
Fic Toll de VaneK
Capítulo 5: Sólo un poco
¡Un beso!, ese, había sido su primer beso, no podía explicarlo, una estampida de sentimientos llenaron su cuerpo, no podría describirlo, es algo que se siente, estaría mal si lo describiera, aunque es algo entre tibio y húmedo.
¿Qué si quería más? Claro que sí, pero tenía miedo, miedo de que todo eso fuera mentira, que él le dejara y se fuera, no, no podía encariñarse, tenía que alejar esos sentimientos de él.
Esa voz en su cabeza otra vez, diciéndole que no le pertenece a nadie solo a él mismo.
Siguen abrazados en medio de la pista, hay una canción movida pero ellos siguen así, el olor del de rastas impregna su nariz dulcemente, haciendo que su mente se divague y deje de pensar estupideces.
— ¿Vamos a otro lugar? —le susurra al oído. —no tengas miedo Bill, no te haré nada que no te guste.
— “Ese, es el problema”. —pensaba el moreno. —“Que me guste”.
— Y… ¿A dónde iremos? —indaga separándose un poco de él.
— Donde tú quieras. —responde.
El moreno se queda pensando unos momentos.
— Decide tú, yo iré a donde me lleves.
— Excelente. —confirma, mientras lo lleva de la mano hacia donde están sus amigos. —Sólo espérame unos momentos ya regreso. —dice mientras le guiña el ojo.
— Oye, ¿no es que nadie te toca, que solo eres de ti y para ti? —se burla la Gustav.
— ¡Ya Cállate!, no sabes nada, cuando crezcas y seas adulto yo mismo te contaré. —remata picándole la nariz con su dedo.
— ¿Irás con él? —cuestiona Georg.
— Así es y espero que no sea un pervertido, mañana te contaré y si todo sale bien, ya sabes a celebrar. —le giña un ojo, en señal de complicidad.
— No creo, aunque no conozco muy bien su vida privada, antes de todo dile que…
No concluye la oración, pues la pareja del peligro había interrumpido.
— Bueno, ya nos podemos ir.
Se despiden de sus amigos y salen por la puerta.
— ¿Quién es ese? —indaga David, al chico que trabajaba de bar tender, refiriéndose a Bill.
— No sé, ayer lo miré junto con aquellos dos que están por allá, solo eso sé.
— Espero que solo sea un jueguito de una noche. —piensa el hombre.
Se dirigen al parking, dónde Tom había dejado su preciado auto, abriendo la puerta del copiloto primero y dejando entrar al moreno en el automóvil, seguidamente se incorpora él, saliendo de ese lugar y dirigiéndose a su casa.
—¿En qué piensas? —le dice sacándolo de sus pensamientos.
— En que eres muy lindo y en el por qué jamás te vi antes.
El moreno ríe después de la ovación recibida, sintiendo sus mejillas sonrojarse.
— ¡Oh vamos! No me digas que nunca te lo habían dicho.
En realidad, nadie se lo había dicho, solo su reflejo al que cada noche contemplaba en su espejo. Él siempre se decía que era lindo, bello, hermoso, todos los sinónimos habidos y por haber de la palabra belleza, pero nunca ni su propia madre le había dicho que era lindo.
— Sería bueno que vieras el camino, sino quieres que nos estrellemos.
Rápidamente el castaño, sigue viendo al frente y manejando.
Llegan a la casa del chico, bajando el primero y como todo un caballero, abre la puerta donde va su acompañante para que este baje, le toma de la mano y le guía por el camino, para poder entrar a su dulce hogar.
Ve a su mayordomo y su ama de llaves, en la estancia, les ve y se limita a saludarles.
— Hoy trajo una chica. —le dice el hombre a la mujer junto a él.
— Y es muy linda. —añade, observando a los muchachos subir por la escalera.
Los escucha en su cuchicheo pero no repara en ellos.
— Éste, es mi dulce hogar. —presenta, al abrir la puerta de su habitación. —Pasa adelante.
Esto hace que Bill se sonroje y piense que no es tan mala idea el haber llegado hasta ahí, total ya tenía la mayoría de edad y nunca había tenido sexo con alguien, apartando las veces que él mismo se tocaba.
Observa cada rincón de la habitación, es muy amplia bien cabe dos veces su casa y hasta sobraría espacio.
— ¿Quieres algo de tomar?
