
Fic de Xim_Alien. Versión Alternativa
Capítulo 16
Salgo de la habitación con mi pijama puesta, un simple pantalón de tela y una playera de algodón. Tom no está a la vista y escucho el agua de la regadera caer, por lo que aprovecho para ir a la cocina y preparar algo para la cena.
Abro el refrigerador y veo algunas cosas que Tom compró desde que el doctor me especificó una dieta para estos meses. Me da pena tomar un paquete de salchichas. No es mi primera vez comiendo algo de origen animal, por mi situación , debía hacer el sacrificio y aún me era difícil. Debo reconocer que también es todo un proceso. Todo sea por… este bebé. Tomo algunas otras verduras y estas las corto en mil pedazos.
La sartén ya se encuentra caliente y la cebolla con el aceite, hace que el aroma se disperse por toda la cocina.
Las salchichas en mis manos me traen recuerdos, un recuerdo que me lleva a cortarlas en forma de pulpos, como las hacía mamá antes de… antes.
El sonido de una puerta al cerrarse me hace voltear, es Tom que ha salido de la ducha. Entra a la habitación sólo para ponerse boxers limpios y una camiseta sin mangas. Lo próximo que siempre hace es venir a la cocina para abrazarme por la cintura y besar mi cuello, para que con un susurro, cerca de mi oído, me diga algunas dulces palabras, como: «qué bien huele» o «te comería a ti» y a veces «te extrañé mucho», o simplemente un sincero «te amo».
Supongo que hoy será la diferencia.
Las salchichas adquieren el color café que deben tomar, sirvo unas en un plato y otras en otro. Los llevo a la pequeña mesa de madera para dos, pongo dos vasos y los lleno con jugo de fresa.
—¡Tom! ¡Está lista la cena!
Me duele gritar esas palabras porque jamás había tenido que pronunciarlas.
Escucho sus pasos acercarse y tomo asiento frente a la mesa. Él se sienta frente a mí del otro lado, como siempre. Ve el plato con atención y en su mirada veo un brillo, sé que también tuvo el mismo recuerdo.
—Me encantaba comer esto.
—Lo sé.
Por los siguientes diez minutos, sólo podía escucharse el par de tenedores chocar con los platos.
—Oye.
—Oye.
Ambos reímos por la sintonía de nuestras palabras. Pero Tom hace un ademán para dejarme hablar primero.
—Sólo quiero que olvidemos lo que pasó…
—No, discúlpame a mí por salir así, me tomaste con la guardia baja. Nunca lo… nunca lo he hecho.
—Qué horror, no pensé en nada, sólo en el impulso de mi cuerpo.
Cubro mi cara con mis manos, sintiéndome avergonzado.
—No te preocupes… podríamos intentarlo.
Ese último par de palabras, provocan que mi corazón de un vuelco en su lugar, tan grande que lo siento en otro lugar de mi cuerpo.
—¿Intentarlo? No quiero que ahora te sientas obligado a hacerlo, fue un error el pedírtelo, siento que lo hice más por desesperación.
—¿Te lo dijo Lorain? —pregunta con una sonrisa en la cara, haciéndome sentir más avergonzado.
—Sí, vino en la tarde.
Ambos terminamos de comer. Tomo su plato, su vaso y los míos para ahora lavarlos.
—Mañana tengo que ir a Hannover.
—¿Para qué? —pregunto exaltado y volteó a verlo, aparentemente él se ve despreocupado.
—Hoy me llamó Kelly, dijo que ya no era necesario ir a la corte, que los papeles los tienen allá.
—Bueno, supongo que allá se llevó a cabo todo por ser el lugar de mi nacimiento pero… ¿Vas a ver a esa arpía?
—No, me dijo que debo pasar con alguien para firmar algunas cosas. Será rápido y no tardaré en estar aquí.
—Bien, sólo huye de ella si no es así.
—Lo haré, vendré directamente aquí. Y… lo intentaremos.
Me quedo helado.
&
La sala no está llena, sólo estamos seis personas; la juez, Erich, dos personas de servicios sociales, Markus y yo. Detrás de nosotros, en las bancas, hay algunas personas pero no sé quiénes son, todos tienen un cuaderno y bolígrafos en manos. La juez es una mujer de tal vez 30 años, quizás un par más. Los de servicios sociales nos miran como si representáramos a la peor escoria de la humanidad.
—Los estudios por favor —pide la jueza a la mujer de los SS.
