En el baile de caridad

(One-Shot de Xim_Alien)

«En el baile de caridad«

El amanecer se cuela por la ventana, me hace abrir los ojos y la mañana enfría mi piel en segundos, entonces me doy cuenta de que estoy desnudo, la sábana no cubre mis brazos, así que son los primeros que se congelan casi al instante. Mis piernas y mi torso siguen cubiertas por la sábana y sonrío gracias al recuerdo de anoche.

Volteo a mi izquierda y noto que Tom no está, me pregunto si quizás podría estar en la cocina preparando el desayuno para ambos, o tal vez está en su estudio, trabajando o en una importante junta en línea. Me siento en la cama y reviso cada rincón, me gusta su departamento, me encanta, las ventanas de piso a techo, permitiendo una vista perfecta de la ciudad. Entonces me levanto casi como un robot, hipnotizado por la vista que tengo frente a mí, la aguja de Berlín, esa torre que en mi vida he sabido qué es, tal vez Tom lo sepa, siempre he admirado su inteligencia; también puedo ver las casas, el río, los puentes y las personas yendo y viniendo a prisa o en total tranquilidad. Mi reflejo en el vidrio me hace querer regresar a la cama inmediatamente, estoy desnudo de pies a cabeza y de repente siento como si toda la gente en la calle fuera capaz de verme. Sé que no, que es imposible, pero así lo siento. Cuando me giro para regresar a la cama, noto que mi ropa está en un gancho, colgada en la manija de una puerta. Camino hacia él y me visto rápidamente.

Salgo de la habitación y me encuentro con el pasillo que en la noche no me pareció ni un poco largo, hoy parece enorme, sin fin, mucho blanco, con mucha luz gracias a la ventana del fondo que provee de luz natural. Camino hacia mi izquierda y cuando me hallo al final de este, escucho dos voces, una es de él, no podría confundirlo en ningún sitio, y la otra voz es de una mujer. Me quedo detrás de la pared que divide el pasillo de la cocina para escuchar la conversación.

—¿Compraste lo que te pedí ayer?

—Sí, señor. Traje todo lo que me pidió, pero se me olvidó decirle que hay hormigas en el traspatio, ya ve que ahí Scotty hace sus necesidades, y por más que lavo no se van, ya eché cloro y jabón, y sigue apareciendo el caminito de hormigas.

—No te preocupes, hablaré con el servicio de fumigación.

—No, señor, le van a quitar su dinero por echar agua, déjeme conseguir un líquido súper bueno, yo me encargo.

—Bien —contestó Tom con una risa que ya había escuchado antes.

—Bueno, me voy señor. Ya acomodé la despensa, le dejé sus camisas en la lavandería, las dejé colgadas, ya no las sacuda ni nada o volverán a arrugarse, ya también hice de comer.

—No me faltes nunca, Míriam.

—No, jamás, no he trabajado en ninguna casa como la suya.

—Por cierto, ¿cómo está tu hijo?

—Bien, está aquí en Berlín, ya está trabajando porque lamentablemente no puedo seguir pagando sus estudios, le dije que si quería seguir estudiando tendría que pagarlo él. Gracias a Dios tengo un muchacho centrado y con los pies en la tierra.

—Qué bueno, si necesita algo, dile que me busque.

—Muchas gracias, señor, yo le digo, pero de una vez le comento que no creo que lo haga.

—¿Por qué? ¿Es igual de terco que su madre?

—Terco y orgulloso. Lo dejo, señor. Nos vemos el martes.

—Sí, Míriam. Muchas gracias.

Veo a Tom acompañándola, sale del departamento y luego de un minuto más o menos vuelve a entrar ya sin ella.

—¿En serio tienes que preguntarle por mí? —pregunto cuando entra y me mira sonriendo mientras me siento en un banco frente a la barra.

—¿No dijimos que no se enteraría? —explica sonriendo y obviando lo que ya habíamos hablado con anterioridad, mientras camina hacia mí. Estando sentado en el banco, me sujeta del cuello y así, besa mi boca y atrapa mi lengua con la suya—. ¿No te gusta que le pregunte sobre ti?

—Es que… —lucho por recuperar mi aliento y limpio la saliva alrededor de mis labios.

—Siento que es demasiado, se va a dar cuenta.

—No, no lo hará, soy cuidadoso.

—Claro. ¿Quién puso mi ropa en el gancho?

—Ella, pero yo la puse donde la encontraste. ¿Quieres desayunar?

—O sea que ella no entró.

—No. Puedo hacerte hotcakes, huevo con jamón y tocino, el amor. Tú pide.

—Lo que quieras —dije coqueteando.

—Sé serio, no puedo hacerte todo a la vez.

—Huevo con jamón y tocino.

—Hecho. Y entonces… ¿Ya tienes trabajo?

—Sí, empiezo mañana.

—Sabes que te puedo dar el dinero que quieras, ¿verdad?

—Sí, eso lo supe cuando me invitaste a salir.

—¿Recuerdas esa cita?

—Fue la mejor y la peor cita de toda mi vida.

—¿Ah sí? ¿Por qué?

—Porque casi chocas en la intersección para llegar al restaurante, y luego yo tiré la copa, me diste la rosa y la dejé en la mesa. Cuando salimos del restaurante y me abriste la puerta, me tropecé con el desnivel del suelo…

—¿Me estás diciendo que te pongo nervioso? —preguntó interrumpiéndome.

—Mucho, pero ese no es el punto ahora, déjame terminar.

—Bien, termina.

—Y luego, me abriste la puerta del auto, y no podía ponerme el cinturón, y empecé a sudar porque ibas a entrar al auto e ibas a verme que no podía contra el puto cinturón de mierda, y claro, tú te ofreciste a ayudarme y luego me besaste.

