Amando a mi reflejo 16

Amando a mi reflejo 16

Notas: juro que mataré a Jörg muahahha XD y no, la historia no va a terminar en este cap. Dedicado a Todas las que me apoyan con sus reviews!! un beso mis lindas!!

Fic Toll de VaneK

Capítulo 16: Jörg

—Quiero saber si ingresaron a la Señorita Isabela Rose, por favor. —pidió Mariela. Bill le había dicho que la chica estaba en el hospital, ella no entendía el por qué, pero ahí estaba esperando a que alguien le dijera algo con respecto a ella.

—¿Es usted familiar de ella? —preguntó una enfermera. Mariela negó con la cabeza y volteó a ver a Georg que estaba todavía más desorientado que la chica.

—Soy una amiga de ella, ¿Está aquí? Dígame se lo suplico.

De verdad le estaba desesperando la enfermera que estaba ahí parecía despreocupada, y como no, si no era ella la que estaba en ese problema. La mujer agarró el ratón de la computadora y empezó a cliquear con mucha lentitud. Isabela hacia ruiditos con su lengua y sus dientes, tratando así de calmar los nervios.

—Sí, la encontré, está en la sala de terapia intensiva, en el segundo piso en el pasillo del lado derecho. —Isabela se alejó de recepción y jaló a Georg con ella, casi a rastras. —Esperen un momento. —se escuchaban los gritos de la enfermera, pero ellos la ignoraron y entraron al ascensor, pulsando en el número dos, que los llevaría a su destino.

Jörg bajó del automóvil, su cara relajada, parecía que no había pasado nada ese día parecía otra persona, quería llegar cuanto antes a donde se encontraba Isabela, para terminar lo que había empezado, no le importaba nada, su hijo ya sabía de qué era capaz y se había dado cuenta que a Tom no le importaba eso, pero sí le demostraría que él es el que tiene el poder, como algo tan insignificante le hizo cambiar y cómo se disponía arruinar la vida de su hijo.

El pitillo del ascensor sonó anunciando que ya habían llegado al segundo piso. Salieron de él y buscaron el pasillo correspondiente, pero habían tantas habitaciones que no sabían exactamente en cuál de ellas estaba Isabela, ahora sabían el por qué les estaba llamando la enfermera, pero ahora no se regresarían a la recepción mejor buscarían uno por uno.

—Espera. —dijo Georg. —Tengo que hacer algo antes de todo, debo de llamar a Simone, la mamá de… se quedó pensando, Mariela no sabía que Tom y Bill eran hermanos. Y él no se lo diría. —La madre de Bill. —Sacó su celular y empezó a marcar, Mariela no se detuvo y siguió buscando por las habitaciones cercanas pero en ninguna de ellas estaba su amiga. —Hola, Simone. —saludó el chico, tratando de pronunciar las palabras adecuadas para decirle lo que estaba pasando en esos momentos. —Este… —titubeó, no sabía cómo decirle. —Simone. —repitió.

—Dime Georg. ¿Qué pasa?

—Es Bill.

—¿Le pasó algo? —su tono se volvió preocupado.

—Sí, pero no te preocupes, cálmate.

—¿Qué le pasó? ¿Cómo me pides que me calme si no sé lo que le pasa a Bill? Habla ya si no quieres que pase al otro lado de la línea, para cogerte del cuello y obligarte a que me digas.

—Está bien, escucha. —tomó una boconada de aire y exhaló. —Bill está preso. No sé nada más, yo estoy en Hamburgo, lo ando visitando pero en el momento que pasaron las cosas no estaba en ese lugar y no he ido a verlo.

—Espera, espera. —no se escuchaba nada al otro lado de la línea. Georg pensó lo peor. —Iré para allá, no quiero esperar a que tú vayas y lo busques, yo misma llegaré y arreglaré las cosas con este tipo. —la voz de Simone sonó alterada, parecía que en cualquier momento tendría un ataque al corazón. —Llegaré lo más pronto posible. Quiero que vayas a donde está y averigües que pasó, llámame por favor.

El chico asintió despidiéndose de la mujer. No se quedaría mucho tiempo con Isabela en el hospital, solo se cercioraría de que la tal Isabela estuviera bien. Para después ir a buscar a su amigo a la comisaría.

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Jörg llegó a la recepción del hospital, donde antes Mariela y Georg habían preguntado por Isabela.

—En qué habitación está Isabela Rose. —pidió a secas y con tono sugerente. La mujer lo miró seriamente y pulso el botón enter , donde volvió salir la información de la chica.

—¿Es usted algo de ella?

—Sí, soy su suegro. —mintió, poniendo una cara que a cualquiera le daría lastima. —Me puede dar la dirección.