—Aquí están, pero debería tener en cuenta que su situación no es la deseable.
—¿Tienen problemas económicos? ¿Tienen antecedentes penales? ¿Problemas de conducta, mentales o algún otro problema de salud? ¿Tienen problemas de drogadicción o alcoholismo?
—No, su señoría, pero…
—Entonces le pediré que cumpla únicamente con su trabajo.
La jueza da por sentada la discusión que ha mantenido con la mujer de SS. Mantiene la mirada fija en los papeles que se le han dado. Veo, desde mi lugar que su vista recorre de lado a lado cada hoja. La deja a un lado de su gran escritorio para continuar con otra hasta que estas se terminan.
—Bien, chicos. Hemos estado investigando en todos los departamentos de servicio público, como escuelas, ministerios, hospitales, algunas otros establecimientos que se encuentran en los alrededores de donde encontraron a la recién nacida y, me temo que no hemos encontrado ni la más mínima huella de donde pudo haber venido. Así que… les diré algo.
»Todos los documentos y pruebas que me ha mostrado el abogado Thompson, están en orden, no hay reportes de ningún niño desaparecido que cumpla con las características de la niña, tampoco hay denuncias de secuestro. Así pues, les concedo la adopción de la recién nacida.
La jueza extiende su mano y una forma en la que deben venir inscritas las palabras que aprueban lo que acaba de mencionar.
—Esperen, no tan rápido —agrega alejando de nosotros la forma—. Un error que cometan como padres y yo misma iré y les quitaré a la niña ¿entendido?
—Sí, su señoría —respondemos ambos con la voz entrecortada por la felicidad.
—La señorita Franz, irá una vez cada semana durante dos meses, para revisar que todo marche bien. Y después de ese tiempo, una vez al mes por seis meses. El día no se les dará a conocer.
—Pero… —la mujer de los SS, sigue con una mirada de incredulidad y de desaprobación.
—Doy por cerrada está sesión.
Fueron sus últimas palabras, así que Erich, Markus y yo, salimos de la sala y por consiguiente de la corte, con una sonrisa de triunfo. Nuestra siguiente parada, el hospital.
—Muchas gracias, Erich, no sabes lo feliz que estamos —emite un Markus completamente feliz.
—No hay nada qué agradecer, es mi trabajo. Ahora, tomaré unas vacaciones, saben cómo localizarme sólo si es una emergencia. Les deseo mucha suerte, chicos.
—Gracias —vemos a Erich irse en un Audi, el cual es conducido por otro hombre—. Bueno, ahora vamos por nuestra pequeña.
—Georg —me detiene de la mano y pone su mirada en la mía—, te amo.
No veo venir un beso cargado de pasión y de agradecimiento, sus manos toman mi rostro para que no pueda alejarme de sus labios. Sólo puedo rodear con mis brazos su cintura, sin importar las miles de miradas que siento detrás de mí y recibirlo, dejarle claro que estoy totalmente involucrado en esto y que haré lo que sea, para compensar el tiempo perdido.
—Si estás de acuerdo, esta noche será inolvidable —pronuncio aún en su boca. Su mirada brilla y me toma de la mano con fuerza para subir al coche e ir al hospital sin que ya nada nos detenga.
—Espera, da vuelta en esta calle —me ordena y giro el volante en una calle. Lo veo tan contento y tan radiante que no puedo evitar el sentirme igual—. Tenemos que comprar una sillita para el coche.
Sonrío abatido y de mi cartera, saco una tarjeta de crédito. Ambos salimos del coche al estacionarme afuera de una tienda para bebés.
Markus es el que, contento, va de aquí para allá, yo sólo sigo sus pasos mientras una chica le muestra distintas sillas. Markus elige una en color gris con una suave y esponjosa cubiertas de color amarillo, con figuras de patos y osos de felpa. Voltea a verme para pedir mi aprobación, la cual le hago saber enseguida.
La chica se dirige al área de paga y después de nuestra entrega, nuevamente nos dirigimos al hospital.
—¡Doctora!
Markus sale corriendo del elevador en cuanto las puertas se abren, yo lo sigo hasta el pasillo que da lugar a la sala de pediatría.
—Lo conseguimos, ahora puede darnos a Rachell.
Sonrío al verlo tan feliz, es sorprendente ver que alguien puede sentirse extasiado con algo que para alguien más, es sólo… algo.
Veo a la doctora leer la forma que la juez nos dio hace un momento y sonríe de una forma especial, y sin dejar de hacerlo, niega repetidamente, con un brillo en sus ojos.
