
Fic TOLL de lyra
Capítulo 11
Cuando abrió los ojos, se encontraba en una habitación particular. Y solo. No había rastro de Georg o Gustav, ni sabía que hora era. Desde la cama en la que descansaba, podía ver la ventana. La persiana estaba medio echada, pero unos tímidos rayos de sol se colaban por las rendijas.
—¿Bill?
Esa voz tan dulce…solo podía ser…
—¿Mamá?—susurró arrugando al frente.
Al momento sintió que el colchón se hundía bajo el peso de otra persona. Giró la cabeza y fijo la mirada en los llorosos ojos de su madre. No la había visto, debía haber pasado al noche en la incómoda butaca que había arrimada a su cama.
Sintió que le cogía con suavidad una mano y se la apretaba con cariño. Se le llenaron los ojos de lágrimas y enseguida lo vio su madre…
—¿Por qué no me dijiste nada?—no pudo evitar reprochar Simon Kaulitz a su único hijo—Pensaba que estábamos muy unidos, y que sería la primera en enterarme de que ibas a tener un hijo, no recibiendo una llamada de…
No terminó la frase, ni hacía falta. Bill ya se hacía una idea de lo que había pasado, su padre la había llamado nada más enterarse de su desmayo. Pero que él supiera, aún no había ido a ver…
—Lo siento, mamá—logró susurrar—Todo ocurrió muy deprisa, no tuve tiempo de pensar antes de que mi hijo…se fuera para siempre…
Rompió a llorar sin poderlo evitar, llevándose una mano a su ya vacío estómago. Era una tontería, pero en el poco tiempo que pudo disfrutar de su embarazo, podría jurar que le sintió moverse…pero ya no sentía nada…
.
Pasó el resto de la mañana en compañía de su madre, hasta que tocó la hora de las «visitas» de sus compañeros. Era la hora de la ronda, pero para su comodidad e intimidad, Gordon Bailey entró solo seguido de Georg y Gustav. No quería que el resto de los internos le dirigieran ningún tipo de mirada, ya fuera de lástima o de «tú te lo has buscado». No, en esos momentos no lo necesitaba, solo ponerse bien cuanto antes.
—Doctora Kaulitz, un placer conocerla—dijo Gordon estrechando la mano a la madre de Bill—Soy el doctor Gordon Bailey, residente de su hijo.
—Encantada—murmuró Simone sonriendo—Pero llámeme Simone.
—Ellos son Georg y Gustav—presentó Bill a sus compañeros, extrañado por la amplia sonrisa que esbozaba su madre—Viven en casa conmigo.
Simone los miró y asintió al tiempo que se bajaba de la cama en la que aún seguía sentada. Se puso a un lado y dejó que fueran los propios compañeros de su hijo quien la contaran que tal estaba. Vio como el que llevaba una cola de caballo color castaña cogía el historial que había a los pies de la cama y lo leía en voz alta.
—Primer día de postoperatorio del paciente Bill Kaulitz. Se le ha practicado una laparoscopia y los resultados de las pruebas demuestran que no hay signo de infección….hay una nota de la enfermera de guardia, entró a tomarle la temperatura a las 5 de la mañana y tenía fiebre, pero le aplicó los antibióticos necesarios y en estos momentos solo tiene unas décimas.
—Ya sabrás que tu operación ha sido muy delicada, perdiste mucha sangre y…bueno, tienes por delante una semana para recuperarte—dijo Gordon con dificultad.
No hacía falta que le explicara más detalle, él era médico y quien mejor conocía su cuerpo. Las heridas cicatrizarían con el tiempo, al menos las físicas, porque para las psíquicas no había medicina alguna…
No había más que decir y sus compañeros se despidieron prometiendo volver a verle a la hora de la comida. Siguieron con su ronda y Bill se quedó con su madre a solas.
—¿Has visto a papá?—preguntó Bill tras unos minutos en silencio.
—Si, estaba velando tu sueño cuando llegué—contestó Simone suspirando.
Bill alzó una ceja extrañado por el comportamiento de su padre. De sobra sabría que ya estaba despierto, ¿por qué no iba a verlo? ¿Tenía que hacerse el dormido para que pudiera entrar a hurtadillas?
—¿Quieres que te traiga algo? ¿Una revista?—preguntó Simone cambiando de tema.
—No, gracias. Pero no te quedes aquí metida toda la mañana. Baja a estirar las piernas o a tomar un café.
Simone miró a su hijo y asintió. No la estaba echando de su lado, solo necesitaba unos minutos para estar a solas. Cogió su bolso y prometió regresar en un cuarto de hora.
Bill se lo agradeció con una sonrisa y una vez a solas desvió la mirada hacia la ventana. Solo podía pensar en que Tom ya se habría enterado, en el hospital los rumores corrían como la pólvora, más si era de algún compañero. Su embarazo y posterior aborto se sabría ya en el hospital entero…
—¿Puedo pasar?