—Está en terapia intensiva, en el segundo piso, pasillo de la derecha, habitación 206. Puede que el doctor esté aún allí.

—Muchas gracias. —sonrió a la enfermera. Al parecer todo estaba saliendo bien, solo esperaba que Isa estuviera medio muerta, para no hacerlo tan difícil.

Subió por las gradas ya que los ascensores estaban ocupados y estaba tan ansioso que no pudo esperar uno.

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—¿Qué pasillo dijo? —preguntó la chica al no encontrar por ningún lado a su amiga.

—Creo que dijo izquierda. No, espera, creo que dijo derecha. —la verdad ninguno de los dos sabía o recordaba la dirección de la habitación. —creo que ella no dijo qué número. Ven, vamos por aquí.

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Jörg abrió la puerta jadeando por haber subida las escaleras, y giró hacia el lado derecho donde le habían dicho que estaba la chica.

—Habitación 206… —buscó con la mirada. 202, 203, 204… —Es aquí. —sonrió malicioso. Si definitivamente aquí es.

Abrió la puerta con mucho cuidado, y la cerró tras de él, no había nadie dentro, ahí estaba Isabela acostada en la camilla, con la piel más blanca que la cerámica que adornaba el suelo de la habitación. El pitillo de la maquina que estaba conectada al pulso de la chica era lo único que se escuchaba ahí dentro. Se acercó a ella y acarició su cara con el nudillo de los dedos, estaba helada pero su piel seguía suave como la última vez que la había tocado.

—Necesitas sol. —musitó, bajando su mano hasta el pecho de la chica. Viendo como subía y bajaba lentamente.

Sólo tenía que apagar el aparato a su lado y le cortaría el oxigeno, para que dejara de respirar y así decir que tuvo un paro respiratorio. Pasó al otro lado de la cama viendo los cables sobre ella. Y acariciando su pelo.

Bajando un poco hasta rozar sus labios con los de ella. La besó, separando sus labios que para nada estaban tibios, ni húmedos. Todo lo contrario, parecían cualquier superficie fría y sin vida.

&

—Esta es la última puerta, no hemos entrado allí. —señaló la puerta donde minutos antes había entrado Jörg. —Ábrela. —pidió, y Georg le hizo caso.

Se encontraron con Jörg besando a Isabela y acariciándole su pelo. Al parecer él no se había percatado de que ellos dos estaban ahí, observando cada movimiento que hacía.

—Te amo. Pero te equivocaste de lado, tenías que hacer lo que yo te pedí, no lo que tu corazón te dictaba, podía darte todo lo que tú quisieras, sólo si hubieras aceptado mis deseos. Mírate ahora más muerta que viva. Y vas a pasar a mejor vida. Nuestro hijo está muerto, ya no me sirves para nada. —y volvió a besarla, ante la mirada atónita de Georg y Mariela. —Ahora descansa en paz mi amor. —agarró la sonda que le daba oxigeno y la quitó.

—¡Maldito! —gritó la chica, no pudo contenerse mucho y entró abalanzándose hacia él. Casi arañándolo. —Maldito, la quieres matar. Georg. —reclamó Mariela. —Llama a alguien de seguridad, este tipejo quería matar a Isabela.

Georg corrió y cerca estaba una enfermera y un doctor los cuales llegaron al lugar.

Mariela no se había percatado de qué el oxigeno no llegaba hasta su amiga y el pulso se estaba haciendo más lento cada vez.

—Eres un maldito, ¿qué pretendes?

—Siempre te has metido en lo que menos tienes que hacerlo, ¿para qué preguntas? A ti no te importa, el asunto es con ella no contigo no me hagas…

—¿No me hagas, qué? Piensas matarme a mí también, vamos Jörg, no eres capaz, qué te pasa. —Mariela trataba de llevar la situación con calma, sabía que Jörg estaba mal y no quería un arranque de locura en esos momentos.

—¿Qué pasa aquí? —El doctor había entrado a la habitación, y un silencio incomodo se formó, en ese momento se dio cuenta de que Isabela no estaba respirando—. ¿Quién desconectó esto? —Preguntó en tono de reclamo.

—Él —dijo señaló a Jörg, que estaba al otro lado de la cama, con sus facciones relajadas, se le veía sereno, como que no había pasado nada—. Éste señor quiso matar a mi amiga, nosotros lo vimos.

El doctor y la enfermera estaban viéndole, sin ninguna expresión en la cara, simplemente escaneando al hombre, tratando de saber si lo que les habían dicho es verdad o solo era para perjudicarlo a él.

—Sólo fue un accidente, ellos venían entrando y yo estaba tratando de hablar con ella cuando de repente se soltó el respirador, ella entró en pánico. —Señaló a Mariela—. Y no se fijó quien era yo, nada más empezó a gritar. No he hecho nada.

