Amando a mi reflejo 15

Amando a mi reflejo 15

Notas: No me regañen :s por favor o por lo menos no sean tan malas que Yo soy sensible 🙁 lean

Fic Toll de VaneK

Capítulo 15: Wir stehen zusammen

—Te juro que no lo sé. No logré verlo —después de ver ese beso entre los dos chicos algo en su corazón le hizo saber que todo estaba mal, ahora los protegería, tal vez.

—Maldita, sí lo sabes, dímelo. —la tomó del cuello apretándola fuertemente, sintiendo que el aire no llega a sus pulmones. Escuchó una puerta abrirse lo que le vino a la mente fue Tom y Amir, venían riendo podía escuchar la voz de su novio.

Jörg se separó de ella rápidamente. Pero la jaló a la puerta de salida a las escaleras para esconderse.

—¿Dónde me llevaras? —preguntó el pelinegro. —Casi no conozco por estos lugares.

El de rastas pensó unos momentos imaginando a qué lugar lo llevaría.

El ascensor no llegaba y Bill se estaba desesperando. —Bajemos por las escaleras. —sonrió con picardía. Casi nadie usaba las escaleras y podían tener su tiempo a solas.

—Está bien, cómo tú quieras. —caminaron hacia la puerta. Tom se detuvo para darle un beso a Bill.

—Ves Isabela todo sale como yo quiero. Vienen para acá.

—Jörg por favor, no hagas nada. —estaba muy nerviosa, quería salir corriendo.

—Cállate todo es tu culpa, sí hubieras sido lo suficiente mujer para retener a Tom esto no pasaría. Sabes, ese tu novio hijo mío es un cerdo, se acuesta con su hermano. —la chica abrió desmesuradamente los ojos. —Yo siempre fui buen padre, nunca le faltó nada y, a pesar de todo jamás tuvo un mal ejemplo de parte mía. Aún no sé por qué se comporta así.

—Tom. —gritó la chica alejándose de Jörg y corriendo hacia él. —Tiene una pistola salgamos de aquí.

Tom le miró con escepticismo. —¿Qué hacen aquí? —no entendía nada de lo que pasaba, Bill tenía los ojos fijos en su padre.

—Hola hijos míos. —dijo el hombre, con sorna.

—Contéstame ¿qué hacen aquí?

—Lo mismo pregunto yo, ¿Qué haces tú aquí? Con este.

Tom agarró a Isabela y la empujó tras él junto a Bill que seguía anonadado después de ver a Jörg ahí, sabía que no era de su agrado por lo menos lo que hacían ellos dos.

—¿Yo? Acompañando a Isabela, sospechaba que tú la engañabas y mira, es cierto. —levantó la voz y se acercó a ellos. Miró seriamente a Tom. —Y mira con quien, a ver, me imagino que no le has dicho que Isabela está embarazada. —Bill puso mala cara. —Parece que no, está sorprendido. Hola Bill. —saludó con sarcasmo.

—¿Es cierto? —preguntó el pelinegro, dando un paso hacia el frente quedando cara a cara con Tom y dándole la espalda a Jörg. —Dímelo.

—Yo te lo iba a decir. —contestó Tom, queriendo tocar a Bill. Mientras el hombre los miraba divertidos.

—¿Cuándo? Después de follarme. —le escupió a la cara, con la rabia envolviendo sus palabras. Dio unos pasos hacia atrás cuando de repente Isabela se puso frente a él.

—No, no es cierto.

—Cállate. —mandó, Jörg.

—No, ya estoy harta de ti y de que pases mandándome. —Tom miraba con el entrecejo fruncido, de su padre a Isabela y viceversa, mientras Bill lo hacía del otro lado.

—Que te calles dije. —la empujó hacia atrás, Bill trató de agarrarla pero con la misma se le escapó de las manos. Y cayó estrepitosamente por las escaleras, quedando su cuerpo un piso abajo, tirado inanimadamente.

