6: El juicio

6: El juicio

«In Sex To» de Xim_Alien. Temporada II

Capítulo 6: El Juicio

Desperté en la habitación de Ben, no quise dormir en el pasillo ni en la sala de espera por miedo a que apareciera Tom, porque hacía frío y porque quería estar cerca del tipo que tenía un tumor en la cabeza, el tipo que casi me mata a mitad de calle, y de quien seguramente resultaría ser un buen amigo al final de todo.

Desperté con la sensación de no haber descansado nada, y sabía que no era por la errada posición en la que lo había hecho, sino porque había soñado con todo lo que Tom y yo habíamos vivido.

Nuestra madre, el inicio de nuestros sentimientos, Lea y por supuesto su boda, el compromiso y mi rabieta por no haber logrado que se quedara conmigo, porque claramente, era mi hermano. En mi sueño aparecieron muchas cosas, algunas que me gustaría pensar en ellas como señales, otras que me llamaron tanto la atención que aún las siento, huelo, incluso las oigo, como sus promesas de cuando éramos apenas unos niños y me prometía no dejarme nunca porque le gustaba cuidarme, o los desayunos que mamá preparaba para cada uno, pero terminábamos compartiendo nuestros platos, aunque fuera el mismo, y es que él usaba miel en todo, y yo usaba jarabe de chocolate en todo, y nos gustaba probar nuestras comidas.

También soñé con nuestra última vez, una noche en la que yo me encontraba alcoholizado, pero no tanto como para llamarlo violación, es mi hermano, él no haría eso, y además, reaccioné enseguida, y me di cuenta de lo que estaba pasando, estaba ocurriendo lo que tanto deseaba, cada mañana al verlo dormido en nuestra cama que compartíamos, imaginaba qué podría sentirse si hiciéramos “cosas de adultos”, y cuando por fin pasó, fue lo mejor que pude haber vivido, ningún chico me lo hacía como él, y esa noche de alcohol, me arrepentí de haber tomado, porque no sabía que iba a ser la última vez, y por lo tanto, me hubiera dado cuenta desde un principio y lo hubiera disfrutado desde el inicio. Pero no, me di cuenta un poco tarde, para entonces él ya estaba penetrándome, y aunque lo estaba disfrutando ya, quería más. Luego en mi sueño apareció cuando me di cuenta que debía desaparecer porque él tendría un bebé con Lea y yo sería un estorbo para su vida.

Desperté con una erección, pequeña y apenas visible si me ponía en pie, pero erección al fin de cuentas. Quise llamarlo y perdonarle enseguida, pero no estaba bien que me estuviera encerrando en casa. Me tallé los ojos para mejorar mi vista estando dentro de la habitación y vi que él me estaba observando.

—Buenos días —saludó sonriendo. Su sonrisa era muy bella.

—Hola, Ben. Buenos días. ¿Cómo estás?

—Tengo un tumor en la cabeza.

—Sí, eso escuché. También escuché que te harán estudios —añadí acomodándome en la silla donde me quedé dormido.

—Bien. ¿Tom es tu hermano o tu novio?

—¿Qué?

—Es que estabas soñando, y dijiste muchas veces el nombre de Tom, y luego la palabra hermanos. No entendí.

—Debes descansar, vas a tener una operación y…

—Si no fuera tu hermano no estarías tan rojo ahora, ¿no?

—Cállate —dije tratando de mantener mis emociones lo más calmadas que pudiera.

—¿Son hermanos y novios al mismo tiempo? ¿Hermanos?

—Te voy a pedir que te calles —supliqué levantándome por si se le ocurría decir algo, pudiera salir de la habitación.

—Bill, ¿estás teniendo relaciones con tu hermano?

—Ojalá encuentres quien te apoye después de la operación.

Me di la vuelta y entonces me permití derramar lágrimas, lágrimas de la vergüenza que me hizo sentir. Amaba a Tom, no me daba vergüenza amarlo, me daba vergüenza que otras personas se enteraran y empezaran con comentarios despectivos o grotescos, suficiente tenía con mi propia conciencia.

—¿Ya podemos ir a casa?

Entonces me di cuenta. El pasillo estaba solo, abandonado, sin embargo, él estaba en el piso, sentado y con las piernas estiradas, una sobre otra.

