Acabado 9

Administración: A partir de aquí, empieza el resumen hasta el último capítulo.

Muñeco by Sarae. Temporada IV
9: Resumen Parte 1

De nuevo, Bill es encerrado en el calabozo, siendo arrastrado por Seiler. Toro lo suelta allí y se mantiene callado ante las preguntas constantes de Bill. Sin embargo, es incapaz de verle sufrir por la herida que le ha causado Bal, el perro de Gore, y sale del calabozo dispuesto a volver más tarde con la única intención de sanar a Bill.

Por su parte, Tom diseña un plan de ataque para descolocar a los Caídos. Es un ataque que lleva a cabo muchos riesgos, pero que mantendrá entretenido a Gore para que no pueda ver cuáles son sus auténticas intenciones. Preocupado a rabiar, rechaza los constantes consuelos que Andreas intenta darle con su mejor intención. Los Caídos no son los únicos que se muestran aturdidos frente al nuevo Tom, sino también los Encadenados al verle regresar no solo como el líder calculador y frío que antes era. También, como el asesino que nadie, salvo Andreas, ha podido ver nunca. Sin embargo, conscientes de que sólo él podrá salvar a Bill, no le cuestionan.

Tom utiliza todos sus contactos para movilizar a medio Stuttgart. A nadie le dice qué pretende exactamente cuando da permiso a todos los camellos que conoce para vender droga sin parar, cuánta más mejor. No avisa a nadie cuando contacta con el club de striptiese de Dona ni con el club del Pich, y pide a ambos que vendan la mayor cantidad de alcohol posible. Le pide de igual manera a las prostitutas que atraigan al mayor número de clientes y, después de hacer todo esto, mantiene ocupados a cuantos Encadenados conoce en los barrios altos, haciéndoles creer que su objetivo está allí.

Tom espera durante tres días para que su estrategia funcione con óptimos resultados. Durante esos días, se aisla de los demás y vaga en solitario por las calles de Stuttgart, destrozando todo cuánto se encuentra, provocando a todo el que se le acerca y pasando las noches enteras en casa de Adler, el policía corrupto al que paga para que haga la vista gorda. Durante esos tres días, investiga todo cuánto puede en los expedientes de la policía sobre sus posibles enemigos. Tiene cientos de enemistades, pero sólo uno capta toda su atención.
Sonríe cuando descubre su paradero y roba la pistola reglamentaria a Adler al tercer día del secuestro de Bill.

Por su parte, este sufre en tres días lo inaguantable, pero gracias a ello, consigue la información necesaria sobre el por qué de tanto rencor hacia Tom. Las constantes visitas de Toro, el único que le da de comer a escondidas y se preocupa por la herida de la pierna, desemboca en alguna que otra charla. Finalmente, después de tocar muchos temas insustanciales, Bill consigue comprender los motivos de Seiler para haber traicionado a Tom.

—Supongo que conoces bien a Aaron. Eres su amigo o algo así ¿no?

—Sí, algo así. Es mi colega, aunque no nos llevamos muy bien.

—Te felicito. Le conozco desde los once años y sé que puede llegar a ser muy irritante.

—No lo niego, pero es buena persona. Entonces, ¿de qué le conoces? Sabía que había algo raro entre vosotros cuando os vi en el hospital. Aaron parece tenerte mucho respeto.

—Yo no lo llamaría respeto, si no miedo.

—¿A qué te refieres?

—Él estaba delante cuando herí el ojo de Kam y me expulsaron de los Encadenados. Creo que esa ha sido la única vez que lloró delante de alguien. Se nos fue la cabeza a todos.

—¿Por qué heriste a Kam? Heidi me dijo que erais buenos amigos. Tú, él y Gore. No entiendo por qué ahora estáis dispuestos a mataros entre vosotros. Tú no pareces muy contento con Gore. No creo que hagas esto porque desees hacerlo.

Toro parece pensárselo unos segundos antes de suspirar. Bill le cae bien, no lo puede evitar y no ve justo que le hayan metido en una guerra callejera sin saber el por qué, así que decide hablar sobre su pasado, sobre Aaron y sobre como Tom lo destrozó todo.

