
Fic TOLL de lunallena
Capítulo 2: Criatura extraña (parte 2)
Dos pequeños niños de alrededor ocho años corrían de un lado a otro en la casona del tío Dan. Iban a pasar toda la semana de vacaciones con el anciano. Tom y su primo hermano, Fabián jugaban a las “atrapadas” yendo de un lado a otro soltando risas en toda la casa.
El abuelo adoraba a sus nietos tanto cómo a sus dos hijas, Simone y Mary, ambas mellizas. Tom y Fabián no solo se trataban de primos, eran más como hermanos. Estudiaban en la misma escuela y vivían en el mismo edificio. Tom solo era mayor que Fabián por un mes.
— ¡Eres lento! ¡Tortuga! ¡Tomi la tortuga! —gritó Fabián entre risas mientras se hallaba en uno de los pasillos de la casa.
— ¡Vas arrepentirte de haberme dicho tortuga, enano! —respondió Tom con un tono divertido
— ¡Tortu-AAAAH! —Gritó el pequeño de cabellos castaño cuando Tom se abalanzó sobre él y comenzó hacerle cosquillas en todo el cuerpo — ¡Suéltame! ¡Tom! —Se reía el menor casi gritando
—No me llames tortuga —decía Tom sin dejar de hacerle cosquillas
— ¡De acuerdo! ¡Lo sie-JAJAJA! —Intentó decir Fabián hasta que Tom finalmente lo soltó
—Eres un tonto.
—Tú también
Ambos se rieron y se levantaron del suelo. Habían estado jugando todo el día y aun así parecían tener las energías suficientes para continuar con su juego. Muy normal en niños de su edad.
El abuelo hizo un llamado, haciéndoles saber que debían darse un baño e irse a dormir, no lo decía molesto, era tolerante con sus nietos, sus únicos nietos, a quiénes adoraba como a sus propios hijos.
Ambos se apresuraron al cuarto y tras un breve juego de manos para saber quién iría primero a bañarse, Fabián salió afortunado, dándole un pequeño empujón a Tom antes de correr al cuarto de baño.
Tras unos minutos que Fabián dejara el cuarto, Tom ingresó para bañarse y alistarse con sus piyamas.
Los dos pequeños estaban siempre acostumbrados que cada vez que visitaban al abuelo Dan este les contara una historia, aún mejor si la historia se trataba de extraterrestres, el tema favorito de ambos. Sobre todo de Tom, quién era el más curioso al respecto.
Cuando ambos niños ya se encontraban en su habitación-ambos compartían la misma habitación pero haciendo uso de diferentes camas- el abuelo ingresó y se sentó en la vieja silla mecedora de la esquina.
Los niños sabían que venía a continuación, por ello esperaron ansiosos en sus camas.
—Les contaré la historia de dos pequeño alienígenas perdidos en la tierra —inició el abuelo y ambos niños compartieron una sonrisa —Se dice que hace unos años, en el tranquilo cielo de Berlín…
El abuelo narró un corto cuento de dos pequeños alienígenas que habían llegado a la tierra por curiosidad, ya que en sus planetas hablaban tanto del maravilloso planeta azul que ambos niños alienígenas decidieron escapar de casa y conocer aquel maravilloso mundo del que todos en su planeta hablaban.
El abuelo Dan narró diferentes situaciones graciosas que ambos niños alienígenas habían pasado y antes de que terminara con su historia, sus nietos ya estaban profundamente dormidos.
El abuelo sonrió y apagó la luz de la habitación, saliendo sigilosamente no sin antes decir:
—Buenas noches, pequeños alienígenas.
&
Tom se despertó al sentir algo húmedo y pegajoso golpear su rostro. Por supuesto, era Lulu quién lamía al de trenzas para despertarlo.
Tom se llevó una mano a la cabeza ¿Qué hora era? ¿Lo había soñado todo?
Recordaba que había sacado a Lulu después de su cena, entonces vio algo aproximarse al cielo, el cuál sucedió caerse en el maizal…y encontró una nave…y algo salió de ahí….y…
Tom se giró para mirar hacia la ventana cuando se topó con grandes ojos color avellana observándolo con curiosidad.
