Anatomía de Bill 9

Anatomía de Bill 9

Fic TOLL de lyra

Capítulo 9

Los días siguientes fue a trabajar como un zombi. Habló con Gustav y le pidió que se ocupara de sus casos y que él el sustituiría en el laboratorio. Al doctor Bailey le puso la excusa de que no se sentía bien del todo y cuanto menos contacto tuviera con los pacientes mejor.

De esa manera, también se escondía de Tom. Solo se acordaba de él cada vez que le pasaban unas pruebas en las que destacaba su firma, o la de su aún mujer…

Georg trataba de animarlo todo lo que podía, le invitaba a la salida del hospital ya fuera a tomar una copa o a dar un paseo. Pero a él solo le apetecía regresar a su casa y meterse en la cama. Cubrirse hasta la cabeza con las sábanas y esperar a que el nuevo día le trajera la respuesta que el deseaba: que Tom le elegía a él…

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Pasados 3 días desde el nacimiento de los bebés, Allyson Trümper decidió que ya podía regresar a Boston. Ya no estaban en la incubadora y tanto ellos como la madre estaban en buen estado, no sabía que más le retenía en el hospital de Jörg Kaulitz.

Se armó de valor ese día y fue en busca de su marido. Lo encontró en la zona del nido, cogiendo en sus brazos a un recién nacido cuya madre había operado tras el parto. Se le caía la baba con él en sus brazos, y a ella de verlo. Pensaba que si lo suyo se arreglaba, tal vez podía pensar en tener un bebé con él. Aunque no en un futuro muy cercano.

Los dos eran jóvenes todavía y tenían ambos una brillante carrera por delante. Había que planear bien las cosas, no acostarse una noche sabiendo que al día siguiente ya tendría un bebé creciendo e su vientre…no, eso solo ocurría a las personas que no tenían claros sus objetivos.

Los de ella era volver a su casa llevándose con ella a su marido, dejar atrás el pasado y centrarse solo en sus carreras.

Suspiró y cogiendo aire profundamente entró en la sala en la que estaba su aún marido. Se le acercó por la espalda y con toda naturalidad apoyó la barbilla en su hombro.

—Es precioso—susurró cogiendo una manita del bebé.

Tom asintió sonriendo. Le gustaban los niños, y no podía dejar de pensar en cuando tendría sus propios hijos…y con quién…

Alzó la mirada del bebé y la fijó en su mujer. En sus ojos brillaba aún el amor que sentía por él, no había cambiado desde que aceptara pasar el resto de su vida con él…se quedó perdido en su mirada, bajó la guardia y Allyson aprovechó la situación…

Cuando se quiso dar cuenta, se estaban besando por encima de la cabeza del bebé, escena que era vista por el joven médico que estaba de pie en medio del pasillo…

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—¿Bill?

Se volvió con rapidez. No debería estar allí, pero no sabía como explicarlo. Se encontraba en el laboratorio cuando de repente sintió un pinchazo en el estómago. Se levantó con lentitud y le dijo al compañero que estaba con él en esos momentos que necesitaba ir al baño y regresaba en unos minutos.

Pero sus pies le llevaron al lugar equivocado y en el momento menos oportuno. Ver a Tom con un bebé en brazos le hizo llevarse una mano al vientre…ver como se besaba con su mujer hizo que le subiera una arcada por la garganta…

—¿Estás bien?—preguntó Georg preocupado.

—Si, me he perdido—mintió caminando hacia él.

Quería llevárselo de allí, que no viera como le traicionaban delante de sus propios ojos.

—Fui a buscarte al laboratorio por si me querías echar una mano con el caso que me han asignado—explicó Georg señalando el historial que llevaba en sus manos.

Bill lo cogió y abrió, leyendo la primera página con mucho interés.

—Tiene un tumor cerebral—murmuró tras leer los resultados del TAC—Le tienen que operar.

—Él se niega—le anunció Georg.

—¿Cómo que se niega?—repitió Bill arrugando la frente—Morirá si no se opera.

—El tumor le causa un especie de ataques, asegura que cada vez que tiene uno…

—¿Qué?—le animó a seguir Bill.

—Dice que le provoca una visión—terminó de hablar Georg en voz baja.

