
«A pesar de todo» Temporada II
Capítulo 2: Escapar
Pasó un día, y hasta ahora, Tom no lograba encontrar nada. Pero descubrieron de qué se trataba ese líquido rojo que se encontraron. Era una clase extraña de veneno que atacaba al corazón y morías por dentro. Los científicos dijeron que ese veneno parecía casero. Eso le daba una pista a Tom. ¿Para qué el veneno?
Lo habían pensado con Gustav muchas veces, pero no obtenían respuesta. ¿Por qué Georg necesitaría eso?
—¿Qué tal si lo usó para ponerlo en el ponche el día de la fiesta?— preguntó el rubio.
—No lo creo, si hubiera estado ahí, todos morirían antes de que lo peor pasara, no es posible— respondió Tom seriamente.
—¿Y si lo usó para echártelo encima? Parece sangre, así que tal vez quiso engañarte con eso y matarte.
—No, tampoco es posible, después de que Bill me salvara de eso vi que pasó su lengua por su boca para comprobar que era sangre, y no murió.
—¿Entonces para qué lo usaría? Dudo que solo lo haya usado para matar a ese chico, eso sería un desperdicio, debe estar planeando algo— dijo Gustav.
Tom lo pensó un momento, no entendía nada. Todavía no encontraba a Bill, tampoco lograba hallar las respuestas a esto. Pero algo le decía que ya lo sabía, lo tenía en la punta de la lengua, pero no recordaba qué era.
—Gustav, ¿podrías hacerme un favor?
—Claro.
—Quiero que en cada parte de la ciudad, dos de tus hombres se encarguen de poner afiches de “Se Busca Georg Listing” y que también vigilen e intenten encontrarlo. En algún momento él querrá salir de su escondite, así será más fácil encontrarlo.
—Por supuesto, iré a decirles el nuevo plan— dijo Gustav mientras se levantaba de su asiento y se retiraba. Dejando al rastudo solo, pensando y pensando, sin obtener ni una respuesta de lo que estaba pasando.
¿Para qué necesitaba ese veneno? ¿Trataría de envenenar a Bill? ¿Lo mataría? ¿O ya está muerto? No, eso último no puede ser posible. Bueno, al menos eso esperaba él.
En otro lado, felices y sin darse cuenta del peligro. Georg y Bill estaban cómodos en el sofá mirando una película como una típica pareja de enamorados mientras comían fresas.
—¿Quieres otra?— preguntó el castaño tomando una.
—Está bien— dijo mientras abría su boca para que el otro le diera de comer. –Delicioso.
—Tú eres delicioso— dijo Georg haciendo reír al pelinegro.
—Si tú lo dices.
Pasó un buen rato, hasta que se escucharon golpes al otro lado de la habitación. Bill se asustó.
—¿Qué fue eso?— preguntó el pelinegro.
—Tranquilo, iré a ver, quédate aquí— le ordenó el castaño.
Se dejó llevar por el sonido, el cual lo llevó a la habitación en donde estaba encerrada Chantelle, fue hacia ella y abrió la puerta. Encontrándose con el cuerpo de Natalie en el suelo, casi no quedaba nada de ella, solo sus brazos, la mitad de su torso y su cabeza. Miró las paredes, estaban manchadas de sangre y tenían pegadas algunas tripas. Luego, en un rincón, oculta por la oscuridad, Chantelle se encontraba cubierta de sangre por toda su cara y cuerpo, sus ojos reflejaban oscuridad, hacía unos extraños ruidos con la boca como si fuera un animal, y se alejaba de la luz, se apegaba más a la oscuridad que le brindaba ese rincón sin dejar que sus pies tocaran la luz. Parecía el mismo demonio, había perdido completamente la cabeza.
—¿Qué te pasa ahora?— preguntó el castaño.
—Eres, un monstruo— dijo Chantelle.
—¿Cómo se te ocurre decirle eso a tu amo?— preguntó.
—Eres un mentiroso, tú no eres mi amo, me engañaste, tú solo eres un simple chico de 17 años loco por un simple chico que ni siquiera te ama.