— ¡Mierda! —Tom se sobresaltó y retrocedió.
No. No lo había soñado. Al parecer se había despertado de un desmayo.
Su cabeza dolía un poco, miró a su alrededor, aún estaba en casa del abuelo Dan. Lulu estaba sano. Y una extraña criatura estaba observándolo como si fuera el mono de un circo.
—H-Hola —Tom dijo torpemente ¿Cómo se supone que se dice hola en idioma extraterrestre? Aunque no estaba cien por ciento seguro que este lo fuera. Aunque quizá sí. Maldita mierda.
La criatura ladeó su cabeza y pestañó.
Perfecto. No lo entendía.
Tom intentó otra cosa, quizá la mímica, un gesto ayudaría.
—Mi nombre es Tom —Dijo Tom señalándose a sí mismo y estrechando su mano en forma de saludo. La criatura miró a Tom y luego a su mano estrechada. Frunció el ceño e incluso parecía enojado… ¿o asustado?
La criatura mostró sus dientes en defensa y retrocedió, aún en posición de cuatro en el suelo, cómo si se tratara de un animal. Sus ojos se volvieron totalmente oscuros nuevamente y sus uñas negras crecieron unos centímetros más.
Tom bajó la mano de inmediato y palideció.
¿Acaso iba a matarlo? ¿Había hecho algo mal?
Tragó saliva pesadamente e intentó lo que pudo para calmarse. Esto era lo más extraño que le estaba pasando, iba a intentar comunicarse con un…ser que no pertenecía a su planeta. Era una locura.
—Yo —Tom se señaló así mismo —Soy Tom…TOOM —Dijo articulando bien su nombre. Observó como la criatura parecía relajarse y volvió a la normalidad. —Tú —señaló con su dedo — ¿Quién eres? —preguntó haciendo una mímica extraña. Era un tanto penoso, pero hizo lo que pudo.
No obstante, la criatura pareció haberle entendido y finalmente habló.
—Holuku…ghada holuku —habló la criatura y Tom suspiró frustrado. No entendió nada y tampoco esperaba que hablara su mismo idioma.
— ¿Holuku? —Tom repitió con torpeza
La criatura asintió.
— ¿Tú …—Tom lo señaló —…te llamas Holuku?
La criatura negó y señaló a Tom —Holuku…ghada holuku.
Tom se rascó la parte trasera de su cuello, no solo estaba asustado por la situación, también frustrado por no saber cómo comunicarse con la criatura. Al parecer lo señalaba a él como “holuku” ¿Qué podría significar? ¿Humano? ¿Acaso lo estaba señalando cómo terrícola?
—Yo Tom —Dijo Tom una vez más sonando patético, pero debía intentarlo — ¿Tú? —señaló
La criatura pareció asimilar y contestó con las mismas mímicas.
—Bill —Dijo señalándose a sí mismo —Tom —añadió señalando a Tom.
El de trenzas sonrió.
Un segundo.
Se estaba comunicando con un jodido alienígena.
¿Qué rayos…?
Tom se mordió el labio para no soltar un chillido de emoción. Había esperado por ese momento toda su vida. Había siempre querido saber si había vida en otro planeta y acababa de descubrir que sí la había. Había siempre querido conocer uno de ellos…y tenía justo a uno en frente de él. No era cómo los había imaginado. Con grandes tentáculos y rostros deformes o verdes cabezones con grandes ojos y pequeñas bocas. No. Al contrario. Al parecer los alienígenas eran muy similares a los humanos, o al menos al que tenía en frente. Algo que no podía negar Tom era que esa criatura era hermosa a comparación de las que se había imaginado.
Se preguntó si había más cómo él ¿acaso sería único en su especie? ¿Cómo llegó a la tierra? ¿Por qué llegó a la tierra?
La mente de Tom comenzó a llenarse de preguntas y más preguntas haciendo que le doliera aún más. La criatura no dejaba de mirarlo…Tom se preguntó ¿Qué estaría pensando ahora mismo? ¿Acaso sería la primera vez que ve a un humano? ¿Había estado ahí antes? …
¿Leía la mente?