—El padre de Aaron y el mío se conocieron en la facultad. Hay una gran diferencia entre ambos, ¿sabías? Mi padre tenía la misma estatura que yo y el padre de Aaron tenía el mismo genio que él. Por alguna razón, dos personalidades tan dispares se hicieron amigos inseparables en cuestión de poco tiempo. Mi padre era el físico y el padre de Aaron, la mente. ¿Entiendes?

—Sí, algo así como el flaco y el gordo.

—Algo así. Cuando mi padre se casó, tuvo que dejar de estudiar para ponerse a trabajar. Yo venía de camino, así que se puedo decir que arruiné su carrera para que pudieran darme algo de comer. En cambio, cuando el padre de Aaron se casó, siguió estudiando y dejó que sus padres le pagaran los caprichos de su mujer hasta que pudo valerse por sí mismo. Ellos siempre han sido de una familia rica, así que no tuvieron problema. Al nacer Aaron, su padre ya tenía un puesto importante en el hospital provincial y su madre ya era enfermera. Como comprenderás, aunque a veces en mi familia pasábamos hambre, lo que mi padre me enseño a hacer y el amor que me dio no se puede comparar con el dinero y los caprichos que le dieron a Aaron para comprar su aprecio.

—¿Preferirías haber estado en el pellejo de Aaron?

—No, nunca. Mi padre me dio experiencia, práctica, me enseñó a pelear y a usar las manos para curar y ayudar, no para destruir. Tuve muchos amigos en la infancia, entre ellos Kam. Nos conocimos en la primaria elemental y se podría decir que me “reclutó” para ser su guardaespaldas personal. Desde entonces, fuimos inseparables. Aaron no tuvo la misma suerte. Era egocéntrico, estaba demasiado consentido y creía que el dinero podía comprarlo todo. No tenía amigos y su padre empezó a preocuparse por su conducta maleducada y por los golpes que le daban en el colegio… así que llamó a mi padre.

—¿Por qué a tu padre? ¿Qué tenía él que ver ahí?

—Nada, supongo. Pero se acordó de que había tenido un hijo antes que él y pensó que podrían ser amigos, así que imagínate. De repente, empezaron a llevarme a casa de Aaron todos los días para que jugara con él. Me daban pastelillos y cosas así para que fuera su amigo. Enseguida comprendí que le faltaba cariño y algún que otro guantazo para que espabilara, así que yo le di lo que sus padres no le daban. Aaron me odiaba, o eso fingía. Yo me encariñé con él… demasiado.

—Te enamoraste. —Toro se ruboriza.

—¿Cómo sabes…?

—Lo he dicho por decir. ¡Te enamoraste de verdad, eh! Así que te gustan los chicos —Bill suspira—, ya no me siento tan marginado. En esta ciudad, cada dos pasos hay un marica.

—Supongo que es porque aquí no se juzga tu sexualidad, si no tu fuerza y los huevos que le echas a la vida. No sé si lo sabrás, pero yo estuve en Hamburgo una vez, de prácticas. No me gustó nada porque la gente te mira por encima del hombro, te insulta si ve que tienes algún defecto y cuando vas a compensar ese defecto con fuerza, ellos te llaman bestia y te amenazan con denunciarte. Es una porquería de ciudad. Stuttgart es mejor aunque esté llena de gente peligrosa.

—En eso tengo que darte toda la razón. Pero olvídate de eso. Sigue contándome lo que pasó con Aaron.

Toro suspira y sigue con la historia.

—Los dos crecimos juntos y yo, a mi vez, crecí con Kam construyendo los Encadenados, ayudando en el orfanato de Cristina y demás. Me gustaba esa vida, pero la habría evitado de haber podido. Como ya te habrás percatado, no soy muy dado a la violencia callejera. Prefiero sanar.

—Sí, ya me he dado cuenta —Bill alza la pierna vendada donde Bal le mordió días atrás, sonriendo.

—El caso es que hubiera dado lo que fuera por dejar de ser un Encadenado. Sabía que era peligroso y teniendo que proteger a Kam constantemente, me costaba estudiar para la universidad. Por supuesto, la sola idea que Aaron llegara a ser un Encadenado era impensable.

—Pero Aaron se convirtió en uno.

—Sí… uno de sus tantos caprichos. Un capricho que le costó un ojo a Kam y casi la vida de Tom.

—¿En serio? —A Bill no le sorprendía semejante egoísmo por parte de Aaron—, ¿Qué ocurrió?

—Conoció a tu hermano.

—Ah, sí, en el hospital.

