Anatomía de Bill 6

Anatomía de Bill 6

Fic TOLL de lyra

Capítulo 6

Se pasó toda la mañana centrado en su trabajo. Dio las altas necesarias y se hizo cargo de un par de casos que no revestían mayor importancia, sentía la mente en otro lugar y no quería meter la pata por culpa de su vida sentimental.

Además, se sentía mal. Se había levantado esa mañana revuelto, normal si se había pasado la mitad de la noche llorando…pero a la hora de la comida no pudo aguantar más y corrió al baño a vomitar.

Georg estaba a su lado y le ayudó a incorporarse de la taza al tiempo que le pasaba una toallita de papel.

—He comido algo que no me ha sentado bien—murmuró Bill limpiándose los labios.

—¿El qué?—preguntó Georg con sarcasmo—Ayer no cenaste, esta mañana tampoco has desayunado…

Bill levantó una mano y le pidió silencio. Se apoyó en el lavabo y alzando la cara se miró en el espejo mientras pensaba. Llevaba unos días revueltos, no era porque hubiera recibido esa noticia. No le dio mayor importancia, estaba rodeado de enfermos, era normal que hubiera pillado algo. Y Georg pensó lo mismo para alivio suyo.

—Yo me hago cargo de tus casos—dijo Georg suspirando—Vete a descansar un poco, y me llamas si te sientes mal. Te haré un reconocimiento para descartar algo grave.

Bill asintió y salió del baño frotándose el estómago con una mano. Entró en la salita que usaban para descansar y se tumbó de espaldas en una de las camas. Cerró los ojos y se concentró en la respiración para disipar así las nauseas que sentía subirle por la garganta.

Pudo disfrutar de media hora de paz, hasta que Andreas le fue a buscar. Habían llegado varios heridos de un accidente de coche y andaban escasos de personal.

—No sé como has podido terminar la carrera pasándote todo el tiempo dormido—dijo Andreas sin ocultar su enfado—No soy tu niñera, ni me tiro al jefe para obtener los mejores casos…

Dejó de hablar al ver la fulminante mirada que le dirigía Bill. Pero no fue eso solo lo que freno su viperina lengua. En sus ojos se asomaba la tristeza, y un gesto de dolor le recorría el rostro.

—Ah, vaya. Problemas en el paraíso… ¡lo que faltaba!—murmuró dándole la espalda.

Bill le siguió en silencio. Entraron en urgencias y enseguida se puso manos a la obra. Atendió a un paciente que tenía un gran hematoma en su vientre y estaba inconsciente.

—Necesita un escáner, placas de tórax….posible hemorragia interna….murmullo ventricular—fue enumerando mientras le auscultaba.

Las enfermeras se movían a ritmo de sus palabras. Una de ellas anotaba sus órdenes en el historial del paciente, poniendo las pruebas que iba a necesitar mientras que otras dos lo estabilizaban y le conectaban a una máquina.

—Tiene el pulso muy débil—comentó Bill chasqueando la lengua.

Fue decirlo y el paciente entró en parada. La máquina empezó a pitar y una raya plana apareció en la pantalla. Se declaró un código rojo y al momento Bill tenía en sus manos las palas de desfibrilación con la que pondría de nuevo a latir su corazón.

—Carga a 300—gritó a una de las enfermeras.

Apoyó las dos palas en el desnudo pecho del paciente y cuando le dijeron que todo estaba listo, pidió que se apartaran y pulsó el botón de la descarga. El cuerpo del paciente se convulsionó en la camilla en la que estaba, pero esa descarga no le hizo nada.

Pidió otra más fuerte, pero obtuvo el mismo resultado. Sentía que se mareaba, no podía pensar con claridad, no sabía que más hacer…

—Déjelo, Kaulitz—dijo el doctor Gordon Bailey—No hay nada que hacer, se ha desangrado por dentro. Vaya a ocuparse de otro paciente, yo declararé su muerte.

Bill asintió como si estuviera hipnotizado y dejó todo en sus manos. Se quitó los guantes de látex que se había puesto y los tiró a una papelera. Echó un vistazo a su alrededor, Andreas llevaba a su paciente a los ascensores y el otro herido solo necesitaba unos puntos de sutura en su mano derecha.

Divisó a Tom en una esquina sin quitarle los ojos de encima, sentía los suyos llenarse de lágrimas…no quería echarse a llorar en medio de urgencias, y menos delante de Tom. Divisó a su derecha una puerta y corrió hacia ella. Iba a dar a las escaleras de emergencias y sentándose en un escalón se cubrió la cara con ambas manos y rompió a llorar sin poder evitarlo.

Con el ruido de su llanto no escuchó que se abría la puerta. Solo supo que había entrado alguien cuando sintió unos brazos cogerle con fuerza. Se dejó llevar y apoyó la cara contra el pecho de esa persona suspirando con pesar.

—Bill….—le llamó Tom con suavidad.

—Se me ha muerto un paciente—explicó Bill entre sollozos.

Tom chasqueó la lengua, debía aprender a superarlo, no implicarse tanto en los casos o lo iba a pasar realmente mal. Suspiró y siguió abrazándolo con fuerza hasta que remitieron los sollozos y alzando la cara, se le quedó mirando con los ojos llenos de lágrimas.

—Estoy muy cansado—dijo Bill suspirando—Quiero odiarte con todas mis ganas, pero no puedo…sé que no debería arrastrarme, pero…elígeme a mí, por favor…

—Bill, yo….necesito tiempo, lo siento—murmuró Tom levantándose.

Le llevó en sus brazos y le dejó de pie en las escaleras. Llevó las manos a sus mejillas y le hizo inclinar la cabeza, despidiéndose de él con un tierno beso en su frente.

—No sabes cuanto lo siento—murmuró contra su piel.

Se separó con esfuerzo y le dejó a solas con su dolor….

Continúa…

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por lyra

Escritora del Fandom

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