Alienígena 26

Alienígena 26

Fic TOLL de lunallena

Capítulo 26: Escape

¡Fabián! …¡Fabián! ¿Has visto mi…? —Un pequeño Tom de ocho años entraba al cobertizo de la casona de su abuelo Dan. — ¡Tú lo tenías! —Ingresó al cobertizo al ver a su primo sosteniendo uno de sus libros de aventuras extraterrestres favoritos.

Solo lo tomé prestado, no seas gruñón —Fabián le sacó la lengua entretenido.

¿Prestado? No recuerdo habértelo prestado —Tom se sentó a su lado cruzado de brazos y mirando expectante a su primo.

Bueno, estabas taaaan ocupado viendo TV que ni siquiera escuchaste cuando te lo pedí. —Fabián rodó los ojos —Como sea, este libro es divertido ¿puedo tenerlo por un tiempo más?

¡No! Yo lo estaba leyendo primero.

¿Por favor, Tom? ¿Tomi? —Fabián hizo un puchero tierno y Tom solo rodó los ojos.

¿En qué página estás?

Ehm…30 —Respondió el pequeño niño.

Bien, yo me quedé en la página 35 ¿Te parece si lo leo en voz alta?

Vale, pero nos turnamos.

Vale.

Fabián le devolvió el libro a Tom quien empezó a leer en voz alta a partir del párrafo donde su primo se había quedado. La historia estaba en un punto donde una humana comenzaba a sentir sentimientos hacia un extraterrestre que había llegado a la tierra. El padre de esta era un investigador de la NASA y comenzaba a sospechar de este nuevo amigo de su hija.

Fue entonces que Fabián interrumpió.

pfff patrañas. ¿Cómo puede enamorarse de un extraterrestre?

Tom se encogió de hombros —Quizá se gustaron.

¿Tú te enamorarías de uno?

Tom se encogió de hombros —No tengo idea de cómo sean las extraterrestres.

Cierto. Quizás y son muy lindas ¿Pero qué crees que nuestras madres digan? ¡No! Peor aún ¿qué crees que digan los padres de esta alienígena? ¿Le darían permiso de estar con un humano? ¿Qué si no nos aceptan en su planeta? ¿Y qué pasa si tenemos una discusión y como venganza vienen a invadir la tierra?

Tom no pudo evitar reír y sentir un escalofrío al mismo tiempo, su primo podría tener razón.

Quizá es mejor no enamorarse de una extraterrestre nunca.

Exacto, nunca.

Ambos se miraron en silencio y se echaron a reír. Tom continuó con la historia.

&

— ¡Tom! ¡Despierta! —Tom pudo oír la voz de Bill y sus pasos que iban de un lado a otro en la habitación.

—Ugh, lo siento, me quedé dormido —Se estiró y tiritó un poco, de pronto la habitación se sentía fría, fue entonces que recordó que aún estaba desnudo.

—Vístete, el plan se adelantó. —Bill mencionó mientras amarraba sus rastas en una coleta alta.

— ¿Qué quieres decir? —Tom preguntó buscando por su enterizo tirado a un lado de la habitación.

—Al parecer, Derbus nos ha estado enviando una señal que por cierto hemos estado ignorando. Esto no puedo significar nada bueno.

Tom asintió serio. La situación podría empezar a complicarse.

—Estaremos todos en la sala. Te espero ahí.

Tom volvió a asentir y Bill salió de la habitación sin más. Por alguna extraña razón se sentía ansioso, quería salir y combatir contra varios Kamlos o cualquier lagarto que se entrometiera en su camino. Quería llegar a Karnak y recuperar el planeta de los Karnianos, cueste lo que cueste.

Antes de que se vistiera, Tom entró a la capsula de aseo en donde solo al someterse al aparente vapor, salía completamente limpio. Como darse un baño. Se colocó su enterizo, una bandana sobre su frente y se dirigió a la sala donde los demás Karnianos se encontraban.