—Sí. Le convenció para ser el nuevo sanador de los Encadenados y él, aceptó. Por aquel entonces me tenían a mí, pero yo había empezado a trabajar recientemente y no tenía mucho tiempo para esos juegos de peleas en los que todo el mundo acaba con un hueso roto. Por aquel entonces, yo ya estaba… coladito por Aaron, aunque lo disimulaba bien. A él le empezaron a gustar los hombres un poco después, con tu hermano. —Ambos ponen mala cara. A ninguno de los dos le hace gracia pensar en ello.

—Te cabreaste cuando te enteraste de que Tom había metido a Aaron en ese mundo del que tú querías salir.

—En realidad me enfurecí. Encolericé. Y lo hice todavía más cuando me enteré de la admiración de Aaron por tu hermano. Se le llenaba la boca de halagos cuando hablaba de él.

—Te pusiste celoso.

—Celosísimo. Tanto, como para ir a pedirle explicaciones a Tom con los puños, en lugar de con las palabras, como siempre había hecho. Tom todavía no era el líder de los Encadenados, aunque ya actuaba como tal y todos lo consideraban muy superior a Kam. Sus métodos nunca me habían gustado y ver a Gore enloquecer por su culpa me parecía extraño. Pero nunca me había dado motivos para desconfiar de él y Cristina lo defendía con su vida, así que llegué a pensar que no sería un mal líder. —Bill arruga el ceño al oír hablar de Gore, pero no dice nada para que Toro termine de contar la historia.

—Fuiste a pegarle.

—Fui a matarle, más bien, para que no pudiera nombrar a Aaron uno de los suyos. Estaba tan colérico que no atendí a razones y cuando empezó a anunciar que Aaron sería uno de los suyos mientras le acariciaba el pelo, perdí el control. Me eché encima de él delante de todos los Encadenados y empezamos a pelear. He de decir que tu hermano es un calentorro.

—¡Ja! Creo que no sabes la magnitud de esa palabra en él. Es un provocador nato.

—Y tanto. Me incitó a pelear y a perder los estribos por completo. Ni siquiera los gritos de Aaron y Cristina pudieron aplacarme. También he de decir que tu hermano me hubiera tumbado fácilmente de no ser porque estaba completamente colocado de heroína. Su agilidad era muy superior a la mía y también, su ingenio. Arrastrarme a la locura como un toro se arrastra cuando ve una capa roja, resultó muy astuto. Pero las drogas nunca fueron buenas y mermaron su agilidad hasta el punto de provocarle cierto entumecimiento. Perdió vista y yo le atrapé. Le estrangulé.

—¿Le estrangulaste?

—No hasta matarlo, obviamente. Pero lo hice. Si Kam no se hubiera interpuesto entre los dos, lo habría hecho. Él también estaba colocado, pero consiguió golpearme con suficiente rudeza como para que le soltara. Caí cerca de la hoguera y vi cómo Aaron corría hasta Tom para ayudarle a levantarse, mientras me gritaba que me había vuelto completamente loco.

—Y fue entonces cuando…

—Cuando perdí el control por los celos y la rabia. Agarré mi navaja, la que nunca había utilizado. Dejé que su hoja se volviera incandescente cuando la acerqué al fuego y corrí hacia Tom. Kam se puso en medio y… imagínatelo.

—Le rajaste la cara y el ojo izquierdo.

—Sí. —Toro no parecía muy orgulloso de ello—. Cristina empezó a llorar, Kam a gritar con la sangre empapándole la cara y la ropa. Aaron me abofeteó y gritó que no quería volver a verme nunca más, que era un cerdo sádico, que no merecía llamarme Encadenado…

—Y te echaron.

—En realidad, me fui yo y nunca volví. Me sentía avergonzado y estaba muy arrepentido por lo que le había hecho a mi mejor amigo, a Cristina…

—¿Y Gore?

—Gore me dijo que ya me lo había advertido.

—¿Qué te había advertido sobre qué?

—Sobre tu hermano. Sobre lo mala persona que era, lo retorcido que era…

—¿Y mi hermano? —esa era la pregunta que Bill más temía— ¿qué hizo mi hermano? —Toro suspiró, sintiéndose incómodo. Bill le caía tan bien, que no sabía qué decirle. Decidió que la verdad estaría bien.

