
Fic TOLL de lyra
Capítulo 12
Estuvo casi una semana de baja. Al cuarto día le dieron el alta y su madre se quedó a cuidarle en casa. Gustav le cedió su habitación, había empezado a salir con una de las enfermeras y cuando le contó el problema le alojó en su casa encantada.
El día anterior a su vuelta al trabajo, acompañó a su madre al aeropuerto. Ya no hacía falta que se quedara, y tendría mucho trabajo atrasado por su culpa. Se despidió de ella prometiéndola llamarla si se sentía mal.
Vio como el avión despegaba y regresó en un taxi a casa. Le molestaba la cicatriz, el día anterior la aún mujer de Tom le había quitado los pocos puntos dados y le aseguró que podría volver a trabajar con normalidad, pero que no se esforzara los primeros días. Y nada de entrar en un quirófano hasta pasado un tiempo.
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Estaba nervioso, como si fuera su primer día. Sabía que en cuanto cruzara la puerta del hospital todas las miradas se dirigirían a él y tendría que aguantarlas además de los cuchicheos. Ya sabía todo el hospital lo que le había pasado, aún tendría que dar gracias a que el nombre del padre siguiera en el anonimato.
El peor de todos era Andreas, el único que lo sabía y no dudaría en restregárselo en la cara, como lo iba haciendo cada vez que se lo encontraba, no perdiendo la oportunidad de soltarle que se acostaba con su jefe cada dos por tres.
Esa mañana se levantó pronto, no había logrado pegar ojo. Se dio una ducha rápida y se recogió el pelo en una cola baja. Ese día no tenía ganas de arreglarse, quería pasar lo menos desapercibido posible, no destacar y atraer más miradas ni provocar más comentarios.
Bajó a la cocina a desayunar, Georg y Gustav estaban allí y le ofrecieron una amplia sonrisa de incondicional apoyo.
—Te hemos preparado un desayuno saludable—explicó Georg señalando la mesa.
Sonrió al ver lo mucho que se esforzaban sus compañeros. Le habían puesto de todo, un bol con sus cereales favoritos, un zumo de naranja recién exprimida, un plato con tostadas y otro con tortitas. Se sentó suspirando, la doctora Trümper le había recetado mucho descanso y que se cuidara, había perdido mucha sangre (por no hablar de lo otro) y tras ver sus análisis le puso una «dieta» para recuperarse cuanto antes.
Gracias a los cuidados de sus compañeros y de su madre, diría que incluso había engordado un par de kilos. Cada día que se levantaba de la cama se tragaba las lágrimas y esbozaba una forzada sonrisa para que nadie notase que había pasado mala noche. No podía evitarlo, sentía rabia por lo que le había pasado. No se había hecho a la idea de que iba a tener un bebé creciendo en su vientre cuando se le fue cruelmente arrebatado. ¿Es que había hecho algo malo?
—¿Bill?
Pestañeó y miró a sus amigos, se les veía preocupados. Solía hacerlo a menudo, quedarse con la mirada perdida pensando en el pasado…
—Gracias por el desayuno—susurró forzando una de sus muchas sonrisas.
—Ah, y que no se te olviden las vitaminas—señaló Gustav.
Asintió resoplando y cogió el pequeño frasco de plástico en cuya etiqueta estaba su nombre impreso. También se las había recetado la aún mujer de Tom, viendo que las iba a necesitar. También le sugirió algún anti depresivo, pero se negó a tomarlos. No los necesitaba para recuperarse, solo mucho descanso, y si era mucho pedir que ella se fuera del hospital de inmediato.
No entendía que demonios hacía allí todavía, el caso por el que vino hacía días que no la necesitaban, y él podía acudir al doctor Kempis. ¿Se lo habría pedido Tom? No sabía nada de él desde que le dieron el alta, los 4 días que pasó en el hospital fue a verle siempre que pudo, pero siempre estaba acompañado de alguien, principalmente su madre y eso le cortaba.
