Alternativo 11

Alternativo 11

Fic de Xim_Alien. Versión Alternativa

Capítulo 11

Salgo de la universidad sintiendo varias miradas enfocadas en mí, de repente siento un ligero vuelco en el estómago, como si todos supieran a lo que he venido, como si ya todos supieran lo que me pasa, me hacen pensar que la profesora tenía un micrófono y una cámara, pero debo estar paranoico.

Regreso al departamento, pero no llego a hacer lo que siempre hago al llegar de la escuela, lo que antes era normal en mi rutina era hacer la comida, hacer mi tarea, esperar ansioso a la llegada de Tom. Supongo que será difícil acostumbrarme a otra rutina, y más aún, el tiempo que conlleve a hacer una a nueva.

Creo que será mejor esperar mientras veo una película, hace mucho no me entretengo con una buena película.

&

Seis horas después.

Llego al departamento y entro rápidamente.

—¡Amor! ¡Estoy en casa! ¿Dónde estás?

Debe estar en la habitación durmiendo o ya habría respondido.

Entro hasta esta y sí, efectivamente está dormido. Me siento a su lado en la cama y beso su mejilla. Sólo se remueve un poco, tomó una manta y lo arropo. Acaricio su frente haciendo para atrás algunos de sus cabellos, lo dejo seguir durmiendo y salgo para prepararme algo de comer.

Me siento en el pequeño comedor de la cocina y empiezo a devorar un delicioso spaguetti con albóndigas de carne, ya que el doctor Hamilton le ordenó a Bill que se alimentara bien.

En lo que el spaguetti va desapareciendo de mi plato, mi mente trabaja para traer algunos recuerdos. Recuerdos que con el paso del tiempo los he ido ocultando gracias a otros y otros.

—Hola. —Su voz me saca de mis pensamientos, volteo a verlo y trae los ojos hinchados y el cabello revuelto.

—Hola. —Se inclina hasta que nuestros labios pueden tocarse en un dulce beso—. ¿Cómo te fue en la escuela?

—Bien, mi coordinadora me dijo que hablará con los profesores y que verá la manera de que sea ella quien pueda venir para hacerme los exámenes.

—Eso se oye bien. ¿Pero cómo que hablará con tus profesores?

—Me dijo que no debía preocuparme, que les dirá sólo lo suficiente para que sepan que no iré, sin tocar el tema de mi situación.

—Bien, confiemos en ella.

—Sí, no hay otra opción. ¿Qué te dijo tu jefe?

—Primero se quedó sin palabras, ya después me dijo que no me preocupara, aunque debía pensar en contratar a alguien más.

—¿Por qué? —pregunta alarmado.

—Georg está en problemas también, claramente Gustav no me dijo de qué tipo, pero me lo encontré cuando iba saliendo, y hablamos muy poco, el punto es que ya también es papá junto con Markus.

—¿¡Qué!? ¿En qué momento?

—Al parecer Markus encontró una bebé abandonada.

—Santo cielo.

—Markus la recogió y ahora Georg tiene miedo. Dice que sí quería una familia, pero que no se imaginó que fuera tan rápido. Y Gustav y su secretaria también tienen una bebé.

—Vaya, como que es temporada o algo. ¿no? —Me hace reir. —¿Cómo reaccionó tu jefe cuando le dijiste?

—Bill, no te preocupes por eso.

—Sólo responde.

—De sorpresa al inicio, pienso que creyó que le estaba gastando una broma, le mostré los resultados de sangre y hasta se quitó las gafas, no podía creerlo —Bill lleva sus manos a su rostro, empieza a temblar, casi de manera imperceptible—. Me dijo que te cuides mucho, que puede ayudarnos en lo que le sea posible, que mi trabajo no es problema y que no debes preocuparte, no dirá nada a nadie. Así que puedes estar tranquilo.

—También me dijo eso la profesora, pero no me siento totalmente seguro, es como si algo dentro de mí  me dijera «no confíes en nadie, las personas son malas». Y mi mente se hace mil escenarios. Alguien va a terminar diciéndolo de alguna forma.

—Basta, amor. No pasará nada y nadie le dirá nada a nadie. Además, creí que ya habías superado eso de la confianza a personas que no conoces.

—No, lo superé contigo porque me enamoré de ti, pero no de las demás personas.

—Bueno, aún así, debes confiar en las personas, si no, todo sería más difícil.

—Supongo… oye, ¿mañana es la fecha?

—No iré. —Sabía perfectamente de qué fecha hablaba y a lo que se refería, y no había cambiado mi decisión.

—Tienes que hacerlo, Tom. Por favor, debes ir y perdonar. Ya es necesario para los dos.

—No iré por dos razones, la primera, me quedaré aquí a cuidarte, no pienso en hacer otra cosa; y la segunda: no quiero ver a mamá. Ir será lo peor que pueda hacer en esta vida. Ella va a empezar a reprocharme el tiempo, que debí hacer eso cuando aún estaba en vida, y seguramente no le gustará nada que vaya cuando estén sus amigas, la sociedad se decepcionó cuando se enteraron que estaba preso en mi departamento. ¿Te imaginas? El hijo de unos señores tan dignos y pulcros, acusado por estupro, ¡un pedófilo! No. No iré, y ni siquiera intentes convencerme. Estoy totalmente decidido.