—Tu hermano abrazó a Cristina mientras se llevaban a Kam al hospital. Intentó consolarla y se echó las culpas sobre lo que había pasado. Dijo que estaba muy arrepentido, que lo sentía mucho, que era un inconsciente y que no se merecía ser el líder de los Encadenados. Todos le compadecieron, pero…

—¿Pero?

—Cuando nadie le veía, se volvió hacia mí y se rió. Entonces, dijo; matar dos pájaros de un tiro no es tan difícil como lo ponen.

—¿Matar a dos pájaros de un tiro? ¿Qué quiso decir con eso? —Toro se encogió de hombros.

—La gente más cercana a Kam se fue distanciando cuando Tom fue nombrado Encadenado. Creo que desde un principio, quería quitarse de en medio a los más fuertes para ser el líder. Por eso, me provocó reclutando a Aaron. Esperaba cabrearme, pero no que Kam se pusiera en medio para salvarle. Aquella noche se quitó a dos de los tres grandes de en medio, al Rey de los barrios bajos y el Guardián del rey. Ya sólo le quedaba…

—El futuro Sucesor del liderazgo del rey… Gore.

—Llevaba tiempo intentando quitárselo de en medio o al menos eso decía Gore. Tom siempre se mostró algo callado delante de los Encadenados y, aunque hacía cosas malas, siempre pedía disculpas después y se excusaba. Sabíamos que a Gore no le gustaba Tom, pero pensábamos que era envidia porque se ganó el cariño de Cristina en poco tiempo, y también el aprecio de Kam. Esa noche, descubrí que Gore tenía razón. Tom era un farsante, un mentiroso y un gran actor. Nos estaba hundiendo desde dentro. Jugaba con Gore a su gusto hasta desquiciarle para que Kam acabara eligiéndolo a él como Rey. Al final, lo consiguió.

—No, no del todo. Mientras el Rey siga vivo, esto sólo es una regencia. Es como una guerra… ahora entiendo el mensaje que dejó en la pared de mi casa.

—¿Lo entiendes?

—Por una parte sí y por otra… me cuesta creer… no… no me cuesta creer que Tom hiciera algo así. Él era tan oscuro y calculador cuando llegó a Hamburgo… Estoy seguro de que pudo haber hecho todo eso. Él era muy capaz pero ahora… —Bill mira a Toro con ojos brillantes. Seiler se deja llevar por ellos cuando le ve tan decidido—. Ahora Tom es diferente. Se preocupa por los barrios bajos, por los Encadenados y también, ha aprendido a pedir perdón y a arrepentirse. Ya no es malo, ya no desea el mal a nadie. Tom ahora…

—Se ha enamorado.

—¿Qué?

—Tom está actuando, Bill. Está actuando para recuperarte. No te han dicho nada para no darte esperanzas y agotarte todavía más, pero Tom ha actuado.

—¿Qué ha hecho?

—Ha mandando a todos los Encadenados fuera por unos días y mientras tanto, ha abiertos los suministros de droga, alcohol y prostitutas al tope. Todos los Caídos se han puesto las botas sin pestañear, sin sospechar nada. La droga y el alcohol estaban envenenados con laxantes muy fuertes y las prostitutas no sólo han agotado a una buena parte de los Caídos, si no que se han ocupado de dejarlos totalmente indispuestos con sustancias que ni yo conocía. Ahora mismo, la mayor parte de los Caídos tiene diarrea y una deshidratación preocupante que les impide pelear en condiciones. Tom no ha movido ni un músculo y ya ha despachado a casi todos los amigos de Gore. Es cuestión de tiempo que aparezca y te saque de aquí por la fuerza.

Bill contiene una sonrisa de felicidad. Después de esos tres días sin comer, beber y apenas dormir en condiciones, ya estaba pensando que Tom se había olvidado de él.

—Voy a salir de aquí, eh. —Se ríe—, ¿tú no deberías estar enfadado?

Toro sonríe.

—A mí me da igual quien gane esta guerra. Sólo quiero que Aaron esté a salvo… y también que tú lo estés. Te lo mereces, Bill. Eres un gran hombre.

—¡Vaya, gracias! Eres el primero que me lo dice sin añadir el apelativo de nenaza.

—¿Nenaza? Pero si no se te nota nada.

—Tendrías que haberme visto hace dos meses.

