
Fic TOLL de lyra
Capítulo 17
No se lo pensó dos veces, vio su oportunidad y la decidió aprovechar. Sintiendo como se agarraba con fuerza a su camiseta, se inclinó un poco más sobre la cama hasta que sus alientos se rozaron. Entonces solo tuvo que separar los labios y posarlos sobre los de Bill, que nada pudo hacer de lo mareado que se sentía.
Le empezó a besar con suavidad al tiempo que le hacía recostarse contra la cama, poniéndose encima de él y sonriendo al no verse rechazado. Hizo más profundo el beso mientras que sus manos le recorrían su desnudo cuerpo.
Empezó en su cuello y fue bajando por su agitado pecho…siguiendo más abajo hasta el elástico de sus boxers, del que tiró con suavidad hasta que un gemido de dolor le hizo parar. Separó los labios y bajó la mirada maldiciendo por lo bajo. Le había rozado una de las cicatrices que aún le quedaba visible. Alzó la mirada de nuevo y la posó en su amigo, que con los ojos abiertos le suplicaba que se le quitara de encima.
—Iré con más cuidado…lo prometo—susurró tratando de besarlo de nuevo.
Pero Bill ya no quería otro beso. El primero le había pillado desprevenido, pero el dolor que había sentido cuando se apoyó en su estómago sin querer le había hecho abrir los ojos de golpe.
No pudo evitar que le besara, ni dejarse arrastrar por los sentimientos que sentía en esos momentos, pensando que hacía mucho tiempo que no recibía un beso. Pero…no era Tom quien se lo daba, y por mucho que cerrara los ojos y se lo imaginara….además, Georg era su amigo y si empezaban algo que no iba a llevarles a ninguna parte, los dos saldrían escaldados.
Levantó las manos al ver que Georg trataba de nuevo de besarlo y las apoyó en su pecho empujándole con suavidad. Logró escapar de debajo su cuerpo y se puso en pie cubriendo su medio desnudez con una pequeña manta que siempre tenía a los pies de su cama.
—Georg…no podemos hacer el amor—trató de explicarle mientras apretaba la manta contra su pecho—Somos amigos y no quiero hacerte daño.
—No me lo harás—dijo Georg con firmeza.
—Sigo amando a Tom, y no lo puedo evitar—confesó Bill entre lágrimas—A pesar del dolor que me causa, sigo sintiendo algo muy fuerte por él. Y tú eres mi amigo, y si hacemos algo luego nos vamos a arrepentir y adiós a nuestra amistad.
—Yo nunca me arrepentiría—murmuró Georg dándose por vencido.
Dio media vuelta y abrió la puerta, pero antes de salir por ella, se volvió y echó un último vistazo a su amigo.
—Yo también te amo…y no puedo evitarlo—confesó en un susurro.
Salió de la habitación dejando a Bill a solas con sus pensamientos. Se dejó caer en la cama cuando la habitación empezó a dar vueltas de nuevo. Cerró los ojos con fuerza y encogiéndose todo lo que pudo, rompió a llorar con desconsuelo…
.
Llego el día siguiente y Bill apenas había dormido nada. Y a eso había que añadir una gran resaca…
De espaldas en la cama, apretaba contra su frente una húmeda toalla mientras suspiraba. No sabía como iba a poder pasar ese día trabajando al lado de Georg, no sin recordar lo que había sucedido la noche anterior. No debió permitir que le besara, ese fue su mayor error. Sospechaba que sentía algo por él..pero le había pillado con la guardia baja. Estaba necesitado de cariño, y Georg no pudo besarle en «mejor» momento.
Cerró los ojos y se dio la vuelta en la cama gimiendo. ¡Cómo le había gustado ese beso! Pero no porque se lo hubiera dado Georg, sino porque hacía mucho que no recibía uno…¡y cómo lo había extrañado!
Pensó que ya era hora de que remoloneara en la cama, si no se daba prisa llegaría tarde a la ronda. Se levantó con pesadez y entró en el baño que había en su habitación. Maldijo al mirarse en el espejo, su aspecto era horroroso. Y no solo eso…nada más ponerse en pie había sentido una arcada y en esos momentos su estómago protestaba de nuevo.
Se giró con rapidez e inclinándose sobre el inodoro vació su revuelto estómago. Se incorporó suspirando, limpiándose los labios con el dorso de la mano al tiempo que accionaba la cisterna. Se apoyó en el lavabo y suspiró de nuevo. Esa mañana se le iba a hacer muy larga…
Tras darse una ducha rápida, bajó a desayunar comprobando que estaba vacía la cocina. A esas horas siempre estaba Georg preparando un apetitoso desayuno para ellos dos, pues Gustav solía pasar las noches en el piso de su novia. Pero esa mañana se encontró que estaba todo en orden y no había ninguna taza usada en la pila.
Georg debería haberse ido nada más levantarse y desayunaría en el hospital…eso si tras dejarle llorando a solas en su habitación no había decidido pasar la noche en otro sitio…
Se preparó un té y se lo tomó mirando por la ventana. Hacía un sol espléndido, pero para él como si hubiera nubarrones en el cielo. Prefería que estuviera lloviendo, así tendría la excusa perfecta para estar enfadado con el mundo entero.
Terminó su «desayuno» y salió de casa. Entró en su coche y condujo al hospital con calma, ya llegaba tarde y no iba a correr por eso. Aparcó en su plaza y corrió a cambiarse de ropa ante la disgustada mirada de Andreas.
—Bill…—murmuró resoplando.
— ¡Vete a la mierda!—estalló Bill señalándole cierto dedo.
Sonrió a pesar de su jaqueca, era la primera vez que se enfrentaba a Andreas y eso le había subido un poco los ánimos. Se cambió de ropa con rapidez y tuvo que ir en busca de sus compañeros. Los encontró en la habitación del joven paciente al que había atendido el día anterior. Al no estar él, el doctor Bailey estaba exponiendo el caso.
Se colocó al lado de un frío Georg y trató de prestar atención, que nadie notara su tardanza…pero a Gordon Bailey no se le escapaba nada y una vez terminada la visita a ese paciente, dio la ronda por terminada y dejó que sus internos fueran a ocuparse de los casos que les había asignado. Se apresuró a coger a Bill del brazo y una vez a solas le riñó.
—¿Estás en condiciones de trabajar?—preguntó, siendo obvio el estado en el que estaba.
Bill asintió sintiendo que se sonrojaba. Había metido hasta el fondo la pata, sabía que no podía beber si trabajaba al día siguiente, que mucha gente dependía de él…pero la noche anterior lo necesitaba. Y eso pareció entender el doctor Bailey.
—Por hoy haré la vista gorda, pero que no vuelva a suceder—susurró Gordon.
Bill asintió de nuevo. Ya se imaginaba que la visita de su hermana pequeña había causado un revuelo y ya estaría enterado medio hospital…
—Le he asignado tu caso a Georg—siguió diciendo Gordon—Ve a poner historiales al día…ah, y baja a que te den algo para que te despeje.
—Gracias….y lo siento—murmuró Bill visiblemente avergonzado.
Gordon asintió y le dejó que fuera a hacer lo que le había encargado. Le vio dirigirse al ascensor con paso lento y entrar en el.
—Buenos días—musitó Bill entrando en el ascensor.
Había dos enfermeras que le respondieron con educación y una mujer que iría a ver a algún paciente. Se bajaron todos en la siguiente planta y pudo disfrutar de algo de soledad, hasta que las puertas del ascensor se abrieron de nuevo y se mordió los labios al ver a Tom.
—Bill…—susurró Tom visiblemente sorprendido.
Continúa…
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