Alternativo 23

Alternativo 23

Fic de Xim_Alien. Versión Alternativa

Capítulo 23

Las piernas me tiemblan y a la vez, me hacen llegar de un sólo paso a él. El nudo en mi garganta quiere asfixiarme, las lágrimas en mis ojos no quieren desaparecer ni por un segundo, mis palabras no pueden ser expulsadas de mi boca, mis brazos parecen estatuas y mi pecho se aprieta más a cada segundo, la felicidad que siento es enorme, me asfixia, es bueno, no quiero hacer otra cosa que disfrutar y almacenar este momento en mi memoria.

Me siento a su lado en la camilla y paso un brazo por su espalda, lo tomo de su cuello y lo giro lentamente para que sus ojos se enfoquen un poco en mí, no quiero parecer egoísta, pero Bill fue mío primero, así que llevo su boca hasta la mía, extrañaba tantas cosas de él, su cuerpo, su voz, su mirada enfocada en mí, claro, y ahora enfocaríamos nuestra atención y vidas en alguien más.

No puedo dejar de decir cuánto lo amo, lo feliz que estoy, que he vivido una pesadilla y aunque Alex quiere quitarle al bebé de los brazos, Bill no lo permite.

—Está sano, está vivo.

—Sí, y tú también, ambos conmigo.

—Te amo, amo a nuestro bebé. Míralo.

Los dos nos concentramos en el bebé que dormía en los brazos de Bill, aun así, escucho la voz de Jim pidiéndoles a los demás que nos dejaran solos. Agradecí infinitamente que lo hicieran, porque en cuanto salió el último, lo besé como si realmente no hubiera un mañana, y es que no quería pasar más tiempo, un solo maldito segundo más alejado de su boca.

—Quiero que me operen —dijo, cerca de mí, en un susurro, como si fuera un secreto entre los tres.

Lo miré, concentrándome para ver si había algo extraño en su mirada y sí, era dolor. El dolor que sentimos ambos durante todo el proceso, la incertidumbre del tiempo que duró sumergido en un estado de coma del que nadie sabía si saldría o no. Y sobre todo, la incertidumbre si nuestro bebe lograría sobrevivir una operación. Como sea, esta vez no pasaré por alto sus pensamientos y sea lo que quiera decidir, lo tomaré en cuenta y lo apoyaré, al final de cuentas, es su cuerpo. No iba a cometer la misma tontería.

—Te apoyo, iré por el doctor Hamilton y lo hará.

—Gracias.

—Bill, no tienes que…

—No te fuiste ni por un segundo —me interrumpe—, te sentí en todo momento, te escuché, estabas aquí y…

—Y despertaste, justo cuando me fui para tomar una ducha.

—Bueno, pero no fue el mejor despertar de la historia.

—¿Cómo sabes?

—Me ahogué con el tubo en mi garganta, fue algo grotesco si lo piensas.

—Deseo haberlo visto de cualquier forma. Se trata de ti, no hay nada grotesco tratándose de ti.

—Mi aliento es horrible, no vuelvas a besarme.

Reí, ambos reímos. Hicimos que el bebé se removiera un poco en sus brazos  y volvimos a concentrarnos en él.

—Debes descansar, Bill. Deberías dormir, yo me haré cargo del bebé.

—No quiero dormir. Es decir, sí quiero, pero no ahora.

—Bueno, cuando vayamos a casa será lo último que harás. Deberías dormír.

—Bien.

Bill me entrega al bebé, con sumo cuidado para no mover los tubos que aún lo alimentan. Beso su frente y lo dejo dentro de la incubadora. Regreso para besar a Bill y salgo de la habitación, afuera está Roger, Alex y Markus, quien intenta dormir a una bebé en sus brazos.

—Gracias a Dios despertó —dijo Roger.

—Sí. Alex, ven.

Tomo su brazo y lo llevo conmigo, primero al consultorio del doctor Hamilton, a quién le explico rápidamente lo que había sucedido y sin perder tiempo, él se va directamente a la habitación de Bill y yo, con el brazo de Alex aún en mi mano, lo llevo a la cafetería del hospital.

—¿Qué haces?

—Cuando fui al departamento, vino mamá. Aquí.

—¿Qué? ¿Qué demonios quería?

Mi voz está tranquila, pero por alguna razón, siento que sale con odio y con una pesadez, de la que soy incapaz de regular. El nudo en mi garganta empieza a formarse nuevamente, aunque ahora es por todos aquellos hechos en los que no estaban ellos, sino los papás de Bill.

—No puedo creerlo, no después de tanto tiempo. ¿Crees que esté así por lo de papá?

—No lo sé, me decía cosas de las cuales se decía sentir arrepentida, pero para mí, era la misma de siempre, la misma persona de siempre.

—¿Piensas darle una oportunidad?

—Tampoco lo sé, ahora mismo sigo aturdido, quisiera irme de aquí con Bill y empezar una nueva vida con él y el bebé, se nos vienen muchas cosas y no sé cuáles sean las consecuencias. No será fácil, está la escuela, mi trabajo y ahora un bebé.

—No me lo imagino, pero no subestimes a Bill, sabrán manejarlo, sabrán vivir con un bebé y todas las responsabilidades. Además, nos tienen a nosotros. Jim es increíble hablando, y para todo encuentra una solución.

—No lo dudo, supiste elegir bien, al menos no te quedaste con alguien como los que te gustaban antes de él.

