
Fic TOLL de lunallena
Capítulo 15: La Huida (parte 1)
Tom había despertado muy temprano esa mañana. No solo porque su cuerpo ya estaba acostumbrado a ello, sino también por culpa de un sueño húmedo que además involucraba a Bill actuando de la manera más erótica posible. Había despertado con una incómoda erección del que tenía que hacerse cargo y así fue. Decidió darse una ducha rápida y regresar a la cama para intentar dormir un poco más, pero la imagen de su sueño aún seguía rondando su cabeza juguetonamente, por lo que decidió prender la TV para distraerse y esperar que el sol alumbre lo suficiente para que Bill despertara y comenzaran con el plan de salir del planeta tierra lo más pronto posible.
Tom tenía mucho que pensar ahora, estaba dispuesto a dejar todo para irse en una “aventura” con un alienígena. Bueno, no era una “aventura” divertida ni mucho menos, pues sabía que estaba escapando de criaturas, posiblemente, peligrosas. Además, iba a dirigirse a un planeta que aún no habían descubierto pero que, extrañamente, existía. Todo lo que estaba viviendo iba en contra de muchas teorías y libros que había leído, pero no de sus creencias. Tom siempre había creído en la vida fuera de su planeta, si había elegido hacer estudios de astronomía en un instituto de astrofísica era para, de alguna manera, demostrar lo que él sabía que existía. Solo necesitaba pruebas.
Ahora las tenía, pero de ningún modo podía hacer uso de ellas. También pensó en su familia y amigos. Estaba dispuesto a dejar a su madre, a Gustav y a Natalie ¿realmente lo valía?
Se abofeteó mentalmente. No podía retroceder ahora, había insistido tanto que no podía dar un paso atrás a última hora. Esto lo hacía para ayudar a Bill y también para salvar a su planeta de posibles invasiones futuras. Sabía que Karnak era el planeta guardián del planeta tierra, si Bill no llegaba a ser gobernante, el planeta tierra podría estar en peligro. Aunque su ayuda podría ser un poco interesada, podría ser la excusa perfecta si alguna vez decide dar las explicaciones del caso.
Tom apagó la TV porque notó que hacía uso de la energía en vano. Llevó ambas manos a su nuca y miró el techo en su lugar. Su vida había dado un giro completo en las últimas semanas, era fascinante todo lo que había descubierto y toda la información que había conseguido. Para alguien que siempre estaba hambriento de conocimientos sobre el universo, esto era mejor de lo que alguna vez pudo haber deseado.
Agarró su teléfono celular que estaba tranquilamente olvidado sobre su mesa de noche y revisó algunas fotos que había tomado en los últimos meses. Montones de fotos de él con Gustav y Natalie en fiestas, en festivales, en casa una noche del sábado. Fotos de su familia, su madre, su abuelo, sus tías, Lulu…y las fotos y videos más recientes eran de Bill. Sonrió ante el recuerdo y decidió ver uno de los primeros videos. Este era cuando habían salido de compras y Bill no sabía que Tom lo estaba grabando. También tenía otro video donde Bill jugaba con Lulu en medio de la sala y otro donde Bill reparaba su nave.
Bien, de hecho tenía videos cortos de Bill haciendo nada. Solo él caminando por la casa o comiendo algún bocado de la cocina. Tom simplemente no podía evitarlo, sabía que Bill se iría pronto y no se perdonaría nunca si no tuviera videos o imágenes de él.
Sin embargo, ahora, se preguntaba si todos estos videos e imágenes le eran necesarios. Tal vez sí, además no tenía el coraje suficiente para eliminar los videos. Así que decidió conservar cada uno de ellos.
Antes de que Tom dejara su teléfono sobre la mesa de noche, este vibró en sus manos y frunció el ceño ¿Quién podría llamarlo tan temprano?
Al ver la palabra “mamá” titilar en la pantalla, rodó los ojos, por supuesto, debió haberlo asumido. Presionó el botón de contestar y con un bostezo saludó a su madre, de pronto el sueño parecía regresar a su cuerpo.