Pegó un bote en la cama sin querer. Se mordió los labios al sentir una punzada en la pequeña incisión que le habían hecho y a ella llevo su mano al tiempo que asentía y se incorporaba en la cama.
—Venía a ver que tal estabas—se explicó Allyson Trümper.
—Dímelo tú, que eres quien me ha operado—murmuró Bill.
Allyson asintió y se sentó en el borde de la cama. Sin decir nada, cogió la esquina de la sábana y la retiró para comprobar como iba la incisión que le hizo.
—Apenas te quedará cicatriz—comentó volviéndole a tapar—Y podrás tener más hijos, he de admitir que hice un buen trabajo y no toqué ningún órgano vital.
—Gracias—musitó Bill entre dientes.
Había estado en sus manos, podía haberle hecho lo que quisiera por venganza, como dejarle estéril para toda su vida. Pero en el fondo….era una buena médica, eso tenía que reconocerlo.
—Me gustaría quedarme y seguir tu caso, si no te importa—dijo Allyson levantándose de la cama—Entenderé si prefieres que te atienda el doctor Kempis…
—No, puedes llevar tú mi caso. No me importa—cortó Bill asintiendo.
Allyson sonrió y le dejó que siguiera descansando. Salió de la habitación y Bill se quedó solo de nuevo. Pero las visitas a hurtadillas no habían terminado…
Cuando estaba a punto de quedarse medio dormido, sintió que se abría la puerta de la habitación y sonrió pensando que era su madre…quedándose helado al ver a Tom.
Maldijo por lo bajo y se recostó en las almohadas resoplando. No querría enfrentarse a él el primer día tras su operación. Se sentía my débil, y desvalido llevando solo un camisón azul de hospital y cubierto con una fina sábana.
—Yo….yo no sé que decir…—susurró Tom cruzándose de brazos.
—Creo que ya nos lo hemos dicho todo—dijo Bill carraspeando.
—Te callaste una parte—señaló Tom con dolor.
Bill no le contestó, no quería empezar a discutir con él diciéndole que él también se calló cierto detalle importante.
—Tenía derecho a saberlo, ¿sabes como me he sentido cuando vi el nombre de mi mujer como el médico que te había operado?—estalló Tom sin poderse contener.
—Perdona, estaba ocupado perdiendo a nuestro hijo—se le escapó a Bill con dolor.
Sentía los ojos llenos de lágrimas, no quería echarse a llorar delante de nadie y menos de Tom. Le vio cambiar el gesto y dar un paso hacia la cama. Lo que faltaba, ahora le iba a consolar tras sus crueles palabras…
Pero por suerte su madre hizo acto de presencia y pudo librarse de un abrazo que no necesitaba.
—Mamá, él es Tom—presentó antes de que nadie dijera nada.
Tom se volvió a ver a la recién llegada y la saludó con una sonrisa forzada al tiempo que se tragaba las lágrimas.
—¿Otro compañero de mi hijo?—preguntó Simone estrechando su mano.
—Casi, soy uno de sus jefes—explicó Tom algo cortado.
—¿Tan joven?—recalcó Simone.
Tom se encogió de hombros como respuesta, no sabía que contestarla. Era muy maduro para su edad, o eso pensaba. Porque en esos momentos, sentía la necesidad de romper a llorar como un niño pequeño. Solo quería mostrarle su apoyo a Bill, que viera que no tenía que pasar por eso solo. Pero se lo negaba, como si la decisión ya estuviera tomada.
Y no lo estaba, aún no había firmado los papeles del divorcio pero cada día se levantaba con más ganas. Quería que Allyson se marchara, que las cosas entre él y Bill volvieran a ser como antes…
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Se despidió con torpeza musitando la débil excusa de que le necesitaban en urgencias. Simone le acompañó hasta la puerta y la dejó entre abierta. Entonces regresó a su butaca que la noche anterior arrimara bien cerca de la cama. Se sentó en ella y miró atentamente a su hijo.
—Él era el padre, ¿verdad?—preguntó en voz baja.
Bill miró a su madre mordiéndose el labio. Nunca se le escapaba nada, debía llevarlo pintado en la cara. El daño que Tom le hacía…el amor que aún sentía…
Asintió con la cabeza y su madre resopló resignada. Era lógico que estando metido en el hospital todo el día, sintiera algo por un compañero de trabajo. Claro, que nunca pensó que fuera tan descuidado…
—Ten mucho cuidado hijo—suplicó Simone muy preocupada—Empezar una relación con alguien del trabajo…mira como hemos terminado tu padre y yo…no quisiera que pasaras por lo mismo.
Asintió de nuevo y cerró los ojos con cansancio, la medicación que le estaban suministrando le daba sueño. Suspiró con los ojos cerrados y se fue quedando dormido poco a poco, soñando que nada había pasado. Que tenía a su hijo en brazos y Tom le miraba con el amor brillando en los ojos…que eran una familia unida y feliz y que nadie se iba a volver a interponer entre ellos…
Continúa…
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