Alienígena 8

Alienígena 8

Fic TOLL de lunallena

Capítulo 8: El mismo sentimiento

Bill no durmió toda la noche, no podía, por más que quiso ya que sabía sería la única forma de contactarse con Andreas, pero simplemente no podía acostarse y cerrar sus ojos mientras tenía un torbellino en su cabeza. Cada pensamiento que tenía lo estaba consumiendo, cada imagen de la gente de Karnak siendo eliminada o pequeños Karnianos siendo capturados por los Parkos. Malditos lagartos. Bill los detestaba con todo su ser, pero más a la persona que estaba de tras de todo, porque sabía que había alguien detrás de todo esto. Los Parkos habían querido invadir Karnak en muchas otras ocasiones y nunca habían llegado a tal extremo.

Bill apretó su mano en un puño y rechinó sus dientes. Se sentía tan inútil, no poder hacer nada por su gente ¿Qué clase de futuro gobernante era?

Resopló y cerró sus ojos deseando que Andi pudiera comunicarse con él, pero eso nunca pasó.

Se encontraba ahora mismo en el cobertizo, no había salido de ahí desde que recibió el mensaje de Andreas y tampoco pensaba hacerlo, Tom le había dado su espacio y no se acercó ni siquiera para avisarle que la cena estaba lista. Para ser honestos, el humano parecía estar molesto con toda la situación.

El alienígena hizo a un costado todos sus pensamientos para que luego apareciera el humano en su mente. Tom sirviéndole el desayuno, Tom sonriéndole, Tom haciéndole preguntas, Tom sirviéndole el almuerzo, Tom contándole historias, Tom prestándole sus prendas… No sabía cómo, pero de pronto estaba comenzando a sentir ese calorcito en el vientre una vez más y bufó fastidiado.

Sí, Tom era un humano muy atractivo, pero Bill no podía pensar en él como algo más, eso iba contra las normas de su planeta, contra su naturaleza. También era un humano amable, divertido, curioso, inteligente…

De pronto Bill ya no sintió el calorcito solo en su vientre, sino también cerca de su entrepierna. El tan solo pensamiento del humano le estaba causando sensaciones extrañas en todo su cuerpo que nunca antes había experimentado y se sentía bien. Se sentía muy bien.

Entonces recordó una imagen que tenía impregnada en su mente desde que aterrizó al planeta tierra y era cuando vio a Tom fuera del cuarto de baño, su cuerpo húmedo por el agua y algunas gotas cayendo de sus trenzas, la toalla alrededor de su cintura, su cuerpo bronceado y músculos ligeramente pronunciados.

Bill tenía los ojos cerrados y lentamente llevó una mano a su entrepierna, de pronto ya no se sentía bien, ahora dolía y pensaba que en cualquier momento algo estallaría dentro de él.

Su rostro se encogió al sentir una pronunciada erección. Estaba duro y el simple tacto lo estremecía.

Nuevamente pensó en Tom en cómo le sonreía cuando salieron y Bill le mostraba la ropa que se probaba, cómo jugueteaba con ese pequeño aro en su labio…

Gimió.

Empezó a mover lentamente su mano a lo largo de su erección. Le gustaba la sensación que recorría en su cuerpo, apretó con fuerza y el ritmo de su muñeca se incrementó.

No recordaba alguna vez que haber hecho algo parecido cuando estaba en Karnak, tampoco sentía las mismas sensaciones que sentía al ver a Tom que al ver a una hembra de su planeta o a un macho. Con el humano todo era distinto y su cuerpo respondía de una manera completamente nueva.

Soltó otro gemido y lanzó su cabeza hacia atrás. Su mente estaba invadida por Tom, no podía dejar de pensar en el humano y mucho menos en ese momento. Su globo ocular se tornó completamente negro y los escasos vellos de su piel se erizaron.

