
Fic Toll de VaneK
Capítulo 12: Dulce despertar
—¡Mierda! ¿Dónde está la puta tarjeta? —Mariela estaba que se la llevaba el diablo, enojada como nunca, maldiciendo todo lo que encontraba a su paso. —Sí, el idiota de Bill no me la dio, no, no, si me la dio !aahh! pero la dejé en la habitación. Bueno le hablaré al celular. —hablaba sola por un momento sonrió, sintiéndose tonta al regañarse a sí misma.
Bill estaba sumergido en las oleadas de placer que le hacía sentir la lengua de su hermano, en ese momento, se lo pensó, su hermano, su hermano le había follado, pero más no le importaba, su amor era único para ellos dos, porque se complementaban a la perfección.
Todo iba tan bien, los gemidos por parte de Bill cada uno más fuerte, todo el ambiente era tan cálido, hasta que el maldito timbre del móvil, arruino el momento.
—T-Tomi…espera, detente. —la voz de Bill se quebró a causa del placer. Se apartó de él suavemente.
—¿Qué pasa? — Preguntó Tom, un poco molesto, al sentir como Bill se apartó de su contacto.
—¿No lo escuchas? —dijo Bill, saliendo de la tina, con trocitos de espuma y de agua q le daban un brillo que lo hacían ver tan sexy y deseable.
—¿Escuchar qué? —indagó, levantando una ceja.
— Mi móvil está sonando. —Bill se colocó una toalla en la cadera y salió del baño rápidamente, para no escuchar ninguna suplica de su gemelo mayor que le impidiera contestar.
—¡Te espero! ¡No te demores! —Tom bufó por lo bajo, Bill siempre tenía el oído más agudo que él, pero eso ya que importaba, iba a contestar y a colgar con las mismas.
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El pelinegro cogió el móvil rápidamente sin darse si quiera cuenta del número, para no hacer esperar mucho a Tom. —¡Halo!
—Hola Bill, soy Mariela. —eso lo dejó helado “¡carajo Mariela!”. —pensó el chico. — Quise entrar con la tarjeta que tú me diste, pero se me olvidó en el cuarto por el apuro de ir a ver a Isabela. —habló riéndose. — ¿Puedes abrirme?, tengo una noticia, o mejor dicho un ¡NOTICIÓN! Que te subirá el ánimo. —concluyó.
—Pe…pero yo… no… no puedo. —Bill miró a su derecha, la puerta del baño, se encontraba cerrada, ni loco la iba a dejar pasar, sabiendo que Tom se encontraba en la tina esperándolo y lo peor era que Mariela lo conocía, a él y a su novia Isabela.
—¡Dale Bill, abre! —Mariela sonaba contenta. —Mira que esto te conviene y mucho ¿sí? —se escuchó su voz chillona.
—No, ya te dije que ¡no! —respondió con firmeza.
—Pero Bill, ¿Qué te pasa? ¿Estás bien? —preguntó la chica algo preocupada por el cambio de voz repentino.
—Sí, estoy perfectamente. —mintió. — Sólo que quiero estar solo, hasta luego. —Bill colgó, rogando porque su amiga no insistiera.
Pero esta no se tragó ese cuentito de “estoy perfectamente” lo podía conocer de poco tiempo, pero sabía que algo raro estaba pasando en esa habitación, o mejor dicho había gato encerrado, porque la voz de Bill no sonó nada convencedora.
Miró por un segundo la puerta de la habitación, se cogió la barbilla tratando de averiguar qué pasaba ahí… ella sabía que la curiosidad mató al gato, pero esta vez eso era más fuerte que ese dicho sin sentido.
Sin darse cuenta metió el móvil en su bolsillo trasero, retrocediendo un poco, fue ahí donde sintió esa helada superficie, si era la anhelada “tarjeta” de la habitación. Sonrió triunfantemente, la sacó de su bolsillo, y sin pensarlo dos veces la metió en la ranura.
—¡Bill! —ella entró al cuarto sonriente, más aun cuando vio a Bill de espaldas y con una toalla en la cadera, pareciendo guardar algo, que pudo ver y era el móvil.
Se acercó a él y tocó su espalda. Bill se giró y su cara cambió a mil colores.