—La mataste. —gritó Jörg despectivamente, Bill le miró aterrado, sus ojos casi saliéndose de sus orbitas, Tom miraba sin decir una palabra todo había pasado tan rápido que no vio mucho y por un momento pensó que su hermano tenía la culpa, pero rápidamente sacudió su cabeza y volvió en sí.

Su padre estaba viendo el cuerpo de la chica mientras agarraba su celular para hacer una llamada, el de rastas bajó las escaleras seguido por el pelinegro, los nervios estaban a flor de piel, se agachó frente a Isabela y puso una mano sobre su cuello sintiendo el pulso, algo débil pero eso quería decir que ella aún estaba viva.

Todo pasó tan rápido no le dio tiempo de nada, su padre había llamado a la policía y había dicho que Bill había sido el responsable, no pudo impedirlo, Jörg estaba fuera de sí, lo desconocía, ese no era su padre, como hacerle eso a su otro hijo.

Incontables pasos se escuchaban resonar en aquel lugar, ahora no sabía qué es lo que pasaría.

—El de pelo negro es. —era la voz de su padre, lo había dicho, había involucrado a Bill en algo que él había provocado.

Los paramédicos recogieron a la chica, los gemelos estaban parados uno frente al otro comunicándose con sus ojos, ojos cubiertos de miedo y de desesperación por saber lo que iba a pasar después de esa acusación tan grave que había hecho su padre, sangre de su sangre. Bill contenía las ganas de llorar cerrando sus puños y casi rompiendo la piel con sus uñas por la presión que ejercían estos sobre esta.

—No temas. —dijo Tom, su voz decidida y sin una gota de miedo reflejada. Pero todo era mentira, él estaba más asustado por lo que pasaba. Viendo como el agente de policía hablaba con su padre miró a Bill, aquellos ojos avellana le miraban con el miedo impregnado en ellos y la desilusión marcada en la pupila. Sabía que lo había defraudado, pero no dijo nada. Tres segundos pasaron antes de que el agente bajara para hablar con ellos pero para él había sido una hora o más. Contemplar a Bill así, nunca lo había hecho.

—Bill Kaulitz está detenido por intento de asesinato, tenemos testigos de eso, trate de estar en silencio, ya que todo lo que diga será puesto en su contra. —dijo seriamente mientras sacaba las esposas.

—No, no pueden. —Tom se abalanzó encima del hombre, este lo apartó bruscamente. —Yo lo hice. —se echó la culpa, no había más remedio que ese, si su papá quería separarlos no lo lograría jamás. Aún cuando su libertad esté en juego, amaba mucho a Bill para dejar que eso pasara, no quería estar lejos de él un día más. —Yo la empujé por las escaleras.

Jörg bajó rápidamente. Y objetó contra lo que decía su hijo.

—Yo lo vi todo, Bill la empujó.

—No, yo lo hice. —el pelinegro escuchaba con su mirada baja, ya no importaba nada para él, si lo encarcelaban o no, se sentía traicionado por Tom, por no contarle lo que pasaba y lo del embarazo.

—Confieso, yo la tiré de las escaleras, me di cuenta de que estaba embarazada, quise que abortara y la única manera de hacerlo era un accidente como este. —dijo Bill, desesperado.

—No, yo lo hice, era mi hijo pero no quería que lo tuviera.

—Lo hizo Bill. —terminó Jörg, con la furia dibujada en su rostro. ¿Cómo Tom osaba retarlo de esa forma?

—¡No quiero escucharlos más! —gritó el agente. Y tomó la mano de Bill y la de Tom y los esposó uno a otro. —Si ustedes dos dicen haberlo hecho, los dos irán a la cárcel.

—Ya le dije que fui yo, déjelo ir. —repetía Bill una y otra vez, pero todo fue en vano. —Eres idiota. —dijo, dirigiéndose a Tom. Él negó con la cabeza.

—Sólo no quiero que mi padre se salga con la suya.

