
«In Sex To» de Xim_Alien. Temporada II
Capítulo 3: La Torre
Aprovechó para irse mientras yo dormía, así que cuando desperté, lo hice estando en la cama, desnudo, y entristecido, ya que no lo había visto marcharse y por ende, no había recibido un beso o ni siquiera un te amo.
Me quedé recostado, viendo el techo y pensando en la noche que habíamos tenido, sonreí con el recuerdo de los orgasmos y sonreí aún más cuando me dijo lo mucho que me amaba, lo bonito que sentí y luego por las caricias sus besos repartidos por todo mi cuerpo.
Todo cambió de un momento a otro, las sonrisas debido a lo acontecido horas antes, desaparecieron cuando recordé que le había pedido acompañarlo a comprar cosas, él había cedido a que lo podía acompañar si era lo que quería, pero entonces se fue, desperté y él ya no estaba.
Entonces me levanté de la cama, me puse la bata e ignoré la fresca mañana, fui hasta la puerta y me detuve, no sé porqué, pero el ímpetu que de repente se instaló en mí para saber si hoy podría abrir la puerta, se esfumó cuando llegué a esta, cuando pude ver el pomo de la puerta, brillante y dorada. ¿Qué pasaría conmigo y con todo lo demás si no pudiera abrir esa puerta frente a mí?
Me dio miedo de pronto, miedo de todo y no sabía de qué específicamente, pero en mi mente se instaló una idea aterradora que me hacía pensar en ¿qué estaba pasando con Tom?, ¿por qué no querría dejarme salir? Ya nunca iba a poder abrir esa puerta. ¿Cierto?
Mi mano llegó a la perilla, no la giré de inmediato porque me aterró la idea de no volver a salir. Entonces la solté y di un paso atrás, respiré hondo y me alejé de la puerta así como de la idea de querer salir. Entonces comencé mi rutina como cualquier otro sábado.
Desayuné, lavé la ropa sucia que estaba acumulada, lavé la losa, y sacudí los muebles para después pasar la aspiradora a las habitaciones. Incluyendo la habitación de Charlotte. Hasta que terminé, pasadas las cuatro de la tarde, llegó Tom, estacionó el auto y entonces fue mi última oportunidad, corrí a la puerta antes de que él bajara del auto, tomé la perilla y la giré sin pensarlo tanto. Y ahí estaba, mi realidad. Corrí a las ventanas y estás seguían igual, con la cerradura en la parte inferior, listas para que la persona con la llave pudiera abrirlas, el cual no sería yo, por supuesto.
Tom abrió desde afuera, entró con una actitud sonriente y emocionado por haber llegado a casa. Me miró, cerca de las ventanas y su sonrisa se borró, su rostro cambió y esperó a que yo dijera algo.
—Hola, mi amor —me saludó. Por primera vez no supe qué responder. No dije nada—. ¿Qué haces?
—Las ventanas lo entiendo, Charlotte, la quieres proteger, pero, ¿y la puerta? Es decir, estoy aquí, ella no, una semana es la que no estará aquí. Podrías abrir todo durante una semana. ¿Qué quieres al tener cerrado todo?
—Bill, escucha, te amo, y no permitiré que te pase algo nuevamente mientras yo no esté, además, tú no viste a Charlotte después de lo que pasó, dejó de hablar.
—¿Me estás diciendo que esto es por mí? ¿Todo esto significa que yo no podré salir si tú no estás conmigo? —No respondió—. Anda, Tom, responde porque no sé qué significa todo esto.
—Te amo, Bill. No sabría vivir sin ti.
—Bien, eso es romántico, pero no es sano ni para ti y mucho menos para mí, tengo que salir.
—No lo harás —dijo con una voz que jamás había escuchado, sonaba enojado, convencido de su propia idea, y aterrador nuevamente.
—Eso significa que creés que no puedo defenderme, ¿no?
—Significa que haría cualquier cosa por tenerte a salvo conmigo. Porque te amo. Porque eres todo lo que tengo.
—Estás mal. Abre todo, por favor.
—Lo abriré, pero cuando me vaya, cuando estés solo, cerraré nuevamente todo. ¿De acuerdo?
—Es todo y no estoy dispuesto a discutir contigo sobre todo esto.
—No lo creo, saldremos juntos.
—Hasta que pienses que el aire me hace daño y te enteres que el sol arruga mi piel.
—No seas bobo, no estoy loco, solo quiero protegerte.
—Podría morir aquí adentro, ¿sabes?
—Bueno —dijo pensando y viendo todo a su alrededor.
—Dime que no es cierto, ¿me quitarás también cuchillos, tenedores y toda cosa que pueda enterrarme de repente?
—Esto no es posible. Esto no es para nada sano.
—Ya te lo dije, no discutiré esto contigo. Voy a tomar una ducha.
Y fue todo, echó llave a la puerta, metió la llave en sus pantalones y se fue a la habitación, mientras desataba su corbata en el camino.
—Por cierto, te traje algo para esta noche.
Sacó una bolsita de su portafolios, la dejó en el sofá y se volvió para irse definitivamente a tomar su ducha.
Lentamente me acerqué y tomé la bolsa, la vacíe en el mismo sofá y se cayeron tres piezas de lencería. Olvidé lo pasado cuando vi la tanga, los ligueros y la faldita súper corta que no cubriría nada de mi cuerpo. De inmediato se me puso dura, a pesar de mi enojo, este último desapareció y aunque quería traerlo, no pude, la excitación crecía y crecía a medida que acariciaba el encaje. Me imaginé poniéndomelo, a él quitándomelo, o quizás decidiría hacérmelo así, con eso puesto, manchándolo con su semen, o desgarrándolo porque le estorba en mi cuerpo. La excitación se apoderó de mí cuando me lo puse. Él salió de la ducha y me vio frente al espejo.
—¿Sabes? No me gusta estar encerrado.
—Sí, iré así y me podré algo encima. Salgamos y házmelo en un lugar público sin que nadie se entere que estoy gimiendo por puro placer.
Continúa…
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