—Ho-AAH-Hola mamá —Tom contestó perezosamente con un bostezo y se frotó los ojos con el dorso de su mano libre.
— ¿Tomi, cariño? —La voz de la mujer sonó al otro lado del teléfono.
—Sí ¿Qué sucede? —Tom preguntó tras aclarar su voz, odiaba su voz por las mañanas.
—Disculpa si te desperté, pero quería avisarte que tu abuelo y yo estamos llegando a casa en una hora. Estamos en un taxi ahora mismo.
— ¿¡Qué!? —Tom se levantó de golpe y con pies descalzos corrió hacia el almanaque que tenía colgado en la pared. Había recordado marcar la fecha en la que su madre y su abuelo regresarían. Lo había olvidado —Mierda…—Dijo bajo su aliento.
— ¿Tom?
—Sí, lo siento, había olvidado que mi abuelo y tu llegaban hoy —Dijo llevándose una mano a la frente. Tenía que hacer algo y pronto. — ¿En una hora dijiste?
—Así es, por favor necesito que tengas el cuarto de tu abuelo preparado. No puede esperar a verte, te extrañó mucho.
—Igual yo, dile que…no puedo esperar a verlo nuevamente —Tom respondió con cierta nostalgia. Realmente extrañaba a su abuelo y no podía esperar a verlo al menos una vez más.
—Bueno, nos vemos en una hora, besos.
—Te quiero —Tom colgó y tiró su teléfono a un lado antes de salir corriendo de la habitación y dirigirse a la habitación donde Bill se encontraría. Pero al tocar la puerta y no recibir respuesta, decidió entrar. Al descubrir que no había nadie, asumió que este se encontraría en el cobertizo.
Antes de ir al cobertizo, decidió dejar algo de comida en el tazón de Lulu y entonces se apresuró al lado trasero de la casa. Al llegar, ahí estaba Bill presionando algún botones de su nave, totalmente distraído de la presencia de Tom en la habitación.
— ¿Bill? —Tom llamó desde la entrada del cobertizo, caminando despacio por entre las piezas que estaban regadas en el suelo.
—Está terminado —Bill dijo sin dirigir su mirada a Tom, sus ojos siempre fijos en la pantalla de la nave mientras sus dedos presionaban los botones automáticamente.
— ¿Cómo dices?
—La nave, ya está lista. Los comandos funcionan a la perfección, el intercomunicador parece estar un poco averiado, pero no es que quisiéramos comunicarnos con alguien mientras viajamos, así que eso es irrelevante. El motor parece poder resistir el viaje, espero no explote antes de que lleguemos a K0620…
— ¿Explote? —Tom repitió con una expresión de horror, casi olvidándose del porqué estaba buscando a Bill.
—Sí. En fin, tenemos un 80% de que eso no suceda y que lleguemos a tiempo antes de una catástrofe, además las pequeñas criaturas de ese planeta podrían darnos una mano ¿no crees? —Bill continuó tecleando los botones en su nave —También he preparado un asiento especial para ti, ya que serás mi copiloto, sé que no sabes mucho de esto, pero creo que tenemos el día suficiente para enseñarte lo básico…
—Bill, tengo que decirte algo importante…—Tom intentó decir, pero el alienígena siguió con su parloteo.
—Además, tengo que hacer una pequeña prueba, sería una lástima que esta estúpida nave no decida despegar en un último instante. Oh, también he conseguido…
— ¡Bill! Esto es importante ¿podrías dejar de hablar de tu nave por unos segundos? —Tom alzó su voz y el alienígena finalmente miró al humano, salió de su nave y se apoyó en esta con los brazos cruzados.
—Te escucho.
—Mi madre y mi abuelo vienen a casa, no saben de tu presencia y tampoco de la existencia de una nave extraterrestre escondida justo en este cobertizo. No quiero enviar a mi madre o a mi abuelo a un hospital por ocasionarles un ataque al corazón respecto a…toda esta situación. —Tom dijo rápidamente y Bill estrechó la mirada intentando no perderse ninguna de las palabras.
— ¿Y qué sugieres? —El alienígena preguntó aún con los brazos cruzados y completa seriedad.
