
Fic de Xim_Alien. Versión Alternativa
Capítulo 5
Me levanto de la cama gracias a todo el sol que entra por la ventana. Reviso mi lado izquierdo de la cama y veo a Jim completamente dormido. Recuerdo entonces que debido a mi cansancio por el trabajo, llegué, me metí a la cama, y no supe nada más de la vida. Salgo de la habitación para ir a la cocina, es viernes y el trabajo nos espera a ambos, así que entro en ésta con intenciones de preparar el desayuno para ambos. Sin embargo, algo en el comedor me distrae por completo, un paquete, al parecer una caja, típica de zapatos, al menos aparenta esa forma.
Me acerco a esta encontrando una pequeña nota con mi nombre pegada en el papel café que envuelve la caja. La tomo para abrirla y me quedo estático viendo algunos objetos míos de cuando era un bebé, algunos libros infantiles y la primera pipa de marihuana que él encontró en mi cuarto. Hace muchos años no los veía. Al fondo de la caja hay un sobre, el cual contiene una carta, al leerla, mis piernas empiezan a fallar.
Alex:
Sé perfectamente que no supe cómo ser un padre para ustedes, sé que fui el peor de todos los padres del mundo y que, en lugar de criarlos y hacer de ustedes un par de hombres, me alejé, con el pretexto de que debía trabajar para darles lo mejor.
Nunca les faltó nada, siempre tenían algo que comer, algo qué vestir, juguetes, conocieron gran parte del mundo, pero no fue suficiente y lo sé, lo sé perfectamente.
Ni siquiera me invitaste a tu boda y lo entiendo, no lo estoy reprochando, estaría loco y si me atreviera a hacerlo, sin embargo, así a la distancia, deseo con todo el corazón que me perdones y que me creas que te deseo mucha felicidad con tu esposo. No es fácil entenderlo, una persona como yo creció rodeado de una ideología, y tú y tu hermano vinieron a este mundo a enseñarme cosas e ideas diferentes, y no estuve ahí. No sabes cuánto me arrepiento.
Ojalá pudiera regresar el tiempo y ser mejor padre, darles el tiempo que tanto necesitaban, el amor y darles todos los consejos que pude haberles dado para que el amor no correspondido, las decepciones, la vida en sí misma, no doliera tanto.
Nunca lo dije, y es muy probable que no me lo creas, pero estoy orgulloso de ti. Estoy orgulloso de que no hayas permitido que todo el dolor y rencor en ti, haya bloqueado de algún modo todo tu futuro.
Espero puedan perdonarme algún día, y aunque no quiero que sea por esta obvia razón, quisiera que sepan que estaré cuidándolos, a los dos, a donde sea que vayan, guiándolos en cualquier dificultad que se les ponga enfrente. Donde sea que yo esté, seré el padre que necesitaban en vida.
Gracias por ser mi hijo.
Tu papá.
Mis piernas fallan, el estómago me da un vuelco que me hace querer votar todo, mis oídos dejan de escuchar y mi mente también me quiere ver sufrir, así que me hace todo un álbum de recuerdos en los que aparecen Tom, los papás de Bill y yo.
También, adentro hay una tarjeta, en la que con letras doradas, se hace una invitación al funeral de mi papá.
&
Conduzco hasta el hospital de la ciudad. Ayer, el resto de la noche estuvo verdaderamente tenso. Nadie habló más del tema y mejor decidí hacer una cita con nuestro médico. Sabremos en un momento qué es lo que está pasando con Bill.
Al llegar al hospital, vamos directamente al consultorio en el segundo piso, la señorita que está afuera como secretaria, avisa al doctor Hamilton que hemos llegado.
—Adelante, chicos —responde y nosotros acatamos la orden—. ¿En qué puedo ayudarles?
—Buenos días, Verá, doctor…
Comienzo por contar todo lo que pasó ayer, desde que Bill tuvo que correr varias calles, hasta que estuvo sentado por mucho tiempo haciendo tarea. Simplemente Bill no puede hablar, lo veo tenso, nervioso e intranquilo, incluso avergonzado.
—¿Es la primera vez que te ocurre algo así? —Bill asiente reflejando miedo y muchos nervios—. ¿Cuántos años tienen?
—20 y… él 29 —responde y entonces me doy cuenta que más que nervioso tiene miedo. Los nervios lo hacen dar más detalles. Lo conozco.
—No es una pregunta que debas responder si no quieres —continúa el doctor Hamilton—, pero quisiera saber si cuando tienen relaciones se presenta algún malestar al momento de la penetración, incluso antes, o si después presentas algún malestar.
—No, nunca.
—Es bueno que lo digas, Bill, cualquier detalle nos servirá para dirigir más fácilmente los estudios que quiero hacerte. Sabes que lo que se habla en este consultorio se queda en este consultorio.
—Maldita sea.
—Bill —lo reprendo.
—Ya le dije que no, haga los estudios que quiera pero debe creerme, si digo que nunca he tenido un malestar es porque es cierto.