—¿Me estás diciendo que hay un paciente que cree tener visiones?—preguntó Bill resoplando—Deberían hacerle un examen psicológico y luego operarlo.

—Tiene que dar su consentimiento, y te buscaba para ello…se te da mejor hablar con los pacientes—le halagó Georg.

Bill asintió suspirando. Hablaría con el chico y le convencería de que todo estaba en su mente, más bien en su cerebro. Y se llamaba tumor, no «visones».

Acompañó a Georg hasta la habitación del chico y le pidió que esperase a la puerta. Respiró hondo y entró tras haber llamado con los nudillos.

—Buenos días, soy el doctor Kaulitz—se presentó con educación.

—Hola—le respondió.

Se acercó a la cama esbozando su mejor sonrisa y abrió el historial del paciente que llevaba entre las manos.

—Según las pruebas que le hemos hecho, tiene usted un tumor en el cerebro que debemos de operar de inmediato—dijo con firmeza, sintiendo mucho sonar tan drástico.

—No—murmuró el paciente.

—Sé que usted piensa que tiene visones, pero créame, eso es imposible—dijo Bill mirando a su paciente con firmeza.

—No me crea si no quiere, pero mi respuesta sigue siendo la misma.

Bill resopló y cerrando el historial se cruzó de brazos. Tenía que conseguir su permiso como fuera, explicándole que si no se operaba podría morir de manera fulminante. Estaba buscando las palabras apropiadas cuando vio que de repente los ojos de su paciente se quedaron fijos en él sin pestañear…

Maldijo por lo bajo y soltando el historial se apresuró a atenderlo. Le estaba dando uno de esos ataques y sabía lo que tenía que hacer. Cogió la pequeña linterna que llevaba en el bolsillo superior de la bata y le examinó con ella los ojos mientras le llamaba.

—¿Puede oírme? Siga la luz con los ojos— murmuró mientras le iluminaba las pupilas.

Estuvo así un minuto hasta que su paciente reaccionó. Le vio pestañear y centrar de nuevo la mirada en él pero ya no la tenía perdida como antes, y en sus labios lucía una extraña sonrisa.

—¿Ve como se tiene que operar de inmediato?—le dijo con suavidad.

—Dígame una cosa doctor Kaulitz—murmuró el paciente sin dejar de sonreír—Si esto no son visiones como usted dice, ¿cómo es que sé que está embarazado? (1)

Bill se incorporó de inmediato. Le miraba sin entender como lo había adivinado…estaba de pocas semanas, ¿ya se le notaba? ¿Se había acariciado el vientre sin ser consciente?

Si, eso debía haber sido. Su paciente había estado atento a sus gestos y reacciones, y probó suerte con una simple palabra: embarazo.

Aún así, estaba empezando a sentirse muy nervioso….

—Llamaré al psicólogo de guardia—murmuró recogiendo el historial que dejó caer—Hable con él, lo necesita.

Salió de la habitación antes de que le dijera algo más. Se reunió en el pasillo con Georg y le devolvió el historial.

—Pide una consulta psiquiátrica—murmuró sin mirarle.

—¿Estás bien? ¿Te ha dicho algo que te ha molestado?—preguntó Georg preocupado al ver su estado.

Negó con la cabeza y buscó unas escaleras. Se sentía algo revuelto, notaba pinchazos en el bajo vientre…aún no había pedido hora con el tocólogo y en esos momentos necesitaba saber que todo iba bien con su bebé.

Pero el doctor Kempis estaba operando en esos momentos y no le apetecía recurrir a Georg u otro de sus compañeros, y por nada del mundo iría a ver a la mujer de Tom. Debía mantener silencio sobre su estado, pero con tal de recuperar a su marido era capaz de colgar en el tablón de anuncios su primera ecografía…

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—Esto no está bien—murmuró Tom contra los labios de su mujer.

Se separó con cuidado de no despertar al bebé que dormitaba en sus brazos y le dejó en su incubadora suspirando.

—Ya he tomado mi decisión, y esto no puede ser—dijo mirando con firmeza a su mujer—Estoy enamorado de Bill, sé que debía habérselo contado todo desde el primer momento en que decidimos ir en serio, pero no quiero perderlo. Voy a volver con él, si me da otra oportunidad.

—Espero…espero que él tenga más suerte que yo—susurró Allyson aceptando su derrota.

