Amando a mi reflejo 13

Amando a mi reflejo 13

Notas: No quiero hacer mucho drama no puedo con el.

Fic Toll de VaneK

Capítulo 13: Verdad

Después de esa noche y ese “buenos días” todo había cambiado para los Kaulitz, nada podía arruinarle el día a Tom, nada excepto su padre.

—Hola. —saludó, después de abrir la puerta de su apartamento. Su padre e Isabela estaban muy cerca uno del otro, todo parecía indicar que no se esperaban en que en ese momento él entrara por la puerta. —¿Qué hacen? —preguntó seriamente, dirigiéndose a su padre.

—Esperándote, llevo horas en este lugar y tú que no venías. ¿Dónde te habías metido Tom Kaulitz? —La voz de Jörg se tornó áspera y dura. Isabela se alejó de él, acercándose a su novio. Pero este pasó de ella olímpicamente.

—Creo que soy mayor para estarte dando explicaciones. 

—No es por mí, es por ella. —señaló a la chica, la cual hizo un puchero.

—Ella sabía que no iba a venir a dormir. —miró seriamente Isabela.

—Pero apagaste el celular. Y yo me sentí muy mal, por eso le hablé a tu padre. —se acercó más a él, tratando de tener contacto con él.

—Sí, me imagino y mi padre corrió para atenderte. Pero que modesto estás con ella. —la insinuación en la voz de Tom, hizo que Jörg retrocediera de donde estaba.

—¿Qué tratas de decirme? —estaba realmente nervioso. Tal parece que él tenía algo que le ocultaba. Más Tom no se intimidó y por primera vez, se enfrentó ante su padre. Para defender lo que quería y merecía.

—Tú. —se dirigió a Isabela, ella ya lloraba, podía parecer cruel pero ella solo era un maniquí más en las manos de su padre.

Sí, él se la había metido hasta por las narices, él se la presentó y él lo había convencido para que se conformara con lo que tenía.

—Déjala, ella no tiene la culpa de nada. Solo la tienes tú. Con tu estúpida obsesión por ese niño.

—Ese niño como tú dices, es nada más y nada menos que…

—No lo digas, es realmente humillante. No quiero escuchar su nombre. A demás no vine por eso. Isabela tiene algo que decirte. —la agarró del brazo tirando de ella hacia el frente, donde estaba Tom. —Dile, no esperes más.

Sus ojos brillaban intensamente, aguados por las lágrimas que querían salir de su interior. El labio inferior le temblaba y, Tom la miraba sin parpadear. No sabía qué tramaba su padre pero no era nada bueno.

—E… estoy embarazada. —se tapó la cara y no quiso ver más a Tom. Éste abrió los ojos como platos. Y trató de que Isabela quitara sus manos de su rostro, pero fue imposible, en la cara de Jörg se dibujó una sonrisa, casi satisfactoria.

—No puedes. —dijo seriamente.

Claro que no podía ella le dijo que se protegía porque no quería salir embarazada, no esos días, no ese año, porque quería cumplir su sueño, ser la mejor diseñadora de Alemania. Pero al parecer todo había cambiado de la noche a la mañana, claro él había sido un estúpido al creer en esas palabras, era de esperarse ella lo tenía que amarrar de alguna manera.

—Lo está. —confirmó su padre, tendiéndole un papel. Los resultados de la prueba, Tom lo agarró casi arrebatándoselo. —Hoy por la mañana ella me llamó, se sentía muy mal. —Jörg miró a Isabela y le guiñó un ojo. Tom no se dio cuenta de nada, estaba todavía leyendo el papel. Queriendo encontrar un error en el. Pero todo estaba claro. —Vine lo más rápido que pude y la llevé al hospital, te llamábamos pero no contestabas, me imagino que estabas muy ocupado. —el tono de Jörg se volvió sarcástico.

Tom asintió como un acto reflejo, en realidad seguía leyendo aquel papel. ¿Cómo le podía estar pasando eso, después de haber encontrado a Bill, después de que le demostró que en verdad lo quería.

Levantó la mirada y vio a Isabela, sentada en uno de los sillones, con la cabeza baja, sollozando. Si bien era cierto él nunca hubiera querido que eso sucediera, pero ahora que haría, no podía dejarla así, además después de todo el niño en su vientre es su hijo.

—Los dejo—anunció Jörg, viendo que ninguno de los dos decía nada. —Me voy, estaré en el hotel cualquier cosa me llaman, no quiero que peleen arreglen sus asuntos y tú Tom, actúa como un hombre, como yo te he enseñado.

Tom lo miró de mala manera, sí como él le enseño y como él nunca fue, dejando a su madre abandonada y su otro hijo también, definitivamente no sería como él jamás.

—Yo te aviso cualquier cosa. —soltó, para que de una vez por todas se largara de su casa y así poder hablar con Isabela, que seguía llorando. Jörg sin más salió del apartamento dejándolos solos y con una sonrisa en los labios.

Se acercó a ella y con una mano la agarró del mentón levantando lentamente su cabeza, ella no lo miraba, su mirada seguía pegada en el suelo.

