1: El Loco

1: El Loco

«In Sex To» de Xim_Alien. Temporada II

Capítulo 1: El Loco

Desperté y observé a mi alrededor, no había nadie ya, su lado de la cama estaba vacío y solo estaba su traje, colgado en la puerta del closet como cada mañana. La puerta de la habitación estaba cerrada, aún así podía oler el exquisito aroma del café recién hecho. Me levanté y descalzo, me acerqué hasta la puerta para salir de la habitación.

En el sofá estaba Charlotte, con el pie derecho sobre la pierna de su padre, este estaba atando los cordones de los tenis, ella ya estaba lista con el uniforme de la escuela. Tom aún tenía la playera negra de mangas largas, el pantalón de chándal y su cabello alborotado por la almohada.

—Buenos días —saludé.

—Buenos días, cariño —dijo Tom sin apartar la mirada del tenis de Charlotte.

—Buenos días, pa —saludó mi hija, con las manitas ocupadas, sostenía un vaso de leche.

—Voy a ir a dejar a Charlotte a la escuela. No me tardo.

Últimamente Tom y yo ocupamos ese tiempo para nosotros, no era que no tuviéramos tiempo ni oportunidad para hacer el amor en ningún otro momento, lo teníamos y lo hacíamos, pero días antes habíamos platicado que podría ser interesante solo coger, y que podríamos hacerlo en ese tiempo, aprovecharíamos el tiempo después de que Tom fuera a dejar a Charlotte en la escuela, y antes de que tuviera que irse al trabajo. Así que sí, sonreí después de ese “no me tardo”.

Después de verlos salir de la casa y de escuchar el coche alejarse, fui directo a la cocina, serví el café y me senté a la mesa, tratando de pensar en las cosas que pudiéramos hacer. Hacía mucho tiempo que no pasábamos un momento apasionado, últimamente todo era amor, cariño, así como besos tiernos y caricias cargadas de añoranza. Me costó aceptar que necesitaba regresar al pasado, solo a esos momentos en los que los sentimientos podían quedar un poco de lado, dejarnos llevar por el deseo, la pasión, el placer, dejar actuar a nuestro instinto animal y dejar que todo eso fluyera. Trataba de imaginarme en el espacio de nuestra casa, quería tener planeado algo, algunos movimientos, pero me detuve cuando empecé a notar que el corazón me estaba latiendo un poco más rápido, dejé de pensar en él y en mí encima de la mesa, de la encimera, en la ducha. Deseé que llegara lo más rápido posible y me acerqué a la ventana, quizás pudiera ver su auto ya. Me sorprendí cuando así fue. Ya estaba aquí, se estacionó y bajó del auto, traía el teléfono pegado en la oreja, se quedó un poco en el patio y entonces regresé al interior de la casa, solo para dejar la taza sin café sobre el fregadero, ya la lavaría después.

Me acerqué a la puerta y la quise abrir para salir por Tom, sin embargo no pude, giré el picaporte como si estuviera haciéndolo mal la vez anterior, y seguía sin poder abrir. Miré fijamente el picaporte en busca de que me dijera lo que estaba haciendo mal, que me dijera que el mecanismo para abrir la puerta era otro a partir de esta mañana, pero no habló y tampoco logré abrir la puerta a pesar de un cuarto intento.

Por fin, Tom entró, se me olvidó de pronto mi problema con la puerta cuando entendí que estaba hablando con Lea, algo de dejar a Charlotte este fin de semana con ella. Tom estaba sonriendo y asintiendo, me encontré feliz de que estuviera bien con Lea. Luego colgó la llamada, me miró y me tomó de la mano.

—¿Qué quieres hacer? —preguntó tomando mi cintura con su mano libre, atrayéndome hacia su propio cuerpo, pegándome más a él, pude sentir su miembro a través de su pantalón y del mío, él también podía sentir el mío.

—¿Quieres que te lo diga?

—Sé explícito.

—Ponme en cuatro —susurré en su oído mientras acariciaba su miembro por encima de la tela—, hazlo rudo, golpéame y azótame, jálame el cabello y córrete en donde te plazca. ¿Te parece?

—¿Puedo pedirte un favor? —preguntó con voz complicada.

—Dime —dije acomodándome en su hombro, sin detener mi mano en su incipiente erección.

—Chúpamela primero.

—Será un honor.

Lo tomé de la mano y lo llevé a la sala, lo hice sentarse en el sofá donde antes le amarró los cordones a su hija, yo por mi parte, me acomodé entre sus piernas, la alfombra resguardaba mis rodillas, así que los dos estábamos lo suficientemente cómodos. Bajé sus pantalones con su ayuda, también su bóxer, su erección salió liberada y terminé de despertarla con el primer lametón. La lamí como paleta de hielo, como helado, como un dulce, lo masturbé y el calor en mi fue demasiado que tuve que quitarme la playera. De repente no solo la lamía, me di cuenta que estaba follando mi cara cuando tomó mi cabeza y empujó su pelvis, no me ahogué, me estaba gustando, me estaba excitando y paré cuando quise que también él me atendiera. Me levanté del suelo y él bajó mis pantalones y mi boxer hasta el suelo, también se liberó mi propia erección, me sorprendió que la tomara y la engullera así como yo lo hice con la suya. Luego de unos segundos más, me senté sobre él con las piernas a sus costados, acarició mis muslos y luego mi trasero, en la misma posición aprovechó para introducirme un dedo, luego otro y fue suficiente cuando me metió tres. El beso que nos dimos queda grande a la palabra para denominarlo como tal, fue más que eso, su lengua y la mía terminaron haciéndolo por su cuenta, sudé y el placer se me acumuló.

