado en el embarcadero con Lukas mientras disfrutaban de una limonada bien fría junto a Marie y comentaban cómo les había ido el primer día. No quiso interrumpirles, sabía que ambos necesitaban tiempo para aclarar sus ideas y quizás con un poco de suerte más tarde se llamarían o se enviarían un mensaje de buenas noches.

—Hoy se me ha hecho eterno —comentó Melissa suspirando—Apenas he salido para nada del despacho, me he sentido encerrada todo el día.

—Ha sido un turno raro —añadió Anouk—Y David se fue antes de tiempo habiéndose ausentado toda la mañana igual que ayer.

—Nunca había faltado tanto—apuntó Andreas frunciendo el ceño sin poder evitarlo—Siempre bromeábamos diciendo que parecía que vivía en el club porque era el primero en llegar y el último en irse.

—A lo mejor es que se está viendo con alguien —sugirió Anouk—Todo encaja, quieren pasar juntos todo el tiempo posible y por eso ha contratado a nuevos camareros, para poder ausentarse sin problemas.

—David nunca habla de su vida privada, y nosotros tampoco deberíamos hacerlo —dijo Andreas con firmeza.

—¿Has tenido ocasión de hablar con él? —preguntó con suavidad Melissa.

—Ha habido mucho trabajo y apenas le he visto—contestó Andreas.

—Aun así, es raro —insistió Anouk—David siempre avisa a mi madre con antelación cuando cambia turnos o cuando no viene. Y hoy nada, todo ha sido tan de repente…

—¿Y si dejamos de hablar de David? —pidió Andreas, algo más brusco de lo que pretendía—Todos tenemos derecho a tener privacidad.

—¿Privacidad en un club donde los rumores se extienden más rápido que la pólvora? —replicó Anouk alzando una ceja—Seguro que ya todo el mundo está comentando lo raro que es que David se haya ausentado. Y no hablo solo de nosotros, cuando los clientes se aburren se ponen a cotillear de lo que sea y lo peor es que se inventan la mitad de las cosas y nunca aciertan.

—David es más que nuestro jefe —insistió Andreas con un tono que dejaba claro que el tema le incomodaba—Es nuestro amigo y deberíamos respetar su intimidad sin importar lo que se diga en el club.

—No te enfades, solo nos preocupa que algo le esté pasando a David—intervino Melissa poniendo algo de paz—Es importante para todos y nos preocupamos por él.

Andreas apretó la mandíbula unos segundos intentando mantener la compostura.

—Lo sé —murmuró esa vez con un tono más calmado—Pero precisamente por eso es mejor no especular.

Melissa le dio un golpecito amistoso en el brazo.

—Está bien, cambiemos de tema —propuso Melissa, dándole un golpecito en el brazo—Mañana tenemos la hoguera y David me ha pedido que estemos todos a las cinco en el club, el padre de Bill quiere decirnos algo.

—¿Jörg Kaulitz pisando el club? —inquirió Andreas, alzando una ceja—Si nunca viene, y eso sí que es raro siendo el dueño.

—Rarísimo—confirmó Anouk—Mi madre siempre dice que si aparece por allí es porque algo importante pasa o algo muy malo.

—Igual solo quiere hablar con nosotros antes la hoguera, darnos las gracias por el buen trabajo que hacemos—sugirió Melissa—No sé, David no me dio detalles.

—Bueno, sea lo que sea mañana lo sabremos—murmuró Andreas.

—¿Irás a la hoguera, verdad? —preguntó Anouk mirándole fijamente.

—Claro —contestó Andreas en voz baja desviando la mirada—No me la perdería por nada en el mundo.

Porque en el fondo sabía que lo que realmente no quería perderse era la oportunidad de volver a ver a Tom y obtener por fin alguna respuesta, David le había confirmado que iría y no podía evitar sentirse muy nervioso por eso.

Siguieron caminando en silencio hasta llegar al camping, cada uno se dirigió hacia su bungalow y Andreas levantó la mano para despedirse antes de entrar en el suyo.