Su sonrisa es tan sincera, pero a la vez, es de esas que se dibujan en tu rostro cuando sabes que han descifrado una parte oculta de ti, como si hubieran visto lo que tanto te empeñas en esconder de los demás. Nunca había visto esa sonrisa en mi hermano.

—Bueno, Bill ha reaccionado y está dormido ahora, ¿por qué no vas a dormir tú?

—Ahora es cuando menos quiero alejarme de aquí, El doctor me había dicho en algún momento que si quiere operarse, lo haría en cuanto se sintiera mejor y estuviera estable.

—Bueno, sólo ve a dormir, aunque sea en el sofá que está en la habitación de Bill.

—Bien, te haré caso, sólo porque es ahí y no en otro lado.

Después, de que les he pedido a los demás que se vayan a descansar y de agradecerles profundamente todo el apoyo que me han dado, entro a la habitación con la idea de sentarme en el sofá para dormir. Sólo que al sentarme en este, su voz me hace detenerme en seco.

—Quiero que se llame como tú… Cuando quería interrumpir esto, Lorain me dijo «¿Sabes lo que Tom quiere?». Ella siempre estuvo ahí, ¿Recuerdas el libro de nombres que nos regaló? Nunca quise leerlo, ya tenía el nombre perfecto. Cuando me decidí, recordé el primer día que me miraste. ¿Te acuerdas?

—Nunca podría olvidarlo.

—Tenía 16 años, tú 25 y te odiaba, te odiaba tanto que no me di cuenta cómo ni cuándo empezaste a gustarme 

—Lo siento. Aún pienso que pudo ser mejor.

—¿Qué cosa?

—Que estuvieras con alguien de tu edad.

—Cállate, por favor, cállate y deja de decir estupideces.

Me hizo reír.

—Antes de esto ya pensaba en lo que quería hacer el primer día con el bebé con nosotros, y hoy quiero irme ya de aquí, contigo y el bebé, pero en este mismo instante, no puedo pensar en otra cosa que ¿y si no me quiere? ¿Y si se avergüenza por tener dos papás? ¿Qué le voy a decir cuando entienda que no tiene una mamá como los demás?

—No deberías pensar en todo eso.

—Pero lo hago. ¿Cómo estás tú ahora?

—Feliz —contesté sin pensar.

—¿En serio?

—Sí, bueno, estoy feliz y preocupado por todo lo que me acabas de decir, pero feliz porque el bebé y tú están conmigo. Hace unas horas, antes de que reaccionaras, estaba peor que tú, no quería y no podía pensar en el futuro, sin ti, yo estaría completamente perdido, sin rumbo, el bebé ya estaba estable, pero tú seguías sin reaccionar y no podía pensar en nosotros sin ti.

—Lo siento.

—No es tu culpa.

—Quiero ir a casa.

—Lo haremos, iremos a casa juntos.

Beso su frente y él trata de no llorar, aunque no lo logra.

—Yo…

—¿Qué? —me anima a continuar.

—Quería llamarlo Robert, como tu papá.

—¿Thomas Robert?

—¿Robert Thomas?

—No me gustan juntos —dijo riendo.

Admití que sonaban mal, y nos reímos, cansados y felices. 

Esperaba con todo el alma que pudiera reír como antes, sin preocupaciones por el futuro.

&

Abro los ojos y lo veo a mi lado, aún dormido, con sus preciosos ojos cerrados. Aprovecho el momento y acerco mi mano derecha a su mejilla, acariciando su suave y tersa piel, delineando el borde de sus labios y deteniéndome en cada centímetro de su rostro para grabar en mi mente su textura, lo suave y delicada que es su piel al contacto con la mía.

Quería volver con él a casa, era lo que más deseaba y ahora, que ya cuento con la fuerza suficiente para tener en mente lo que podría ocurrir mañana, quería salir corriendo del hospital, con él de la mano y nuestro bebe en brazos. Tal vez no sería fácil, sin embargo, íbamos a poder hacerlo juntos.

Sólo un par de golpes en la puerta de la habitación, me hace detener mis pensamientos.

—Adelante.

El doctor Hamilton entra pidiendo permiso, yo me levanto de la camilla y él se acerca lo suficiente para revisar los aparatos a los cuales Bill está conectado.

—Todo parece estable.

—¿Me puede operar hoy mismo?

—Quisiera dejar pasar algún tiempo, acabas de salir de un coma y no quisiera tener que ponerte en una mesa de quirófano tan pronto.

—Firmaré lo que me pida.

—Dejemos pasar un par de días, Bill, por favor. Ahora quiero que comas y que descanses.

—De acuerdo, como quiera, pero que me haga quedarme aquí los días que quiera, debe saber que no cambiaré de opinión. No quiero esto.

—Entiendo. Te mantendré en observación, mientras deberás descansar.

—Bien. Con permiso.

Era lo único que debíamos esperar para que ahora, los tres, pudiéramos irnos a casa de nuevo, sin preocuparnos de más que de un bebé.

Era perfecto.

Tenía que ser perfecto.

Dos días después.

Dos días de descanso y de alimento, al tercer día se llevó a cabo la cirugía. Todo salió a pedir de boca y yo era el primero que quería salir del hospital con Bill y ahora, nuestro bebé, e ir directamente a casa. Nuestra casa.

Continúa…

Gracias por la visita.

por Xim_Alien

Escritora del Fandom

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