
Fic TOLL de lyra
Capítulo 14
Entró justo a tiempo en la consulta de Allyson, se había entretenido esquivando a curiosos que nada más verle se interpusieron en su camino para preguntarle que tal estaba. Algunos lo preguntaban de corazón, otros…por el simple hecho de chismorrear.
Murmuró un “bien, gracias” y siguió su camino con la cabeza bien alta.
—Pasa—invitó Allyson cuando llamó a la puerta—Ten, ponte esto y siéntate en la camilla.
Bill resopló y cogió la bata de papel que le tendía. Había un biombo en una esquina de la consulta y entró detrás de él. Se despojó de su uniforme de hospital y la ropa interior y se puso la bata. Se sentía muy incómodo estando desnudo delante de su rival, pero era una profesional y sabía que estaba en buenas manos.
Mientras, Allyson se ponía unos guantes de látex. Cuando le vio salir de detrás del biombo le señaló la camilla y esperó a que se tumbara en ella. Luego le cubrió con una sábana las piernas y una vez bien cubierto le subió la bata para poder verle mejor la cicatriz que como Bill ya le explicó se estaba curando.
—Apenas te quedará marca—murmuró Allyson mientras le palpaba el estómago—¿Te duele?
Había sentido como se ponía tenso y dejaba escapar un gemido por lo bajo.
—Un poco—murmuró Bill carraspeando.
—Es normal, la herida aún es reciente—comentó Allyson—No te esfuerces mucho estos días y ya sabes que nada de coger peso ni hacer movimientos violentos.
—Me ha relegado a laboratorio, me paso todo el día sentado—explicó Bill resoplando.
—Tu padre lo ha hecho por tu bien—se le escapó a Allyson.
Bill se la quedó mirando alzando una ceja, ¿qué sabía ella de su relación con su padre? ¿Se lo sugirió o salió de él? ¿Y por qué le iba a ayudar a sus espaldas? No quería su ayuda ni la necesitaba.
—¿Puedo vestirme ya?—preguntó cansado de su contacto—La hora de comer se terminó.
Sentía sus manos acariciar su vacío vientre, yendo un poco más abajo para controlar las dos incisiones que tenía al ras de su cadera. Era médica, pero no podía evitar sentirse «humillado».
—Si, no cojas frío—contestó Allyson al cabo de unos minutos.
Le bajó la bata y cubrió de nuevo con la sábana para darle la intimidad necesaria. Se dio media vuelta y mientras que se deshacía de los guantes de látex Bill regresaba al biombo y se vestía.
—Si tienes algún problema o duda, me tienes aquí—comentó mirando el biombo tras le que se vestía Bill.
Bill arrugó la frente al escucharla. Terminó de vestirse y llevando de la mano la chaqueta de lana salió y se enfrentó a la doctora.
—El doctor Kempis es también muy bueno—dijo con firmeza—Si necesito algo, sé que puedo confiar en él.
—El doctor Kempis se jubila ya, Bill—explicó Allyson.
No pudo ocultar la sorpresa que se llevó al escuchar esas palabras, ya se imaginaba por donde iban los tiros…
—Te vas a quedar—murmuró sin poderlo evitar.
—Si, me quedo—afirmó Allyson—Pero no te preocupes, que Tom ya ha tomado su decisión y lamentablemente no he sido yo.
De nuevo, la cara de Bill era un poema. Sus labios se separaron y estaba a punto de decir algo, pero no le salían las palabras. Quería gritarle, decirle que desde que ella apareció en su vida, lamentablemente él se había venido abajo. Hubiera preferido seguir engañado que descubrir que la persona que creía su alma gemela le había traicionado, y encima tenía que aguantar los chismorreos del hospital a los que se le sumaba la presencia de su rival.
—Podemos trabajar codo con codo sin que nuestra relación con Tom influya—explicó Allyson—Vas a ser un buen médico y yo estaré encantada de enseñarte lo que quieras.
—Sé todo lo que necesito, y no necesito tu ayuda para nada—estalló Bill sin poder evitarlo—Si fueras una buena persona te irías del hospital, saldrías de nuestras vidas y nos dejarías tratar de arreglar o nuestro, de superar el dolor y ver si aún hay una posibilidad.