Melissa y Anouk se quedaron un momento en el porche observando cómo la puerta se cerraba tras él.

—Ojalá la hoguera sirva para que se arregle lo suyo con Víctor —comentó Melissa suspirando.

Anouk negó con la cabeza, sin apartar la vista del bungalow de Andreas.

—Pues yo creo más bien que si va es porque cree que Tom asistirá también —soltó sin poderse contener—Y eso le va a hacer daño a mi hermano… verlos juntos, hablando como si nada…

—Anouk…—empezó a decir Melissa mirándola preocupada.

—Es la verdad —insistió Anouk bajando la voz—Andreas intenta disimularlo pero se le nota y si mañana Tom aparece como si nada pasara Andreas se va a romper por dentro arrastrando a mi hermano de paso.

—Entonces habrá que estar pendientes de ellos —dijo Melissa con firmeza—No quisiera que pasase la noche de la hoguera sintiéndose solo.

—Ojalá Tom pudiera hablar con él antes de que sea demasiado tarde—murmuró Anouk con una expresión cargada de inquietud.

Ambas se quedaron un instante en silencio escuchando el murmullo lejano del bosque y el crujido de las ramas movidas por el viento. Luego sin decir nada más se dirigieron a su propio bungalow cada una con la sensación de que el día siguiente iba a ser más complicado de lo que se imaginaban.

&

Tras la marcha de Tom, David subió las escaleras en silencio aún sintiendo en el pecho el peso de la conversación mantenida, pero lo dejó a un lado cuando llegó al final del pasillo y abrió la puerta de su nueva habitación hallándola vacía.

Dejó las bolsas en el suelo y se dirigió al baño donde el vapor de la ducha todavía flotaba en el aire, Jörg se encontraba ante el espejo secándose el pelo con una toalla mientras llevaba otra ajustada a su cadera. Al volverse le vio apoyado en el marco de la puerta y a los pies de la cama varias bolsas.

—¿Y eso? —preguntó Jörg con una sonrisa señalándolas.

—He traído algunas de mis cosas —explicó David mirándole fijamente—Ya que voy a instalarme aquí, pensé que era buen momento para empezar. ¿Para qué esperar?

—Me parece bien —dijo Jörg sonriendo—Cuanto antes te instales, mejor.

David asintió aunque no pudo evitar sentir un leve rubor extenderse por sus mejillas, había algo en la forma en que Jörg lo miraba, una mezcla de serenidad y atención que lo desarmaba.

—No es mucho —comentó carraspeando David—Solo ropa y algunas cosas personales, cuando tenga más tiempo iré trayendo más cosas.

—¿Todo bien en el club? —quiso saber Jörg.

—Sí—contestó David sonriendo—Decidí marcharme al ver que descendía el ritmo de trabajo y lo dejaba en buenas manos.

Jörg asintió con una sonrisa tranquila y se apoyó en el lavabo mientras veía cómo David entraba del todo en el baño.

—Si llego a saber que ibas a venir antes te habría esperado—murmuró con un tono cálido—Hubiéramos compartido una ducha de lo más placentera.

—Entonces tendrían que empezar a cenar sin nosotros —replicó David con una sonrisa divertida— ¿Y qué pensaría Bill? Creería que no podemos contenernos, como si fuéramos quinceañeros.

Jörg soltó una carcajada suave y lo atrajo hacia él rodeándolo con los brazos y besándole suavemente en los labios, apenas un roce pero lleno de intención.

—No sé qué me pasa —confesó Jörg con un suspiro apoyando la frente contra la de David—Es tenerte cerca y me transformo en otra persona. Dejo de ser ese abogado estricto que no sabe sonreír y me convierto en alguien que no puede dejar de hacerlo porque contigo me siento… muy feliz.

David sintió un calor inesperado en el pecho, no era la primera vez que Jörg le decía algo parecido y cada vez que lo hacía lo desarmaba un poco más. Había una sinceridad en su voz que no dejaba espacio para la duda.