—Eso lo entiendo, por lo que has dicho a tus papás siempre les ha importado la imagen y el trabajo, y entiendo que te duela, no debería ser más importante la sociedad que tu familia, pero, amor, han pasado tantos años, la forma en que te sacaron adelante era la única forma que ellos conocían, tal vez fueron mejores padres que sus propios padres.

—No lo había pensado así.

—Trata de perdonarlo, ya no está aquí. De alguna forma trató de buscar tu perdón antes de irse. ¿Recuerdas?

—Sí.

—¿Vamos?

—No puedo —contesto soltando un suspiro, y lo veo desesperarse—, ya sé que debo intentar dejarlo atrás pero simplemente no puedo. Para mí ellos eran mis personas favoritas, me gustaba verlos trabajar, a veces imaginaba que eran los únicos con el poder de hacer eso, los veía siempre con cosas nuevas, compraban tanto y siempre nos daban todo, todo lo que podíamos pedir nos lo daban, era de lo mejor. Después llegaron tus papás y entonces, ellos nos dieron algo nuevo, algo que jamás pudimos imaginar, y eso no costaba nada, ni siquiera se acercaba al valor de todos nuestros juguetes juntos. Dime, ¿por qué si contaban con todo el dinero del mundo, no nos pudieron dar algo que no valía millones? Cuando leí la nota… honestamente, no sentí nada, a lo mejor sí el impacto de la noticia, pero me refiero a que no perdí nada. Incluso, cuando me enteré que tus papás habían muerto, ese día fui otro, Dios, recuerdo que lloré en silencio y les prometí que te cuidaría como ellos lo hicieron conmigo y Alex. ¿Soy un monstruo?

—Claro que no.

—Ahora me siento como uno.

—Ven.

Me toma de un brazo y me hace acostarme en sus piernas, mi cabeza queda su regazo, la cama es grande y siento todo el calor de su cuerpo. Mi vista queda hacia su estómago, nadie creería que ahí hay un bebé justo ahora, y a mí me hace sonreír.

—Seré el mejor papá —digo en un susurro.

—Seremos.

—Sí.

—Entonces, definitivamente no irás al funeral. ¿cierto?

—No, tal vez vaya después a su tumba, si me acompañas.

—Claro que sí.

&

Bajo del auto cuando lo he estacionado y apagado en el garage. Veo a la puerta que conduce del garage al interior de la casa, no quiero entrar, de sólo pensar el cómo se siente estar dentro es como si me dieran una bofetada en el rostro y, por si fuera poco, también una patada en los testículos. Pero la diferencia que siento hoy de otros días es abismal, pues a mi mente llegan las palabras de Gustav.

Desde hace tiempo hemos trabajado juntos, a veces solíamos hablar el cuarenta por ciento de nosotros y el sesenta de trabajo. Pero hoy, hoy fue como tomar una sesión de psicología gratis. Le conté todo, desde el principio, lo que yo quería, lo que Markus pensaba y lo que teníamos ahora. Al principio sólo escuchaba, cuando dejé de hablar, lo único que dijo fue «Tienes 33 años, piensas tener una familia a los ¿40, 50? ¿Cómo vas a disfrutar de esa familia?» Primera bofetada.

Sus palabras cambiaron después de unos segundos. Me dolieron aún más. «¿Hubieras preferido que el hombre que quieres hubiera dejado a una recién nacida en la calle? ¿Eso no te hubiera decepcionado? ¿Lo hubieras felicitado por hacer caso omiso de una bebé en la calle? No sé qué  esperas, hombre, otros en tu lugar estarían felices, orgullosos de esa persona que sin pensarlo la abrazó». Segunda bofetada.

«No seas idiota, yo sé que ser padre es algo nuevo y asusta, pero tienes a tu pareja, ya eres adulto y supongo que sabes solucionar los problemas por ti mismo, ¿no? ¿O es que en serio te acobardaste?». Tercera bofetada con una patada en el orgullo.

Tal vez sí fue eso, me acobardó la idea de ser papá tan pronto, sin siquiera verlo venir, y lo peor, dejé que Markus se fuera de la casa. Joder, si hubiera sido más hombre, más valiente, más… no lo hubiera dejado ir.

«Entonces ¿qué estás esperando para ir por él?. En verdad eres idiota».

—Bien, bien, aquí voy.

Arranco el auto nuevamente, después de que esa voz me hablara. Conduzco por algunas cuántas calles pensando en lo primero que haré cuando lo vea. Tal vez pueda besarlo y abrazarlo fuerte mientras le ruego que me perdone. O quizás puedo pedirle perdón primero y luego besarlo, aunque si no hay nadie en su casa, me deje hacer cosas con él, hace días no hago nada de nada. Que idiota fui.