&

Cuando Tom llegó a la sala, esperaba ver a los Karnianos hablando los unos a los otros sobre el plan que se llevaría a cabo para recuperar Karnak, mas no el ambiente lúgubre y sombrío que sus ojos estaban apreciando. Todos los refugiados estaban de pie rodeando una pequeña mesa de cristal, todos haciendo una misma señal: sus dos dedos juntos, medio e índice, presionando el punto en el pecho dónde se ubicaban sus corazones. Por la expresión melancólica de sus rostros, nada bueno debía significar.

La sala estaba completamente en silencio, excepto por el sonido de los botines de Tom por cada paso que daba. Finalmente se detuvo al lado de Bill, quién al igual que todos, tenía dos de sus dedos en el pecho y los ojos cerrados en una expresión decaída.

— ¿Qué sucedió? —Tom preguntó en voz baja, lo suficiente para que solo Bill pudiera oírlo.

El alienígena no contestó después de unos segundos más de silencio, su tono de voz tan baja como la de Tom. —Derbus…ha caído.

Los ojos de Tom se agrandaron por la sorpresa de aquella respuesta. ¿Caído? ¿A qué se refería con caído? Se supone que Derbus se estaba haciendo cargo de la nave. ¿Qué significaba todo esto?

—Bill…

—Derbus no merecía esto, no debió —El alienígena pronunció afligido, indignado. De pronto, ya no tenía dos dedos presionando fuertemente en su pecho, sino un puño. Apretaba tan fuerte su mano que sus venas podían ser visibles al igual que sus nudillos completamente tensados.

Tom aún no entendía del todo lo que estaba sucediendo, pero una cosa tenía clara: algo malo le había sucedido a Derbus y tenía que ver con la señal que, al parecer, les había estado enviando.

Tom iba a decir algo más hasta que Andreas interrumpió, llamando la atención de todos.

—Derbus, un kleine que entregó su vida para no revelar nuestro paradero y evitar que nuestro plan sea obstaculizado, dejó un mensaje antes de su mortal accionar.

Cuando Andreas terminó de pronunciar sus palabras, inmediatamente la voz de Derbus pudo ser oída en la sala, proveniente del pequeño aparato sobre la mesa de cristal. El mismo aparato que había estado enviando las señales que fueron ignoradas.

¿Bill? ¿Tom? De acuerdo, he intentado comunicarme con ustedes…pero es probable que la señal no llegue porque me encuentro en un lugar muy alejado en la galaxia, de hecho, nunca había estado aquí antes. Sin embargo, con este nuevo instrumento que mi padre construyó, es posible que la señal les llegue dos sofiris después. Espero que así sea y poder evitar cualquier hecho fatal. Se preguntarán “¿Qué hace Derbus en un lugar alejado en la galaxia?” correcto. Seré breve porque no tengo mucho tiempo —Se escuchó la voz de Derbus vacilar —He visto naves acercándose a Acos, no eran Kamlos ni parkos quienes las manejaban. Eran Droides. Como sea, salí de la nave en una más pequeña y me enfrenté a ellos para evitar que llegasen pero…—Derbus soltó una pequeña risa, mas no era de gracia. —…no creí que llegarían más. Así que, fui capturado. Ahora mismo, me encuentro en una de sus naves…aunque cuando oigan este mensaje, esa nave ya no habrá existido…y yo tampoco. —Hubo un corto silencio en la grabación y segundos después Derbus continuó, pero con un tono más bajo —He oído las conversaciones de los Droides y a pesar de que hablaban en un idioma distinto al mío, he podido entender algunas palabras. Saben que Bill y algunos Karnianos se encuentran refugiados en Acos, lo bueno es que no saben dónde y tienen planeado sacarme información de cualquier manera. Conocen a los Droides, son seres bastante inteligentes…y manipulables. Entre sus conversaciones han mencionado a Karian, no me sorprendería que estén aliados con él. Además, Karnianos y droides nunca se han llevado bien. Como sea, ellos creen que no lo sé, pero en estos instantes están preparando una camilla en donde, al parecer, yo seré el invitado. —Se oyó un suspiro — ¿Bill?

El alienígena alzó la cabeza al oír su nombre, sin importarle que solo fuera una grabación de la voz de Derbus.