—Vaya, los felicito… Síganme por favor.
Ambos la seguimos hasta llegar a una especie de sala muy grande, donde hay muchos bebés en pequeñas camillas o en incubadoras. Adentro hay dos enfermeras y una doctora, quienes están revisando a uno en específico.
Ella entra y nosotros esperamos afuera. Por el gran ventanal, vemos que la doctora levanta a una bebé que no recuerdo como la niña que Markus había llevado. Esta bebé se ve… mucho mejor, claro, después de una semana el haber estado aquí.
—Oh por Dios, Geo. No es ella, no es mi Rachell. Mira cómo se ve, es toda vida.
—Lo sé, se ve tan diferente.
—Se ve hermosa.
La doctora sale con ella en brazos.
—Felicidades, es suya. —Ella le entrega la bebé a Markus y él la acuna en sus brazos—. Solo puedo decirles que tiene 5 meses de nacida. Deben cuidarla muy bien. Las formas del hospital y estudios se los doy enseguida. Vengan.
Nos hace ir hasta la estación de enfermeras y ella misma toma una carpeta donde hay varios papeles.
—Seguramente se los dijo la jueza, si cometen un solo error, ella en persona irá por Rachell, ¿no?
—Sí, exactamente lo dijo.
—Bueno, pues no hace falta que también lo diga yo. Y no puedo decir nada más que felicidades. Espero no verlos con frecuencia por aquí.
La vemos sonreír con vehemencia, y nosotros salimos del hospital con una bebé, ahora los tres, regresamos a nuestra casa.
—Geo, ¿puedo pedirte algo?
—Te escucho.
—¿Podemos adoptar a la perra?
—¿La del basurero?
—Ella la estaba cuidando.
—¿Será sano para la bebé?
—Obviamente la llevaremos con el veterinario y…
—Bien, así lo haremos.
Tomo el camino por donde Markus pasó aquél día, aún está el perro ahí, en la basura, tras la clínica que hoy, ya está clausurada.
La casa ya estaba completa, ahora somos cinco integrantes; Rachell, Markus, Voldi y Nana. Voldi es nuestro primer perro desde que vivimos juntos, lo trajimos a casa cuando lo vimos en la calle, estaba completamente desnutrido. No es de una raza pura, pero tiene aspecto de un labrador. Y Nana, movió la cola con tanta vida cuando se pudo acercar a Rachell, después de varios días en tratamiento, el veterinario la tuvo en su propia clínica durante dos semanas, y terminado esas dos semanas, lo primero que hizo fue reconocer el olor de Rachell. No se apartó de ella durante los siguientes tres días, al menos entendía que todos la queríamos como parte de esta familia.
Ambos perros parecen tener la misma edad y, nos encargamos de que todo esté perfectamente bien, con toda la familia en conjunto.
La primera visita de la señorita Franz, fue, lejos de ser incómoda, una pesadilla. Entró a la casa y empezó a buscar cosas que atentara la salud, tanto física como mental de Rachell. Yo podía verla de aquí para allá, revisando todas las cosas de la casa. Libreros, todos los muebles en general, ventanas, puertas corredizas, la cocina y sus utensilios, las habitaciones, lo que había en cada una de ellas (cuatro), sin olvidar los baños y todo lo que estuviera dentro de estos (dos).
No se detuvo ni cuando encontró cosas personales en nuestro armario, y por personal, me refiero a juguetes, juguetes y otras cosas sexuales.
—¿Esto siempre está aquí guardado? —habia mencionado aquello como si nosotros no tuviéramos cuidado de ello.
—Si, siempre está guardado —le respondí lo más tranquilo que pude—. ¿Hay algo más que quiera revisar?
—Claro. El jardín.
Hice que me siguiera por el largo pasillo del primer piso hasta el patio trasero. Donde se encontraban ambos perros echados, disfrutando de los pocos rayos de sol que había salido.
—Rachell deberá estar vigilada cuando estos animales estén cerca de ella.
—Lo sabemos.
Esa mujer se fue después de apuntar cosas en una hoja, nos hizo firmar una constancia de su visita y, dejó la casa como quiso, toda desordenada.
Markus no podía dar crédito a su manera de inspeccionar la casa. Debíamos hacer algo, no podía pasar eso cada vez que ella viniera, no por el simple hecho de no estar contenta por nuestra familia.
Continúa…
Gracias por la visita.