—¿Para que me vuelvas a encerrar?

—Sí, me equivoqué —dijo y se detuvo para dar unas palmaditas en el suelo junto a él, me tomó tres segundos aceptar y me senté junto a él—. No estoy acostumbrado a no tenerte, no después de todo lo que pasó.

—Hoy soñé con nosotros —confesé y no pude sentirme un poco excitado nuevamente, puse mi cabeza en su hombro.

—¿Con qué soñaste específicamente?

—¿Quieres detalles?

—Lo más que puedas.

—Soñé cuando éramos niños y tomábamos la comida del otro —sonrió, asintió y me dejó continua—. Soñé con los días que nos cambiábamos de grupo en la escuela, porque se les ocurrió separarnos. Y… ¿adivina qué?

—¿Qué?

—Soñé… soñé con esa noche, nuestra última vez juntos.

—Oh, esa noche.

—Sí. ¿La recuerdas?

—Como si hubiera sido ayer.

Yo aún sonreía porque nuevamente sentía esa corriente recorrer mi entrepierna y mi sistema nervioso, mi cuerpo estaba sufriendo debido a los choques eléctricos de ese recuerdo, me recuerdo desnudo, con las piernas abiertas para que él pudiera entrar en mí y, luego estaba yo de nuevo, sudando, pidiéndole que no parara y que se corriera dentro de mí porque era eso lo que tanto deseaba, lo que siempre había necesitado de él, su semen dentro de mi cuerpo. Luego me di cuenta que su expresión al compartirle mi sueño el que también era mi recuerdo, no era la misma a la mía, mientras yo sonreía y me acaloraba, él estaba completamente ido, sumido en sus propios recuerdos, sus ojos parecían estar atravesando la pared frente a nosotros, en busca de un recuerdo más, o algo importante que yo no lograba entender.

—¿Pasa algo?

—¿Qué? —preguntó confuso, como si no hubiera escuchado mi pregunta.

—¿Que si pasa algo? Te acabo de contar de nuestra primera vez y… No, lo siento, es que creí que te excitaría recordar esa noche.

—Estábamos ebrios —dijo apenas en un murmullo, aún así lo escuché perfectamente bien.

—¿Eso qué significa? —pregunté alterándome.

—Nada, solo que… ¿Qué recuerdas de esa noche?

—Estaba muy ebrio así que no sentí cuando empezaste, pero reaccioné y estabas… haciéndomelo tan rico, que… recuerdo que gemí demasiado por placer. ¿Por qué? ¿Pasó otra cosa? No me digas que vomité porque eso debió haber sido asqueroso.

—No, no vomitaste.

—¿Entonces? ¿Por qué no sentiste el mismo deseo que yo? Dime, por favor, cómo es que empezaste a cogerme esa noche.

—Estabas muy ebrio, estabas tirado en el sofá y te llevé cargando a la cama, pero tu ropa era muy ajustada y decidí quitártela. Luego quedaste desnudo frente a mí y… no pude ignorarte, y mucho menos a mí.

—¿Te excitaste y me…?

—Sí.

—Genial.

—¿Qué? —preguntó en cuanto no entendió de dónde venía mi reacción.

—Creo que ninguno sabía que sería esa nuestra última noche, nuestra última oportunidad, tal vez no fue la mejor manera de hacerlo, ¿pero te imaginas qué hubiera pasado? No hubiéramos tenido una última vez.

—Bill, te follé mientras estabas inconsciente.

—Pero cuando cobré la consciencia te pedí que siguieras, te pedí con toda claridad que no pararas. ¿No es suficiente para ti?

—Eso no fue lo único.

—¿Hubo más?

—Estabas completamente inconsciente y te desvestí, me masturbé tocándote y viéndote frente a mí, estabas ahí, desnudo, y me di cuenta que masturbarme no me era suficiente, te grabé por miedo a que no volviéramos a hacerlo, porque ya estaría con Lea y el bebé, y grabé el momento en que entré en tu cuerpo. Grabé todo, grabé como mi semen se estiraba cuando salí de tu cuerpo, y te lo volví a meter porque quería marcarte con mi semilla.

No sabía qué decir, era mucha información, y todo me parecía de lo más normal, volví a excitarme y no entendía de dónde venía su tono de culpa.