—¡Mariela! ¿Pero qué haces aquí? —habló en susurro pero con una preocupación notoria en sus ojos.
— Te venía a dar la sorpresa. —ella también habló en susurro, y hasta se rió de eso, primero hablar sola en el pasillo y luego seguirle la corriente a Bill, en una habitación donde supuestamente sólo se encontraban ellos dos, o por lo menos eso creía ella.
—¿Sorpresa? — Bill seguía hablando en susurro sin moverse de donde estaba parado, viéndola a los ojos.
—Sí, Isabela te quiere para su nueva colección, pero eso ya lo sabes, lo que no sabes es ¿cuánto te pagará? —Bill encogió sus hombros. — 5 mil euros por cada ropa que modeles, y eso no es todo, aguanta que hay más. —el chico quería salir corriendo o, mejor dicho sacarla del pelo. —Porque dos marcas reconocidas me han llamado cuando salía del apartamento de Isa y están discutiendo por ver quién se queda contigo, para que seas la nueva imagen de sus productos. —Mariela igual seguía hablando en susurro pero brincaba por la emoción y, todavía no comprendía el por qué.
— Ha qué bueno. —fue lo único que escuchó como respuesta del pelinegro.
—¿Pero qué? ¿No estás contento? Son las marcas que siempre has querido modelar, no solo tú sino cualquiera que esté en el mundo de la moda. Nada más y nada menos que ¡”Gucci o Chanell”! y tú, sólo me dices “a que bueno” —lo arremedó, un poco enojada y sorprendida, aun no entendía por qué seguían hablando en susurro y, la actitud extraña en él.
—Discúlpame, sí, estoy muy contento, pero me quiero meter a la ducha, ¿no ves que estoy con espuma en todo el cuerpo? —habló forzando una sonrisa, no muy convencedora. Su mirada se desviaba a la puerta del baño, rogando que a Tom no se le ocurriera salir.
—Si ya me di cuenta. Pero por lo menos me merezco un “gracias Mari” o “te debo una”, pero no, tu muy por el contrario me hechas casi a patadas de tu cuarto. —estaba furiosa y exageró un poco la situación, pero aun así hablaba bajo.
—No Mari, no es que te esté botando, pero entiéndeme, hoy no me he sentido muy bien que digamos. —Bill se tocó las sienes masajeándolas, para así engañar a su amiga y que ésta se fuera de una vez por todas.
—Bueno, tienes razón, más bien discúlpame tú, esto te lo debería de haber contado mañana, cuando hubieras estado más animado, pero no te preocupes, ya me voy.
—Está bien, hasta mañana. —Bill suspiró aliviado cuando la vio voltearse rumbo a la puerta, casi, solo por un casi, y los encuentra infraganti.
En ese momento, ella volteó la mirada hacia la cama y la ropa que estaba en el suelo, inspeccionando el lugar.
—¿Bill has estado con alguien? —preguntó escrutando el lugar, por toda la emoción no se había dado cuenta de que la cama estaba totalmente hecha un desastre, las almohadas por el piso y las sabanas blancas hechas pelotas, sobre ésta o sobre el mármol.
Bill tragó saliva, mientras que el alma se le salía del cuerpo, ella se había dado cuenta, por un momento pensó que la había engañado, pero ella era astuta.
—N-no ¿po… por qué dices eso? —sonrió nerviosamente, pensaba que todo ya estaba bien.
Ella miró otra vez el cuarto, de arriba hacia abajo barriendo con la mirada a un nervioso Bill.
—¿Seguro?
—Si
Bill quería gritarle que no, que estaba en un momento de placer con el amor de su vida y que ella interrumpió y que por favor se fuera rápido porque el chico lo estaba esperando atrás de esa puerta, completamente desnudo y con su erección al mil.
Mientras, Tom seguía esperando en el baño, ajeno a lo que pasaba al otro lado de la puerta.
—¿Bill porque demonios te demoras tanto? —pensó, Tom estaba un poco malhumorado, habían pasado casi 15 minutos desde que su amante salió, y aún no daba señales de vida, y en la habitación no se oía nada.
La chica suspiró. —Dime Bill, no me mientas, aquí estuvo o está alguien, ¿no me quieres contar? No diré ni haré nada.
