
Fic TOLL de lunallena
Capítulo 3: La complejidad de los humanos (parte 1)
El alienígena había pasado más de veinte minutos observando de cuclillas al humano tendido en el suelo, sabía que no estaba muerto, podía sentir sus latidos y respiración. El humano parecía indefenso y no cómo unos monstruos qué alguna vez le habían hecho creer. No se refería a lo físico, en su planeta habían estudiado muy bien todo acerca de los humanos y sabía perfectamente que lucían cómo ellos, al menos cómo los habitantes de su planeta Karnak.
Bill sabía muy bien que no debía estar ahí, su nave nunca debió aterrizar en el planeta tierra, se suponía que al dejar su planeta, la nave se dirigiría automáticamente hacia Acos, uno de los planetas aliados al suyo, sin embargo la situación estuvo fuera de control, de pronto la nave tomó otro rumbo, no supo si era la energía propia del espacio o si alguien había manipulado su nave antes de que la abordara, pero en cuestión de segundos y a una velocidad más rápida que de la luz aterrizó en la tierra. No fue un aterrizaje para nada agradable, en lo absoluto. Al atravesar la troposfera su nave ya estaba completamente en llamas y la protección que llevaba encima no ayudaba lo suficiente. Finalmente cayó en ese inmenso campo verde y todo oscureció hasta que fue recogido por ese amable terrícola quién no parecía querer hacerle daño…no hasta que estrechó su mano, algo un tanto grosero en su planeta. Solo se realizaba durante el apareamiento, pero por supuesto, seguro el humano no lo sabía, por ello estrechó la mano dos veces, no obstante, Bill se había sentido un poco ofendido y reaccionó como cualquiera de su planeta lo hubiera hecho.
Bill se había sentido muy débil y al notar al humano, quien por cierto estaba asustado en un inicio, energético decidió robarle un poco de esa energía tan solo posicionando su dedo en la frente. Por supuesto, el humano tampoco era consciente de lo que pasaba y al parecer Bill abuso de aquello porque a los pocos instantes el humano se desmayó.
Cuando este despertó había intentado hablarle y Bill, al no saber qué tipo de lenguaje hablaba decidió responderle en su lengua. Bill sabía que en la tierra los humanos tenían distintas lenguas y no eran cómo en su planeta dónde todos se entendían por igual ¿Por qué los humanos tenían que complicarse y no hablar en una sola lengua? Se preguntó.
Bill había estado analizando cada movimiento que el humano, llamado Tom, hacía. No parecía agresivo, al contrario, parecía ser…amigable. El humano no estaba solo, estaba acompañado de un monstruo peludo que se parecía mucho a los Harloqs de su planeta, estos eran como pequeñas mascotas peludas, totalmente indefensas pero muy fieles a sus amos, Bill había estudiado sobre los animales del planeta tierra pero en ese momento, y tras ese impacto, simplemente no recordaba el nombre del animal peludo que acompañaba al terrícola, solo le escuchó llamarlo “Lulu”. Ese animal le gruñía y movía su cola frenéticamente, Bill por su puesto se puso en alerta y si el animal lo atacaba este iba a responder de igual modo sin pensarlo, sin embargo el humano Tom, alejó a “Lulu” y lo encerró en una habitación.
Fue entonces cuando Bill había dirigido su mirada a la ventana y vio el humo salir de su nave. Todo estaba mal. No debía estar ahí. Nunca debió llegar ahí. Sin embargo, tenía que estar a salvo por su gente, por su raza qué estaba en peligro por culpa de los Parkos, que eran monstruos muy similares a los lagartos del planeta tierra, pero del tamaño de un humano, no se arrastraban, si no que era bípedos y tenían un cerebro primitivo, una raza no evolucionada y olvidada, mas con la capacidad para querer invadir planetas vecinos, ese era su límite.
Bill, cómo próximo gobernante del planeta Karnak y actual príncipe de este, debía mantenerse a salvo es por ello que su padre lo obligó a tomar esa nave y huir… ¡Pero no a la tierra! Ese era un planeta prohibido para cualquier ser de la galaxia. Nadie debía estar en el planeta tierra. Lo mucho que podía hacer era asomarse, más no adentrarse y relacionarse con las personas, no estaba permitido y de eso se encargarían los guardias de Karnak, ellos eran guardianes no solo de su planeta sino también del planeta tierra.