—Debía ser todo un espectáculo. Espero que tú consigas contener a Tom cuando venga y que vigiles que no vuelva a pasarse con los barrios bajos. Gore no lo hará.

—Haré lo que pueda cuando salga…

En ese momento, Big entra en la sala. Toro le mira descolocado, sin saber sus intenciones, igual que Bill.

—Vamos a hacer un trato con tu hermano, pequeño. Ven conmigo.

Bill se levanta sin rechistar, sabiendo que si no lo hacen se lo llevaran a rastras arrancándole el cuero cabelludo de paso. Sonríe a Toro y le dice que volverá enseguida antes de salir de allí. Seiler no está tan seguro de que vuelva, al menos de una pieza.

Cuando Bill llega a la sala donde están Gore, Esme y el perro, bosteza de manera fingida y luego sonríe.

—¿Qué? ¿Ya te has cansado de este jueguecito, Gore? ¿Vas a rendirte por fin? —el susodicho se ríe, obligándole a sentarse encima de la silla más cercana al portátil que hay sobre la mesa. Bill consigue ver una conexión en la pantalla. Están intentando entrar en contacto con los Encadenados, supone. Acierta al ver la cara de Kam en pantalla.

—¡Kam! —grita.

—Uff… menos mal que estás bien, Bill. Estábamos muy preocupados por ti —dice Kam a través de la línea.

—¡Bill, Bill! ¿Estás bien? —le pregunta Ricky, justo detrás de Kam. Bill ve que Black, Aaron, Heidi y Sabela están con ellos.
Pero no ve a Tom.

—Sí, estoy bien. Estoy… ¡estoy perfectamente! —miente, para no preocuparles—. ¡Estos capullos me tratan muy bien! Aunque sospecho que si digo dónde me tienen encerrado, me meterán un tiro entre las cejas.

—Lo has pillado bien, Bill. —Se burla Gore.

—¿Dónde está Tom?

—Yo pregunto exactamente lo mismo. ¿Y vuestro Capitán? ¿Ha abandonado el barco? —ríe Gore.

—Está haciendo planes para abordarte, ya lo sabes. No ha podido venir hoy por eso.

Gore mantiene un silencio incómodo antes de reír.

—Supongo que no esperaréis que lleguemos a un acuerdo sin el Capitán delante.

—Es exactamente eso lo que esperamos que hagas. —Ricky grita al otro lado de la pantalla y Aaron tiene que taparle la boca para que Kam y Gore puedan hablar.
Durante unos minutos, hablan del pasado con ironía y sarcasmo. Kam protege a Tom cuando Gore lo insulta y él se cabrea. Bill no deja de pensar dónde estará Tom en esos momentos. Tiene miedo de que le hayan hecho daño y sus amigos intenten encubrirlo.

—No pienso seguir hablando de esto, Kam. Quiero hablar con Tom. —Reclama Gore, perdiendo la paciencia. Bill sólo habló con él una vez directamente y a juzgar por la herida de su pierna, no lo consideraba un hombre del que uno podía cachondearse sin más. Lo había matado de hambre y de sed. Si Toro no le hubiera visitado todas las noches llevándole comida, agua y desinfectándole las heridas a escondidas, probablemente no estaría tan entero.

—Ya te he dicho que Tom no está. El Caído que me enviaste sólo dejó la cámara y no se detuvo a mirar si Tom estaba o no. Lo comprendo, claro. De haberse parado y si Tom hubiera estado cerca, lo habría degollado.

—Entonces, supongo que el Muñeco no le interesa lo suficiente como para dejarse ver. —Kam no dijo nada. La sonrisa se le borró de la cara de repente y Bill divisó dos posibles opciones; o Kam estaba a punto de sufrir un ataque de locura, o la situación se estaba poniendo muy fea para él.

—Tom me ha dicho que te diga que no va a hacer ningún trato contigo, Gore.

—¿Ah, no? ¿Ni siquiera por su Muñeco?

—¿Cuántas veces voy a tener que decir que no soy el Muñeco de nadie? —pregunta Bill, intentando quitarle hierro al asunto. Sin embargo, eso es lo menos que hace. Gore ya ha perdido la paciencia y su comentario le da motivos para sacarle de quicio.

Se da la vuelta hacia él y sin previo aviso, le da semejante puñetazo en la mejilla, que casi le hace caer al suelo. Bill gira la cara y nota el sabor de la sangre recorriendo su barbilla y descendiendo por la nariz a borbotones. Bill mira a Gore con sorpresa, con la sangre goteando y salpicando el suelo.