—Y tú me seguiste el beso.

—Sí, ya lo sé, y no me arrepiento, pero fue la peor cita porque no pude hacer nada bien.

—¿Que no hiciste nada bien? Bill, todo tú eres perfecto, no necesitas hacer nada más. Estoy hasta las nubes por ti.

—Dejé la rosa en la mesa —dije con la voz cansada de mi estupidez, mientras pasaba mi mano derecha por mi cara para ocultar, de algún modo, lo idiota que resulté ese día.

—Lo sé, ya lo dijiste y lo repetiste esa noche mil veces. Pero, ¿sabes lo que más recuerdo yo?

—¿Qué?

—Que nunca pude apartar la vista de ti. Me enamoraste al instante con tus sueños, tus planes, tu forma de ser y tu humor, y obviamente tu belleza, esa noche estabas tan hermoso.

—¿Solo esa noche?

—Siempre.

Se acercó a mí dejando los hotcakes cocinándose, se inclinó a mí los suficiente para atrapar mis labios y nos besamos, primero tiernamente y luego, de a poco, él y yo sumamos la intensidad hasta que me hizo gemir en su boca. Creí que no lo había escuchado o que lo dejaría pasar, sin embargo se rió en mi boca y me sentí un poco avergonzado. De repente me suelta y se dirige a la estufa nuevamente.

—Me gusta lo que llevas puesto —dice rompiendo huevos en una sartén, sonrío y escondo mi expresión en mis manos para contestar su cumplido con otro cumplido.

—A mí me gusta lo que está debajo de lo que llevas puesto.

—Es que la escuché y me puse la bata, pero cuando estás aquí, sabes que no me importa nada enseñártelo.

—Doy gracias a Dios por eso.

—Ven.

Estira su mano por encima de la barra, la tomó, entonces me hace rodearla para llegar a él, y así, me rodea con sus brazos. Me hace quedar con la espalda en su pecho, no deja la sartén desatendida, y tampoco mi cuello.

—Sigues oliendo tan delicioso como ayer.

—Que equivocado estás. ¿Me prestas tu ducha?

—No la necesitas. Sigues oliendo a mí, por favor, quédate así y demuéstrale a toda la gente que eres mío.

—¿Te gusta la idea de ser el dueño?

—Me vuelves loco, ¿te basta con eso?

—Te amo, Tom —dije mientras sonreía, diciéndole que sí, que me bastaba y era más que suficiente.

Tom y yo salimos desde hace dos meses, es poco lo sé, pero la forma en la que nos conocimos, por medio de mi madre, fue muy graciosa y a la vez, tan romántica, que no pude sacarlo de mi mente. Desde entonces nos hemos visto en todas las situaciones posibles, luego de la tercera cita, me trajo a su departamento, lo hicimos y supimos que somos el uno para el otro, aún así, Tom no me había dicho nada parecido, y no lo culpaba. Desde la preparatoria quise estudiar psicología, y Tom sería mi objeto de estudio para todo, desde el hecho de que sus padres están muertos y el efecto que tuvo en él, así como su madre adoptiva, Simone, quien siempre está al pendiente de él y de mí desde que me conoció hasta el hecho de que todo en su departamento tiene su lugar. Y no es que sea TOC, esto no es TOC, pero sí una cosa de abandono.

—Yo…

Me doy la vuelta y coloco mi dedo índice en sus labios.

—No digas nada.

Esta vez, soy yo quien da el primer paso para besar su boca. Estando detrás de mí, puedo sentir su miembro en mi trasero, y me calienta, y a pesar de ello, permanezco en mi sitio sin intentar nada. De un momento a otro olí el fuerte olor a quemado, al inicio no me importó, pero luego recordé que el tocino estaba en la sartén y entonces decidí hablar.

—El tocino se quema —le informé y cuando llegó a la sartén, se dio cuenta de que el tocino estaba calcinado, a punto de iniciar un incendio.

Volvió a poner unas tiras de tocino en la sartén, y cuando todo estuvo listo, los dos comimos sentados al comedor. Luego de ese enorme y delicioso desayuno, Tom recibió una llamada por lo que aproveché para entonces sí, meterme a la ducha. No tardé mucho y salí del baño, afuera, escuché la voz de una mujer que reconocí la instante. Su madre, Simone.

—¿Van a ir al baile? —le preguntó con un tono extraño.

—No lo sé, tiene trabajo y no quiero presionarlo a estar rodeado de gente que pueda hacerlo sentir incómodo.

—Bueno, no puedes ir solo —explicó—. O vas con él o vas con otra persona, pero sabes que debes estar ahí, no puedo estar yo ahí sin ti. Todo mundo te conoce y me bombardearán con preguntas.

—Madre, prefiero ir solo que con alguien más.

—Bueno, ya sabes. Por cierto, está aquí, ¿no? —se preguntó volteando a todos los lados del departamento, yo seguía detrás de la muro que divide la sala del pasillo a las habitaciones.

—Hola, Simone —dije saliendo a la sala.

—¡Oh, Bill! ¿Cómo estás?

—Bien, Simone, gracias. ¿Y tú?

—Perfecta, ya sabes. Acabo de ir a que me coloquen un poco de bótox y creo que está perfecto, ¿no creés?

—Sí, sí. Ni siquiera pensé en que traías bótox, es sutil y te ves preciosa.

—Calla, envidio tanto tu cutis. Tom, hazme un favor, no te acabes su belleza.

—Madre —dijo Tom a modo de regaño.

—Irás al baile de mañana en la noche, Bill. No dejes que este tonto arruine mi evento yendo solo.