El ritmo de su muñeca aumentó haciendo que Bill gimiera una vez más. Se imaginó cómo sería si el humano fuera el que le estuviera haciendo eso en vez de él mismo, cómo sería sentir su tacto en esa parte sensible ahora mismo…

El alienígena no pudo imaginar más porque de pronto todo se le nubló. Sintió como su cuerpo daba un pequeño espasmo y un líquido caliente salía de su miembro empapando su mano.

Jadeó y se relamió los labios. Esto no estaba bien, definitivamente no estaba bien en lo absoluto.

&

Por otro lado, en una de las habitaciones de la casa del abuelo Dan, se encontraba Tom acostado en una cama, no tenía ganas de levantarse, lo había hecho solo para servirle un tazón de croquetas a Lulu y luego regresó a su habitación sin ni siquiera importarle tomar desayuno.

No había hablado con el alienígena desde el día anterior, este había decidido quedarse en el cobertizo tras haber recibido un mensaje de su planeta, Tom había oído pero no había entendido ni una sola palabra de ello, finalmente se atrevió a dejar el lugar y regresar a casa. ¿Bill no quería hablar con él? Bien, entonces así sería.

Aunque realmente odiaba eso, porque quería hablarle, quería ir y mostrarle todo su apoyo, decirle que todo en su planeta se solucionaría pronto, que regresaría y sería el mejor gobernante que Karnak podría tener. Pero entonces se encontraba así mismo sin poder hacerlo.

Tom se levantó de la cama, no podía quedarse ahí por el resto del día, se supone que estaba de vacaciones ¿Por qué no se estaba divirtiendo?

Justo al momento en que salió de la habitación vio a Bill entrar al baño con pasos rápidos, la mirada fija al suelo y con las mejillas ligeramente sonrojadas. Tom abrió la boca para saludarlo pero entonces oyó el fuerte ruido de la puerta del baño cerrarse en sus narices.

Frunció el ceño y entonces escuchó la llave de la ducha abrirse. Bill se estaba dando un baño.

Tom se alzó de hombros y continuó su camino hacia la cocina, no podía hacerse el rebelde y pasarse el día sin comer, una fruta no estaría mal.

Afortunadamente encontró una manzana, la lavó y se la llevó a la boca. Sí, definitivamente necesitaba algo para comer. Entonces sintió algo vibrar en sus bolsillos. Chasqueó la lengua y sacó el celular, miró la pantalla y vio el nombre de su madre, quién finalmente se había dignado a llamarlo para darle noticias del abuelo.

— ¿Mamá? —Contestó tras darle otra mordida a su manzana

Cariño ¿cómo estás? ¿Todo bien por allá? —Oyó a su madre decir, su voz parecía tranquila, al parecer la operación había sido exitosa, al menos fue lo que Tom asumió.

—S-sí, todo perfecto por acá —respondió Tom obviando el pequeño detalle de tener un alienígena en casa — ¿Cómo está el abuelo?

Gracias a Dios, salió muy bien de la operación, el médico me dijo que mi padre es un hombre fuerte y pudo resistirlo.

—Me alegra saberlo, no puedo esperar a verlo.

También quiere verte, pregunta por ti todo el tiempo —La mujer rio al otro lado de la línea —Por cierto cariño, es probable que tu abuelo regrese, la próxima semana, a casa.

—oh…

Así que espero no encontrar un desastre, tengo que irme, te quiero mucho cariño.

—También te quiero —Colgó.

La próxima semana. Una semana para inventar una excusa en caso Bill aún estuviera en la casa y no viajara de regreso a su planeta o una semana para que todo volviera a la normalidad.

Terminó la manzana y lavó sus manos, se preguntaba cuándo el alienígena se iría, pero no porqué quisiese que así fuera, sino porque se estaba resignando a la idea de que Bill tenía que irse en algún momento.

