Días de cosecha

(One-Shot de Xim_Alien)

«Días de Cosecha«

Hoy es el último día de cosecha, y afuera el sol abrasador da la bienvenida para que uno de los dos muera bajo su incandescente brillo. A mi lado, Tom roncaba sin miedo a despertarme, acostumbrado a hacerlo desde los últimos tres años, no me despertaba, puedo jurar que también yo lo hago, y para ser honesto, amo verlo dormir y escucharlo roncar, así que le regalo unos minutos más.

Cuando ha sido suficiente, empiezo a despertarlo con caricias y besos en su frente y sus mejillas, anoche habíamos venido a la habitación temprano para hacer el amor, y luego nos quedamos dormidos hasta pasadas las primeras horas de la madrugada, había pasado tiempo sin haber pasado un día romántico, habíamos dejado pasar la ocasión por los días en los que debimos ocuparnos en otras cosas, el arreglo de la granja, la venta de los vegetales, la cosecha de café que se arruinó al último momento por la pasada ventisca. Todos los días terminaban de igual manera, con nuestros ánimos y llegábamos a la cama sin ganas por el otro, Tom terminaba más que exhausto. Sin embargo anoche, fue la primera en el último par de meses, y la aprovechamos como nunca.

—Despierta, amor, hay que cosechar la lavanda.

—Bill, no —se quejó.

—Anda, amor, es hoy el gran día, Tyron vendrá a recoger el lote.

—Me duelen los brazos —dijo con una sonrisa.

—Por supuesto que no, siempre trabajas con los brazos, no pueden dolerte ahora.

—Sí que puede, ayer te lo hice como si no hubiera un maldito mañana, y puse todo mi empeño.

—Sí, lo sé —dije sonriendo como una adolescente—, me lo hiciste tan malditamente bien que me corrí como si jamás hubiera tenido un orgasmo antes.

—Te amo, amor.

—Y yo a ti, Tom, pero vamos, levántate, la lavanda se va a arruinar luego.

—Sí, vamos.

Para cosechar la lavanda en su mejor punto, se necesita ocupar las primeras horas del día, cuando sus hojas tienen su propio aceite a su máxima capacidad, de lo contrario, pasado el día, sus hojas ya no tienen la misma cantidad que en la mañana. Por eso, rechacé sus labios, porque sabía que si aceptaba sus besos, ya no habría quién nos detuviera, y Tyron vendría, no quería verlo aquí sin nada que llevarse.

Los dos salimos de la casa de inmediato, ya después nos haríamos cargo del desayuno. Cuando iniciamos con la granja, lo hicimos desde cero, con el menor número de animales, incluso la tierra para cosechar, fueron metros cuadrados para cada vegetal, sin embargo hoy, a cinco años de nuestra llegada, todo ha ido creciendo, no es una mentira que hemos tenido problemas por hacer crecer esto, pero hemos tenido suerte, y por esta misma razón, la maquinaria también ha ido cambiando. Al inicio, una pequeña cosechadora funcionaba, ahora veo a Tom subir a esa especie de tractor cosechador, y mi sangre borbotea hasta mis genitales, y es entonces cuando decido ir a darles de comer a los patos, los dos borregos que están próximos a dejar su lana, y por último, alimento a Dennis y a Thelma, dos chanchitos que se han vuelto mi adoración, por último, paso al gallinero a recoger los huevos que han dejado esta mañana.

Vuelvo hacia donde está él y lo veo bajar de la máquina, su pelo ondulado cae por su espalda, y pronto empieza a soltar gotitas que resbalan por su piel, su camiseta ya también tiene manchas de sudor, y su piel, apuesto que está caliente y húmeda y siento que pronto tendré que atenderme solo, pues no creo que él pueda hacerlo ahora.

—Buenos días, Bill —la voz de Tyron me descoloca y vuelvo hacia él para darle la bienvenida estrechando su mano.

—Hola, buenos días.

—¿Cómo va tu mañana?

—Excelente, Tom ya está a punto de terminar.

—Perfecto. ¿Te ayudo con eso? —preguntó dirigiendo su mirada a la canasta en mis manos, llenas de huevos frescos.

—No, estoy bien. Voy adentro y vuelvo para acompañarte. ¿Te ofrezco algo de beber?

—No, así estoy bien, gracias.

Entré a la casa y dejé la canasta de huevos. Por la ventana, vi a Tom cargando con la carretilla para llevar la última pequeña carga de lavanda, pues ya no cabía en las cajas que suele usar para cargar el camión de Tyron. Salgo de prisa para ayudarlo, pero cuando llego con ellos, encuentro que entre los dos, han podido vaciar la carga.

—¿Es todo?

—Sí, ¿es suficiente?

—No se llenó el camión —dijo subiendo a su camión para corroborar la cantidad—, Minah no te querrá pagar completo.

—Bueno, es lógico que no le pediré el pago de siempre, pero no puedo aceptar menos del setenta por ciento.

—Claro, lo entiendo. Los llamo y vengo con el dinero.

—Perfecto. Nos vemos.

—Hasta luego, Bill.