—Bueno…no lo he pensado —Tom respondió rascando la parte trasera de su cuello. Por supuesto no lo había pensado ¿cómo le diría a su madre que tenía un alienígena en casa? —Pensé que quizá…podrías ayudarme con ello.
Bill asintió y frunció los labios, pensativo. —Podrías decirle que estudiamos juntos en un proyecto de investigación y que…debes viajar conmigo, con fines estudiantiles.
—Podría funcionar.
—O decirle la verdad. —Bill añadió y Tom abrió los ojos y la boca con sorpresa.
— ¡Por supuesto que no!
—Bromeo. —Bill rodó los ojos y entró nuevamente a su nave para continuar tecleando —De todos modos, espero que no estés retrocediendo en tu decisión —Bill dijo con seriedad, pero Tom pudo notar cierto temor en su voz.
—Claro que no, dije que iría contigo y aún pienso hacerlo. ¿Qué haremos con tu nave?
—Solo evitemos que tu madre o tu abuelo intenten venir acá.
Tom asintió — ¿Qué decías sobre enseñarme a manejarla? —Tom intentó relajarse entrando a la nave y sentándose al lado de Bill. El alienígena sonrió y comenzó a instruirle.
&
Pasó una hora. En ese lapso de tiempo, Bill no solo le había enseñado a Tom instrucciones básicas de la nave, sino que también limpiaron el cobertizo. Había objetos inservibles y piezas inútiles que decidieron desechar. Tom acomodó el desorden, mientras Bill terminaba de acomodar todo dentro de su nave, tenía que estar listo para esta noche. Nada podía salir mal.
Al terminar, Tom decidió cerrar con candado el cobertizo y guardar la pequeña llave en su pantalón.
Suspiró. Aún no había decidido qué le diría a su madre; ¿cómo decirle a tu madre que te ibas al espacio con un alienígena porque otros alienígenas estaban en su búsqueda en medio de una guerra extraterrestre?
Bill estaba sentado en uno de los peldaños de la entrada de la casa, vistiendo una de las prendas que Tom una vez le había comprado cuando dieron una pequeña visita a la ciudad, y a su lado estaba Lulu disfrutando de la caricia que el alienígena le estaba brindando. Tom sonrió ante la vista, Bill y Lulu se habían llevado muy bien en los últimos días que se preguntó si el alienígena extrañaría a la mascota cuando tenga que irse. ¿Los Karnianos tendrían mascotas?
No pasó mucho tiempo, cuando a lo lejos se pudo oír el motor de un auto; ambos, Tom y el alienígena, alzaron la mirada para divisar un taxi aproximarse. No fue muy difícil adivinar que se trataba de la madre de Tom y su abuelo.
—Déjame ayudarte —Tom se acercó al taxi y ayudó a su madre a sacar al abuelo del auto mientras esta acomodaba la silla de ruedas — ¡Qué hay abuelo! —Tom sonrió animado y con cierta tristeza al mismo tiempo, esta sería la última vez que vería a su abuelo. No es que se fuera a morir, al menos eso esperaba, no todavía.
—Mi muchacho —El anciano murmuró con la voz cansada mientras era posicionado en la silla — ¡Y mi compañero! —El abuelo se animó al ver a su mascota, Lulu, correr hacia él moviendo la cola y ladrando emocionado.
Simone abrazó a su hijo y este correspondió el saludo.
—Espero que no hayas estado muy aburrido en estos días —La mujer dijo con ternura. — ¿Cómo has estado, cariño?
—Bien, bien —Tom respondió —Uhm, ¿entramos a la casa?
—Por supuesto —Respondió la mujer llevando la silla de ruedas del abuelo. —Oh —articuló al ver a otra persona más al lado de la casa — ¿Lo conozco? —Simone le susurró a su hijo con la mirada fija en el alienígena que parecía nervioso ante la presencia de más humanos.
—Ah, no, en realidad, él es Bill —Tom lo presentó una vez que se detuvieron en frente de él —Bill, ella es mi madre Simone y mi abuelo Dan. Mamá, abuelo…él es Bill, un…mi…—Tom miró fijamente a los ojos del alienígena pidiendo ayuda silenciosamente, aún no muy seguro de sí decir la verdad respecto a Bill o no.