Se giró para salir de la cocina pero entonces se encontró con Bill. Estaba en la entrada de la cocina, su cabello húmedo cayendo por sus hombros y espalda, llevaba puesto una camiseta suelta con unos pantalones negros de buzo. Su mirada fija en el suelo y se mordía el labio inferior, Tom podía decir que lucía como si hubiera hecho algo malo y se sentía culpable por ello.

— ¿Bill? ¿Estás b…? —Tom se interrumpió en sus palabras al ver a Bill alzar la mirada. No se encontró con los, ya acostumbrado, ojos grandes marrones. En su lugar, vio grandes ojos oscuros. Negros. Que miraban fijamente los suyos.

Tom suspiró de sorpresa y miedo. El rostro de Bill era inexpresivo y lo confundió aún más cuando el alienígena sacó su lengua bífida y se lamió los labios como si en frente de él estuviera su presa.

Tom tragó pesado haciendo que su manzana de Adam subiera y bajara en su garganta. Esto no era bueno.

El de trenzas retrocedió hasta que su cuerpo tocara la parte baja del repostero de su cocina, vio de reojo a ambos lados, planeando en su cabeza formas de escape en caso Bill enloqueciera y quisiera hacerle daño.

Bill dio un paso e hizo un sonido extraño con la lengua, parecido al de una serpiente. Todavía estaba en la entrada de la cocina, por lo que Tom no podía arriesgarse en salir corriendo. ¿Qué demonios estaba pasando?

— ¿Bill? —Preguntó una vez más. No quitó su mirada fija del alienígena y con su mano buscó cualquier objeto que pudiera usar como defensa en caso la situación empeore.

Bill dio otro paso y unos más hasta estar en frente de la mesa del comedor. El único objeto que lo separaba a él de Tom. El de trenzas pareció ver una ligera sonrisa en los labios del alienígena antes de que este lanzara la mesa hacia un lado con una mano causando un estruendoso ruido en toda la cocina.

Tom se sobresaltó y de inmediato usó el primer objeto que su mano encontró para lanzársela al alienígena. Tenía que salir de ahí.

El alienígena esquivó el objeto con facilidad pero fue suficiente para estar distraído y no ver al humano escapar fuera de la cocina.

Sin embargo, Tom no debió subestimar las habilidades de la criatura, quién de un salto, casi felino atrapó a Tom hasta tumbarlo al suelo y estar sobre él de horcajadas. Por supuesto, Tom tampoco era un humano a quién subestimar, era atlético y con la fuerza suficiente para defenderse.

¿Sería lo mismo que con un alienígena?

Tom tiró al alienígena al suelo con un solo movimiento, ahora era él quién estaba encima sosteniendo los brazos del alienígena con sus manos y presionando sus piernas.

La criatura soltó un gruñido y mostró sus dientes. Tom encogió el rostro e intentó calmarse.

— ¡Bill! ¡Reacciona! —Tom intentó gritando en el rostro del alienígena pero lo único que ganó fue un gruñido por parte de este. Fue entonces que Tom sintió un fuerte rasguño en su brazo, y gritó de dolor al sentir un ardor insoportable. No era un simple rasguño.

De las uñas de Bill emanó un líquido que fácilmente penetró la herida causada por el rasguño. Tom podía sentirlo, podía sentir ese líquido recorrer por su sangre y dolía. Rápidamente, ya no podía sentir su extremidad y fue en ese momento que la criatura tomó ventaja de la debilidad del humano. Tom estaba en el suelo nuevamente intentando hacer reaccionar su brazo, pero simplemente no respondía y eso lo estaba desesperando.

El alienígena estaba sobre él nuevamente, a pesar que Tom intentó defenderse con una sola mano le fue imposible y aunque tuvo la oportunidad de hacerle daño a Bill hace solo unos segundos atrás no lo hizo. No quería hacerlo.

Entonces vio a la criatura inclinarse hacia él. Mirándolo con sus ojos completamente oscuros.

El pecho de Tom subía y bajaba por la respiración, tenía miedo, estaba asustado y sabía que era su culpa.