Bueno y aunque así fuera, no lo entendería ¿cierto?
Tom respiró profundamente y se dijo a sí mismo dejar su lado curioso por unos instantes. Tenía que hacer algo. Ayudarlo. Sin embargo, no había forma de hacerlo si no había forma de comunicarse con la criatura.
Sabía que se llamaba así mismo como “Bill”. Nada más.
Tom observó a la criatura quién también lo observaba con sus grandes ojos. Parecía asustado, incluso confundido o triste. Tom no podía leer la expresión en el rostro del otro, pero sintió algo en su pecho, cómo si tuviera ese sentimiento de necesidad de querer ayudarlo.
Vio que una mano de la criatura sangraba y las heridas de su rostro eran notorias, por supuesto, solo hace poco había sido el accidente. Al parecer los alienígenas no tenían el poder de auto curarse cómo una vez en su niñez Tom pensó.
En fin, se puso de pie y observó a la criatura hacer lo mismo. Tom tragó pesado, al parecer la criatura estaba en guardia en todo momento, en caso Tom quisiera hacerle daño. Tom caminó lentamente hacia el sofá dónde el botiquín se encontraba, sin quitar su mirada fija del alienígena.
Por otro lado, la criatura al ver los movimientos sospechosos de Tom hizo un gruñido y mostró sus caninos filudos, dispuesto a atacar si el de trenzas se atrevía si quiera a dar un movimiento en falso.
—N-no voy hacerte daño —Tom dijo, ignorando el hecho de que la criatura no podía entenderle. —Toma —Le extendió una venda.
La criatura observó el objeto que el humano le estaba ofreciendo y frunció el ceño.
Tom observó la reacción de confusión de la criatura e intentó acercarse con la venda en la mano pero este retrocedió haciendo un sonido que parecía un rugido.
—Hey, tranquilo….tranquilo —Murmuró Tom acercándose a pasos lentos.
Vio como la criatura dirigió sus grandes ojos directo a los suyos, intentando descubrir sus intenciones y tal parece que entendió. La criatura pareció relajarse y dejó que Tom se acercara a una distancia prudente, no muy cerca, no muy lejos.
—Dame tu mano —Pidió Tom estrechando su mano una vez más. Igual que minutos atrás la criatura hizo un gruñido y esta vez tiró un manotazo a la mano de Tom…parecía ¿ofendido? —Solo dame tu mano, no voy hacerte daño —Tom repitió —Eso —Tom señaló hacia la herida de la criatura, era un corte, un poco profunda, el cual amenazaba con infectarse.
La criatura miró al terrícola y luego a su mano, notó su herida y encogió el rostro de dolor.
Tom, sin pensarlo, agarró la mano de la criatura y vio como este abrió enormemente los ojos ¿Acaso tenía miedo? ¿Los extraterrestres les temían a los humanos?
Tom no sé sorprendía ante la idea.
Después de tomar su mano, Tom estiró su otra mano para alcanzar el botiquín y sacar el alcohol. Sabía que la criatura gritaría de dolor cuando sintiera el líquido sobre la herida, sin embargo tenía que hacerlo. Solo esperaba que no lo matara después de ello.
—Tranquilo —Tom llamó para que la criatura lo mirara fijamente a los ojos, tenía que distraerlo para que no sintiera el ardor en la herida, aunque eso iba a ser un poco imposible —Esto dolerá solo un poco. —Tom presionó el pedazo de algodón sobre la herida y vio como los ojos de la criatura se tornaron negros y las uñas en sus manos empezaban a crecer. —Shhh Tranquilo…tranqui-OH MIERDA —Tom se quejó cuando sintió un arañazo en su brazo. Sin embargo no lo soltó. Vendó rápidamente a la criatura después de asegurarse de haber limpiado la herida para que no se infectara.
Tom deseó que el corte no haya sido tan profundo en su brazo y no se equivocó. Al parecer Bill, solo le había dado un arañazo como instinto, parte de su naturaleza para defenderse.