Ahora Bill, había conocido a ese humano extraño que le estaba hablando en un idioma que no podía entender, incluso le había hecho señas y Bill se había sentido frustrado al no poder adivinar lo que quería decirle. Después que el humano le ofreciera un extraño dulce crocante, Bill hizo una nota mental de llevar algunos de esos dulces a Karnak, el humano le había comenzado hablar en su idioma nuevamente y a Bill se le ocurrió algo.
La transferencia inversa de lenguas.
No todos tenían esta habilidad en su planeta, solo la gente de alto rango y su familia, dígase padre, madre, consejeros y personas cercanas a su padre y algunos guardianes. A Bill se le había prohibido usar esa técnica libremente, usualmente era usada al visitar otros planetas y el querer relacionarse con seres de otros lares en situaciones importantes y no como diversión (o mucho menos con humanos) Sin embargo, esta era una situación importante y aunque estaba cometiendo una falta al haberla hecho en un humano, le importó muy poco. Algo le decía a Bill, muy en el fondo, que el humano quería ayudarlo. No parecía malo. No parecía querer encerrarlo o experimentar con él, cómo una vez le habían dicho. Parecía amigable….e incluso lindo.
Se sintió mal al notar la reacción del humano tras usar su técnica, la sangre en su nariz, el vómito y…nuevamente el desmayo. Pero sabía que no era muy grave, no tenía la intención de herirlo y esperaba no haberse equivocado y que el terrícola verdaderamente quisiera ayudarlo.
Bill había movido al humano lejos de la alfombra –y el vómito- y lo posicionó lejos de la sala, casi cerca de la cocina. No se había movido por un buen tiempo y Bill se preguntaba si debía usar otra de sus técnicas, pero se detuvo, quizá eso sí terminaría matándolo. Debía recordar que estaba en el planeta tierra y no en el suyo.
Finalmente, tras varios minutos de espera, Bill vio al humano moverse, tenía el rostro ligeramente encogido en un gesto de dolor y tosió tras pestañar un par de veces al volver en sí.
Bill lo miró con ojos preocupados, decidió no mostrar sus ojos negros naturales otra vez, se dio cuenta que eso espantaba al terrícola, por lo que decidió mantener sus ojos de humano. Sí, también tenía esa habilidad.
—Ugh…mierda —murmuró Tom y se llevó una mano a la cabeza, ahora no solo estaba mareado y un tanto adolorido, sino que apestaba a vómito y su camiseta estaba manchada de sangre tras limpiarse la nariz minutos atrás.
Giró su mirada y se encontró con los grandes ojos de Bill qué lo miraban con preocupación, este estaba en cuclillas y no pestañaba. Tom tragó saliva al recordar la razón de su desmayo, porque más allá del mareo y la debilidad que había sentido después de que Bill juntara su frente con la de él, fue oírlo hablar. Eso lo había desconcertado. Aturdido. Atontado. Asombrado.
— ¿P-Puedes…hablar mi idioma? —Tom preguntó con torpeza, nunca había sonado tan estúpido en su vida. La criatura pareció soltar un suspiro de alivio y finalmente habló
—Sí.
Segundos de silencio.
— ¡OH DIOS MIO ESTO…ESTO…NO PUEDE SER! ¡ESTO…NO ES PAUSIBLE! ¡IMPOSIBLE! —Tom decía con los ojos enormemente abiertos y con cierta emoción en el rostro que no pudo ocultar — ¡ESTOY HABLANDO CON UN JODIDO ALIENIGENA! ¡ESTO ES INCREIBLE! —Dijo sonando como un idiota y cerró su boca un tanto avergonzado de la situación. Bill seguía mirándolo confundido.
“Qué humano más extraño…” pensó.
— ¡Eso significa qué podemos hablar! ¡Qué puedes contarme sobre ti y sobre dónde vienes! ¡Sobre cómo es la vida en otro planeta…oh espera! ¡Necesito una grabadora! —Dijo Tom levantándose torpemente, aún seguía mareado y apenas podía ponerse de pie.
— ¡Humano! —habló Bill e hizo que Tom se paralice y detenga sus pasos. —Necesito que me ayudes.
