
«In Sex To» de Xim_Alien. Temporada II
Capítulo 4: El Mundo
Fuimos a un bar, y al llegar pasamos directamente a la barra, pedimos un par de tragos y cuando Tom notó que me miraban los hombres a nuestro alrededor, me tomó de la cintura para arrastrarme a la pista y bailar. Bailamos y aprovechó para besarme, para marcar su territorio, noté miradas incómodas y algunas más que habían perdido las esperanzas de estar conmigo. Me sentí excitado. Luego de unos minutos en la pista mientras nos besábamos, mientras le dejaba saber a todo el bar que yo le pertenecía, un tipo se acercó, con su pareja de la mano, nos miró con sugerencia y entendimos que eran una pareja swinger, Tom sonrió y negó sin pensarlo, pero no seguimos bailando, me tomó de la mano y me arrastró a los baños. Había gente haciendo fila, y nos animamos a hacerlo en uno de los cubículos porque no íbamos a ser los únicos. Él abrió la puerta y yo entré primero. Bajé mis pantalones y luego de preparar mi entrada con saliva, me embistió salvaje, pegué un alarido y él me sujetó del cuello o del caballo, y siguió saliendo y entrando de mi cuerpo hasta que explotó dentro de mí. Gemí su nombre y a pesar de que le pedí que no terminara, que me diera más, él salió.
—Quiero bailar. Sácame a bailar.
—Solo no dejes que mi leche se salga.
Cuando salimos del cubículo, vimos a una pareja de chicos haciéndolo en los lavamanos, aprovecharon el espejo y de pronto también me pareció una buena idea. Me arrepentí de haberlo hecho en el interior de ese cubículo.
Cuando salimos de los baños del bar, la misma pareja de antes, los swingers, estaban a mitad del pasillo, entonces uno de ellos se acercó a mí, Tom lo impidió, pero no de la mejor manera, ya que agarró mi brazo con fuerza, haciéndome pasar por entre la gente, eso detonó un recuerdo, rápidamente.
—¡Tom! ¡Mi brazo! —Pero no me soltó hasta que estábamos en la barra de vuelta.
—Vámonos, no debimos haber venido.
—¿Por qué? Yo quiero seguir aquí.
Volvió a tomar mi brazo con fuerza, me quejé de nuevo, y no aflojó ni un poco su agarre.
—¡Que me sueltes! —dije, y aunque me lastimé más, tiré de mi propio brazo para que me liberara.
Eché a correr y no me di cuenta que estaba llorando hasta que pude salir del bar, hasta que sentí el aire frío pegar en mi cara, aún así no me detuve, él venía detrás de mí y la idea “no va a cambiar” no se apartó de mi mente.
—¡Bill! ¡Espera! ¡Perdóname! ¡Bill! ¡Amor!
No me detuve, seguí corriendo en medio de la noche, los autos pasaban a toda velocidad en paralelo a mi, y a Tom, fue hasta que me topé con un cruce, creí que lo iba a lograr hasta que sentí nuevamente su mano en mi brazo, evitando que un auto impactara contra mí.
—¡Carajo! ¿Estás loco? —preguntó totalmente enojado, haciéndome frente en la esquina de ese cruce.
—¡No! ¡Tú sí! Solo quiero ir a casa.
—¡Lo que quiero es que seas mi novio! ¡No un maldito enfermo de celos!
—Es que te amo tanto, Bill, solo quiero protegerte de todo y de todos.
—Tu amor está mal. Desde hace mucho tiempo me has estado violentando y no me había dado cuenta. Estoy encerrado en la casa, ¿eso se te hace lindo?
—Me vas a perder de alguna manera porque no quiero estar en una relación así. ¿Crees que es sano?
—Ya van muchas veces que me pides perdón.
—Dame una oportunidad, te juro que haré lo que sea para no comportarme así, para no hacerte daño.
—Es que… ¿Crees que puedes cambiar? Desde que apareció Travis…
—Por favor, no menciones ese nombre.
—Oye, ¿todo bien? —aparecieron los swingers, no sé si porque estaban realmente preocupados por mí o por nosotros, o porque no querían desperdiciar ninguna oportunidad y ver si podían sacar alguna ventaja de la situación.
