
Fic TOLL de lyra
Capítulo 5
Dejó que Andreas le llevara a su casa de vuelta, parando por la pequeña tienda del pueblo a comprar algunas provisiones. Llamaba mucho la atención por su aspecto, pero nadie le reconoció hasta que una voz resonó en la silenciosa tienda.
—Bill Trümper en persona—saludó Gustav Schafer.
Se volvió tras soltar una maldición por lo bajo, Gustav era la última persona que esperaba encontrarse. Andreas y él se quedaron en su sitio viendo como se les acercaba a saludarlos sin dejar de sonreír en todo el camino, echándole a Bill un buen repaso de arriba abajo.
—Menudo cambiazo—silbó sin dejar de mirarlo— ¿Dónde quedó ese niño escuchimizado y paliducho?
—El patito feo se transformó en un cisne hermoso propiedad de Tom Kaulitz—contestó Andreas cogiendo a Bill del brazo—Nos vemos, Gus.
Pasaron a su lado y tras pagar la compra de Bill la cargaron en la furgoneta de Andreas y arrancaron.
—Sigue tan baboso como siempre, ¿verdad?—preguntó Andreas sin apartar los ojos del camino.
—Y tú vas y le animas—resopló Bill.
— ¿Qué he hecho?—preguntó Andreas sin entender.
— ¿Para qué le dices que si estoy guapo o pertenezco a Tom?—saltó Bill a su lado—Lo último que quiero es a Gus teniendo sueños eróticos conmigo.
—Uno, estás muy guapo, no hay discusión alguna—enumeró Andreas—Y dos, que sepa que perteneces a Tom, así no mete la…nariz donde no debe.
—Que burro eres a veces—suspiró Bill sacudiendo la cabeza—Ya sabes de la rivalidad que ha habido siempre entre Tom y Gustav, bastaba para que a Tom le gustara algo para que fuera Gustav a quitárselo.
— ¡Eso era antes!—exclamó Andreas—Eran cosas de niños, ahora son más adultos y Gus tiene sus propios problemas y preocupaciones como para ir quitándole a Tom todo eso que desea.
— ¿Qué problemas?—preguntó Bill con curiosidad.
—Se está divorciando—empezó a explicar Andreas—Todos se lo dijimos, que Jennifer era mucha mujer para él y ambos eran muy jóvenes. No nos escuchó y a los 3 meses de la boda ya le había puesto los cuernos con medio pueblo. Como consecuencia espera un bebé y no sabe de quién es.
—Que se haga la prueba Gustav cuando nazca—murmuró Bill.
—Jennifer sabe de fijo que no es de él—dijo Andreas por lo bajo—Resulta que Gus se había hecho un chequeo médico y le dieron los resultados el mismo día que Jennifer le anunció lo del bebé. Al parecer tanta masturbación le ha dejado estéril.
Sacudió la cabeza al escuchar la risa de su primo, sabía que exageraba. Si, era verdad que Gustav no pasaba un día en que no se hubiera auto complacido al menos tres o cuatro veces como alardeaba ante sus amigos, pero de ahí a que esa fuera la raíz de su problema de infertilidad…
—Deja de reírte—le riñó a su primo poniéndose él serio—Si te pasara a ti no te daría tanta risa, que dejes a tu mujer porque vaya a tener un bebé de Dios sabe quién…
—No, a mí no me pasará jamás porque tengo dos dedos de frente—dijo con firmeza Andreas—De hecho, las dos veces que me lo monté con Jennifer usé la debida protección.
Se quedó sin habla tras las palabras de su primo, no se lo imaginaba tan rastrero como para hacerle eso a uno de sus amigos. Aunque pensándolo mejor, de pequeños Gustav y su primo solo se soportaban, y si no estaba Tom con ellos ni se dirigía la palabra.
—Se lo merece por capullo—se defendió Andreas.
—Un poco sí—murmuró Bill.
Andreas sonrió y siguieron el resto de viaje en silencio. Llegaron a la casa que Bill había alquilado y se empeñó en colocar la compra mientras que él se duchaba.
— ¿No estás cansado?—preguntó Bill resoplando.
Deseaba algo de soledad para poner en orden sus pensamientos, pero con Andreas a su lado era imposible si cada dos por tres le decía lo mucho que iban a disfrutar Tom y él…
—Para nada—contestó Andreas poniéndose manos a la obra.
Sacudió la cabeza resignado y entró en el baño. Se dio una ducha rápida y lavó el pelo. Salió llevando una toalla ajustada a su estrecha cadera y entró en el dormitorio a cambiarse de ropa. Estaba algo cansado, pero le apetecía dar un paseo hasta el lago…y ver a Charlie…
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—Te acompaño—dijo Andreas cuando le contó sus planes.