—Debo trabajar, Simone, discúlpame.

—¿Para qué trabajas?

—Para ganar dinero, creo —contesté un poco conflictuado. ¿Acaso no era obvio?

—Mi pregunta es, ¿para qué necesitas ese dinero?

—Ah, bueno, quiero seguir estudiando, pero mis mamá no puede ayudarme, vivimos al día y lo que gane es para colegiaturas y libros.

—Te daré todo lo que necesites, pero por favor, ve al baile de mañana.

—¿Qué? No necesitas…

—Escúchame con atención, Bill, este niño que ves aquí —señaló a Tom con su dedo índice de la mano derecha, sin dejar de verme a mí en el proceso—, es mi adoración, los medios lo conocen, todo nuestro círculo lo conoce, todo el mundo sabe que lo adopté y que es mi mayor adoración. En su vida a faltado a ningún evento benéfico organizado por mí o por cualquier otra persona, no ha faltado  a ninguno. Antes de que llegaras tú, iba con sus noviecitas en turno, amigas o con cualquier chica que se dejara seducir por el tan bello hombre que crié. Pero ahora estás tú, y no puedo maravillarme al imaginarlos ahí, la hermosa pareja que estará bailando en medio del salón. ¿Qué dices? Te pago la carrera completa, pero por favor, vayan juntos.

—Yo no necesito caridad, Simone, necesito trabajar mañana, es domingo y habrá propinas enormes.

—Bien, entonces te la pondré así —dijo y dio un paso hacia enfrente, hacia mí, haciéndome dar un paso atrás en reacción—, vas a ir al baile de mañana con mi hijo, de lo contrario, tu madre se va a enterar de lo que está pasando entre ustedes dos, y no creo que le guste la idea de que te estés acostando con “un niño rico que…”

—¡Simone! —la interrumpió Tom.

—¡No! Ustedes no entienden lo importante que es esto para mí.

—Pero no puedes venir a mi departamento a amenazar a mi novio.

—No es una amenaza.

—¿Entonces?

—Un plan. Solamente. Bill, considera tu carrera pagada, mandaré a alguien a investigarte ya que no creo que quieras darme los datos ni nada de información. Les dejo la invitación. Pon atención al dress code, Tom, por favor, no quiero que vuelva a pasar lo del 2013.

—Era un niño entonces.

—Un niño mal vestido.

Ella salió y yo no supe qué era lo que había pasado. No entendí qué había pasado en absoluto. Tom agarró la invitación y la iba a romper cuando por inercia se la quité de las manos.

—Bill, no tienes que haces lo que ella quiera.

—Déjame ver qué es, puede que me agrade, si no me agrada no iremos.

—El tema —empezó mientras yo abría el sobre tipo carta antigua—, de este año es exagerado, ni siquiera sé si sigan haciendo trajes de esa época.

—La asociación en beneficio con las mujeres y niños del mundo, les complace invitarlos al baile de este año, un evento que se celebra para recaudar  bla, bla, bla… con la subasta y bla, bla, bla… María Antonieta, será el nombre del evento este año, así que ven y pasa una noche agradable, bailando y ayúdanos a recaudar fondos. No olvides que los vestidos y trajes para esta celebración, deberán ser acorde a la época —leí en voz alta. Cuando levanté la vista de la invitación, Tom estaba sentado frente a la barra, con los codos en la superficie para apoyar su rostro en sus palmas—. Oh wow, te envía también una tarjeta con el tipo de vestuario a usar.

—Basta, amor. No sigas.

—Quiero ir —anuncié al ver el vestido y el traje de ejemplo.

—¿Qué? —preguntó sentándose recto y bajando sus manos a la superficie de la barra.

—Tenemos que ir.

—No tienes que…

—Iré con vestido y tú con el traje, ¿te imaginas verme con este tipo de vestido? Vas a querer arrancármelo.

—Por lo regular son capas y capas de telas, no podría ni aunque me lo proponga.

—Tom, por favor, vamos.

—Maldita sea, pensé que contigo podría alejarme de esos eventos.

—¿No te gustan?

—No me gusta estar rodeado de gente pretenciosa. Es todo.

—Pero es importante para Simone, anda, vamos. Será divertido.

—Entonces vamos a buscar los trajes —dijo cansino.

&

El baile iniciaba a las siete en punto, cuando Tom y yo llegamos ya había pasado esa hora, sin embargo, no pudimos burlar a la prensa, todas las cámaras dispararon flashes hacia nosotros, me cegaron y casi caigo gracias al suelo del jardín, era un salón precioso, justo con la fachada que requería un baile de época. En el suelo, justo antes de entrar, había una marca en el suelo, donde teníamos que detenernos y que los camarógrafos pudieran seguir disparándonos. Pero no tenía pensado lo que Tom haría en ese momento.

—Tenías razón, resulta divertido.

—Te lo dije, nadie se imagina que también tengo pito —dije con una sonrisa de oreja a oreja.

Tom me tomó de la cintura, me colocó frente a él, y besó mis labios, la prensa se volvió loca, los flashes eran tremendamente cegadores en medio de la noche oscura, y Tom estaba siendo el príncipe que jamás imaginé tener. Era el baile al que siempre quise ir y no lo sabía.

Entramos al salón después de regalarles aquél beso, y el centro del salón ya estaba repleto. Había personas saludándose entre sí, otros buscaban su mesa, las cuales, se encontraban junto a la pista de baile, cada una ya contaba con los nombres a modo de reservados, todo estaba listo para que los meseros pudieran atender a cada comensal.

