
Fic de Xim_Alien. Versión Alternativa
Capítulo 1
—Bill, corazón. Te espero en el café.
La voz de Tom me hace despertar de golpe, entonces me entero que hemos llegado a la universidad. El auto, su Audi A5 negro, está estacionado frente a la entrada, entonces no entiendo cómo es que me desperté, caminé al auto y sobre todo, abroché mi cinturón de seguridad. También me doy cuenta de que tengo que bajar del auto y mis piernas no me responden.
—¿Estás bien, amor? —pregunta pasando sus dedos entre mi cabello, el cual cae a cada lado de mi cara, enredado, hasta mis hombros.
—No… Digo sí —corrijo—, no dormí mucho. —explico y tallo mis ojos con el dorso de mis manos—. Mierda, carajo.
—¿Ahora qué?
—No me quité la pintura.
Cuando levanto la vista a él, deja escapar una risita burlona. Amo cuando se ríe, sus ojos se achican y ya hay presentes esas pequeñas arrugas en sus ojos. Aunque para ser sincero, no me gusta que se ría de mí, menos cuando no estoy lo suficientemente lindo para él. He de verme peor que un maldito mapache. Ayer no dormí por hacer un proyecto para mañana, tengo que leer un libro de 985 páginas, y apenas voy en la página 563, así que no me he bañando, no recuerdo de haber dormido en la cama, más bien en ningún lugar, y entonces supongo que me despertó Tom, que me vestí con lo primero que encontré o tal vez traigo puesto lo de ayer, cosa que ni siquiera recuerdo.
—¿En dónde dormí?
—En nuestra cama, ¿por qué?
—No recuerdo nada.
—Te quedaste dormido en tu escritorio, estabas leyendo tu libro y luego te pasé a la cama, puse el libro en tu mochila con todos tus señaladores y tus rotuladores.
—¿Sabías que eres el mejor novio en la historia de los novios?
—¿Hay una historia de novios?
—Creo que no, pero serías el mejor.
—Bien. Anda, ve a clases y yo paso por ti, me llamas cuando salgas.
—No, yo llego al café, no quiero que salgas de tu trabajo antes.
—No te preocupes, yo paso por ti en cuanto me hables.
—Bien —sonrío enternecido.
Trato de salir del auto pero él me detiene tomando con fuerza mi muñeca derecha, haciéndome regresar a él para mirarle pero me sorprende con un beso en los labios.
—Te amo, Bill.
—Yo a ti.
Salgo con mi mochila al hombro y comienzo a caminar a lo largo de un camino empedrado, rodeado de césped, hasta llegar al edificio de literatura. Entro al edificio y veo un grupo de chicas, en el cual se encuentra Lorain, una chica que sabe equilibrar sus estudios, la diversión y sus otras cuestiones de supervivencia social, cosa que no me ha quedado claro del todo.
—Hola, Billy. —Se acerca a mí con una gran sonrisa en el rostro, su largo cabello dorado hace olas en el aire por el pequeño impulso para llegar a mí.
—Hola, Lorain —la saludo con un beso en la mejilla y después de saludar a las otras cuatro chicas con un movimiento de mano, nos dirigimos al aula 422, aula del cuarto semestre.
—Despertaste tarde, ¿eh?
—¿Se nota mucho?
—Querido, traes la misma ropa de ayer, ¿ni siquiera Tom pudo cambiarte? —me dice con un tono de burla y a la vez de compasión.
—Oye, yo no te juzgo cuando llegas ebria o cuando llegas diciéndome que no te ha llegado la regla.
—Ese día me asusté porque se rompió el condón, además, teníamos examen de literatura inglesa, eso me tenía ya aterrada de por sí.
—Bueno, Tom hizo más de lo que debió. Amo a ese hombre.
Tomamos nuestros puestos, ella detrás de mí en la fila de en medio. Saco una libreta para hacer apuntes y el libro que estoy leyendo. Tom, puede ser definitivamente lindo, protector y adorable. Sonrío cuando lo abro en la página que me quedé y descubro una nota con su hermosa y muy legible letra.
Bill, cada día me enamoro más de ti.
Ten un lindo día.
Yo sé que puedes sacar tu carrera adelante.
Te amará siempre…
Tom.
—Buenos días, chicos, vamos a empezar… Les haré un Quiz sorpresa.
Todos sabíamos lo que eso significaba, en la clase de literatura francesa, espera un Quiz de cualquier diseño, de cualquier escritor o de cualquier movimiento literario. La señora Roberts podría ser odiosa, pero también admirable por su forma de enseñarnos todo el conocimiento que ella tenía.
&
—Señor, Trümper —me recibe mi secretaria un tanto desesperada.
—Dime, Sylvia.
—Está alguien esperando en su oficina, dice ser trabajadora social. No sabía si dejarla pasar o no.
—Mierda.
—¿Disculpe?
—Oh no, gracias, no te preocupes, así está bien. —Termino de tomar mi mensajería y me dirijo a mi oficina. No puede ser alguien más que Kelly, o alguien que se haya quedado a cargo de seguir el caso de Bill acá en Múnich. Es completamente horrible seguir teniendo estas visitas sorpresas. Gracias al cielo ya no es un menor de edad.