—Mírame. —pidió Tom. Ella lo miró, en sus ojos se reflejaba el miedo. Pero él se preguntaba miedo por qué, él si estaba molesto pero jamás le haría algo malo, nunca. —¿Por qué lloras? —Ella hipaba, su respiración era irregular. Intentó articular palabra pero no salía nada de boca, solo sollozos. —Anda dime ¿Por qué lloras?

Flash back Isabela

A mis 17 años, nada en mi vida era lo que yo quería, tenía que trabajar, para mantener a mis hermanitos, mi padre se había largado, creo que aquí eso es una moda, mi madre solo pasaba borracha recordándolo y alguien tenía que hacerse cargo de los pequeños, mis dos hermanitos a los cuales amaba. Mi sueño era ser una importante diseñadora pero eso jamás podría serlo, solo me quedé con mis dibujos, mis diseños, guardados debajo de mi cama.

Lo que me pagaban en la cafetería no me ajustaba para toda la quincena, tenía que buscar otro trabajo, uno que en realidad valiera la pena uno en el que me pagaran bien y sin mucho hacer, ya que aparte de trabajar tenía que lavar la ropa y arreglar la casa.

Fue ahí donde lo conocí. Al Señor Kaulitz, una amiga mía a la que le iba muy bien me llevó con él. Me miró, escrutándome de arriba abajo, sonrió y dijo que sí que podía quedarme. Entré en pánico, no sabía ni lo que hacía en ese lugar un prostíbulo, sí, un lugar donde ganaré muy bien, solo tenía que trabajar por las noches, complacer unos cuantos hombres, pero… y ¿yo? No importaba.

El Seño Kaulitz me prometió que nadie me haría daño y mi amiga dijo que me protegería de cualquiera que quisiera pasarse. Pero ¿qué? iba a ser una prostituta no creo que los hombres quieran respetarme. Pero acepté el trabajo.

Me tocaba quedarme en ese lugar así que fui a mi casa, me despedí de mi madre y mis hermanos, diciéndoles que trabajaría en otra ciudad pero que me pagarían muy bien.

La primera noche que pasé ahí el Señor Kaulitz llegó a mi habitación, me dijo que él tenía que probar la mercancía antes de venderla, yo me horroricé y quise salir de allí, no quería nada, lo había pensado muy bien, no quería quedarme ahí, entonces él empezó a abrazarme y acariciarme, diciéndome cosas para calmarme pero sabía que nada de lo que dijera lo convencería de lo contrario.

—Me contó tu amiga que haces diseños de ropa. —me dijo, sentándose en la cama. —Yo podría ayudarte, claro está si tú haces lo que yo te diga. —me horroricé, ¿este hombre qué quería de mí? Bueno si lo sabía solo trataba de ignorarlo. —Quiero hacer un trato contigo. —yo asentí, qué más podía pasar.

—Dígame. —pedí con miedo en mi voz.

—Serás mi amante, y también la de otros dos más, así me darás dinero y… si me das mucho dinero en un año yo te juro que hago que tus diseños lleguen a manos de gente experta y serás una de las más grandes diseñadoras.

Mis ojos se iluminaron y a la vez se aguaron por las lágrimas, siempre he querido eso y estaba a un año de tenerlo, aun año. Así que mi ambición era más grande y me desnudé para él, sonrió y me hizo suya.

Por fin pude pagar las deudas y poner a mis hermanos a la escuela, mi madre seguía igual de borracha, así que pagué para que cuidaran muy bien a mis hermanos, todo eso por ellos

Así pasaron muchos meses y pasaron dos años desde aquel día que me había prometido que mis sueños se harían realidad. Yo había cambiado mucho, mis facciones, mis pensamientos. Si bien es cierto me colaba con gente de mucho dinero y me había casi refinado, siendo la amante de muchos personajes importantes y una noche en una fiesta conocí a Mariela, la directora de una importante revista de modas, habló con ella por más de una hora, conocía a mucha gente y le conté de mis diseños y me dijo que sería muy buena idea volvernos a ver.

Me vi con ella, muchas veces a escondidas del Señor Kaulitz, quería que ella me ayudara a contactar a alguien y que viera mis diseños. Pero él se dio cuenta, tenía otros planes para mí. Ayudarle a alejar a su hijo no sé de quién, me lo presentó y sentí que me enamoré de él no más al verlo, mi corazón palpitó alegremente, por fin, había encontrado a alguien que me gustara de verdad.

Pero el Señor Kaulitz fue directo y claro.

—No te enamores de él, solo quiero que lo estés con él y le hagas olvidar a otra persona que hubo antes de ti.

No comprendía sus palabras, por qué a mí, por qué me deja en estas. No repliqué solo asentí, ya me había acostumbrado a ser su títere.

—Te daré el dinero para el material y háblale a tu amiga para que te ayude, pero antes debes de llevártelo a la cama. —lamió mi mejilla lascivamente, definitivamente Jörg estaba enfermo. —Si eres capaz de vivir con el más de un mes te doy todo. Pero eso sí, seguirás siendo mía las veces que yo quiera.