—Un amigo de su centro de estudios —Bill respondió inmediatamente lo más natural posible. Agachó su cabeza ligeramente y mantuvo sus manos atrás de su espalda, esperando que los humanos, extraños como ellos eran, no se atrevieran a alzar la mano para saludarlo.
—Un gusto, Bill —La mujer dijo asintiendo con la cabeza.
—Mucho gusto, jovencito —El abuelo asintió del mismo modo sin dejar de acariciar el lomo de su mascota que no se despegaba de su lado.
La mujer miró ida y vuelta entre su hijo y su, aparentemente, compañero de escuela. Simone conocía las amistades de Tom y nunca lo había oído hablar de un tal Bill, bueno quizá no sabía del todo. Se encogió de hombros y les pidió amablemente que la acompañaran dentro de la casa. Ambos muchachos asintieron, suspirando aliviados sin ser notados.
Ya dentro de la casa, el abuelo fue cómodamente sentado en el sofá frente a la TV mientras Simone se encargaba de hacer algunos aperitivos en la cocina. Sentados en la mesa, yacían Tom y el alienígena. La mujer les había hecho unas cuantas preguntas casuales y Tom decidió responder cada una de ella con una mentirilla blanca.
—Entonces… ¿me dicen que están en medio de un trabajo de investigación? —Simone preguntó mientras mezclaba algo entre las ollas. No sabían que estaba preparando, pero desde ya tenía un aroma atrayente.
Tom asintió de inmediato —Así es.
— ¿Y que necesitas viajar junto a Bill para terminar ese proyecto?
—Totalmente —Tom respondió casi aguantando la respiración esperando por la réplica de su madre. La mujer se giró y suspiró mirando a ambos muchachos.
—De acuerdo, de todos modos, sabía que después que eligieras estudiar esta carrera tendrías que viajar y demás. ¿Cuándo será el viaje?
—Hoy en la noche —Bill habló por primera vez desde que entraron a la cocina.
—Oh vaya, no me esperaba eso —La mujer frunció el ceño y miró a su hijo esperando una explicación.
Tom explicó de que se trataba el viaje, intentó hacerlo sonar lo más creíble posible. Sabía que su madre no era de meterse en sus asuntos académicos, sabía que confiaba en él respecto a ello y no tenía que preocuparse. La mujer asintió una vez más y continuó con la preparación del almuerzo. No parecía del todo convencida.
&
En la habitación de Tom, el alienígena no dejó de observar al humano. Lucía preocupado, quizá ansioso o nervioso, pero podía sentir que su ánimo no era el de siempre. ¿Esto tendría que ver con el viaje de esta noche? Probablemente. No es fácil que de un día para otro de pronto tengas que dejar a tu familia o tu planeta; sabía que el humano había tomado una decisión desesperada, tal vez debía hacerle nuevamente esta pregunta.
—Tom —El alienígena llamó. Estaba apoyado en una de las paredes de la habitación, cerca de la ventana, con sus brazos cruzados en el pecho. — ¿Estás seguro de querer ir conmigo? —Preguntó.
Tom alzó la mirada desde su lugar en la cama —Sí, dije que te acompañaría, no pienso retractarme en mis palabras.
—De acuerdo —El alienígena asintió —Solo no quiero que esta sea una decisión de la que tengas que arrepentirte después. ¿En qué piensas?
Tom no dijo nada por unos segundos, quizá porque no sabía qué decir ante esa pregunta. ¿Qué estaba pensando? En todo, su mente era un meollo de pensamientos entreverados, no estaba pensando en algo específicamente.
—Quizá necesites descansar —El alienígena sugirió.
— ¿Qué harás tú? —Tom preguntó siguiendo con la mirada a Bill, quien se dirigía a la puerta.
—Estaré en mi habitación alistando algunas herramientas. Nos vemos luego —Salió de la habitación, dejando a un Tom más pensativo que antes.
