
Resumen: Una declaración inevitable y muy romántica.
«Thanksgiving Day»
(One-Shot de Xim_Alien)
En la escuela, nuestros maestros organizan un picnic en el campo de fútbol, todos vamos a la cancha con nuestros alimentos y mantas para sentarnos en el pasto, y así compartimos, comemos, jugamos un rato y volvemos a las clases llenos y contentos, sin embargo, hoy será diferente, Tom y yo tenemos otros planes para este Día de Acción de Gracias.
El plan se le ocurrió a él cuando la señorita Sanders estaba dando los “pormenores”, como tanto le gustaba decir, del evento. Ese día caminamos por las calles del vecindario, y cuando estamos cerca de casa, él toma mi mano, fue entonces cuando se detuvo frente a mí, bloqueando mi camino y dijo que tenía una idea para después de la comida en la escuela, luego dijo que tal vez fuera durante el evento, que yo podía decidir, y un escalofrío recorrió mi espina. Emocionado, le pregunté de qué se trataba. Es por eso que hoy, primero de diciembre lo estoy escribiendo, en medio de la madrugada porque aún siento lo que sentí esa tarde de jueves, ese veintisiete de noviembre, ese Día de Acción de Gracias, que sé perfectamente que si tratamos de repetirlo, no será para nada igual, ni siquiera se acercará, y por eso, debo escribirlo, para recordarlo siempre que sienta que se me está olvidando.
El evento dió inicio a las diez de la mañana, todos cargamos nuestras mantas, comida, los amantes del football tomaron los balones disponibles, y todos fuimos directamente al campo, menos Tom y yo. En lugar de ir con toda nuestra clase, nos rezagamos. Todos los salones se quedaron vacíos, y había uno en especial que no tenía ninguna medida de seguridad, cero cámaras, cero vigilancia, y fuimos directamente a esa aula, los dos entramos y yo sonreí un poco nervioso y asustado por pensar que cualquier maestro ocupándose de ver si todo el edificio ya estaba vacío, podría atraparnos en medio de lo que fuera nuestro plan. Mamá nos había preparado fruta picada y bocadillos de papa, ella no lo sabía pero nosotros sí, no importaba lo que nos preparara, nadie tomaría nada de nuestra canasta, todos y cada uno nos miraban extraño, fuera la fecha en el calendario que estuviéramos, todos nos miraban como si estuviéramos siempre sucios, como si aceptáramos, solo nos teníamos el uno al otro y era suficiente, no me estaba quejando, pero podíamos quedarnos en cualquier punto del universo y nadie notaría nuestra desaparición, a nadie le importaría que no estuviéramos en el campo de fútbol, a nadie le importaría que nuestra comida no estuviera, éramos Tom y yo, y no nos hacía falta nada más en la vida. Así que, los dos dentro de aquél salón y yo con el corazón desbocado por si éramos descubiertos y, Tom dejó en el piso la canasta y tomó mi mano. Empecé a sudar.
—Quiero decirte algo —dijo frente a mí, aún con mis manos en las suyas.
—Te escucho.
—Solo quiero dar gracias por algo en mi vida, solo una cosa. Tú.
—Basta —dije tratando de no reír.
—¿Qué? Quiero que lo sepas, que lo escuches en algunas ocasiones tan siquiera. Te quiero, y no solo porque hoy sea un día en el que deba decirlo, solo quiero proponerme a decirlo de vez en cuando y no dar por sentado que lo sabes, no quiero que jamás lo olvides, lo mucho que te quiero y lo mucho que me haces feliz, no sé qué hubiera de mí si no me hubieras dicho que sientes lo mismo que yo siento por ti.
—Oh Tom, basta, por favor.
—Es en serio. Mira, eres el mejor amigo, hermano, y sobre todo, el mejor novio del universo.
—¡Van a escucharte!
—¡No me importa! Bill…
—Mande.
—Te amo.
—No puedes decir eso.
—¿No? ¿Por qué no?