—Nuestra mesa está por allá —me indicó y, nervioso de repente, al darme cuenta que estaría rodeado de más personas y que tal vez mi voz no combinaría con la imagen de esa noche.

De repente volteé al no sentir su mano en la mía, y es que alguien atrás me lo había arrebatado, estaba saludando a unas personas, y le hablaban mientras él me miraba a mí, entonces me acerqué con un poco de miedo, él alargó su mano hacia mí y yo lo alcancé.

—Buenas noches —saludó un hombre mayor—. Un gusto conocerla, señorita —dijo, tomando mi mano y besando el dorso de ella, sus labios estaban húmedos, y me picó su barba, fue un tanto desagradable y divertido a la vez.

—Disculpe, vamos a pasar a nuestra mesa.

—Nos tocó en la misma gracias a Dios —dijo él, apoyando su bastón para dar el paso.

El tiempo transcurrió y yo seguía sin hablar, el viejo no paraba de verme, incluso cuando me levanté al baño, pude sentir que me quitaba las copas de tela una a una. Cuando regresé a la mesa, Tom evitó que me sentara, me invitó a bailar y yo lo seguí.

—No sé bailar esto.

—No me importa, solo no quiero compartirte con ese viejo.

—Me ha estado desnudando con la mirada desde que nos saludó.

—Sí lo sé. Solo sígueme el paso y ya.

El paso cambió a un baile organizado, pude llevar el ritmo en poco tiempo y agradecí que los pasos fueran fáciles, de lo contrario, podría pisar a Tom o a cualquier otra persona que se acercara a mí.

—Gracias por venir —dijo Simone cuando todos dejaron de aplaudir después del baile—. ¿Y Bill?

—Hola —dije y ella abrió los ojos como un par de platos llanos.

—Santa madre de la caridad —dijo ella.

—Querías que viniera, pero no dijiste cómo exactamente.

—Sí, sí, lo acepto. Disfruten la noche.

Luego empezó la subasta, fue entonces cuando Tom y yo salimos del salón. El jardín era encantador, el salón una especie de castillo, la noche estrellada era mágica, nosotros viajamos en el tiempo y yo me sentí como un niño con el mejor deseo hecho realidad.

—Tenías razón —dijo en mi oído al abrazarme por atrás.

—¿En qué? ¿Que sería divertido?

—Sí, pero también que iba a querer arrancarte el vestido.

—¿Aquí?

—Está oscuro, y todos están adentro.

—¿Y la prensa?

—No veo a nadie merodeando.

Un árbol fue lo único que nos pudo servir como refugió. Tom sacó su miembro y necesitó un poco de ayuda con mi boca para estar a tope de erecto, me puso de espaldas, levantó el vestido y las dos capas de abajo. No teníamos espacio en nuestros trajes para un lubricante, así que cerré los ojos cuando sentí su punta tratando de entrar en mi cuerpo, apreté los puños y entonces él se dio cuenta, lo escuché escupir su mano y agradecí que hiciera eso, sin embargo no era suficiente.

—Trataré de que no te duela.

—Está bien —dije nervioso y con la voz entrecortada.

Hizo a un lado las pocas rastas que habían quedado sueltas debido a la media coleta que me hice como peinado, una media coleta con trenzas en la coronilla y de ahí, todo suelto, dejó mi cuello descubierto para besarme, lamerme y marcarme, cosa que se me hacía de mal gusto, pero tampoco encontré fuerzas para detenerlo. Mientras me distraía, consiguió meter toda su longitud, y yo no pude hacer nada más que soltar un quejido. Y entonces tapó mi boca, vimos entonces una pareja de señores mayores, ella con un abanico haciéndose aire de forma tan lenta, que dudé en qué en serio estuviera haciéndose aire; y él, con un abrigo que resultaba realmente pesado a la vista.

—Muévete —dije apenas en su mano, en forma de murmullo y salivando gracias a su mano ejerciendo presión en mi boca.

Lo hizo despacio, lento y sin provocar ningún ruido, al menos hasta que la pareja salió de nuestro radar, y Tom terminó moviéndose para salir y entrar en mí. Como pude, sujeté su cintura con ambas manos y puse presión en su cuerpo para que alcanzara más profundidad en mi cuerpo.

—El vestido me estorba —susurró en mi oído.

—Carajo.

Con una de sus manos, me masturbó hasta que los dos nos corrimos, él dentro de mí y yo en su mano. Salió de mí y me giró para besarme, los dos estábamos sudando, con las respiraciones entrecortadas, y aún así, con sed de seguir un beso que seguramente acabaría con nosotros en la cama de su apartamento.

—¿Podemos irnos? —pregunté aún en su boca.

—Tenemos que entrar y despedirnos de mi madre.

—Vamos.

Él acomodó mi vestido, se agachó hasta el suelo y acomodó todo para que nada diera una pista sobre lo que había tenido que pasar el vestido. Entramos al salón, el señor de antes volvió a besar mi mano en forma de despedida, trató de besar mi mejilla, pero a pesar de que no dejé que lo hiciera directamente, pudo descubrir mi cuello y susurrar algo que me dieron escalofríos.

—Ojalá te vuelva a ver pronto.

Sonreí negando, y busqué a Tom, él rodeó mi cintura y yo besé su mejilla. El viejo sonrió en forma de burla, como si le importara poco lo que pudiera o no representar Tom en mi vida.

Encontramos a Simone segundos después, ella sonrió y negó repetidas veces al ver mi vestido, le hice una reverencia y ella me hizo girar en mi lugar.

—Te ves, divina, cariño. Mañana iré a visitarte —se dirigió a Tom.

Por último, al llegar al departamento, pasó lo que tenía que pasar. Tom me quitó el vestido y quedó de piedra cuando me miró sin él.