—Sí —contesté con un gesto avergonzado.
—Esto no es de su incumbencia, lárguense, no iremos a ningún sitio con ustedes.
—No queremos eso, solo pregunto porque creo que está pasando algo extraño. Si no te sientes seguro quédate con nosotros —dijo el más alto. Los dos se parecían físicamente, no fue hasta ese momento, en la esquina de esa intersección, que me di cuenta que sí había diferencia entre ambos, uno era más atlético y alto, el otro más bajito, menos atlético y un poco más bronceado que el otro.
—No, está bien —contestó Tom por mí.
—¡No! —dije harto—. Estoy bien, chicos, gracias. Pero no estoy bien con esto, Tom. Me estás haciendo daño y debes cambiar o vas a provocar algo de lo que te arrepientas después —no esperé respuesta y eché a caminar justo cuando la luz roja detuvo el tráfico.
—¡No puedes dejarme! ¡No vas a abandonarme! ¡Eres mío, Bill!
Entonces sentí un golpe fuerte, el agarre en mi brazo otra vez, y luego el asfalto en el resto de mi cuerpo. No entendí hasta que vi a Tom junto a mí, y hasta que sus ojos casi desorbitados se dirigieron a mí, me había empujado o jalado, luego de unos segundos vi a la distancia un sujeto en una motocicleta, ambos en el suelo, como si se hubiera derrapado y no hubiera podido controlar el vehículo. Tom y yo estábamos en el suelo, a casi cuatro metros del motociclista, escuché que alguien a nuestras espaldas dijo que venía la ambulancia, dijo también que debería hacernos a un lado, porque la luz había cambiado. Traté de hacerle caso, traté de levantarme y caminar, pero un fuerte dolor se instaló en mi tobillo, tal vez me lo había doblado en el acto en que Tom me empujó.
—No, espera —me detuvo y me cargó en sus brazos. Así me llevó al otro lado de la calle y me dejó en el suelo con suavidad—. No te muevas, ¿Te pegaste en algún otro lado?
—No, estoy bien. Me empujaste justo en el preciso momento.
—Te jalé, hacia atrás. Si hubieras dado un solo paso más ese idiota te atropella seguro.
—¿Quieres que vayamos a casa o esperamos a la ambulancia?
—Solo es el tobillo, él va a necesitar la ambulancia.
El motociclista seguía en el suelo, Tom se levantó y fue hasta él, no fue difícil acercarse porque los coches lo evitaban, lo vi quitarle el casco.
—¿Estás vivo? —escuché a la distancia—. ¿Estás ciego? ¿Acaso no viste la luz roja? —preguntó enojado, colérico, vi como se agachaba por él para poderlo levantar del suelo, quería usarlo como costal de box, lo vi, tenía los ojos rojos y los nudillos apretados, iba a matarlo si no decidía protegerse.
—¡¿Tom?! —llamé su atención y no me hizo caso, lo vi propinarle el primer puñetazo en la cara, luego otro.
—¡Déjalo! —llegué a él con dificultad pero lo logré.
—Casi te mata, voy a matarlo a él.
—¡Voy a matarte con mis propias manos, imbécil! Considérate muerto.
—Ya casi llega la ambulancia, Tom —dije al escuchar las sirenas—. ¡Que lo sueltes!
Entonces se detuvo, dejó de pegarle y el motociclista escupió sangre, se dejó caer al suelo y yo, ahí estaba, no podía dejar de ver a mi hermano, los puños apretados, los pies pegados al suelo como si tuviera miedo de derrumbarse también y sus ojos, inyectados en sangre.
—¡Lo siento, de verdad no lo vi! —añadió el motociclista aún en el suelo.
Era un chico más o menos de nuestra edad, y ya se estaba recuperando de la golpiza, aún así no podía parar de escupir sangre.
—Lo siento, lo siento mucho, no te vi —se dirigió a mí.
—No te atrevas a dirigirle la palabra, maldito imbécil. Vámonos, Bill.
—No quiero ir contigo a ningún lado.
—Me quedaré aquí, iré con él al hospital.