—Tenemos quince años, no sabes lo que es eso.
—Claro que lo sé, no trates de hacer a un lado lo que siento y no trates de callarme.
—No es eso, solo quiero que entiendas que tal vez, cuando crezcamos pase todo esto, encuentres a una chica o a un chico y quizás llegues a decir eso mismo que dices de mí, pero por esa persona nueva en tu vida.
—Sigues pensando que dejaré de amarte.
—Por supuesto que lo sigo pensando.
—¿Por qué?
—Porque tú y yo tenemos quince años, no me puedes jurar amor eterno cuando solo hemos vivido quince años juntos.
—Bien, ¿cómo quieres que te lo demuestre?
—No lo sé, fue tu plan venir aquí desde un principio.
—Bueno, sí, pero tú eres el que sigue dudando de mí, ¿qué quieres que haga para demostrarte que mi amor y devoción por ti es honesto y que durará para siempre?
—Nada.
—Debe haber una forma para demostrártelo.
—Tom, Dios santo, estamos en una habitación totalmente prohibida, sin vigilancia, sin la compañía de un maldito adulto, creo que eres perfectamente capaz de que se te ocurra hacer algo conmigo, ¿no?
—Es que me daba pena decirlo, pero sí, sé perfectamente qué hacer.
No me pidió permiso, tan solo se acercó a mí un paso, su cara quedó a un palmo de la mía, y con cuidado, inocencia, y un poco de vehemencia, se acercó a mí un poco más, hasta que su boca pudo estar sobre la mía, sus labios, su lengua y pronto, sus manos en mi cintura, Tom y yo estamos juntos, como novios, desde nuestro cumpleaños trece, nadie lo sabe por supuesto, todos se convencen que hacemos todo juntos porque somos hermanos gemelos, esa explicación les basta, pero la realidad es que no somos solo eso, y lo cierto es que hemos hablado de nuestra primera vez como algo que sabemos llegará tarde o temprano, y cuando hablamos al respecto, lo hacemos desde el respeto, desde la perspectiva, con responsabilidad y desde la cruda realidad, pensando que tal vez ni siquiera se acerque a todo lo que miramos en la pantalla de nuestro ordenador, y hemos dicho que pase lo que pase, estaremos ahí, apoyándonos también.
—¿Estás listo? —preguntó sin quitarme los ojos de los labios.
—Sí.
—¿Por qué tiemblas, entonces?
—Estoy nervioso.
—¿Por qué?
—¿Cómo que por qué? ¿Es en serio? ¿No entiendes?
—No, estás conmigo, voy a ser cuidadoso, debes confiar en mí.
—Maldición, no es que no confíe en ti, es porque seguimos en este edificio y cualquiera puede venir y vernos.
—Le pondré seguro a la puerta —dijo dando pasos largos hasta la puerta, escuché el clic y regresó a mi lado. —¿Mejor?
—Sí.
Tomó mi rostro decidido a besarme otra vez, en mi mente se instaló la idea de que la persona frente a mí no solo era Tom, sino también mi hermano, y entonces imaginé a mamá, a toda la familia, los abuelos y nuestros tíos, qué harían si se enteraran de que he perdido mi virginidad con mi propio hermano, y entonces se me vino a la mente Dios, no podíamos estar haciendo o empezar algo que Dios no aprobaría, y peor aún, en Día de Acción de Gracias. Y como un flash, como un interruptor, todo se apagó, todas esas ideas desaparecieron cuando me di cuenta de dónde estaba la mano de mi hermano, y para ser más específico, la darme cuenta de dónde estaban sus dedos. Sus manos acariciaban mis glúteos por dentro de mis bóxers, y uno de sus dedos había entrado en mi cuerpo, para cuando metió el segundo, me robó el aliento, no pude jalar más aire, y solo contraje los músculos de todo mi cuerpo con mi cabeza sobre su hombro.
—Relájate, no voy a hacerte daño —dijo en mi oído, acariciándome con la otra mano mi espalda.
