
Fic de Xim_Alien. Versión Alternativa
Capítulo 24
Todos nos acompañaron todo el tiempo que pudieron, sin embargo, al momento de salir del hospital, estamos solos.
—Bill, Tom —la doctora Jessica Jhonson entra a la habitación, seguida por el doctor Hamilton.
—Ya podemos irnos, ¿verdad? —pregunta Bill con entusiasmo y un dejo de preocupación en caso de que nos digan que no, que aún no es tiempo.
—Sí, pero me temo que sólo ustedes. Ya no hay ninguna razón para tenerte en observación, Bill, todo contigo está bajo control y fuera de peligro —explica él sin apartar la mirada de Bill.
—¿Sólo nosotros?
—El bebé… —comienza la doctora.
—Robert —corrijo.
—Robert está bien, fuera de peligro y sus signos vitales mejoraron desde que Tom lo trajo contigo, sin embargo, es muy pequeño y necesita los cuidados que solo el hospital puede brindarle al momento. Quiero tenerlo aquí una semana más.
No quise decirlo, pero Bill lo supo en cuanto me miró. No me preocupaba el hecho de que el bebé necesitara cuidados extraordinarios, tampoco el hecho de que no íbamos a tenerlo en casa. En mi cabeza apareció una sola frase de tres palabras, que a simple vista no significaban demasiado. Una frase brillante y exasperada por hacerme sentir inútil y demasiado estresado.
Gastos de hospitalización.
—¿Es posible que podamos acortar el tiempo? —preguntó Bill, apartando la mirada de mí y observando a ambos doctores alternadamente.
—No se preocupen por nada, ya veré cómo ayudarlos con todos los gastos, hablaré con la administración, pero necesito una semana.
—Me quedaré —dice Bill un poco más despreocupado.
—No puedo retenerte aquí más tiempo, nadie dejará que te quedes tanto tiempo —explica el doctor.
—Debo estar cerca de él, debemos. No mejorará si no estamos aquí.
—Puedes estar aquí, pero no todos los días. Puedes quedarte una hora solamente —agrega ella.
—¿Una hora?
—Una hora. Diario.
—Y luego Tom podría venir otra hora, ¿verdad? —pregunta esperanzado.
—Chicos…
—¡Por favor! —suplica con los ojos cristalinos.
—Veré qué puedo hacer.
—¡No! Tiene que hacer que pueda venir a quedarme con mi bebé una hora como mínimo, luego Tom otra hora, quizás yo en la mañana y él en la noche, pero nos necesita cerca, nos necesita aquí.
—Bill, no puedo simplemente…
—¡Escúcheme bien! ¡Yo no pedí que me pasara esto! ¡Ni siquiera sabía que iba a vivir! ¡Usted lo mantuvo vivo y usted me mantuvo vivo a mí! ¡Ahora, los dos hagan que me pueda quedar aquí el mayor tiempo que se pueda!
Ninguno de los dos se atrevió a contestar algo por un largo instante. Estoy seguro de que fueron segundos de silencio, aun así se sintió más.
—Hablaré con las enfermeras y con la directora del hospital, deberá entenderlo puesto que tu caso es único, establezcan un horario de dos horas cada uno. Les llamaré en cuanto me pueda reunir con ella.
Vi a Bill tranquilo, no podía pedir más que eso, y para mí estaba bien.
—Bien.
—¿Tengo que firmar algo? —pregunto sin estar seguro del procedimiento.
—Sí, sígueme y te daré la documentación.
Así lo hago, miro a Bill y él me da una señal de que estará en la habitación. La doctora y yo salimos de la misma cuando el doctor Hamilton abre la puerta para la doctora. No sé si estoy imaginando algo, pero siento una clase de tensión entre ellos.
—Adelante, Tom —me invita a pasar la doctora Jhonson a su oficina.
—Esta es el acta de alumbramiento, vienen impresos todos los datos del bebé, así como los de Bill. Revisa que todo esté en orden. Si hay algo que cambiar será mejor ahora que después.
