
Fic de Xim_Alien. Versión Alternativa
Capítulo 22
Los días pasaron como si se tratara de un castigo que debía pagar con creces, un castigo que había merecido por haber sido el peor tirano de la historia humana.
Y luego, el miércoles llegó, yo estaba bañando a Bill como cada mañana, baños de esponja, en su cama, mis lágrimas salían porque lo único que quería hacer era verlo despertar, y no lo hacía. El bebé estaba a un lado de nosotros, como todos los días, todo el día, 24 horas. La enfermera decía que su presión arterial se fortalecía, sin embargo, sus latidos seguían siendo lentos, le daba la razón a sus pulmones, y cada vez que la enfermera a cargo, ponía la bebé en el pecho de Bill, ambos ritmos cardiacos aumentaban. Fue hasta el miércoles que el bebé, mi hijo, mi pequeño Robert lloró.
No había escuchado su llanto, no había escuchado ningún ruido que me hiciera reaccionar en que estaba vivo. Lloró primero tan débil, que dudé en que lo había escuchado, dudé que había escuchado ese ruido débil y sin aire, sin embargo algo pasó después, no estamos seguros de qué fue, pero pronto parecía estar escuchando el llanto de un bebé de peso y medidas promedio, no había otra razón que me hiciera llorar. No había otra cosa más de la que pudiera estar felíz. Hasta que Bill se removió en su cama. No despertó, era suficiente con darme la alegría del llanto de mi hijo, mi hijo.
Lo cargué, era una miniatura en mi mano, sin embargo, estaba creciendo, se estaba fortaleciendo desde que estaba en la misma habitación de Bill, desde que todos lo habíamos traído con la incubadora.
Todos lo quisieron cargar de inmediato, todos lo hicieron y me llenó de una alegría inmensa escucharlos darle la bienvenida a este mundo.
—Has decidido vivir, me alegra, pequeño Robert, sin embargo, te diré que te tocó unos papás muy cogelones, te regalaré audífonos de esos que aíslan el ruido.
Reí cuando fue el turno de Alex. Ese era Alex.
—Pequeño Robert, gracias por quedarte con nosotros —dijo Georg.
—Ya, ya, dénselo a su ma… ¿Cómo vamos a hacer esto, hermanito?
—Idiota —dije quitándoselo a Alex.
Lo puse nuevamente en el pecho de Bill, no dejé de sostenerlo, hasta que todos olemos algo proveniente de su pañal, y yo era el más felíz de la habitación al oler eso, daba gracias porque estuviera recibiendo de buena forma los alimentos, y agradezco al cielo porque la operación había sido perfecta y, que la popó nos dijera que había un excelente trabajo digestivo. Iba a cambiar el primer pañal de mi hijo.
—Bill, tienes que despertar, nuestro bebé hizo popó. ¡Hizo popó!
—Maldita sea, ¿por qué no grabé eso? —dice Alex.
—No te preocupes, saqué una foto —dice Jim con la cámara en alto.
—¡Mi hijo hizo popó!
Los planes con él se vinieron de inmediato a mi cabeza. Y la alegría aumentó cuando la enferma y la doctora Jessica decidieron quitar algunos tubos, dejaron alimentación y un par más que no entendí qué eran porque estaba sonriendo cuando abrió su boquita y pareció bostezar.
Era completamente suyo.
Bill no despertó.
Al otro día:
—¿Tom? Alex está esperándote abajo —dice Lorain entrando a la habitación.
—Cierto, en un segundo voy.
Lorain cierra la puerta de la habitación y deja un beso en la mejilla derecha de Bill. Le entrego al bebé y ahora ella sonríe y le da la bienvenida.
—No tardo, amor —beso a Bill en los labios
—Anda vete, aquí me quedo con ellos.
—Gracias, Lorain.
Alex vendría al hospital para que yo pudiera ir a casa a darme una ducha, había dicho que no por sexta vez en tres días, pero hasta yo sabía que era necesario ducharme. Y Alex se quedaría apoyando a Lorain. No me gustaba la idea de dejarlos solos, tenían que estar dos personas de confianza, entre más fueran, mejor.
Bajo al primer piso y ahí están ellos, Alex y Jim, con una mirada sincera de apoyo.