—Bien. Haré estudios de cáncer de colon y próstata, es lo primero que quiero descartar. Cámbiate, Bill, por favor, ahí atrás hay una bata, la abertura va en la espalda y Tom, quédate con él. Los dejaré un momento, iré a preparar todo.
El doctor sale y nos deja en su consultorio, Bill empieza a llorar cuando le ayudo a desvestirlo.
—Hey, tranquilo. No va a pasar nada.
—Tom, no me quiero morir.
—Mi amor, no vas a morir, ni siquiera te lo permitiría, el primero en irse deberé ser yo.
—No, no sabría qué hacer sin ti.
—Yo no sabría qué hacer sin ti.
Tomo su rostro para acercarlo a mí y beso sus labios como si estuviera comprando su vida eterna, haciendo un ritual en mi mente con todos los dioses que pudieron existir, hablándole al primero que entienda lo aue siento por él.
El doctor no regresa a la realidad cuando entra en su consultorio y no hago cosa que limpiar sus lágrimas con mis pulgares.
—¿Están listos?
—Sí —digo en voz alta cuando Bill sólo asiente.
—Acompáñenme.
Bill y yo salimos del consultorio para ir a otra habitación, una mucho más grande y fresca, en esta hay muchas más herramientas, incluso puedo ver una máquina de resonancia. Noto al instante de que entramos cómo se eriza la piel de Bill, volteo a ver su brazo derecho, levanto nuestras manos unidas y soplo mi vaho en su palma.
—Todo va a estar bien.
—Hace frío.
—Lo sé, te envolvería con mis brazos si el doctor no estuviera —susurro en su oído y lo veo sonreír.
—Muy bien. Entre más rápido sabremos en cuanto antes qué es. Sube aquí, por favor, Bill. Puedes quedarte, Tom. Normalmente mis pacientes vienen solos, pero siendo pareja puedes quedarte sin problema. Siéntate a su lado.
—Gracias.
—Ahora, empezaré revisando tu colon y próstata, para eso, introduciré una pequeña cámara, tan pequeña que no deberás sentir nada, o quizás sólo una intromisión algo molesta pero no dolerá. Estoy pensando que solo pudiera ser que tu recto está débil, sin embargo hay que descartar cosas. Bien, empecemos. Respira profundo, relaja tu cuerpo y no hagas ningún esfuerzo.
Bill hacía unos cuantos gestos a medida que el doctor iba avanzando en su interior, y en la pantalla, está todo el recorrido, el cual no entiendo, así que me enfoco en él, quién aún llora sin hacer ningún gesto, las lágrimas salen solas de sus ojos. Acaricio sus manos, dejo besos en su frente y sigo secando sus lágrimas con mis pulgares.
—Lo estás haciendo muy bien, Bill. Todo se ve en perfecto estado, incluso todo tiene el color que debe tener. No te asustes, no es cáncer. —Bill suelta un suspiro aliviado—. No te muevas, lo estás haciendo…
—¿Pasa algo? —pregunto cuando no termina de decir su idea. Entonces levanto la mirada y en el monitor no hay otra cosa que un canal rosado. De pronto, su mano en la mía se vuelve rígida, tensa otra vez.
—Disculpen, todo está bien, chicos. Iré por un colega en el piso de arriba, no deben asustarse. Voy a retirarme, Bill. Respira profundo.
Bill obedece y el doctor retira la cámara de su cuerpo. Se quita los guantes, los desecha y se dirige a un teléfono en la pared.
—¿Está disponible el doctor Ritz? Lo necesito en una consulta en el laboratorio. Gracias. —cuelga la bocina y vuelve a nosotros—. Bien, Bill. Puedes recostarte boca arriba, el doctor viene para acá.
En cuestión de un par de minutos llega otro doctor, uno mucho más joven que el doctor Hamilton. Para entonces, el doctor Hamilton ha puesto una manta encima de Bill, dejando descubierta su cintura y su pecho.
—Hola, hola, ¿en que soy bueno?
—Bien, chicos, Bill, él es el doctor Ritz. Y lo he traído porque, no identifiqué que hay más allá de tu conducto rectal. Él te practicará un ultrasonido.
—¿Ultrasonido? —pregunto en el momento que veo el rostro de Bill contorsionado por la duda.
—Escuchen, soy ginecólogo, me especializo en ginecología obstetra, pero tranquilos, el doctor hizo bien en hablarme. Entonces, Bill, cuéntame qué te hizo fijarte en este muchacho. —Bill suelta una risita nerviosa y floja—. Voy a poner un gel frío en tu vientre. Relájate y respira.
Bill se estremece al sentir la temperatura del gel y también, cuando el doctor empieza a poner en su piel la máquina del ultrasonido.
—Ya escuchaste al doctor, no tengas miedo, aquí estoy, contigo.
—¿Aunque cualquier cosa pase?
—Tranquilo, siempre estaré contigo —digo al acariciar su mejilla y toma fuertemente mi mano izquierda.