—¿Qué…? ¿Bill?

—¿Te gusta?

Tenía debajo del vestido una lencería rosa pastel que tenía desde hacía tiempo guardada, no era una mentira entre los dos que me gustaba sentirme un poco más femenino de lo socialmente permitido, llevaba en la sangre mi feminidad más desarrollada que mi masculinidad. Así que esa noche no fue la excepción; llevaba un ligero a la mitad de mi muslo izquierdo, los tacones rosas hacían juego con el vestido y con la lencería; traía puestas medias, una tanga y un brasier, un camisón con encaje rosa, todas las tiras y tirantes también eran rosas, en el mismo tono pastel.

—¿Es demasiado? —volví a intentar porque él no hablaba.

—Eres perfecto, mi vida —dijo sin poder creer lo que veía frente a él. Me di una vuelta, lentamente frente a sus ojos, me acerqué a él y le quité la chaqueta, abrí sus pantalones, desabotoné su camisa y mientras la deslizaba por su espalda lamí sus labios—. ¿Quién eres hoy?

—Bautizame. Hoy soy quien tú quieras.

Entonces me hizo el amor, me cogió y me dejó montarlo con el nombre de Aly.

Al día siguiente, no solo llegó Simone para visitarnos y desayunar como a veces lo hacía, desperté y mi ropa seguía esparcida en el suelo, los gritos afuera eran increíblemente furiosos, y Simone seguía gritándole que era el peor imbécil de todos, que todo era su culpa y mía, que no quería verme nunca más en el departamento de su hijo, y seguía preguntándome qué había hecho mal.

—¡Lo siento! No pensé… —se escuchó una palmada de piel contra piel.

—¡Claro que no pensaste! Es que los dos son… Unos putos imbéciles que por tu calentura quedé arruinada.

Mi celular comenzó a sonar, tenía diez llamadas perdidas de mi madre y empecé a rezar.

—¿Bueno?

—Eres tú. Eres tú el de la foto en el periódico, ¿por qué? ¿Por qué así, mi vida? ¿Qué hiciste?

—Mamá, ¿de qué hablas?

—Hay una foto tuya en el periódico, con el joven Tom, ¿por qué? ¿Por qué tuvieron que hacer eso afuera de un evento de esa señora?

Congelado, me puse una bata, volví a tomar el celular y mi madre seguía diciéndome cosas mientras lloraba. Salí de la habitación y lo primero que busqué con la mirada fue un periódico, ahí estaba, pero no solo había un periódico, había diferentes de ellos, revistas de chismes y en la laptop pude ver una página abierta, lo primero que veía era la misma foto, Tom detrás de mí cogiéndome, los dos detrás del árbol.

—¿Por qué, Bill? —repitió mi madre al teléfono.

—Lo siento mucho, mamita, lo siento en el alma.

Y colgó.

Simone me miró como si fuera una pila de mierda, mis piernas no pudieron seguir sosteniéndome y llegué al suelo, avergonzado, tuve vergüenza de todos y me imaginé la vergüenza al tener que salir del departamento.

—No quiero verte, por ahora, será mejor que permanezcas fuera de mi alcance si no quieres que te mate y que te prohíba volver a verlo. Trataré de solucionar esto… —dijo Simone encendiendo un cigarrillo—, desastre.

—Somos humanos, lo entenderán.

Entonces Simone propinó una cachetada a Tom, y entendí que no fue la primera a juzgar por el sonido. No solo se le veía furiosa con su hijo y conmigo, sino también decepcionada de los dos.

—Levántate, cariño —dijo ella al arrodillarse frente a mí—, ya todo mundo se imaginó cómo sería tenerte de espaldas —escupió en mi cara.

—¡Lárgate, Simone! —gritó Tom furioso.

—¡Me han dejado arruinada!

—¡Sí, y lo siento, pero no es necesario que nos humilles más!

Simone no dijo nada más y se fue.

—Lo siento mucho, mi amor —dijo Tom.

—Yo lo siento.

—No, fui yo quien tuvo la idea. Pero estaremos bien, todos en la vida tienen sexo.

—Pero no afuera del evento más importante de Berlín.

—Te digo algo.

—¿Qué?

—Que si levantas esta carita hermosa, nadie conseguirá hacerte sentir mal. Además, ¿sabes cuál es el problema de todo esto?

—Que mi madre y la tuya se avergüenzan de nosotros.

—Bueno, ¿sabes cuál es otro problema de todo esto?

—¿Cuál?

—Que todos van a saber qué es la envidia, todos van a querer estar contigo, pero saben que solo me perteneces a mí.

—¿Ah sí? ¿Y si no? ¿Y si en cuanto me reconozcan empiezan las burlas, y las ofensas?

—Por eso levanta tu rostro a dónde sea que vayas, nadie se atreverá a insultarte cuando vean tu seguridad y tu determinación. Todos tenemos sexo con la persona que nos gusta, el problema es que nos tomaron fotografías, y aunque mi madre esté furiosa, lo va arreglar, ya verás que pronto escucharemos de una demanda o algo similar.

—¿Estás seguro?

—Completamente.

Me ayudó a levantarme, nos metimos a la ducha y se preparó para trabajar en su oficina. Mientras él trabajaba, yo me quedé a limpiar su habitación, a recoger mi ropa y mi madre envió un mensaje nuevamente a mi celular.