— Si, un vodka en las rocas. —le pide, mientras sigue admirando la habitación.
El ambiente estaba iluminado sólo por una pequeña lámpara, haciendo el lugar más íntimo y agradable, con cuidado se sienta en uno de los muebles que hay en la habitación, era extremadamente blanco y limpio, temió ensuciarlo al sentarse.
Le extiende el vaso y el chico lo toma con desconfianza, mientras Tom se sirve un trago igual. Pensando otra vez que no es buena idea estar allí.
Da un sorbo a su trago mientras se sienta a la par del chico de pelo negro. Le ve detenidamente, haciendo que éste se ponga más nervioso, le quiere tranquilizar poniendo una mano en su pierna pero este se aleja rápidamente.
— No te pongas nervioso sólo relájate. —le dice mientras pone su bebida encima de una mesita que había en medio de pequeña sala, haciendo Bill lo mismo. —Vamos, dime ¿Qué quieres hacer?
— ¡No sé! —responde nervioso. —creo que mejor me voy.
— ¡No! Tú no irás a ninguna parte. —le refuta, mientras se acerca más a él, acariciando suavemente su rostro, posando sus labios en los de él, haciendo que a este se le enchine la piel y ahogue un gemido en su boca.
Poco a poco el cuerpo del chico va cediendo bajo la presión del cuerpo de su igual, quedando acostado en el sillón, el beso se hizo más intenso.
Para Tom eso no era suficiente, así que tomó a Bill de la cintura y lo levantó, a modo de que las piernas del pelinegro quedaran alrededor de su cadera, todo eso sin soltarle los labios al chico.
Lo cargó entre sus brazos y lo llevó a la cama dejándolo caer suavemente sobre ésta, besó su cuello con ahínco, impregnándose de ese olor que desprendía su cuerpo, a limpio a fresco, sentía que su entrepierna dolía, y se restregó contra el chico, sacándole gemidos que cada vez se intensificaban.
Bill estaba en la nubes jamás se imagino, algo tan sensual, sentía su entrepierna arder, quería quitarse la ropa y masturbarse, trataba de disfrutar el momento.
— ¿Quieres que siga? —le pregunta, mientras le desabrocha los botones de la camisa.
— Si… sigue, no te detengas. —siente las manos del chico terminar de desabrocharle la camisa y con mucho cuidado quitársela. Quedando con el pecho desnudo.
Sintiendo suaves y húmedos besos en su cuello, bajando por su pecho y terminando en su ombligo, removiéndose con el contacto, no puede evitar gemir y soltar un suspiro.
No puede evitar reír al escuchar los gimoteos del moreno, levantándose para despojarse de cada una de sus prendas de vestir, quedando completamente desnudo y duro ante la mirada estupefacta del chico que yacía en su cama.
—¿Te gusta lo que ves? —pregunta acercándose a la cama.
No pudo evitar verle y sorprenderse, a decir verdad nunca había visto un hombre desnudo, claro, alguien que no fuera su reflejo.
Mueve sus caderas para provocarle y poco a poco con sus propias manos se va quitando el cinturón, haciendo que el castaño sustituya sus manos por las de él, acariciando su entrepierna por sobre los pantalones, quitándole lentamente el fajón y tirándolo al suelo.
— O-oh… T-Tom.— logra decir, al sentir las manos experimentadas, desabrochando su pantalón y bajándoselos lentamente llevando consigo el bóxer, lamiéndole cada que descubre la piel desnuda.
— Oh Bill estas bien dotado. —esto hace que el chico suspire profundamente.
El paraíso, eso era para Bill sentir las manos de aquel tipo que tan solo conoció la noche anterior.
Tira los pantalones lejos, subiendo suavemente y agarrando con cuidado el miembro del pelinegro, acariciando cada pedazo de piel de éste sintiendo la tensión sexual en su vena.
— Oh por favor, hazlo rápido. —le suplicaba.
— Así es mejor. —le dice mientras lame alrededor de su miembro, haciendo que el chico se arqueara de placer.
Sigue lamiendo y bajando poco a poco delineando con su lengua los testículos mientras con su mano masturbaba el miembro del chico.
Bill gimoteaba, haciendo más erótica la situación, eleva las caderas del chico delicadamente.
En ese momento sintió la lengua del castaño rosar su entrada, sintiendo escalofríos desde la punta de sus pies a la punta de su miembro, haciéndole temblar.