—Sé que no vas a hacerlo, solo que es mi primera vez.
—Te voy a cuidar, eso es lo que hace un hermano mayor.
—No digas eso —admití sonriendo.
—¿Por qué?
—No digas que eres mi hermano cuando tienen los dedos dentro de mí.
—¿No te excita aún más cuando lo escuchas?
No contesté no porque no tuviera la respuesta, mi respuesta era aceptarlo, no tenía nada más qué hacer, solo asentir, pero de pronto me sentía cohibido al tener que aceptar algo tan… ¿sucio? ¿Esto que estábamos haciendo y lo que estábamos por hacer era algo sucio?
Dejé de pensar en todo otra vez cuando sentí otro dedo inmiscuirse en mí, me arrebató nuevamente el oxígeno, mis ojos se fueron hacia atrás obligándome a cerrarlos, y me aferré a no seguir pensando.
—¿Te gusta? —preguntó, y entonces sí que asentí como pude.
Besó mi cuello al tenerlo expuesto hacia él, acarició nuevamente mi espalda, mi cabello, y luego sacó sus dedos de mí para quitarme la playera, él se quitó la playera, abrió sus pantalones y levantó una ceja sonriendo.
—¿Quieres? —preguntó bajando sus pantalones para sentarse en la silla frente al escritorio.
—¿Crees que lo vaya a hacer bien?
—Sí, y si no te iré guiando. No te preocupes, confío en ti.
De repente, no había nada en mi mente, no había nada ni nadie, ni palabras ni prejuicios que yo conociera por la sociedad, por lo cual pudiera sentirme sucio, avergonzado, nada en absoluto, solo una cosa, la preocupación por hacerle sentir bien con mi boca. Me acerqué a él, me besó, y luego me puse de rodillas frente a él, no lo metí en mi boca, tan solo lo lamí, lamí como paleta, hasta que se le puso duro, sonreí porque él se acomodó en la silla como si estuviera descansando, apoyó la cabeza en el respaldo y pienso que se dejó llevar porque no hacía nada de ruido más que unos simples quejidos, y mi mente me apremió por estarlo haciendo bien. Tal vez fue lo que dio valor, valor para engullir su pene, para meterlo entero a mi boca, para succionar, lamer, y sacarlo y meterlo con movimientos constantes, al ritmo de una canción en mi mente, sus ruidos que de pronto se hicieron más y más frecuentes, más y más ruidosos.
—¿Te gusta? —pregunté, no porque no me estuviera dando las señales para imaginarlo, solo quería engrandecer mi propio orgullo primerizo.
—¿Puedo decirte algo?
—Claro —dije sin aliento, de pronto aquello me sonó como si fuera a regañarme por algo que le había hecho a su pene y no quería que lo volviera a hacer.
—Déjame estar dentro de ti, no aguanto más.
Y entonces respiré aliviado, yo también estaba lo suficientemente excitado y duro como para resistir su intromisión, quería hacerlo con todas las ganas del mundo, quería saber qué era lo que se sentía tenerlo adentro, a él, a mi hermano gemelo, el amor de mi vida.
—Dime qué hago —dije levantándome del suelo, él se levantó de la silla y me besó, me besó como un par de adultos en una película, su lengua danzó con la mía y, nuestra saliva se multiplicó de inmediato, sabía bien, me gustó y supe que a él también. Rodeé su cuello con mis brazos y volvió a sentarse en la silla conmigo encima de él—. Así quédate —me dijo.
No había duda, quería que me quedara de frente a él, quería que me sentara encima de él y de su erección, y así lo hice, obedecí sin rechistar, sin encontrar un solo pero a la situación, sin refutar su idea, sin negarme a la experiencia, a su cuerpo, al amor que sentíamos él y yo por el otro.
No fue difícil, yo estaba listo, él igual, entró de inmediato y como un conocedor en el área, comencé a dar pequeños saltitos encima de él.