Bill, sé que puedas estar enamorado del joven Tom, y no me cabe dudas de que él esté enamorado de ti, no sé porqué no me habías dicho nada al respecto, pero te diré una cosa, ya tienes problemas con esa gente. Sé que puedes estar con él en este momento, y solo quiero decirte que lo pienses, él no es alguien como nosotros, y nosotros no somos como él y esa gente. Piénsalo, mi amor, es mejor que estés rodeado de personas iguales a nosotros. No sabes el daño que le puedas hacer por esta foto. Siempre voy a apoyarte, ven, regresa a donde perteneces.

No sabía qué hacer, pero sí regresé a casa sin decirle nada.

.

Salí de la oficina y fui directamente a la habitación cuando no lo vi ni en la sala ni en la cocina, siempre que trabajo y da la noche y él se queda, le da por comer lo que Míriam prepara, o simplemente se sienta a la barra o en el sofá a ver sus redes sociales, lo encuentro riéndose por videos graciosos; sin embargo hoy era diferente, necesitaba todo el amor que pudiera darme, necesitaba saber que estaba conmigo, y solo se me ocurría que no estaba en otro lado más que en la habitación, ya que medio mundo había visto unas fotos donde él y yo estábamos teniendo el momento más excitante y más íntimo en la noche, en la oscuridad y donde nos sentíamos rodeados de una privacidad inexistente. Cuando abrí la puerta mi alma abandonó mi cuerpo, el vestido estaba sobre la cama con la nota de renta sobre él, y una hoja que me negué a leer. Lo primero que buscaron mis manos fue su contacto en mi móvil, rápidamente marqué su número y no contestó, envié mensajes que no llegaron y entonces me asusté.

Me senté en la cama junto al vestido y entonces tomé la nota a regañadientes y con la mano temblorosa, la desdoblé y ahí estaba su disculpa.

“Mi amor, Tom, por favor perdóname.”

Tomé las llaves del auto y fui a casa de Míriam, yo sabía bien donde vivía, muchas veces fui a dejarla a su casa cuando se le hacía de noche en mi casa porque se rehusaba a dejarlo para otro día, así ue cada vez que se hacía de noche, yo la llevaba a su casa, fue así como lo conocí a él.

.

Llegué a casa y mi mamá me recibió, con pena, aún así me abrazó y lloramos juntos. No me pidió explicaciones ni me atacó con interrogatorios, aunque para ser honesto conmigo mismo, todo eso vendría junto con el amanecer y el desayuno. Subí a mi habitación, lo primero que hice a puertas cerradas fue quitarme la ropa para quitarme la lencería, y ocultarla dentro de más ropa y así mantenerla lejos de la vista de mi madre por si en algún momento pudiera entrar a mi habitación, hace mucho ya no lo hacía, o eso creía, antes le daba por limpiar o solamente revisar.

Terminé y mientras doblaba esa lencería que compré con mi propio dinero, los recuerdos de anoche regresaron a mi mente,  haciéndome sonreír en el proceso. Entonces me acosté decidido a descansar, cerré los ojos y comencé a soñar.

.

Llegué a la casa de Bill, todo estaba oscuro menos un piso en la parte de abajo, supuse que era la sala, así que toqué el timbre con la mano que me quedaba libre. Míriam salió y sonreí aunque sabía que eso no era suficiente.

—¿Pero qué hace aquí, joven? —preguntó.

—Vine a hablar contigo, pero no como mi empleada, sino como futuro yerno.

—No, no y no. Joven, entienda, no solo soy su empleada, he trabajado para su madre desde que mi Bill estaba en pañales, y ahora mire, ¿por qué? Mi niño llegó hecho un mar de lágrimas, y la verdad no entiendo por qué tomaron esa decisión, ahora todo Alemania los ha visto.

—Lo siento, de verdad lo siento. Mi madre va a buscar una solución, eso se lo prometo.

—Yo sé que sí, la señora hace lo que sea por limpiar su imagen y de quien dependa de ella. Lo que no concibo es que mi hijo esté envuelto en todo esto.

—Déjame pasar y te diré lo que quiero hacer.

—Ya es noche, joven. Mi Bill ya se fue a dormir después de que dejó de llorar.

—Míriam, por favor, escúchame.

No tuvo otra opción que dejarme pasar, y me condujo hasta su sala, un espacio más pequeño que el mío, pero aún así, no dejaba de sentirse acogedor. Me invitó a sentarme y así lo hice.

—¿Y bien? —empezó ella.

—Entiéndeme, me enamoré de Bill. Te pido perdón primero que nada porque yo acepté que él no te dijera nada, dijo que no quería decírtelo porque dirías que no y no era lo que quería. Queríamos intentarlo y saber qué pasaría y después decírtelo si queríamos llegar a más. Luego me dijo que no lo aceptarías aún, no sé por qué y luego, solo te lo ocultamos.

—Soy su empleada y él es mi hijo, el único, ¿hay más razones?

—Bueno, solo quiero pedirte permiso para pedirle matrimonio.

—¿Qué? ¿Acaso no está enterado de lo que está pasando? ¿No sabe el problema que está enfrentando su madre por todo este escándalo? ¿No ha visto la foto publicada en todos los periódicos y revistas?

—Sí, lo sé, y ya perdí mi trabajo, no quiero perderlo a él, créeme, por favor. Él vino aquí cuando yo estaba en la oficina, salí sabiendo que él estaría ahí conmigo, y cuando entré a la habitación y solo estaba su nota, el alma se me fue completamente al piso. No puedo perderlo a él, entiéndeme. Puedes quitarme cualquier cosa que quieras, mi madre puede desheredarme si lo quiere,  puede quitarme mi departamento, cosa que no puede hacer porque yo lo estoy pagando, el punto es que prefiero quedarme arruinado, pero no sin Bill. Él es… todo lo que está bien en mi vida. No puede quitármelo nadie. Míriam, él es la persona que quiero para toda mi vida. Quiero casarme con él y que sea parte de mi vida, porque si no está, no sé qué haría.