Fue entonces que vio a la criatura sacar su lengua bífida y empezó a lamerle la quijada, Tom movió su rostro a un lado.

—Bill, detente —Tom pidió intentando mantener su voz firme, teniendo la mínima esperanza que el alienígena pudiera hacerle caso y volver en sí. —Por favor…

La criatura parecía no escuchar las súplicas del joven debajo de él y a los segundos siguientes introdujo su lengua en la boca del humano haciendo que este hiciera un sonido ahogado y abriera los ojos de sobremanera.

La criatura no quitaba su mirada fija de Tom mientras sus bocas estaban conectadas y pronto, de un zarpazo, la criatura desgarró la camiseta del humano haciendo que este gimoteara en su boca.

Aunque Tom quería soltarse, sus esfuerzos eran vanos, tenían un brazo adormecido y su cuerpo estaba atrapado debajo de Bill. Además su boca parecía estar pegada a la del alienígena de algún modo. Ahora, su camiseta era un desastre y… ¡a la mierda su camiseta! Su vida estaba en peligro y no había nadie que pudiera ayudarlo.

El alienígena soltó la boca del humano y de un segundo zarpazo arrancó la tela que cubría el torso de el de trenzas.

Esto estaba yendo muy lejos, Tom no tenía idea de que lo pasaba en la cabeza del alienígena pero tenía que detenerlo ahora. Usó su brazo que no estaba adormecido y empujó a la criatura, a la vez que usó sus piernas para alejarlo. No podía moverse más, su otro brazo estaba inútil y le pesaba.

— ¡No te atrevas acercarte! —Tom gritó molestó y con la respiración entrecortada, tenía que salir de ahí y pronto.

La criatura gateó hacia él, no para intimidarlo si no para… ¿seducirlo?

Tom meneó la cabeza, debía dejar de pensar en cosas como esa ¡Por Dios, estaba en peligro!

Retrocedió, aún en el suelo y tragó pesado sin dejar de mirar a la criatura que gateaba y se acercaba hacia él de manera lenta y coqueta, como si fuera un felino.

Fue entonces que la criatura llegó hasta Tom y estrechó su mano. Tom abrió los ojos, estupefacto y miró la mano extendida del alienígena y el rostro de este.

Entonces Tom recordó algo:

“—Por cierto… ¿Por qué te alterabas tanto cuando estrechaba mi mano? ¿Tiene algún mal significado en tu planeta?

Oh…eso —Bill sonrió cabizbajo — Es una señal de apareamiento. Es lo que usualmente se hace antes del apareamiento. “

Tom abrió la boca ligeramente y negó incrédulo con la cabeza. Esa era una señal de apareamiento. Bill quería aparearse con él. Copular con él.

¿Qué mierda…?

Tom soltó una risa, no era algo gracioso, de hecho no le hacía gracia. Reía por nervios, de la situación tan insólita que estaba viviendo. Tom no podía responder a ello, por supuesto que no. Aunque en algún momento, por más desquiciado que parezca, había pasado por su mente.

Tom negó con la cabeza y el alienígena ladeó la cabeza sin comprender, aún con la mano suspendida en el aire.

¿Ahora cómo se supone que le negaría eso? ¿acaso un “no” no era suficiente? Al parecer no.

Tom estaba aún en el suelo y cerca de él estaba el tazón de agua de Lulu, que extrañamente no había bebido ese día. Con un movimiento rápido, Tom agarró el tazón de agua con su mano útil y vació el líquido sobre el rostro de la criatura esperando que eso diera resultado…de lo que sea.

La criatura retrocedió y se tapó el rostro inmediatamente haciendo un sonido de molestia. Tom aún lo miraba asustado.

La criatura todavía se cubría el rostro, pero esta vez, su cuerpo temblaba y entonces Tom ya no escuchaba gruñidos, sino más bien un sollozo.