Se sentía tan cálida, suave y húmeda, en ese momento, su cabeza reaccionó, su yo interno se presentó, diciéndole que todo eso estaba mal, que él chico que estaba haciéndole sentir tan bien, lo único que hacía era profanando su cuerpo.
— Alto. —Grita, mientras se aparta de él, para que no le toque más. —No puedo, no puedo.
— ¿Cómo que no? —le reclama enojado, levantándose hiendo hacia él.
Le toma del brazo a la fuerza y lo lleva a rastras hacia la cama, tirándolo sin ningún cuidado, y echándose encima de él, besándole bruscamente, Tom parecía poseído por el diablo.
— A mí nadie me deja con las ganas. —repetía, dándole vuelta al chico dejándole boca abajo, levantando sus caderas, y acariciando su entrada sin rencor.
—No, por favor… no. —decía entre jadeos, al sentir la intrusión de unos dedos dentro de él. —No Tom te lo suplico, no lo hagas.
Era inútil el castaño seguía empeñado en poseer al chico, aunque fuera a la fuerza.
— ¡Tomi… Tomii…! —lloraba con cada vez que pronunciaba ese nombre.
Y algo en el de rastas le hizo reflexionar, si, las lagrimas de Bill, caían libres y caudalosas por sus mejillas.
— Lo siento, perdóname. — se excusaba, abrazando con fuerza al chico, pero éste le rechazó.
—“Vete. —le decía su voz interior. —lárgate de aquí”
— No me toques.
— Oye lo siento. —repitió. —No me digas que… ¿Eres virgen? —pregunta sorprendido.
— ¡A ti que te importa! —le escupe a la cara.
— Claro que me importa, no quiero hacerte daño yo solo pensé que, querías jugar rudo conmigo, creí que solo me estabas provocando diciéndome que no.
Se incorpora en la cama y le vuelve abrazar, dejando que bañe con sus lágrimas su pecho desnudo.
— De verdad lo siento. —le dice, dándole un beso en la frente, escuchando los sollozos ahogados en su pecho.
—¡Ya! olvidémoslo. —le pide el pelinegro. —Sólo no, no quiero penetración.
— Como tú quieras.
— ¿De verdad? —pregunta, viéndole a los ojos.
— Claro, mas verdad no puede ser, vamos hacer algo, ven.
Se levanta de la cama, llevando de la mano al pelinegro y poniéndolo frente a él, tomando su miembro y acariciándolo, lentamente hasta que siente endurecerse en su mano.
Hizo lo mismo con el suyo, masturbándose cada uno en su lado viéndose a los ojos y gimiendo.
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La luz del sol que se filtra en el gran ventanal de la habitación le hace abrir los ojos, viendo que no está en su casa, sino con el chico de rastas, pero él no está en la cama.
—“Seguro ya se levanto” —pensó.
Se levanta de la cama, con cuidado levanta cada una de sus prendas que están esparcidas por toda la habitación, a lo largo ve una puerta, se acerca a ella y escucha el agua caer.
— “se está bañando, me iré antes de que salga.”
Ya vestido ve le pantalón del castaño tirado a un lado de la cama, lo recoge y empieza a husmear cada bolsa, encontrándose con la cartera de este.
Ahí estaba lo que tanto ansiaba, el dinero, había mucho, mucho más de lo que ha visto en un mes.
— “Con un poco que le quite no se dará cuenta”. —piensa, mientras mete el dinero en una de las bolsas de su pantalón. Tirando el otro a un lado de la cama.
Sale sigilosamente de la habitación, rumbo a la calle, bajando las escaleras ve al tipo de la noche anterior, el cual le queda viendo con una expresión de pocos amigos.
Una vez fuera se dispone a ir a su casa, muy alegre de haberse llevado ese dinero, esa noche haría lo mismo y la siguiente y así sucesivamente, lo enamoraría, hasta volverlo loco, así le daría dinero, no tendría que tomarlo por su cuenta.
Ríe al recordar lo que pasó la noche anterior en la cama que había dejado atrás, cómo las manos de ese chico le habían hecho gemir como nunca, él si sabia como usar esas manos, solo se dejaría hacer lo que quisiera, claro ya sabía cómo controlar la situación, Tom podría ser uno de esos que se hacen de player, pero vio que con él no fue igual y esa debilidad la aprovecharía al máximo.
Continúa…
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