Sé que estás oyendo esto y probablemente estés un poco molesto conmigo por lo que voy hacer. Me has dicho una y otra vez que no te debo nada, incluso cuando me salvaste la vida. No tomes esto como un favor que haga de regreso, realmente te aprecio y quiero ayudarte…así deba tomar estas medidas. Serás un buen gobernante, un buen líder. Eres fuerte, tenaz, quizá un poco torpe, determinado. Me entristece que no pueda ver el día en el que tu padre te nombre gobernante oficial, pero sé que sucederá. Tom, no te conozco mucho tiempo, pero eres un humano bastante especial y no me sorprendería que fueras tú quién Bill ha estado esperando siempre. Espero no estar equivocado. —Silencio —Lo siento, creo que ha llegado el momento, pero antes, debo decir algo sumamente importante, los Droides que me tienen capturado en esta nave han enviado una señal a otros Droides que deben estar llegando a Acos en tres sofiris, lo que quiere decir un día después de haber sido enviada esta señal, están llevando una tecnología especial y temo que es casi probable que los encuentren…Deben salir de Acos inmediatamente, Tom tiene algunos aparatos que le dejé antes de irme a la nave. El aparato más pequeño tiene un botón triangular, al ser presionado la nave aterrizará en Acos para recogerlos y llevarlos directamente a Karnak, no tienen que conducirla, lo he programado todo. Debo decir que la nave puede tardar un poco antes de llegar y cuando lo haga comenzará su despegue cuando el botón triangular se vuelva de color rojo. Sean precavidos y muy cuidadosos de que ningún enemigo se escabulla en la nave. En fin, no creo que haya alguno, se supone que cuando lleguen, ustedes debieron haberse ido. Esta Nave, en la que me encuentro, lleva consigo armas con tecnología superior…lástima que estoy en ella y que todo desaparecerá. Está demás que diga lo que tengo en mente. Recuperen Karnak y terminen con esta guerra. Nak Dae.

Hubo silencio y la voz de Derbus no se volvió a oír más.

Andreas tenía el ceño fruncido, pensativo al igual que Bill y Tom supuso que estaban pensando lo mismo que él. La señal había llegado hace dos sofiris tal y como Derbus lo había dicho, sin embargo, estaban oyendo la grabación un sofiri de retraso lo que significaba que los Droides estarían en su búsqueda en estos instantes.

—Mierda…—Tom respiró por lo bajo, de pronto sintiéndose nervioso de la situación. Alzó la mirada y se encontró con la de Andreas.

— ¡Es hora de irnos! ¡Tomen lar armas necesarias!…Bill, Tom, necesito hablar con ustedes —Habló el rubio alienígena con firmeza. —Acompáñenme.

Ambos, Bill y Tom, siguieron al alienígena dentro de una de las habitaciones mientras los refugiados iban de un lado a otro, alistándose para el escape.

Una vez que se aseguraron que solo estuvieran los tres solos, el rubio inició la conversación.

—Hicieron el ritual —Afirmó —…y funcionó —dijo con un ligero tono de asombro.

Tom abrió los ojos de sorpresa por lo asertivo que había sido el rubio con su afirmación, por otro lado Bill parecía conocer muy bien a Andreas y sabía que sería el primero en darse cuenta del cambio.

—Andreas, no creo que sea momento de hablar de esto —Bill respondió un poco incómodo con la conversación, aún sensible por la pérdida de Derbus pero Andreas continuó.

—Esto…esto no había pasado nunca, ¿son conscientes del poder que poseen ahora? —El rubio alienígena los miró con cierta preocupación.

—Eso creo —Bill respondió no muy seguro —Aunque no sabemos cómo hacer uso de él, creo que…nos serviría mucho para recuperar Karnak.

— ¡Por supuesto que servirá! Esto…esto es inaudito.

— ¿Sabes cómo hacer que funcione? —Tom preguntó de pronto, recibiendo miradas de ambos alienígenas.