—Métemela —supliqué—, métemela, por favor.

—¿La quieres adentro?

—Sí, dámela ya —chillé de manera pornográfica en su oído.

—Sigue así, gime más para mí.

—¡Métemela ya, papi, por favor!

—Oh, Bill. Mi pequeño, Bill.

Terminó por hacerme levantar, pero enseguida me hizo quedar en cuatro tal como se lo había pedido, chupó mi entrada y luego tan solo la metió, me hizo gritar cuando su dura erección logró estar dentro de mí, me hizo chillar y me hizo gritar su nombre cuando la sacó para volverla a meter.

—¿Te gusta? —preguntó a mis espaldas.

—Sí, papi, dame más… ¡Dame más!

No podía ver su rostro, pero podía imaginarlo muy bien, estaría concentrado, con la boca abierta debido a su propio placer, tratando de no perder el ritmo, tratando de no correrse tan pronto para provocar mi propio placer, estaría evitando pensar en otra cosa y, el sudor en rostro estaría adornando su piel.

—Bill…

—¿Qué? —dije entre un jadeo que hasta para mí sonó sensual y me enorgullecí.

—Quiero… quiero que tragues esto.

Salió de mi cuerpo y me giré tan pronto pude hacerlo, se posicionó encima de mí, a la altura de mi boca, cerré los ojos y el chorro llegó a mi cara, a mi lengua y la tragué sin pensarlo, no necesité que nadie me convenciera, podría hacerlo las veces que él lo deseara.

Recogí su leche con mis dedos y los lamí, él recogió un poco más con sus dedos y los llevó hasta mi entrada, metió nuevamente su dedos, dejándolos dentro de mí.

—Estoy listo si quieres volver a entrar.

—Me gustaría hacerlo, pero ya es tarde.

—Anda, inténtalo, déjame lleno de tu lechita —supliqué.

—Dilo otra vez.

—¿Qué? ¿Qué quiero más de tu lechita dentro de mí?

—Sí —chilló y volvió a masturbarse frente a mí.

—Dámela y ahora marca tu territorio, lléname de tu lechita calentita, dámela porque tengo sed, aliméntame y dámela toda.

Nuevamente entró en mi cuerpo, pero esta vez no duró mucho, inyectó toda su leche en mí, cuando sacó su miembro, pude ver un hilo de su semen, me sentí tan satisfecho, que no me levanté del sillón para nada.

Desde que Charlotte está con nosotros, éramos más que cuidadosos, incluso con los muebles, y como protector para los sillones, Tom había comprado una especie de fundas para los tres, protectores gruesos que no permitían la absorción de líquidos como jugo o agua, ya que los niños tienden a derramar todo. Y para lavarlo, era tan fácil y rápido, que podía hacerlo en cuanto mis piernas pudieran responderme.

—Tengo que apresurarme —dijo dejándome en el sillón.

—Bien —contesté apenas.

Salió de la habitación, bañado, perfumado y vestido con su traje, camisa y corbata. Yo lo vi desde el sillón.

—Cuídate, mi amor —dijo, dándome un beso en los labios y otro en la frente.

—Dime que vas a extrañar mi culo —pedí sonriendo.

—Extrañaré cada parte de ti. Hazme otro favor.

—Dime.

—No te bañes, quédate con mi leche todo el día.

—¿Y Charlotte?

—La tendrá Lea.

—Entonces así será, no te preocupes—me acomodé boca abajo dejándole ver mi trasero.

—Te amo.

—Te amo.

Salió de la casa y escuché un ruidito al otro lado del picaporte, eso me hizo recordar nuevamente que no pude abrir la puerta, sin embargo, esta vez lo dejé pasar. Mis ojos se cerraron.

Desperté cuando sentí hambre y frío, aún estaba boca abajo, desnudo, llevé mi mano derecha a mi culo y pude sentir sus restos secos en mi piel, luego llevé un dedo a mi entrada, ahí se sentía viscoso, sonreí y mi estómago resintió esa voltereta vertiginosa debido al placer del recuerdo. Me levanté y fui a la habitación por una frazada, no quería vestirme, quería que cuando él llegara me viera así, totalmente a su merced por si se le antojaba hacer cualquier otra cosa conmigo.

Fui a la cocina para hacer algo de comer, encontré verduras y pollo, me sentí satisfecho luego de una ensalada de frutas y verduras con pollo. Fui a la ventana para distraerme un rato, entonces me di cuenta de algo que ya había visto, pero que mi cerebro no había asimilado. Fui a la puerta e intenté nuevamente abrirla, pero no lo conseguí. Regresé a la ventana y mis dedos acariciaron el seguro puesto, era una especie de cerradura pequeña en la esquina superior de la ventana, acaricié la entrada de la llave, una llave que yo no tenía a la mano, ni siquiera sabía de su existencia.

—Seguro lo hizo por Charlotte —me convencí.

Podía entender que la cerradura en la ventana fuera por Charlotte, pero la puerta, seguía sin poder abrirla, y había escuchado ese ruido cuando salió, él le había puesto llave por fuera. Pero, ¿por qué? Lo hace para protegerme, ¿no es así?

—Sí, lo hace para protegerme.

Y volví a masturbarme.

Continúa…

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por Xim_Alien

Escritora del Fandom

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