
Fic TOLL de lunallena
Capítulo 5: Tan diferentes
Tom no sabía cuántos minutos habían pasado, decidió esperar en las pequeñas gradas de la entrada de la casa junto a Lulu mientras Bill se recuperaba en el cobertizo. Ya no había oído sus gruñidos, también había dejado de oír el sonido de algunos objetos romperse, como por ejemplo algunos maceteros o botellas que el abuelo Dan solía dejar en esa vieja habitación.
Tom estaba más confundido que asustado por la reacción de Bill. ¿Acaso dijo algo malo? Quizá solo debería dejar de hacer preguntas, sin embargo era inevitable, por cada respuesta que Bill le daba, Tom se hacía dos preguntas más en su cabeza. Nunca terminaban, aparecían en su cabeza, una tras otra, cada una más curiosa que la anterior.
Tom siempre había sido así, curioso por naturaleza, preguntaba por todo y no se detenía hasta recibir la respuesta que saciara su curiosidad. Con el alienígena la situación no parecía funcionar de ese modo. Las respuestas solo hacía que se preguntara más y más.
Tom miró hacia el maizal en frente de él y se preguntó cómo hubiera sido compartir aquella experiencia con Fabián. De seguro él hubiera estado igual de curioso, quizá las cosas hubieran sido más sencillas, Fabián siempre parecía tener la respuesta a todas las preguntas de Tom. Al menos cuándo eran niños, Tom sabía ello.
— ¿En dónde estás? —Murmuró para sí. Nunca se supo nada de la desaparición de Fabián, la búsqueda quedó archivada y los policías nunca más volvieron a mencionar el caso. La última vez que visitó a su tía Mary estaba tan demacrada, no parecía ser la misma mujer de hace unos años atrás, desde que su hijo desapareció. Tom se culpó por mucho tiempo porqué después de todo fue su idea querer jugar entre el maizal, las cosas hubieran sido distintas si en ese momento hubiese decidido quedarse en casa y no salir, entonces…talvez entonces Fabián estaría ahí, con él, como siempre.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por los ladridos de Lulu, quién miraba en dirección al cobertizo, Tom giró la mirada para encontrar a Bill aproximándose hacia él. Su cabello estaba ligeramente desordenado, la camiseta que llevaba puesta estaba rasgada al igual que los pantalones y sus mejillas estaban adornadas con cierto rubor.
Tom se levantó de las gradas y dejó de acariciar el lomo de Lulu y enfocó su atención a la criatura que se acercaba, parecía incluso herido.
— ¿Bill? ¿Estás bien? —Tom preguntó no muy seguro. No quería que el alienígena se incomodara cómo minutos atrás. Bill asintió y se sobó el antebrazo, parecía sentirse culpable y no quería mirarlo a los ojos. —Hey, está bien…no estoy molesto si eso crees, siento mucho si dije algo malo.
La criatura asintió sin responder. Tom suspiró y lo guio a la entrada de la casa.
—Ve a darte un baño, podemos ocuparnos de tu nave más tarde, espérame en la habitación para curar tus heridas —Mencionó Tom e ingresó a la casa sin esperar respuesta del alienígena quién siguió sus pasos.
Mientras el alienígena se dirigía al cuarto de baño, Tom buscó por el botiquín para tener listo lo necesario para curar los rasguños que el alienígena parecía tener después de la extraña “crisis” en el cobertizo.
Tom sacó de su armario prendas nuevas para Bill al escuchar el agua de la ducha abrirse.
Se sentó en la silla madera y apoyó sus codos sobre el escritorio para luego esconder la cabeza en sus manos. Esto estaba mal. No debía esconder un alienígena en casa… ¿Y sí gente del gobierno de pronto se enteraba? Oh mierda, el lío que habría.
Sin embargo ¿Por qué tendrían que enterarse? No había forma de que eso suceda, no por ahora. Tom esperaba que pudiera mantener el secreto suficiente tiempo para que Bill pudiera reparar su nave y finalmente regresar a su planeta sano y salvo.
La idea de tener a un ser que provenía del espacio exterior emocionaba y asustaba a Tom de sobremanera, quería saber todo de aquella criatura, todo sobre lo que hay allá afuera, hallar las respuestas que se había formulado desde que empezó su gusto y curiosidad por el espacio exterior.
Bill. Bill era su respuesta a todas esas preguntas. Nunca jamás creyó que estaría vivo para estar cara a cara con un alienígena, bueno, lo había soñado cuando era pequeño y siempre se los imaginaba feos y con muchos tentáculos; mas no de apariencia humana. Tom estaba muy tentado a llamar al profesor Mathews de la universidad, pero… ¿Qué le diría? ¿Cómo lo explicaría? Además no quería que Bill se sintiera incómodo con la presencia de otro humano.