—Señor Kaulitz, la joven está en el hospital si quiere ir a verla. En este momento nos llevamos a sus hijos para hacer el trámite correspondiente.

Bajaron al lobby ante la mirada de todos los presentes, cuchichiando por lo bajo, suponiendo lo que había pasado en el último piso de ese hotel. Abajo y por casualidades del destino estaba Mariela. La cual se quedó con la boca abierta delante de esa escena, de los gemelos esposados.

—Bill. ¿Qué ha pasado? —preguntó sin poder contenerse, acercándose al chico. —¿Por qué te llevan? Dime ¿Qué hago como te ayudo? —el chico solo negó con la cabeza. Y Tom bajó la mirada, impotente no quería que lo mirara a los ojos. Se avergonzaba de lo que había pasado.

—No puedes hacer nada. Ve a ver cómo sigue Isabela, se cayó por las escaleras y se la llevaron. Está en el hospital. —ella no preguntó más. No entendía nada pero ayudaría a su amigo a salir de esa. Se dirigió a su habitación para llamar a Georg, ya que lo había dejado solo unos momentos, no soportaba estar mucho tiempo en la misma habitación con él.

Entraron a la patrulla la cual los llevaría a la estación de policías, Jörg iba en su carro, le habían pedido hacer las declaraciones y que contara lo que en verdad había pasado.

—Eres tonto Tom, tu padre solo quiere hundirme a mí, ¿Por qué te quieres hundir conmigo? -preguntó, sin verlo a los ojos, no quería contacto visual con él, porque se ablandaría y empezaría a llorar y no quería quebrarse en esos momentos, no le demostraría a Jörg su debilidad.

—Lo hice porque te amo, Bill, no lo entiendes, te amo y si mi padre no quiere que estemos libres y juntos, entonces estaremos juntos y encerrados. Todo lo soportaría por ti. —agarró la mano de su hermano y la apretó fuertemente. —estamos esposados Bill, esto nos dice que en las buenas y en las malas.

—Sigo molesto contigo. Por no haberme dicho lo de la chica, era mi derecho saberlo, yo lo iba a comprender pero ya en esta situación no, no puedo entender lo que pretendías al no decírmelo. —Bill seguía viendo por la ventana, tratando de alejarse mentalmente.

—No lo sabía, hasta ayer, juro que te lo diría. —Tom estaba a punto de derramar lágrimas. Cuando abruptamente el auto paró frente a un edificio.

—Vamos Kaulitz ya llegamos. Sigan las instrucciones. —bajaron del auto, Tom aún no soltaba la mano de Bill, aunque éste no le miraba. Jörg llegó minutos después.

&

Entraron a la comisaría, les hicieron sentarse a esperar a que el fiscal general llegara, Tom miró entrar a su padre y le hizo mala cara, era lo único que podía hacer contra él. Pero éste ni se inmutó, ignorando por completo a sus hijos, en el fondo no sabía que es lo que iba a pasar, la situación se le había salido de las manos, sólo quería alejar a Bill de Tom y, en realidad no había querido dañar a Isabela, pero ella se interpuso, la empujó pero nunca pensó que caería por las escaleras, tal vez su subconsciente lo deseaba, pero todo estaba yendo muy mal, ahora Tom estaba ahí esposado, cargando por algo que él no hizo.

Bill se sentía como un muñeco en un basurero, que en cualquier momento llegarían a aplastarlo y desecharlo por completo, pero daba gracias por estar con Tom, con su amado y sí, el amor es en las buenas y en las mala, aún se sentía mal por lo de Isabela y el embarazo, pero en realidad no se hubiera sentido bien si su hermano le contaba lo del embarazo por teléfono. Por otro lado le daba lástima porque dentro de lo que había pasado no se puso a pensar en la chica y en cómo estará.

—Bill. —llamó Tom, sacándolo de sus pensamientos. Éste suspiró y al fin se dignó a mirarlo. Quería abrazarlo besarlo, lo quería mucho.