—Bill, no te arrastres tras Tom—dijo Allyson con frialdad—Después de haberte engañado, no se merece una segunda oportunidad.
—¿Y tú si?—preguntó Bill alzando una ceja—Le pones los cuernos y aspiras a que lo olvide todo y te perdone. Eres tú la que se arrastra, Tom está ya fuera de tu alcance y no te quieres dar por enterada.
Salió de la consulta tras escupir esas palabras. Sentía las lágrimas agolparse en su garganta y lo único que quería era encontrar un solitario rincón en donde dar rienda suelta al dolor.
Escuchó unos pasos tras él y echó a correr pensando que era Allyson, que le venía a contar que ella le vio primero y no lo pensaba soltar fácilmente. Corrió hasta que una punzada de dolor le hizo frenarse en seco. Se dobló en dos llevándose las manos al vientre, sabía que no debía esforzarse estando aún reciente la operación, pero no podía evitar sentir unas ganas imperiosas de echar a correr y no parar nunca, dejando atrás tanto dolor y lágrimas acumuladas.
Alzó los ojos y vio unas sillas a su derecha. Se arrastró a ellas y se sentó con pesadez suspirando. Permaneció sentado hasta que recuperó el aliento y cesó el llanto. Entonces se puso en pie y entró en un baño a comprobar su cara. Tenía los ojos hinchados y revuelto el estómago, no estaba en condiciones de terminar su turno.
Suspiró resignado y salió del baño. Fue en busca del doctor Bailey y le explicó que se había excedido esa mañana y se tenía que ir a casa, prometiéndole devolverle las horas que no iba a hacer esa tarde.
—Ya me encargó yo.
Se volvió y vio a Gustav a su espalda. Ese día tenía medio turno y a la noche estaría de guardia. No se lo podía pedir…
—Insisto—dijo Gustav al verle negar con la cabeza.
—Te devolveré el favor—insistió de nuevo Bill.
Gustav negó con la cabeza y tras despedirse de él ocupó su lugar en el laboratorio. Bill le vio marchar y tras prometerle al doctor Bailey descansar para volver con más fuerza al día siguiente, entró en la salita y se cambió de ropa.
En eso estaba cuando entró Georg…
—Me lo ha contado Gustav, ¿qué te duele?—preguntó muy preocupado.
«El alma»—pensó Bill resoplando.
—Nada, solo estoy cansado—musitó sin atreverse a mirarle—Llamaré a un taxi y me iré directo a la cama nada más llegar.
—Llámame si necesitas algo, encontraré a alguien que me sustituya y no me moveré de tu lado—dijo Georg con firmeza.
Asintió suspirando y tras abrigarse con la cazadora salió al pasillo. Maldijo al encontrarse con Tom cara a cara. Pasó por su lado si decir nada y fue directo al ascensor. Pero no contaba con que le siguiera Tom, pero para su suerte había gente en el ascensor y no le pudo «acosar».
Salió corriendo de el cuando se abrieron las puertas, pero Tom le seguía pisando los talones. Le alcanzó cuando salió por la puerta y le cogió con suavidad del brazo.
—Para, por favor—suplicó Tom.
—Estoy cansado y quiero irme a casa—murmuró Bill sin volverse.
—Tenemos una conversación pendiente, no te he querido molestar llamándote a casa sabiendo que estabas descansando…
—Podías haber llamado, no te iba a comer—cortó Bill enojado—Demostrarme que te importo algo.
—Me importas mucho Bill, y por eso he tomado mi decisión—dijo con firmeza Tom.
—Lo sé, tu mujer me lo ha dicho. Enhorabuena, ya eres libre—ironizó.
Se soltó de su agarre y caminó todo lo deprisa que pudo atravesando el parking. Por el camino llamó un taxi mientras se limpiaba las lágrimas. Una vez en casa y metido en la cama, se tumbó de espalda pensando que había sido algo cruel con Tom, pero había salido de la consulta de Allyson hecho una furia y la pagó con él, sabiendo que en parte era todo culpa suya.
No sabia como iba a poder trabajar sabiendo que estaba la ya ex mujer de Tom en el hospital, al acecho como un buitre como si ya supiera de antemano que lo suyo con Tom estaba destinado al fracaso.
Continúa…
Gracias por la visita, te invitamos a dejar un comentario.