Por fin llego a la casa de sus papás, toco el timbre y sale su madre, mi suegra.

—¡Georg! Que bueno que has venido. —Su rostro refleja preocupación, como si alguien hubiera… muerto.

—¿Qué ocurre? ¿Dónde está Markus?

—En el hospital, la niña se puso muy mal y la llevó hace una hora. No me ha llamado y no sé en qué pensar.

—¿En qué hospital están?

—En el del centro. Corre hijo, por favor, mantenme informada.

Corro nuevamente al auto y no despego la mirada de la calle. En el hospital, ¿qué le pudo pasar a la bebé? No puedo imaginar algo terriblemente malo para que la llevara al hospital y que no llame a su madre, como si no supiera que esga mujer se preocupa de todo.

Entro al estacionamiento del hospital y dejo mi auto, entro corriendo a la recepción y una enfermera me recibe con preguntas.

—Señor, no puede pasar así ¿a quién está buscando?

—Markus Blake… llegó aquí con una bebé recién nacida.

—Oh sí, aquí está —responde al buscar en una computadora—, ¿Qué es de usted?

—Es mi esposo y nuestra hija.

—Bien, está en el segundo piso, mano derecha. ¡Pediatría!

—¡Gracias!

Mis piernas nuevamente se mueven con demasiada prisa, subo las escaleras cuando un ascensor se ha cerrado y va hacia arriba y, otro apenas va en el piso siete.

Giro a la derecha encontrando una puerta grande con una placa en la que se puede leer «Sala de emergencia, Pediatría». Entro sin esperar permiso de nadie y ahí lo veo a él, sentado en una silla de una fila que se abre entre dos pasillos largos.

—¿Qué  haces aquí? —me pregunta al verme acercándome a él.

—Fui a casa de tu madre, ella me dijo que estabas aquí con la bebé. Quería… ¿Qué ocurrió?

—No sé, me asusté cuando la cargué, estaba ardiendo en temperatura, lloraba mucho y lo primero que pensé fue en traerla aquí. Una doctora la está revisando. Tal vez esté enferma de algo a causa de que estuvo en la basura —sus últimas palabras las escucho casi apagadas. Sus ojos se llenan de lágrimas y las deja caer sin más.

—Verás que estará mejor. —No tengo idea de qué decir.

Lo abrazo y su rostro queda en mi hombro izquierdo.

—¿Para qué fuiste a casa de mi madre?

—Quería hablar contigo. —Veo mis manos, sé que su mirada está atenta a mis movimientos.

—¿De qué?

—Ya sabes… de ésto. Sólo quiero decirte que te amo y que por favor me perdones, tuve miedo de aceptar algo nuevo, tuve mucho miedo de que algo cambiara entre nosotros por esta bebé, tuve miedo de que esto no fuera como lo tenía planeado, no me di cuenta que yo lo cambié. Perdón.

—No tienes que pedir perdón, yo lo entendí, fue demasiado pronto la noticia, yo también me sentí dudoso al pensar que debíamos mantener a una personita, pero no podía dejarla ahí.

—Por eso te pido perdón, porque sin decirlo textualmente, creo que con lo que hice fue como decirte que prefería que la hubieras dejado ahí, abandonada, fue como un «Nosotros no tenemos la responsabilidad». Me avergüenzo de eso.

—Tranquilo, sólo interesa el hecho de que estás… dispuesto a intentarlo, ¿no?

—Sí, contigo. Regresa a casa por favor.

—¿Markus Blake? —Alguien llega a interrumpirnos, y su cara se descompone nuevamente.

—Soy yo.

Ambos ponemos total atención a las palabras de la doctora, quien sostiene una tabla de diagnósticos en sus manos.

—¿Qué es lo que tiene Rachell?

¿Rachell?

—La bebé presenta un cuadro grave de anemia y neumonía. Necesito hablar con la madre.

Markus voltea a verme con miedo en sus ojos.

—Doctora, —empiezo—, nosotros la encontramos hace una semana, estaba abandonada en la calle, la hemos alimentado como se debe desde entonces —respondo seriamente.

—Entiendo. Bueno, si ese es el caso ya entiendo la gravedad de la bebé. ¿Ya la han adoptado legalmente?

—Sí, estamos en el proceso con nuestro abogado —miento.

Nuevamente, Markus me mira sorprendido y aterrorizado.

—Bien, llamaré a trabajo social para informarles de este caso, aunque no lo haga tendré que hacer el papeleo de la paciente. Traigan a su abogado, por favor. Por lo mientras, la niña permanece bajo observación y como adelanto de las palabras de trabajo social, será responsabilidad del hospital hasta que la adopción sea legal.

La doctora se retira y veo en el rostro del amor de mi vida, muchas lágrimas correr.

Sabía que esto no era tan fácil como él lo imaginaba y lo hacía ver.

Continúa…

Gracias por la visita.

por Xim_Alien

Escritora del Fandom

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