
Fic TOLL de lyra
Capítulo 18
Le vio asentir con la cabeza a modo de saludo y entró del todo en el ascensor. Estaba realmente sorprendido por su estado, ojeroso y con el pelo lacio. Se maldijo en silencio, él era el culpable de todo eso…
—Bill, ¿podemos hablar?—pidió Tom en voz baja.
—No es un buen momento—contestó Bill sin atreverse a mirarle.
—Ya me he enterado de…lo de tu hermana—susurró Tom atreviéndose a dar un paso en su dirección.
—Tenemos los mismos ojos y sonrisa—explicó Bill alzando al fin la mirada—Es una chica encantadora, pero a mi padre no le gusta que nos hayamos conocido y queramos seguir viéndonos.
Tom se mordió los labios al escuchar el tono empleado. Se le veía muy cansado…y triste. No se lo pensó dos veces y le dio un fuerte abrazo, sonriendo al no verse rechazado. Cerró los ojos y puso los labios sobre su pelo suspirando. Le encantaba el champú que usaba, le recordaba a las flores del campo y era como si estuvieran los dos tumbados sobre la hierba mientras se besaban rodando por ella…
—Te he echado de menos…—suspiró Bill sin poder evitarlo.
Tom asintió contra su pelo, él también le había extrañado. Todo, la sonrisa de sus labios, la luz que emanaba de sus ojos castaños…la dulzura con la que le besaba todas las mañanas cuando se despertaba…
Suspiró él también sin poder evitarlo, sintió que Bill levantaba la cara y sus ojos se encontraron. Se besaron sin decir nada, sus labios se separaron para juntarse en un beso muy deseado. Sus manos no paraban quietas, recorriendo la espalda de su contrario.
Siguieron besándose hasta que el ascensor llegó a la planta baja. Solo entonces se separaron y miraron jadeando. Se iban a abrir de un momento a otro las puertas, y ellos se tenían tanto que decir…
—¿Quedamos esta noche y hablamos?—preguntó Bill entre susurros.
Tom asintió sonriendo encantado. Le dio un último beso y se separó de él justo a tiempo. Las puertas se abrieron y salieron los dos del ascensor. Caminaron por el pasillo con sus manos rozándose al compás de sus pisadas.
—Yo…me quedo aquí—explicó Bill cuando llegaron a urgencias.
—¿En qué caso estás trabajando?—preguntó Tom con interés.
—En ninguno—contestó Bill sonrojándose—El doctor Bailey me ha dado la mañana libre por…por mi estado.
Tom asintió resoplando, saltaba a la vista que el día anterior se había emborrachado. Pero sabía que tenía motivos de sobra para ello, y no pensaba echárselo en cara.
—Avísame si necesitas algo—susurró Tom, atreviéndose a cogerle de la mano.
—Solo quiero sentarme y que me dejé tranquilo el estómago—contestó Bill sonriendo.
Se quedaron en silencio unos minutos, hasta que una voz les hizo ponerse en marcha. Entraba una nueva urgencia y Tom corrió a caerse cargo de ella mientras que Bill se dirigía al centro de enfermeras. Ocupó uno de los ordenadores y entró en la base de datos para ver que historiales necesitaban ser actualizados. Tenía un gran fichero a su espalda y allí buscó los que necesitaba.
Pero al cabo de media hora tuvo que dejarlo. Sentía su estómago en danza y recordando la orden del doctor Bailey se levantó a ver si había algo que se pudiera tomar y le dejara trabajar toda la mañana. Se dirigió a la farmacia del hospital, encontrando a la enfermera encargada de ella charlando con un hombre.
Se le quedó mirando sin poder evitarlo, era realmente atractivo… ¡pero nadie comparado con Tom!
Carraspeó y se cruzó de brazos esperando a que terminaran de hablar, sintiendo una pequeña arcada revolverle el estómago. Soltó un gemido sin poder evitarlo, lo que llamó la atención del hombre.
—¿Puedo ayudarte en algo?—preguntó muy interesado.
—Oh…no, gracias—contestó Bill esbozando una sonrisa.
Él era médico, no necesitaba ayuda de un extraño…
—Tranquilo, que yo también soy médico y sé lo que hago—dijo el hombre devolviéndole la sonrisa.
Antes de que Bill pudiera decir nada ya le había enseñado su identificación y Bill comprobó que eran ciertas sus palabras. Se fijó también en su nombre, aunque no le dijo nada…
«David Jost»—leyó.
—Cuéntame que te pasa—pidió David poniéndose serio.
—Es…una bobada, ayer me pasé bebiendo y ahora la resaca me está matando—explicó Bill avergonzado.
Solo se lo había contado porque algo el decía que podía confiar en él, y porque la enfermera no estaba escuchando. En cuanto empezaron a hablar se fue a colocar unos medicamentos que acababan de llegar y Bill pudo explicarse.
