Ámame 1

Ámame 1

Fic TOLL de lyra

Capítulo 1

Conocía el camino de memoria, no había cambiado nada en esos 10 años que había pasado fuera de Leizping. Al volante de su camioneta, Bill Trümper trataba de conducir sin que los recuerdos se apoderasen de su mente, pero era un duro trabajo.

No podía evitar pensar en la única persona que hizo que su estancia en el pueblo no fuera un infierno.

—Charlie…—susurró cerrando los ojos.

Volvía a verlo de niño, jugando y corriendo a su lado, sonriéndole al despedirse hasta la noche pidiéndole que no llegara tarde como siempre.

—Lo siento…no pude impedirlo…—sollozó en voz baja.

Un bocinazo le hizo abrir los ojos y gritar. Pisó el freno justo a tiempo, estaba en un cruce y había estado a punto de ser arrollado por el coche que venía en dirección contraria. Se quedó jadeando viendo como el conductor le gritaba que si estaba loco o qué al tiempo que pasaba delante de él.

En el coche viajaba un niño sentado en el asiento de atrás, y su mente le jugó una mala pasada una vez más. Se veía a sí mismo con 10 años, viajando en la parte de atrás de la camioneta de su padre. Se marcharon del pueblo tras la muerte de Charlie «obligados» por las manos que señalaban a su padre como autor de ese crimen tan atroz.

Un niño de 10 años violado y asesinado….claro, que el que él supiera el lugar exacto donde había sido asesinado no “ayudó” mucho. De nada le sirvió que contara que lo había visto en una visión, para todos era tan culpable de la muerte de Charlie como su padre…

Otro bocinazo le hizo pegar un bote en el asiento, el coche de atrás le pedía que se moviera. Cogió el volante con firmeza y siguió su camino tratando de fijarse por donde iba, no quería tener un accidente de coche nada más llegar al pueblo.

No había cambiado nada, las tiendas eran las mismas. Parecía que el pueblo entero se había parado en el tiempo mientras que el resto del mundo había evolucionado. Esperaba que el negocio que quería montar no estuviera fuera de lugar.

Le gustaba la ropa y había estudiado diseño. Todos decían que era muy joven para abrir ya su propio negocio, pero él sabía que podía con todo. Y si decidió empezar desde cero en aquel lugar que llegó a odiar con toda su alma…fue porque no le había quedado más remedio.

Decidió pasar primero por el local que había alquilado para echarle un vistazo. Había arreglado todo vía Internet y en esos momentos se arrepentía. Había que hacer una buena limpieza general y reparar el cristal de la puerta, rajado de arriba abajo.

Resopló y cogiendo el móvil llamó a los de la inmobiliaria, sabiendo que ya no había nada que hacer, pero al menos desahogaría su frustración.

—Qué curioso—dijo cuándo atendieron su llamada—En la foto que me mandó había una maceta justo delante de la puerta tapando esa raja…

Tras varios minutos al teléfono consiguió que le mandasen a un cristalero a lo largo de la semana que le cambiaria ese cristal sin cargo alguno. Colgó satisfecho, no pensaba que le fueran a hacer mucho caso pero demostró que llevaba toda la razón y no se pudieron negar.

Se guardó el móvil en el bolsillo trasero de su pantalón y cogiendo las llaves de su nuevo local se dispuso a abrir la puerta.

— ¿Bill Trümper?

Maldijo por lo bajo antes de volverse, no pensaba que nadie le fuera a reconocer tras tantos años. Se dio la vuelta despacio y se quedó sin aliento al ver quien era.

— ¿Tom?—preguntó arrugando la frente.

Le vio asentir con la cabeza al tiempo que caminaba en su dirección. Pudo estudiarlo mientras se le acercaba, había cambiado mucho y para bien. Le recordaba con media melena larga peinada en rastas rubias, en cambio ahora llevaba unas trenzas morenas mucho más largas. Sus rasgos se habían endurecidos pero en su sonrisa pudo reconocer al mejor amigo de su primo.

Se quedó todo cortado cuando en vez de estrecharle la mano como esperaba, le dio un fuerte abrazo. Cerró los ojos entre sus brazos, era el primero que recibía en mucho tiempo.

— ¿Cómo sabías que había vuelto?—preguntó Bill cuando le soltaron— ¿Y dónde encontrarme?

—Es un pueblo pequeño—contestó Tom resoplando—A la hora de que alquilaras el local se corrió la voz y yo…quise ser el primero en verte. Que recibieras una cálida bienvenida.

Asintió en silencio, recordaba muy bien las frías miradas que le habían dirigido cuando habló de su «don».

—Gracias—susurró carraspeando.

—Entonces, diseñador de ropa—dijo Tom sonriendo.

—Si—contestó Bill imitándole—Hice un cursillo de diseño y vieron en mi mucho talento. Me contrataron de aprendiz y estuve 2 años en una de las mejores tiendas de Berlín hasta que….hasta que tuve que dejarlo.