—¿Quieres que te diga algo? —me preguntó apenas con aliento.
—¿Cómo qué? —pregunté sin estar seguro a lo que se refería.
—No lo sé, algo que quieras escuchar ahora.
—Dime que somos hermanos —acepté con un poco de pena, no por el hecho, sino porque acababa de decirle que no lo dijera.
Admitió que fue gracioso, nos reímos solo un poco, y luego lo dijo, solo así, sin avisar ni dar un preludio, tan solo comenzó al mismo tiempo que tomaba mi cintura para hacerme subir y bajar sobre su miembro.
—Mi hermanito, vamos, vamos, por favor, quiero escucharte, quiero saber que te gusta esto, hermanito.
Esta vez no solo bajé y subí encima de él, gemí obedeciendo, gemí en su cuello y en su oído, dije su nombre un par de veces, tomé su rostro y lo besé, besé sus labios y él acarició mi cuerpo tanto como pudo.
—Ya —dijo soltando mis labios—, voy a correrme.
—Espera, hagámoslo al mismo tiempo —propuse y él sonrió.
Me masturbé un poco y besé sus labios para decirle que estaba a punto de tener un orgasmo gracias a todo lo que estábamos haciendo. Y así lo hicimos, yo me corrí en su abdomen, mi chorro blanquecino cayó directamente en su ombligo, y él abrió la boca cuando su semen entró en mí.
—Oh, por Dios santo —dijo y sonreí, sintiéndome grande, sintiéndome enorme, orgulloso y capaz de cualquier puta cosa. Tom, mi Tommy había tenido un orgasmo, yo mismo causé ese orgasmo con mi boca y con mi culo, él se había venido en mí, ahora era yo quien tenía su leche dentro, no esas estúpidas niñas que fantasean a todas horas con él. Era yo quien él prefería.
—Quiero más —dije sonriendo.
—No puedo, perdóname. Me dejaste seco. Era todo lo que traía, perdóname.
—No te preocupes.
—Te prometo que cuando seamos más grandes, tendré mucho y te lo haré todo el día.
—¿En serio crees que esto durará por mucho tiempo?
—Por supuesto que sí, te amo demasiado como para no seguir.
—Te amo también.
Los dos cerramos ese encuentro con otro beso como de adultos, me gustó y quería seguir besándolo así, pero me estaba excitando más y él ya no tendría la fuerza para seguir.
—Tenemos que irnos —dije.
—¿A dónde? —preguntó confuso.
—Al campo, tenemos que ir con los demás.
—¿Para qué? ¿Crees que tomarán de nuestra canasta? ¿Crees que van a notar que no estamos?
—Al menos por ti, hay niñas que babean por ti.
—Ya no.
—¿De qué hablas?
—Ya les dije que estoy enamorado de alguien, deben estar imaginando que estoy con esa persona.
—Y falto yo claramente.
—No, primero pensarán que estoy con una niña y que quizás tú estás cuidando la puerta.
—Si supieran que es a mí a quien terminaste apenas de coger.
—No lo digas así, no te cogí.
—No, no fue eso —concedí—. ¿Entonces no iremos?
—No, nadie se va a preocupar por nosotros, mejor ven aquí y comamos lo que mamá preparó. Nuestro propio picnic de Día de Acción de Gracias.
—Sí, es más que suficiente.
Los dos nos vestimos y nos sentamos en el suelo del aula, él abrió la canasta y comimos lo que mamá nos había puesto.
Fue el mejor día de toda mi vida y en vacaciones de Navidad tendremos muchas más noches, más oportunidades, pues los abuelos vendrán y tendremos mi habitación completa para nosotros. Lo que no me gusta demasiado es que no podré gemir como ese día, sé que le gusta escucharme hacerlo, le excita más, lo sé, me lo dijo, solo que, estarán los abuelos, y no podemos arriesgarnos a que se imaginen lo que Tom y yo hacemos dentro de mi habitación.
F I N
¿Qué les pareció? ¿Hermoso, verdad?