— ¿Bill?…ugh… —Tom preguntó un poco adolorido, al parecer también tenía unos pequeños rasguños en el pecho por los zarpazos que Bill le había dado en medio de su crisis.

Bill sollozó aún más fuerte y Tom arrugó el rostro, hizo el intento de moverse y asegurarse que estuviera bien pero Bill lo detuvo.

—N-No te acerques…—Habló la criatura —Puedo lastimarte —Dijo con la voz descompuesta.

Tom asintió y miró hacia su brazo, aún estaba sangrando y no quería imaginarse el dolor que iba a sentir cuando su brazo dejara de estar adormecido, le iba a doler un infierno.

Desvió su mirada a su alrededor, el piso estaba mojado, su camiseta rasgada estaba tirada a un lado, giró su cabeza hacia la cocina y bueno, todo era un desastre. Miró a Bill y lo notó débil, incluso avergonzado. Tenía la mirada gacha y el rostro húmedo y enrojecido. A simple vista nadie creería que se trataba de un ser de otro planeta.

Tom sintió un hormigueo en el brazo y supuso que el adormecimiento estaba pasando. De pronto sintió una punzada y un ardor que lo hizo ver estrellas en un instante.

—AAAAAAAAAAAAAAAH, MIERDA…. —Gritó al finalmente al sentir su brazo y la herida en ella. Bill alzó la mirada asustado y parecía estar en shock, inmóvil. Tom, básicamente, se arrastró hasta coger su camiseta rasgada y presionarla en la herida para detener el sangrado. —La PUTÍSIMA MADRE…. —Gritó una vez más alzando su mirada al techo, tenía que llamar a un médico y pronto. Dirigió su mirada hacia la criatura en frente de él, ahora parecía tan inofensivo, incluso asustado. El alienígena abrazaba sus rodillas contra su pecho y lucía miserable. Pero Tom no podía preocuparse ahora de la criatura, su brazo dolía terriblemente y tenía que hacer algo al respecto. Intentó levantarse y se acercó hasta el teléfono.

En la pequeña mesita dónde se encontraba el teléfono se hallaba un pequeño directorio dónde estaban todos los números en caso de emergencia, uno de ellos era el número del doctor Kummel. Tom lo recordaba, el doctor vivía muy cerca de ahí y visitaba constantemente a su abuelo.

Tom marcó rápidamente el número del doctor y tras esperar dos timbradas el médico contestó al otro lado de la línea. Por supuesto Tom no le mencionó los verdaderos hechos, le comentó que había tenido un accidente y que necesitaba urgentemente de su presencia. El médico no se negó en lo absoluto y prometió estar ahí lo más pronto posible.

Tom colgó y se sentó en el sofá, se sentía cansado y al dirigir su mirada a la tela que cubría la herida en su brazo notó que tan grave y profundo era el rasguño, la tela estaba empapada de sangre y el dolor era casi insoportable.

Bill seguía en su misma posición y parecía no tener intenciones de hacer algún movimiento, sin embargo Tom no podía dejar que el médico lo viese, haría preguntas y eso era lo último que Tom quería, tener que mentir más de lo que estaba mintiendo.

—Bill…—Tom habló con los ojos cerrados, forzando a su mente en pensar en cualquier cosa menos el dolor en su brazo —Ve a la habitación y no salgas hasta que te avise.

—Lo sien-

— ¡VE AHORA! —Tom gritó y la criatura soltó un pequeño suspiro de susto para luego asentir y dirigirse al lugar mencionado.

&

El doctor Kummel llegó veinte minutos después de que Tom hiciera la llamada, no pasó mucho tiempo para que el doctor hiciera su trabajo, desinfectó la herida y le suministró el analgésico necesario.

Sin embargo eso no fue suficiente, la herida fue profunda y era necesario realizar algunos puntos. En un comienzo Tom se negaba pero tras la insistencia del médico, terminó aceptando. Fue doloroso y esperó no tener que pasar por esto otra vez en su vida.