Tom miró a la criatura y asintió. Debía dejar su fanatismo por los alienígenas y concentrarse en la situación. No era un sueño. No era uno de los cuentos de su abuelo Dan…era la realidad. Estaba pasando, tenía a un alienígena en frente de él y le estaba hablando ¡Una locura!
— ¿Q-Qué necesitas?
Bill suspiró, no sabía por dónde empezar ¿Debía contarle los problemas de su planeta? ¿Debía decirle que lo ayudara a reparar su nave? …Quizá debería empezar presentándose.
—Mi nombre es Bill Darloc de Ilis Trumper del planeta Karnak. —La criatura se puso de pie y saludó llevando dos de sus dedos de la mano derecha a su pecho muy cerca al corazón, inclinó levemente la cabeza y miró fijamente a Tom — Necesito de tu ayuda para volver a mi galaxia.
Tom miró con extrañeza y fascinado por la situación. Primero, el alienígena le estaba hablando en su idioma, podía entenderlo. Segundo, le había dicho de dónde provenía, “planeta Karnak” nunca había oído de él, tercero, al saludarlo hizo un gesto extraño, quizá propio de su planeta y cuarto le estaba pidiendo ayuda para regresar.
Nadie le creería a Tom, nadie iba a creerle si alguna vez le contaba a alguien lo que estaba pasando. Ni siquiera su abuelo.
Tom no había notado que tenía la boca ligeramente abierta en forma de “o” y asintió.
Definitivamente estaba dispuesto ayudarlo, a pesar de querer haberlo matado en dos ocasiones, del susto y la acción de juntar sus frentes, realmente lo había puesto muy mal. Le preguntaría sobre eso después.
—Entonces… ¿Cómo quieres que te ayude? —Tom preguntó aún no acostumbrado a esta “charla”, para nada común.
—Oh…—Bill sacó la pequeña caja metálica que tenía en la espalda, aquella que Tom pensó era una mochila o algo similar a eso. —Esto podría ayudar —Bill dijo sacando unos aparatos extraños. Parecían controles remotos, pero con muchos botones y pequeñas luces que tenían signos extraños, muy similares a los jeroglíficos egipcios. — ¿Crees que puedas ayudarme a reparar mi nave? —Bill preguntó alzando su mirada y con súplica en los ojos. Tom pudo notar su preocupación y el miedo en ellos. No podía negarse.
—Claro…
—Palka.
— ¿disculpa?
—Palka es gracias en mi lengua.
—Oh…de nada —Tom se encogió de hombros, está definitivamente era una de la mejor, aunque extraña, experiencia de su vida. —Uhm…creo que no es buena idea que empecemos hoy —mencionó Tom al echar un vistazo al reloj de pared en la cocina —Es casi medianoche y estoy muy cansado.
Bill asintió, sabía que los humanos necesitaban sus horas de descanso. Sacudió su cabeza, si quería sobrevivir en la tierra, tenía que seguir la regla de los humanos y quizá muy pronto regrese a su planeta y todo vuelva a la normalidad.
—Iré a darme un baño…también necesitas eso.
— ¿A qué te refieres? —Bill preguntó confundido
— ¿No se bañan en tu planeta?…sin ofender —Tom preguntó un poco avergonzado y sorprendido.
— ¿Te refieres a la purificación? Sí, pero no usamos “baño” cómo tú lo llamas —Bill respondió con una sonrisa, tenía que enseñarle mucho a ese humano para que puedan entenderse, haber hecho uso de su habilidad no era suficiente después de todo.
— ¿purifi…? Olvídalo, aquí usamos agua para nuestro aseo personal, ven —Tom le hizo un gesto a Bill para que lo siguiera y este asintió siguiendo los pasos del humano. —Este es el baño —Le señaló la habitación, muy amplia, paredes blancas, a un lado había un cubículo con cortinas transparentes, o lo que eso parecía. —Aquí es dónde entras y aquí giras la perilla para que el agua caiga sobre ti —Tom indicó abrieron la ducha y mostrándole el agua caer.
—Interesante —Bill sonrió, la verdad es que pensó que era un poco tedioso, a diferencia de su planeta, todo parecía ser más sencillo ahí o ¿Es que a los humanos les gustaba complicarse con todo?
—Bueno, principalmente eso, me daré un baño y luego podrías intentarlo, si gustas.