—Ugh, listo —Dijo Tom soltando la mano herida de la criatura
Bill examinaba con curiosidad su mano vendada y luego miró a Tom con el ceño fruncido, este notó la mirada de la criatura sobre él y sonrió vacilante. La verdad es que tenía miedo y emoción.
Tenía un jodido alienígena en casa.
¿Qué se supone que debía hacer ahora?
Tenía mucho en su cabeza. Lo razonable sería llamar a la policía, decir que algo extraño había caído en el campo de cultivo de su abuelo y que un extraño ser había salido de ese objeto. Luego le mostraría a Bill…y entonces se lo llevarían.
No, de hecho Tom no quería que se llevaran al alienígena, quería ayudarlo, interactuar más con él. Si había logrado que le diga su nombre entonces podría lograr que le diga más cosas, quizá le enseñaría su idioma.
Los pensamientos de Tom fueron interrumpidos por los ladridos de Lulu, Tom sacudió la cabeza y miró hacia el labrador que estaba saltando hacia el alienígena, cómo cualquier perro juguetón. Tom se horrorizó, quizá Bill no sabría que Lulu quería jugar con él y podría terminar matándolo.
— ¡Lulu! ¡Ven aquí! —Tom llamó y al ver que la mascota no obedecía se acercó para alejarlo de Bill, quién miraba al animal peludo con una mirada asesina. — ¡Quieto! ¡Quieto! —Tom le decía al animal mientras lo llevaba a una habitación y lo encerraba ahí.
Aunque Tom odiaba lo que estaba haciendo, lo hizo por el bien de la mascota. Después de cerrar la puerta de la habitación, regresó a la sala dónde encontró a la criatura cerca a la ventana, su rostro pegado al vidrio al igual que ambas manos, mirando en dirección a su nave estrellada.
Tom suspiró y se acercó hasta posicionarse al lado de la criatura. Tom pudo notar en el rostro de este preocupación, tristeza, confusión…
Pasaron unos largos minutos y la criatura parecía no querer inmutarse de su posición, seguía mirando en dirección a su nave y Tom sintió algo de lástima por el ser.
Decidió en ese momento que lo ayudaría. No tenía ni la más remota idea de cómo, pero lo haría.
Por ahora, solo tenía que enfocarse en intentar comunicarse con el alienígena, las mímicas funcionaron, por desgracia, Tom no era muy bueno en eso, debía haber una forma.
Escuchó un gruñido, no proveniente de la criatura, si no de su estómago. A pesar de haber comida antes de sacar a pasear a Lulu, un sándwich y un café no bastaba.
Se preguntó si el alienígena tenía hambre ¿Qué comería?
Tom se dirigió a la cocina y buscó algo para comer en los reposteros. Encontró un jarrón lleno de paquetes galletas. Las favoritas de Tom. Agarró dos paquetes y se dirigió a la sala dónde el alienígena seguía en su misma posición, sin intención de querer moverse en ningún momento.
— ¿Bill? —Tom llamó.
La criatura no se giró.
— ¿Bill? —Llamó Tom una vez más, al no recibir respuesta de la criatura, suspiró cansado, se sentó en el sofá y abrió un paquete de galletas. Llevó una a su boca y masticó, haciendo que cada mascada hiciera eco en la habitación, no es que lo hiciera apropósito, las galletas eran así de crocantes, además, eso lo estaba ayudando a pensar acerca de qué hacer con el inesperado visitante.
Cuando estuvo a punto de llevarse la última galleta a la boca, giró su mirada al sentir unos ojos sobre él. No se dio cuenta en que momento, pero la criatura lo miraba insistente. Esa mirada era parecida a la mirada que Lulu le dirigía cuando Tom comía su sándwich y este quería un pedazo.
Tom sonrió y le ofreció la galleta al alienígena quién miraba confundido, sin decidir si recibir o no.
— ¿Quieres? —Tom preguntó haciendo un gesto señalando la galleta.
Bill asintió tímidamente y se acercó hasta posicionarse al lado de Tom.
El de trenzas se estremeció, aún no acostumbrado a la presencia del alienígena tan cerca de él. Le ofreció la galleta una vez más y la criatura recibió el dulce. Lo examinó por unos segundos.
