
Fic de Xim_Alien. Versión Alternativa
Capítulo 2
Antes de entrar a la siguiente clase, me dirijo al baño de hombres para lavar mi cara, estaba durmiéndome y lo más posible es que sea un mapache hecho y derecho. Sólo aplico un poco de maquillaje líquido y delineador en mis ojos una vez seco mi rostro. Salgo del baño encontrando a Lorain afuera, hablando con un chico que al menos yo, ya había dejado de ver por un tiempo.
—Hola, Bill —me saluda y sólo le respondo con un movimiento de cabeza—. Cuídate, paso por ti en punto de las seis.
—Claro, adiós.
Lorain se despide de él con un beso en la mejilla. La observo como queriendo saber un poco más del porqué habla con él después de tanto tiempo.
—No es nada, sólo vamos a salir y a conversar un poco —explica cuando ve que estoy confundido.
—Lleva una caja de condones, no quiero que otra vez estés preocupada a mi lado.
—Ash, como tú no corres riesgos.
—Eso es lo bueno de ser gay.
—¿No quisieras tener hijos con Tom?
—Eh… Nunca he pensado en tener una familia. Además, nuestra sociedad es una porquería.
—Yo les daría un bebé si tienen problemas para adoptar o algo.
—Pero qué considerada eres. Elegí a la mejor amiga.
—La única, cariño.
—Estúpida.
Ambos reímos, al tiempo que entramos al salón correspondiente de nuestra siguiente clase.
—Hola, chicos. —Entra el señor Hills al salón—. Hoy les tengo una propuesta. A muchos de ustedes les está yendo mal en la materia, así que se me ocurrió algo, podrán formar equipos y representar alguna escena del libro que ustedes quieran. Esto por dos puntos extras sobre calificación final. ¿Están de acuerdo?
—Bill, ¿qué dices? —pregunta Loraine acercándose desde su lugar al mío, con una voz muy baja.
—Somos dos, no creo que alguien quiera hacer equipo con nosotros.
Y era completamente cierto, los únicos chicos que le hablaban a Lorain eran de otras carreras, de nuestra carrera nadie le hablaba porque soy su amigo, las únicas chicas que le hablan tienen su propio grupo y a veces sólo hay cupo para ella, no para mí, sin embargo, ella termina negándose cuando la invitan por pena a dejarme solo. Si hay algo que sigo odiando de la escuela (la universidad en este caso) es que aún tengamos que trabajar en equipos. Sé que es bueno hacer eso, pero siempre he estado yo solo.
—Piensen bien lo que van a hacer y con quiénes, recibiré los equipos hasta mañana. Ahora pasemos a la lección de hoy, nos quedamos en…
Las siguientes clases pasaron lentas, pero cuando dan las dos y cuarenta y cinco de la tarde, la señorita Miller se da por vencida cuando deja de funcionar el proyector, cosa que era necesaria para mostrarnos una presentación acerca de los escritores más importantes de Inglaterra.
—Se queda de tarea, investiguen biografías y la obra más importante de cada escritor.
Todos guardamos silencio y vemos como sale con su bolso sobre el hombro sin decir más.
—Maldita vieja —escucho a muchos decirlo, entre ellos, a Lorain.
Ella y yo salimos del salón, mientras nos dirigimos al patio común, escribo un mensaje a Tom para que pase por mí.
—Le gusta hacernos sufrir sólo porque no sabe utilizar el proyector y quedó en vergüenza.
—¿Qué esperas? Tiene sesenta y tantos años y nos pide llamarla «señorita» —le respondo guardando mi móvil—. Serías igual si te dejaran de dar.
—Ya sé — agrega con un visible y falso berrinche en los labios.
¿Por qué las cosas ajenas de esa naturaleza, son tan divertidas?
—Bueno, cielo, me voy. Tengo bastante tarea y una cita importante.
Me besa en la mejilla y se va para el estacionamiento, donde está su viejo pero bien cuidado y rendidor Volkswagen color magenta.
Yo voy hasta la entrada principal, la cual es la más cercana en el camino de Tom desde su trabajo.
—Disculpa —me detiene una chica de baja estatura y cabello rojo—, eres Bill, ¿cierto?
—Sí pero yo no…
—Sí, sé qué no me conoces. Sólo que esto te lo envía alguien.
Recibo de sus manos una servilleta de papel, de las mismas con que limpias cualquier, de esas para limpiarse la boca cuando estás comiendo.
Lo único que se puede leer en una de las dos caras es «desearás haberte enamorado de él».
No entiendo a qué viene esto, sin pensar más, camino hasta el contenedor de basura más cercano, lo arrojo y sigo mi camino hasta la vereda para esperar a Tom.
&
Me levanto del sofá para abrir la puerta, el timbre suena insistente y me está colmando la paciencia.
—Buenas tardes Tengo un paquete para el señor Alex Trümper?
—Él no está ahora, pero soy su esposo.
—¿Me podría firmar de recibido?
—Claro.
Firmo una forma que el señor del correo trae sobre una tablilla, entonces deja una bolsa de tamaño mediano. Cierro la puerta y dejo el paquete en la sala.
Vuelvo al sofá para seguir viendo «Si tuviera 30» amo a Mark Ruffalo, es el hombre más guapo y más apto para estos papeles. Hablando de él, tengo que ver The Avengers.
—Hola, cielo.
—Hola, amor —saludo a Alex cuando ha entrado a casa—. ¿Cómo te fue? ¿Hay buenas noticias?
—Perfectas noticias, empiezo a trabajar a partir de mañana.