Una de las nuevas preguntas que Tom se había formulado era ¿Por qué Bill reaccionó de ese modo en el cobertizo? Estaba tranquilo en un comienzo, empezó hablar sobre su planeta y de pronto tuvo una… ¿crisis? Tom realmente pensó que el alienígena lo atacaría justo en ese momento, milagrosamente no fue así y pudo salir a tiempo.
Tom oyó la llave de la ducha cerrarse y supuso que Bill había terminado, no se equivocó. A los pocos segundos el alienígena entró a la habitación con la toalla torpemente envuelta en su cintura y el agua goteando de su cabello negro. Tom al ver a la criatura pudo notar los rasguños en sus brazos y en su pecho. Suavizó su mirada y le sonrió. Se levantó de la silla y le hizo un gesto a Bill para que se sentara al borde la cama, este obedeció sin articular palabra alguna.
— ¿Qué sucedió en el cobertizo? —Tom preguntó cuidadosamente, sin ninguna acusación en su voz. Agarró el algodón y lo mojó en alcohol —Esto arderá un poco. —advirtió.
Colocó delicadamente el algodón sobre la herida de la criatura y alzó su rostro para ver su reacción, temía que sucediera lo mismo que la primera vez. Bill arrugó el rostro.
—Lo siento —Dijo el alienígena en voz baja, casi en susurro.
— ¿De qué? —Tom preguntó después de terminar de limpiar la herida.
— ¿Te asusté? —Preguntó la criatura sintiéndose culpable. Estaba notando, ahora, que el humano tenía las mejores intenciones con él, que no le haría daño como muchos en su planeta le habían dicho alguna vez.
—Un poco —Tom admitió — ¿Estás mejor? —Tom preguntó al terminar de pegar una tirita en el rasguño.
Bill asintió y miró su brazo curado. Los humanos eran tan extraños incluso para curar heridas, muy diferente a Karnak, por supuesto. En su planeta se tenía que pasar una luz láser sobre la herida y listo.
Bill aún no estaba acostumbrado totalmente a la idea de estar en el planeta tierra, específicamente en la casa de un humano, al igual que Tom quién no procesaba el hecho de tener una criatura extraterrestre justo al frente de él.
Ambos curiosos por el mundo del otro. Ambos tan distintos y parecidos al mismo tiempo. El universo inmenso, infinito, lleno de misterios y secretos que ningún ser viviente en toda esa expansión podría alguna vez descubrir.
Tom ahora sabía que no estaban solos, no es que lo haya dudado alguna vez, siempre tuvo la convicción de que no eran la única civilización en la galaxia, solo no tenía pruebas fehacientes que corroboraran su teoría.
A diferencia de Bill, quien sabía de la existencia de otros seres de otros planetas vecinos y por su puesto de los humanos, nunca creyó del todo cuando su padre una vez le comentó los ruines y pocos civilizados que los humanos eran, por qué si ese era el caso ¿por qué su raza no se había extinguido? Al contrario, los humanos avanzaban, su raza ha ido evolucionando de manera increíble y Bill tenía cierto presentimiento que había humanos que hacían de su raza algo mejor. Solo, que al igual que Tom, no tenía pruebas.
Para Tom, Bill era la prueba que necesitaba y viceversa. Ambos, provenientes de lugares totalmente distintos, alejados…ahora estaban ahí. En una habitación. Juntos.
— ¿Por qué estás ayudándome? —De pronto el alienígena preguntó y Tom se sintió sorprendido por la repentina pregunta.
¿Por qué lo estaba ayudando? Esa en realidad era una buena pregunta.
Tom se sentó a su costado y se rascó la parte trasera de su cuello.
—Yo…Yo siempre tuve mucho interés en los seres que viven fuera de este planeta —Inició Tom mirando sus manos e intentando encontrar las palabras correctas, no quería decirle al extraterrestre que era un friki aficionado de alienígenas —Desde muy niño, mi abuelo solía contarme historias sobre seres que viven en otras galaxias y ese tipo de cosas —Tom sonrió al recordar una de las divertidas historias de su abuelo —Siempre me preguntaba si en realidad existían o…éramos los únicos.
Bill asintió.
—Si te ayude es…porque tengo mucha curiosidad sobre ti, sobre esas civilizaciones existentes en otras galaxias.
Bill asintió nuevamente, ligeramente satisfecho con la respuesta.
—No pienso hacer algún tipo de experimento contigo —Tom rió —Sé que estás pensando eso.
— ¿Qué me sucedería si otro humano me descubre, humano? —Bill preguntó con temor en su tono de voz. Era imposible que todos los humanos fueran como Tom, sería todo muy perfecto para ser real.