Tom asintió y salió de la sala dejando a solas a su mujer. Allyson le vio salir sin volver la vista atrás. Su matrimonio no tenía ya solución, lo que tenía que hacer era irse de Alemania, volver a Boston y empezar una vida nueva.

Salió en busca del doctor Kaulitz padre, le diría que el caso de los gemelos ya no necesitaba su intervención y que se iba ese mismo día…

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Nada más bajar a urgencias le reclamaron para una operación. Una mujer había sufrido un accidente de coche y necesitaban extirparle el bazo. Lo preparó todo y como era una operación complicada llamó a un par de internos para que observaran.

Alzó la mirada y el primero al que vio fue a Andreas. Le seguía como un perrito faldero, sabiendo que le caería algún caso de esos si no quería que aireara su secreto. Le hizo una señal y vio como sonreía encantado.

Vio a Gustav a su lado y también el llamó, consciente de que aunque no le caía relativamente bien, él también tenía que aprender.

Suspiró resignado, ya tenía a sus dos internos cuando sus ojos localizaron a Bill. Llevaba todo el día sin verle, y aunque entre ellos la cosa ya no iba, su deber como su médico residente era enseñarle. Se dirigió hacia él y carraspeó antes de hablar.

—Doctor Kaulitz, me ha salido una operación que sería de su interés—le informó con formalidad.

Bill estaba a punto de negarse cuando se lo pensó mejor. No podía escaquearse de una operación solo porque no se hablara con el médico al cargo. Asintió resoplando y tras escuchar de que iba el caso se fue a preparar.

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No se extrañó al ver que Andreas también había sido elegido, pero pudo respirar aliviado al ver a Gustav lavándose las manos a su lado.

—Vamos, que está a punto de empezar—le riñó Andreas.

Le fulminó con la mirada, odiaba que se creyera el jefe de los internos…se había retrasado porque sintió una arcada y tuvo que buscar con rapidez un baño. Pero no hizo nada, solo se quedó apoyado en el lavabo respirando agitadamente. El estómago ese día le estaba matando…no sabía si iba a poder soportar la hora y media que duraba la operación…

Siguió lavándose con rapidez mientras que sus compañeros ya entraban en el quirófano con sus manos recién lavadas en alto.

—Te veo dentro—se despidió Gustav de él sonriendo.

Le devolvió la sonrisa, gracias a él le habían llamado para asistir a la operación, si no le hubiera cambiado el turno, seguiría metido en el laboratorio en esos momentos.

Terminó de lavarse las manos y entró en el quirófano resoplando. Una nueva punzada en el vientre le hizo maldecir por lo bajo…

Se secó las manos a la toalla que le entregó una enfermera y dejó que le ayudaras a ponerse los guantes de látex y la bata. Cubrió sus labios con una mascarilla y ocupó su sitio de observación. La operación ya había empezado y Tom estaba realizando los primeros cortes.

Iba explicando lo que hacía paso a paso mientras que ellos estiraban el cuello y observaban. Ver tanta sangre le hizo sentir una arcada. Desvió la mirada y cerró los ojos tragando con esfuerzo, mucho se temía que iba a tener que irse corriendo en mitad de la operación…

—¿Tiene sueño, doctor Kaulitz?—le riñó Tom.

Abrió los ojos avergonzado de que le hubiera pillado. Podía escuchar la pequeña risita que se le escapó a Andreas, pero al ignoró como pudo al igual que el dolor que sentía a la altura de los riñones y trató de concentrarse en la operación.

—¿Puede decirme por qué hago un corte transversal?—le preguntó Tom.

Carraspeó tratando de pensar, era una pregunta fácil pero no lograba dar con la respuesta.

—El corte transversal permite….permite que el paciente…—empezó a tartamudear.

No pudo terminar la frase, una nueva punzada le hizo maldecir por lo bajo y doblarse en dos. Cerró los ojos gimiendo y estiró una mano para tratar de sujetarse a un compañero, pero no pudo evitar caer al suelo con pesadez.

Su triste pensamiento antes de caer en la inconsciencia fue que al fin se había terminado uno de sus problemas….

Continúa…

(1) eso pasa en un episodio de la serie, me encanto y quise ponerlo aqui, pero es secundario. El «vidente» no volvera a salir.

por lyra

Escritora del Fandom

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