El medicó parchó la herida y le dio a Tom algunas pastillas que debía tomar.

—Fue un corte profundo —Dijo el médico con cierta sospecha mientras guardaba sus instrumentos en su pequeña maleta. — ¿Cómo dices que sucedió?

Tom cerró los ojos y respiró profundo, ya había tomado una de las pastillas y sentía que en cualquier momento caería dormido.

—Quería acomodar la antena arriba en el tejado —Empezó despacio —Resbalé y caí sobre algún vidrio roto, no lo sé, cuando me levanté ya tenía ese corte el brazo.

—Hmm —El doctor asintió no muy convencido —Ten más cuidado la próxima vez, muchacho.

—Lo haré.

—Es hora de irme, saluda a Simone de mi parte y a tu abuelo.

—Muchas gracias Doctor Kummel.

El doctor no hizo más preguntas y pronto salió de la casa. Tom agradeció que el doctor no haya indagado más sobre el tema, más aún porque sabía que le contaría a su madre al respecto. Tom caminó a la cocina y, con el solo brazo útil que tenía en el momento, decidió acomodar el desorden, mientras lo hacía no podía evitar preguntarse por la reacción de Bill. Había actuado de una manera salvaje, quizá una acción natural en su planeta, Tom no lo sabía.

Ahora mismo quería ir y asegurarse que estuviera bien. Algo gracioso que Tom se preocupara más del alienígena que de él mismo, pero de pronto sentía que debía protegerlo, que estaba “solo” en su planeta y tenía que ayudarlo a regresar. Tom se lo había prometido en un inicio y ahora se sentía mal por no haber sido útil.

Tras haber terminado de arreglar el desorden, no en su totalidad pero lucía más decente ahora, se encaminó a la habitación, dónde esperaba, Bill estaría.

Dio unos toques y al no recibir respuesta, entreabrió la puerta y asomó su cabeza. Ahí en la habitación en un rincón se encontraba el alienígena, tenía su cabeza escondida entre sus rodillas a la vez que abrazaba estas fuertemente contra su pecho. Parecía tan inofensivo y miserable que Tom sintió una punzada en el pecho.

— ¿Bill? —Tom dijo casi en un susurro. El alienígena movió ligeramente la cabeza y alzó la mirada. — ¿estás bien? —Preguntó sintiéndose un poco estúpido, sin embargo sintió la necesidad de preguntarlo.

El alienígena estrechó la mirada y lo miró cuestionándose ¿acaso no debía ser él quién debía preguntarle eso al humano?

—Lamento lo ocurrido —El alienígena habló en voz baja como si temiera que alguien más aparte de Tom lo escuchara —No pude controlarlo y me disculpo. Entenderé si piensas deshacerte de mí ahora mismo. —El alienígena desvió la mirada con las mejillas ligeramente ruborizadas.

Tom lo observó con curiosidad e intentó acercarse pero el alienígena se apegó más en el rincón dónde se encontraba, como si el acercamiento del humano fuera peligroso.

—Es mejor si te alejas ahora —Bill dijo con firmeza esta vez —Aún no sé si puedo tener otro de estos…ataques.

— ¿Qué son esos ataques? —Tom preguntó deteniendo sus pasos hacia el alienígena — ¿Por qué quisiste…? ¿Qué intentaste hacer?

Tom sabía parte de la respuesta pero quería oírlo y tener una mejor explicación al respecto.

—Ugh…no lo entenderías —El alienígena resopló y escondió su cabeza nuevamente —Déjame solo, necesito descansar.

Tom asintió y no insistió, salió de la habitación y cerró la puerta sin hacer mucho ruido. Todo era muy extraño ahora y de alguna u otra manera, aún se seguía preguntando si esto se trataba de algún sueño o en realidad estaba sucediendo.

Continuará…

por lunallena

Escritora y traductora del Fandom

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