
Fic de Xim_Alien. Versión Alternativa
Capítulo 3
Al llegar a su trabajo, Sylvia nos recibe con un saludo lleno de energía y una sonrisa grande con pintalabios en un tono que la hace ver no bonita ni llama la atención de un mal modo, sino más bien, sofisticada. Por otro lado, su voz no refleja su edad ni el trabajo que desempeña.
Entramos a la oficina de Tom y lo primero que resalta a nuestra vista dicho paquete en su escritorio. Se trata de una bolsa de papel café, más o menos grande de altura, sin embargo, me parece recordar a las bolsas de las compras de mamá en lugar de un paquete. Tom la ve pidiendo saber con la mirada de qué se trata, pero no hace nada por ir a abrirla. Mejor voltea a verme y se sienta en el pequeño sofá.
—¿No vas a abrir el paquete? —pregunto con curiosidad.
—Dijiste que tenías una idea. —Ahora es él quien me mira sugerente—. Estoy esperando.
Sonrío dándome cuenta que este hombre tiene todo lo que en la vida pude haber pedido. Voy hasta la puerta y la cierro con seguro, bajo las persianas y regreso hasta él. Empiezo por quitarme la playera y la dejo en el suelo sin tener en cuenta muy bien dónde porque no puedo apartar la mirada de él, de sus manos inertes en sus muslos, sus labios tratando de no mojarlos pero no puede, y sonrío cuando muerde el inferior, justo cuando estoy a punto de abrir mis pantalones. Cuando logro quitarme la ropa, y me quedo únicamente con mis bóxers, subo a horcajadas sobre él en el sofá.
Beso su cuello mientras abro su camisa y así dejo besos y lamidas en su pecho, hasta que su manos entran en mis boxers y las usa para jugar con mi trasero. De un momento a otro, empiezo a abrir sus pantalones y meto mi mano con decisión para tomar su miembro, el mismo que está endureciéndose con mi tacto. Sus manos me hacen levantarme y sentarme sobre su falo. Luego me deshago de mis bóxers y es entonces, cuando su miembro entra. Me quedo ahí, unos segundos, tratando que mi cuerpo se acostumbre a su intromisión para siempre, memorizando cada detalle porque nunca lo habíamos hecho así, disfrutando de sus gestos y de sus caricias como si nunca lo hubiéramos hecho en nuestras vidas.
—Amo tanto estar dentro de ti.
—Y yo… amo recibirte.
No me detengo, sus jadeos son más frecuentes y yo también me siento a punto de llegar. En un segundo toma mi cuerpo, aún adentro, y así, me lleva hasta su escritorio, colocándome encima, entonces sale de mí, y me pide ponerme en cuatro dándole la espalda. Nunca me gustó darle la espalda, no puedo verlo y mucho menos tocarlo, pero dada la situación, creo que será importante y divertido hacerlo así. No digo nada más y me dejo hacer a su antojo, lo próximo que siento no es su miembro, sino su lengua, saboreando mi alma.
Me estremece sentirlo, mi excitación no puede aumentar, no puede disminuir de ningún modo, así que me masturbo para no comprometer mis propias bolas.
—Tom… por favor… mételo… cógeme —suplico.
Y entonces sí siento su pene entrar nuevamente en mi interior. Y ninguno dura mucho más, en segundos está disparando su líquido en mi interior, llenándome con toda su semilla y yo, esparciendo mi vida en su escritorio.
Jadeo como un animal cuando sale de mí, me ayuda a bajar y no puedo moverme, mis piernas no funcionan como normalmente deberían funcionar, así que me derrumbo al suelo.
—¿Te hice daño, amor?
No soy capaz de responder, ni siquiera de contestar de ninguna forma, mi mirada está nublada y sólo así me doy cuenta de que corren mis propias lágrimas por mis mejillas.
—Bill, ¿qué pasa? Perdóname.
Entonces suelto a reír, al principio es una sonrisa, y poco a poco se convierte en una carcajada.
—Dios mío, amor. Estás asustándome.
—Lo siento… Es que… Me encantó todo. Estuvo más que perfecto.
—Bueno, gracias —dice con una sonrisita socarrona.
—¡Cálmate! —Vuelvo a reír.
Los dos nos ponemos de pie y después de acomodar nuestras ropas, él me besa, pero no de esos besos que acostumbramos, profundos y cargados de sexo, en esta ocasión fue un beso tranquilo, reconfortante, tierno, lleno de toda una carga de amor y ternura.
—Te amo, mi vida —me dice mientras hace a un lado un mechón de mi cabello.
&
—¡Georg! ¡Georg! ¿Dónde estás? —grito llegando a casa.
—¡Arriba! —contesta.
—Quédate aquí.
Subo las escaleras rápidamente hasta la habitación, veo a Georg frente al espejo del tocador, peinando su cabello y acomodándolo como tanto le gusta llevarlo.
—¿Por qué tanta prisa? ¿A dónde fuiste?
—Necesitas ver algo, amor.
—¿De qué hablas?
—Ven, tal vez sea difícil y apresurado pero no pude no hacer nada.
—¿Trajiste otro perro? Te dije que ya no tenemos espacio para uno más.
—Por favor, cállate.
—Apenas y podemos alimentar a Voldi. Sabes perfectamente que no tenemos tiempo para cuidar a otro, es mucha responsabilidad, Markus.