—He leído mucho al respecto, sobre aquella leyenda de ambos individuos poderosos que se separaron jurando volver a estar juntos otra vez algún día. Se dice, que el poder de ellos se activaba por sus emociones, por ejemplo, si uno de ellos se sentía muy frustrado podía hacer uso de su poder, en caso se descontrolara el otro ayudaría a que esté en equilibrio otra vez. Por eso siempre debían permanecer juntos…además del sentimiento muy fuerte que había entre ambos. El día que se separaron, no hubo un equilibrio ya que ambos sintieron la misma emoción de frustración y tristeza del tener que separarse…pero también el de esperanza de volver a reunirse otra vez, es por ello que hicieron uso de su poder para que eso sucediera.

— No lo entiendo… ¿Por qué cuando uno de ellos fue capturado no usó su poder para liberarse? Debió haber sentido mucha ira. —Tom preguntó un poco confundido.

—Es por eso que quiero hablar con ustedes. —Andreas dijo con un tono serio —Fue el temor. Sintió miedo y lo mismo sintió el otro. Cuando el miedo te consume, cuando dejas que el sentimiento de temor te posea, el poder puede volverse inútil. Si ambos confían en la fuerza que tienen y creen en el poder del que son dueños, entonces no dejarán que las emociones los controlen, ustedes podrán dominar su poder y usarlo como lo vean conveniente. Incluso si están separados, aunque el poder es superior cuando están juntos.

Ambos, humano y alienígena, asintieron.

— ¡Andreas! ¡Andreas! —Llegó Zed, uno de los Karnianos refugiados. Tom notó que parecía estar un poco más pálido de lo normal — ¡Nos han encontrado! ¡Están forzando la entrada del refugio!

— ¡Demonios! —Andreas maldijo por lo bajo y a lo lejos se pudo oír el chirrido de la puerta del refugio ser forcejeada.

— ¡Yo me encargo! —Bill respondió de inmediato colocando sus ojos completamente oscuros.

—Voy contigo —Tom añadió con la misma fuerza de voz, sin saberlo, también tenía sus ojos completamente negros.

Andreas había estado a punto de objetar la determinación con la que iban ambos, pero decidió no hacerlo cuando sintió el aura que la pareja emanaba, era distinta y le transmitía confianza. Definitivamente, ellos serían la llave para que la guerra en Karnak terminara y la paz en el universo entero sea posible.

&

Bill corrió hacia la entrada principal y Tom le siguió los pasos con la misma velocidad, ambos se detuvieron de golpe justo en el momento en el que la puerta principal del refugio había sido arrancada con fuerza hacia afuera y una luz cegadora penetraba la entrada sin cuidado. Ambos, Bill y Tom ni si quiera parpadearon o estrecharon la mirada, su vista era lo suficiente fuerte para soportar tal luminosidad.

Tom, no sabía del todo cómo podía hacerlo, pero podía ver a través de esa luz. “Debe ser el nuevo poder que he adquirido…”, pensó. Observó una sombra y la luz oscura que emanaba alrededor no debía significar nada bueno.

— ¡Atrás! —Bill gritó dirigiéndose hacia Tom y como si todo estuviese en cámara lenta, Tom se giró a tiempo para ver un gancho metálico dirigirse hacia él, apuntando directamente en su pecho. Tom lo esquivo dando un salto, casi felino, hacia un lado y cayendo casi intacto en el suelo. Todo había sucedo en cuestión de segundos, si Tom no hubiera adquirido ese nuevo poder probablemente ya estaría con ese gancho metálico atravesado en su pecho y desangrándose.

Tom sacudió su cabeza de inmediato y dirigió su mirada hacia Bill quién había dado un salto hacia la luz y un puño alzado para golpear a la sombra que Tom había visto segundos antes. Se escucharon gruñidos y golpes pero todo lo que podía ver Tom a través de esa luz eran dos sombras colisionando, pudo reconocer la sombra de Bill, con una luz blanca y hermosa.

En un acto de reflejo, Tom se agachó porque sintió la sensación de algo aproximándose detrás de él cerca de su cabeza, no estuvo equivocado. Al momento que se puso de cuclillas unas cuchillas ya estaban apuñalando la pared en frente de él.