—Todo parece bien.
—Perfecto. Son dos firmas, una en cada hoja, por favor.
—Aquí está —deslizo las hojas en el escritorio ya firmadas y ella se encarga de darme una de las dos después de sellarla.
—Es todo. Se pueden retirar.
—¿En realidad hará lo que dijo?
—Sí, por supuesto. Soy jefa de Neonatología así que puedo mover algunos horarios y algunas vidas —dijo con una sonrisa en los labios.
—Bien. Espero que así sea porque de lo contrario, Bill terminará conmigo.
La doctora sonrió, yo salí, y el doctor Hamilton hablaba con otro doctor en el pasillo. De complexión se parecen, pero el doctor Hamilton es más alto, cabello negro y ojos azules, su colega le llega a la barbilla, así que tiene que levantar la vista, sus ojos son cafés y su cabello es castaño claro. Ambos tienen una barba que al parecer no afeitan en días. Fácilmente podría parecerme a ellos. No me he afeitado desde que Bill está aquí. Hablando de eso, no ha dicho nada sobre mi barba, tal vez le gustó, tal vez no y prefirió no decirme nada. Llevo mi mano libre de papeles hasta mi barbilla para notar que está mucho más crecida que la de los doctores frente a mí.
—Tom, acompáñame. Te daré el alta de Bill —dijo cuando notó que toda mi atención se había ido y que, seguramente, seguía pensando en mi barba a comparación con la de ellos y parecía un idiota.
Lo seguí, el otro doctor nos dejó.
—Es hermano de la doctora Jhonson.
—¿En serio? Creí que era algo de usted.
—No, bueno… sí quiero que sea algo mío.
No pude reaccionar de otra manera y él soltó una carcajada.
—No me malentiendas… es decir, no tengo ningún problema con eso, es que…
—No tiene que…
—La doctora Jhonson… es… hombre, necesito esa mujer en mi vida. Pero bueno, no estás aquí para escucharme hablar de ella ni de su hermano. Te diré que Bill está bien, está fuera de peligro y no pasó nada de lo que tenías miedo. Él sigue vivo. Y también tu bebé. Sin embargo, debo decirte un par de cosas.
—Escucho.
—Las mujeres, después de dar a luz, pasan por una etapa un poco… complicada, no sé si lo sepas, se conoce como Síndrome Postparto. Es una etapa oscura de cualquier mujer que acaba de ser mamá por primera vez. Es raro cuando se presenta en madres experimentadas pero hay casos. Estas mamás suelen pasar por momentos de rabia cuando escuchan al bebé llorar y no saben cómo detenerlo, no sabemos a ciencia cierta qué es lo que lo detona, sin embargo, la mayor parte de las mujeres refiere que no saben qué hacer con el bebé, no es un momento de confusión, lo describen como una pelea contra ellas mismas de poder desaparecer, de preguntarse qué hubiera pasado si no lo hubieran tenido.
»Hoy día hay más información, sin embargo, hay historias que te podrían erizar el bello. A lo que voy con todo esto es que no sé…
—¿Cómo va a reaccionar Bill?
—Si te puedo ser sincero, agradezco que la doctora Jhonson haya querido que el bebé se quedase por otra semana.
—Sinceramente no sé qué decir. Por un lado es mi pareja de quien habla, y por otro, me enoja el hecho de que asume que Bill podría ser un riesgo para nuestro propio bebé.
—Lo sé, y créeme que sí dimensiono el tamaño de mis palabras, aun así, quiero que también estés a la espera de cualquier cosa. De cualquier reacción.
—Deme, por favor, el alta de Bill.
—Sí, lo siento.
El mismo proceso de las ambas hojas, la misma firma y la misma fecha. Me entrega mi copia firmada y sellada y salgo del consultorio del doctor Hamilton.
Cómo se atrevía a decirme algo así de Bill. Él no sería así.
Continúa…
Gracias por la visita.