—Dime. —su voz sonaba rasposa por las lágrimas contenidas. Se aclaró la garganta. —Tom yo…

—No digas nada Bill, esto tiene que pasar, estaré contigo ya te lo he dicho, así que no me repliques nada, no servirá. —en su boca se dibujó una sonrisa.

—Has pensado que Isabela perdió… -no sabía cómo continuar la frase.

—Perder el niño. —terminó Tom, en tono dolorido. —Sí, pero aunque suene mal tú me necesitas en estos momentos y, lo que pase con Isabela y con el bebe se lo dejo a Dios, pero hoy, yo estaré contigo.

El fiscal general entró a la sala, ocupó su lugar saludó a los presentes, llamando primero a Jörg para tomar la declaración, lo llamó como testigo ocular. El padre de los gemelos reiteró lo que había dicho anteriormente, Tom negó rotundamente que Bill lo hubiera hecho echándose la culpa, con eso trataba que su padre retirara la acusación pero el hombre no cambió de parecer. Isabela estaba viva pero inconsciente, desgraciadamente había perdido al bebé, eso fue lo que dijeron los paramédicos a los cuales llamaron atestiguar. El fiscal se alejó unos momentos de su lugar llevando unos papeles en mano, dejando a los gemelos y a Jörg otra vez esperando.

Minutos después volvió a salir.

—Como los dos dicen haberlo hecho entonces son cómplices, hay una medida que tomar en este caso, ya que la afectada sigue con vida, solo si ella despierta de su inconsciencia podremos hacer un juicio y, determinar qué es lo que pasó en realidad, por los momentos solo tenemos la declaración del señor Kaulitz. —dijo el fiscal mientras leía lo que con anterioridad el secretario había escrito. —Tomaré la medida cautelar con ustedes, puede que sean culpables y quieran irse de este lugar o del país, así que los tendremos detenidos por 72 horas, si quieren buscar un abogado están en su derecho. No hay fianza. —terminó firmemente. Y pidió a los guardias que los llevaran a sus celdas.

Jörg no estaba feliz, estaba preocupado pero no por los gemelos si no por Isabela que en cualquier momento se levantaría de la cama y hablaría de lo que en verdad pasó en el hotel. Así que decidió ir a visitarla y tratar de arreglar ese detalle.

Juntos caminaban los gemelos a lo que ahora iba a ser su casa temporal, por lo menos eso es lo que esperaban mientras los llevaban seguían con sus dedos entrelazados cabizbajos.

Llegaron a las celdas, solo había dos y muy pequeñas las cuales estaban en deplorable estado.

Después de horas con las esposas al fin los soltaron pero los dejaron uno en una celda y otro en otra, estaban separados, no pudieron reclamar, no estaban en condiciones, solo eran unos barrotes que los separaban nada a comparación del amor que los unía.

Tres tipos con mala cara estaban en la primera celda donde Bill estaba. Le quedaron viendo y se sonrieron. El pelinegro sintió sus nervios a flor de piel y un nudo en la garganta, tenía miedo de las expresiones que tenían aquellos tres individuos. Se acercó más a los barrotes sentándose en el suelo. Esperando que Tom hiciera lo mismo.

Llegó hasta donde él estaba pudiendo colar su mano entre los barrotes y agarrando la mano de su gemelo, afianzándola firmemente a la suya, queriendo transmitirle paz y seguridad.

—Te amo Bill. —susurró Tom. Este cerró los ojos fuertemente inclinando su cabeza hacia Tom.

—Yo te amo más. —sus lágrimas empezaron a caer libremente por sus pálidas mejillas. Tom las secó con ternura y difícilmente le dio un beso en una de ellas.

—Verás que todo va salir bien, Isabela despertará y dirá la verdad. —el pelinegro asintió con una expresión de escepticismo.

Lo único que les quedaba era esperar que pasara un milagro. Tom tenía fe, pero a Bill se le había acabado todo.

Continúa…

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por VaneK

Escritora del Fandom

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