Otra mentira mas de Jörg, al parecer toda la gente le creía más a él que a los demás, Mariela se enojó mucho, Georg su poco, pero no podían hacer nada con respecto a esas cosas, ahora lo importante era cuidar de su amiga y probar que de verdad ese tipo la quería matar, entre cielo y tierra no hay nada oculto y él tarde o temprano tenía que pagar eso que intentó hacer.

&

—Tomi. —llamó Bill, éste estaba adormilando sobre los barrotes muy pegado a Bill, todavía tenían sus manos entrelazadas—. Tom levántate.

—Mmmm… —Tom abrió los ojos, encontrándose con los de Bill—. Por Dios, estaba esperando que todo esto fuera una pesadilla.

—Sí lo es. Pero saldremos de ella, muy pronto. —apretó su mano más fuerte, en señal de apoyo.

—¿Por qué a nosotros Bill? Será que realmente la vida no quiere que estemos juntos, sé que esto no es bueno, porque miremos por donde miremos somos hermanos y además somos gemelos.

—Tom, eso no me importa, a nadie le tiene que importar, nosotros nos conocimos en circunstancias diferentes, en realidad la vida nos unió como pareja, ni tú ni yo, sabíamos que nos unía más que un simple amor.

Al otro lado de donde estaba Bill, los otros hombres estaban observándolos silenciosamente. Ahora el moreno no sentía miedo, de lo que podría pasar. Las pocas horas que ha estado dentro de ese lugar han dejado muchas cosas claras en su cabeza. Como el amor que siente por Tom y el enfermizo que una vez sintió por él mismo, aunque a veces hay decaídas, la mayoría de veces Tom sale ganando el asunto.

—Lo sé Bill. Y agradezco en realidad que la vida me haya mostrado el camino para llegar a tu corazón.

—Sabes Tom, creo que no hemos hablado en serio de lo que pasó entre nosotros.

—La verdad Bill no quiero saber nada, ya te lo dije la vez pasada, no quiero saber nada.

—Pero yo quiero que sepas, quiero que te des cuenta. Cuando te vi partir sentí que mi mundo se vino abajo, me arrepentí de haberte tratado tan mal, y que tú te sintieras mal por eso.

—Bill, yo lo sé y es por eso que estamos aquí, porque elegí estar contigo, no importando lo que papá dijo.

El moreno se sentía incomodo cuando hablaban de Jörg refiriéndose a él como un padre, cuando en realidad nunca lo conoció como tal.

—Tomi, Tienes alguna idea por la cual tu padre reaccionó así, porque sé que tiene que reaccionar mal, pero llegar a esto no me parece algo normal.

Tom no respondió inmediatamente, se quedó pensando cabizbajo.

—La verdad no sé qué le pasa, él nunca ha sido una persona violenta, por lo menos no, conmigo, pero hoy me demostró una faceta de él que yo no conocía.

—¿Recuerdas la primera vez que nos vimos? —Dijo Bill, apretando la mano de Tom—. Estabas allí con Georg, jamás en mi vida alguien me había llamado la atención, como lo hiciste tú ese día, tu estilo diferente, tu cara tan delicada y esos ojos que me cautivaron, me fui al baño a esperarte, no sé cómo, pero sabía que llegarías.

—¿Me buscabas? —indagó el pelinegro.

— No… yo sólo… vine a buscar a un amigo que entró aquí. 

— Pero no hay nadie, ya ves. 

Se acercó al chico de rastas, quedando sus rostros muy juntos, vio las orbes color miel del que tenía enfrente, notando la igualdad con las suyas.

—Te vi nervioso. —Continuó Bill—. Y eso me gustó y a la vez me dio terror. Nada me gustaba, sólo yo. Te traté mal, la primera vez que me llevaste a tú casa, me llevé tu dinero. —Dijo con algo de vergüenza.

—Lo sé, no creas que soy tonto, pero realmente me gustaste mucho, no me importó lo que hacías conmigo, era algo inexplicable. Yo nunca había tomado a alguien en serio, hasta que te conocí, sentí que eras tú el que sería para mí, para estar siempre juntos.

Bill sonrió, realmente lo amaba y, estaba arrepentido de las cosas que le hizo, jamás lo tocaría sin delicadeza, jamás le hablaría sin sutileza en sus palabras. Tom ahora era todo lo que él es, y todo lo que corría por sus venas, era Tom, sólo él, para él.

—Te amo, Tomi. —Musitó el moreno.

—Yo también, Bill.

—Kaulitz. —Llamó una voz desconocida—. Tienen visitas.

Continúa…

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por VaneK

Escritora del Fandom

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