Bill asintió no muy seguro de lo que se estaba atreviendo hacer, pero si eso ayudaría con regresar a su planeta, estaba dispuesto a aceptar. Salió del bañó y obedeció la indicación de Tom sobre esperarlo en la habitación de al frente, pronto estaría ahí en unos minutos.
Bill se encaminó a la habitación señalada, empujó despacio la puerta entreabierta y asomó la cabeza asegurándose de que no haya alguien, colocó sus ojos completamente negros y examinó rápidamente la habitación. No. No había trampas en ningún lado, ni nada que pudiera hacerle daño. Regreso su vista de humano y entró completamente al cuarto. Era grande, no tan grande cómo su propia habitación en Karnak, por su puesto. Había una cama en una parte de la habitación, una muy amplia. Bill se acercó y posicionó su mano, sí, también parecía ser cómoda. Siguió observando a su alrededor, sobre un mueble había una pantalla inmensa. A un lado había otro mueble mucho más grande, Bill se acercó y deslizó una de las puertas, había prendas, muy parecidas a las del humano Tom. Ahora que Bill lo pensaba, ese humano se vestía de manera muy extraña, las ropas parecían no estar a su talla, todo parecía colgarle y los pantalones parecían que iban a caerse en cualquier instante. A diferencia de él, que llevaba puesto su enterizo protector, que básicamente le había salvado de morir a tal impacto. Aunque ahora que se veía así mismo, su enterizo estaba magullado, rasgado en todas partes y no llevaba prendas consigo.
Dejando eso de lado, cerró el armario y se giró para regresar hacia la cama y sentarse en el cómodo colchón pero se sobresaltó al topar con un cuerpo semidesnudo en frente de él. Bill no era fácilmente sorprendido por detrás, siempre tenía la guardia en alto, pero por alguna razón se sentía tan relajado que no sintió la presencia de alguien observándolo por detrás.
El humano Tom, había salido de bañarse, sus trenzas goteaban, su pecho no estaba completamente seco y tenía sujetado una toalla alrededor de su cintura. De hecho, Tom era un muchacho muy atlético e iba al gimnasio muy seguido, más allá de querer tener un buen cuerpo, lo hacía de manera saludable.
—Ese es el armario —Mencionó Tom al ver que el alienígena no se movía y lo examinaba de manera…incómoda —Y es ahí donde guardo mi ropa ¿Podrías…? —Tom hizo un gesto para que Bill se moviera.
Este finalmente reaccionó y se hizo a un lado sin quitar la mirada en el humano. Sí, definitivamente no eran unos monstruos, de hecho eran atractivos, al menos ese humano Tom.
Bill sacudió su cabeza.
¿Qué estaba pensando?
Debía enfocarse en cómo regresar a su planeta y no en qué tan atractivo el humano frente a él lucía.
—Puedes ir a darte un baño, también —Tom mencionó mientras escogía una camiseta cómoda para dormir —Mañana será un gran día…te ayudaré con tu nave.
Bill asintió más tranquilo, no se había equivocado y estaba feliz de que este humano era un ser amigable.
—Te dejé una toalla la cual debes usarla de este modo cuando salgas —Tom señaló su toalla en la cintura. No se atrevió a mirar a Bill, aún seguía dándole la espalda mientras buscaba algo en su armario, la verdad es que no quería mostrar su leve rubor en las mejillas ¿Ver a un alienígena desnudo? Tom sintió un cosquilleo extraño.
Bill asintió y se dirigió al cuarto de baño antes señalado. Presionó el botón del cinturón que su traje enterizo llevaba y se desvistió. Hizo un gesto de dolor al sentir una de sus heridas abrirse, debía recuperarse pronto.
Entró al cubículo y giró la perilla que el humano le había indicado. Salió agua temperada y Bill sintió todo su cuerpo relajarse, se sentía muy bien. El agua del planeta tierra era maravillosa. En su planeta había un líquido muy parecido al agua, era la fuente de todo, habían tenido muchos invasores por ese recurso, también lo usaban para la purificación (o aseo cómo le decían los humanos) se sentía muy diferente. Esta era cálida y muy agradable, podía incluso sentirse más fortalecido. Bill observó un pequeño objeto a un lado de la ducha, lo quiso agarrar pero este se deslizó entre sus manos y cayó cerca de sus pies. Bill miró sus manos las cuales ahora estaban jabonosas. Bill olfateó y…olía bien. Muy bien en realidad. Intentó recoger el objeto el cual parecía querer escapar de sus manos y lo frotó en su cuello, en sus brazos…en todo su cuerpo. Al parecer ese objeto tenía una esencia aromática muy especial ¿Acaso los humanos lo usaban para oler bien? De pronto Bill decidió echarse un poco en rostro.