Tom vio que se había puesto muy triste de repente. No había vuelto a saber nada de él desde que se fuera hacía ya 10 largos años. Y como había cambiado…

—Si quieres que te ayude en algo, aquí me tienes—se ofreció de inmediato—Este local necesita una buena limpieza a fondo y sé manejar muy bien la escoba. Entremos a echar un vistazo.

Le cogió las llaves de la mano sin esperar su respuesta. Abrió la puerta y le dejó pasar primero, teniendo entonces él la oportunidad de estudiarlo de arriba abajo. Se le veía muy delgado, y también alto. Vestía ropas oscuras y estrechas lo que acentuaba más su delgadez. El pelo lo llevaba largo hasta los hombros, con unas rastas blancas intercaladas.

Suspiró sin darse cuenta, lo que hizo que Bill se volviera.

— ¿Te pasa algo?—preguntó Bill algo incómodo por su mirada.

—Pensaba…que esto es un caos—contestó Tom señalando el local—Vas a necesitar un equipo de limpieza.

—Quiero hacerlo yo mismo—se negó Bill—Levantar el negocio con mis propias manos.

Tom asintió, le entendía perfectamente. Al igual que él, Bill era un luchador y todo lo que tenía lo había conseguido a base de mucho esfuerzo y sudor.

— ¿Cuándo piensas abrir?—preguntó Tom.

—En una semana como mucho—contestó Bill resoplando—Vendrán a cambiarme un cristal la próxima semana y mañana mismo vendrá el camión con todo el material. Quiero poner allí mi mesa de diseño y colgar la ropa en esa otra esquina.

Estuvieron media hora hablando de cómo iba a colocar Bill la tienda y una vez más Tom se ofreció a ayudarlo. Bill aceptó su ayuda a regañadientes y Tom le prometió estar a primera hora de la mañana con un grupo de trabajadores de su plantación.

Estaban en la puerta y antes de regresar a su casa, Tom se volvió y se le quedó mirando muy serio.

— ¿Por qué?—preguntó mirándole fijamente.

Bill le miró de la misma manera, no sabiendo realmente a qué se refería.

— ¿Por qué he vuelto?—preguntó cruzándose de brazos— ¿O por qué he alquilado la misma casa donde viví 13 años con mis padres?

—Las dos cosas—contestó Tom.

—Quiero estar rodeado de todos los recuerdos de mi infancia por muy dolorosos que sean—explicó Bill desviando la mirada.

Le daba vergüenza admitir delante de Tom que había sido maltratado por su padre cuando era niño, pero eso era un secreto a voces. Siempre tenía alguna parte de cuerpo señalada con un moratón y aunque todos miraban a otro lado sabían con exactitud que eran obra de su padre.

— ¿Y por qué has vuelto?—insistió Tom.

—Porque…lo necesitaba—susurró Bill.

— ¿Echabas de menos un pueblo que te dio la espalda?—se atrevió a preguntar Tom.

—Pasé buenos momentos, lo sabes—murmuró Bill.

—Este año se cumplen 10 exactos—dijo Tom sin falta de aclarar de qué hablaba—El caso se olvidó hace tiempo.

—Yo no lo olvidaré jamás—aseguró Bill con firmeza.

—Hablaba en general—dijo Tom sintiéndose “ofendido”—Era mi hermano, mi madre aún no ha superado que su hijo pequeño haya sido había sido violado y asesinado.

Los ojos se llenaron de lágrimas, sentía la rabia con la que Tom hablaba. Recordaba que fue a verle el día en que se fueron del pueblo obligados, hablaron y le contó que todo había sido culpa suya por encubrir a su hermano. Su madre le preguntó por él al no verle corriqueando por la casa como solía hacer y le dijo que se había acostado porque le dolía la cabeza, tal y como él le había pedido.

Su madre le creyó a pies juntillas y entró a echar un vistazo a su hermano, quien había colocado unas almohadas en la cama de manera que pareciera que estaba acostado en ella. Su madre sonrió y le dejó seguir descansando, se fue a la cama y al día siguiente el pueblo entero se despertó con la noticia del asesinato de un niño pequeño en crueles circunstancias.

Se echaba la culpa de no haber podido hacer nada para salvar la vida de su hermano, y en el fondo pensaba que la madre también se la echaba…

—Lo vi todo—susurró Bill —Quiero profundizar en esos recuerdos, el asesino de Charlie sigue en el pueblo y pienso dar con él aunque sea lo último que haga.

— ¿Cómo estás tan seguro?—preguntó Tom escéptico.

—Porque desde que he puesto un pie en el pueblo, he empezado a sentirme enfermo—contestó Bill con un hilo de voz—Sé que me ha visto y está planeando matarme a mí también ya que me libré aquella vez.

Continúa…

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por lyra

Escritora del Fandom

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