—Otro día, ¿vale?—murmuró Bill resoplando.
— ¿Te…te agobio?—preguntó Andreas yendo directo al grano.
—Solo un poco—contestó Bill con sinceridad.
—Lo sé y lo siento—suspiró Andreas—Es que no quiero que te quedes solos, y menos en esta casa. Te conozco, te asaltaran los recuerdos, tendrás visiones… ¿por qué no te quedas conmigo? Tengo un piso muy cómodo con una habitación de invitados esperándote.
—Gracias, pero no—se negó Bill en rotundo—Debo hacerlo, lo sabes. Enfrentarme a mis fantasmas del pasado si quiero seguir adelante.
Andreas asintió y viendo que ya le había hecho la compañía necesaria, se despidió prometiendo estar en la tienda a primera hora de la mañana.
— ¿Y tú no trabajas?—preguntó Bill sonriendo.
—Sabes que me dedico a reparar chapuzas en el pueblo, y en estos momentos tú eres mi trabajo. Si no te cambian el cristal a media mañana yo mismo lo hago, y te ayudo a colocar todo lo que has traído—dijo Andreas con firmeza—Aprovéchate de mí, mis honorarios son baratos.
—Aprovéchate de mí—repitió Bill sonriendo— ¿Eso es lo que le dices a las chicas?
— ¡Ese es mi primo—rio Andreas abrazándolo—Tienes mi móvil, si te sientes mal en plena noche o cuando sea, me das un toque y vengo.
—Lo haré—prometió Bill asintiendo.
Le soltó y Andreas le acompañó hasta la puerta, que Bill dejó bien cerrada con llave.
—Está en el lago—dijo Andreas de repente.
Bill le miró asintiendo, no hacía falta mencionara su nombre.
—Siempre que le agobian en casa, va allí para…para hablar con Charlie—explicó Andreas carraspeando.
—Yo también quiero hablar con él—susurró Bill.
Andreas asintió y se despidió de su primo con otro fuerte abrazo. Entró en su furgoneta y salió derrapando en el camino de tierra. Bill esperó hasta que le vio torcer en la curva y entonces echó a andar en dirección contraria. Se adentró en el bosque, inclinándose a coger unas cuantas flores hasta que hizo un pequeño ramo. Siguió andando hasta dar con el claro donde solían acampar él y Charlie. Lo reconocería incluso con los ojos cerrados…además, desde el crimen, Jörg Kaulitz había levantado allí mismo una estatua a su hijo.
Era un niño, de 13 años exactos que extendiendo una mano parecía que te daba la bienvenida a su lugar sagrado. Sonrió con tristeza y se inclinó para dejar a los pies de la estatua las flores que había cogido por el camino.
—Hola, Charlie—susurró emocionado.
—Sabía que vendrías a verlo tarde o temprano—escuchó una voz a su espalda.
Se volvió con rapidez llevándose una mano a su agitado pecho, sonriendo con esfuerzo al ver a Tom ante él.
—Perdona, te asusté—murmuró Tom arrugando la frente.
—No fue nada—susurró Bill mordiéndose el labio.
Se le veía muy afectado, con los ojos llenos de lágrimas y pálido. Le vio ponerse a su lado e inclinarse tal y como había hecho él segundos antes. En sus manos llevaba una rosa roja que se llevó a los labios y besó antes de depositarla. Entonces se incorporó y le señaló el banco de hierro que había mandado instalar su padre, donde se sentaba y pasaba muchas tardes cuando sentía que en casa se agobiaba.
Bill asintió y se sentó a su lado, esperando a que hablara.
—Me he enfrentado a mi madre—empezó a decir Tom—Las cosas se han torcido, me ha dicho que le parece cruel que anteponga mis sentimientos al hecho de haber perdido a mi hermano pequeño, que me da igual su muerte y solo quiero…
Calló de golpe, no podía repetir las palabras exactas usadas por su madre estando alterada.
—Llevarme a la cama—dijo Bill al cabo de unos segundos.
Tom alzó la cara y le miró asintiendo. Bill le miró a su vez y se perdió en su mirada. No pudo evitarlo, se había metido en su cabeza y era como si lo estuviera reviviendo todo en su cerebro, como si hubiera estado presente en esa discusión en donde su nombre había salido a relucir en más de una ocasión…
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Salió de la tienda con el cuerpo temblándole por la rabia que sentía. ¿Cómo había podido su madre hacerle eso a Bill? Con todo el tiempo que había pasado seguía viéndole como ese niño que no hizo nada para salvar la vida de su hijo, no le importaba que ese mismo día Bill no pudiera casi moverse del sitio de la paliza que le había dado su padre. Todo el mundo lo sabía, y a nadie le importaba…
Fue a casa y nada más entrar por la puerta vio a su madre colocando las rosas que acababa de coger del jardín. Eran rojas, las favoritas de Charlie. A él le gustaban blancas, pero no importaba. En la plantación Kaulitz solo se cultivaban rosas rojas.