—¿Estás loco? ¡Tú vienes conmigo! —Volvió a tomarme con fuerza del brazo.
—Exacto, por esto no quiero ir contigo. Estás mal, Tom, mírate, no puedes seguir tratándome así, pareciera que no me amas como antes, solo quieres tenerme para ti. Esto no es nada sano.
—Es que eres mío, debo protegerte.
—No soy algo, Tom, soy alguien, no necesito que me encierres, no necesito que mates a golpes a nadie que me mire o que me hable, no es necesario que me protejas como crees que lo haces. Estás mal y no pienso ir a ninguna parte contigo. No vas a cambiar.
—Vete, ya llegó la ambulancia e iré con él.
—Dime eso cuando no sientas enojo cada vez que alguien se dirige a mí y te creeré. Por lo mientras, estás solo, considera nuestra relación como terminada.
—¿Qué? Bill, entiendo tu punto, pero no puedes decirme algo así, no después de todo lo que hemos pasado.
—Por favor, hablemos de esto mañana.
La ambulancia llegó, recogieron al motociclista y subí con él. Vi a Tom desde la ambulancia, se quedó ahí, a la mitad de la intersección, mirando como nos alejábamos el uno del otro.
Los paramédicos iban haciendo su trabajo con el motociclista, no me di cuenta que me miraba fijamente hasta que perdí de vista a Tom.
—Entiendo porque es así —dijo, haciendo gestos debido al dolor que le provocaba la paramédico al estar revisándolo.
—No, dije que lo entiendo, solamente. Bill, ¿cierto?
—Tiene fractura de costillas y contusión en la cabeza, por favor, ya no se mueva —dijo la paramédico.
—Ya oíste, no te muevas a sanarás mal.
—Por favor, discúlpame, no te vi.
—El problema no es que no me hayas visto, el problema es que pudiste haber ocasionado un accidente trágico. Discúlpame, pero ahí sí apoyo a mi novio, eres un imbécil.
—Creí que habías terminado esa relación.
—Es para que piense en todo lo que hizo y ha hecho mal de un tiempo para acá, obviamente no quiero terminar con él.
—¿Por qué estás aquí entonces?
—Porque se está portando mal. Y ahora cállate o pediré que te apliquen un sedante lo bastante fuerte para que no digas ni pío.
—Eres lindo, Bill. Tom es suertudo.
Sonreí, porque no solo Tom era mi novio, sino también mi hermano.
Llegamos al hospital y los estudios comenzaron. Tomografías, rayos x y estudios de toxicología, yo esperé a que alguien de ortopedia me ayudara con mi tobillo, me dieron a llenar dos formas con información del seguro, una forma para mí y la otra para él, mi forma quedó lista después se unos cinco minutos más o menos, pero la del motociclista quedó vacía, ni siquiera sabía su nombre.
Una doctora me sacó una placa de mi tobillo, rápidamente lo fijó con yeso y me dió una receta con un analgésico, el cuál debía tomar cada ocho horas. Luego de eso seguí esperándolo, pasaron cerca de dos horas y una enfermera me dijo que ya tenía una habitación, pero que debíamos llenar la forma para darle el servicio, de lo contrario, tendríamos que desocupar la habitación.
—¿Cuál es tu nombre? —pregunté en cuanto entré a la habitación.
—Oh, yo muy bien, gracias. ¿Y tú?
—Disculpa, es que tengo que entregar tu forma con tus datos.
Se la di y la pudo llenar, no tan rápido como yo, pero logró después de unos minutos.
—Deberías irte con tu novio. Tienen cosas de qué hablar.
—No, él tiene que pensar en las cosas que ha hecho, no voy a ir con él ahora. Y tú mejor descansa, no me iré de aquí de cualquier forma. Mejor dime a quién llamo, alguien de tu familia podría estar aquí.
—No tengo a nadie aquí, estoy solo.
—Sí, no te preocupes, no debías saberlo.
—¿No me vas a decir tampoco tu nombre entonces?
—Para poner una denuncia a quien casi me atropella —reí y luego él se rió conmigo.
—Lo siento de verdad. Soy Ben, Benjamin, pero puedes llamarme Ben.