Su sonrisa abarca todo su rostro y me siento tan feliz como él. Sonrío al igual que él y tomo su rostro entre mis manos para besarlo y demostrarle mi felicidad y orgullo.
Sentado a mi lado, vemos el resto de la película, pero lo cierto es que no he puesto atención a la televisión desde que él llegó. En cuanto empieza a sonar «Love is a battlefield» en los créditos, paso mi brazo derecho por encima de sus hombros, me inclino lo suficiente para empezar a besar su cuello y, con mi mano libre desato su corbata y abro los primeros botones de su camisa hasta ver el inicio de su pecho.
—Es muy temprano, ¿no crees? —me dice con una voz ya complicada.
—Desde que te fuiste he estado imaginando que te quito esta ropa con los dientes.
—Lo mismo dijiste cuando nos casamos.
—Te ves irresistible vestido tan elegante y formal. Además de que esos pantalones se ajustan perfectamente a tu trasero.
Una sonrisa es lo último para dejar que yo avance. Quito su ropa lentamente hasta quedar desnudos ambos. Mi mano logra inmiscuirse por debajo de sus boxers, empiezo a estimularlo y a la vez, beso su cuello, hombro, labios y parte de su pecho, todo hasta que mi mano logra estar cubierta de su líquido preseminal.
Su voz ya es inexistente, como puede, también empieza a estimularme, primero rodeando mi miembro con su lengua hasta que también produce presemen, para que después, me invite a quedar a horcajadas. Él me sostiene de la cintura y así, me ayuda a sentarme sobre su pene, así, con su ayuda, empiezo a «brincar», con un poco más de frecuencia.
—Estoy cerca, amor —gime con cada palabra.
—No, espera.
Me levanto y le doy la espalda, él entiende pero me pone contra el sillón, la ropa está regada, no nos importó donde cayó y me sale una risita floja. De repente siento sus manos alrededor de mi cintura y su miembro queriendo entrar en mi cuerpo, yo lo recibo contento, lleno de placer, y así me embiste hasta que siento su líquido disparándose dentro de mí. Sonrío más que complacido.
Él se deja caer en el sillón y toma mi cuerpo para hacerme sentar en sus piernas. Entonces me dejo llevar por sus caricias, besos y todos los mimos que reparte por mi cuerpo.
—Te amo, mi amor —me dice al oído.
—Te amo, Alex. Siempre te he amado y lo seguiré haciendo.
Busca mi boca y reclama todo en ella. Luego de eso su cabeza se hunde entre mi cuello y mi hombro como siempre hace cuando hemos terminado de hacer el amor.
—¿Te pido algo? —pregunta.
—Claro, dime —respondo.
—Cógeme.
—Alex…
—Anda, Jim. Por favor.
Su respiración ya de por sí está algo complicada, exaltada y choca con mi piel, dejándome sin excusas y, ciertamente, no quería poner ningún pretexto. Tomo su cintura ahora y le pido ponerse boca abajo en el sofá, así me monto sobre él y lo penetro de a poco, primero emite sonidos de dolor, pero sus manos buscan hacerme saber que está listo y entonces me muevo con más rapidez, a un ritmo casi poético.
Sus jadeos exaltados me avisan que ya está cerca. Mis manos se posicionan en su trasero, ayudándolo a mantener el acercamiento que quiero, la intimidad que hemos desarrollado desde la primera vez que lo hicimos.
—Me voy a… me voy a correr, amor.
—Hazlo, Jim, dame todo.
No fueron las palabras, en sí, fue la voz, el tono, el gemido ronco y no puedo retrasarlo más.
Ambos quedamos totalmente rendidos, con las respiraciones exaltadas y con el corazón en la garganta. Acomodo a Alex sobre mi regazo, como a un bebé. No puede moverse.
—¿Quieres que te lleve a la cama?
—No, iré a la ducha.
—Vamos, te acompaño.
&
—¿Cómo te fue? —me pregunta Tom cuando subo al auto y después de besar sus labios.
—Del asco, la maldita vieja de Historia nos dejó un buen de tarea.
—No te enojes, puedo ayudarte con algo.
—Por cierto, vi la nota. Mil gracias.
—No se te olvide que te amo.
—Lo sé.
—Bueno. Adivina quién fue a la oficina.
—¿Alex?
—No.
—¿Georg?
—Es una chica.
—Ay no sé, dime ya.
—Kelly.
—Oh Dios, ¿qué quería?
—Todo, que debo ir a la corte para firmar algo que me quitará la responsabilidad de ser tu tutor y podremos ser la pareja que hasta ahora somos y después se me insinuó.
—¿Qué? ¿Esa perra? Maldita estúpida hija de…
—Oye, oye.
—Desde el primer día te comía con la mirada. Le enseñaré que soy únicamente tuyo.
—Eso me gusta, podemos grabarnos y mandársela, o algunas fotos o algo más.
—Grabarnos ¿eh? —El celular de Tom suena y activa el manos libres después de dejar de reír.
—¿Sí?
—Joven, acaba de recibir un paquete, lo he dejado dentro de su oficina.
—Gracias, Sylvia, después lo… —Le toco el brazo para que se detenga y le hago señas de que podemos ir ahora por ese paquete—… Voy para allá, Sylvia.
—Sí, joven —La llamada se finaliza y me mira dudoso de lo que le he dicho.
—Tengo una idea —explico con una sonrisa ladina y una mirada lasciva, la cual atrapa rápidamente y conduce de igual manera hasta su oficina de regreso.
Continúa…
Gracias por la visita.