—¿No sabe qué hacer sin mi hijo? Tom, usted tiene una vida llena de riquezas y de oportunidades, no deje todo eso por un amor que no sabe cómo terminará.

—¿Mamá? ¿Con quién hablas? —preguntó Bill bajando las escaleras. Míriam no contestó y yo me levanté lo más gallardo que pude con el ramo de flores que traía desde que lo compré a la vuelta de la esquina.

—Hola, amor.

—¿Qué haces aquí?

—Vine a hablar con tu madre.

—¿De qué?

—Bill, vete a tu habitación.

—No, no te vayas. Bill escúchame, quiero casarme contigo.

—¿Qué? —soltó una risita incrédula y sorprendida.

—Quiero hacer una vida juntos, contigo a mi lado porque te amo, te amo como nunca lo había hecho antes, y esta es la prueba que tanto estaba buscando, no quiero enfrentar este problema solo, quiero que estemos juntos en todo esto. En la empresa… ellos vieron las fotos, perdí mi trabajo, perdí mis acciones en la empresa, no quiero perderte a ti. Pueden quitarme todo lo que se les ocurra, pero no pueden separarme de ti. A menos que tú me lo digas, a los ojos, si tú no quieres y me aborreces, entonces me iré, con el corazón partido, y estas flores marchitas. Pero espero que sepas, que nadie me ha vuelto loco como lo has hecho tú. Ya le pedí perdón a tu madre por no haber hecho las cosas bien desde el principio, y creo que temes porque tu hijo esté en mi círculo, siempre ha sido un tema del que no quiero hablar, pero Bill se siente acomplejado, y no quiero eso, él sabe que lo que menos me importa es su dinero, yo tengo lo suficiente como pagar la carrera que él quiera, lo sacaré adelante y siempre lo amaré y lo respetaré y… no volveremos a cometer el mismo error, pero, Bill, por favor, te lo suplico y te lo imploro, no me abandones. 

—¿Mamá? —dijo él, esperando una respuesta por parte de su madre que ahora estaba muda y quien lloraba desconsolada.

—No quiero que nadie te lastime, que te miren hacia abajo como tanto me hicieron a mí. Su madre, la señora Simone, fue la primera persona que me trató como una persona, no como una simple criada, fue una entre un mar de ustedes.

—¿No debes sentirte más en confianza ahora que sabes que ya no estaré más en ese mar de gente? Lo he perdido todo, no dudo que mi madre lo solucione, pero no verán igual, seré el hijo adoptado que avergonzó a todos. No me querrán volver a ver en el club, en las plazas, en las fiestas, no seré bienvenido en ningún lado.

—Su madre haría lo que fuera, pero mi Bill nunca será parte de eso.

—Bill, por favor, ¿qué dices tú?

No contestó, seguía llorando frente a mí y cada una de esas lágrimas me dolía más que la anterior. Me acerqué a él sin importar la mirada reprobatoria de Míriam, y lo envolví en mis brazos, agradecí con el alma que no intentara apartarme, y entonces besé su cabello, su frente, sus labios y me quedé ahí, estático, con su frente en la mía, respirando el mismo aire y su aliento fresco. Me encantaba estar ahí, a su lado.

—Te amo —susurré y abrió los ojos como sorprendido, dejó de respirar un segundo y no pude evitar sonreír—. Te amo, Bill, te amo y no me había dado cuenta de qué tanto ya lo hacía, me tienes en las nubes día y noche y me rehúso, escúchame bien, me rehúso a vivir sin ti. Quiero despertar contigo diario, dormir, comer y cenar; quiero vivir problemas y momentos agradables solamente a tu lado. Dime que tú también lo quieres.

—Siento que hayas perdido tu trabajo.

—Tengo dinero suficiente para vivir los siguientes veinte años contigo a tu lado.

—No como mucho —confesó sonriendo de una forma que siempre guardaré en mi mente y en mi corazón.

—¿Eso fue un sí? —pregunté sin entender en verdad qué había sido esa respuesta. Y sonreí queriendo escuchar un sí definitivo.

—Sí. Yo también quiero estar contigo siempre.

No dije nada más, lo abracé y lo besé y le entregué las rosas mientras volvía a verla.

—Debes creerme cuando te digo que no dejaré que nadie le haga daño, debes creer en mí y sabes perfectamente que eres bienvenida las veces que quieras.

—¿Van a vivir en su apartamento?

—Sí.

—Así que he perdido mi trabajo también.

—Tengo amigas que podrían necesitar de tu trabajo.

—No volveré a ningún lugar donde me traten mal, joven.

—Ellas son igual que yo, no olvides que fui criado por Simone, y en la escuela solo traté gente igual a mí. Sabes que no soy como los demás. Déjame ayudarte.

No estuvo muy contenta hasta que empezó a trabajar con mi mejor amiga de la carrera.

Llevé a Bill a vivir conmigo una semana después. Simone no pudo hacer nada más que ventilar otra noticia, entonces, solo así todos olvidaron nuestra foto.

Bill y yo nos casamos dos meses después, cuando él y yo tuvimos todo listo. La boda fue tan pequeña, solo nos acompañó Simone y Míriam porque serían ellas las que firmarían el acta como testigos. Bill y yo fuimos vestidos en un traje blanco, pero a diferencia de mí, él se veía exquisito, sin embargo, cuando nos despedimos de nuestras madres, fuimos directamente en coche a la casa en la playa de Simone, una playa totalmente privada. Ese fue su regalo de bodas. Cuando llegamos, le mostré la casa y todos los rincones a Bill, luego lo dejé en la habitación y se encerró con una de sus maletas, me pidió que no me alejara de la habitación, así que me quedé en el pasillo, viendo una fotografía de Simone y su esposo antes de que él muriera debido al cáncer, después de eso ella me adoptó. Se le veía tan felíz con él a su lado, que de inmediato deseé una vida igual.