—Adiós, Tyron.

No pude ignorar la expresión de Tom, una mezcla de enojo y tristeza latente, me acerqué hasta él para abrazarlo y así quedamos ambos.

—Tranquilo, Minah entenderá.

—Eso espero, la casa necesita reparaciones.

—Lo sé, amor, pero podremos con esto.

Habíamos tomado todo el dinero para reparaciones de la granja y añadir metros de tierra fértil, habíamos quedado casi en ceros, aún así no alcanzaba para los arreglos de nuestra propia casa.

—¿Quieres desayunar o ir a la cama? —pregunté con una sonrisa en mis labios.

—¿A la cama ahora? ¿Ya me viste? Estoy chorreando de sudor.

—Por eso precisamente. Me encanta verte sudar.

—Bill —pronunció en medio de una risita avergonzada.

—Cógeme —supliqué.

—¿Ahora?

—Anoche me quedé con ganas —confesé en su oído.

—Pero te hice llegar.

—Lo sé, pero quisiera que nunca te salieras de mi cuerpo.

—Bien, pero te lo haré donde siempre he querido hacértelo.

—Dime.

No dijo nada, solo tomó mi mano y aprovechó que la puerta de la caballeriza estaba abierta, solo Niebla estaba ahí, seguía un poco triste porque Coal, su compañero, estaba con el veterinario, y no volvería hasta pasadas las tres de la tarde.

—¿Aquí?

—Sí, ¿no se te antoja?

—Huele a mierda de caballo —reí y enseguida Niebla resopló.

—Solo bájate los pantalones.

Obedecí sin rechistar y me sujeté al muro del establo de Coal, Tom abrió mi trasero y solo mojó uno de sus dedos para preparar mi entrada, metió su erección luego de unos segundos y aunque me dolió al instante, alcancé a morder parte de mi manga, Tom continuó y el dolor disminuyó.

—¿Te gusta así?

—Sí… sí… más, dame más… quiero… tu leche.

—¿La quieres? ¿Quieres de mi leche en tu agujero?

—Sí, sí, sí la quiero —supliqué.

Arremetió contra mí un par de veces de más y más, hasta que por fin explotó en mi interior. No dejé que se saliera de mi cuerpo, lo detuve en cuanto sentí que se estaba preparando para salir y no lastimarme en el intento.

—Quédate, adoro sentirte adentro.

—Y a mí estar en tu interior. Pero, debo preparar la tierra.

—Luego la preparas, quédate.

Y se quedó, besó mi cuello y luego mordió mi oreja derecha, lamió el sudor de mi piel y volví a moverme con él dentro de mí para que sintiera nuevamente ese choque eléctrico en su cuerpo, sonreí cuando apretó mi cintura con sus manos.

—Te amo, Bill.

—Y yo a ti, Tom.

—¿Podemos hablar de bebés? —dijo luego de unos segundos en silencio.

—¿Qué?

—Vi una prueba de embarazo en el baño de nuestra habitación, ¿me lo has estado ocultando?

—Mi transición fue hace mucho tiempo, no he menstruado desde entonces.

—¿Entonces? —preguntó saliendo de mí por fin.

—Me he sentido mareado, la prueba salió negativa y lo dejé pasar.

—Iremos al médico.

—No, no es nada, ya no tengo mareos ni nada, olvídalo.

—Bill, me preocupas.

—Pues no lo hagas, estoy bien, en cuanto vuelva a marearme te lo haré saber. ¿De acuerdo?

—Bien, no quiero que me ocultes nada.

—Okey.

Los mareos desaparecieron considerablemente, sin embargo volvieron un par de semanas después, las reparaciones de la casa se vieron pospuestas por la llegada de un bebé, al final, sí era un embarazo, una bebé que llegó a alegrar nuestras vidas, fue difícil, pero pudimos salir adelante con ella. Casi al mismo tiempo de su cumpleaños número tres, nació el potro de Niebla y Coal, Durazno, ese fue el nombre que ella le puso, había comido un durazno que Tom cortó del árbol junto a la casa, y no desperdició la oportunidad de ponerle así al pequeño caballo negro com manchas grises y blancas.

Nuestra vida cambió cuando nos mudamos de la ciudad al campo, aún así los dos queríamos una vida lejos de nuestras familias que no aceptaban nuestra relación, había noches en las que quería llamar a mis padres para decirles que tenían una nieta hermosa, con ojos verdes y piel rosada, cabello cobrizo y, darles la noticia que compartía el nombre de mamá, Sadie. Quería escuchar su reacción, pero siempre que llamaba, el teléfono sonaba y sonaba sin que alguien atendiera del otro lado. Tom hacía lo mismo con su familia, jamás aceptaban sus llamadas. Dejamos de intentar cuando Sadie cumplió cinco años.

El campo nos cambió por completo, aún así, disfruto ver a nuestra hija corriendo, los animales, los árboles, nuestra granja, cosechar lo que sembramos, disfrutamos juntos los atardeceres y cada día junto a nuestra familia.

Estábamos completos.

F I N

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por Xim_Alien

Escritora del Fandom

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