—Entiendo, y necesitas algo que te ayude a pasar la mañana—dijo David asintiendo.
—Y que me despeje lo necesario por si tengo que echar una mano—murmuró Bill mordiéndose los labios.
David asintió de nuevo y entró él mismo en la farmacia a buscarle algo que le ayudaría. Estuvo conversando con la enfermera y al final salió con una ampolla pequeña de cristal en una mano, cuya etiqueta informaba de que se trataba de benadon.
—Con esto se te pasará enseguida—explicó tendiéndosela.
Bill la cogió y se la quedó mirando…
—¿Necesitas ayuda?—se ofreció David al momento.
Asintió resoplando, era una inyección y preferiría que se la pusiera él a tener que contarle a un compañero lo que le pasaba. Al final se enteraría medio hospital y llegaría a oídos de su padre que había sido muy irresponsable.
Abrió camino y se dirigió a una sala de reconocimiento vacía en esos momentos. Abrió la puerta y le dejó pasar primero, echando una ojeada a su alrededor antes de cerrarla. Nadie se había percatado de su presencia, sus compañeros estaban muy ocupados como para verle encerrarse en una habitación con un desconocido.
—¿Donde…?—empezó a preguntar David.
Enseguida se dirigió al pequeño armario que había colgado en un rincón. Lo abrió y rebuscó hasta dar con una inyección que le pasó sin decir nada. Se le quedó mirando viendo como la desprecintaba y luego clavaba la fina aguja en la botellita de cristal. Extrajo la cantidad necesaria y entonces se volvió para coger un trozo de algodón y alcohol que también le pasó.
—Apóyate en la camilla—le pidió.
Bill asintió resoplando y le dio la espalda. Se llevó las manos al borde del pantalón de su uniforme y aflojó el nudo lo necesario para que se lo bajara. Luego puso ambas manos en el borde de la camilla y se inclinó lo necesario.
—Esto no te va a doler nada—le explicó.
Asintió sin poder evitar ponerse tenso cuando sus manos le bajaron el pantalón, arrastrando de paso su ropa interior. Se lo dejó por debajo de la cadera y le aplicó el algodón en la parte superior de su nalga derecha. Se mordió los labios, hacía mucho tiempo también que nadie le tocaba en esa zona…y menos con tanta suavidad como él lo estaba haciendo…
—Relájate, que estás tenso—pidió David sonriendo.
Maldijo por lo bajo y se recostó más sobre la camilla. Si no se relajaba le iba a doler mucho… Cerró los ojos y contuvo el aliento cuando sintió un leve pinchazo, seguido del escozor que le indicaba que el medicamento estaba pasando.
—Esto ya está—murmuró David extrayendo la aguja y volviéndole a pasar el algodón por la zona afectada—Procura no sentarte sobre ese lado.
Bill asintió al tiempo que se incorporaba. Se dio la vuelta y se ajustó de nuevo el pantalón, no sabiendo porque David le miraba de esa manera…
—Esas marcas…—empezó a decir David señalándole el vientre.
Se mordió los labios mientras se subía con rapidez el pantalón, no le gustaba que nadie le recordara lo pasado…y menos aún un extraño…
—¿Te han hecho una laparoscopia?—insistió David muy curioso.
—Si—murmuró Bill.
No pudo evitar acariciarse el vientre con una mano al tiempo que se colocaba la camiseta, gesto que los avispados ojos de David no pasaron por alto.
—Vaya…siento habértelo recordado—se disculpó David, consciente de que había metido la pata.
—No…no pasa nada—contestó Bill con torpeza.
David asintió y se volvió para deshacerse de la inyección empleada en el recipiente que tenían para tal fin. Cuando terminó, salieron de la sala antes de que la necesitaran.
—Gracias—murmuró Bill tendiéndole una mano, al tiempo que se llevaba la otra a la espalda y se masajeaba su dolorida nalga.
—Ha sido un placer—contestó David estrechándole la mano.
—No creas que me suelo emborrachar—le explicó Bill para que no tuviera una imagen errónea de él.
—Estoy seguro que lo has hecho por un buen motivo—dijo David con firmeza.
Sonrió asintiendo, suspirando sin poder evitarlo cuando le devolvieron la sonrisa. Sabía que tenía que volver a su trabajo, pero algo le impedía moverse de donde estaba, y menos aún soltarle la mano.
Pero no le quedó más remedio que soltarlo cuando de repente apareció Tom de la nada y le propinó un fuerte puñetazo.
—¡Tom!—exclamó Bill realmente sorprendido.
—No te acerques a él—escupió Tom fulminando con la mirada al hombre al que había tumbado de un puñetazo.
—¿Qué te pasa?—preguntó Bill cogiéndole del brazo.
—Es el cabrón que se acostó con mi mujer—contestó Tom en voz baja.
Continúa…
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