El agua ya se estaba comenzando a enfriar, el vapor ya se estaba esfumado y todo el ambiente se iba consumiendo poco a poco.
—No hay nadie, si hubiera alguien yo te lo diría.
Se levantó de la bañera, pensó que eso era lo mejor, que de repente Bill lo esperaba nuevamente en la cama, totalmente desnudo, con las sabanas blancas pegadas a su piel por el agua, esa idea lo animo más, y sin pensarlo dos veces y sin ponerse una toalla que le cubriera TODO, abrió la puerta del baño.
—Al grano Bill, no soy una ni…
No terminó la palabra, cuando la puerta del baño se abrió de par en par.
—¿Bill, amor por qué te demoras tanto? Mira como me has deja… —sus palabras murieron ahí, al darse cuenta que en la habitación se encontraba otra persona a parte de Bill.
—¡¿Pero qué rayos?! —Mariela no lo podía creer, a demás se impresiono mucho al ver a Tom totalmente desnudo, y cubierto de espuma con gotas de agua bajando lentamente por ese abdomen bien formado.
La chica tragó saliva, seguía con la mirada desorbitada viendo a un punto fijo en Tom.
—Mariela no es lo que tú te imaginas. —la voz de Bill temblaba al hablar. — ¡Tom tápate, ponte algo! — se dirigió hacia su gemelo ordenándole, debido a que éste también había quedado en shock
Tom rápidamente se puso lo primera que encontró a la vista, que era una fuente con algunos jabones que al jalarla cayeron al piso.
El ruido de los jabones caer, despertó la ausente mirada de la chica. Poniéndose colorada al ver a Bill, y ahí reaccionó.
—¡¿Qué no es lo que me imagino?! A caso han estado jugando carnavales en la bañera ¡por Dios Bill! No soy una niñita de 5 años a la que puedas engañar —Mariela estaba sumamente alterada, más aun cuando sus ojos divisaron aquellas sabanas manchadas con sangre y semen aun frescas que estaban tiradas producto del amor y la pasión de hace pocos minutos.
Tom se había escondido en el baño, con las mejillas al rojo vivo, lleno de vergüenza, su excitación se había esfumado y, cómo no, con semejante cuadro, la amiga de su novia afuera, lo había visto completamente desnudo y al otro con una toalla en la cadera y la ropa tirada por todos lados.
No, no, eso no iba acabar bien, ahora tendría que esperar hasta que se fuera la chica, porque en el baño no había nada que ponerse y ni modo de dar otro espectáculo como el de hace segundos.
—No, no es nada de lo que te imaginas, no hemos hecho nada malo. —habló tratando de calmarla
— Si claro. —dijo en tono irónico. —Tom sale de la bañera en pelotas Y, para colmo están esas sabanas manchadas con sangre y… ¡ahhh! ¡No lo puedo creer! —se repetía una y otra vez.
—No me asustes ¿Ahora qué pasa?
—¡Vamos Bill! el chico es Tom, es Tom… ¡por Dios! Claro. —al fin había algo de coherencia en las cosas, ahora lo comprendía. —Ese es Tom, tu Tom, si, me lo dijiste antes de llegar que lo habías visto, pero no me terminaste de contar y yo lo ignoré.
La chica caminaba de un lado para otro, mientras el pelinegro la miraba atentamente, sin poder pronunciar una sola palabra. Pero lo intentaría.
—Sí, es Tom.
—Claro ya sé que es él. —lo miraba con ganas de asesinarlo. —¿Por qué a mí? ¿Por qué a mí? Se repetía como loca. Isabela es mi amiga, tú también, pero tú tienes un contrato con ella y con la revista. Si ella se da cuenta de esto, va querer demandarte o es peor va querer demandar a la revista, ella lo haría solo por maldad, si, lo haría la conozco.
El miedo se reflejaba en la cara de Mariela.
—Cálmate, sólo relájate.
—¿Qué me relaje? —Mariela gritó. Por un momento Tom quiso salir del baño pero lo pensó y mejor se quedó. Escuchando tras la puerta.