—Sólo iré a ducharme, regreso en unos minutos.
—Bien, no hay problema.
Mi hermano deja una caricia sobre mí hombro, en señal de apoyo. Salgo del hospital para ir al estacionamiento, quito la alarma y antes de abrir la puerta, una mano sobre mi hombro izquierdo me hace detenerme en seco.
—Hola, hijo.
Ese saludo me congela, mi respiración se detiene haciéndome hiperventilar, mis piernas no reaccionan y mi mente trabaja en una acción de escape fugaz, sin embargo, mi cuerpo se hiela en el suelo.
—Me enteré que estabas aquí y lo que pasó con… Con tu pareja.
—¿Quién… Quién te lo dijo?
—Eso no importa. ¿Puedo hablar contigo? En un sitio más cómodo.
—Quiero ir a tomar una ducha y volver aquí. No quiero dejarlo solo por mucho tiempo.
—Comprendo, pero en verdad es necesario que hablemos, Tom. Por favor.
—Bien, vamos y… Regresaremos.
Subo frente al volante y ella a mi lado. Hace tanto tiempo que no la veo tan cerca de mí, que hoy me perece un sueño.
—¿Cómo has estado, hijo? —me pregunta como si olvidara el detalle más importante que sabe.
—Devastado, ¿no se nota?
—Lo siento. Sólo quiero saber cómo estás y lo que has hecho desde que te fuiste de casa.
—Tengo un excelente trabajo, un departamento. Tengo una pareja a la cual amo con toda mi vida, un chico de 22 años, quien deseo fervientemente que siga estudiando Literatura en la universidad. Ah, se me olvidaba, está en coma por haber continuado con un emba…
—Lo sé, lo siento mucho —me interrumpe.
—No lo creo, te burlaste de Alex y Jim cuando fueron al funeral de mi padre, ¿en serio quieres que crea que sientes que el amor de vida está en coma?
—Nunca es tarde para pedir perdón, ¿o sí?
—Me encantaría saber si lo que dices es cierto.
—¿Cómo lo demuestro?
Estaciono el auto frente al edificio, dejo que mi madre salga por su propia cuenta, la veo seguirme y entro sin detenerme hasta llegar al departamento.
—Estás en tu casa, iré a la ducha.
El agua corriendo por mi cuerpo, es como sentir que la ansiedad por verlo despertar regresa para fusionarse con el agua tibia.
Trato de que el agua se lleve todo lo negativo de mis emociones, mis confusiones, mis pensamientos negativos sobre toda esta situación. Sin embargo, como si lo pidiera, vienen a mí todas aquellas horribles imágenes a mi cabeza, todas al mismo tiempo, todas del mismo instante en el que pensé, que todo estaba perdido, no veía otra cosa que su propia sangre, nada más podía distraer mi mirada de su cuerpo que pronto se quedaba sin vida.
Tal vez deba hacer lo posible por superar ese día, por dejar de pensar en ello, quizá deba tener la fuerza suficiente como para pensar en otras cosas. Sin embargo, ni mi mente ni mi cuerpo logran escapar.
Harto, salgo de la ducha con una toalla en la cintura, sólo hasta entonces me doy cuenta que mis ojos han dejado escapar muchas lágrimas, las cuales, estaban muy bien disfrazadas hace un momento.
En mi habitación, me visto rápidamente y salgo de esta, encontrando a mamá en el sofá, con un portaretrato en sus manos.
—¿Qué haces? —le pregunto al verla viendo con detenimiento, cada fotografía que reposa sobre los muebles o muros del departamento.
—Es un chico único.
—Así es, y está dormido y no sé si es por mi culpa.
—No, no es tu culpa. Nadie pudo pensar en lo que se vendría. Sé que es difícil estar pasando lo que ahora tú pasas, pero…
—No puedo hacer nada, no sé si ya te diste cuenta, pero no puedo hacer nada por cambiar esto, así que sí, es más que difícil.
—¿Sin hacer nada? Me dijeron que hacías más de lo que deberías. Lo bañas, le cuentas cosas, le cantas, le haces saber que aunque no pueda hablar ni verte, te tiene para él, puede escucharte y saber que estás ahí, con él. Eso es mucho y es por amor.