El doctor Ritz empieza a mover un aparato por el vientre de Bill, esparciendo el gel y llevándolo consigo en toda esa área.
—¿Qué es eso? —pregunto al ver en el monitor un punto negro en medio de fondo grisáceo, puedo ver manchas blancas y algunas sombras negras, grises, pero el punto en el medio está más oscuro de lo normal.
—Es…
—¿Qué ocurre? —Bill empieza a desesperarse.
—Voy a acercarme… pero antes de hacerlo, Bill, quiero que prestes atención a esta mancha, así se ve de lejos, es decir, ahora estoy por encima de un saco… si me acerco, veré… esto.
La forma de algo extraño se hizo presente en el monitor.
—¿Qué es eso?
—Hamilton.
—Sí. Vamos a mi consultorio, les explicaremos con más detalle y con más calma. Puedes limpiar el gel de tu vientre.
El doctor le ofrece una toalla de papel a Bill y él se limpia con un poco de prisa y un dejo de enojo.
Ellos se retiran y yo ayudo a Bill a ponerse de pie, sin embargo, él se encuentra desesperado, ya sin nervios ni miedo.
Incluso es el primero en salir, sigo sus pasos y abre la puerta del consultorio del doctor Hamilton y entra en este, toma asiento mientras que el doctor está imprimiendo algo, el doctor Ritz está revisando un libro.
—¿Ya va a decirme?
—Antes que nada, ¿sabes qué es la intersexualidad? —empieza el doctor Ritz.
—Cuando alguien tiene los dos aparatos reproductivos.
—Así es, aquí hay una lámina que puede darte una imagen de tal aspecto.
—¿Es lo que tengo?
—Tienes cinco semanas de gestación.
Bill se queda en silencio total, el doctor Ritz sigue hablando y el doctor Hamilton le entrega el ultrasonido en distintas imágenes, mientras que el doctor nos explica, Bill queda en un trance del cuál no se ve salida.
—Bill, cuando nos formamos, tenemos los genitales de ambos sexos, los testículos se vuelven ovarios si hay más cantidades de estrógeno, sin embargo, no hay razones todavía que nos digan qué pasa con algunos casos particulares. En tu caso, tu recto está conectado a una especie de útero. No tiene el tamaño de un útero femenino, pero funciona como uno. —El doctor Hamilton trata de explicarlo, pero Bill queda inerte en la silla—. Debes entender que en cuanto al cuerpo nos referimos, hay veces en las que no nos explicamos el porqué suceden las cosas, sin embargo, sólo puedo decirte que en tu cuerpo, hay más estrógeno del que debería, tal vez eso explique tu aspecto físico.
—En palabras técnicas, esto de aquí es un embrión. Esta de aquí será su cabeza y toda esta terminación su cuerpo —prosigue el doctor Ritz—. El ultrasonido muestra una gestación de cinco semanas, quizás tuviste malestares por el tiempo de gestación, en cuanto más semanas tengas, más cuidados deberás tener, en caso de que quieras conservarlo.
—Tienes el mismo derecho que tienen todas las mujeres, Bill.
—Perfecto.
—No, espera, tenemos que hablarlo.
—Los dejaremos solos.
Ambos salen del consultorio.
—¿Hablar de qué? No tenemos nada de qué hablar, Tom.
Bill se levanta con una mirada triunfadora, tenía una salida y yo, no sabía cómo apoyarlo ahora.
—Bill, piénsalo un instante.
—¿Qué debo pensar? Me están diciendo que soy un maldito fenómeno, ¿no oíste?
—No, eso no lo escuché de ninguna forma.
—¿Cómo creés que me van a tratar en la calle? ¿Cómo me van a mirar? ¿Crees que no seré una maldita atracción de circo?
—No hables así.
—Así me siento.
—Pero, Bill…
—Es mi cuerpo, mi decisión, mi vida. Todo esto es estúpido, todo es… Ridículo y no lo creo, deben estar… inventando todo.
—Amor, tú mismo estás viendo el ultrasonido y los resultados que dicen, tanto que estás en gestación, como lo del estrógeno. Yo también no lo puedo creer, pero necesito que estés abierto a la razón.
—Tom ¿qué razón hay en esta mierda? Discúlpame pero no quiero estar así ¿Te imaginas qué va a decir la gente cuando me mire? «Oye, mira a ese chico, está embarazado, hay que llevarlo al circo». Ya los escucho, Tom. No quiero tener esto, no lo tendré y es mejor que me operen de adentro —su labio inferior temblaba por el inmenso enojo y decepción que había dentro suyo—. Que asco —con esta última frase, cambia su mirada al lado contrario de donde yo estoy.
Pensé que saldrían lágrimas de sus ojos por al menos la molestia que sentía, pero no, mejor salieron de mis ojos al pensar que se estaba refiriendo con asco a sí mismo, a su cuerpo y… aunque suene extraño, a ese producto que habíamos hecho los dos. Juntos.
Continúa…
Gracias por la visita.