—¡Ya puedes pasar! —gritó desde adentro. Me imaginaba qué pudo haber hecho, y sonreí nervioso y a la vez emocionado, de repente me hallé tragando saliva y abrí la puerta. Él estaba ahí, en medio de la habitación, ya no tenía puesto el traje blanco, en su lugar, tenía el vestido que yo le compré, porque no estaba del todo contento con su traje de bodas, así que lo sorprendí esa misma noche que Simone lo llevó a comprarle el traje, él estaba triste y no pude verlo así por mucho tiempo, regresamos a la tienda y él escogió el hermoso vestido que ahora llevaba puesto.

Sus rastas las dejó sueltas, unas blancas y otras de su pelo natural, se veía increíble. No quería ni tocarlo para no arruinar su imagen, pero era Bill, se trataba de mi hermoso Bill, y por supuesto que también quería quitárselo y ver todo lo que llevaba abajo.

Y así fue, luego un beso largo, profundo, dejándonos llevar por el cosquilleo que ese beso provocaba, lo envolví en mis brazos y viaje por todo cuerpo, por cada parte y aterricé en cada uno de sus rincones, en ningún momento solté su boca. Abajo llevaba lencería blanca, misma que daba a su piel más iluminación, se veía realmente como porcelana viva. Tuve miedo de mancharlo de repente. Aún así, los dos terminamos en la cama, y él me hizo espacio entre sus piernas. No le quité nada, no le quité el vestido, no le quité ninguna pieza de su lencería, me bastó con tenerlo todo para mí, no me desagradaba nada, absolutamente nada. Solo me despojé de mi propia ropa, y ya nada me estorbo.

Las sábanas blancas quedaron olvidadas de nuestro tacto, al igual que el vestido, mismo que él mismo terminó por quitarse. En su cuerpo solo quedó la lencería, y ni siquiera el sostén quedó en su lugar, había bajado sus tirantes uno a uno, descubrí su pecho y me entretuve mientras sus manos ejercían presión para que no soltara sus pezones 

El lubricante dentro de mi neceser cumplió con su función, en un momento los besos se convirtieron en jadeos, la caricias en uñas afiladas y mi vaivén provocó que el sudor nos cubriera por completo. Estaba a gusto dentro de su cuerpo, queriendo y deseando que el tiempo dejara de correr para que la semana que teníamos como límite, no se terminara nunca.

Nuestro orgasmo llegó después de un rato, los dos nos quedamos ahí, a la espera de que nuestras respiraciones se normalizaran, y entonces el tiempo corrió como normalmente lo hace.

.

Hoy, quince años después, vivimos en la casa de la playa donde ese día lo hicimos hasta el cansancio. Simone falleció hace tres años, nos dejó la casa y vendió la de la ciudad, el dinero lo donó a investigaciones de cáncer y SIDA.

Míriam ya no trabaja, está tranquila viviendo sola en su casa, ahora solo la visitamos en Navidad hasta  Año Nuevo y después de eso, regresamos a casa.

Bill ha dado terapias psicológicas desde que recibió su grado de especialización en psicología conductual, por lo que ha dado terapias desde entonces a través de la pantalla. Hemos adaptado dos oficinas en la casa, una para mí y una para él. Al inicio fue difícil, pero después de un par de meses, Bill tenía sus propios pacientes, mismos que llegaron por recomendación. En cambio, la misma empresa donde trabajaba antes de que me echaran a raíz de las fotos, volvió a contratarme, ahora sin acciones porque no podía aparecer como una figura de alto rango después del escandaloso evento, pero el salario no era nada malo. Hoy vuelvo a los altos rangos, como director, así que solo tengo que ir a la ciudad una vez al mes, un día o por mucho dos, donde Bill y yo aprovechamos para ir de compras, por una cena o simplemente salir al cine, teatro, o incluso museo.

Hoy es nuestro aniversario número quince, he preparado una cena mágica a la luz de las velas, en la terraza con la hermosa vista al mar, siempre le ha encantado esa vista. Bill sigue usando ropa femenina, así que seguramente usará el vestido de seda que le compré en su último cumpleaños. Ojalá que lo use porque quiero pasar la noche unido a él y ese vestido lo hace ver como un espejismo.

Y ahí está, sí, usando el vestido de seda, su pelo ya no tiene las rastas de antes, pero es largo y negro, siempre me gustó que su piel pareciera todavía más blanca debido al contraste de su pelo.

Sonrío al verlo y me devuelve el mismo gesto.

—Hola, cariño —dice acercándose a mí. Mis pies desnudos se arrastran por la arena, los de él también para llegar a mí.

—Feliz aniversario —digo envolviendo su cuerpo en mis brazos como siempre me gustó hacer.

—Feliz aniversario —susurra en mi boca aún.

—Vamos adentro —termino después de besar su boca—. Está enfriando aquí afuera.

La luna ya estaba arriba de nuestras cabezas y aunque el cielo seguía azul, ya empezaba a enfriar. Tomé su mano y fuimos a la casa para dar inicio a lo que sería una noche especial. Aunque para ser sincero, todas las noches eran especiales, solo tenía que estar a su lado.

F I N

Administración: Espero les haya gustado. No olviden dejar su amor a la autora en los comentarios 😉 Gracias por la visita.

por Xim_Alien

Escritora del Fandom

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