
Fic TOLL de lyra
Capítulo 25
Con esa idea en mente y tras asegurarse de dejar en buenas manos a su paciente, fue en busca de Tom. Lo halló firmando los papeles de alta de una paciente que había operado hacía una semana y ya se podía ir a casa. Esperó a su lado hasta que hubo terminado y entonces se lo llevó aparte murmurando que tenía que consultarle un caso.
Tom asintió y tras despedirse de la enfermera que le trajo los papeles, echó a andar con él por le largo pasillo del hospital.
—¿Tienes un momento o estás ocupado?—preguntó Bill en voz baja.
—Si, tengo una operación en una hora pero hasta entonces no tengo ningún caso pendiente—contestó Tom, presintiendo que le iba a contar algo importante.
Siguieron caminando en silencio y abriendo una puerta de emergencia salieron a las escaleras.
—Como en los viejos tiempos—no pudo evitar murmurar Tom sonriendo.
Bill le miró alzando una ceja hasta que cayó. En esas mismas escaleras fue cuando conoció al doctor Trümper…a Tom le había conocido la noche anterior…
—Y dime, ¿qué tal con tu hermana?—preguntó Tom, sacando el tema.
—¿Qué planes tienes esta noche?—preguntó Bill a su vez, apoyándose en la barandilla de la escalera.
—No sé…dímelo tú… ¿quieres estar encima o debajo?—susurró Tom acercándosele.
No pudo evitar sonreír, parecían que tenían 15 años, no pudiendo pasar ni un minuto separados. Dejó que se le acercara y pusiera ambas manos en la barandilla, rozando su cadera levantándole la camisa de su uniforme y que le rozara la piel con la punta de los dedos. Se mordió los labios para no gemir muy alto al sentir que le aferraba con firmeza y le atraía a su cuerpo, haciendo que se frotaran sus entrepiernas a través de la fina tela de sus uniformes.
Soltando un profundo suspiro, Tom enterró la cara su cuello aspirando profundamente sonriendo. Bill olía a su champú… Separó los labios y comenzó a besuquearle encantado de los gemidos que dejaba escapar con cada beso.
—Tom….me encanta lo que me estás haciendo, pero como sigas así…—susurró Bill suspirando.
Tom resopló contra su cuello y dejó de besarle suspirando.
—Lo terminamos esta noche, ¿vale?—preguntó Tom alzando una ceja.
—Tras la cena—contestó Bill.
—¿Que cena? ¿Dónde me vas a llevar?—preguntó Tom sonriendo ampliamente.
—A casa de mi padre—contestó Bill sin aliento
—¿A casa de tu padre?—repitió Tom, borrando la sonrisa de inmediato.
—Al parecer su mujer quiere conocerme y a mi hermana le hace ilusión—explicó Bill suspirando—Y ya que mi padre no se ha opuesto y parece que él también quiere conocerme un poco mejor, he pensado que sería la noche ideal para que conociera a mi guapo novio.
Tom no pudo evitar sonreír al escuchar sus palabras. A pesar del duro tono con el que las había dicho, sobre todo al mencionar a su padre, en su voz había un deje de miedo. No quería pasar por eso solo, quería que estuviera con él apoyándole en ese momento tan importante.
Además, para eso era su novio…y muy guapo, como él había dejado claro…
—Si no quieres venir, lo entenderé—musitó Bill al ver que no respondía.
—Es importante para ti y yo te acompañaré encantado—dijo Tom con firmeza.
Esbozó una amplia sonrisa al escuchar sus palabras. Sabía con certeza que no se iba a negar, pero llegó a dudar en el último minuto.
—Entonces…hacemos ya pública nuestra relación, ¿no?—preguntó mirándole fijamente a los ojos.
—El doctor Bailey ya lo sabe—explicó Tom arrugando la frente—Me temo que nos pilló ayer besándonos en su despacho.
Bill asintió suspirando. Tenía que prepararse para lo que le venía encima, no solo que la gente se enterara de que estaba saliendo con uno de sus jefes, sino que era él el padre de ese bebé que perdió y que tanto rumores levantó. Porque a pesar del tiempo transcurrido, aún había alguien que se le quedaba mirando negando con la cabeza y chasqueando la lengua.
Pero a él le daba igual lo que pensaran o dijeran. Había encontrado una persona maravillosa con la que compartir su vida y no la pensaba dejar escapar.
Tom vio el gesto de su cara y adivinando lo que estaba pensando el cogió con fuerza una mano.
—Somos fuerte para afrontarlo—susurró inclinando la cabeza.
—No permitiremos que nos arrebaten nuestras ilusiones—dijo Bill con firmeza.
Alzó la cara y recibió en sus labios el dulce beso que Tom depositó en ellos. Se tenían el uno al otro, no necesitaban el consentimiento de los demás. Y si a alguien no el gustaba lo que veía…pues que mirara a otro lado.
.
Volvieron cada uno a su trabajo. Tom tenía que prepararse para la operación y a Bill no le quedó más remedio que subir a ver a su padre, no quería presentarse de improvisto con un invitado a cenar que nadie se esperaba…salvo su hermana, claro.
Cogió aire y llamó a la puerta de su despacho, entrando cuando le dio permiso.
—¿Estás ocupado?—preguntó sin entrar del todo.