—¡Hijo de puta! —grita Ricky al otro lado de la pantalla. Black la sujeta e intenta tranquilizarla sin mucho éxito. Kam se mantiene imperturbable.

—Quiero ver a Tom —reclama Gore una vez más. Sus ojos han dejado de ser burlones para convertirse en dos pozos sin fondo, llenos de odio y resentimiento.
Kam se mantiene en silencio unos segundos.

—Tom no va a venir —declara, pero mira a Bill de manera cálida, como si le pidiera con ella que aguantara un poco más la situación.
Él decide aceptar, confiando plenamente en Tom.

—Gore —dice entonces Esme, la chica que no para de tontear con Bill y que a él tanto asco le da. Aparece entonces frente al portátil, paseándose insinuante frente a la cámara del mismo.

—¡Esme! —grita Ricky cuando la ve, poniéndose pálida como un muerto.

—Hola, Richelle. Cuánto tiempo sin vernos. —Dice, con una sonrisa perfecta.

—¡Serás puta! ¡Espero que tengas un seguro que te cubra esas tetas de silicona, porque te las voy a poner en el culo, so guarra! —la chica sólo se ríe ante el arranque de mal genio de Ricky. Bill las observa a ambas sin saber qué pensar.

—Ricky, tranquila —murmura.

—¡Tranquila una mierda! ¡Voy a ir a por ti, Bill! ¡Les patearé el culo a todos y te sacaré de ahí! —Esme ignora a Ricky y se dirige a Gore.

—¿Sabes quién es ella, Gore? Es la chica de la que te hablé, la que era mi mejor amiga, ¿te acuerdas? La que se lo pasó tan bien con esos cuatro hombres aquella noche… —Ricky palidece aún más cuando la oye y totalmente fuera de control, se suelta de Black y corre hasta la cámara, sacudiéndola.

—¡Espero que puedas correr con esos tacones, porque cuando te pille te meteré la motosierra por el coño y profundizaré hasta que te la saque por la boca!

—¡Ricky!

—Black, Andreas… —Bill ve cómo entre los dos, consiguen apartar a Ricky de la cámara. Ella no deja de chillar y chillar que la suelten, que la matará, que la hará desear no haber nacido.

Bill, de repente, se siente rabioso con esa mujer que, de alguna manera, tanto daño le ha provocado a su amiga. Ella sólo se ríe, como si aquello le hiciera mucha gracia.

—Ricky es una chica muy cercana a Tom, ¿sabes lo que hizo él cuando se enteró de que la habían violado? Persiguió a los violadores y los castró uno a uno. Aunque uno quedó impune, pero calculo que no por mucho tiempo. Tom no tolera la violación, no. Le da asco, le repugna, se siente herido en el orgullo cuando alguien cercano a él es obligado a hacer ese tipo de cosas tan sucias. ¿Eso no te da una idea perfecta sobre cómo hacerle sufrir? Seguro que no le gustará nada enterarse de que su hermano pequeño ha sido violado hasta la extenuación por su mayor enemigo.

Es entonces cuando la tensión se convierte en histerismo, y el histerismo en pánico. Ricky deja de gritar, Kam varia su expresión a una angustiada y empieza a sudar. Bill mira a Gore con los ojos muy abiertos, después busca por la sala a Toro, pero recuerda que se ha quedado en el calabozo, esperándole.
Se da cuenta de que esta vez, no hay nadie que pueda ayudarle.

Con el corazón en un puño, los dos bandos esperan alguna reacción por parte de Gore.

—Sé que este no es tu estilo, Gore. Sé que prefieres a las chicas pero… estoy segura de que si eres tú el que da, no será tan desagradable. Además… seguro que si piensas en la cara de Tom mientras lo haces, disfrutarás de ello. —Pica Esme otra vez. Ella se aleja muy lentamente de Gore, alejándose de la cámara.

El líder de los Caídos sonríe al pensar en la cara de Tom, en la rabia que sentirá cuando se entere de que ha forzado a su hermano y lo ha ensuciado con el cuerpo que tanto odia. Casi se excita al pensar en ello.