—Sí, sólo no le cuentes a ella, todavía no, deja que yo hago la pasarela mañana y al fin no la volveremos a ver. —el pelinegro parecía tan seguro de sí mismo, y ese brillo en sus ojos hizo que la chica comprendiera, todo había cambiado, o había vuelto a la normalidad, ya el semblante apagado de Bill no estaba.
La expresión en su cara era totalmente relajada y alegre, podía jurar que hasta su piel tenía mejor color. No tenía el valor de quitarle esa felicidad, así que guardaría el secreto, estaría con él en las buenas y en las malas, aunque Isabela estuviera del otro lado.
—Por favor ¿sí? No le digas.
—No te preocupes, su secreto lo guardaré muy adentro. —Bill abrazó a su amiga, en señal de agradecimiento, ella sólo se dejó.
Dolida, porque por un momento había pensado que esa noche cuando lo vio parado ahí con esa toalla su deseo por fin se cumpliría pero no, si, se cumplió un sueño, pero fue el de Bill, de su querido amigo Bill, del que nunca tendría algo más que un abrazo de amistad.
Las lágrimas rodaron por su mejilla y, suspiró contra el pecho del chico.
—¿Qué te pasa? No llores, no te pongas así. —él sabía perfectamente lo que le pasaba, pero no podía hacer nada, su corazón ya lo había entregado a una persona y estaba al otro lado de esa puerta que fue testigo de todo. —Por dios. Tom está esperando.
—Sí ya entendí, ya me voy. —ella suspiró y besó suavemente los labios del chico. Éste cerró los ojos y le devolvió el beso, ligeramente se apartó de ella. —Buenas noches Bill. —se despidió. Alejándose pasivamente y cerrando la puerta tras ella.
Todo había pasado tan rápido, por un momento pensó que su amiga diría o haría algo al ver a Tom en ese lugar.
En ese momento un móvil empezó a sonar, definitivamente no era el suyo y bajó la mirada donde estaba la sudadera del de rastas.
—Tom. —llamó. —Ven creo que te están llamando. Ya no hay nadie, sale.
El chico abrió con cuidado la puerta, el celular había dejado de sonar, miró a todos lados y salió. Bill sonrió al verlo desnudo y recordando lo que había pasado con su amiga.
—No te rías. —sentenció Tom, acercándose a él. Agarrándolo de la cintura y jalándolo para darle un beso, en ese momento el celular sonó. —Nunca terminaremos. —musitó Tom.
Se dirigió a su sudadera sacando el aparato, frunció el ceño y contesto ásperamente:
—¿Qué pasa ahora? No, esta noche no, porque no quiero, no me amenaces, no. —colgó la llamada con un dejo de enojo.
—¿Era ella? —preguntó Bill. Tenía miedo de su respuesta, tenía miedo de que le dijera que ya se iba a donde ella, que ya había conseguido lo que quería, ya había sentido sus besos y lo había hecho suyo, en cualquier momento podría decirle que se iba.
—La dejaré, no la amo, ya no me atrae y más ahora que nos encontramos. —el de rastas llamó a su compañero con la mano. Éste se acercó sentándose en la cama, Tom le imitó. —Ahora que eres mío. —exclamó, abrazándolo y atrayéndolo hacia él. Besando su frente. Bill cerró los ojos y puso su cara en el pecho de Tom.
—Tú eres mío ahora Tomi, ya no eres de ella, no quiero que lo seas, nunca más.
Empujó al chico de espaldas a la cama y él se quitó la toalla que tapaba su desnudes, apartó las sabanas sucias y se subió encima de Tom, besando su cuello y suspirando, a éste todavía le recorrían gotitas de agua y bajo aquella tenue luz se veía tan deseable, Bill lamió la barbilla del chico y sintió como las manos de éste le recorrían acariciándole el trasero.
—Te amo Bill. —éste suspiró.
—Mi reflejo y yo, te amamos también. —contestó Bill, viendo el espejo que había en el lado de la cabecera de la cama.
El de rastas no dijo nada, solo ignoró el comentario. Se abrazaron, el pelinegro seguía sobre Tom con su cabeza sobre su pecho, escuchando los latidos de su corazón, ese bombeo que hacía que la sangre corriera por sus venas. Tom besó el pelo de Bill y apagó la luz de la lámpara, dejándolos completamente sumidos en la oscuridad. Sólo se escuchaban las respiraciones calmadas que anunciaron que se habían quedado dormidos.