Lo que Tom vio a continuación casi lo hizo dar un grito del susto. La criatura sacó su lengua para lamer la galleta y notó que no era una lengua normal, sino una lengua… bífida. Tom tragó pesado y se mordió la lengua para aguantarse un grito de asombro.
A la criatura, pareció gustarle el sabor de la galleta y se la llevó a la boca. Masticó y tragó.
Tom le sonrió nerviosamente.
Eso fue extraño.
Aunque a esas alturas, Tom debía dejar de sentirse sorprendido y recordar que el ser que tenía a su costado no era una persona, sino un alienígena.
Afortunadamente, Tom había tomado dos paquetes de galletas, abrió el siguiente paquete y le ofreció a la criatura quién gustoso aceptó cada galleta que Tom le ofrecía. Incluso parecía sonreír.
— ¿Te gusta? —Tom preguntó señalando el paquete vacío de galletas.
La criatura asintió.
Tom sonrió, no es que la criatura haya en realidad entendido lo que Tom le había dicho, quizá solo pensó que el humano le daría más de esos dulces redondos y crocantes.
— ¿De dónde vienes, Bill? ¿Hay más cómo tú? ¿Por qué estás aquí? —Tom preguntó sin esperar que la criatura le respondiera, después de todo no lo entendería.
La criatura miró a Tom con seriedad y llevó ambas manos a la cabeza del de trenzas.
— ¡Mierda! —Tom se sobre saltó cuando vio al alienígena acercarse demasiado. Muy cerca para su comodidad.
Vio como los ojos de la criatura se tornaron de color negro una vez más y se acercaba para presionar su frente con la de él.
Tom sudaba frío. Sus manos temblaban. Su corazón latía a mil por hora, podía sentir que en cualquier momento saldría disparado de su pecho.
Entonces todo se detuvo.
Todo a su alrededor se volvió borroso, todo menos Bill quién aún tenía su frente presionada con la de él. Su cabeza comenzaba a dolerle y pudo sentir un cosquilleo que recorría su nariz y bajaba por su labio.
Estaba sangrando.
Lo que sentía era indescriptible, un hormigueo en todo su cuerpo como pequeños choques eléctricos en cada célula de su ser, dolía. Se sintió mareado y con ganas de devolver todo lo que había comido en el día. Entonces, cuando creyó que se desmayaría o se moriría al no sentir más su cuerpo…Bill lo soltó y sintió la sensación cómo si bajara a toda velocidad por un ascensor.
Su estómago daba vueltas. No pudo soportarlo y vomitó en la alfombra vieja de la sala del abuelo Dan.
Su garganta le ardía y la sentía rasposa, al tener el sabor de vómito en su boca quiso volver a vomitar, sin embargo intentó calmarse, se limpió con su antebrazo y tosió.
Mierda, el dolor en su cabeza era insoportable, todo le daba vueltas.
¿Qué rayos había pasado?
Se giró y miró a Bill con miedo ¿Acaso iba a matarlo?
— ¿Estás bien? ¿Te hice mucho daño?
Tom se paralizó. El alienígena le había hablado con un perfecto acento alemán. Podía hablar su idioma. Estaba hablando con un extraterrestre. ¿Era una broma? ¿Acaso saldrían cámaras de televisión y le dirían que todo fue una pesada broma?
Tosió una vez más y agarró el botiquín para sacar un pedazo de algodón y alcohol para su nariz que seguía sangrando. No sabía que mierda había pasado y pensaría en eso después. Sentía que el dolor en su cabeza iba a matarlo.
—Lo siento mucho…realmente lo siento —Habló el alienígena una vez más y Tom se recordó así mismo en calmarse. Pensar tranquilo la situación. Pero…
—Estoy bien…—Tom finalmente dijo con la voz grave y rasposa, tenía aún el sabor desagradable en su boca y sintió arcadas —Estoy bien…—Repitió aún incrédulo.
Cerró sus ojos cansados y sin darse cuenta, cayó desmayado por segunda vez en el día.
Continuará…