—¡Cállate!— gritó. Hasta darse cuenta de algo. Espero—. Yo te di esa droga, ¿cómo es posible que lo recuerdes? Se supone que deberías haber perdido la memoria.
—Pues, al parecer, tu droga no sirve para siempre, solo dura 24 horas— le explicó la chica.
—Entonces, o no— dijo al pensar lo que pasaría. –Bill— casi grita.
Corrió a un pequeño laboratorio que escondía, y se puso a hacer más de esas drogas. Si el efecto se acababa, el pelinegro recordaría todo y trataría de escapar. No podía dejar que eso pasara. Al terminar de hacer unas cinco. Corrió hacia Bill con un vaso, en el cual estaba la droga.
—¿Bill?— preguntó tratando de que todavía no haya recordado.
—Georg, ¿por qué tardaste tanto?— preguntó.
—Ah, bueno, era un mapache en el techo, tuve que sacarlo, si seguía ahí seguramente trataría de hacer caer el techo— mintió.
—Ahh, okey.
Se acercó al él. –Oye Bill, casi me olvido, tú tienes una grave enfermedad, y tienes que tomar este líquido cada 24 horas, si no lo tomas, morirás— mintió.
—¿Y qué enfermedad es?— preguntó.
Georg tragó saliva. Estaba pillado. –Bueno, es una muy grave, se llama, ahh, “TH483”— se la inventó.
—Nunca había oído sobre eso.
—No, porque, no es muy peculiar, es muy rara y el virus solo ronda por la India, así que…— se inventaba todo. –Bueno, tú simplemente la tienes porque sí, solo te contagiaste— dijo.
—Ahhh, okey— respondió Bill mientras tomaba el vaso con el líquido en sus manos.
Georg, esperando a que lo bebiera, nervioso, miró la hora. Eran las 4 en punto, Bill tenía que tomarlo mañana a la misma hora. Si no, era su fin. El pelinegro llevó el vaso de cristal a sus labios y bebió todo el contenido. Mientras que terminaba con todo, el castaño comenzó a pensarse, que si volverlo a tomar, no afectaría los recuerdos que ya tenía junto a él, esperaba que no.
Cuando terminó, el pelinegro sintió un cosquilleo por todo su cuerpo y se sacudió un poco. –Que sabor tan fuerte— se dijo. Miro al castaño y le sonrió. –Gracias— dijo mientras volvía al sillón para sentarse. —¿Qué esperas? Ven conmigo— le pidió. Georg fue con él aliviado. Al parecer, no podía afectar los recuerdos que ya tenía después de haber bebido eso por primera vez, así que no había problema.
Se sentó junto a él, y lo besó.
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Tom todavía no tenía la respuesta a lo que estaba pasando. Se había quedado horas y horas pensando y sin obtener nada. Qué horror. Su madre se acercó a él y le dio un beso en la frente.
—Hijo, llevas pensando mucho tiempo, tienes que descansar.
—No, no hay tiempo para eso, tengo que encontrarlo.
—Lo sé, pero, es demasiado para ti, no pasa nada si descansas un minuto.
—No, ya estoy por resolverlo, solo, dame un tiempo más— le rogó.
—Está bien— dijo su madre. Y se fue dejándolo solo.
Tom volvió a poner su mente a trabajar, pensando. En una de esas, recordó que cuando estaba en la clase de ciencias, tenían que hacer un experimento, pero Georg no estaba haciendo lo que el profesor le pedía, estaba haciendo algo diferente. Natalie había ido un rato con él para hablar. Parecía gustarle lo que hacía. Comenzaron a hablar sobre eso, pero por desgracia, Tom no había escuchado lo que decían, hubiera sido de mucha ayuda. Pero en eso, tuvo una idea. Repitió y repitió ese momento en su mente, tratando de leerles los labios. Paso una hora.
—¡Lo descubrí! ¡Lo logré! ¡Ya sé para qué es ese líquido rojo!— gritó. Gustav, sus padres y otras personas fueron junto él.
—¿Qué es? ¿Para qué sirve?— preguntaron.