—Es cierto cuando dicen que es mejor guardar silencio, aunque no sé si admirar o también detestar tu sinceridad. Ve abajo y entérate.
Lo veo mirarme como si pensara que estoy loco, tal vez lo esté pero en un momento él querrá matarse. Sale de la habitación y lo sigo para ver su reacción. Baja las escaleras hasta llegar a la sala, su mirada busca algo, yo me mantengo en las escaleras viendo cada uno de sus movimientos.
—En el sofá —le digo cuando ya no sabe a dónde más buscar.
Da unos pasos hasta este, pero se queda petrificado en cuanto la ve, sabía que iba a quedarse totalmente mudo cuando lo viera.
—La encontré en la calle, atrás de la clínica que acaban de abrir, pero es muy temprano y un perro estaba cuidándola, la envolvió con su cuerpo. El perro me gruñó pero lo convencí de que la cuidaría. Aunque con lo que acabas de decir me siento un poco decepcionado. Igual esperaré a que te retractes o si no lo haces, cuidaré de ella yo solo —me coloco a su lado esperando una respuesta, pero sólo se dedica a mirar al recién nacido aún en el sofá, envuelta en una manta sucia.
—Markus… Esta es una decisión que no debe tomarse a la ligera —espeta después de algunos minutos.
—¿Qué? ¿Me estás diciendo que mientras lo pensamos la deje como su madre la dejó? ¿Estás loco?
—Me refiero a que… Tú me dices que hay que tenerla, que nos hagamos responsables pero ¿me has preguntado qué quiero?
—Te iba a preguntar pero empezaste a vomitar palabras sin sentido. Honestamente tengo miedo de preguntar ahora.
—A mí también me gustaría formar una familia contigo, pero se supone que debemos esperar.
—¿Esperar qué?
—No lo sé, que tengamos bien mentalizado todo, buscar una casa hogar o algo así, responder preguntas y que nos hagan exámenes. Esperar a que podamos ofrecer lo necesario.
—¿Qué de malo hay que sea ahora, que de malo hay que sea esta bebé? Tenemos lo necesario.
Su mirada inerte en la pequeña, me estaba desesperando, quería escuchar un «De acuerdo, haremos que funcione porque te amo», pero en lugar de eso, me fallaron las piernas cuando su voz salió de su boca, resonando en todas las paredes.
—Esto es muy apresurado, Markus.
—¿Es tu última palabra, Georg?
Él asiente haciéndome frente, me siento como si me acabara de defraudar y de la peor manera. No respondo nada pero tomo a la recién nacida del sofá, subo las escaleras con ella en los brazos hasta mi habitación. Lo primero que hago es dejarla en la cama, busco una manta limpia y la envuelvo, mientras ella sigue dormida, recuperando su color rosado, yo empiezo a empacar mi ropa.
—Así que ahora te vas. —Me sorprende escuchar su voz detrás de mí.
—No me voy para separarnos, te amo, Georg pero… Supongo que respeto tu decisión, entiendo que no puedo obligarte, pero tampoco voy a dejarla.
—Es que entiende, ni siquiera sabemos qué trámites se hagan para registrarla, para adoptarla.
—No te preocupes, lo voy a investigar. Seguramente encontraré a un abogado.
—¿A dónde piensas ir?
—Voy con mis papás. Estaré bien, puedes ir cuando quieras, yo… Estaré buscando todo para la adopción.
—Markus, yo… Simplemente no estoy listo.
—Lo sé, pero no harás que voltee y finja no haberla visto.
Tomo una única maleta que logro llenar con lo más indispensable, tomo cuidadosamente a la pequeña y salgo de la habitación con ambas manos ocupadas.
Abro la puerta de casa y camino hasta donde he dejado el auto hace un momento, dándome cueta que él tiene razón y lo odio, me quedo sin ideas al ver que ni siquiera tenemos una silla de bebé para el auto.
—Puedo… Puedo ir contigo y ayudarte a llevarla. —Volteo a la voz de Georg que puede persuadirme así, sonrío y le doy a la pequeña. Ambos subimos al auto después de poner mi maleta atrás.
Conduzco mientras Georg va atrás con la pequeña. Lo veo por el retrovisor, es tan guapo, y así se ve aún más guapo.
—Deberías pensarlo —le digo atento a la carretera—. Te va bien la paternidad —ahora le veo a través del retrovisor y me sonríe.
—Sólo… dame tiempo.
Suspiro abatido y sigo conduciendo hasta la casa de mis padres.
&
—Voy a casa, te dejaré trabajar —digo una vez que ninguno de los dos sabemos qué hacer o decir.
—Puedes quedarte si quieres.
—No, tengo tarea y tú debes trabajar.
—Bien, si no puedo hacerte cambiar de opinión. Te veo en casa.
—Te amo.
Beso sus labios después de acomodar su corbata correctamente, saco el cuello de su camisa y arreglo algunos cabellos que se han salido del pequeño chongo que suele usar.
Salgo de su oficina y me quedo un momento de pie, notando que me ve por alguna razón, haciéndome sentir no muy bien, y sonrío, colocando en mi cabeza la idea de que acabo de tener sexo con su jefe. Ese sentimiento me hace querer salir y ver a todos con la misma sonrisa.
Continúa…
Gracias por la visita.