Tom se giró rápidamente para encontrarse cara a cara con, quien supuso sería, un droide. Tenían forma humana, pero su piel de tono metálico delataba al instante lo que eran realmente. El droide en frente de él tenía ojos rojos y una mueca de molestia que Tom pudo adivinar sería porque había fallado en sus intentos de querer matarlo.

— Mala puntería, ¿eh? —Tom se burló con una ceja alzada y caminando temerario hacia el droide. No sabía de dónde venía, de pronto, toda esa osadía pero le gustaba. —Te enseñaré qué es tener puntería, pedazo de chatarra. —Tom escupió alzando una patada hacia la cabeza del enemigo, este pudo esquivarlo fácilmente pero lo que no pudo esquivar fue la barrida que Tom hizo cuando este se agachó.

El droide saltó hacia atrás, sacudiendo su cabeza y luego corriendo hacia Tom a una velocidad sorprendente. Posiblemente, antes, Tom hubiera sido vencido al instante pero no esta vez. Así que comenzó a esquivar los ataques del droide y a propinar puñetes y patadas cuando tenía oportunidad.

Todo sucedió muy rápido, de pronto, Tom tenía al droide agarrado del cuello y de un simple movimiento la cabeza del droide fue desprendido de su cuerpo y cayó inerte sobre el suelo cual saco de chatarra.

Tom no tuvo ningún rasguño y tampoco se sentía exhausto. Fue entonces que sintió un hormigueo fastidioso en el pecho y Bill fue lo primero que vino a su mente.

— ¡Bill! —Llamó alarmado y corrió hacia las afueras del refugio, en el piso rocoso del planeta de Acos, yacían dos droides despedazados en el suelo, mientras que a un lado Bill parecía querer liberarse de unas cuerdas que ataban sus manos. De hecho, no eran cuerdas comunes. — ¡Bill! —Tom gritó una vez dirigiéndose hacia él.

— ¡Tom, atrás! —Bill gritó y Tom se giró a tiempo para lanzar a una patada al droide que, ingenuamente, quería sorprenderlo por la espalda.

Este droide, al parecer, parecía ser un poco más fuerte que los otros. Se levantó, saltó hacia atrás y de sus manos salieron dos ganchos metálicos que se estiraron en dirección a Tom, para impedir que se acercara a Bill.

Tom pudo esquivarlo, aunque no completamente porque uno de los ganchos rozó su brazo haciéndole un pequeño corte. Su mente estaba dividida en concentrarse en esquivar los ataques y querer acercarse a Bill para liberarlo de esas cuerdas extrañas.

— ¡Tom, estoy bien!…solo…deshazte de ese droide —Bill dijo al mismo tiempo que intentaba, en vano, soltarse de la atadura.

— ¿Seguro? —Tom preguntó y al ver asentir al alienígena, entonces se concentró completamente en el droide en frente de él.

Lo que Tom no esperó, es que los droides despedazados en el suelo se volvieran armar y estar como nuevos otra vez. Peor aún, el droide que hace poco había arrancado la cabeza, salía sin ningún rasguño del refugio.

— ¿Qué demonios…? —Tom maldijo totalmente confundido. Había cuatro droides y todos tenían esa mueca burlona en su rostro. Bill se puso de pie a su lado, a pesar de que no podía mover sus manos al estar atadas, no quería ser un estorbo en lo absoluto.

—Acabemos con ellos.

—Pero tus manos…

—Descuida, puedo hacerlo. —Bill sonrió y eso fue suficiente para Tom, confiaba en él. —Somos más fuertes ahora ¿lo recuerdas? — y también confiaba en el poder que tenían.

Los cuatro droides corrieron en diferentes direcciones hacia ellos y ambos, alienígena y humano, hicieron lo mismo. Tom combatía con dos droides y Bill intentaba lidiar con los otros dos de igual modo.

No pasó mucho tiempo para que una fuerte ventisca mezclada con la fina arena del planeta Acos, se alzara como una ola hacia ellos, una nave estaba descendiendo. La nave que el padre de Derbus había construido.