&
Definitivamente, Tom necesitaba descansar. Necesitaba cerrar su mente por unos instantes y dormir. No supo cuánto tiempo, pero cuando despertó ya estaba atardeciendo. Frunció el ceño confundido y aún adormilado. Oyó su estómago sonar ruidosamente, cuando entonces recordó que había olvidado el almuerzo. Perfecto. Ni siquiera tuvo la decencia de almorzar con su madre y abuelo por última vez.
Última vez.
Quizá debería dejar de decir esas palabras, por Dios, no iba a morirse. O al menos eso pensaba. No sabía qué sería de él una vez que viaje al espacio. Todo aún le parecía irreal.
Salió de su cama y se dirigió al baño para lavar su rostro. Tras un vistazo rápido en el espejo, sí, definitivamente lucía terrible. Al salir, oyó risas provenientes del comedor. Estrechó la mirada y caminó hacia el sonido.
—Ah, Tom. Ya despertaste —Simone dijo con una sonrisa brillante —Ven come algo, puedes calentar tu almuerzo en el microondas.
Tom asintió ante la extraña vista. Bill estaba en la mesa junto a Simone y también el abuelo, todos parecían tener una sonrisa en el rostro. Tom no sabía qué era tan gracioso hasta que vio cuál era la fuente de sus risas. Un álbum de fotos. Por supuesto, eso tenía que ser idea de su madre o su abuelo. Se ruborizó.
—Mamá ¿en serio? —Tom habló miserablemente, soltando un bufido mientras esperaba el almuerzo calentarse en el electrodoméstico.
—Awh, cariño, no te molestes. Fue idea del abuelo.
— ¡Abuelo! —Tom se quejó una vez más y todos se echaron a reír, menos Tom, lógicamente.
—Shh, silencio Thomas.
—Es Tom, abuelo. Solo Tom.
—Ah, lo sé, pero desde que estabas en la barriga de tu madre yo te llamaba Thomas.
Tom rodó los ojos ante lo dicho por su abuelo, pero no argumentó.
—Cómo sea, aquí tu amigo Bill estuvo haciendo comentarios muy graciosos. —Simone dijo —Ven siéntate con nosotros.
Tom quiso negarse en un inicio, pero luego pensó en que sería la última vez que… ¡a la mierda esas palabras!
Se unió a la mesa junto con su madre, su abuelo y Bill quien le sonrió plenamente.
&
No solo hablaron de las vergonzosas fotos de Tom de cuándo era apenas un niño, sino que el abuelo Dan tomó la oportunidad para compartir una de sus tantas historias sobre extraterrestres. Así es, pese a la edad, el abuelo continuaba con ese hábito de contar historias. Tom se sintió nostálgico al oír a su abuelo, hace mucho que no había oído una de sus historias y tal parece que esta era una nueva. Simone había decidió preparar un poco de chocolate caliente para todos.
Las horas pasaron y cuando el cielo había oscurecido totalmente, Tom sabía que había llegado la hora. El abuelo había sido llevado a su habitación cuando empezaba a dormirse. Tom besó su frente y se sintió mal por no haberse despedido propiamente del anciano, esperaba poder volver pronto y contarle toda la verdad a su abuelo. Por otro lado Simone, también se encontraba extrañamente cansada.
—Siento mucho no poder acompañarlos al aeropuerto, pero…—bostezó —estoy muy cansada. Les deseo un buen viaje a ambos. —Simone sonrió cansada mientras caía dormida en el sofá —No olvides llamarme, Tom —La mujer masculló en un susurro para luego caer en un profundo sueño.
Tom frunció el ceño y miró fijamente a Bill.
—Descuida, no les di una dosis exagerada. Solo lo suficiente para que duerman y no se despierten al más ligero sonido.
— ¡Bill! —Tom sabía que el alienígena tenía que ver en esto.
— ¿Qué? No va a morirse. Sabes que no les haría daño en lo más mínimo.
Tom asintió.
—Lleva a tu madre a su habitación, yo llevaré las mochilas al cobertizo.
Tom tragó pesado y asintió.