—Se supone que debería ser una droga para borrar la memoria. Seguramente intentó e intentó pero todo le salía mal, seguramente sigue intentando para borrar la memoria de Bill, así olvidaría todo y se dejaría manipular por él. Y Georg le hizo probar a Andy la droga para ver si funcionaba, pero no resultó— dijo Tom con aire de orgullo.
—Eso tiene sentido, debió hacer eso— dijo Gustav.
—Ese es mi Tom— dijo su madre.
El rastudo se sentía orgulloso, había resuelto lo primero, pero todavía no encontraba a Bill. Nada había acabado. Y si perdió la memoria, sería más difícil. Tenía que seguir intentando. Además, tal vez estaba equivocado, tal vez lo que él decía estaba mal.
—Nada acabó— se dijo así mismo.
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Mientras, Bill y Georg seguían viendo la película juntos. Hasta que el castaño tuvo que salir.
—¿A dónde irás?— preguntó el pelinegro.
—Iré a comprar algunas cosas para comer.
—¿Puedo acompañarte?— preguntó.
—No, será mejor que te quedes aquí, el mundo de afuera es muy peligroso, y si sales, tal vez nunca puedes entrar otra vez— mintió.
—¿Por qué?
—Hay muchas cosas que pueden matarte allá.
—¿Y tú? ¿Qué pasará contigo?
—Estaré bien, no te preocupes, volveré mucho antes de lo que crees— dijo.
—Está bien, adiós— dijo Bill.
—Tranquilo, volveré, adiós— se despidió con un beso. Y se fue. Georg no quería que saliera de la casa, porque si lo hacía, tal vez Bill llegara a conocer a alguien más y se enamorara, y no quería que eso pasara.
Salió del lugar y caminó tranquilamente por ese bosque, hasta llegar al extremo de la ciudad, en donde había una pequeña tienda. Se dirigió a ella y compró lo que necesitaba. En cuanto terminó, estaba caminando tranquilamente de vuelta. Hasta que vio un par de policías poniendo un tipo de afiche en un árbol. Lo miró de reojo, era él. Lo estaban buscando, eso no era posible. Se puso la capucha de su sudadera y caminó detrás de ellos como si nada logrando escapar. Llegó a la entrada del bosque y corrió.
¿Cómo pudo pasar eso? ¿Cómo? Alguien estaba detrás de eso. ¿Pero cómo? Se supone que todos estaban muertos, no quedaba nadie. O sí. Eso no importaba ahora, lo que importaba era que tenía que escapar, tenía que irse de ese lugar. Ahora mismo.
Llegó a la casa, y Bill corrió hacia él feliz para abrazarlo.
—Volviste muy rápido, que bien— dijo mientras le daba muchos besitos por todo su rostro.
—Bill estamos en peligro— le dijo.
—¿Qué pasó?— preguntó preocupado.
—¿Recuerdas que te dije que te salvé de unas personas malas?— Bill asintió. –Pues, nos están buscando, y nos matarán si no escapamos.
El pelinegro se asustó. —¿Y a dónde iremos?
—Iremos a un lugar al que no puedan sospechar nada, nos iremos a Bolivia— anunció. –Y tenemos que irnos ya.
Comenzaron a empacar todo sin olvidar absolutamente nada. Georg escondió unos cadáveres los cuales había matado al hacer las pruebas de sus drogas. Lavó todo rastro de sangre. Y Chantelle, moriría en cualquier momento, ella no era problema, la dejaría ahí, sin agua y con la carne podrida y cruda de Natalie, en algún momento terminaría con ella y ya no tendría comida, moriría en cuestión de segundos. Al terminar de empacar todo, Georg pintó su auto de marrón con el lodo que se encontraba en el bosque para que no lo reconocieran.
Y por último, tenía que disfrazarse. Se cortó el cabello y se puso una barba falsa. Y a Bill, le puso una gorra que ocultara su cabello y pintó su piel para que pareciera moreno. Ya estaban listos para escapar. No podrán encontrarlos en Bolivia, estaba bastante alejada de Alemania y nadie se daría cuenta. Era un genio.
Dejaron la casa, y discretamente, escaparon.
& Continuará &