Abro la puerta de mi oficina y efectivamente, es ella, vestida de falda corta y ajustada, saco entallado y tacones altos, con su cabello castaño, largo y ondas perfectamente definidas, labios rojos que hacen contrate con el color negro de todo su conjunto. Sonríe como niña siendo descubierta haciendo una travesura.
—Buenos días. ¿En qué puedo ayudarla? —me quito el saco y lo dejo en mi perchero junto a la puerta, ella me mira de arriba a abajo y se acerca a mí, dejando sobre mi escritorio un portarretratos, una foto donde estamos Bill y yo juntos en la boda de mi hermano, no hace mucho.
—Buenos días, señor. Sólo vengo a hacerle unas preguntas sobre Bill Kaulitz.
—Tome asiento.
Ella obedece y «disimuladamente», saca de su bolso una grabadora compacta, me la muestra desde su mano y presiona un botón, dejándola en mi escritorio.
—Grabaré esta charla si no le importa. Todo con fines de que haya evidencia.
—Claro.
—¿Cómo ha ido hasta ahora el hacerse cargo del joven Kaulitz?
—Perfectamente bien, después de haber cumplido la mayoría de edad, le aseguro que no puede irnos mejor.
—¿Puede decirme a qué se dedica el joven?
—Por supuesto, él está estudiando en la universidad del centro, está cursando el cuarto semestre de Literatura y por ende, nos tuvimos que mudar, ahora vivimos a unos minutos de la universidad y también me han transferido de empleo.
—¿Puede contarme más sobre ese proceso?
—Claro, mi jefe recibió unas acciones de esta empresa, cuando su sobrino murió recibió las acciones que a él le correspondían, me ofreció venir con él además de un aumento a mi sueldo, ahora estamos trabajando juntos como antes, pero mucho mejor.
—Bien, la última pregunta que le haré es un tanto difícil, procure responder con mayor sinceridad. El joven y usted viven dentro de una relación amorosa desde que, el joven Kaulitz, cumplió la mayoría de edad; mi pregunta es: ¿han tenido problemas por los que se desate cualquier tipo de agresión?
—Sí hemos peleado, como cualquier pareja de enamorados, a veces él se molesta y a veces yo me molesto cuando no estamos de acuerdo en alguna cosa, pero nunca hemos llegado a una agresión física o siquiera verbal, simplemente dejamos de hablar hasta que la cosa se enfría.
—Perfecto, eso es todo, pero también debo decirle que por cuestión de tiempo, se ha terminado el lapso de tenerlo a su cuidado.
—¿Qué? —La veo tranquila.
—Legalmente, ya no es necesario que mantenga al joven bajo su techo, después de los 21 años él puede independizarse.
—¿Y si él no quiere independizarse?
—Tendrán que asistir, ambos, a la corte para firmar unas formas y deslindarse de las responsabilidades como tutor. Puedo decirle que no es más que un proceso de más. De rutina.
—Bien, muchas gracias por su visita.
—A usted. Espero que el joven se encuentre bien y contento —dice mientras guarda su grabadora.
—Eso se lo puedo asegurar.
—Bien, me retiro entonces, lo esperamos en la corte, hasta luego.
Me levanto abrir la puerta y que salga de mi oficina, pero es justo cuando va a salir que se acerca a mí tanto, como para alcanzar mis labios. Rápidamente volteo hacia mi lado derecho, tratando de evadir sus labios.
—Disculpa.
—¿Esto es parte de tu trabajo?
—No, sólo que me gustas mucho y este será el último día que te veré. Sólo quería aprovecharlo al máximo.
—¿Aunque sabes que soy gay?
—Sí, iba a llevar tus labios en los míos.
—Te voy a pedir que te vayas.
—Bien, te deseo suerte.
Ella sale de mi oficina con un caminar sencillamente único, moviendo esas caderas mientras sus tacones resuenan en el mármol del suelo.
¿Por qué algunas mujeres se aferran a ser vistas tan siquiera como un premio de consolación?
&
—Kaulitz y Backer. Deben seguir estudiando, aunque fueron de los más altos, felicidades.
—Gracias —respondemos a la vez, recibiendo los resultados de nuestro quiz.
—Genial, esto sin duda nos ayudará.
—Eso creo. Vamos a tomar un café.
Tomo a Lorain de la mano y la llevo conmigo hasta la cafetería, a un lado del edificio de Comunicación. Ambos salimos con un capuchino grande.
—Hola, Bill.
—¿Te conozco? —pregunto a un chico de estatura alta, piel blanca y ojos cafés, cabello rubio hasta el hombro y con estilo de metalero.
—No, pero yo a ti sí, y le hiciste mucho daño a alguien que te amaba.
—Vámonos. —Lorain me toma de la mano y me lleva con ella hasta nuestra siguiente clase.
Carajo, me ha dejado pensando.
Continúa…
Gracias por la visita.