Fin Flash Back

Se abalanzó contra el pecho de Tom, lloró más fuerte.

—Cálmate. —pidió. Abrazándola. —No sé por qué te pones así, yo te apoyaré.

No sabía de donde le salían esas palabras, lloró con ella, sus sueños se había truncado, ¿Cómo le diría a Bill que ya no podían seguir? O pedirle que siguiera con él aun sabiendo que Isabela esperaba un hijo de él. No definitivamente tenía que pensarlo bien, pero tenía que decírselo. No hoy, no mañana.

—Bill. —llamaron desde el otro lado de la puerta, éste ya se estaba arreglando ese día harían el ensayo y por consiguiente volvería a ver a Isabela y tal vez a Tom, ese hecho lo ponía nervioso.

—Voy. —contestó, dirigiéndose a la puerta. Cómo lo sospechó Mariela había llegado.

—No haremos el ensayo hoy. —dijo. Entrando a la habitación. —Isabela se siente mal y pospuso el desfile para después, dos días según le entendí, porque estaba llorando.

—¿llorando? —preguntó Bill. No le sorprendía, de seguro Tom cortó con ella y no lo soportó, dos días más, vería a Tom otra vez, eso le hacía ilusión, se lo llevaría de ahí, lejos donde nadie los moleste.

—Si llorando. Tú crees que… —dejó ahí la frase. El pelinegro se encogió de hombros. —Espero que no.

—Tarde o temprano tenía que pasar, Tom no puede vivir con ella, no la ama, me ama a mí, no podemos estar separados más tiempo, no lo soportaría y ayer se comportó tan lindo conmigo, me siento tan cursi el solo pensarlo. Quien iba a decir que yo iba a quedar así, enamorado de alguien que no fuera yo.

Mariela lo miraba atónita, él estaba paseándose por todo el lugar, nervioso, sin saber lo que pasaría después.

—Cuídate Bill, espero que Tom no te haga daño. Creo que esperaré unas horas y llamaré a Isa para saber lo que le pasó. Yo tengo que hacer otras cosas. —Mariela se acercó a Bill y quiso abrazarlo pero el negó con la cabeza y ella asintió alejándose de él, dirigiéndose a la puerta para salir ahí.

Lo llamaría, sí, buscó su móvil y marcó su número de teléfono, marcándolo, sintiendo s corazón desbocarse casi saliéndosele del pecho, hasta dolorosa aquella sensación, solo por escuchar su voz.

—Hallo. —dijo Tom, al otro lado de la línea. Con voz ronca y áspera, sin sentimiento.

—Hola mi amor. —no se contuvo y lo dijo, aun cuando se sentía realmente ridículo. Pero lo sentía y tenía que sacarlo de adentro.

—Ah Bill eres tú. —sonó como que esperara la llamada de otra persona.

—Sí, ¿esperabas otra llamada? —preguntó, en un hilo de voz.

—Así es, pero dime, ¿Por qué me llamas? —ash eso dolió. Sintió su corazón quebrarse, como le preguntaba eso, él mismo le dijo lo llamara cuando no soportara un minuto más sin él.

—Quería verte. 

—Ahorita no puedo Bill, tengo un problema aquí, si quieres nos vemos mañana ¿sí? Yo te llamo. Ahora tengo que colgar.

No dejó que Bill dijera nada, solo colgó. Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero recordó lo del problema, tal vez solo está recogiendo sus cosas para llegar donde él y vivir siempre juntos.

Ya el día siguiente le hablaría y quedarían de verse y se lo preguntaría, ahora no se comería la cabeza, pero una sensación en su corazón no lo dejaba en paz, algo andaba muy mal. Más que nunca. Decidió llamar a su amigo Georg, sabía que él lo ayudaría y consolaría, no le diría nada a Mari, ella solo lo regañaría y le diría un “te lo dije”

Marcó el número de su amigo.

—Hola.

—Georg soy yo Bill. —dijo rápidamente.

—Hola, Bill y ese milagro que me llamas. —el pelinegro sollozó al otro lado de la línea.

—Necesito hablar contigo.

—Pero estoy en Berlín.

—Quiero que vengas, no sé cómo, pero ven, te necesito, yo pago todo aquí.

—¿Tan mal estás?

—Sí, muy mal o no sé, creo que solo son estupideces mías, solo busca un vuelo para acá pero ya. Te quiero aquí a más tardar mañana por la mañana.

—Está bien, todo por ti Bill. Pero solo estaré contigo un día o dos, eso depende.

—Gracias. —dijo el pelinegro en forma de despedida y colgó el teléfono.

Esperaría a su amigo, así podría tener un apoyo, si pasaba algo malo, así no caería, no por segunda vez. No puede ser que Tom lo haya usado, pero ese presentimiento no lo dejaba en paz. Se le pasaron muchas cosas por la cabeza, lo sabría mañana, cuando Tom le hablara, para cortarlo o seguir con eso.

Continúa…

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por VaneK

Escritora del Fandom

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