El corazón de Tom latía a mil por hora, sus manos sudaban y comenzó a sentirse ansioso. Uno de sus más grandes, fantásticos sueños se estaba realizando. Quería, incluso, llorar de la emoción. Eran demasiados sentimientos que no podía contener.
Después de haber acostado a su madre en la cama de su habitación y besar su frente. Salió de casa, no sin antes acariciar la cabeza de Lulú, el animal también dormía tranquilamente. Al parecer, Bill también decidió dormir a la mascota.
Una vez fuera, pudo sentir el aire fresco golpear su rostro. El cielo era un mar de estrellas y la vista nunca le pareció más bonita. Y pensar que en unos momentos estaría ahí arriba. Sacó la llave del cobertizo de su pantalón y con un suspiro abrió el candado.
No pasó mucho tiempo para que unas luces rojas y azules los alumbraran. Tom y el alienígena se giraron de inmediato.
—Mierda —Tom murmuró bajo su aliento. Había olvidado que habían pasado cuatro días desde la visita de los policías que vendrían a investigar el maizal debido a la caída de un objeto sospechoso. —Iré a ver qué quieren ahora —Tom dijo caminando hacia los oficiales.
—Tom —Bill dijo con la voz temblorosa —No son humanos.
— ¿Qué di…?
Antes de que Tom pudiera terminar su pregunta pudo ver cómo los oficiales que bajaban de su auto comenzaban a transformarse en extrañas criaturas. Era como si la imagen física de simples oficiales se desvaneciera líquidamente, dejando ver horribles monstruos.
Tom abrió los ojos de sobremanera y retrocedió unos pasos al ver las criaturas aproximarse. Si una vez pensó que los alienígenas no eran feos monstruos verdes, estaba equivocado. Estas criaturas en frente de él parecían sacados de una película de ciencia ficción. Eran unos centímetros más grandes que él, su piel parecía ser escamosa como la de un lagarto, eran encorvados y tenían garras en lugar de pies y manos. Ojos pequeños y oscuros, hocico achatado y por la, aparente, sonrisa triunfal en sus rostros, podía decir que tenían dientes bastantes filudos.
Tom estaba inmóvil y antes de que pudiera hacer algún movimiento, Bill saltó en frente de él. Estaba posicionado de cuatro como si estuviera listo para atacar en cualquier momento. Sus ojos habían perdido el hermoso color miel que Tom estaba acostumbrado a ver, ahora estaban oscurecidos en su totalidad. Sus caninos ligeramente más largos al igual que las uñas de sus manos. Tom solo podía esperar lo peor.
—Ve a la nave —Bill le dijo por sobre su hombro, su voz no era la misma—Yo los distraigo —Sonrió.
—P-Pero…
— ¡Ahora!
Tom no esperó más y corrió hasta dentro del cobertizo. Pudo oír algunos golpes y gruñidos que provenían de afuera y cerró fuertemente los ojos deseando que todo saliera muy bien. ¡Cómo no pudo haberlo sabido antes! Era muy extraño que los oficiales llegaran a investigar en primer lugar. Meneó la cabeza y tras presionar unos botones en la nave, hizo que esta se abriera. Agradeció que Bill le haya instruido antes.
—Argh… —Una las criaturas había sido lanzado dentro del cobertizo con una fuerza brutal que Tom se sobresaltó al impacto. La criatura se levantó y fijó la mirada en el humano, Tom retrocedió pálido, quizá este era su fin.
Quizá.
Pero no pasó mucho tiempo para que la criatura sea agarrada del cuello por unas piernas y lanzada fuera del cobertizo.
— ¡No te quedes ahí, sube a la maldita nave! —Bill comandó. Tom le echo un vistazo al alienígena. Tenía unos rasguños en el rostro, pero nada grave, supuso.
Tom no objetó y subió a la nave junto con las mochilas. Se posicionó en el asiento y a los pocos segundos Bill entró a la nave.
— ¿Bill estás bie…?
—Lo siento, Tom, pero tenemos que apresurarnos. Abróchate el cinturón.
Tom asintió rápidamente. La hora había llegado.
Continuará…