—Yo también soy muy feliz a tu lado—comentó David acariciándole el brazo—Como nunca antes lo había sido.

Jörg cerró los ojos unos segundos, como si esas palabras le hubieran tocado algo profundo.

—No quiero que nos volvamos a separar nunca más—dijo con firmeza.

David se le quedó mirando fijamente y por un momento sintió que el mundo parecía detenerse. Las bolsas en el suelo, el vapor en el aire, la luz cálida del baño… todo se volvió secundario.

—Jamás me iré de tu lado—prometió David con una certeza que le sorprendió incluso a él.

Jörg esbozó una sonrisa sincera que iluminó su rostro.

—Bajemos a cenar antes de que se den cuenta de nuestra ausencia—murmuró rozándole la mejilla con el pulgar—Y después… seguimos donde lo hemos dejado.

David asintió con la cabeza sintiendo que por primera vez en mucho tiempo estaba exactamente donde debía estar.

&

Sentía que prácticamente había echado a Tom de la habitación, pero necesitaba unos minutos a solas después de lo ocurrido. Con la excusa de que tardaría en arreglarse el pelo Tom lo entendió sin dudar y lo dejó tranquilo en el baño mientras se vestía con toda rapidez y salía de la habitación.

Solo entonces Bill cogió aire y lo soltó lentamente estudiando su reflejo en el espejo. Tenía los ojos llenos de lágrimas aunque no se permitió derramarlas, tenía que superarlo y evitar que Tom volviera a sentirse culpable solo por haberse atrevido a tocarle. Sabía que le iba a llevar mucho tiempo y pondría todo de su parte por recuperarse.

Apoyó las manos en el borde del lavabo intentando que la frialdad de la cerámica lo anclara un poco. Sentía que le ardía la garganta de contener el llanto y aun así lo tenía que hacer porque sentía que si se echaba a llorar sería una especie de derrota personal.

Se odiaba un poco por ello. Por necesitar espacio, por no haber podido simplemente relajarse cuando Tom lo había tocado sin esperarse una respuesta así de su parte…por ver su gesto preocupado y sentir que era él quien había hecho algo mal.

—No debería ser así… —murmuró para sí mismo.

Cerró los ojos unos segundos intentando ordenar el torbellino que sentía dentro. No era culpa de Tom, lo tenía bien claro, él solo había querido ayudar estando a su lado ofreciéndole todo su cariño. Y él… él había reaccionado como si algo dentro de su cuerpo se encogiera sin permiso.

La vergüenza le pesaba en el pecho no por lo que había pasado sino por cómo se sentía después, por no poder controlar del todo sus propias respuestas y por temer que, tarde o temprano, Tom se cansara de actuar con tanto cuidado a su alrededor.

Se pasó una mano por el rostro, secando las lágrimas que no habían llegado a caer.

—Voy a estar bien —se dijo a sí mismo aunque no estaba seguro de creerlo del todo—Solo… necesito tiempo.

Pero en el fondo temía que el tiempo no sería suficiente…

Se dio toda la prisa posible en arreglarse respirando de forma pausada para intentar calmarse, cuando por fin terminó salió del baño y se vistió con rapidez, no quería ser el último en llegar a cenar ni que su padre leyera en su rostro lo que había ocurrido.

Al salir de la habitación y avanzar por el pasillo se encontró con su padre y con David en las escaleras, tal y como había temido a su padre le bastó un par de segundos para darse cuenta de que había estado llorando.

—David, ¿por qué no bajas mientras hablo un momento con Bill? —pidió Jörg en voz baja.

No tuvo que repetirlo, David asintió y bajó las escaleras dejándolos a solas.

—Vayamos a tu habitación —pidió Jörg carraspeando.

Bill dio media vuelta y regresó a su habitación seguido de su padre, entró y se sentó a los pies de la cama con las manos entrelazadas sobre su regazo.