—¿Por qué me dices eso? —no me había dado cuenta que mis lágrimas corrían sin piedad, una vez más, hasta que su mano, seca algunos ríos sobre mis mejillas.
—Porque me equivoqué, no quiero seguir equivocándome. Menos con mis propios hijos.
—Es irreal ¿sabes? Bill está en coma. ¿Cómo pasó eso?
—Nadie tiene el destino en sus manos. Y vine para enmendar el nuestro.
—No mezcles ambos temas.
—No quiero mezclarlos. Lo siento tanto, pude haberlos aceptado desde un principio, pero tenía miedo, miedo a que mis sueños para ustedes no se vieran cumplidos.
—¿Tus sueños para nosotros? Creo que se trata de nuestras vidas, nuestros sueños, no los tuyos ni los planes de papá.
—Me refiero a que toda madre espera ver a sus hijos casados, con una familia, una hermosa boda y para nosotros, hermosos nietos.
—No veo la diferencia, Alex se casó, tiene una familia, en cuanto él quiera decidirlo podrá adoptar y podrás tener nietos. Lo siento mucho si no te agrada cómo llegó Robert, pero ya está aquí, y él es tu nieto.
—¿Dónde están aquí? —pregunta sin despegar la mirada de esa foto.
—En la boda de Alex. ¿Por qué?
—Ambos se ven… Radiantes.
—Cosa rara provocada por el amor.
—Me encantaría recuperar el tiempo perdido.
—¿Más de 20 años? ¿En serio?
—Quisiera conocer a Bill. Y al bebé, permíteme ser abuela.
—No supiste ser mamá y quieres ser abuela.
—Merezco eso, lo acepto, pero escucha algo, Tom. Ser papá es más difícil de lo que piensas, y ser mamá es un trabajo completo, perdón si no supe cómo desempeñarlo, y tal vez no te importe, pero fui mejor mamá que mi propia madre. Perdón si no fue suficiente para ustedes.
—No, no lo fue, no fue ni una pizca. A nosotros nos hirió que nunca estuviste como nuestra madre. Ustedes querían facilitar todo dándonos todo lo material, y el tiempo, lo que realmente necesitábamos, nunca nos lo dieron.
—No sabes cómo me arrepiento. Por favor, dame una oportunidad.
El teléfono resuena por las cuatros paredes haciendo que el sonido se intensifique para romper el silencio tétrico que se formó, después de su desesperado intento por hacer que nuestra relación se pueda mejorar.
—¿Sí? —respondo la llamada esperando nuevas noticias.
—¿Thomas?
—Sí, ¿quién habla?
—Soy Roger.
—Oh, hola. ¿Bill está bien?
—Sí, acabo de llegar de la Universidad, sólo quería saber si estás bien y eso. Me pareció extraño no verte aquí.
—Vine al departamento un momento. Voy para allá.
—Lo siento, supongo que necesitas un tiempo lejos del hospital.
—Sí. No tardo —finalizo la llamada y giro para ver a mi madre, quien aún tiene algún portaretrato en las manos. En especial, donde estamos Bill y yo—… Tengo que regresar al hospital.
—¿Puedo acompañarte?
—Dame un momento, ¿sí?
—Entiendo, iré a casa. Sólo promete que pensarás las cosas. Promete que pensarás en darme una segunda oportunidad.
—Lo pensaré.
Salimos del edificio y sólo la veo irse en un camino contrario al mío.
Durante el recorrido al hospital, pienso en sus palabras, tal vez sea bueno empezar desde cero. Aunque sinceramente, lo veo totalmente inútil.
Entro rápidamente al hospital hasta la habitación donde está Bill. Abro la puerta y encuentro a todos adentro, sólo falta Jim. Mis ojos van directamente a la cama, mi bebé yace en los brazos de alguien que no puede mirarme aún.
Y mientras yo lo veo atónito, sin creer lo que ven mis ojos, sé que cinco pares de ojos me miran expectantes de alguna reacción, la que sea, pero esperan una reacción.
—Todo estará bien —dice a mi bebé y de pronto, levanta la mirada y me sonríe, como si nunca hubiera estado en coma.
Estaba despierto.
Continúa…
Gracias por la visita.