Ámame 3

Ámame 3

Fic TOLL de lyra

Capítulo 3

No supo cómo pudo pasar su primera noche en esa casa, tras la conversación que tuvo con Charlie no volvió a la cama, se pasó el resto de la noche tomando café y fumando sin parar, por lo que esa mañana unas lindas ojeras adornaban sus castaños ojos.

«Nada que no cubra un buen maquillaje»—pensó suspirando.

Había empezado a maquillarse a los 14 años, porque le gustaba y porque…así disimulaba. Cada bofetada de su padre, cada ojo morado que le ponía cuando le contestaba. Con el paso del tiempo había adquirido las agallas necesarias para no quedarse callado cuando le insultaba, ganándose un puñetazo extra y lágrimas por parte de su madre que no entendía porque era un niño tan malo que desobedecía y contestaba mal a su padre.

Después de irse de casa siguió maquillándose. En la tienda le dejaban, solía estar en un rincón diseñando y aprendiendo el oficio, y los clientes le veían. Su manera de vestir ayudaba mucho y más de uno quería que le atendiera esa chica tan guapa que habían contratado. No le importaba que le confundieran con una mujer, solo se concentraba en su trabajo ignorando las miradas lascivas que le lanzaban y algún que otro silbido y piropo.

Le gustaba, para qué negarlo. Jamás se había sentido deseado y por una vez en la vida se sentía especial.

Suspiró y terminó de arreglarse. Los de la mudanza irían a la tienda a primera hora de la mañana y no quería retrasarse. Entró en la cocina y se tomó el café número 7 del día cuando escuchó que llamaban a la puerta. Maldijo por lo bajo, se había asustado y echado media taza de café sobre la camiseta blanca que llevaba.

—Genial—resopló cogiendo un paño.

Trató de limpiar la mancha, pero era una tarea imposible. Se dirigió a la puerta con el paño puesto sobre su pecho y la abrió frunciendo el ceño.

Se quedó helado al ver quien era, jamás pensó en ver a la madre de Tom en persona y mucho menos al día siguiente de su llegada…y en esa casa.

— ¿Puedo pasar?—preguntó Simone tratando de que su voz sonara fuerte.

—Claro…señora Kaulitz—murmuró Bill dando un paso atrás.

Dejó que entrar mientras frotaba la mancha con más fuerza, se sentía avergonzado en su presencia y más yendo con la ropa manchada.

—Veo que ya te has instalado—comentó Simone mirando a su alrededor.

—Sí, bueno…tampoco tenía muchas cosas que traer—dijo Bill carraspeando— ¿Quiere un café…o algo?

—No, gracias—contestó Simone muy seria—Ya he desayunado.

Asintió y se la quedó mirando, esperando que le dijera lo que había ido a decirle y le dejara irse a poner en orden la tienda.

—Perdóname por molestarte—empezó a decir Simone yendo directa al grano—Pero no puedo aceptarte aquí. Y tú ya sabes por qué.

—Sí, lo sé—murmuró Bill carraspeando—Señora Kaulitz, sé que…

—Me imagino el esfuerzo y el gasto que habrás tenido para montar aquí la tienda—interrumpió Simone—Y te compensaré por todo lo que te has gastado, además de lo que te cueste montarla en otro sitio. Te firmaré un cheque de 4.000 €, ahora.

Bill se quedó sin habla, viendo como Simone Kaulitz abría su bolso y sacaba su cartera.

—Y otros 4.000 cuando llegues a donde vayas—siguió diciendo Simone.

—Es una buena cantidad de dinero—comentó Bill.

—Celebro que lo pienses—murmuró Simone cogiendo un boli y empezando a escribir.

—No pienso irme—dijo Bill con firmeza— ¿Y de dónde ha sacado la idea de que yo hubiera considerado ni por un segundo aceptar su dinero?

—No hace falta mucha imaginación—contestó Simone—Tu padre se conformó con 3.000, la única diferencia es que tú eres buen negociador. Doblo la oferta, 8.000 ahora y otros 8.000 cuando encuentres el nuevo local.

—No tuve nada que ver con lo que le pasó a Charlie—susurró Bill suspirando.

— ¿Y tampoco con lo que pasó en Berlín cuando mataste a aquel chico?—preguntó Simone viendo como Bill arrugaba la frente— ¿Cómo se llamaba? Ah, sí. Joseph Mason. ¿Crees que mis detectives no han vigilado todos los pasos que tú y tu familia habéis dado en estos 10 años? No puedes esconderte de mí.

—No me escondía de usted—contestó Bill a punto de llorar—Sino de mi padre. Y yo no maté…a Joseph Mason.

—Eso no es lo que dijo la policía—dijo Simone sonriendo de manera triunfal.

—Salga de mi casa, por favor—pidió Bill en un susurro.

—Bienvenido a Leipzig—dijo Simone a modo de despedida—Ahora solo debemos esperar a ver quién más va a morir.

Dio media vuelta y salió de la casa, ignorando el coche que aparcaba en esos momentos en el jardín delantero. Entró en el suyo y regresó fue al pueblo, había quedado con unas amigas y se había entretenido tratando de solucionar un problema del pasado.

.

Una vez a solas, Bill no pudo evitar romper a llorar. Jamás se había sentido tan humillado y la madre de Tom era una experta en el tema. Había dejado la puerta de su casa abierta y tras la visión de la noche anterior se llevó un buen susto al ver que alguien entraba.