—¿Ha pasado algo? —preguntó Jörg visiblemente preocupado.

Bill negó con la cabeza, lo último que quería era que su padre pensara que Tom le había hecho daño cuando era justo lo contrario.

—Sea lo que sea, debo saberlo —insistió Jörg.

—No… no ha sido nada —empezó a decir Bill con voz temblorosa—Tom y yo estábamos bromeando en el baño sobre cambios de imagen y tratamientos capilares, una tontería que nos tenía muertos de risa pero entonces… entonces me abrazó con fuerza y eso hizo que volviera todo y que me asustara no porque él me hiciera nada malo, es solo que… me pilló desprevenido.

Jörg lo observaba hablar en silencio con una mezcla de preocupación y ternura que solo un padre puede sostener sin romperse. Se sentó lentamente a su lado como si temiera que cualquier movimiento brusco pudiera hacer que se cerrara aún más.

—No tienes que avergonzarte por sentirte así—dijo con suavidad.

Bill apretó los labios al escucharle, la vergüenza ya estaba instalada en su pecho como un nudo difícil de deshacer.

—Es que… no quiero que Tom crea que hizo algo mal—murmuró tragando con esfuerzo— Y tampoco quiero que tú lo pienses.

—Sé que Tom jamás te haría daño—dijo Jörg con firmeza—Y sé que tú lo quieres mucho, pero también sé que hay cosas que cuestan y que llevan tiempo. Y no tienes que demostrar nada a nadie.

Bill sintió un pinchazo en la garganta, ojalá fuera tan fácil como su padre lo decía poder controlar su cuerpo, sus reacciones y ese sobresalto que no pedía permiso.

—Me siento fatal —confesó en voz baja dejando caer los hombros—Como si hubiera arruinado ese momento con Tom, como si yo fuera el problema.

—No eres el problema, Bill—dijo Jörg frunciendo el ceño con una profunda tristeza por tener que verle en ese estado—Estás pasando por algo difícil y eso no te hace débil ni defectuoso, solo humano.

Bill respiró profundamente intentando que las palabras calaran un poco en su interior, no estaba seguro de conseguirlo pero agradecía que fuera él quien se lo dijera.

—Tom te quiere mucho—añadió Jörg con una sonrisa leve—Y David y yo también, y ninguno vamos a dejar de hacerlo porque necesites tu tiempo para volver a ser quien eras.

Bill asintió en silencio agradecido por sus palabras, aunque sentía que la culpa seguía ahí aferrada pero al menos sabía que no estaba solo con ella.

—El otro día estuve hablando con Gordon —dijo Jörg de repente—Me comentó que quizá te vendría bien hablar de lo sucedido con alguien, y creo que tiene razón. Me ha dado varios nombres de colegas suyos muy buenos, porque entiende que no te sentirías cómodo volviéndole a tenerle a él como psicólogo.

—¿Tengo que hacerlo? —preguntó Bill en voz baja.

—No, si no quieres —contestó Jörg con firmeza—No pienso obligarte a hacer algo que no desees, pero creo que te haría bien acudir a terapia. No tienes que darme una respuesta ahora, ni ir de inmediato, cuando regreséis del viaje lo hablamos de nuevo.

Bill asintió sintiéndose más aliviado, la idea de volver a terapia no le entusiasmaba porque había pasado media vida asistiendo a sesiones impuestas por su madre, empeñada en «corregirlo» sin entender que ser gay no era ninguna enfermedad que necesitara cura.

—Venga, bajemos a cenar —dijo Jörg levantándose.

Bill se puso en pie suspirando dispuesto a salir de la habitación, pero entonces su padre se le acercó lentamente con los brazos ligeramente abiertos para darle un abrazo pero con miedo de asustarlo si lo hacía de repente sin avisar.

No retrocedió al verle, se dejó envolver por los brazos de su padre sintiendo en ese abrazo toda la fuerza que necesitaba para poder seguir adelante.

Continúa…

Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 🙂

por lyra

Escritora del Fandom

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