— ¡Chicos a la nave! —Se escuchó la voz de Andreas que salía del refugio con el control de la nave en mano, tras él, salían todos los refugiados.

— ¡Bill, vámonos! —Tom llamó mientras esquivaba el ataque de uno de los droides, agarró al otro y colisionó ambas cabezas hasta que se hicieran trizas.

— ¡Ya voy! —Bill respondió. Estaba ocupado rompiendo el cuello de uno de los enemigos con sus piernas. Sin embargo, faltaba uno. — ¡Tom, está yendo hacia la nave! ¡Detenlo!

Tom giró su cuello y vio al droide ir a toda velocidad hacia la nave donde los refugiados se estaban dirigiendo.

—Agh, mierda —Tom persiguió al droide y justo cuando este estuvo a punto de saltar a las escaleras de la entrada, Tom se abalanzó sobre él. Ambos rodaron sobre la arena rocosa y luego Tom lo sostuvo firmemente en el suelo — ¡No te muevas, hijo de puta! —Tom gruñó fastidiado, agarró la cabeza metálica del droide y la estrelló con fuerza contra una roca cercana, lo que hizo que se hiciera pedazos.

La nave comenzaba a ascender poco a poco y Tom abrió los ojos de golpe.

— ¡La nave despegará pronto! ¡Apresúrense! —Llamó Andreas desde la nave, en su mano tenía el aparato que Derbus había mencionado, en el medio tenía un botón triangular y poco a poco se estaba volviendo de color rojo lo que significaba el despegue de la nave.

— ¡Bill! —Tom llamó y Bill corrió tan rápido como sus piernas le permitieron. Sin embargo no era suficiente y la nave ya estaba unos centímetros sobre el suelo. —Maldición…—Tom siseó y corrió hacia Bill para cárgalo en sus brazos y correr hacia la nave tanto como podía.

—Esto es vergonzoso —Bill se quejó y luego soltó una sonrisa tonta.

—Estás pesado —Tom le sonrió con la intención de animar la situación. Bill solo rodó los ojos. —Te pondré en mi hombro.

— ¿Cómo…? ¡Oh! —Bill soltó un sonido de asombro cuando Tom lo puso sobre su hombro como si se tratara de un costal más. —Debes estar bromeando —Bill murmuró.

— ¿Qué pasa? —Tom preguntó mientras seguía corriendo, estaba muy cerca.

—Los droides se levantaron otra vez y…nos van alcanzar, Tom —Bill dijo con cierta alarma en su voz.

—Ya casi —Tom aceleró. No sabía que podía ir más rápido o quizá era la adrenalina haciendo su trabajo.

— ¡Dame la mano! —Andreas gritó desde la entrada de la nave, ya elevada casi dos metros del suelo.

Tom agarró fuertemente a Bill con un brazo y con la otra agarró la mano de Andreas tras dar un gran salto. Andreas se abalanzó hacia adelante pero rápidamente fue sujetado por Georg y Anis para que no cayera. Otros Karnianos refugiados, ayudaron a Tom y a Bill a subir a la nave e inmediatamente cerraron la puerta, no dándole ninguna oportunidad a los droides de que entraran.

—AAahgh…—Tom se desplomó en el suelo de la nave y Bill cayó a su lado jadeando y tosiendo un poco.

—Creo que tragué arena —Bill se quejó entre tos y tos — ¿Estás bien? —Se acercó a Tom para asegurarse que no estuviera lastimado.

—Ah…eso creo…—Tom le sonrió entre jadeos y cerró sus ojos, ahora sintiéndose cansado — ¿Recuerdas los días de entrenamiento en la tierra? —Preguntó aleatoriamente y Bill sonrió.

—Lo recuerdo.

—Esto se sintió el triple.

Ambos sonrieron y luego rieron como si estuvieran completamente locos, Andreas los miraba confundido y los demás refugiados solo sonrieron porque simplemente era contagioso verlos reír.

—Por cierto, Andi, quítame esto…está molestándome —Bill alzó sus manos atadas y Tom miró con extrañeza la atadura.