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Los rallos de sol que entraban por la ventana le hacían que su piel picara, se levantó, temiendo a que todo aquello hubiera sido un sueño. Pero lo vio, ahí dormido boca arriba, su cara relaja y con una medio sonrisa formándose en sus labios. Viendo parte de su abdomen desnudo y sus rastas esparcidas en la almohada unas le caían en la cara. Tuvo una idea.
Se levantó de la cama y, silenciosamente se metió en el cuarto de baño, abrió el grifo y se bañó, recordando que el día anterior no había tenido tiempo de quitarse el jabón.
Después de darse ese baño refrescante, le dirigió una mirada lasciva al cuerpo de Tom, tenía que aceptar, eso era lo más lindo que sus ojos habían visto.
Jaló suavemente la manta que cubría la entrepierna de su hermano. Éste ni se inmutó o sólo se hacía el dormido, acarició suavemente cada parte de su cuerpo desde los pies hasta la ingle. Sintió como se revolvió el chico bajo su contacto.
Agarró su miembro aun dormido y lo acarició, así como él mismo se lo hacía. Abrió las piernas del chico se hincó entre ellas dejando su cara cerca de la entrepierna de éste. Dejando que su pelo molado callera alrededor de éste, las gotitas de agua caían en la piel de Tom.
Suspiró y se la metió en su boca, succionándola suavemente oyó el gemido de su gemelo, señal de que ya había despertado, al igual que su pene, empezaba a ponerse tenso y erecto entre sus labios, chupó varias veces ensalivándolo, las manos de Tom empezaron a jugar con el pelo del pelinegro acariciándolo suavemente y tratando de darle ritmo.
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Bill pov.
Bajé la manos hasta sus testículos y lamí lentamente desde ellos hasta la punta de su erección, sentí que me dio un jalón de pelo, pero no me enojé, seguí con mi trabajo de darle placer, recorrí con mi lengua y usando mi piercing en la punta, jugando con ella, viendo como Tom se revolvía con cada rose de mi cálida lengua y el sólido metal que había en ella. Chupé más rápidamente.
Mi hermano gemía mi nombre y me agarraba de mi cabello dándole jalones suaves y bruscos yo jugaba a darle placer y lo hacía bien. Mis manos acariciaban su duro abdomen que me hacia desvariar por momentos, el solo hecho de chuparlo y tocarlo ya me tenía con la excitación a toda regla.
Los ojos de mi gemelo me miraban trataba de decirme algo, hasta que lo comprendí me alejé de su entrepierna y subí mis suaves labios por su ingle dejando besos húmedos por todo su estomago y ombligo. Sintiendo la caricia de su duro pene en mi pecho.
—Bill. —me dijo. —Con amor. —me pidió y yo accedí.
Aquello que no había sido capaz de hacer por mi maldito narcisismo, hacerle el amor como él se lo merecía, a tocarlo como yo se lo debía, para borrar esa horrible experiencia en el espejo.
Llegué hasta su cuello, lo besé y succioné, dejando pequeños puntos rojos regados por todo él, me acariciaba mi espalda con esas manos tan delicadas que me hacían subir y bajar al cielo.
—Buenos días. —saludé, besándole, introduciendo mi lengua en su boca, había quedado a horcajadas sobre él su miembro y mi miembro se acariciaban entre sí, dándose el buenos días como nuestras bocas, comiéndonos sin pudor.
—Házmelo. —pidió, contra mi boca.
Abrí mas sus piernas dejando que mi pene bajara detrás de sus testículos, apretando un poco. Ahora notaba como algunas gotas de sudor se escurrían de su frente, el sol nos pegaba directamente en nuestros cuerpos, el calor se intensificaba.
Dejé descansar mi pene contra su entrada, tratando de no lastimarlo otra vez, de ser lo más amoroso que podía en ese momento.