—No es genial que nuestros nombres inicien con la misma letra.
—Oh sí claro, no te hagas ilusiones, mi relación tiene una esperanza.
—Sí, claro, por supuesto. Otra vez, perdón.
—Sí, sí, sí. Anda, duérmete y descansa.
Traté de levantarme de la silla junto a la camilla, pero él me detuvo, tomó mi muñeca y no dejó que continuara. Creí que me pediría un beso, era apuesto, incluso más apuesto que Tom, más alto, más musculoso, con más barba, y con un par de ojos azules y profundos, piel bronceada y manos ásperas, jamás había conocido a alguien como él.
—De nada —atiné a contestar—. ¿Quieres que pregunte si puedes comer algo?
—Hamburguesa doble con tocino y queso, y papas. ¿Crees que me permitan comer una hamburguesa doble?
—No lo creo, pero lo intentaré de todas formas.
Reí nervioso y un poco abrumado, pues fue el mismo segundo en el que me di cuenta que estábamos coqueteando.
.
Regresé después de un rato con una botella de agua en la mano derecha, no podía comer nada y no porque no debiera, sino porque no había comida que pudiera pedir. Tendría que esperar hasta la mañana para que pudiera comer algo.
—Es todo lo que pude conseguir.
—Ben. ¿Quieres hablarme de algo?
—No lo sé, como por ejemplo qué hacías manejando así en la noche. ¿Venías drogado o alcoholizado?
—No, tuve una pelea con mi pareja.
—Bueno, no conozco el origen de tu problema con tu novio, pero apuesto a que no es nada comparado con el mío.
—Bien, dime y veamos quién de los dos gana. Empiezo yo. Hace un tiempo fui víctima de violación, mi agresor está en la cárcel, pero mi novio está loco ahora, me encierra y me cela, al parecer no quiere que ni me toque el aire. Tu turno.
—Vaya. Bueno… mi esposa sabe que soy bisexual, así que piensa que cuando no estoy en casa estoy con alguien más, el punto es que cuando llegué a casa hoy, la encontré en nuestra cama con mi mejor amigo. Se excusó diciendo que ella sabe que duermo con otro hombre.
—Hace años me acosté con un compañero del trabajo, no sé cómo se enteró, pero lo hizo.
—¿Y te sigues acostando con él?
—Nada más cuando los dos tenemos antojo. Él tiene su pareja también.
—Vaya, qué fuerte. ¿Qué va a pasar con tu esposa?
—Se puede coger a quien quiera y guste, me dijo que ha sido mi amigo, una vez mi hermano y que está viendo a su ex. Es una puta.
—Bueno, tú no eres un santo, cielo.
—No, lo sé, pero, ¿tenía que cogerse a mi hermano? ¿A mi amigo?
—Bueno, saldría manejando una moto sin ver los semáforos.
—Por supuesto que sí, gracias.
—Ganaste —dije volviendo al tema central.
—No, tú ganas, tu novio está loco, te está protegiendo de la única forma en la que sabe y tú estás aquí.
—¿Justificas su comportamiento?
—¡No! Está mal en muchos niveles, pero tampoco puedes culparlo, tanto tú como él son víctimas y tienen un trauma que manejar, pero si solo huyen de ellos en vez de afrontarlos, no va a cambiar nada en ustedes. ¿Me explico?
—No, no quiero. No quiero verlo ahora. ¡Mira cómo te dejó!
—Ni siquiera me conoces y te preocupas por mí.
—Me preocupa saber que te puede matar.
—Nunca lo había visto tan enojado. Fue por eso que no quise ir con él. No creo que pudiera estar seguro a su lado.
—No es bueno tenerle miedo a tu pareja.
—Sí, lo sé. Me iré mañana. A menos que necesites algo puedo quedarme.
—No lo sé, lo que quieras o lo que necesites.
—¿Sí te das cuenta que estoy coqueteando contigo?
—Sí, y me estoy divirtiendo. Pero en serio, me quedaré por si necesitas algo.
Salí de la habitación antes de hacer algo que me haría sentir culpable el resto de la noche.
Continúa…
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