Una mala idea para alguien que no sabe que el jabón te puede causar cierto ardor a la vista.
De pronto Bill parecía perder la visión y dio un gruñido molesto. Genial. Después de todo no era tan inofensivo.
Ingresó su rostro al chorro de agua y esperó que el ardor disminuyera de sus ojos. Finalmente, cuando sus ojos parecían no arderle – más aún sentía cierta incomodidad – cerró la perilla, tomó la toalla y se la colocó tal y cómo el humano le había señalado.
Salió descalzo del cuarto de baño y se dirigió a la habitación dónde había estado minutos atrás.
Tom estaba sentado en su silla de escritorio leyendo algo que Bill no pudo reconocer o simplemente no recordar el nombre.
— ¡Oh ya terminaste! —Tom se giró al sentir la presencia del alienígena. —Sobre la cama hay algunas prendas que puedes usar, te quedara un poco suelto pero…es todo lo que tengo por ahora, mañana podríamos ir a buscar algo que puedas usar a tu medida y te sientas más cómodo.
Bill asintió.
—Ya regresó, iré por Lulu…lo dejé encerrado en una de la habitaciones —Mencionó Tom no muy contento de ello y salió del cuarto, dándole la privacidad a Bill para que pudiera cambiarse.
Bill suspiró.
Nunca en su vida se había imaginado esto. Él en el planeta tierra, hablando con un humano…Todo parecía tan inesperado.
Bill tomó una de las camisetas enormes y se vistió. Se sentía muy cómodo además tenía impregnada la esencia natural del humano. Qué en cierto modo, empezaba agradarle y esa no era una buena señal. Para nada buena.
Se colocó los pantalones no muy seguro si lo había hecho bien, pero bueno, parecía que sí. Al pie de la cama encontró unos zapatos un poco extraños, no le importó y decidió usarlos, andar descalzo por toda la casa no parecía ser una buena idea.
Finalmente cuando pareció haber terminado, se dirigió al pequeño balcón que tenía la habitación. Deslizó la gran ventana y se acercó a la baranda, sintiendo el aire fresco golpear su rostro.
Alzó su mirada al cielo, un inmenso mar de estrellas. Bill podía decir que conocía cada una de ellas o al menos la gran mayoría, el universo era infinito y Bill era consciente de ello. Sintió nostalgia, realmente quería llegar a casa.
Dirigió su mirada hacia el inmenso campo verde, enfocando su vista en un punto fijo, su nave. Destruida. Esperaba que el humano, Tom, pudiera ayudarlo y si eso sucedía, iba a estar infinitamente agradecido con él. Entonces también, probaría a su gente que no todos los humanos eran malos, que no todos eran ruines. Aunque, Bill no podía estar del todo seguro. Solo había conocido a ese humano hasta el momento ¿Qué hay de los demás? No podía generalizar.
Suspiró. Se sentía cansado, el impacto y el haber usado su técnica para poder comunicarse con el humano lo había realmente agotado, tenía que descansar y juntar las energías necesarias para más tarde solucionar su problema.
— ¿Bill? —Escuchó la voz del humano detrás de él, asomando su cabeza en el balcón — ¿Qué haces ahí? ¿No tienes frío?
Bill negó.
— ¿Quieres quedarte aquí un rato más o…prefieres descansar?
Bill meditó unos segundos y decidió descansar. Entró a la habitación y esperó a que Tom le señalara dónde pasaría el resto de las horas para su descanso.
—Podrías usar la cama, no te preocupes por mí hay otras habitaciones dónde puedo estar.
Bill asintió.
—Qué descanses.
—Nak dae.
Tom se giró alzando una ceja.
—Qué las estrellas te protejan, una expresión que usamos para despedirnos cuando nos vamos a descansar en mi planeta —Bill agachó la mirada tímidamente, aún no entendía el por qué el humano estaba siendo tan agradable con él, pero mientras reciba ese trato, entonces él lo haría del mismo modo.
—Nak dae, Bill. —Tom sonrió y cerró la puerta de la habitación.
Continuará…