Suspiré y su mirada se clavó con la mía. Dándome permiso para entra, agarró mi trasero con sus manos, acariciándomelos arañándolos, eso hacía crecer más mi excitación, gemí al empezarme a hundir en ese cuerpo que era tan mío como de él. Pude sentir esa estrechez y calidez que rodeaba mi pene, mi entrada se contrajo al igual que mis testículos, el placer y el amor era una combinación exageradamente buena, en la que no se podía distinguir en la realidad o la ficción.
Entré y salí hasta que llevé un ritmo que me daba placer a mí y a él. Gemía mi nombre,
—¡Oh Bill, te amo! —repetía. Yo me guardé los míos, le embestí más rápidamente y pegué mi pecho contra él restregándome contra él y su entrepierna que se balanceaba entre su abdomen y el mío, le comí a besos, sus manos recorrían mi espalda y un dedo se coló en mi trasero, ahí no pude contener el gemido, casi grité del placer provocado.
Lo mire a los ojos casi desorbitados de la excitación, yo estaba al borde de la locura, ¿cómo había dejado pasar esas cosas? ¿Cómo pude negarme a esto? Seguía embistiéndole y comiéndole la boca, sentí otro dedo dentro de mí, pero no dije nada, sentía más placer así.
Ya iba a llegar el momento, lo sentí en mi ingle, dolía, los espasmos bajaban pequeños calambres en mis testículos me lo anunciaban y ahí fue, exploté dentro de Tom, chillé y chilló también, al sentirse lleno de mi semilla, me apretó fuertemente casi con brusquedad y pude sentir que él también terminó contra nuestros estómagos. Salí de él viendo como su cara era todo un poema, tan sensual, esos labios ese perfil tan perfecto, lo besé de nuevo y acaricié su rostro, estábamos pegajosos y llenos de nuestra esencia, la habitación impregnada de nuestro olor.
El olor de nuestro amor, de nuestro sexo.
Fin Bill POV
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—¡Buenos días! —saludó Bill, dándole otro beso en los labios.
—Muy buenos días diría yo. —Tom parecía de lo más contento, nunca había visto esa sonrisa en sus labios. El maldito teléfono sonó otra vez.
—Mataron el romanticismo. —dijo Bill en sarcasmo.
Vio la pantalla de su celular, Isabela llamando. Pero no contestó, en eso cayó un mensaje de texto.
Tu papá está aquí. Quiere verte, regresa pronto, te ama Isabella.
—Idiota. —musitó el de rastas. —ella lo llamó estoy seguro que lo llamó ella.
—Cálmate, dime ¿a quien llamó?
—Mi padre llegó al apartamento, ella y él se llevan muy bien, lo siento Bill pero tengo que irme.
—No, no me puedes dejar, me lo prometiste.
Tom bajó la mirada, si, te lo prometí, pero iré a ver qué es lo que quiere, vendré pronto.
Buscó rápidamente su ropa y se la colocó, todo estaba en su lugar otra vez y, vio a Bill ahí acostado en la cama, desnudo sin ningún pudor tocándose su estomago.
—Que sucio eres Tomi. —dijo Bill riéndose.
—¿Por qué? Ahora ¿Qué hice?
—Qué no hiciste diría yo. —el pelinegro se removió entre las sabanas. Tom todavía no entendía. —No te bañaste. —rió mas fuerte tapándose la cara para acallar sus alaridos.
—Ah, mejor así, ninguna perra se me acercará sentirán tu olor y se alejarán de mi. —dijo, besando la boca del pelinegro, saboreándola. —Me voy, ten. —le tendió una tarjeta. —Mi número telefónico, llámame si no puedes estar un segundo más sin mí. ¿Está bien?
El chico asintió y lo vio alejarse de ahí, escuchando el sonido de la puerta cerrarse. Vio la tarjeta y la olió, olía a su perfume, agarró su móvil y marcó el número.
Tom bajaba alegremente por el ascensor cuando sintió el vibrador de su móvil. Un número desconocido.
—¡halo!
—No puedo estar sin ti, ni un segundo más.
—Bill, por Dios. —Tom sonrió ante la llamada, le pareció lindo que lo hiciera poco después de haber salido de ahí. —Ya volveré. —prometió.
—Pero te quiero ahorita.
—Te amo Bill. —fue lo último que escuchó, para después escuchar el horrible tono del móvil.
Continúa…
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