—Si…no—se corrigió Jörg.
Le hizo una señal para que pasara y apartó los historiales que estaba repasando. Esa misma mañana su mujer le había dejado claro que su hija necesitaba conocer a su hermano, que ya se lo habían mantenido oculto durante mucho tiempo y no habían sido justos con ella. También le pidió que fuera más amable con él, que no le ignorara teniéndole bajo el mismo techo las 24 horas del día.
—Tienes buen aspecto—comentó Jörg de repente, pillando a su hijo desprevenido.
Le vio arrugar la frente y ya se lo imaginaba pensando si había escuchado bien ese halago que le había dedicado…
—Siéntate y hablemos—pidió carraspeando.
Bill le obedeció aún algo confuso por el nuevo interés que mostraba su padre. No quiso entretenerle y fue directo al grano.
—Natalie me ha contado lo de la cena de esta noche y me gustaría llevar a alguien—explicó por encima.
—Claro, lleva a quien quieras—dijo Jörg forzando una sonrisa.
—Es…es mi novio, papá—aclaró Bill en voz baja.
Vio como su padre arrugaba la frente y asentía suspirando.
—¿Fue él quien….?—empezó a preguntar.
—Si—susurró Bill.
—Fue una desgracia…algo que no se pudo predecir. No hablemos del tema, solo te haría sentir triste—comentó Jörg para sorpresa de su hijo—Dile a tu novio que esta noche será bienvenido en casa.
Bill asintió y viendo que ya no había nada más que decir, se levantó y salió del despacho. Por el camino se encontró al doctor Bailey, que firmaba un alta del paciente de Georg. Esperó en silencio y cuando terminó fue a hablar con él.
—Doctor Bailey, me preguntaba si esta noche tengo guardia—dijo con timidez.
—Si, hoy también la tienes—contestó Gordon para su desilusión.
No pudo evitar arrugar la frente y resoplar, eso echaba por tierra todos sus planes. Pero Georg había visto su gesto y conociéndole tan bien como lo hacía, no se lo pensó dos veces y salió en su ayuda.
—Yo puedo hacerla—se ofreció.
Bill le miró fijamente sin saber que decir.
—Ya van dos guardias que se salta, Kaulitz—murmuró Gordon accediendo a regañadientes—Espero que no se esté durmiendo en los laureles.
—Es la última vez que pasa, lo prometo—dijo Bill con firmeza.
Gordon asintió y les dejó a solas.
—Muchas gracias Georg, hoy lo necesitaba con urgencia—dijo sonriendo.
—Me ha parecido ver a tu hermana por el hospital—explicó Georg—Así que pensé que tenía que ver algo con ella.
—Si, su madre me ha invitado a cenar esta misma noche. Lo podía haber cambiado, pero hablé con mi padre sin consultar mi horario y ya le dije que si…
—¿Irás con Tom?—preguntó, aunque más bien era una afirmación.
—Si, vamos a hacer pública nuestra relación y mi padre será el primero en saberlo—contestó Bill suspirando.
—Te deseo mucha suerte…pero ya verás como todo va a salir muy bien—le apoyó Georg sonriendo.
Bill le devolvió la sonrisa y le acompañó a urgencias, donde nada más llegar fueron llamados para atender un nuevo caso que se presentaba. Estuvieron con el resto de la mañana y para la hora de comer pudieron respirar con tranquilidad.
Se sentaron juntos en una de las mesas del comedor, siendo acompañados minutos después por Gustav y Valerie. Viendo a Tom a lo lejos, Bill se disculpó y nadie le hizo preguntas cuando se levantó de la mesa. Fue directo en su dirección, pero le retuvieron del brazo y se giró encontrándose cara a cara con el doctor Bailey.
—¿Tienes un minuto?—preguntó tirando de él.
No el quedó más remedio que seguirle. Le sacó del comedor y viendo que no había gente en el pasillo habló allí mismo.
—Ya no te hablo como médico ni jefe tuyo, sino como una persona que se preocupa mucho por ti—empezó a decir Gordon—Tampoco quiero hacer el papel de padre porque ya tienes uno, pero…espero que sepas lo que haces.
—Lo sé perfectamente—murmuró Bill, esperando no sonar duro.
—Has pasado por mucho en los últimos meses, y Tom es un buen muchacho. Espero que ahora las cosas os vayan mejor que antes, pero no olvidéis vuestro trabajo—dijo Gordon soltándole al fin del brazo.
—No lo haremos…y cuando hables con mi madre, dile que no se preocupe tanto—murmuró Bill sonriendo—Tú, Tom y mi padre me cuidáis muy bien y no tiene nada que temer.
Gordon asintió sonriendo y le dejó volver al comedor. Le observó acercarse al doctor Trümper y señalando una mesa, se sentaron los dos a comer como dos compañeros de profesión a los que no les unía nada más que una buena amistad.
Suspiró sacudiendo la cabeza, esperaba que las cosas le fueran mejor que a su madre, que tras relacionarse con un compañero y formar una familia con él, tuvo que ver como su sueño se rompía en mil pedazos. Esperaba que Bill fuera lo suficientemente fuerte para retener a Tom a su lado, no el gustaría volver a verle sufrir…ya era suficiente con lo que le había pasado…
Continúa…
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