—Faltan 5 minutos para la comida—riñó Simone a su hijo—Tienes el tiempo justo de ducharte y cambiarte de ropa, ya sabes que no quiero que ensucies la casa con la ropa de trabajo.
—Y yo quiero que dejes de ensuciar el nombre de Bill—estalló sin poderse contener.
Su madre dio un respingo, no se esperaba jamás una contestación de su hijo, y menos para defender a una escoria como lo era Bill Trümper.
—Sí, lo sé todo—siguió diciendo Tom—Cómo pagaste a su padre para que desaparecieran de nuestra vista y como has intentado hacer lo mismo con Bill.
—Es más astuto que su padre, me pidió más del doble—mintió Simone sin inmutarse.
—No me lo creo—siseó Tom—Bill jamás aceptaría nuestro dinero y jamás se irá de Leipzig por mucho que tú se lo supliques. Nació y creció aquí, y tiene todo el derecho a volver y quedarse, por mucho dolor que esto le cause.
—Ya sé por qué te pones de su parte—saltó Simone cansada de tener que dar explicaciones de sus actos—Quieres acostarte con él y Bill te ha dicho que se dejará follar por los viejos tiempos.
— ¡Deja de faltarle el respeto!—gritó Tom dando un manotazo.
El jarrón que había sobre la mesa se ladeó y cayó al suelo hecho añicos. Su madre gritó asustada y eso atrajo la atención de su padre, que bajó las escaleras con toda la rapidez posible.
— ¡Tom!—riñó a su hijo.
— ¿Vas a permitir que esa…escoria rompa la familia?—preguntó Simone entre lágrimas.
Se mordió los labios, no quería gritar a su madre. Jamás se había portado así, estaba muy rabioso y se descargó golpeando la mesa, lo que hizo caer el jarrón y que las rosas se esparcieran por el suelo. Se inclinó y recogió una.
—Pídele perdón a tu madre ahora mismo—ordenó Jörg—Y no vuelvas a acercarte a Bill.
—He estado enamorado de Bill desde que tengo uso de razón—dijo con calma Tom—No pienso dejar de verlo porque cada vez que me alejo de él siento que me muero por dentro, y somos nosotros quienes le debemos una disculpa. Sabíamos de las palizas, vivían en nuestra propiedad y jamás hicimos nada por impedirlo. Ahora está en mis manos resarcirlo, y lo pienso hacer encantado.
Dio media vuelta y salió de la casa, dejando a su madre llorando y a su padre preguntándose que habían hecho mal con él. Fue al único sitio donde encontraría algo de paz, el mismo lugar donde su hermano fue hallado muerto 10 años atrás…y donde comprobó lo atractivo que era Bill cuando el sol hacía brillar su pelo.
Le vio inclinarse y depositar un ramo de flores silvestres ante la estatua que su padre mandó levantar, representando los 13 años que tenía su hermano cuando murió. Era como si le mirara allá donde fuera, siempre con una sonrisa en los labios y su mano tendida, casi como si le señalara a Bill y le dijera que no lo dejara escapar esa vez…
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— ¿Bill?
La voz de Tom le hizo pestañear, lo que rompió la conexión que se había formado entre sus pensamientos y los de él. Le miró con la frente arrugada, cogiéndole una mano y apretándola con firmeza entre las suyas.
—No te enfrentes a tu familia por mí—murmuró Bill.
Tom le miró sin entender hasta que cayó en la cuenta…
— ¿También puedes leer las mentes?—preguntó carraspeando.
—No, tus emociones son muy fuertes y no he podido bloquearlas—explicó Bill frotándose la frente—Siento mucho haber invadido tu intimidad, pero…
—No tienes que pedir perdón por nada—cortó Tom con firmeza—Mi familia pudo ayudarte cuando más lo necesitabas y se quedó de brazos cruzados, yo incluido.
—Eras…eras un niño, mi padre te hubiera podido con facilidad—dijo Bill inclinando la cabeza.
Le daba vergüenza admitir ante Tom que había sido víctima de las palizas que le daba su padre por puro placer. Se mordió el labio al sentir que le temblaba y soltó la mano de Tom cuando le sintió inclinarse hacia él. Levantó la mirada y la fijó en esos labios que poco a poco se iban acercando….
Continúa…
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