—Es muy puro ¿verdad? No creáis que no me he dado cuenta de ello. Tan inocente… tan ingenuo pensando que saldrá impune de aquí, que Tom vendrá a buscarle y se irán a casa cogidos de la mano —dice él, girándose hacia Bill. Él empieza a temblar al ver su sádica sonrisa. De repente, se levanta de la silla y corre hasta la puerta que lleva a los calabozos, pero Big lo agarra del pelo antes de que llegue a ella y le da un puñetazo en la cara que lo hace caer. Gore lo agarra y lo arrastra sin más miramientos hasta la mesa donde descansa el portátil, lo más cerca de la cámara que puede. Lo obliga a agacharse sobre ella, aplastándole la cabeza contra la madera. Bill se revuelve con las manos atadas, intentando quitárselo de encima oyendo los gritos de Ricky, de Black e incluso de Aaron, que han perdido los papeles al verle en esa situación e insultan a Gore sin parar.

—Gore, estate quieto —ordena Kam, con el tono más intimidatorio que Bill ha podido oír nunca—, ¡no le toques, déjale en paz!

—Oh, ¿te preocupas por él? —pregunta con sorna. Bill siente la navaja de Gore rozándole la cinturilla del pantalón, rompiéndola para que pierda su sustento—. Te has vuelto un blando, Rey de los barrios bajos.

—Como hagas eso, Tom te matará. ¡Te arrancará los putos huevos y hará que te los tragues!

—Seguro que vale la pena si así consigo atraer a Tom. —Bill nota que los pantalones se le caen hasta las rodillas. Gore le arranca los bóxers, literalmente, cortándolos con la navaja.

—¡No, no, no, no! —se revuelve. La sangre que mana su nariz le impide respirar bien y tose. Oye como Gore se desabrocha los pantalones y de repente, le da la vuelta encima de la mesa tirándole del pelo, obligándolo a situarse boca arriba. Le agarra las piernas y le pega un guantazo cuando intenta resistirse.

—Espero que grabéis esto para que Tom pueda verlo —Gore se masturba, rozando con la punta las nalgas de Bill. Él cierra los ojos fuertemente y aprieta los dientes oyendo gritar insultos a Aaron y a Black, oyendo llorar a Ricky de pura impotencia. Se siente tan humillado al mostrarse en esa situación delante de sus amigos, que a pesar de haber recibido más de un golpe por resistirse, lo vuelve a hacer. Se alza todo cuanto puede encima de la mesa y escupe su propia sangre en la cara de Gore. Él le sonríe mientras le abre las piernas de manera bestial hasta hacerle gritar.

—¿Eso es todo lo que sabes hacer, Muñeco? —pregunta, mientras se alza sobre él para penetrarle. Bill siente su pene entre las nalgas y más cabreado que nunca, consigue liberar su pierna izquierda.

—¡No me llames Muñeco! —grita, justo antes de pegarle una patada en plena cara que le hace caer hacia atrás. Gore se tambalea y frente a la mirada atónita de Big y Esme, cae al suelo con la nariz rota. Bill aprovecha el momento para levantarse y tirar el portátil al suelo. La pantalla se hace añicos y la imagen de los Encadenados desaparece por completo.

Prefiere que nadie sea testigo de su sufrimiento para que Tom no se entere y pierda el control.

—Lo has roto —murmura Gore, apartando a Esme de sí y levantándose del suelo, sin limpiarse la sangre si quiera—, Muñeco… no sabes lo que has hecho.

Gore ha perdido toda su paciencia.

Cuando Adam abre la puerta del apartamento de su hermano en Frankfurt, lo último que espera encontrarse es a Tom. Más que asustado, cierra la puerta en sus narices, pero él revienta las bisagras de una patada y entra.

Desde un principio, ese era su plan. Nunca ha tenido intención de empezar una guerra entre Caídos y Encadenados. Engañar a Gore envenenando a sus compañeros sólo era una distracción para dedicarse a buscar a Adam, su hermano pequeño, y devolverle el golpe de la misma manera que él se lo estaba dando. Le había costado encontrar el lugar donde Gore se había hospedado durante años hasta su regreso, pero cuando dio con él en los archivos policiales, no tardó ni media hora en dirigirse hacia allí, sin saber con lo que se iba a encontrar. En dos horas ya estaba allí, armado y dispuesto a llevarse a Adam por la fuerza si era necesario.

Continúa…

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por Sarae

Escritora de Muñeco

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