Andreas examinó las cuerdas intentando encontrar una forma de quitárselas —Por aquí debe haber una herramienta para deshacernos de ella. Droides y sus malditas armas —Andreas rodó sus ojos blancos. —Vamos, Bill —Dijo el rubio alienígena mientras se adentraba a la nave.

—Me quitaré esta…cosa —Bill le dijo a Tom con confusión mostrando sus manos —Te veo luego —Le guiñó y se levantó para seguir Andreas.

Tom solo le sonrió embobado y asintió.

—Aquí tienes —Se acercó Nalea con un pequeño frasco que contenía un líquido celeste.

— ¿Qué es?

—Bébelo —Sonrió la alienígena —Lo necesitas.

Tom asintió y bebió el líquido como si se tratara de agua. Verdaderamente, lo necesitaba. Su garganta ya no estaba más seca y sentía poco a poco cómo iba recuperando energía. —Gracias.

Todos los refugiados, quienes habían estado ahí de pie, sonrieron aliviados de que nada malo le haya sucedido al humano y a su futuro gobernante, lentamente se dispersaron en toda la nave, explorando los alrededores.

—Buena batalla ahí abajo —Tom oyó la voz del alienígena de cabello castaño, a quién reconoció como Georg. —Los droides son muy fuertes, es de valientes enfrentarse a ellos.

—Gracias —Tom asintió sonriente, recibir un halago de ese tipo de alguien quien era conocido por ser uno de los mejores guerreros de Karnak significaba algo para él. —Es un poco molesto también ¿acaso son inmortales?

—No realmente —Georg negó —No son buenos en combates cuerpo a cuerpo, su estrategia es combatir a distancia. Solo pueden regenerarse hasta tres veces, en la tercera regeneración están desprogramados y actúan como pequeños seres perdidos.

—Ya veo. —Tom asintió asombrado por el dato.

—Eres el elegido ¿verdad? —Georg preguntó de pronto y Tom pestañó un par de veces antes de contestar.

—Creo que lo soy —Sonrió.

—Genial, eso quiere decir que eres uno de los nuestros…si así lo decides —Georg se encogió de hombros.

— ¿Qué quieres decir?

—Bueno, piensas quedarte aquí ¿no? ¿O piensas regresar a la tierra?

Tom no respondió, eso aún era un tema delicado del que no quería hablar. Sí, extrañaba la tierra, su madre, su abuelo, sus amigos…pero también quería estar con Bill y en el ritual de compatibilidad lo había demostrado. Sin embargo, no entendía a qué se refería Georg, “si así lo decides” ¿acaso podía decir entre ser uno de ellos o no? ¿Tenía esa posibilidad?

— ¿Qué si decido volver a la tierra? —Tom preguntó, no es que haya tomado una decisión ahora, además no tenía pensado en alejarse de Bill ahora. Ni en algún tiempo cercano.

—Mmm, interesante —Georg respondió pensativo —Pues no lo sé, pero sabes de qué va ese ritual. Tú y Bill tendrían que estar siempre juntos lo que quiere decir que Bill iría contigo a la tierra y ahí se quedaría hasta convertirse completamente en un humano. Sabías que estás en proceso de convertirte en un karniano ¿verdad? —Georg sonrió divertido y por la expresión de perplejidad de Tom, su sonrisa se desvaneció — ¿No lo sabías?

—Algo así…supongo —Tom respondió cabizbajo. De acuerdo, esto le había sorprendido un poco. Se estaba convirtiendo en un karniano, dejando atrás su verdadera raza. ¿Acaso había algo más que debía saber de este ritual? Sentía como si solo supiera datos superficiales más no lo que significaba todo el ritual en su totalidad. Muy similar a firmar un contrato y luego descubrir que habían letras pequeñas que no habían sido leídas. No es que se arrepintiera de su decisión, solo quería saber todo lo que estaba arriesgando. Después de todo, Bill estaba incluido y eso era todo lo que importaba.

—Algo grande nos espera en Karnak —Georg mencionó cambiando el tema —Ha llegado el momento de la verdadera guerra.

Continuará…

por lunallena

Escritora y traductora del Fandom

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