—No va a pasar, estarás a salvo mientras yo esté contigo, lo prometo…y solo dime Tom.
¿Podía Bill realmente confiar en un humano? ¿Podría realmente confiar en esos seres que su padre tanto le había prohibido relacionarse?
Bill asintió y sonrió suavemente.
&
Después de pasar unas horas en la cocina, Tom logró preparar el almuerzo. Se desenvolvía muy bien en la cocina y se sentía orgulloso de ello. Solo le faltaba poner la mesa y colocar las croquetas de Lulu en un tazón.
Mientras colocaba la mesa, hecho un vistazo a Bill quién estaba sentado en el sofá junto a la gran ventana que da la vista hacia afuera, lucía pensativo, confundido, triste y Tom se sentía un poco inútil al no poder ayudarlo con su nave.
Además, no se le veía del todo cómodo con su ropa, aunque para Tom, se veía adorable.
Adorable.
Tom rió ante el pensamiento y sacudió la cabeza.
—Bill, ya está el almuerzo —Tom llamó y Bill se giró y caminó hacia la mesa un tanto desganado — ¿Sucede algo?
Bill no quería responder porque pensaba que sería un poco arriesgado, pero debía intentarlo, esta sería, quizá, su única oportunidad.
— ¿Podemos salir allá afuera? —Bill preguntó con una pequeña voz —Me gustaría conocer…
— ¿A más personas? —Tom completó la oración sirviendo un poco de comida en el plato de Bill y sentándose a la mesa.
Bill asintió un poco avergonzado por el pedido.
—Sí podemos —Tom contestó y Bill alzó la mirada con grandes ojos expectantes —Con una condición…
Bill asintió rápidamente.
—No tienes que separarte de mi lado, podrías perderte y eso…no sería nada bueno —Tom advirtió —Además, tengo una idea, podríamos comprar algo de ropa a tu medida, así no tendrías que usar esa incómoda ropa mía ¿verdad? —Dijo Tom entre risas y Bill asintió divertido —Bien, terminemos con esto y nos vamos.
El almuerzo fue ameno, Tom le contaba a Bill muchas de sus anécdotas cuando era niño e incluso le contó una de las cortas historias que su abuelo solía contarle sobre los extraterrestres. El alienígena la estaba pasando muy bien, no solo estaba comiendo un delicioso aperitivo que el humano había preparado sino que este le contaba experiencias pasadas sobre su vida, nunca había experimentado algo así antes. En Karnak, su familia y él almorzaban en ambientes diferentes, no hablaban muy seguido y muchas de las veces se sentía solo, a menos que Andreas, su mejor amigo, estuviera libre, entonces podrían pasar el rato juntos.
Bill ayudó a Tom con los trastes, por supuesto Tom le enseñó como lavar los platos, para Bill era algo totalmente nuevo y le pareció muy gracioso.
Antes de que salieran, Tom ingresó al cuarto de baño para cepillarse los dientes y Bill no pudo evitar mirarlo con curiosidad ¿Por qué el humano frotaba sus dientes con ese objeto?
Entonces observó crecer la espuma en su boca y Bill retrocedió asustado. Recordó una vez que un Lalit, una pequeña criatura amigable de su planeta, empezó a botar espuma, señal de una mutación, ocurría a veces porque estos pequeños animales comían un alimento dañino, entonces mutaban y se ponían violentos, la única manera de detenerlos era matándolos.
Tom observó a Bill con el ceño fruncido y su cuerpo parecía en guardia, en caso lo atacara. Tom escupió y se enjuagó la boca.
Lo primero que hizo fue explicarle a Bill que lo que tenía en la boca era espuma de pasta dental, el cual servía para mantener limpios los dientes y no contraer alguna enfermedad bucal. Bill asintió confundido y Tom alzó una ceja preguntándose “¿Qué se supone que hace Bill para tener sus dientes limpios?” porque hasta dónde Tom había notado, los dientes de Bill parecían saludables y hasta dónde sabía su aliento era agradable. De todos modos, se hizo una nota mental de comprar un cepillo de dientes para Bill.
Finalmente, Tom agarró su billetera, las llaves del auto y salió, por supuesto no sin antes encerrar todo, especialmente el cobertizo dónde se encontraba la nave destrozada de Bill.
Tom abrió la puerta del auto para que Bill ingresara en el asiento copiloto, abrochó su cinturón e hizo lo mismo con el de Bill.
—Es para mantenerte seguro.
—No soy un Parkos, Tom —Bill dijo haciendo mención a los seres menos evolucionados de la galaxia.
Tom rio y encendió el motor.
Continuará…