—Eres mi hermano gemelo —remarqué el dato más obvio entre nosotros—, obviamente tenías miedo de mi reacción, pero más de que no volviéramos a hacerlo nunca más.

—Hay más.

—Te escucho.

—¿Recuerdas por qué tomaste tanto?

—Recuerdo que estábamos en tu despedida de soltera.

—Sí, mi despedida, yo sabía claramente que esa noche era mi última oportunidad de poseerte. Le pedí al chico del bar que le echara algo a tu bebida, y funcionó.

—¿Qué?

—Yo le di una droga al barista, tú llegaste a pedir algo de beber y él te sirvió las copas con esa droga.

—No necesitabas hacer eso.

—Lo sé, pero lo hice, y no me arrepiento, tuve el mayor placer de siempre, te desnudé, te cogí a mi gusto, te grabé solo para mí y mi deleite, te follé y te puse mi leche dentro.

Sin darnos cuenta, yo ya estaba encima de él, los dos aún en el suelo, pero conmigo encima de él, besé sus labios y luego su cuello, mientras que con una de mis manos, acariciaba su miembro por encima de sus jeans.

—Alguien va a llegar —dijo mientras metía sus manos en mi pantalón.

—Vamos a buscar un lugar más privado —sugerí sin quitar mi mano de su miembro.

Los dos nos levantamos y lo arrastré por los pasillos hasta que encontramos una especie de habitación o bodega, la puerta se encontraba medio abierta, los dos entramos y cerré poniendo el seguro por dentro. Tom inició besándome, tomando total control de mi lengua y haciéndome salivar más de la cuenta.

Me giró para ponerme de espaldas a él, bajó mis pantalones y mi bóxer solo lo necesario para tener a su merced mi agujero, y de repente, sin ninguna preparación más que dos de sus dedos y su saliva, introdujo su miembro ancho y largo, quería verlo haciéndolo, así que traté de girar mi cabeza para ver cómo lo introducía en mí, pero no podía, entonces me dediqué a gemir, como tanto le gustaba. Enseguida me tomó de la cintura con sus dos manos, y así, hacía que nuestros cuerpos chocaran entre sí de forma más rápida, con más fuerza, y el sonido de nuestra piel me prendía aún más si se podía, seguíamos en el hospital y pensar que seríamos los únicos haciéndolo en una bodega, hacía que todo pareciera irreal, bonito y la mejor experiencia de la vida.

Yo me corrí en mi mano, él dentro de mí, y gracias a Dios me hizo chupar lo que había quedado en su pene ya casi flácido, un poco duro aún, así que lo lamí gustoso como si se tratara de una paleta de hielo.

—Te deseo tanto, no quiero dejarte ir, no quiero que nadie más te vea, quiero que seas solo mío.

—No está bien que me encierres.

—Pero entiéndeme, quiero hacer esto día y noche, quiero que me pertenezcas solamente a mí.

—¿Y? ¿De qué voy a trabajar? ¿Qué voy a hacer cuando esté consumido por el aburrimiento?

—Tendrás todo lo que me pidas, yo me haré cargo de todo, no necesitarás trabajar, mucho menos hacerte responsable de algo. Pero vamos, vamos a casa y busquemos la falda de mesera que usabas. ¿No quieres que te coja con eso puesto?

—Sí —confesé lamiendo mis labios, aún de rodillas frente a él.

—Entonces vuelve conmigo, regresemos, Bill, por favor. Regresa conmigo.

—Con una condición.

—Dime.

—¿Aún tienes el video?

—¿Quieres que lo borre?

—No —negué lentamente—, quiero verlo, quiero revivir esa noche y enterarme de todo lo que me hiciste mientras yo no estaba.

—Lo verás, y te lo haré mientras lo vemos, haremos lo que me pidas, cuando lo pidas y durante el tiempo que me pidas.

—Espero que no te canses, porque me encanta tenerla dentro.

Bill y Tom regresaron a casa, con las ventanas aún aseguradas, la puerta aún bloqueada desde afuera si Tom salía, con la promesa de que harían lo que fuera necesario para estar bien dentro de esas cuatro paredes.

Continúa…

Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 😉

por Xim_Alien

Escritora del Fandom

4 comentario en “6: El juicio”

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!