— ¡Andreas!—exclamó entre lágrimas.

Allí estaba su primo, mirándole con la frente arrugada. Abrió los brazos y Bill corrió a refugiarse en ellos, sollozando con más fuerza sin poder evitarlo.

—Sabía que te encontraría en este estado—murmuró Andreas abrazando a su primo con más fuerza—Vi salir a Simone Kaulitz…

—No quiero hablar de ella—murmuró Bill contra su pecho.

Andreas asintió y se quedó unos minutos consolándole, hasta que el llanto remitió y le sintió separarse.

—Menuda bienvenida que te he dado—dijo Bill entre hipos.

—Quise venir ayer—explicó Andreas—De hecho, estuve delante del local que has alquilado, pero vi entrar a Tom y pensé que querías hablar con él en privado.

Bill asintió al tiempo que se secaba las lágrimas con el borde de su camiseta, echada ya a perder con las manchas que tenía de rimel y café.

— ¿Qué quería Simone?—preguntó Andreas resoplando.

—Que me fuera—contestó Bill suspirando—Me ofreció una buena cantidad de dinero, más de la que le ofreció a mi padre cuando la policía no encontró pruebas suficientes para inculparle.

—Mi madre ya se extrañaba que tío Gordon se fuera así de repente del pueblo—comentó Andreas—Debió darle una buena suma.

—Y mi padre la aceptó encantado—murmuró Bill.

—Pero tú no te irás, ¿verdad?—preguntó Andreas con miedo—Quiero decir, sé que no has aceptado su dinero…

—No pienso irme sin descubrir quién mató a Charlie—dijo Bill con firmeza—Como ya le dije a Tom, sé que está aún en el pueblo y piensa venir tras de mí.

— ¡Pues llama a la policía Bill!—exclamó Andreas.

—No hasta estar seguro del todo—se negó Bill de nuevo—La última vez me precipité y un chico murió.

—El caso Mason—murmuro Andreas.

—Sí, y la señora Kaulitz también lo sabe. No ha dudado en restregármelo por la cara—resopló Bill.

—Salió en las noticias—explicó Andreas—Pero a ti no te mencionaban, solo decía que la policía había contado con la ayuda de un joven vidente…

—Que metió la pata hasta el fondo—terminó Bill la frase por él—Me distraje, no me fié de mis instintos y cuando di con el sitio donde estaba el chico, su captor le había matado varias horas antes. Jamás me lo perdonaré, su muerte siempre me acompañara allá donde vaya, junto con la de Charlie.

Dio media vuelta y entró en el dormitorio al tiempo que se quitaba la camiseta y haciéndola una bola la arrojaba al suelo. Andreas le observó cambiarse de ropa desde la puerta, recordando la imagen que apareció de su primo en la pantalla cuando salió esa triste noticia. Aparecía en segundo plano, tras el policía que llevaba el caso. Vestía todo de negro como era habitual en él, con unas grandes gafas oscuras que le ocultaban media cara y no dejaba ver sus ojos llenos de lágrimas.

Sintió mucha pena por él, le quiso llamar para mostrarle su apoyo pero no le cogió el móvil. Seguían manteniendo el contacto tras su huida del pueblo, cuando Bill contaba con 16 años fue a Berlín a visitar a su madre y fue entonces cuando le contó que se había ido de casa un año antes. Le dijo donde estudiaba y fue allí a verle, encontrándoselo muy cambiado.

Ya no era ese niño asustado que recordaba. Había crecido y estaba muy guapo, con ese pelo largo y esas ropas tan caras. Se quedó de piedra al saber que él mismo las había diseñado, y más al ver donde trabajaba. Tenían mucho de que hablar y le dio su móvil, quedando con él cada vez que se podía escapar a Berlín.

Fue así como supo que estaba ayudando a la policía. Una noche soñó con un niño, estaba llorando y pedía ayuda desesperada. Le vio encerrado en un sótano y al día siguiente paseando volvió a tener la misma visión. Miró enfrente y descubrió un almacén abandonado, en el que entró y salió llevando al lloroso niño en brazos. Se había quedado encerrado el día anterior cuando entró a jugar él solo, y cuando se lo llevó a la familia estaba la policía pidiendo una foto reciente del niño para empezar su búsqueda.

Le interrogaron, llegaron a pensar que él mismo le había secuestrado, pero el niño les juró que Bill era quien le había salvado cuando se encerró sin querer jugando. Entonces Bill tuvo que hablarles de la visión que tuvo, de nada serviría que dijera que escuchó los sollozos del niño. Donde estaba era imposible que alguien le escuchara.

Todos le miraron como si estuviera loco, todos menos uno de los agentes. Habló con Bill en serio y le pidió que le ayudara en algunos de los casos de personas desaparecidas que surgieran a partir de entonces. Bill así lo hizo, no pudiendo evitar mantener una estrecha relación con ese agente que terminó de manera brusca tras la muerte de Joseph Mason…

Continúa…

La escena del chantaje es de la peli, el pasado de Bill no, quitando que trabajara con la policia ayudandoles en casos de personas desaparecidas y que mantuviera una relacion con el agente encargado del caso.

por lyra

Escritora del Fandom

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