Suspiró resignado y se tomó las vitaminas con un sorbo de zumo de naranja. Desayunó en compañía de sus amigos y tras dejar los platos usados en el lavavajillas, se subieron al coche de Georg y pusieron rumbo al hospital.
Entró con paso decidido, respaldado por sus amigos. Cada mirada dirigida a él era desviada por otra fulminante procedente de Georg o Gustav. No pudo respirar aliviado hasta que entró en la salita y se cambió de ropa. Allí casi no había gente y pudo disfrutar de unos minutos de relativa paz antes de que el doctor Bailey les asignara sus casos.
—Bueno días a todos—saludó Gordon Bailey entrando por la puerta.
Se levantó de inmediato y se puso al lado de sus compañeros mientras que el doctor Bailey asignaba los casos. Se quedó sorprendido cuando a él no le nombraron. Esperó a que todos se fueran a atender a sus nuevos pacientes y entonces abordó al doctor Bailey.
—Doctor Bailey, ¿qué pasa conmigo?—preguntó sintiendo sonar brusco.
—No me he olvidado de ti, tranquilo. Pero son órdenes de tu padre, quiere que los primeros días estés relajado y me ha pedido que te meta en el laboratorio toda la semana—explicó Gordon.
—Allí me volveré loco—saltó Bill sin poder evitarlo—No hay ni siquiera una ventana para poder ver algo de luz natural, ni se puede respirar algo de aire fresco. En vez de ayudarme conseguirá que me hunda de nuevo.
Se mordió la lengua, había hablado demasiado. No quería que nadie se enterara de cual era su verdadero estado, querer aparentar algo de normalidad…
—Ya sabía que te ibas a poner así, tranquilízate que hablaré con él—afirmó Gordon.
Bill asintió y se preparó para ir a su…»nuevo puesto de trabajo», pero no dio dos pasos y Gordon le había cogido del brazo.
—¿Qué tal estás?—preguntó, dejando a un lado su relación de interno y residente.
—Bien—murmuró Bill con demasiada rapidez.
—Sabes que el psicólogo del hospital está a tu disposición…
—No lo necesito…lo tendré en cuenta…—tartamudeó Bill soltándose de su agarre.
Esbozó otra forzada sonrisa y salió de la salita. Decidió no esperar el ascensor y bajar por las escaleras. El laboratorio se encontraba en el sótano, y hacia el se dirigió mientras esperaba que el doctor Bailey hablara con su padre y le levantara el «castigo». Si se pensaba que actuando de esa manera iba a ver lo mucho que le importaba lo llevaba claro.
Ni una sola vez fue a verle estando ingresado estando él despierto, tenía que aprovechar que estaba dormido para ver si estaba bien. Su madre se lo había contado, que entraba, miraba sus constantes y luego se marchaba tras saludarla.
Sacudió la cabeza para alejar esos pensamientos, no quería pensar en la fría manera en la que le trataba su padre. Giró una esquina y casi se chocó de frente con….su peor enemiga…
—Oh, Bill. Venía a verte—dijo Allyson mostrándole su mejor sonrisa—Sabía que te han asignado al laboratorio y vine para decirte que te puedo recibir a primera hora de la tarde. Será tu última visita, comprobaré que la cicatriz va bien.
—Soy médico, y te aseguro que ya estoy bien—murmuró Bill resoplando—Y en caso de que necesitara algo, ya pediría hora al doctor Kempis. No te quiero molestar,
—No es ninguna molestia—dijo Allyson negando con la cabeza—Y como aún me quedaré una temporada en el hospital, podré seguir tu caso hasta el final.
A Bill no le quedó más remedio que acceder, muriéndose de curiosidad por saber que había pasado, si Tom no había firmado los papeles y habían decidido quedarse los dos en el hospital para joderle la existencia un poco más.
Continúa…
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